lunes, 27 de abril de 2015

Victorias de la vida

Cada vez me alegro más de ver menos televisión. Nos alimentamos no sólo por la boca, sino por los ojos y los oídos. Y por eso, a veces, vale más la pena rememorar las bellas películas de nuestra vida, que aguantar las malas de la "tele". Y para qué hablar de las noticias. Y en esas estábamos mi mujer y yo hace unos días, cuando nos acordamos de una preciosa historia de unos grandes amigos durante nuestra etapa en Linares, hace ya ocho años..
Son gente buena y llana, de esas con las que da gusto "tropezarse" por la vida. Tenían ya un hijo, íntimo de los míos desde la más tierna infancia. Y no mucho después de conocernos nos dieron la grata noticia de que llegaba su segundo retoño. Alegrías, ilusión y nervios, como suele ser habitual en estos casos. Todo iba según el guión previsto para cualquier embarazo, hasta que cerca ya del cuarto mes, en la prueba de la amniocentesis, surgió un dilema de esos al que nadie querría enfrentarse: a raíz del análisis de la información extraída del feto, los médicos detectaron un exceso de material genético en el cromosoma 11. Esa anomalía genética, de haberse detectado en el cromosoma 21, hubiera sido indicio inmediato de Síndrome de Down. Pero no había suficiente literatura médica ni estudios científicos que pudiesen contrastar las consecuencias de una situación así en el cromosoma 11.
Tras el hallazgo se sucedieron unas semanas que no se las desearía a nadie. Idas y venidas a médicos y expertos de todo pelaje. Incluso remitieron las pruebas a un prestigioso laboratorio de genética de Barcelona para conocer su opinión. La respuesta en todos los casos era una enorme interrogante. Nadie se quería "mojar", pero todos confirmaban la veracidad de la anomalía genética. Y mientras tanto el tiempo pasaba y el feto se hacía cada vez más grande.
Difícil imaginarse el desconcierto de nuestros amigos en una situación ante la cual, los expertos ratificaban la anomalía, reconocían su desconocimiento sobre las implicaciones, y de forma inmediata aconsejaban optar por la interrupción del embarazo "por si acaso". Recuerdo perfectamente cómo, probablemente ante la decisión más importante de sus vidas, lo único que tenían para decidir era una cinta de cassette en la que habían grabado la conversación con el experto genetista de Barcelona. Éste reconocía su desconocimiento y el de toda la Ciencia del momento ante un caso así. Pero por asimilación a otras posibles anomalías congénitas aconsejaba abortar por muy superados que estuviesen ya los plazos. Se comprometía a redactar todos los informes pertinentes para que no hubiera consecuencias de la interrupción de la gestación. Difícil "papeleta" la nuestra como amigos consejeros. Y mucho más difícil la de los padres. Más aún cuando algunas personas del entorno con conocimientos en la materia les insistían en la conveniencia de no continuar.
Nuestros amigos aceptaron su suerte. Se aferraron con fuerza a lo que les dictaba el corazón, por encima de especulaciones científicas y médicas. Y con un susto en el cuerpo que duró meses, "tiraron para adelante". Hoy el resultado de esa decisión es un precioso niño rubio, simpático y más "listo" que el "hambre". Nunca les he oído opinar sobre lo que deberían hacer otros. Yo tampoco lo haré. Sólo constato esta bella historia que compartimos con ellos. Victorias de la vida, sin duda. Victorias del corazón.

sábado, 18 de abril de 2015

La caja de galletas

Todos tenemos nuestras manías. Los hay que coleccionan dedales o soldaditos de plomo. Hay quienes disfrutan con cualquier evento de aeromodelismo o de la reina de Inglaterra . Incluso hay gente que colecciona esquelas mortuorias. Mi manía son las "experiencias financieras de apoyo mutuo y cooperación". "¡Menudo nombre!", pensará más de uno....
En realidad es muy sencillo: me encanta descubrir e involucrarme en iniciativas, proyectos o plataformas que propician que las personas colaboremos económicamente para impulsar cambios en nuestro "rinconcito de mundo". De hecho estoy empeñado en difundir el potencial que tendríamos los A.E.A. (Ahorradores Éticos Activos).
Quizás en la época de nuestros padres o abuelos, mi "hobby" sería difícil de practicar. Pero hoy florecen iniciativas de este tipo por doquier, y por eso es un "gustazo" participar en ellas. Cuanto más simple sea su dinámica, mejor. En los últimos meses, los que compartimos esta pequeña obsesión, nos hemos involucrado en una campaña de crowdfunding para un deshidratador solar industrial que está permitiendo generar recursos para el sostenimiento de una Casa de Acogida en Alozaina (Málaga) a la vez que se aprovecha la fruta y verdura de los campos que hasta ahora se pudría en el árbol o la mata. También hemos participado en otra campaña para impulsar una Escuela de Dones y Talentos, Casa de Acogida y Comunidad Abierta en el Camino de Santiago (O Couso). Y nos hemos sorprendido del poder transformador que puede tener un préstamo que se canalice con seriedad y pulcritud (KIVA) para apoyar proyectos de desarrollo y sueños de pequeños emprendedores en países de desarrollo. De hecho ya nos han devuelto el 100% de lo prestado: María Martir de El Salvador , la Buena Unión de República Dominicana , Agnes de Uganda, y Caroline de Kenya. Y con las devoluciones de esos préstamos estamos cofinanciando como familia ahora a Laidou Group de Mali y a La Colmena de Ecuador. La escrupulosa devolución de dichos préstamos está posibilitando el efecto multiplicador de un primer impulso solidario.
Esta semana hemos sido testigos de otro pequeño "milagro" en este ámbito: ¿os imagináis poner una gran caja de galletas en medio de la plaza de nuestro pueblo, de forma que en ella, todos los habitantes pudieran poner 1€ al mes, y dedicarlo a alguna acción solidaria decidida por mayoría pasados varios meses? Ni más ni menos: 1 solo euro al mes. ¿Os imagináis el poder transformador que podría tener ese simple gesto? Lo importante no es la cantidad de dinero; es la energía y la decisión de muchas personas aunando su gesto en pro de un anhelo común. Diez amigos hemos hecho la prueba. Lo que ocurre es que en vez de poner el euro en una caja en medio de una plaza, creamos un grupo en Teaming al que denominamos "Ecosolidarios" . Y pasados unos meses hemos abierto esa "caja de galletas" y hemos dedicado lo recogido a cambiar la vida de una familia: la de Abdusalam. Él tiene discapacidad motora desde nacimiento, y se ayuda de un bastón para desplazarse en su hogar, pero no puede caminar distancias más largas. Tiene un puesto de venta ambulante de chucherías en la puerta de un colegio, aunque el dinero que gana es insuficiente para mantener a una familia de siete hijos en edad escolar. El colegio donde vende está lejos y tiene que desplazarse cada día en taxi. No tiene fuerzas en sus brazos para una silla de ruedas manual. Nuestra amiga Ana y su novio se conmovieron de su situación al conocerle, y organizaron junto a las ONGs comarcales ADAPA y APIS un almuerzo solidario para comprarle una silla de ruedas eléctrica. Y con el dinero de nuestro "bote", el sueño ha acabado de hacerse realidad.
Nuestro "manía" "mola" porque "mola" echar una mano a la gente.  Pero "mola" todavía más comprobar la extrema sencillez de este tipo de gestos:  ¡si es que resulta hasta ridículo! ¿Quién no va a poder dedicar 1 euro al mes para un buen fin? Si somos cientos o miles, nuestro poder de transformación es enorme. ¿Te apetece participar en nuestra "caja de galletas" con 1 euro al mes? Puedes hacerlo AQUÍ

viernes, 10 de abril de 2015

Vulnerables

A veces nuestro cuerpo nos da avisos. Es como si necesitara equilibrar físicamente los desequilibrios en los que incurrimos a otros niveles. Ya me pasó hace unos años con el milagroso proceso en mi ojo izquierdo que parecía decirme claramente: "niño: es hora de ver más allá de tus narices y de tu mundo". ¡Y vaya si lo he hecho! La biodescodificación habla mucho de esto: en qué medida nuestro cuerpo es el mejor consejero para que tomemos conciencia y/o equilibremos los posibles desequilibrios de nuestra vida. Con mi operación de oído de la semana pasada ha sucedido algo parecido: he tenido la sensación durante toda mi vida de escuchar y prestar demasiada atención a expectativas e informaciones que todos quizás escuchamos, pero a las que yo hacía demasiado caso. Me importaba mucho lo que se dijera de mí...
Buscaba el reconocimiento siendo un estudiante brillante, un trabajador modélico, una persona hiper-responsable...Pero a fin de cuentas, todos esos halagos que mis oídos buscaban, me hacían cada vez más esclavo de un rol que no me hacía para nada feliz. El cuerpo, tarde o temprano, manifiesta esos desequilibrios y ya es decisión nuestra hacerle o no caso, y decidir querer hacer milagros.
El confrontar las expectativas que sobre mí podrían tener quienes me rodean, sin duda, me dio libertad. Sin embargo, imagino que desconcertaría a quienes me conocían de mi etapa anterior. Hace un par de días, un precioso mensaje de mi amiga María, a quien por cierto no conozco en persona, pero a la que siento muy cercana, me ha ayudado a entender mi proceso. Decidí no tener vergüenza en mostrarme como soy, aunque se alejase del modelo que yo entendía que se esperaba de mí. Decidí tener el coraje de ser imperfecto, e incluso superar la vergüenza de contarlo abiertamente en este blog. Asumí que era momento de renunciar a quien pensaba que debía ser, y decidí ser lo que realmente era. En definitiva acepté por completo ser vulnerable, y para mi sorpresa, muchas personas empezaron a identificarse con mi vulnerabilidad. Y empezaron a conectar con mis lágrimas, con mis equivocaciones, con los momentos de tristeza o de enfermedad. ¡Menuda sorpresa! Yo lo hacía porque me hacía sentir bien escribirlo...Pero para otros, esa vulnerabilidad, esa ausencia de control y predicción, y ese saltar sin red, resultaba bonito, porque también lo sentían ellos.
¿Por qué aprendemos a ocultar nuestra vulnerabilidad, cuando probablemente no hay nada más humano que eso? ¡Qué pena que desde pequeños nos enseñen a insensibilizarla a base de consumo, de televisión, de pan y circo...! ¡Qué pena que ese proceso ahogue también lo más preciado y bueno que tenemos! ¡Qué pena que entremos en la esfera de las certezas, convirtiendo lo incierto en cierto, y nos adentremos en la culpa como forma de eliminar el dolor y la incomodidad! ¡Qué pena que en algún momento decidamos controlarlo todo, perfeccionarnos a nosotros mismos y sobre todo a nuestros hijos! ¡Con lo bueno que es asumir que nuestros hijos son imperfectos sabiendo que están hechos para afrontar lo que deba venir, plenamente merecedores de todo el amor del mundo! ¡Qué pena que nos traguemos eso de que lo pequeño que hacemos no tiene efecto en lo grande cuando somos realmente UNO!
Como dice el precioso vídeo que me envió mi amiga, dejemos que nos vean como somos, vulnerables o no. Nuestra vulnerabilidad es preciosa. Amemos con el corazón aunque no haya garantías. Practiquemos la gratitud y la dicha sabiendo que nuestra vulnerabilidad supone que estamos vivos. Valemos la pena. Y mucho.

