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jueves, 8 de junio de 2017

Vuelve a casa

Ha pasado casi un año. Parece que ha sido un suspiro. Aunque en los momentos duros se hizo eterno. Ya está aquí. Por fin. Ha vuelto a casa. No por navidad, como el anuncio, sino en junio. Pero ya está aquí. Sus hermanos y nosotros estábamos histéricos de los nervios estos últimos días. Es una sensación extraña. Nunca la habíamos experimentado. Nunca ninguno de los cinco había estado tanto tiempo separado físicamente del resto de la familia. La comunicación ha sido excepcionalmente fluida durante estos meses. A veces incluso más que cuando anda con sus cosas por casa. Pero un whatsapp o una videoconferencia nunca suplirán los abrazos eternos de una madre, la complicidad de una mirada, o un rato hablando de fútbol en el banquito del porche.
Se hizo de rogar. Una ventisca en Nueva York lo trajo con retraso. Pero unos minutos más, después de tantos meses, era un peaje mínimo. Cuando lo vimos salir por la puerta de Llegadas del aeropuerto, cargado de maletas y de su inseparable violín, todos dijimos lo mismo. "¡Estás cuadrado!" Y la verdad es que sí. Viene hercúleo. Sus espaldas y sus brazos son ya el doble de los míos. Aún le faltan unos milímetros para superarme en altura. Bromeé con ello, porque he ganado la apuesta. Pero en el resto me ha superado ya con creces. Me retó al baloncesto para compensar. La paliza será histórica.
Por supuesto hubo pancarta de bienvenida. En el aeropuerto y en casa. También globos. Pero sobre todo mucha emoción. No se recibe todos los días a un hijo o a un hermano tras tantos meses. Y era curioso observar la reacción de los hermanos, oteándose, observándose, analizando sus cambios, su evolución en este tiempo. No pude evitar pensar en esos cachorros en la sabana o en la jungla que crecen, se hacen mayores, y se reencuentran con el tiempo olisqueándose para reconocerse. Nuestros hijos andaban así ayer. Olisqueándose. Nos encantó el ambiente de concordia que reinaba en casa en estas primeras horas. No sé si será la novedad del reencuentro. O la estrenada madurez del hermano mayor retornado. Pero reinaba una paz y una camaradería entre hermanos que resultaba deliciosa. Es un ambiente maravilloso el que se respira en estos primeros días tras su regreso.
Viene cambiado. Para mejor. Más sereno. Más responsable. Más maduro. Más "aterrizado" en la vida. No le importó hablar casi todo el día en inglés. Antes de irse se resistía, pero ya casi piensa en inglés. Viene bien porque hay que prepararse para cuando recibamos a final de mes a sus "padres americanos", como él les llama. Desde luego nos sentimos en profunda gratitud con ellos. Han cuidado de nuestro retoño a la perfección. Y han compartido entre ellos una complicidad única. Ayer Adam y Brittany se preguntaban, tras la marcha de Pablo, si era posible tener el síndrome de "nido vacío" a los veintico años. Normal. A fin de cuentas, desde que se casaron hace un año, Pablo ha sido "uña y carne" con ellos.
Nuestra familia de tres hijos estrena etapa. De nuevo los cinco juntos. No por mucho. En agosto le toca a Samuel lanzarse a las "américas". Por eso antes habrá que resarcirse y darse un atracón de besos, abrazos y "achuchones". En unas semanas nos escaparemos a algún lugar perdido para disfrutar en familia. Hay que aprovechar antes de que se marche a más de ocho mil kilómetros. Toca reforzar nuestra "piña" para que se mantenga igual en la distancia, como ha sucedido con nuestro recién retornado.


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