sábado, 29 de agosto de 2015

Retiro familiar

A veces pienso que nuestra vida familiar es demasiado intensa, llena de idas y venidas, de encuentros , de viajes, de proyectos, de iniciativas... Es cierto que los cinco estamos cargados de energía y nos cuesta parar de hacer cosas. Pero la esencia de la vida no está en hacer, hacer y hacer, sino precisamente en no-hacer. Por eso es sagrado para nosotros esta semana de agosto en la que paramos de hacer y nos regalamos un retiro familiar los cinco juntos, alejados de todo y de todos, rodeados de naturaleza. Unos días para darnos cuenta de lo pequeños que somos frente a un Universo tan grande y hermoso. Este año nos hemos perdido del mapa en Ordesa y como todos los años está siendo una semana mágica.
El plan es muy sencillo: madrugamos y sobre las 10 de la mañana estamos ya recorriendo montañas majestuosas o impresionantes valles hasta que empieza a oscurecer por la tarde y volvemos exhaustos. Andar, andar y andar, como la vida. Pero en este caso alejados de estímulos que nos separan de lo esencial: estar en el aquí y en el ahora. Y una fórmula tan sencilla es la que cada año nos equilibra y cohesiona como familia. Son largas horas de esfuerzo compartido, de risas y de bocatas. Pero sobre todo de darnos un espacio y una atención exclusiva los unos a los otros que no siempre es sencilla. Y con algo tan simple, se obran milagros.
Hace un par de días, con mi hija menor, mientras subíamos a la "Cola de Caballo", quise hacer una prueba. Ella es el ser más vehemente, vital y enérgico que existe. Vive con intensidad los buenos momentos, pero se hunde ante el menor contratiempo. La reté a que estuviera 5 minutos seguidos sin reaccionar al menor estímulo exterior, y ser consciente de sus reacciones. Nuestro cometido era sacarla de su silencio y concentración y hacerla "saltar". Tardó más de 2 horas en conseguirlo: las bromas, la conversación ajena, el miedo a sentirse excluida, o cualquier comentario levemente hiriente la hacían revolverse y salirse de su centro, como nos suele pasar a todos con los estímulos de nuestro día a día: televisión, internet, los vecinos, los compañeros de trabajo, el siempre presente móvil... Al cabo de esas dos horas comprendió que podía ser dueña de sus reacciones y no esclava de los estímulos externos simplemente prestando atención y haciéndose consciente. Ella misma decidió seguir haciendo el juego a diario para entrenarse.
Otro bello aprendizaje surgió en los días siguientes sin ni siquiera buscarlo. Cada vez más los niños buscan su espacio e independencia, y quisieron adelantarse a la vuelta para llegar victoriosos los primeros al coche. Les dejamos, pero en un repecho del camino les vimos e intentamos acercarnos a ellos para retomar la conversación. Rápidamente vieron nuestro intento y buscaron otro atajo para escaparse y demostrarnos su fortalezas a pesar de la larga caminata. Pero nuestro atajo nos llevó al cabo de 10 minutos 500 metros por delante de ellos y ganamos sin pretenderlo la improvisada carrera. Nuestras risas contrastaban con su enfado y frustración: habíamos ganado a pesar de no haberlo pretendido, y ellos habían perdido a pesar de sus esfuerzos. Sin duda habíamos hecho trampa. Los mayores solemos reaccionar también así en nuestra vida.
Ayer intentaron el segundo asalto, y se escaparon en el último trecho de la ruta. Esta vez no íbamos a intentar ni siquiera un atajo, y nos detuvimos en dos cascadas para darles tiempo. A falta de 5 minutos para la llegada oímos sus gritos a nuestras espaldas. ¿Cómo podíamos haberles adelantado? Caras largas. Había habido motín a bordo y diferencias de criterio en un cruce de caminos. Anduvieron cerca de una hora perdidos. Nueva carrera perdida, pero era lo de menos. Aprendizaje de vida "al canto" con el susto aún en el cuerpo. Adoro estos días de retiro familiar.

domingo, 23 de agosto de 2015

O Couso un año después

La vida es un largo sendero de encuentros y reencuentros, aprendizajes y tropiezos, despertares y recuerdos de lo que verdaderamente es vivir. En una de las etapas de ese camino, hace justo un año, conocimos el Proyecto O Couso y sentimos un "flechazo". Que nos pasara a los cinco a la vez no es nada fácil, y no quisimos ilusionarnos mucho: ya sabemos de los caprichos de Cupido, y muchos de los que auguraban amores para toda la vida se quedaron en amores eternos mientras duraron. Sin embargo con O Couso, no parece haber sucedido lo mismo.
Hemos regresado un año después, y ese primer enamoramiento de un proyecto, de una idea, de una ilusión colectiva y de las gentes bonitas que participaban en él, se ha consolidado dentro de nosotros.
El proyecto, en su vertiente física se ha reforzado notablemente: hay una zona de la casa del siglo XVI ya con techos nuevos tras la exitosa campaña de crowdfunding, y dos amplísimas habitaciones sirven de alojamiento en caso de que coincidan muchos visitantes a acoger. Ambas habitaciones y la ermita disponen de cerramientos nuevos, y ello mejora la conservación de la temperatura. Ya se dispone de una cocina a cubierto y equipada, y de agua de pozo junto a la cocina. El aseo no es de Roca ni de Porcelanosa, pero tiene una nueva estructura de madera que nos ha resultado todo un lujo a los pioneros que visitamos O Couso el pasado año. En breve, incluso, se dispondrá de horno gracias a los esmeros de nuestro querido Luis, "el polaco" .
Sin embargo, es la vertiente humana la que consolida nuestra unión con el proyecto: sean gentes ya conocidas y que hemos provocado el reencuentro, o sean gentes nuevas, se genera allí un mágico sentimiento de hermandad, complicidad y fraternidad, donde las almas se exhiben al desnudo en la esencia de lo que es la Vida con mayúsculas. Las ruedas de conciencia y de sabiduría en las que se refuerza el compartir interior, ayudan sin duda a ello. Y eso hace que el enamoramiento se convierta en amor verdadero, voluntario y duradero.
No nos vemos viviendo por ahora de continuo en O Couso, pero sí nos sentimos "ocouseros" y parte de un proyecto que nos da fuerzas y energías para vivir "otro mundo" allí donde nos toque vivir. Y sin duda estamos dispuestos a aportar nuestra energía también para lo que O Couso necesite. De hecho, durante nuestra estancia tomó forma la posibilidad de crear un amplio grupo de "ocouseros" que, habiendo estado allí  o no, se sientan cómplices de esta aventura y quieran respaldar esta bella utopía y hacerla realidad con una insignificante aportación de 1€ al mes a través de Teaming. Lo importante no es la cantidad que aporte cada uno, sino como con O Couso, que seamos muchos los que estemos dispuestos a sumar nuestros esfuerzos por hacer de este mundo bueno, un mundo mejor. Si te apetece, estás más que invitado/a también.

miércoles, 19 de agosto de 2015

Abriendo las puertas de nuestro castillo

Las vacaciones son para el encuentro. Por eso hace años que decidimos que en verano debíamos dedicar tiempo a explorar nuevas formas de encontrar cómplices por un mundo mejor. Es una forma de que nuestros hijos tengan otras referencias más allá de su círculo de amigos, su colegio o su familia. Estamos convencidos que para ser libres es necesario poder elegir entre distintos modelos, y el encuentro con lo nuevo, con lo distinto, con lo diverso, sin duda les enriquece.
Este año quisimos que conocieran lo que es la economía colaborativa, y buscamos a alguien que en nuestro camino a Francia nos recibiera en su casa mediante la fórmula del "couchsurfing", sabiendo de las dificultades de que nos acogiesen a cinco personas. Lo hicimos no por una cuestión de ahorro o de cercanía, sino como forma de conocer y crear lazos con personas que abren a deconocidos las puertas de su casa, que a fin de cuentas es el castillo de la intimidad, y aquello que nos salvaguarda de las posibles agresiones o irrupciones del "otro".
A veces escucho con excesiva frecuencia lo de "esto no hay quien lo arregle" y manifestaciones similares de pesimismo sobre nuestro futuro como especie. Pero mientras exista gente como Pablo e Irwin, el pesimismo no podrá con la fuerza de los hechos. Acoger a 5 personas en tu hogar no es nada fácil; ellos, la noche que les conocimos, acogieron en su preciosa casa de campo a nueve: 2 alemanes, 1 francés, 1 italiana y nosotros 5. Y no sólo eso, fueron a recoger en su coche casi a las 12 de la noche a la pareja de alemanes que entre autobuses y auto-stop andaban algo despistados por las carreteras asturianas. Hasta que estuvimos todos, no cenamos en aquella gran "Torre de Babel". A pesar de que nos parecía un abuso, los anfitriones durmieron en el sofá del salón y nos cedieron su propia cama y la habitación contigua para que toda nuestra familia tuviéramos nuestro espacio. No hubo forma de convencerles de lo contrario.  Incluso tenían una pizarrita en el salón con la clave de la wifi apuntada para que al huésped no le faltara de nada. Por cuestiones de trabajo, uno vive en EEUU y el otro en España, pero ello no es impedimento para que desparramen su hospitalidad en el corto mes en que pueden verse. Las casi 50 referencias positivas que acumulaban en internet en los más variados idiomas no exageraban lo más mínimo.
Pasamos dos noches con ellos que nos supieron a poco, y fuimos en busca de una segunda experiencia en tierras vascas, seguros de que el listón estaba puesto demasiado alto y difícilmente podría ser superado. Pero la realidad estaba dispuesta a sorprendernos de nuevo. Los cariñosísimos mensajes de Héctor auguraban lo que después se confirmó: una de esas personas que tiene la hospitalidad y la acogida en la sangre, como demuestra con el gran amigo Adama. De hecho pasa buena parte de su tiempo libre como voluntario hospitalero en el Camino de Santiago, y lleva más de 15 años acogiendo a gente de todas las nacionalidades de forma gratuita en su casa, habiendo sido incluso entrevistado por ello en los medios de comunicación. Su apuesta es clara: todo por el apoyo mutuo y la creación de lazos entre las personas. Desviarnos más de 60 km de nuestra ruta valió sin duda la pena: largas horas de deliciosa conversación, maravillosa conexión en cuanto a inquietudes vitales y preciosos paseos por Vitoria. Al menos a él sí logramos convencerle de que durmiera en su cama, en lugar de marcharse a casa de su madre como tenía planeado.
Objetivo cumplido: hemos conocido una realidad que se nos ha mostrado más esperanzadora de lo que imaginábamos. Se piense lo que se piense, sigue habiendo gente buena que abre las puertas de su castillo en el encuentro del desconocido. A la vuelta abriremos sin duda las del nuestro. Ya contamos los días para recibir a nuestros nuevos amigos Pablo, Irwin y Héctor.