miércoles, 1 de abril de 2015

Quirófano

No hace ni 48 horas que salí del quirófano. Es Miércoles Santo y aún no ha amanecido. Ésta será una Semana Santa de mucha profundización interior. Los médicos se han sorprendido de lo rápido de mi recuperación: nada de fiebre y nada de mareos. Eso y evitar pasar en el hospital toda la Semana Santa han ayudado a que me dieran el alta tan pronto. Aunque aún hay dolores y un vendaje tan pomposo que llamo la atención por donde paso.
Estoy convencido que mi rápida recuperación tiene que ver con la aceptación de la situación, que llevo trabajando desde hace meses: nada de aferrarme a que "debería ser de otra forma", o a cantos baldíos a la "mala suerte"...Siempre hay mucho que aprender de todo lo que nos pasa, y una tercera operación relacionada con los sentidos claramente apela a otra forma de ver la realidad. En el 2011 fueron una vitrectomía y una extirpación de cristalino en el ojo izquierdo; ahora ha sido una timpanoplastia en el oído derecho. ¡Menuda llamada del Universo!: "Es hora de percibir la realidad que hay más allá de lo que ves y oyes. ¡Hay mucho que ver y que oír!", parece decirme. En ese camino ando. Y el cambio está siendo enorme, y para mejor.
Pasar unos días en el hospital te hace ver lo efímero de nuestra realidad corpórea. Pocas horas antes de la operación, me traían de compañero de habitación a un ancianito en su último aliento de vida, ya sin habla, sólo suspiros de queja...Menuda llamada: "polvo seremos y en polvo nos convertiremos". ¡Qué milagro tan fugaz es realmente una vida humana, y cuánta importancia nos damos a veces! Incluso me reía ayer al ver que nos trastocan lo más mínimo, y se nos caen "todos los palos del sombrajo": lo aparatoso de mi vendaje impedía ponerme las gafas, y con ello ya no podía ni ver ni oir bien. Curioso equilibrismo el que vivimos, que siempre consideramos eterno...mientras dura.
La operación tenía dos objetivos. Primero, extirpar el colesteatoma del oído, que amenazaba con reproducirse por todo el cerebro, y causar parálisis facial y consecuencias peores. El segundo, garantizar la audición. El primer objetivo se ha conseguido sin problemas; el segundo no. El colesteatoma ya se había "comido" el estribo entero y la mitad del yunque. Los huesecillos ya no transmitían vibración. Ahora se entiende la pérdida de audición de los últimos meses. Gracias a la rotura este pasado verano de la bolsa retráctil que lo inició todo, la operación se precipitó. Sin ese pequeño gran aviso de la sabia naturaleza, casi imperceptible, la cosa se podría haber complicado, y mucho. 
¿Vaso medio lleno o vaso medio vacío? Estoy convencido de que podemos obrar milagros inexplicables para la ciencia o la medicina, como ya me sucedió con el ojo, así que quizás no esté dicha la última palabra sobre ese oído. Además, sigo pudiendo escuchar con el otro oído a Ludovico Einaudi, el Coro de los Peregrinos de Wagner o el "Don´t Give Up" de Peter Gabriel, mi himno favorito ante la adversidad. Podré seguir escuchando a mis niños, a mi mujer y a mis amigos...Ya amanece, y escucho a los pajarillos mañaneros. Vaso lleno, sin duda.

jueves, 26 de marzo de 2015

Niños extraordinarios

Estoy convencido que próximamente la ciencia nos sorprenderá con un descubrimiento increíble: el gen de la "miopía paterna". Si no, no se explica cómo todos, absolutamente todos los padres y madres de nuestro planeta piensan que sus hijos son extraordinarios, y los mejores en las más variadas disciplinas. O si la explicación no está en un gen hasta ahora desconocido, quizás radique en un mecanismo psicológico que nos lleva a los padres a poner nuestras esperanzas y expectativas en que nuestros hijos logren lo que nosotros no fuimos capaces de lograr. Algo así como un mecanismo de la evolución que permite que nuestros anhelos frustrados tengan continuidad en el tiempo gracias a las habilidades de nuestros descendientes.
Nosotros ese mecanismo lo vemos a diario en los entornos de nuestros hijos. En los partidos de fútbol de nuestro hijo mayor ya han prohibido la entrada al recinto a los padres, dada la incontinencia  y agresividad verbal de los progenitores hacia árbitros y contrarios: todo por sus Messis y Ronaldos en potencia. En las competiciones de natación de mi hija pequeña sucede algo similar: se ve a padres extenuados a gritos, e incluso a entrenadores que luchan para que la Mireia Belmonte de turno se dedique en exclusiva a la natación, debiendo abandonar el resto de aficiones, gustos y relaciones sociales. El mundo de la música tampoco es una excepción, y los pequeños Mozarts crecen por doquier en nuestro conservatorio.
Esta semana hemos tenido un episodio especialmente llamativo en unos talleres de ciencia al que asistía nuestro hijos mediano. El contenido era super-entretenido para los críos, pero se generaba un clima de falta de respeto y boicot de muchos de los niños entre sí y contra la profesora. Mi hijo se sintió incómodo desde el primer momento, no sólo porque se impedía el normal desarrollo de la sesión, sino porque en casa trabajamos mucho el tema del respeto al prójimo. Le insistí en asistir a las siguientes sesiones, por si había sido una mala casualidad. Pero tras 3 sesiones, la tónica se repetía, y hemos decidido darle de baja. La explicación "oficial" es que se trata de un entorno más libre y menos normativizado que el de una clase reglada, y casi que es el peaje a pagar con chavales con esas capacidades.
Nosotros pensamos que a veces a los padres "se nos va la pinza", y que ponemos todas las esperanzas en una o varias habilidades de nuestros hijos. O bien con la esperanza de que "nos saquen de pobres" o bien con la de garantizarles al menos un cierto futuro. Pero ese diagnóstico creo que es equivocado. Es bueno que nuestros hijos tengan sus pequeños super-poderes o habilidades especiales, y que los padres les apoyemos en su cultivo. Pero esa capacidad especial no les va a hacer felices ni autónomos de por sí. Y acompañarles en el camino de esa Autonomía y Felicidad es realmente lo que cuenta. Ahí, como en el resto de la vida, lo verdaderamente valioso es el Equilibrio. Y si el fútbol, la natación, el violín o la astronomía se interponen entre nuestro hijo y un ser equilibrado y respetuoso con su entorno, nosotros lo tenemos claro. No queremos otro "famosete" evadiendo impuestos, aprovechándose de sus empleados, o con un ego hiper-galáctico, como se ven tantos a diario en los medios de comunicación. Un niño verdaderamente extraodinario es el que es capaz de equilibrar las distintas facetas de la vida, y poner sus dones y talentos al servicio de los demás, en lugar de para encumbrarse frente a los demás. Habrá, pues, que quitarse la capa.

domingo, 22 de marzo de 2015

Aniversario

Una gran amiga de Madrid que nos conoció al poco de casarnos, pasó unos días con su marido en casa no hace mucho. El día de su regreso, hizo un comentario que difícilmente olvidaré: "La mayoría de la gente, cuando se hace mayor, se vuelve más conservadora. A vosotros, sin embargo, cada vez os veo más rebeldes e inmersos en nuevas aventuras y proyectos"
Hoy hacemos 18 años de casados. Unidos a los 9 de novios, es ya toda una vida. Una vida de aventuras y proyectos, que no cambiaría por nada. Llena de presente, de risas, de retos, de prisas...Llena de idas, venidas, de saltos y caídas. Una vida por la que hoy hemos dado gracias junto a nuestros hijos.
Esta mañana echábamos la mirada atrás, y recordábamos un 1997 con dos seres ilusionados, novatos y atrevidos, y deseosos de construir su "nidito". Pero jamás imaginé que, pasados estos años, sería tan diferente de aquel. He crecido tanto junto a mi compañera de viaje, que las alforjas sobran, los títulos académicos también, y casi hasta la cuenta corriente. Cuando alguien te ayuda a evolucionar así, una relación no es una cárcel, es el camino hacia ti mismo, hacia la verdadera libertad, y hacia el reencuentro con la esencia de la vida.
Hoy no me daba vergüenza reconocer en el desayuno ante nuestros hijos, que te quiero más que entonces. Porque es un amor aún más libre, más consciente, y menos condicionado por lo que nos rodea y por quienes nos rodean. Y entonces sólo cabe un enorme GRACIAS por este precioso regalo. Hoy, mucho más incluso que entonces, sé que "tú eres TÚ". Y con ello, siento que cada vez más, SOMOS UNO. Te quiero.