martes, 4 de agosto de 2015

Papá bloguero, mamá bloguera

A todos nos gustan los halagos, pero no a cualquier precio. Hace varios meses a un conocido ranking de blogs le gustó el nuestro y nos ofreció incluirnos en su lista. No es el primero que lo hace, pero en este caso había una condición: debíamos confirmar que quien escribía los posts era un "papá" y no una "mamá". Nos sorprendió la petición, y la descartamos. Pero hace unos días volvieron a insistirnos, flexibilizando la petición: bastaría con etiquetar aquellos posts que escribiera "papá" y aquellos otros que escribiera "mamá". En twitter nos ha sucedido algo parecido: por el estilo, las cuestiones, o la forma en que escribimos, muchas "twitteras" nos guiñan e interactúan con nosotros como si fuéramos "mamás", y se ofenden cuando desmentimos ese extremo. La reacción en esos casos suele ser del tipo "No es de las nuestras".
Esto, que en principio podría ser una simple anécdota, en realidad esconde una realidad más amplia: como seres humanos mentales, nos encanta clasificarnos, etiquetarnos y ser parte de un grupo que nos dote de identidad. 
Tratamos de explicar la realidad colocando al otro y a nosotros mismos en "cajitas mentales": rojos y fachas, de izquierdas o derechas, pijos o macarras, trabajadores o parados, papás y mamás... Pero esas cajitas en la mayoría de las ocasiones se convierten en verdaderos calabozos de los que no nos permitimos movernos. Esas etiquetas pueden resultar útiles para localizar información o servicios de interés, pero cuando resultan excluyentes, saltan todas las alarmas.
No deja de ser una muestra más de la "Era de la Separación" en la que vivimos. ¿O es que acaso un "papá bloguero" no puede hablar del biberón o del cambio de pañales de sus hijos igual que una "mamá"? ¿Es que un hombre no puede hablar de sentimientos y abrir su corazón? Es más: ¿es que un hombre no tiene un lado femenino y una mujer un lado masculino? En casa, sin duda, quien mejor se lleva con el bricolaje, con la fontanería y con la electricidad es mi mujer. ¿Y eso me hace a mí un "afeminado" o a ella "varonil"? Manías clasificatorias y etiquetadoras de nuestra sociedad...
Pero yendo más allá: ¿de verdad necesitamos "ser de alguien"?¿Qué busca alguien en esos listados o rankings? Sin duda sentirse identificado con unos roles o con realidades similares a la propia. Pero cada vez creo que nuestra realidad es mucho más rica de lo que incluso nosotros mismos creemos. Y sólo si nos dejamos encarcelar en esas etiquetas o conceptos mentales, dejaremos de disfrutar de esa riqueza que atesoramos. Hay roles predominantes en nosotros, pero no dejemos que nos absorban. SOY más que un padre; SOY más que un funcionario, un parado o un emprendedor; SOY más que un voluntario de mi ONG o más que el tesorero de mi asociación; SOY  más que un español; SOY más que un votante de izquierdas, de derechas o de lo que sea... SOY más que la etiqueta que otros tratan de ponerme o incluso que la que yo mismo me pongo.
Estamos convencidos de que es momento del TODOS SOMOS UNO, de la "Era de la Unión". Este blog es nuestra apuesta en favor de ello. Aquí no hay nada "de papá" o nada "de mamá". Porque todo, absolutamente todo lo que compartimos, parte de nuestra experiencia común, y de nuestra vivencia familiar. Da igual quién lo transcriba en el teclado del ordenador. La inspiración, la idea y el alma siempre es compartida. Y así creemos que es también la realidad. "Lo mío" y "lo tuyo" se difuminan en favor de "lo nuestro". Y si el precio que debemos pagar por ello es que nos excluyan de esas listas, encantados de pagarlo por continuar siendo UNO con todos.

jueves, 30 de julio de 2015

Robo

Cuando tienes niños, una escapada "de novios" esporádica debería ser obligatoria. Nosotros hemos aprovechado que estaban de campamento en Pirineos con los Scouts, y hemos hecho una este fin de semana. Han sido unos días mágicos, de esos que no se olvidan. Hemos disfrutado de playa, de bellas puestas de sol, de cenas a la luz de las velas, de maravillosas caminatas... 
Sin embargo hubo un contratiempo que pudo arruinar el fin de semana. Después de un maravilloso paseo por los acantilados de Barbate descubrimos con estupor que nos habían roto la ventana del coche, y que nos habían robado lo poco que llevábamos: el navegador del coche, enseres de playa y el bolso de mi mujer con toda su documentación y algo de dinero. Esa tarde hubo que cambiar la "cenita romántica" por la visita al cuartel de la guardia civil para presentar la denuncia y  toda la burocracia del seguro para reparar la ventana.
Reconozco que nada más ver el coche sentí una sensación de agresión: nos habían destrozado el cristal, habían registrado todas nuestras pertenencias, y habían hurgado en nuestra intimidad. ¿Cómo era posible que en unos momentos tan mágicos sucediera algo así? El incidente nos bajó de inmediato de la nube en la que estábamos tras nuestro "acaramelado paseíto". Sin embargo, tras el susto del momento, decidimos ocuparnos y dejar de pre-ocuparnos. ¿Que toca ir a poner la denuncia y a cambiar el cristal?, pues se hace y ya está. ¿Que será un lío pedir de nuevo toda la documentación?, cuando acabe el fin de semana tocará ocuparse de ello. ¿Nos vamos a pre-ocupar, y eclipsar unos momentos tan especiales? El presente es el presente, y de nada sirve lamentarse por lo ya sucedido, o hipotecar el futuro por lo que tocará hacer. De hecho, a nosotros no nos había sucedido nada, y a fin de cuentas se trataba sólo de bienes materiales.
Esto, que puede resultar evidente, a nivel interno es un gran avance para mí, ya que hace años sin duda habría arruinado mi fin de semana, y probablemente me habría contagiado de la energía negativa de la propia agresión a nuestro vehículo. Sin duda, hace años, habría sufrido por el incidente: me estaría preguntando los "por qués", estaría calculando el valor de lo robado, o incluso me estaría culpando de no haber aparcado el coche en otro sitio. Sin embargo, en esta etapa procuramos aceptar lo que nos depara el presente con sus altibajos, absorbemos las enseñanzas y los encuentros que nos depara ese presente, y proseguimos camino. Y siempre trae mucho ese presente: la amabilidad del guardia civil, el señor que comentaba su quinto o sexto robo en comisaría, la delicadeza de la chica que nos alquiló el apartamento y que nos cedió su plaza de aparcamiento hasta reparar el cristal, la servicialidad de quien nos reparó la luna... Reconozco que me sorprendí pensando con compasión en las personas que nos habían robado : ¿en qué situación debían estar para tener que actuar así, y arriesgarse a ser detenidos por ello?
Esa noche acabamos tarde en comisaría. A primera hora nos ponían un cristal provisional. A media mañana seguíamos con nuestros momentos mágicos en la playa. Ni un solo recuerdo para el robo.

jueves, 2 de julio de 2015

Bandera roja

La vida no es traicionera. Siempre avisa. Aunque lo hace a su modo. Y no siempre estamos dispuestos a escucharla. A veces lo hace con dolencias o problemas de salud; otras con personas o relaciones que se repiten una y otra vez en nuestra vida; quizás también mediante casualidades o situaciones que atribuimos a la mala suerte. Depende de nosotros escuchar el mensaje y la enseñanza que trata de transmitirnos. Si no, quizás estemos condenados a repetir curso una y otra vez.
A mí me tocó a mediados del año 2007. Su mensaje era alto y claro. Estábamos en la playa del Tintero en Málaga mi mujer, mi madre y yo, y a pocos metros nuestros 3 niños jugueteando en un pequeño tren junto a otros columpios. No les perdíamos ojo. Pero ello no impidió que en cuestión de dos minutos, la pequeña, con apenas dos años, se escabullese por el tren y desapareciera. No dábamos crédito. Era materialmente imposible que se hubiera desvanecido de esa forma. Las palpitaciones empezaron a subir por segundos, a la par que la angustia. Mucho más cuando era un día de muchísima resaca, con olas de varios metros, y la bandera roja ondeaba en la playa mientras el socorrista pedía a los bañistas abandonar el agua. No pude evitar pensar en lo peor. A fin de cuentas todos los medios de comunicación sacaban en sus portadas esos días el caso de la niña británica desaparecida en Portugal.
Corrí como un "poseso" a lo largo de la playa, sin rumbo ni concierto. La gente me miraba angustiada, contagiada por mi propia angustia. No sé si pasaron 15 minutos o 1 hora. A mí se me hicieron eternos. Al cabo de un rato la vi a lo lejos: venía de la mano de una señora, que se la había encontrado a casi 1 kilómetro, cerca ya del puerto deportivo de El Candado. No entendía nada. Pero ella ya estaba allí. Le di las gracias a la señora, cogí en brazos a mi hija con más fuerza que nunca, y me puse a llorar como un bebé. Jamás lo había hecho así. Y no era para nada propio de mí, una persona tan "equilibrada" y racional como yo. A fin de cuentas la niña estaba ya allí, sana y salva. Y sin embargo no era dueño de mis lágrimas, ni de lo que dictaba mi interior. Ahí, sin duda, había una señal de la vida, relacionada con las pérdidas o abandonos de mis seres queridos.
Pero no fue la única señal, y aprendizaje que recibí de la vida ese día. Al verme tan afectado, mi hijo mayor, de apenas 5 años, se acercó a mí, y profundamente consternado me dijo: "Papá, lo siento. Ha sido culpa mía. Debía haber cuidado mejor de la hermana". Me quedé estupefacto. Jamás había verbalizado que fuera tarea suya cuidar de su hermana; y menos aún estando tres adultos pendientes y a tan poca distancia de ellos. Pero de una u otra forma, a través de la comunicación no verbal, de mi actitud ante la vida, de las conexiones que nos unen a los seres humanos, le había transmitido a mi hijo mayor las mismas "paranoias", "hiper-responsabilidades" y  esclavitudes que yo había tenido durante toda mi vida. Más claro, el agua. Y no bastaba con decirle que no, que él no tenía absolutamente ninguna culpa de lo sucedido. Debía profundizar en los orígenes de todo lo que estaba presenciando. Debía escuchar lo que la vida quería decirme. La bandera roja era grande y muy visible. Ese día empezó mi búsqueda de un mundo diferente para vivir. Ese día empecé a desaprender lo aprendido.

lunes, 22 de junio de 2015

Los Portales: soñando realidades

Siempre me han fascinado los soñadores. Soñar tiene algo de mágico. Nos conecta con otra realidad que está ahí, pero a la que damos la espalda en nuestro "día a día". Parece que el tráfico, las prisas, los horarios, o la hipoteca tienen más peso que los sueños. Pero son una puerta de entrada a otro mundo posible.
Soñadores hay muchos. Algunos nos fascinan con su música, con sus libros, con sus películas, con sus versos.... Pero mis favoritos son los soñadores que hacen realidad sus sueños: ésos que sueñan realidades. Son una especie en extinción y deberían estar protegidos.
En nuestra búsqueda de "un mundo diferente para vivir", este fin de semana hemos conocido a un buen grupo de ellos. Los conocimos a través de un vídeo por internet, y de inmediato nos sentimos muy conectado con ellos. Ya forman parte ya de nuestra mochila de experiencias junto a Matavenero o a nuestro queridísimo O Couso, con quienes nos hemos implicado y a donde volveremos en breve. En Los Portales no son hippies ni miembros de una secta, pero viven alejados del asfalto y del ruido. Han superado ya los 30 años en su opción de vida, y eso es el mejor aval de su sueño.
En sus orígenes, vivían en Bélgica. Se reunían para compartir meditaciones y sueños por un mundo mejor. Y en uno de esos sueños aparecieron unas coordenadas muy precisas: "un sitio para vivir en el Sur de Europa" y la palabra "Portales". Cualquier persona habría hecho oídos sordos a esa llamada, pero los "profesionales" de los sueños se los toman muy en serio, hicieron las maletas, y encontraron la "tierra prometida" de esa llamada totalmente "a ciegas".
Hoy en día, están en un bellísimo paraje, en pura conexión con la tierra. Han dedicado varias hectáreas a cultivos ecológicos, tienen un centenar de cabras, y un sistema propio de abastecimiento de energía casi al 100% de sus necesidades mediante placas solares, energía eólica y madera. Han ampliado la pequeña casa de cazadores de hace 30 años, y han creado una piscina, un precioso patio andaluz, y unos bellos corredores que mantienen la temperatura durante el calor veraniego.
Comparten sus sueldos y recursos, y tienen un exhaustivo sistema de reparto de las muchas tareas que genera una finca de 300 hectáreas. En buena parte de sus necesidades son autosuficientes, y en otras hacen trueque con sus vecinos. Apuestan abiertamente por lo "locávoro" y la macrobiótica, pero sin fundamentalismos. Fabrican un pan y unos quesos de cabra sanísimos, que venden en distintos establecimientos de Sevilla, con una demanda continuamente en alza.
No parecen ansiar un destino o un resultado. Y eso me atrajo también mucho. Viven con intensidad su camino. Y si éste les sugiere que deben aprender permacultura, lo hacen. O si éste les propone que los niños vayan ahora a la escuela del pueblo, aunque hayan estudiado allí otros niños durante décadas a distancia, lo hacen sin dilemas ni traumas. 
Hace 2 ó 3 años decidieron abrir sus puertas para compartir su experiencia y enriquecerse de lo que pudiera venir de fuera. Con eso se combaten también las reticencias de quienes siempre ven demonios en aquello que no conocen. Por eso hemos podido visitarles, y la verdad es que nos hemos sentido acogidos de corazón, por gente como Eugenia, José Antonio o Meryl, cada uno con su bella historia de soñador/a.
No luchan contra nada ni contra nadie. Eso les evita contagiarse de la mala energía de los injustos o los egoístas. Ellos prefieren dedicarse a construir su mundo, y hacer realidad sus sueños. En cierto modo se sienten parte de un sistema del que les gustaría ser un pequeño sueño. Un sueño de que "es posible otra forma de vivir". Se les ve felices sin estridencias. Y esa felicidad es la que gusta, porque evidencia una armonía que va más allá de modas, de "subidones" o de "bajones".
Soñar es muy bueno. Cuando se hace con otros se llama "realidad". ¡Anda que si luego resulta que es posible crear utopías y hacerlas realidad! Ya lo dijo otro soñador: "la vida es eso que pasa, mientras tú estás liado con otras cosas".

jueves, 18 de junio de 2015

Impotencia

Varias veces he temido ser agredido por mis usuarios en el trabajo. La desesperación por no tener trabajo, unida a complicadas situaciones familiares, genera una rabia incontenible. En esos casos "me las veo y me las deseo" para hacerme escuchar y tratar de orientar un camino de búsqueda de empleo para el que la indignación les ha cegado. Y la cosa se complica cuando ya no creo en las políticas de empleo de nuestras oficinas, y frente a las que me he posicionado abiertamente. Pero lo de ayer fue muy distinto.
No paro de preguntarme por qué he acabado en este trabajo, haciendo funciones que nada tienen que ver ni con lo mucho que estudié ni con mis capacidades. Cierto es que estoy muy cerca de casa y que en otro trabajo jamás me habría pedido una reducción de jornada que me está permitiendo vivir una vida que no gira alrededor de lo laboral. Pero siempre he pensado que hay más razones. Y días como el de ayer me lo confirman.
No faltaba mucho para marcharme. Se me acercó
una chica joven y me preguntó si la podía atender media hora antes de su cita. Había hueco, y siempre que hay oportunidad, accedo a esas peticiones, así que la sorprendí con un "por supuesto", que no esperaba. Necesitaba la tarjeta de demanda de empleo para el abogado que le está tramitando las medidas de alejamiento de un marido que la está maltratando. Eso puede parecer grave, pero lo peor es que hace un año su hija menor, sin previo aviso, empezó a convulsionar viendo la tele. La llevaron al hospital, y un virus de esas "enfermedades raras" la ha dejado postrada con un 90% de discapacidad. El marido se ha echado a la bebida. Ella lleva el peso de la casa y las palizas del marido. Probablemente mi disposición a adelantarle la cita era lo mejor que le había pasado desde hace días.
Me quedé afectado tras atenderla y con miles de "por qués" en mi mente. Era casi la hora de irme, pero quise atender a alguien más, quizás esperando llevarme a casa una sonrisa. Pero la situación con la que me vi fue aún más dura. Arturo, un hombre poco mayor que yo, con Parkinson, dos electrodos instalados en su cabeza y varios intentos de suicidio, acababa de perder los 400 euros que le pemitían pagar sus medicinas y su alquiler en medio de la montaña. Y todo porque su ex-mujer no había renovado su demanda de empleo. Rehacer ese desaguisado burocráticamente iba a suponer semanas, y ni su farmacéutico ni su arrendador iban a estar por la labor de esperar. Traté de darle alternativas, algunas bordeando la legalidad, y se sintió reconfortado y escuchado. Me dio la mano hasta cuatro veces en señal de gratitud. 
Recogí mis cosas y salí de la oficina. Ya con nadie que me viera, en plena calle, dejé que mis ojos hablaran todo lo que tuvieran que hablar. ¿Para qué reprimir mi impotencia? Impotencia ante injusticias flagrantes que me toca explicar. Impotencia ante seres que sufren justo a nuestro lado. Impotencia ante la insensibilidad de instituciones y sus guardianes... Impotencia por un trabajo que no sirve de nada para aliviar esas situaciones tan angustiosas...
No me consuela haberles reconfortado. Ni siquiera la gratitud que me han mostrado. Pero quizás la impotencia que siento es la razón por la que estoy por ahora en este trabajo: confrontarme con situaciones que no puedo resolver, por muy resolutivo que siempre trate de ser. Aceptar estos "sinsentidos" y sentirme junto a estas personas sin vaciarme de energía quizás sea el objetivo. Pero reconozco que me cuesta muchísimo.
Hoy llamaré a Arturo. Sé que como funcionario no debería. Pero como ser humano sí. Me alegraré si ha resuelto algo con la asistenta social. Si no, trataremos de ayudarle desde alguna ONG cercana o desde casa. Pero sobre todo aceptaré mi impotencia. Es lo que me toca aprender ahora.