miércoles, 11 de marzo de 2015

Miel amarga

Hemos estado de viaje en familia. Eso siempre suele ser un gran aliciente para aprender alejados de nuestras zonas habituales de confort. Valencia y la Sierra de Segura han sido los destinos. En este último lugar pasamos un fin de semana junto a nuestros amigos Marga y Jose, ambos pletóricos viviendo en pleno campo, y ya superada la decisión que les llevó allí. Su actual contacto con la tierra, con las plantas y con los animales es para nosotros un chorro de aire fresco en el camino de ser más conscientes del planeta que habitamos.
Ser una pareja joven en un entorno paradisíaco, casi abandonado, hace que los ancianos del lugar se vuelquen en cederles sus huertas y sus conocimientos sobre la tierra y los recursos naturales de la zona. Pero ese contacto les hace ver hasta qué punto el ser humano se cree el "ombligo" del mundo y esquilma los recursos de su entorno. Jose nos narró sus primeras experiencias como apicultor "novato" y nos dejó "boquiabiertos". A pesar de lo mucho que hacen las abejas por el sostenimiento de nuestros ecosistemas, nos contaba cómo muchos apicultores vacían casi totalmente de miel y cera las colmenas para sacar unos pocos euros más, dejando a miles de abejas en total debilidad para superar el invierno, y despreocupándose por la continuidad de las abejas reinas y todo el enjambre que les sigue. Ya que nos proveen de miel y cera, polinizan nuestros campos, y son generadoras de vida con ello, ¿no se merecerían otro trato? El resultado: colmenas muy debilitadas y miles de abejas muertas.
Desgraciadamente no fue el único ejemplo de falta de sintonía entre ser humano y resto de seres: nos hablaron de cazadores que matan ciervos para exhibirlos en el bar del pueblo durante cinco minutos, y luego tiran sus restos en el monte, sin aprovechamiento ni siquiera de esa carne.
Estas y otras muchas posturas son las que nos hacen darnos cuenta de que nos alejamos a pasos agigantados del SOMOS UNO que rige en la Naturaleza. Si tratamos así a los animales con los que convivimos en la Tierra, ¿no estaremos abocados a que nos suceda lo mismo como especie? Ya sabemos que recibimos del Universo en función de lo que damos al Universo. ¿Y luego nos extraña que los gobiernos sometan a sus súbditos a desahucios, pobreza extrema y corrupción en nombre de la macroeconomía? Pero ¿no hacemos lo mismo con nuestros hermanos los animales?
Antes, cuando se convivía con las vacas, las gallinas y algún conejo, y nuestra alimentación dependía en parte de ello, se les cuidaba como parte de nuestra vida. Eran UNO con nosotros. Ahora todo se mercantiliza y se lleva al terreno monetario. Y "ojos que no ven...". Por eso cuesta tan poco"atiborrarse" de carne de otros seres vivos: no hemos convivido ni cuidado de ellos, no los hemos tenido que sacrificar. Tan sólo cogemos una bandeja del frigorífico del supermercado, de forma muy aséptica, sin pensar lo que implica ese acto. Y sin plantearnos que ni siquiera esa carne forma parte de una dieta sana para nuestro cuerpo. Lo hace todo el mundo, lo machaca la televisión... Cómodo y sin mayores complicaciones a nivel de consciencia.
No hace mucho me hice consciente de lo que implica abrir el frigorífico y tomar un vaso de leche. Para que eso sea posible de forma masiva y para millones de personas, son millones de vacas que son violadas sistemáticamente para que generen leche para unos terneros que les son arrebatados nada más nacer. Generan leche cuando hay embarazo, como le pasa a la mujer. Los gemidos de pena son sobrecogedores. Tanto como leer decenas de estudios que afirman el sinsentido de la leche de vaca para el ser humano.
Todo es cuestión de "consciencia", de hacerse presente en lo que hacemos y vivimos. Y por desgracia, para el ser humano parece que no se trata de una colmena con miles de abejas: se trata de X euros. No se trata de terneros apartados masivamente de sus madres: se trata de euros por litro de leche o por kilo de carne. No se trata de familias que se van a la calle, o de personas que mueren por falta de asistencia sanitaria: se trata de una reducción del gasto público.
No queda otra que aumentar nuestras dosis de consciencia en lo que hacemos, en lo que pensamos, y en cómo vivimos. Es la única forma de hacernos UNO con lo que nos rodea. Ser responsables y conscientes es la única forma de lograr ser libres. Es la única forma de conseguir que la miel sea dulce y no amarga.

domingo, 22 de febrero de 2015

Tréboles de 4 hojas

Dicen que es muy raro encontrar un trébol de cuatro hojas. Casi como una aguja en un pajar. Por eso suele ser símbolo de buena suerte. Nuestro jardín es un auténtico vergel de tréboles de cuatro hojas. Los amigos de nuestros hijos vienen expresamente a contemplar nuestras jardineras ante el "prodigio". Sin embargo, creo que no es cuestión del jardín o de la tierra que los alberga, sino más bien de los ojos que los contemplan. Estoy convencido de ello.
¿Existe la suerte? Puede existir el azar o la aleatoriedad en un porcentaje muy pequeñito. Pero el porcentaje mayor lo ponemos nosotros. Si mis hijos, cuando contemplan las plantas del jardín, están convencidos de que van a encontrar un trébol de cuatro hojas, si el azar hace que pueda haber uno, lo van a hallar sin duda. A mí me sucede lo mismo cuando voy a aparcar: esté lo concurrrido que esté, o sea lo céntrico que sea el lugar donde deba aparcar, siempre encuentro un aparcamiento maravilloso cerca de nuestro lugar de destino. Y nos pasa exactamente lo mismo con la actualidad: la gente nos pregunta cómo nos enteramos de noticias tan buenas y sorprendentes, cuando la actualidad es tan poco alagüeña.
Ni lo de  los tréboles ni lo de los aparcamientos ni lo de las noticias es cuestión de suerte. Al menos en su mayor parte. Es cuestión de actitud entrenada: me he acostumbrado a creer ciegamente en que voy a encontrar un aparcamiento. Lo visualizo y lo creo en mi mente, como si fuera real. Y ya sabemos que creer es crear. Estoy tan acostumbrado a ello, que ya no requiere ningún esfuerzo. Como cambiar de marchas o lavarte los dientes sin pensarlo. Y al resto de la familia le pasa igual en otras muchas cuestiones: están tan convencidos de que hay decenas de tréboles de cuatro hojas en nuestro jardín, que los visualizan en su mente y éstos acaban apareciendo.
Este entrenamiento de hábitos a veces genera alguna que otra carcajada en casa. Mis hijos están tan acostumbrados ya al lenguaje de "visualizar lo positivo" o de "creer es crear", que cuando perciben en alguna de mis expresiones el menor atisbo de pesimismo o negatividad, aunque sea sobre lo más anecdótico o superficial, me cae una "regañina de órdago". "¡Papá, no digas eso! ¡Que ya sabes que las palabras crean y el pensamiento también!"
Creo que con la suerte pasa un poco como con el amor. A veces nos pasamos toda la vida esperando "a ver si tenemos las suerte" de encontrar a nuestro príncipe o nuestra princesa azul, como si de algo mágico se tratara. Sin embargo, hay mucho más de voluntad y de actitud ante ello. Con demasiada frecuencia, vemos la realidad a través de la boca pequeña del embudo, y eso nos limita enormemente (el momento no es el adecuado, demasiado joven o demasiado mayor, gustos diferentes, incompatibilidad de horarios, lugares diferentes...). Además, esperamos que las posibles trabas o diferencias desaparezcan por arte de "birli-birloque". ¿Qué tal si aceptamos el momento o las dificultades y nos abrimos de "par en par" a lo que tenga que venir? ¿Qué tal si creamos una realidad creyendo en ella? Sólo hay que decir "quiero querer". A mí me fue "de lujo" con la que ohoy es mi esposa: tenía 16 años, estábamos a punto de irnos muy lejos cada uno, y yo no quería "ennoviarme" antes de acabar la Universidad. Pero miré la situación por primera vez en mi vida por la boca ancha del embudo y me lancé al vacío. Decidí querer. ¡Un tío tan "cuadriculado" como yo entonces! Fue mi primera novia. Es mi alma gemela desde entonces. Durante todos estos años ha habido dificultades de todo tipo. Pero seguimos "queriendo querer" con toda nuestra voluntad. Ponemos todos los "ojos" en ello. Y no paramos de ver tréboles de cuatro hojas, embudos boca-arriba, y aparcamientos "chollo". Y por lo que parece, nuestros hijos también.

jueves, 12 de febrero de 2015

Mi amigo el limpiabotas

Javier es limpiabotas. Estas últimas semanas no para de salir en los medios de comunicación. Cuando lo conocí hace unos meses en casa de un amigo común, reconozco que me generó sentimientos contradictorios. ¿Cómo podía ser que una personas tan preparada, tan formada y con tanta experiencia estuviese limpiando zapatos en la calle Larios de Málaga? Imagino que no sería esa la ilusión de su vida. Sin embargo, su aceptación de la situación, y la búsqueda de la excelencia en lo que su presente le ofrecía, que no es otra cosa que limpiar botas, demuestran su sabiduría.
Javier en foto de Drew Kaplan @KaplanDrew
Hay gente que odia la vida que le ha tocado. Sus días se vuelven grises cuando no negros. No paran de maldecir su suerte, y reniegan de todo y de todos. Javier no es así. O al menos a mí no me lo parece. Ha hecho de su profesión todo un arte. Y hay gente que viene de todos los lugares del mundo, por muy difícil que parezca creerlo, a hablar con él mientras les limpia el calzado. Además Javier es consciente de que vivimos en un momento único. Antes, si no te gustaba lo que hacías o vivías, no tenías muchas alternativas: o te aguantabas o tratabas de cambiar de vida. Ahora el Universo nos ofrece la posibilidad de complementar nuestra vida real con una vida virtual. Y Javier está aprovechando esa oportunidad. ¡Y vaya si la está aprovechando! Se ha convertido en una especie de "Robin Hood" de las redes sociales, donando cuentas de twitter a países, regiones y municipios. Nadie diría que su vida es insulsa o vacía como limpiabotas.
Hay quienes piensan que las redes sociales son un "come-cocos". También los hay que usan un martillo contra sus semejantes, mientras otros hacen maravillosas obras de bricolaje o escultura con él. Lo determinante no es el "qué", sino el "cómo". Internet no es malo en sí. Es una herramienta maravillosa si la usamos con consciencia. Cierto es que algunos abusan mucho de ella, que para otros es una simple evasión o escapada, y que es importante gestionar bien su uso para no menoscabar el gran activo que es nuestra atención. Sin embargo, estoy convencido que es un gran regalo que permite que muchas personas de buena voluntad estén luchando por hacer de este mundo bueno, un mundo mejor. Nunca hubo una oportunidad como ésta. Gentes de toda raza y condición, trabajando juntos desde la lejanía de sus respectivas vidas en favor de un anhelo común.
Hay gente que nos pregunta cómo nos da tiempo a hacer tantas cosas, conocer a tanta gente interesante y estar metidos en tantos "fregados" con 3 hijos a los que atender: campañas de crowdfunding, ONGs, AMPAS de instituto y conservatorio, colaboraciones con los scouts, activismo de distinta índole, etc. Y parte del secreto está en la enorme suerte del momento que nos ha tocado vivir, que nos permite gozar de una azarosa y maravillosa vida virtual (mientras los niños hacen los deberes, por ejemplo) que complementa y enriquece enormemente nuestra maravillosa vida real. En cualquier otro momento de la Historia sería imposible. Es un auténtico privilegio vivir este presente.
Doy gracias por nuestra vida real. Doy gracias por nuestra vida virtual.