lunes, 15 de junio de 2015

25 años después

Nunca antes había dado tantos abrazos seguidos. Fue este pasado sábado, y la ocasión bien lo merecía: celebrábamos los 25 años de nuestro COU. Y nos reuníamos decenas de compañeros en nuestro colegio, aquel en el que algunos habíamos pasado hasta 12 años. 
Me sorprendió ver a tanta gente. A fin de cuentas han transcurrido ya bastantes más años de los que teníamos en aquel entonces. Y muchos viven fuera de Málaga e incluso en el el extranjero. Pero eso no fue impedimento para el bello reencuentro.
Sólo hubo risas, bromas, y cariñosos "achuchones". Ni un solo resto de los roles de entonces: ni "empollones" ni "cateadores", ni "gamberros" ni "pelotas". Tampoco importaban los roles del ahora: algunos grandes profesionales de éxito y otros en el paro; algunos felizmente casados, y otros aún en búsqueda o divorciados; algunos con lujosos coches y mansiones, y otros viviendo aún con sus padres...Daba igual, todos éramos UNO: pura cordialidad, pura camaradería. Y no era fingido: lo dictaba el corazón.
No pude evitar preguntarme por qué. Y creo que la respuesta estriba en que todos éramos parte de la historia de los demás. Una historia de comienzos, de ilusiones, de motivación, de hormonas alocadas, de apuntes compartidos, de nervios ante un examen, de noches en vela, de los primeros desengaños amorosos, de alguna que otra "juerga", de castigos colectivos, de gamberradas en grupo...Todo eso que nos hace descender de nuestros pedestales y nos convierte en compañeros de viaje para toda la vida. Y es que compartir el camino, aunque sea en alguna etapa suelta, te une a tu compañero de fatigas para siempre. Los que hemos hecho el Camino de Santiago bien lo sabemos. Por eso volver al camino te reencuentra con tus raíces. Ahí no hay luchas de poder, ni apariencias, ni competitividad. Por eso siempre se piensa en volver al Camino. Por eso ya este sábado se pensaba en el 30º aniversario.
Todos buscamos volver a nuestra esencia, a lo que nos despoja de disfraces y capas de cebolla. Por eso a muchos se nos hizo un nudo en la garganta al escuchar al coro en la capilla de nuestro "cole"; al volver a ver a un Padre Tejera tan lúcido como cuando teníamos 6 años; al oír el bello discurso de Eduardo... Alguna "lagrimilla" asomó en los rostros asistentes...
Cada día doy gracias por mi presente y los maravillosos regalos que me ofrece. Pero no voy a renegar de mi pasado.  Y tampoco voy a renegar de las circunstancias y la educación que recibí, por mucho que mis principios y mi espiritualidad hayan evolucionado. Hace unos días, hablando con una compañera de trabajo de los proyectos en los que ando metido me dejó "helado": "Tú estudiaste en los jesuitas, ¿verdad?". Me conoce muy poco, pero parece que se nos nota "a la legua". Por eso he querido que mis tres "enanos" estén en los "scouts" de nuestro "cole", aunque vivamos a 40 km y vayan a otro colegio allí. Algo seguro que se les "pega".
Igual que no reniego de mi pasado ni de mi "cole", no voy a renegar tampoco del chaval de 17 o 18 años que fui. Gracias a él, a sus aciertos y errores soy quien soy hoy. Doy inmensas gracias a ese "yo" de hace 25 años, y a todos aquellos "vosotros" que estuvisteis ahí en los 80 y 90 ayudándome en aquella etapa del camino. Fuisteis clave en mi vida, y por eso mi corazón se regocija con el reencuentro, incluso aunque apenas hubiéramos hablado entonces; incluso aunque apenas podamos vernos hoy. Sois parte de mi vida. Así que MIL GRACIAS.

miércoles, 10 de junio de 2015

Sin calculadora

"Tú, a lo tuyo. No dan duros a cuatro pesetas. Por el interés te quiero, Andrés..." ¿Cuántas programaciones de éstas tenemos en nuestra mente desde pequeños? Últimamente nos hemos dado cuenta en casa, que la verdadera revolución no radica en "luchar contra" nada, y menos enfrentarnos a otros. La verdadera raíz de este sistema, que no compartimos, está dentro de nosotros, y sólo será factible esta "revolución" si somos capaces de una "evolución" en nuestro interior que nos aleje de esas programaciones.
Y para ello, nada más sencillo que darnos cuenta de que todo lo que tenemos es un  auténtico regalo. Cuando uno recibe un regalo, brota de forma natural la gratitud y con ella un deseo irrefrenable de agradar, compartir y devolver el detalle. Y cuando se inicia ese círculo virtuoso, los lazos entre las personas se fortalecen, y la energía que fluye es de unidad y cohesión.
Mi amigo Luije lo tiene muy claro: su coche no es suyo; lo tiene porque las circunstancias han sido así. Pero cuando se va de viaje, en lugar de dejar "arramblado" su coche, lo anuncia en su facebook y lo pone a disposición de quien lo necesite durante su ausencia. "¿Y si se lo rompen o si se lo roban?", pensará más de uno. Él ni se lo plantea: simplemente desactiva su calculadora mental de "pros y contras", y se deja fluir. Lo comparte y punto.
Hace poco hicimos nosotros la prueba en otra situación. Veníamos mi mujer y yo de Córdoba, y decidimos ofrecer a través de Blablacar las dos plazas sobrantes del coche para ese trayecto. Esto del consumo colaborativo es un gran avance: hace unos años era impensable compartir así el coche, la casa o el dinero, y ahora internet lo posibilita de forma muy sencilla. Sin embargo seguimos con la calculadora encendida también en el consumo colaborativo, y ese compartir se convierte en otro mecanismo de afán de lucro. Por eso nosotros decidimos desactivar la calculadora y facilitar el trayecto a la pareja que nos acompañó de forma gratuita. Fue un regalo para nosotros su compañía, y ese trayecto lo íbamos a hacer de todas formas. ¿Por qué cobrarles por ello? ¿No es en el fondo actuar por interés? Nos hicimos amigos de ellos, y nos han invitado a ir a Siena en Italia. El lazo entre las personas es mucho más importante.
Como estábamos empezando a creérnoslo, decidimos hacer el "triple salto mortal" y acabar a martillazos con nuestra calculadora. Cuando mi madre falleció hace dos años, me dejó un apartamento. Desde entonces lo tengo alquilado a una pareja con dos niñas. Aunque no nos hemos visto más de 3 ó 4 veces, siempre he sentido una conexión especial con ellos. Acaban de tener un bebé y a mi mujer se le ocurrió dar el paso: si ese apartamento era un regalo y no hice nada para merecerlo, ¿por qué no actuar con él con la máxima gratitud? La semana pasada visitamos a los inquilinos, conocimos a su bebé y decidimos anunciarles que habíamos decidido rebajarles la renta un 20%, y sin ninguna condición. Tan sólo, si les apetecía y se sentían agradecidos, les pedimos que volcaran su gratitud en otras personas. Sus caras sí que no tenían precio. Se podrían esperar una subida lógica, pero ¿una bajada así, y sin condiciones? Eso no encaja en los esquemas habituales de nuestras calculadoras mentales. Y de forma natural brotó el reforzamiento del vínculo entre nosotros: en breve nos van a visitar a casa, y nos van a traer "ropita" de su bebé, de sobra, para compartirlo con otras familias con necesidades en nuestra comarca.... Con el paso de los días, me siento más reafirmado del paso dado, y noto mi calculadora mental cortocircuitando: "¿y si ese dinero al que renunciamos lo necesitamos para una urgencia?; ¿y si nos vemos "achuchados" si alguno de nuestros hijos decide irse a estudiar al extranjero? ¡pero si apenas cubrimos gastos del apartamento revisando las cuentas para la declaración de la renta!..." La mente tratando de asumir el control...
La semana pasada renunciamos a un buen pellizco de ese alquiler sin condiciones y sin que nadie nos lo pidiera. Me acaban de dar la noticia de que se ha vendido un antiguo piso familiar invendible. Cuanto más das sin condiciones, más te devuelve el universo. Lo hemos vivido ya muchas veces. Todo encaja cuanto más nos liberamos y desenchufamos la calculadora.

viernes, 29 de mayo de 2015

La misión más difícil

Echando la vista atrás, surgen recuerdos de pruebas superadas. He cambiado de trabajo y de domicilio multitud de veces sin traumas. He hablado ante auditorios de centenares de personas. He tenido tensas reuniones con políticos y altos dirigentes de la administración. He superado los nervios en entrevistas de radio, televisión y prensa. He aprobado oposiciones estudiando con mis niños en el regazo. He coordinado esfuerzos de decenas de voluntarios en bellos proyectos solidarios. He aprendido a desaprender lo aprendido. Y sigo aprendiendo y reciclándome día a día. Pero nada, absolutamente nada de eso es comparable a la misión que tengo ahora entre manos.
De mis 3 hijos, dos de ellos se adentran en la complicada etapa de la adolescencia. Y en ese reino todo está por hacer, por escribir y por aprender, tanto para ellos como para nosotros, los padres. Siento que el terreno es muy resbaladizo, y la seguridad que siempre tengo en otros ámbitos parece difuminarse. Soy consciente de la importancia del momento para conformar su personalidad, pero sólo se trata de acompañarles. Es momento de retos y confrontación; de reafirmación y de búsqueda de identidad; de pasiones y desesperaciones; de alegrías desbordantes y de penas inconsolables. Y yo, sin manual de uso...Si trato de respetar los procesos con cautela, se trasgreden fronteras de confianza y respeto. Si trato de reforzar normas de convivencia surgen choques de trenes. No es fácil salirme de mis casillas, pero esta misión me supera por momentos: enorme sentimiento de culpa después. Quizás mi falta de una experiencia intensa en el período de la adolescencia tiene mucho que ver. Y sin embargo no se puede desfallecer. Mi papel es clave en estos momentos. Charlas interminables. Argumentos y contra-argumentos. Abrazos. Lágrimas. Parece que todo se calma...hasta mañana en que todo volverá a temblar de nuevo. Sin duda la misión más difícil que he vivido. Pero juntos la superaremos también.

lunes, 18 de mayo de 2015

Agujetas en el alma

Este lunes nos duele todo el cuerpo. Ha sido un fin de semana muy intenso en la Casa de Acogida Pepe Bravo de Alozaina. Allí hemos colaborado como voluntarios para atender a casi 150 personas que han asistido a unas jornadas que ha impartido Emilio Carrillo en la Casa. Dar alojamiento y comida en eventos así permite que un proyecto solidario tan bello pueda sostenerse en el tiempo y seguir acogiendo a los excluidos por la sociedad.
Pero a lo largo del fin de semana no he parado de hacerme esta pregunta: ¿POR QUÉ? ¿Qué hace que 150 personas vengan a la Sierra de las Nieves desde los más alejados confines (alguna incluso de México) para escuchar durante 3 días a Emilio? ¿Qué hace que casi 40 voluntarios dejen familias, responsabilidades y descanso durante un fin de semana, para lavar platos, servir mesas, fregar suelos o cortar lechuga, y dormir en colchones en el suelo? ¿Qué hace que el cocinero haya
estado preparando durante días comida vegana para tanta gente por puro gusto, o que el segundo cocinero estuviese a destajo a pesar de su enfermedad? ¿Qué mueve a unos voluntarios a estar pendientes del mail o del teléfono durante meses para dar la mejor respuesta a quienes nos iban a visitar, o ultimando la nueva web? ¿Qué hace que, incluso no conociéndola, todos nos sintiéramos UNO recordando a Ana, que voló muy alto esta semana? ¿POR QUÉ?
Hace poco escuché una bella ecuación a Swami Puroit que decía:
Dios = Hombre - Ego
Es decir, que si a los seres humanos les quitamos el ego se convierten en dioses. Pero no en dioses cada uno atrincherados en su reino de taifas, sino que nos
hacemos UNO con el verdadero sentido de la vida. Y probablemente esa sea la respuesta a todos los "por qués" de este fin de semana. Había algo sagrado, algo divino entre aquellas 4 paredes. Había muchísima gente tratando de zafarse de su ego. A veces éste se resistía cuando asomaba el hambre y las tostadas tardaban en llegar; o cuando intentábamos organizar las cosas a nuestro gusto. Pero sólo hacía falta dejarse fluir por la energía reinante, por el buen "rollo" del lugar y del momento, y el ego se disolvía como mantequilla en la sartén. Y sin ego somos DIOS y somos UNO. ¡Esa era la respuesta!

Todos buscamos un sentido a la vida. Acumular dinero y posesiones no lo da. El fútbol, la televisión, el trabajo, la hipoteca o el consumismo tampoco. Por eso las palabras de Emilio Carrillo resuenan en nuestro interior, como también el ejemplo de solidaridad de Pepe Bravo, de Mariló, de Nacha... Son destellos de autenticidad que nos marcan el camino a seguir. Un camino que busca al otro, para hacerlo "uno" con nosotros. Habrá que estar atentos a esos destellos. Y habrá que hacer más ejercicio para evitar las agujetas, tanto en el cuerpo como en el alma.

Más fotos del fin de semana: AQUÍ

lunes, 27 de abril de 2015

Victorias de la vida

Cada vez me alegro más de ver menos televisión. Nos alimentamos no sólo por la boca, sino por los ojos y los oídos. Y por eso, a veces, vale más la pena rememorar las bellas películas de nuestra vida, que aguantar las malas de la "tele". Y para qué hablar de las noticias. Y en esas estábamos mi mujer y yo hace unos días, cuando nos acordamos de una preciosa historia de unos grandes amigos durante nuestra etapa en Linares, hace ya ocho años..
Son gente buena y llana, de esas con las que da gusto "tropezarse" por la vida. Tenían ya un hijo, íntimo de los míos desde la más tierna infancia. Y no mucho después de conocernos nos dieron la grata noticia de que llegaba su segundo retoño. Alegrías, ilusión y nervios, como suele ser habitual en estos casos. Todo iba según el guión previsto para cualquier embarazo, hasta que cerca ya del cuarto mes, en la prueba de la amniocentesis, surgió un dilema de esos al que nadie querría enfrentarse: a raíz del análisis de la información extraída del feto, los médicos detectaron un exceso de material genético en el cromosoma 11. Esa anomalía genética, de haberse detectado en el cromosoma 21, hubiera sido indicio inmediato de Síndrome de Down. Pero no había suficiente literatura médica ni estudios científicos que pudiesen contrastar las consecuencias de una situación así en el cromosoma 11.
Tras el hallazgo se sucedieron unas semanas que no se las desearía a nadie. Idas y venidas a médicos y expertos de todo pelaje. Incluso remitieron las pruebas a un prestigioso laboratorio de genética de Barcelona para conocer su opinión. La respuesta en todos los casos era una enorme interrogante. Nadie se quería "mojar", pero todos confirmaban la veracidad de la anomalía genética. Y mientras tanto el tiempo pasaba y el feto se hacía cada vez más grande.
Difícil imaginarse el desconcierto de nuestros amigos en una situación ante la cual, los expertos ratificaban la anomalía, reconocían su desconocimiento sobre las implicaciones, y de forma inmediata aconsejaban optar por la interrupción del embarazo "por si acaso". Recuerdo perfectamente cómo, probablemente ante la decisión más importante de sus vidas, lo único que tenían para decidir era una cinta de cassette en la que habían grabado la conversación con el experto genetista de Barcelona. Éste reconocía su desconocimiento y el de toda la Ciencia del momento ante un caso así. Pero por asimilación a otras posibles anomalías congénitas aconsejaba abortar por muy superados que estuviesen ya los plazos. Se comprometía a redactar todos los informes pertinentes para que no hubiera consecuencias de la interrupción de la gestación. Difícil "papeleta" la nuestra como amigos consejeros. Y mucho más difícil la de los padres. Más aún cuando algunas personas del entorno con conocimientos en la materia les insistían en la conveniencia de no continuar.
Nuestros amigos aceptaron su suerte. Se aferraron con fuerza a lo que les dictaba el corazón, por encima de especulaciones científicas y médicas. Y con un susto en el cuerpo que duró meses, "tiraron para adelante". Hoy el resultado de esa decisión es un precioso niño rubio, simpático y más "listo" que el "hambre". Nunca les he oído opinar sobre lo que deberían hacer otros. Yo tampoco lo haré. Sólo constato esta bella historia que compartimos con ellos. Victorias de la vida, sin duda. Victorias del corazón.