viernes, 6 de febrero de 2015

¿Por qué una familia de 3 hijos como nosotros, se "moja" por Proyecto O Couso?

Llevo más de 25 años con mi compañera de viaje, Mey. Es impresionante la sabiduría interior que atesora y cómo su buen juicio nos ha ayudado en decisiones importantes como familia. Pero a pesar del tiempo transcurrido, no deja de sorprenderme. Hace unos días, una conversación familiar hacía un repaso de la actualidad tan "optimista" que asoma al telediario diariamente: paro, corrupción, yihadistas...La conversación y el panorama no podían ser más sombríos. Su respuesta fue tan clara como inconformista: "Me niego a ser pesimista. Nosotros, como familia, lo tenemos claro: no vamos a dejar de mostrar a nuestros hijos la cantidad de buena gente que hay en este mundo". Caras de "alucine". No es ése el discurso "oficial", ¿no?
En las últimas semanas han sido muchas las personas que en persona o por las redes sociales nos han preguntado por qué nos hemos "mojado" en la campaña de crowdfunding de "Goteo" para apoyar al Proyecto O Couso y crear una Casa de Acogida, una Escuela de Dones y Talentos, y una Comunidad Abierta en el Camino de Santiago. Algunos nos preguntan por nuestro testimonio en el vídeo de la campaña, otros por la pequeña "gota" de nuestra aportación económica, y otros por la intensa difusión que estamos haciendo. Es momento de explicar nuestros "por qués":
  • Porque es momento de apostar por "laboratorios de vida" que a modo de faros en la noche, nos ayuden a guiar nuestros rumbos hacia una vida de mayor sentido.
  • Porque resulta crucial encontrar espacios para volver a conectar con la esencia de la vida y sus preciosos milagros cotidianos dentro de una consciencia grupal: el silencio tras el amanecer, disfrutar de la comida en compañía, reír, danzar bajo la lluvia, sonreír al sol o a los animales, vencer miedos y dificultades juntos...


¿Hay acaso mejor legado para nuestros hijos que todas estas razones? Si te sientes interpelado/a por alguno o varios de nuestros "por qués", te animamos a luchar al máximo por tu "O Couso" de turno: difunde tu ilusión, comparte tus ganas y tu "granito de arena" en euros y en minutos, y súmate a otros muchos para hacer realidad tu sueño. Sea el que sea. Por tí y por los demás. Si tu sueño no te asusta, es que no es lo suficientemente grande. Y si te apetece sumarte al nuestro, eres más que bienvenid@.

GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS

lunes, 2 de febrero de 2015

¿Podemos o no Podemos?

Estamos en un año muy electoral, y parece que la famosa frase de Hamlet "¿Ser o no ser?" cede su puesto a la de "¿Podemos o no Podemos?". Al menos eso es lo que parece por las conversaciones que hemos tenido las últimas semanas. En ellas todo el mundo no hace más que preguntarnos lo mismo: "¿Podemos o no Podemos?". Existencialmente lo tenemos claro: CREER ES CREAR, y SI QUEREMOS CREER, PODEMOS. Pero creo que la pregunta va más por la vertiente política, así que, aunque éste no sea un blog político, toca posicionarse.

Es un momento de despertar consciencial a todos los niveles. Los pueblos parecen querer optar por el autoempoderamiento. Y ello supone para nosotros ir más allá de un mero cambio de siglas o de caras. Debemos apostar por un cambio más profundo de hacer política y construir democracia. Desde esa perspectiva, interesa analizar los pros y contras que vemos en la alternativa de "Podemos"

PROS:

1.-Haber sido capaces de canalizar un amplio movimiento de protesta y de indignación como fue el 15M, anárquico, disperso y desdibujado, hacia una alternativa de gobierno, aunando ilusión hacia otra forma de actuar y ver la política, en la que prime una mayor democracia y justicia social. Parece que, tras muchos años, la ciudadanía se vuelve a preocupar por cuestiones político-sociales, trascendiendo el "pasotismo" que imperaba no hace mucho.

2.-Como ya decíamos antes de que surgiera el partido de Iglesias, es momento de superar la dicotomía entre derechas e izquierdas, e ir más allá de unas ideologías más pensadas en dividirnos que en construir juntos. Creemos que no es el momento de las ideologías: es el momento de los Principios. Y ante ellos no debería caber el "cambio de circunstancias" para el incumplimiento electoral. A pesar de la obsesión de los medios de comunicación por etiquetar, "Podemos" afirma que es un movimiento ciudadano, más allá de izquierdas y derechas. Esperemos que no sea una cuestión de mero marketing político, sino más de pedagogía política. En otros países, cuando un gobernante lo hace mal (y de eso tenemos sobradísimas pruebas en las últimas legislaturas) se le castiga dándole la espalda en las siguientes elecciones. Aquí el voto de la ideología y de "los míos" convierte en blanco lo negro y en negro lo blanco, haciendo que una decisión o una actuación no sea buena o mala en sí respecto a ciertos principios básicos, sino en función del partido y la ideología que lo sustenta.

3.-Hemos sido testigos directos del funcionamiento interno de "Podemos", promoviendo las listas abiertas, el voto directo, y el acceso y transparencia a los contenidos programáticos para encauzar las futuras decisiones. También nos ha encantado la capacidad que han tenido de movilizar a centenares de personas que, de forma solidaria y organizada, han cedido espacio en sus casas y coches para facilitar movilizaciones, algo inédito en política, igual que sus campañas de financiación. Las nuevas tecnologías lo permiten de forma sobrada. Creemos que si aspiramos a nuevas transformaciones sociales y democráticas, toca optar por la innovación y por una democracia más directa y participativa, menos delegada. Mi mujer y yo ya solicitamos, junto a varias decenas de miles de personas, al Congreso de los Diputados, mediante el proceso de Democracia 4.0, poder ejercer nuestra cuota de participación en la vida democrática del país: nuestros diputados representan la soberanía popular, pero la soberanía nacional reside en el pueblo (art. 1.2 CE). Y como ciudadanía queremos participar directamente en la toma de decisiones  que nos afectan, ya que sabemos que eso ya es posible, desde casa y  gracias a Internet, como ya lo han hecho algunos diputados de baja en ciertas votaciones. Nuestra petición sigue dormida en un cajón del Congreso desde hace meses: a los políticos no les interesa abrir esa opción de democracia directa. Pero somos muchos los "escamados" con promesas incumplidas y los que querríamos votar directamente cada ley, o delegar su voto en ciertas personas de nuestra máxima confianza por su conocimiento de la materia o competencia. Los inicios del funcionamiento interno de "Podemos" permite atisbar ese horizonte.

4.-Nos gusta también que no den por "sagrado" o "intocable" ningún principio. Parecen diferenciar en su discurso lo justo de lo legal. Todo es planteable, porque todo fluye y es dinámico, incluida la Constitución. Aún recuerdo durante años cómo se nos vendía por activa y pasiva la imposibilidad de tocar la Carta Magna, y cómo un día de agosto, con nocturnidad y alevosía,  se modificó por los dos partidos mayoritarios por intereses económicos. Somos adultos para decidir, y no hay "tabúes" sobre los que no se pueda dialogar o negociar, ya que incluidas las fronteras y las naciones no son más que un acuerdo social creado por nuestra mente, y que poco cuadra con el SOMOS UNO que la Naturaleza y la Vida nos dicta continuamente.


CONTRAS:

1.-No nos convence el protagonismo que Pablo Iglesias ha tenido y tiene casi como una "estrella del rock" surgida de un proceso mediático en la televisión, y en la que incluso su rostro se usó como logo del partido. Esos procesos tan "personalistas" están cargados de "ego" (que es lo que menos piden estos tiempos), y aunque se afirma que es un proceso para dar a conocer a la formación y sus propuestas, reiteramos lo ya dicho respecto a la importancia de los principios. Se ha usado el poder de los medios de comunicación, que tanto manipulan a la opinión pública, para aupar al líder que se supone que debe aupar a la ciudadanía. Peligrosa jugada, si no acabara en un "harakiri político", como decíamos hace años.

2.-Estamos convencidos que es necesario dedicar más energías a construir alternativas que a "luchar contra", y desgraciadamente la agresividad del discurso, el estilo "chulesco", la crítica desaforada, las expresiones de confrontación y de amenaza ("la casta", el "tic-tac", "jamás abrazaré a "...) están demasiado presentes en la retórica y discursos de sus dirigentes. Probablemente se argumente que es para aunar el descontento de muchas personas, y sin duda ha calado y ha conseguido su propósito. Pero creemos que se ha excedido con creces del "Poder del NO" al que otras veces hemos aludido como necesario en este blog , y si no salimos de la confrontación, difícilmente seremos capaces de crear nuevas formas de actuar. Creemos más en liderazgos basados en la ejemplaridad, la templanza y la austeridad como el de José Mújica en Uruguay, que en liderazgos efímeros basados en la confrontación.