sábado, 18 de abril de 2015

La caja de galletas

Todos tenemos nuestras manías. Los hay que coleccionan dedales o soldaditos de plomo. Hay quienes disfrutan con cualquier evento de aeromodelismo o de la reina de Inglaterra . Incluso hay gente que colecciona esquelas mortuorias. Mi manía son las "experiencias financieras de apoyo mutuo y cooperación". "¡Menudo nombre!", pensará más de uno....
En realidad es muy sencillo: me encanta descubrir e involucrarme en iniciativas, proyectos o plataformas que propician que las personas colaboremos económicamente para impulsar cambios en nuestro "rinconcito de mundo". De hecho estoy empeñado en difundir el potencial que tendríamos los A.E.A. (Ahorradores Éticos Activos).
Quizás en la época de nuestros padres o abuelos, mi "hobby" sería difícil de practicar. Pero hoy florecen iniciativas de este tipo por doquier, y por eso es un "gustazo" participar en ellas. Cuanto más simple sea su dinámica, mejor. En los últimos meses, los que compartimos esta pequeña obsesión, nos hemos involucrado en una campaña de crowdfunding para un deshidratador solar industrial que está permitiendo generar recursos para el sostenimiento de una Casa de Acogida en Alozaina (Málaga) a la vez que se aprovecha la fruta y verdura de los campos que hasta ahora se pudría en el árbol o la mata. También hemos participado en otra campaña para impulsar una Escuela de Dones y Talentos, Casa de Acogida y Comunidad Abierta en el Camino de Santiago (O Couso). Y nos hemos sorprendido del poder transformador que puede tener un préstamo que se canalice con seriedad y pulcritud (KIVA) para apoyar proyectos de desarrollo y sueños de pequeños emprendedores en países de desarrollo. De hecho ya nos han devuelto el 100% de lo prestado: María Martir de El Salvador , la Buena Unión de República Dominicana , Agnes de Uganda, y Caroline de Kenya. Y con las devoluciones de esos préstamos estamos cofinanciando como familia ahora a Laidou Group de Mali y a La Colmena de Ecuador. La escrupulosa devolución de dichos préstamos está posibilitando el efecto multiplicador de un primer impulso solidario.
Esta semana hemos sido testigos de otro pequeño "milagro" en este ámbito: ¿os imagináis poner una gran caja de galletas en medio de la plaza de nuestro pueblo, de forma que en ella, todos los habitantes pudieran poner 1€ al mes, y dedicarlo a alguna acción solidaria decidida por mayoría pasados varios meses? Ni más ni menos: 1 solo euro al mes. ¿Os imagináis el poder transformador que podría tener ese simple gesto? Lo importante no es la cantidad de dinero; es la energía y la decisión de muchas personas aunando su gesto en pro de un anhelo común. Diez amigos hemos hecho la prueba. Lo que ocurre es que en vez de poner el euro en una caja en medio de una plaza, creamos un grupo en Teaming al que denominamos "Ecosolidarios" . Y pasados unos meses hemos abierto esa "caja de galletas" y hemos dedicado lo recogido a cambiar la vida de una familia: la de Abdusalam. Él tiene discapacidad motora desde nacimiento, y se ayuda de un bastón para desplazarse en su hogar, pero no puede caminar distancias más largas. Tiene un puesto de venta ambulante de chucherías en la puerta de un colegio, aunque el dinero que gana es insuficiente para mantener a una familia de siete hijos en edad escolar. El colegio donde vende está lejos y tiene que desplazarse cada día en taxi. No tiene fuerzas en sus brazos para una silla de ruedas manual. Nuestra amiga Ana y su novio se conmovieron de su situación al conocerle, y organizaron junto a las ONGs comarcales ADAPA y APIS un almuerzo solidario para comprarle una silla de ruedas eléctrica. Y con el dinero de nuestro "bote", el sueño ha acabado de hacerse realidad.
Nuestro "manía" "mola" porque "mola" echar una mano a la gente.  Pero "mola" todavía más comprobar la extrema sencillez de este tipo de gestos:  ¡si es que resulta hasta ridículo! ¿Quién no va a poder dedicar 1 euro al mes para un buen fin? Si somos cientos o miles, nuestro poder de transformación es enorme. ¿Te apetece participar en nuestra "caja de galletas" con 1 euro al mes? Puedes hacerlo AQUÍ

viernes, 10 de abril de 2015

Vulnerables

A veces nuestro cuerpo nos da avisos. Es como si necesitara equilibrar físicamente los desequilibrios en los que incurrimos a otros niveles. Ya me pasó hace unos años con el milagroso proceso en mi ojo izquierdo que parecía decirme claramente: "niño: es hora de ver más allá de tus narices y de tu mundo". ¡Y vaya si lo he hecho! La biodescodificación habla mucho de esto: en qué medida nuestro cuerpo es el mejor consejero para que tomemos conciencia y/o equilibremos los posibles desequilibrios de nuestra vida. Con mi operación de oído de la semana pasada ha sucedido algo parecido: he tenido la sensación durante toda mi vida de escuchar y prestar demasiada atención a expectativas e informaciones que todos quizás escuchamos, pero a las que yo hacía demasiado caso. Me importaba mucho lo que se dijera de mí...
Buscaba el reconocimiento siendo un estudiante brillante, un trabajador modélico, una persona hiper-responsable...Pero a fin de cuentas, todos esos halagos que mis oídos buscaban, me hacían cada vez más esclavo de un rol que no me hacía para nada feliz. El cuerpo, tarde o temprano, manifiesta esos desequilibrios y ya es decisión nuestra hacerle o no caso, y decidir querer hacer milagros.
El confrontar las expectativas que sobre mí podrían tener quienes me rodean, sin duda, me dio libertad. Sin embargo, imagino que desconcertaría a quienes me conocían de mi etapa anterior. Hace un par de días, un precioso mensaje de mi amiga María, a quien por cierto no conozco en persona, pero a la que siento muy cercana, me ha ayudado a entender mi proceso. Decidí no tener vergüenza en mostrarme como soy, aunque se alejase del modelo que yo entendía que se esperaba de mí. Decidí tener el coraje de ser imperfecto, e incluso superar la vergüenza de contarlo abiertamente en este blog. Asumí que era momento de renunciar a quien pensaba que debía ser, y decidí ser lo que realmente era. En definitiva acepté por completo ser vulnerable, y para mi sorpresa, muchas personas empezaron a identificarse con mi vulnerabilidad. Y empezaron a conectar con mis lágrimas, con mis equivocaciones, con los momentos de tristeza o de enfermedad. ¡Menuda sorpresa! Yo lo hacía porque me hacía sentir bien escribirlo...Pero para otros, esa vulnerabilidad, esa ausencia de control y predicción, y ese saltar sin red, resultaba bonito, porque también lo sentían ellos.
¿Por qué aprendemos a ocultar nuestra vulnerabilidad, cuando probablemente no hay nada más humano que eso? ¡Qué pena que desde pequeños nos enseñen a insensibilizarla a base de consumo, de televisión, de pan y circo...! ¡Qué pena que ese proceso ahogue también lo más preciado y bueno que tenemos! ¡Qué pena que entremos en la esfera de las certezas, convirtiendo lo incierto en cierto, y nos adentremos en la culpa como forma de eliminar el dolor y la incomodidad! ¡Qué pena que en algún momento decidamos controlarlo todo, perfeccionarnos a nosotros mismos y sobre todo a nuestros hijos! ¡Con lo bueno que es asumir que nuestros hijos son imperfectos sabiendo que están hechos para afrontar lo que deba venir, plenamente merecedores de todo el amor del mundo! ¡Qué pena que nos traguemos eso de que lo pequeño que hacemos no tiene efecto en lo grande cuando somos realmente UNO!
Como dice el precioso vídeo que me envió mi amiga, dejemos que nos vean como somos, vulnerables o no. Nuestra vulnerabilidad es preciosa. Amemos con el corazón aunque no haya garantías. Practiquemos la gratitud y la dicha sabiendo que nuestra vulnerabilidad supone que estamos vivos. Valemos la pena. Y mucho.

miércoles, 1 de abril de 2015

Quirófano

No hace ni 48 horas que salí del quirófano. Es Miércoles Santo y aún no ha amanecido. Ésta será una Semana Santa de mucha profundización interior. Los médicos se han sorprendido de lo rápido de mi recuperación: nada de fiebre y nada de mareos. Eso y evitar pasar en el hospital toda la Semana Santa han ayudado a que me dieran el alta tan pronto. Aunque aún hay dolores y un vendaje tan pomposo que llamo la atención por donde paso.
Estoy convencido que mi rápida recuperación tiene que ver con la aceptación de la situación, que llevo trabajando desde hace meses: nada de aferrarme a que "debería ser de otra forma", o a cantos baldíos a la "mala suerte"...Siempre hay mucho que aprender de todo lo que nos pasa, y una tercera operación relacionada con los sentidos claramente apela a otra forma de ver la realidad. En el 2011 fueron una vitrectomía y una extirpación de cristalino en el ojo izquierdo; ahora ha sido una timpanoplastia en el oído derecho. ¡Menuda llamada del Universo!: "Es hora de percibir la realidad que hay más allá de lo que ves y oyes. ¡Hay mucho que ver y que oír!", parece decirme. En ese camino ando. Y el cambio está siendo enorme, y para mejor.
Pasar unos días en el hospital te hace ver lo efímero de nuestra realidad corpórea. Pocas horas antes de la operación, me traían de compañero de habitación a un ancianito en su último aliento de vida, ya sin habla, sólo suspiros de queja...Menuda llamada: "polvo seremos y en polvo nos convertiremos". ¡Qué milagro tan fugaz es realmente una vida humana, y cuánta importancia nos damos a veces! Incluso me reía ayer al ver que nos trastocan lo más mínimo, y se nos caen "todos los palos del sombrajo": lo aparatoso de mi vendaje impedía ponerme las gafas, y con ello ya no podía ni ver ni oir bien. Curioso equilibrismo el que vivimos, que siempre consideramos eterno...mientras dura.
La operación tenía dos objetivos. Primero, extirpar el colesteatoma del oído, que amenazaba con reproducirse por todo el cerebro, y causar parálisis facial y consecuencias peores. El segundo, garantizar la audición. El primer objetivo se ha conseguido sin problemas; el segundo no. El colesteatoma ya se había "comido" el estribo entero y la mitad del yunque. Los huesecillos ya no transmitían vibración. Ahora se entiende la pérdida de audición de los últimos meses. Gracias a la rotura este pasado verano de la bolsa retráctil que lo inició todo, la operación se precipitó. Sin ese pequeño gran aviso de la sabia naturaleza, casi imperceptible, la cosa se podría haber complicado, y mucho. 
¿Vaso medio lleno o vaso medio vacío? Estoy convencido de que podemos obrar milagros inexplicables para la ciencia o la medicina, como ya me sucedió con el ojo, así que quizás no esté dicha la última palabra sobre ese oído. Además, sigo pudiendo escuchar con el otro oído a Ludovico Einaudi, el Coro de los Peregrinos de Wagner o el "Don´t Give Up" de Peter Gabriel, mi himno favorito ante la adversidad. Podré seguir escuchando a mis niños, a mi mujer y a mis amigos...Ya amanece, y escucho a los pajarillos mañaneros. Vaso lleno, sin duda.

jueves, 26 de marzo de 2015

Niños extraordinarios

Estoy convencido que próximamente la ciencia nos sorprenderá con un descubrimiento increíble: el gen de la "miopía paterna". Si no, no se explica cómo todos, absolutamente todos los padres y madres de nuestro planeta piensan que sus hijos son extraordinarios, y los mejores en las más variadas disciplinas. O si la explicación no está en un gen hasta ahora desconocido, quizás radique en un mecanismo psicológico que nos lleva a los padres a poner nuestras esperanzas y expectativas en que nuestros hijos logren lo que nosotros no fuimos capaces de lograr. Algo así como un mecanismo de la evolución que permite que nuestros anhelos frustrados tengan continuidad en el tiempo gracias a las habilidades de nuestros descendientes.
Nosotros ese mecanismo lo vemos a diario en los entornos de nuestros hijos. En los partidos de fútbol de nuestro hijo mayor ya han prohibido la entrada al recinto a los padres, dada la incontinencia  y agresividad verbal de los progenitores hacia árbitros y contrarios: todo por sus Messis y Ronaldos en potencia. En las competiciones de natación de mi hija pequeña sucede algo similar: se ve a padres extenuados a gritos, e incluso a entrenadores que luchan para que la Mireia Belmonte de turno se dedique en exclusiva a la natación, debiendo abandonar el resto de aficiones, gustos y relaciones sociales. El mundo de la música tampoco es una excepción, y los pequeños Mozarts crecen por doquier en nuestro conservatorio.
Esta semana hemos tenido un episodio especialmente llamativo en unos talleres de ciencia al que asistía nuestro hijos mediano. El contenido era super-entretenido para los críos, pero se generaba un clima de falta de respeto y boicot de muchos de los niños entre sí y contra la profesora. Mi hijo se sintió incómodo desde el primer momento, no sólo porque se impedía el normal desarrollo de la sesión, sino porque en casa trabajamos mucho el tema del respeto al prójimo. Le insistí en asistir a las siguientes sesiones, por si había sido una mala casualidad. Pero tras 3 sesiones, la tónica se repetía, y hemos decidido darle de baja. La explicación "oficial" es que se trata de un entorno más libre y menos normativizado que el de una clase reglada, y casi que es el peaje a pagar con chavales con esas capacidades.
Nosotros pensamos que a veces a los padres "se nos va la pinza", y que ponemos todas las esperanzas en una o varias habilidades de nuestros hijos. O bien con la esperanza de que "nos saquen de pobres" o bien con la de garantizarles al menos un cierto futuro. Pero ese diagnóstico creo que es equivocado. Es bueno que nuestros hijos tengan sus pequeños super-poderes o habilidades especiales, y que los padres les apoyemos en su cultivo. Pero esa capacidad especial no les va a hacer felices ni autónomos de por sí. Y acompañarles en el camino de esa Autonomía y Felicidad es realmente lo que cuenta. Ahí, como en el resto de la vida, lo verdaderamente valioso es el Equilibrio. Y si el fútbol, la natación, el violín o la astronomía se interponen entre nuestro hijo y un ser equilibrado y respetuoso con su entorno, nosotros lo tenemos claro. No queremos otro "famosete" evadiendo impuestos, aprovechándose de sus empleados, o con un ego hiper-galáctico, como se ven tantos a diario en los medios de comunicación. Un niño verdaderamente extraodinario es el que es capaz de equilibrar las distintas facetas de la vida, y poner sus dones y talentos al servicio de los demás, en lugar de para encumbrarse frente a los demás. Habrá, pues, que quitarse la capa.

domingo, 22 de marzo de 2015

Aniversario

Una gran amiga de Madrid que nos conoció al poco de casarnos, pasó unos días con su marido en casa no hace mucho. El día de su regreso, hizo un comentario que difícilmente olvidaré: "La mayoría de la gente, cuando se hace mayor, se vuelve más conservadora. A vosotros, sin embargo, cada vez os veo más rebeldes e inmersos en nuevas aventuras y proyectos"
Hoy hacemos 18 años de casados. Unidos a los 9 de novios, es ya toda una vida. Una vida de aventuras y proyectos, que no cambiaría por nada. Llena de presente, de risas, de retos, de prisas...Llena de idas, venidas, de saltos y caídas. Una vida por la que hoy hemos dado gracias junto a nuestros hijos.
Esta mañana echábamos la mirada atrás, y recordábamos un 1997 con dos seres ilusionados, novatos y atrevidos, y deseosos de construir su "nidito". Pero jamás imaginé que, pasados estos años, sería tan diferente de aquel. He crecido tanto junto a mi compañera de viaje, que las alforjas sobran, los títulos académicos también, y casi hasta la cuenta corriente. Cuando alguien te ayuda a evolucionar así, una relación no es una cárcel, es el camino hacia ti mismo, hacia la verdadera libertad, y hacia el reencuentro con la esencia de la vida.
Hoy no me daba vergüenza reconocer en el desayuno ante nuestros hijos, que te quiero más que entonces. Porque es un amor aún más libre, más consciente, y menos condicionado por lo que nos rodea y por quienes nos rodean. Y entonces sólo cabe un enorme GRACIAS por este precioso regalo. Hoy, mucho más incluso que entonces, sé que "tú eres TÚ". Y con ello, siento que cada vez más, SOMOS UNO. Te quiero.

miércoles, 11 de marzo de 2015

Miel amarga

Hemos estado de viaje en familia. Eso siempre suele ser un gran aliciente para aprender alejados de nuestras zonas habituales de confort. Valencia y la Sierra de Segura han sido los destinos. En este último lugar pasamos un fin de semana junto a nuestros amigos Marga y Jose, ambos pletóricos viviendo en pleno campo, y ya superada la decisión que les llevó allí. Su actual contacto con la tierra, con las plantas y con los animales es para nosotros un chorro de aire fresco en el camino de ser más conscientes del planeta que habitamos.
Ser una pareja joven en un entorno paradisíaco, casi abandonado, hace que los ancianos del lugar se vuelquen en cederles sus huertas y sus conocimientos sobre la tierra y los recursos naturales de la zona. Pero ese contacto les hace ver hasta qué punto el ser humano se cree el "ombligo" del mundo y esquilma los recursos de su entorno. Jose nos narró sus primeras experiencias como apicultor "novato" y nos dejó "boquiabiertos". A pesar de lo mucho que hacen las abejas por el sostenimiento de nuestros ecosistemas, nos contaba cómo muchos apicultores vacían casi totalmente de miel y cera las colmenas para sacar unos pocos euros más, dejando a miles de abejas en total debilidad para superar el invierno, y despreocupándose por la continuidad de las abejas reinas y todo el enjambre que les sigue. Ya que nos proveen de miel y cera, polinizan nuestros campos, y son generadoras de vida con ello, ¿no se merecerían otro trato? El resultado: colmenas muy debilitadas y miles de abejas muertas.
Desgraciadamente no fue el único ejemplo de falta de sintonía entre ser humano y resto de seres: nos hablaron de cazadores que matan ciervos para exhibirlos en el bar del pueblo durante cinco minutos, y luego tiran sus restos en el monte, sin aprovechamiento ni siquiera de esa carne.
Estas y otras muchas posturas son las que nos hacen darnos cuenta de que nos alejamos a pasos agigantados del SOMOS UNO que rige en la Naturaleza. Si tratamos así a los animales con los que convivimos en la Tierra, ¿no estaremos abocados a que nos suceda lo mismo como especie? Ya sabemos que recibimos del Universo en función de lo que damos al Universo. ¿Y luego nos extraña que los gobiernos sometan a sus súbditos a desahucios, pobreza extrema y corrupción en nombre de la macroeconomía? Pero ¿no hacemos lo mismo con nuestros hermanos los animales?
Antes, cuando se convivía con las vacas, las gallinas y algún conejo, y nuestra alimentación dependía en parte de ello, se les cuidaba como parte de nuestra vida. Eran UNO con nosotros. Ahora todo se mercantiliza y se lleva al terreno monetario. Y "ojos que no ven...". Por eso cuesta tan poco"atiborrarse" de carne de otros seres vivos: no hemos convivido ni cuidado de ellos, no los hemos tenido que sacrificar. Tan sólo cogemos una bandeja del frigorífico del supermercado, de forma muy aséptica, sin pensar lo que implica ese acto. Y sin plantearnos que ni siquiera esa carne forma parte de una dieta sana para nuestro cuerpo. Lo hace todo el mundo, lo machaca la televisión... Cómodo y sin mayores complicaciones a nivel de consciencia.
No hace mucho me hice consciente de lo que implica abrir el frigorífico y tomar un vaso de leche. Para que eso sea posible de forma masiva y para millones de personas, son millones de vacas que son violadas sistemáticamente para que generen leche para unos terneros que les son arrebatados nada más nacer. Generan leche cuando hay embarazo, como le pasa a la mujer. Los gemidos de pena son sobrecogedores. Tanto como leer decenas de estudios que afirman el sinsentido de la leche de vaca para el ser humano.
Todo es cuestión de "consciencia", de hacerse presente en lo que hacemos y vivimos. Y por desgracia, para el ser humano parece que no se trata de una colmena con miles de abejas: se trata de X euros. No se trata de terneros apartados masivamente de sus madres: se trata de euros por litro de leche o por kilo de carne. No se trata de familias que se van a la calle, o de personas que mueren por falta de asistencia sanitaria: se trata de una reducción del gasto público.
No queda otra que aumentar nuestras dosis de consciencia en lo que hacemos, en lo que pensamos, y en cómo vivimos. Es la única forma de hacernos UNO con lo que nos rodea. Ser responsables y conscientes es la única forma de lograr ser libres. Es la única forma de conseguir que la miel sea dulce y no amarga.