3.-Una nueva forma de hacer política (p.ej. no encabezando las pancartas) debe extenderse a otras muchas más facetas de la liturgia política, que pueden crear suspicacias en personas de sensibilidades políticas muy distintas (p,ej. los puños en alto, la no-condena del cese de la violencia en Venezuela, etc). Y en ello resulta clave la ejemplaridad, sobre todo cuando todos tenemos nuestras incoherencias: de nada sirve tachar de "casta corrupta" a los políticos, y después tener que ingresar una declaración complementaria a Hacienda porque te han pillado con una "simulación de negocio" por haber declarado como sociedad lo que debías haber declarado como persona física para ahorrarte 130.000 eurillos de nada, como le acaba de suceder a Monedero. Incluso si hubiera sido legal (que no lo es) no parece muy justo, y mucho menos ejemplarizante para crear una conciencia social contra el fraude.

4.-En los últimos meses participamos como familia en el trabajo y difusión de distintos mecanismos ciudadanos para dotar de más presencia a la ciudadanía en la vida política desde el Partido X. Estos mecanismos, basados en principios y no en ideologías, han permitido destapar buena parte de los casos de corrupción que inundan hoy las portadas. También fuimos testigos de los intentos por crear alianzas con "Podemos" sin éxito. Creemos que no es momento de protagonismos sino de aunar esfuerzos con formaciones alternativas, tipo “Equo”, verdes europeos, Frente Cívico, Partido X...muchos de ellos con mucho trabajo técnico y de base que debería aprovecharse en favor del bien común. Nos genera duda ese proceso de confluencia de "Podemos", aunque quizás sea una estrategia hasta que alcancen ciertas cotas de poder y puedan controlar mejor las condiciones de tales acercamientos.

Vistos los pros y contras de "Podemos", lo que sí tenemos muy claro es que en ninguna de las citas electorales de este año vamos a votar a los partidos que han tenido responsabilidades de gobierno en los últimos años ni en nuestro municipio, ni en Andalucía ni en España. Nuestro voto no está ideologizado y apuesta por penalizar lo mal hecho y dar oportunidad a lo nuevo. 

Al margen de ello, no podemos estar más de acuerdo con Koldo Aldai cuando dice: "La regeneración política, no será posible sin una previa regeneración humana, sin que alcancemos primero a encarnar aquello que postulamos. Cuando “Podemos” llama a derrotar y “perseguir a la casta”, no podemos obviar que también deberemos hablar de derrotar y perseguirnos a nosotros mismos, al “Bárcenas”, al autoritario, al especulador… que, en mayor o menor medida, todos/as, llevamos dentro. La “casta” no sólo mora fuera, también nos habita. Situar sólo los enemigos en el exterior, nos puede llevar al supremo equívoco de que basta cambiar las estructuras, basta reemplazar la élite, arrinconar a los del PP y PSOE, para desembocar en la Arcadia. El viejo orden se desmoronará, una vez nos hayamos tumbado a nosotros mismos y nuestra naturaleza también individualista, materialista, depredadora…". Sin duda, es preciso cuestionar el modelo de vida que tenemos como civilización, y eso pasa por cuestionarnos a nosotros mismos, algo en lo que hemos insistido en muchos posts anteriores. Es momento de empezar a ser el cambio y no sólo clamar por él.

jueves, 29 de enero de 2015

Abrir la puerta es lo que tiene…

Ayer se presentó la realidad de improvisto en casa. Y me pilló así, sin peinar y con el chándal… Eso tiene la realidad: que suele llegar sin avisar.
Se presentó en forma de una muchacha que llamó a la puerta y me pidió que me acercase en voz muy baja. Yo casi no la oía, como suele pasar con la realidad cuando te das de bruces con ella. Me pidió ayuda: la habían desahuciado y no tenía nada. Decía tener un hijo pequeño y una pequeña habitación. Iba a los comedores sociales, pero algunas galletas, leche o chocolate que llevarle a su hijo serían bienvenidos.
La hice pasar al salón y pedí a mis hijos que la atendieran mientras buscaba lo que me había pedido. Cuando regresé, conversaba con ellos. La miré a los ojos. Parecía tener mi misma edad, aunque ya se sabe que la tristeza y la desesperanza te avejentan.
“Tus hijos son músicos… Yo estudié Historia y Geografía, y Solfeo tres años…”
Añadió con la voz rota.
“Gracias. No te molestaré más”.
Me llegó al corazón.
“No es molestia, ahora nos toca compartir”
Le di algo de dinero y me miró: “No sé si te lo podré devolver”.
Nos miramos ambas con los ojos humedecidos y nos abrazamos.
“No me abraces” me dijo con la voz entrecortada “...que estoy sucia.”
No puedo describir lo que sentí en ese instante. Sólo sé que la abracé más fuerte.
“No me importa.”
Ningún ser merece sentirse pequeño… o sucio… o pobre…
Nos despedimos con un “cuídate mucho” mutuo y con un instante de encuentro que nos ha unido para siempre. Porque ella no es un ser muy diferente a mí. En ella sentí con claridad que todos somos UNO. E
ella también me reconocí en lo que pude ser, en lo que podría ser y lo que soy.

viernes, 23 de enero de 2015

Reyes y ratoncitos

Hay un día fatídico para todo padre o madre: aquel en el que tu hijo menor te pregunta cara a cara por los reyes magos. Ese día parece la frontera final de la inocencia y la magia en un hogar. Ese día ha sido hoy para mi Eva.
Pensábamos que, finalizadas las fiestas navideñas, habíamos ganado un año más. Tanteos previos, durante y posteriores a la Navidad había habido: que si "en el cole dicen"...; que si "fíjate qué tontería he escuchado en el recreo"... Pero eran preguntas que, en su propia formulación, buscaban la continuidad de la magia. Y tanto sus hermanos como nosotros colaboramos para que así fuera. Pero lo de hoy era diferente: eran preguntas directas y "al grano". Ya no cabían evasivas. La magia tocaba a su fin. No había más remedio que decir "la verdad".
Estoy seguro que si mi hija viviera en otro entorno, más cercano a la naturaleza, menos lleno de ruido y rumores colegiales, su inocencia por los reyes magos habría perdurado otros dos o tres años más. Pero de nuevo estamos en nuestro dilema: acercarnos más a la naturaleza para preservar ciertas esencias vitales o tratar de vivir ese "mundo diferente" en nuestro día a día. El salto definitivo a lo primero es difícil; vivir de continuo lo segundo todo un reto.
Mi mujer tuvo que asentir a su pregunta sobre los reyes y sobre lo que había escuchado en el "cole". Y le ofreció aclaraciones:
-"¿Pero, tú quieres saberlo de verdad?"
-"No", contestó Eva.
Se quedó pensativa unos instantes y rápidamente formuló la otra "gran" pregunta:
-"¿Y el Ratoncito Pérez?. Ese sí que existe, ¿verdad mamá? ¡No es posible guardar tantos dientes durante tantos años!"
Mi mujer mantuvo la compostura y se aguantó la risa.
En el almuerzo Eva me ha contado su medio-descubrimiento. Y digo "medio" porque su razonamiento de nuevo se convierte en gran maestra para la vida. Sabe que los comentarios de sus compañeras de clase eran ciertos. Su madre se lo ha confirmado esta mañana. Pero sin lugar a dudas no está dispuesta a hacer concesiones respecto a la magia:
-En primer lugar ¡el Ratoncito Pérez sigue existiendo!
-Y en segundo lugar, con una contundencia que nos ha provocado una gigantesca carcajada, ha proclamado: "Desde luego, cuando yo sea mayor, no pienso organizar el tema de los regalos de reyes magos para mis hijos; pienso esperar a que sean los reyes los que se los traigan"
Parecen razonamientos inocentes de una niña de 9 años. Pero si nos paramos a pensar contienen la sabiduría de un ser que hubiera vivido ya decenas de vidas anteriores. ¿Qué es la realidad? ¿Qué es verdad o qué es mentira? ¿Es más real la noticia que se rumorea en el recreo respecto a los Reyes Magos porque cada vez son más niños los que la comparten, o es más real la magia que yo he vivido durante tantos años y durante tantos y tanto momentos? ¿Es más real lo que me informan desde fuera o lo que yo vivo y experimento desde mi creencia? ¿No es acaso verdad que aquello en lo que yo CREO es capaz de CREAR UNA REALIDAD? Y si esa realidad me hace tremendamente feliz, ¿por qué optar por la que proclaman otros, aunque sean mayoría? ¿Hasta qué punto estoy dispuesto a renunciar a la magia que tengo por lo que me digan otros? ¿Nos fiamos de la realidad del telediario con todos los miedos que trae consigo, o nos fiamos de la magia que somos capaces de crear por nosotros mismos? ¿Terrorismo yihadista u O Couso?
Nosotros lo tenemos claro: estamos con los Reyes Magos y todos los Ratoncitos Pérez del mundo

viernes, 9 de enero de 2015

Ausencias

Hoy hace dos años que se marchó. Es curioso, pero con el paso del tiempo cada vez me acuerdo más de ella. No es un recuerdo de detalles, de momentos o de conversaciones, sino de su presencia en mi vida, hoy tornada en ausencia. Y ese recuerdo me pedía hoy una tregua en mis roles de funcionario, de tesorero, de voluntario en campañas, de padre....Y me animaba a buscar el silencio, el cielo abierto, los pájaros, el rugir del mar... Me he dejado llevar. Y me ha venido muy bien. No era nostalgia. Era serenidad. Y pedía su espacio y su tiempo.
Cuando hace justo dos años dejó de respirar, sentí una fuerte necesidad de salir de la UCI. Percibí claramente que ella ya no estaba en aquella sala, y que se había liberado de ese cuerpo que tan malos ratos le había hecho pasar en los últimos años. La sentí en el vuelo de los pájaros que inundaban el patio interior del hospital. Su larga enfermedad me había preparado para ese momento, y creo que ambos sentimos esa sensación de "dejar ir" con paz.
La ausencia de mi padre 37 años antes no nos lo puso fácil. Ni a ella en su papel de madre, ni a mí en el de hijo. Ni siquiera la muerte supone un punto y final. Todo fluye y sigue fluyendo. Incluso las cicatrices por cerrar. Pero sin duda, sin ella, no sería el que soy hoy. Y por ello brota de mí un enorme sentimiento de gratitud hacia ella. Gracias, gracias, gracias.

martes, 23 de diciembre de 2014

Círculos de Luz

Hay símbolos que te erizan la piel. Cuando eso sucede, es porque tocan el corazón. La "Luz de Belén" es uno de ellos. Cada año, por estas fechas, un niño baja a la gruta donde se supone que nació Jesús y recoge la Luz perpetua que allí se guarda. Después, miles de scouts de todo el mundo se organizan en desplazamientos kilométricos para propagar de vela en vela, de candil en candil, esa pequeña llama para que llegue al mayor número posible de familias. Cada año, poco antes de la Navidad, se hace ese despliegue tan enorme de almas. Y cada año se me eriza más la piel. Para mí es el símbolo que mejor identifica lo que significa la Navidad: que un Ser, con una Luz extraordinaria en su interior, con su nacimiento y posterior vida, deslumbra la oscuridad que existe, y genera un enorme salto de conciencia en quienes le rodean.

Aquí en Málaga es un momento mágico cuando se apagan las luces de la Catedral, se hace un gran silencio, y desde la más profunda oscuridad, una pequeña llama traída de mano en mano desde Belén, se convierte en centenares de pequeñas llamas que acaban iluminando cálidamente el templo. Y ese mismo gesto se repite en miles y miles de lugares en todo el mundo. Por ejemplo hoy, día de Nochebuena, nuestra amiga Meme y su familia han recogido la luz en casa y dedican toda la mañana a repartirla entre amigos y familiares ¿Hay mejor símil de lo que debería ser la VIDA con mayúsculas: compartir la luz que otros te han dado?

Hace unos días, nos visitó nuestro gran amigo Luije y hablábamos preocupados de la oscuridad en la que se encuentran muchas de las personas que nos rodean. Vidas sólo centradas en el trabajo, en el telediario, en el fútbol, en la política, en el cotilleo... Vidas clónicas, vacías de ilusión por el presente, por la naturaleza, por el descubrimiento y aprendizaje continuos, o por el encuentro con el prójimo. Vidas deseosas de ser iluminadas.
En estas fechas de propósitos para el año entrante, siempre pedimos un poco menos de ajetreo en casa, aunque realmente cada vez estamos embarcados en más aventuras. Pero es que cuando llega la Luz, es necesario seguir propagándola. Si no la compartes, ¿cuántas personas se quedarán a oscuras por ello detrás de ti? Y da igual que la Luz venga de O Couso, de los Scouts, de la Casa de Pepe Bravo, o de Adapa. Todos ellos son Círculos de Luz que nos animan a despertar, y cuya luz ha llegado a nosotros para ser propagada.
Estas Navidades en casa ya luce la Luz de Belén desde hace días junto a la chimenea. Procuraremos que no se apague. ¡Feliz Navidad!

martes, 9 de diciembre de 2014

Laboratorios de vida

Cada vez me fío más de mi corazón. Últimamente no falla. Sabe encauzar el ser super-racional que he sido. Por eso le hice caso este verano: debíamos conocer O Couso, a pesar de los argumentos racionales (desviarse 400 km de la ruta y menos días de vacaciones para otras cosas). También me preocupaba la reacción de los niños y las reticencias de mi mujer, que huye, con mucha razón, de adoctrinamientos, de gurús, y de iniciativas que encorseten la libertad personal. Por eso, cuando los cinco abandonamos O Couso con esa felicidad y ese pellizco en el corazón, sabíamos que ahí había ya parte de nuestra vida.
Hay muchas personas que en estos meses transcurridos nos han preguntado por qué es tan especial O Couso. El sitio y el entorno son maravillosos. La cercanía con el Camino de Santiago lo hace especial. Pero va mucho más allá de eso. Para nosotros es un "laboratorio de vida". Estamos convencidos de que el ser humano necesita evolucionar. Ya no nos vale que nuestra vida gire en torno a unos horarios laborales en un trabajo alienante. No nos vale vivir por y para pagar una hipoteca. No nos vale ese alejamiento de la naturaleza y de la magia que habita en ella. No nos vale ese aislamiento en el que vivimos rodeados de personas. No nos vale una vida vacía llena de cosas materiales. Necesitamos algo diferente a eso. Y en esa búsqueda, resulta crucial contar con referencias. Iniciativas que te indican un rumbo en el que se saborea plenitud, alegría y unidad. Laboratorios que indaguen en la esencia de la existencia, y que te den cucharas de autenticidad para darle un sentido verdadero a tu vida. Un sentido que pasa por una mayor atención a tu ser interior, a la naturaleza y a nuestros hermanos los animales, y al trabajo "codo con codo" con el prójimo, por muy diferente que sea.
No es momento de esperar a que alguien "nos saque de ésta". Es momento de coger las riendas de nuestras vidas con responsabilidad, y apostar por aquello que nos hace de verdad felices. Por eso nosotros hemos decidido apostar por nuestro "laboratorio de vida". Sabemos que uniendo pequeños gestos de mucha gente, se pueden alcanzar grandes logros. Y hemos querido compartir nuestra vivencia personal junto a la de otras personas. Hemos grabado un vídeo con nuestro testimonio y hemos creado una campaña de crowdfunding para impulsar nuestro "laboratorio". Te invitamos a ver el vídeo, participar en la campaña, y difundirla en todos tus entornos:
Estamos convencidos de que tendrá tanto éxito como cuando hicimos algo similar para la Casa de Acogida de Alozaina.
Otra forma de vivir es posible. No nos resignemos. Nuestros pequeños gestos, unidos, pueden lograrlo. Es momento de HACER DE UN MUNDO BUENO, UN MUNDO MEJOR.

lunes, 1 de diciembre de 2014

Platos rotos

"¡Eso no se hace!"..."¡Eso no se dice!"...."¡Castigado al rincón!"....
Los que somos padres, quizás con demasiada frecuencia, nos identificamos tanto con nuestro papel de progenitores, que nos acabamos obsesionando con lo de "enseñarles a vivir". Y sin duda, nos perdemos con ello el gozo de ser compañeros de viaje de nuestros hijos.
Hace unos días andábamos recogiendo la cocina después de almorzar. Cada uno tiene su pequeña tarea, y a mi Pablo le tocaba organizar el lavavajillas. Con sus 13 años en pleno apogeo de hormonas, suele estar a mil cosas a la vez, y esa falta de concentración le juega malas pasadas. Ese día, en plena recogida de la mesa, de repente atronó la cocina. Fuimos toda la familia corriendo temiéndonos lo peor, y nos encontramos toda la vajilla desparramada por el suelo y un buen número de platos rotos. No había heridos, pero sí un pequeño desastre casero. Logré dominar mi enfado inicial. Pero cuando él se enfrascó en todo tipo de explicaciones surrealistas sobre la bandeja del lavavajillas andando sola a sus espaldas, no pude evitarlo e impuse mi papel de padre. ¡Debía ser responsable y centrarse en hacer bien sus tareas, en lugar de buscar excusas absurdas para justificarse! Me indigné mucho con él, no lo pude evitar.
Hace unos días mi mujer y yo recogíamos la cocina. Hablábamos tranquilamente y en un momento de la conversación me día la vuelta para dirigirme a ella. De nuevo la cocina atronó. No hubo platos damnificados, pero sí un nuevo desparrame de vajilla por el suelo. Lo que mi hijo me había dicho no había sido un argumento surrealista: ¡aquella dichosa bandeja se deslizaba sola, y estaba dispuesta a darme una buena lección!
Me sentí fatal. Él no estaba y ni se enteró del incidente, pero claramente no podía quedar ahí. Cuando volvió a casa después de hacer deporte, le pedí perdón por la injusticia que había cometido con él. Pedir perdón entre adultos es como desnudarse, y pareces quedarte a merced del ofendido. Sin embargo mi hijo es el ser más noble que conozco y con su corazón de oro ni titubeó. Entendió mi "metedura de pata" y me abrió su corazón sin reproches, aclaraciones, o frases del tipo "ya te lo dije". Un fuerte abrazo y un beso enorme arreglaron los platos rotos.
La vida, ¡qué sabia!, volvía a recordarnos nuestro papel de compañeros de viaje.
¡Qué curativo resulta un perdón sincero entre dos seres que se quieren!

lunes, 24 de noviembre de 2014

Hojas de corazones

Hoy mi hija paró de nuevo el reloj. Fue a la hora de salir del "cole". Llegaba  a casa como siempre, contando mil y una anécdotas. De repente se quedó en silencio y el tiempo y ella se detuvieron. Un grito ensordecedor se apoderó de toda la calle. Pensé que sería una broma: acababa de pasar por ahí tres minutos antes y no había visto nada especial. Pero sí que lo había: justo delante de nuestra puerta, en el suelo, había una hoja de árbol con una forma idéntica a la de un corazón. Su hallazgo merecía el grito, y ese parón del tiempo. Que un corazón así estuviera en la puerta de casa debía significar algo, ¡seguro!.
Doy gracias a la vida por esos momentos de magia en lo cotidiano; por esa capacidad que los niños tienen para descubrirnos el misterio de lo sencillo; por su talento para demostrarnos el sinsentido de las prisas que nos hacen pasar de largo; por su sensibilidad hacia la verdadera esencia de la vida: el AQUÍ y el AHORA.
¡Vivan las hojas de corazones y los dibujos en las nubes!

lunes, 17 de noviembre de 2014

Sin gafas por la vida

Mi hija es una sirena. No tiene en su cuerpo escamas, ni cola, ni aletas. Pero no conozco a un ser humano al que le guste tanto nadar o sumergirse en el agua. Ya con 2 años, casi sin andar aún, le encantaba que la sumergiese en lo más profundo de la piscina para sacar a la superficie algún objeto que yo le tiraba. Con 5 años la apuntamos a la piscina municipal, y empezó con sus primeros entrenamientos medio serios. ¡No he visto un ser más pequeño con una autodisciplina más grande! ¡Daba gusto verla en su papel de nadadora "pofesional"!
Sin embargo, llegó la primera competición seria. El pabellón estaba "a rebosar". El griterío de los niños nadadores y de las familias animadoras era ensordecedor. Le llegó el turno de saltar a la piscina. Sonó la bocina y saltó con tanto entusiasmo que se le salieron las gafas de bucear. Cuando logró salir a la superficie estaba totalmente desorientada. No sabía si nadar en una u otra dirección. Parecía un "patillo mareado". Se golpeó en varias ocasiones con los corchos separadores de calles. Cuando el resto de niñas ya habían llegado a meta, a ella aún le quedaba un buen rato. Se generó un silencio cómplice con ella, y cuando por fin llegó a meta, la ovación colectiva premió su tesón. Ese es un detalle que siempre me ha gustado: incluso los padres más competitivos son capaces de ovacionar y apoyar a los chavales que llegan en última posición muy alejados de los primeros puestos.
A pesar de que había sido más aplaudida que las ganadoras del torneo, aquella anécdota marcó a mi hija. Se sintió ridícula, y empezó a sentir un miedo escénico que empezó a afectarla. Intentamos tranquilizarla. No nos interesa lo más mínimo la competición, pero sí que sepa plantarle cara a las dificultades, o al menos lidiar con ellas. Las siguientes competiciones fueron un suplicio: se apoderó de ella el pánico recordando el episodio de las gafas en su primera competición, y pedía no participar aunque había estado entrenando con ahínco. Quizás unos padres protectores la hubieran quitado de inmediato de natación. Pero huir de la dificultad debilita a nuestros hijos para el futuro. Creemos que más que proteger a sus hijos, los padres deben acompañarles para que aprendan a protegerse, y volar ya solos cuando les toque. Y eso es lo que hicimos, aunque sin duda hubiera sido más fácil darla de baja en natación.
Ahora ella tiene 9 años. Se acuerda de aquel episodio de las gafas con orgullo, como una gran prueba superada en su vida. Ha aprendido que se puede avanzar por la vida incluso si se te caen las gafas y te sientes desorientado; que las pruebas más difíciles nos hacen más fuertes; y que el miedo al ridículo, al "qué dirán" o al fracaso es el mejor maestro para educar nuestra determinación.
Este verano fue medalla de Andalucía de natación, y hoy ha tenido una recepción en el Ayuntamiento por ese motivo. Sus entrenadores creen que podría tener futuro como nadadora profesional, pero continuará con la natación si sigue disfrutando con ella. Las exigencias de la alta competición y el afán por ganar obligan a renunciar a otras inquietudes. Y eso no le interesa a ella, y menos a nosotros como padres. Ella podrá ser lo que se proponga en la vida, como sus hermanos. Sólo tiene que visualizarlo en su mente y en su corazón, con o sin gafas.

viernes, 7 de noviembre de 2014

Lágrimas de Scout

Los hombres no lloran. Y menos en público. Aquel día yo lo hice “como una magdalena”. Hasta mis hijos se asustaron al verme. Pero no había por qué preocuparse. Era de puro gozo. La vida no da demasiadas ocasiones para que el corazón se expanda, y aquel día el mío se expandió tanto que debía salir por algún lado, y lo hizo por los ojos.
Somos una familia de 3 hijos, y desde hace tiempo andamos en la búsqueda de un mundo mejor para vivir. Creemos que en esa búsqueda es bueno replantearse las prioridades en la vida. Por eso quisimos que nuestros hijos entraran en los Scouts hace varios años. Ellos estaban muy contentos, y nosotros también. Pero, con sinceridad, era una de las muchas actividades que hacemos en nuestra incesante búsqueda. En nuestro interior, los Scouts constituían un círculo más de actividades: cosas que hacer, hacer y hacer. Quizás por eso, cuando nos propusieron que, como padres, nos involucráramos más, no encontrábamos la forma de hacer hueco dentro de tantas idas y venidas.
Sin embargo el pasado año surgió la posibilidad de que Eva hiciera la comunión con los Scouts. Dentro de nuestro concepto de la espiritualidad y la fe, no hay mucho sitio para comuniones “bodorrio”, para trajes de princesa, o para banquetes multitudinarios. Creemos en las cosas sencillas y de corazón, más que las llenas de “floripondios” pero vacías por dentro. Por eso la posibilidad nos ilusionó. Lo que no esperábamos es que nos introducíamos en algo más que “un día de comunión”. Nos introducíamos de lleno en la esencia de lo que es “SER Scout”.
Cuando los padres apuntamos a los Scouts a nuestros hijos, a veces, en el fondo, les apuntamos a “una actividad más”, que les aleja de peligros como las “litronas” o las malas compañías. Pero si nos quedamos sólo en eso, quizás nos podemos estar perdiendo parte de la riqueza de lo que es “Ser Scout”. Y creo que la integración entre Padres, Niñ@s y “Repon”hay una enorme riqueza. No se trata de que “nuestros hijos vayan a los Scouts”, se trata de vivir en familia esa “esencia Scout”.
Organizar la logística de la comunión “codo con codo” con otros padres, nos permitió conocer desde dentro, y durante semanas, la abnegación de otros padres del comité, que por el simple hecho de “estar siempre dispuestos a servir” dedicaban fines de semana enteros por ayudar a que ese fin de semana  fuese inolvidable para nuestra hija y otros pocos niños. Nos permitió ver cómo se afanaban en limpiar letrinas padres y “respon” a los que no les iba nada en ese día. Nos permitió conocer la generosidad silenciosa de muchas caras anónimas en cada detalle: en las canciones, en la liturgia, en la decoración, en la limpieza, en la preparación de las mesas y de la paella, en la atención a nuestros parientes y amigos invitados al evento…Un precioso trabajo coral y en equipo, en el que nadie trataba de destacar más que nadie. Un verdadero ejemplo vivo de lo que es vivir en comunidad, y de lo que realmente significa la “comunión” (del latín “communĭo”, término que hace referencia a “participar en lo común”).
Fueron muchos momentos de “comunión” antes y después del día de la celebración. Días de preparativos y de generosidad derramada. Y por ello, en plena ceremonia no pude, ni quise, reprimir las lágrimas de emoción. Creo que en ese momento sellé mi alianza como Scout. Ahora soy parte del Comité. Y estoy dispuesto para servir.

viernes, 31 de octubre de 2014

Dilemas laborales: ¿aceptar o luchar por servir?

Trabajo en una Oficina de Empleo. Podría ser un gran trabajo de servicio al prójimo. Pero sólo estamos para atender estadísticas de tiempos de espera y servicio. Nada de una atención a fondo y una ayuda de corazón. Sólo números y más números: nada de personas. Los funcionarios se apoltronan en su sueldo seguro y los desempleados se acostumbran a una dinámica esclavizante de venir a "sellar" y "esperar a que les llamen", cosa que casi nunca pasa. La mayoría sucumbe y renuncia a la libertad, en lugar de afrontar su situación con plena responsabilidad.
Me sentí muy frustrado cuando entré aquí. Me considero una persona inquieta y pensé que este trabajo suponía un "parón" en mi progresión profesional. Se me ocurrían infinidad de iniciativas para dinamizar a los miles de desempleados a los que atendemos, que necesitan más de motivación que de clasificaciones y bases de datos totalmente inútiles. Expuse mis propuestas incluso por escrito. La respuesta fue clara: no se me paga por pensar, sino por repartir tarjetas. Me quedé helado al principio, y luego durante varias semanas me dominó el mal humor por lo que consideraba un desperdicio injusto de recursos.
Más tarde, se produjo el "click" en mi interior, y entendí que debía aceptar la situación, no aferrarme a lo que yo consideraba que "debería" hacerse, y domar a ese ego tan "crecidito" que a veces tengo. Aceptación, aceptación y aceptación. Y se obró el milagro. Me centré en atender con toda mi energía y dedicación a cada desempleado en los pocos minutos que estuviese con él o ella. Decidí apelar sólo a mi conciencia yendo más allá de las directrices o políticas de turno. Y entendí que la situación podía tener mucho de aprendizaje para mí.
Así he estado los últimos 18 meses. He aprendido a sosegar mi obsesión por cambiar las cosas y por hacer, hacer y hacer. He aprendido a vivir el momento exclusivo con cada desempleado/a al que atendía. Por el camino me he encontrado con el regalo de poder reducir mi jornada laboral y dedicar ese tiempo y esas energías a proyectos sociales y de transformación. Me siento más libre, menos dependiente de la imagen social que representa el trabajar en una u otra cosa, y mucho más cercano a lo que soy al desnudo, "sin trampas ni cartón". Estoy simplemente atento al presente y lo que éste pueda deparar.
Ese presente volvió a hacerme una llamada al servicio hace unos pocos días. Se acababa de convocar una plaza de alta dirección en mi zona. Los requisitos cuadraban al 100% con mi perfil, y desde ese puesto podría articular notables cambios en las políticas de empleo en mi comarca. Sé que tengo pocas opciones y menos padrinos para presentarme. Pero lo hice, y además llevé mi diagnóstico de la situación de la comarca y mis propuestas para introducir cambios por escrito a uno de los máximos jefes de la provincia, al que le pedí una cita. Su cara era un poema. No sólo por mi osadía de presentarme al puesto (que lógicamente ya tiene nombre desde hace tiempo) sino por mi crítico análisis. No se podía creer lo que escuchaba.
Sentí que debía dar ese paso. Seguramente haya sido inútil. Quizás, incluso, lastre mi futuro en esta Administración. Poco me importa. Creo que mi presente me llamaba a ello. Y de hecho, me preocupó más notar mi pérdida de paz y la vehemencia con que defendí mis argumentos que las posibles consecuencias de mi atrevimiento. Sin duda mi ego volvió a aflorar en esa reunión, aunque fuera defendiendo la necesidad de centrarnos en servir al prójimo.
Creo que debo seguir por el camino de la aceptación. Creo que debo estar muy atento al presente. Y creo que esa aceptación y ese presente me ofrecerán ocasiones continuas de servir al prójimo. Creo que para eso estamos aquí. Tan sólo espero no perder la paz por el camino.

viernes, 24 de octubre de 2014

Soplos cotidianos de ternura

A veces internet te conecta con la esencia del ser humano. Eso nos pasó hace unos días con facebook. Jamás nos habían compartido tanto una foto ni había recibido tantos "me gusta". Se trataba de una foto de mi hija durmiendo. Cierto es que era entrañable. Y que la niña es preciosa (¡qué va a decir un padre!). Pero esa enorme adhesión a la foto poco tenía que ver con una imagen de poca calidad y casi en penumbra. Tenía mucho más que ver con la magia del gesto que escondía. En ella se veía a mi hija de 8 años, dormida sobre su almohada, en penumbra, junto a un gran lazo rosa sobre la almohada y una nota manuscrita: "Os quiero papi y mami".
Creo que lo que fascinó a tantas personas fue imaginarse las secuencias previas: mi hija buscando y preparando su lazo y su nota a escondidas, coloreando sus corazoncitos, y
colocando cuidadosamente la nota y el lazo en una parte de la almohada donde los pudiéramos ver cuando fuésemos a darle el segundo beso de las buenas noches, una vez ya dormida. Era su regalo sorpresa para despedir el día. Y si imaginarse sus preparativos resulta tan entrañable, lo es aún más el hecho de que ella sabía que no iba a poder saborear la sorpresa y el agradecimiento en nuestras caras. Sabía que iba a estar dormida. Eso hacía la imagen cautivadora.
Los niños nos conectan con más frecuencia de la que nos damos cuenta con la esencia de la vida. Son un soplo cotidiano de ternura. Y no siempre estamos atentos para cerrar los ojos y disfrutar de esa brisa embriagadora. El silencio y la oscuridad de la noche del otro día, junto a los ojos dormidos de Eva, obraron el milagro. Un milagro que, compartido por facebook, abre las puertas de nuestras almas. Porque en un gesto tan sencillo, se esconde, quizás, la esencia de la vida: el amor incondicional. Aquel que no espera nada a cambio. Ni siquiera una cara de admiración, alegría y sorpresa. Sólo dar. Y en ese "dar", recibirlo todo sin buscarlo.

domingo, 19 de octubre de 2014

El miedo: lo mismo para un roto que para un descosido

No hace mucho leí una frase que desde entonces no para de rondarme en la cabeza: "El miedo es el gran enemigo de la libertad". Hasta entonces no se me había ocurrido ligar esos dos conceptos: Miedo y Libertad. Pero desde entonces cada vez me siento más identificado con esa afirmación. 
Es cierto que cada vez que se quiere manejar a la masa o condicionar comportamientos, el recurso al miedo resulta muy útil:
-Que quieres que tu niño coma: cuidado que viene el coco. 
-De joven, "miedo al qué dirán" según lo que lleves puesto o lo que hagas.
-De adulto, trabaja, a ver si no vas a poder pagar la hipoteca y te vas a quedar en la calle.
-Que temes perder unas elecciones: haz que cunda el miedo a las apocalípticas consecuencias de que ganase tu contrincante.
-Que tú, Gobierno, quieres distraer a la opinión pública por algunas "meteduras de pata": señala a un enemigo exterior al que temer.
-Que tú, religión de turno, quieres uniformar y controlar comportamientos: anuncia el fuego eterno y la ausencia de reencarnación.
-Que tú, multinacional farmacéutica, necesitas vender más. Magnifica algún brote de la enfermedad a tratar y que cunda el pánico. Funcionó con la Gripe A. Funcionará con el ébola. El miedo causa amnesia colectiva.
Casi se está volviendo en una obsesión en mí, ya que en muchas de las conversaciones que escucho en mi día a día percibo que la energía que subyace es de miedo: al "qué dirán", a "no llegar a fin de mes", al futuro para nuestros hijos, a perder el trabajo, a la próxima reforma del gobierno, a la prima de riesgo o al hundimiento de la banca, a una pandemia, al inmigrante que nos invade, a pederastas que amenazan a nuestros hijos, a lo que puede pasar si saco a mi hijo del sistema educativo o si no lo vacuno...
Por suerte, cada vez suena más fuerte en mi cabeza ese "niiiiiiinoooo, niiiiiiiinoooo". Esa alerta anti-miedo, que me avisa de una posible amenaza sobre mi libertad.
Cuidado. Sirve lo mismo para un roto, que para un descosido. El miedo funciona. Pero la libertad interna también, incluso si nos encierran en una mazmorra.

sábado, 11 de octubre de 2014

Desaprendiendo lo aprendido: la historia de mi vida

Dicen que al mundo hemos venido a aprender. Yo no acabo de estar muy de acuerdo. Más bien creo que hemos venido a recordar. Recordar la esencia de nuestro ser. Yo, en esa senda del recuerdo, precisamente he tenido que hacer lo contrario: desaprender y desprogramarme.
Con 16 años mi programación era clara: es momento de estudiar, sacar buenas notas, encarrilar una buena carrera profesional...las novias para más adelante. Ahí tuve mi primer cortocircuito. Hice caso a la intuición y a las primeras noches sin dormir de mi vida. Hoy llevo 27 años con mi compañera de viaje en ese recordar lo que soy.
Al acabar la Universidad, nuevo dilema: aprovechar o no mi teórica formación de élite y meterme de lleno en el mundo de las "alfombras rojas" y de la gran multinacional. Desaprendizaje al tanto. Nuevo cortocircuito. En este caso hice caso a la opción que creía que me daba más libertad. Cuatro grandes posibilidades de ascenso meteórico a la basura. Frustración familiar. Se suponía que había estudiado tanto para conseguir esos "puestazos".
Me adentro en el mundo del emprendimiento social. Aunar empresa y ayuda al prójimo está bien. No está nada bien pagado, pero sí está bien visto. Quizás tan bien visto que engorda el ego. No acabo de ser feliz. ¿Quizás sigo preso del "qué dirán"? Toca desprogramarse de nuevo. Hay que dejarse guiar por la llamada de la felicidad.
Etapa dura laboralmente. Muchas puertas cerradas. Tanto esfuerzo..¿para qué? La vida me llama a priorizar. Es momento de ser padre. Replanteamiento de lo aprendido.
Con 27 años, un nuevo trabajo me trae la ilusión por innovar, y un reconocimiento no pretendido incluso en medios de comunicación. La gente me reconoce por la calle. Cuidadín, cuidadín, ego mío... Intrigas políticas y luchas de poder. No quiero estar por medio. Toca renunciar aunque haya triplicado mis objetivos y las cosas vayan tan bien. Nuevo cortocircuito a lo aprendido.
Etapa en el desempleo. Buena cura para un ego reforzado por dos carreras de prestigio y ofertas en bufetes y empresas internacionales. ¿Realmente ha valido la pena tanto esfuerzo y estudio? ¿No es el hombre el que debe proveer a la familia en vez de limpiar pañales? La mente por un lado y la sensación de plenitud por mi hijo por otro. Seguimos desaprendiendo.
El segundo y la tercera hija no tardan en llegar a casa. Familia numerosa. Toca reubicar el papel del trabajo y de la familia en mi vida. Juré y perjuré que jamás sería funcionario. Me gusta innovar, crear desarrollo e impulsar mis iniciativas. Ser funcionario se aleja bastante de eso. Cortocircuito "al canto". Busco dedicación a la prole y tiempo de calidad con mis "enanos". Toca estudiar de nuevo, y desandar mis afirmaciones.
Ya soy funcionario. Trabajo estable. Cierto equilibrio entre familia y trabajo. No muy realizado laboralmente, pero ya habrá tiempo para la excedencia cuando los niños crezcan. Será entonces cuando desarrolle, quizás, mis inquietudes profesionales. Todo parece encajar racionalmente. Quizás por ello, ¡nuevo cortocircuito al sistema! Grave enfermedad terminal en mi madre. No estoy preparado interiormente. Toca limpiarse por dentro.
Hasta entonces, había ido domando mi raciocinio con pincel. Ahora toca el bulldozer. Me enfrento a la gran asignatura de mi vida: aprender a ser libre de verdad. Desandar lo andado, desaprender lo aprendido, desprogramar lo programado. Romper con el papel de niño bueno, responsable, aplicado y solidario de mi vida, y empezar a SER, más allá de roles y expectativas.
Empiezo desde la casilla de salida. Pero la carga es mucho más liviana. Me he quitado mucho peso de encima. Y al vaciarme, he dejado hueco para el recuerdo de lo auténtico. Desde ahí se han abierto muchas ventanas. A veces con una actitud combativa y de lucha contra tanta injusticia. Y quizás últimamente siendo más consciente de que el Sistema somos todos, y mientras no nos reprogramemos cada uno...¡chungo! Paso del "luchar contra" al "construir para": no se trata de destruir lo caduco, se trata de que lo nuevo lo haga caer por sí solo.
Cada experiencia vivida con consciencia se convierte en un motivo para la reprogramación. Lo que antes habría sido una frustración laboral (pasar de perseguidor de fraude fiscal a gran escala a simple repartidor de tarjetas en una oficina de empleo) se convierte ahora en un proceso de reprogramación de mi ego y soberbia. Aprendo lo que es la aceptación, que no la resignación. Y da igual si ese "desaprender lo aprendido" venga de un chaval de 16 años, de mi fontanero, de una cigüeña, de la bisabuela o de mis hijos. Es momento de tomar mayor conciencia de lo que me alimenta, del sentido de mi trabajo, de lo que me transmiten los medios de comunicación, del dominio de mis miedos para ser cada vez más libre, de la escasa importancia del dinero y los bienes materiales....El aire fresco empieza a entrar. Empiezo a recordar.