domingo, 22 de febrero de 2015

Tréboles de 4 hojas

Dicen que es muy raro encontrar un trébol de cuatro hojas. Casi como una aguja en un pajar. Por eso suele ser símbolo de buena suerte. Nuestro jardín es un auténtico vergel de tréboles de cuatro hojas. Los amigos de nuestros hijos vienen expresamente a contemplar nuestras jardineras ante el "prodigio". Sin embargo, creo que no es cuestión del jardín o de la tierra que los alberga, sino más bien de los ojos que los contemplan. Estoy convencido de ello.
¿Existe la suerte? Puede existir el azar o la aleatoriedad en un porcentaje muy pequeñito. Pero el porcentaje mayor lo ponemos nosotros. Si mis hijos, cuando contemplan las plantas del jardín, están convencidos de que van a encontrar un trébol de cuatro hojas, si el azar hace que pueda haber uno, lo van a hallar sin duda. A mí me sucede lo mismo cuando voy a aparcar: esté lo concurrrido que esté, o sea lo céntrico que sea el lugar donde deba aparcar, siempre encuentro un aparcamiento maravilloso cerca de nuestro lugar de destino. Y nos pasa exactamente lo mismo con la actualidad: la gente nos pregunta cómo nos enteramos de noticias tan buenas y sorprendentes, cuando la actualidad es tan poco alagüeña.
Ni lo de  los tréboles ni lo de los aparcamientos ni lo de las noticias es cuestión de suerte. Al menos en su mayor parte. Es cuestión de actitud entrenada: me he acostumbrado a creer ciegamente en que voy a encontrar un aparcamiento. Lo visualizo y lo creo en mi mente, como si fuera real. Y ya sabemos que creer es crear. Estoy tan acostumbrado a ello, que ya no requiere ningún esfuerzo. Como cambiar de marchas o lavarte los dientes sin pensarlo. Y al resto de la familia le pasa igual en otras muchas cuestiones: están tan convencidos de que hay decenas de tréboles de cuatro hojas en nuestro jardín, que los visualizan en su mente y éstos acaban apareciendo.
Este entrenamiento de hábitos a veces genera alguna que otra carcajada en casa. Mis hijos están tan acostumbrados ya al lenguaje de "visualizar lo positivo" o de "creer es crear", que cuando perciben en alguna de mis expresiones el menor atisbo de pesimismo o negatividad, aunque sea sobre lo más anecdótico o superficial, me cae una "regañina de órdago". "¡Papá, no digas eso! ¡Que ya sabes que las palabras crean y el pensamiento también!"
Creo que con la suerte pasa un poco como con el amor. A veces nos pasamos toda la vida esperando "a ver si tenemos las suerte" de encontrar a nuestro príncipe o nuestra princesa azul, como si de algo mágico se tratara. Sin embargo, hay mucho más de voluntad y de actitud ante ello. Con demasiada frecuencia, vemos la realidad a través de la boca pequeña del embudo, y eso nos limita enormemente (el momento no es el adecuado, demasiado joven o demasiado mayor, gustos diferentes, incompatibilidad de horarios, lugares diferentes...). Además, esperamos que las posibles trabas o diferencias desaparezcan por arte de "birli-birloque". ¿Qué tal si aceptamos el momento o las dificultades y nos abrimos de "par en par" a lo que tenga que venir? ¿Qué tal si creamos una realidad creyendo en ella? Sólo hay que decir "quiero querer". A mí me fue "de lujo" con la que ohoy es mi esposa: tenía 16 años, estábamos a punto de irnos muy lejos cada uno, y yo no quería "ennoviarme" antes de acabar la Universidad. Pero miré la situación por primera vez en mi vida por la boca ancha del embudo y me lancé al vacío. Decidí querer. ¡Un tío tan "cuadriculado" como yo entonces! Fue mi primera novia. Es mi alma gemela desde entonces. Durante todos estos años ha habido dificultades de todo tipo. Pero seguimos "queriendo querer" con toda nuestra voluntad. Ponemos todos los "ojos" en ello. Y no paramos de ver tréboles de cuatro hojas, embudos boca-arriba, y aparcamientos "chollo". Y por lo que parece, nuestros hijos también.

jueves, 12 de febrero de 2015

Mi amigo el limpiabotas

Javier es limpiabotas. Estas últimas semanas no para de salir en los medios de comunicación. Cuando lo conocí hace unos meses en casa de un amigo común, reconozco que me generó sentimientos contradictorios. ¿Cómo podía ser que una personas tan preparada, tan formada y con tanta experiencia estuviese limpiando zapatos en la calle Larios de Málaga? Imagino que no sería esa la ilusión de su vida. Sin embargo, su aceptación de la situación, y la búsqueda de la excelencia en lo que su presente le ofrecía, que no es otra cosa que limpiar botas, demuestran su sabiduría.
Javier en foto de Drew Kaplan @KaplanDrew
Hay gente que odia la vida que le ha tocado. Sus días se vuelven grises cuando no negros. No paran de maldecir su suerte, y reniegan de todo y de todos. Javier no es así. O al menos a mí no me lo parece. Ha hecho de su profesión todo un arte. Y hay gente que viene de todos los lugares del mundo, por muy difícil que parezca creerlo, a hablar con él mientras les limpia el calzado. Además Javier es consciente de que vivimos en un momento único. Antes, si no te gustaba lo que hacías o vivías, no tenías muchas alternativas: o te aguantabas o tratabas de cambiar de vida. Ahora el Universo nos ofrece la posibilidad de complementar nuestra vida real con una vida virtual. Y Javier está aprovechando esa oportunidad. ¡Y vaya si la está aprovechando! Se ha convertido en una especie de "Robin Hood" de las redes sociales, donando cuentas de twitter a países, regiones y municipios. Nadie diría que su vida es insulsa o vacía como limpiabotas.
Hay quienes piensan que las redes sociales son un "come-cocos". También los hay que usan un martillo contra sus semejantes, mientras otros hacen maravillosas obras de bricolaje o escultura con él. Lo determinante no es el "qué", sino el "cómo". Internet no es malo en sí. Es una herramienta maravillosa si la usamos con consciencia. Cierto es que algunos abusan mucho de ella, que para otros es una simple evasión o escapada, y que es importante gestionar bien su uso para no menoscabar el gran activo que es nuestra atención. Sin embargo, estoy convencido que es un gran regalo que permite que muchas personas de buena voluntad estén luchando por hacer de este mundo bueno, un mundo mejor. Nunca hubo una oportunidad como ésta. Gentes de toda raza y condición, trabajando juntos desde la lejanía de sus respectivas vidas en favor de un anhelo común.
Hay gente que nos pregunta cómo nos da tiempo a hacer tantas cosas, conocer a tanta gente interesante y estar metidos en tantos "fregados" con 3 hijos a los que atender: campañas de crowdfunding, ONGs, AMPAS de instituto y conservatorio, colaboraciones con los scouts, activismo de distinta índole, etc. Y parte del secreto está en la enorme suerte del momento que nos ha tocado vivir, que nos permite gozar de una azarosa y maravillosa vida virtual (mientras los niños hacen los deberes, por ejemplo) que complementa y enriquece enormemente nuestra maravillosa vida real. En cualquier otro momento de la Historia sería imposible. Es un auténtico privilegio vivir este presente.
Doy gracias por nuestra vida real. Doy gracias por nuestra vida virtual.

viernes, 6 de febrero de 2015

¿Por qué una familia de 3 hijos como nosotros, se "moja" por Proyecto O Couso?

Llevo más de 25 años con mi compañera de viaje, Mey. Es impresionante la sabiduría interior que atesora y cómo su buen juicio nos ha ayudado en decisiones importantes como familia. Pero a pesar del tiempo transcurrido, no deja de sorprenderme. Hace unos días, una conversación familiar hacía un repaso de la actualidad tan "optimista" que asoma al telediario diariamente: paro, corrupción, yihadistas...La conversación y el panorama no podían ser más sombríos. Su respuesta fue tan clara como inconformista: "Me niego a ser pesimista. Nosotros, como familia, lo tenemos claro: no vamos a dejar de mostrar a nuestros hijos la cantidad de buena gente que hay en este mundo". Caras de "alucine". No es ése el discurso "oficial", ¿no?
En las últimas semanas han sido muchas las personas que en persona o por las redes sociales nos han preguntado por qué nos hemos "mojado" en la campaña de crowdfunding de "Goteo" para apoyar al Proyecto O Couso y crear una Casa de Acogida, una Escuela de Dones y Talentos, y una Comunidad Abierta en el Camino de Santiago. Algunos nos preguntan por nuestro testimonio en el vídeo de la campaña, otros por la pequeña "gota" de nuestra aportación económica, y otros por la intensa difusión que estamos haciendo. Es momento de explicar nuestros "por qués":
  • Porque es momento de apostar por "laboratorios de vida" que a modo de faros en la noche, nos ayuden a guiar nuestros rumbos hacia una vida de mayor sentido.
  • Porque resulta crucial encontrar espacios para volver a conectar con la esencia de la vida y sus preciosos milagros cotidianos dentro de una consciencia grupal: el silencio tras el amanecer, disfrutar de la comida en compañía, reír, danzar bajo la lluvia, sonreír al sol o a los animales, vencer miedos y dificultades juntos...


¿Hay acaso mejor legado para nuestros hijos que todas estas razones? Si te sientes interpelado/a por alguno o varios de nuestros "por qués", te animamos a luchar al máximo por tu "O Couso" de turno: difunde tu ilusión, comparte tus ganas y tu "granito de arena" en euros y en minutos, y súmate a otros muchos para hacer realidad tu sueño. Sea el que sea. Por tí y por los demás. Si tu sueño no te asusta, es que no es lo suficientemente grande. Y si te apetece sumarte al nuestro, eres más que bienvenid@.

GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS