lunes, 25 de abril de 2016

Salir del armario

Hace justo una semana llamaban al timbre a la hora del almuerzo. No esperábamos a nadie, y menos al mensajero. Traía dos enormes y pesados paquetes de cartón. Firmé el albarán, y los paquetes descansaron en el suelo. Al mirarlos tuve de repente el presentimiento de que esos paquetes podrían cambiarnos la vida. Recordé que estábamos pendientes del envío desde imprenta de los primeros ejemplares de nuestro primer libro. Y allí estaban: "Familia de 3 hijos busca mundo diferente para vivir", 50 ejemplares.
Tuve la sensación de que eran muchísimos, y que difícilmente se podrían vender tantos. Y mentiría si no reconociera que me pasó por la mente esa sensación de "¿Quién nos llamaría a meternos en otro berenjenal?" Pero allí estaban los libros interpelándonos: ¿Y ahora qué?
Estoy convencido que muchos pensarán que nos gustan los "saraos" más que a una actriz de Hollywood. Pero no. Nos encanta el anonimato. Sin embargo, hemos sentido con mucha fuerza que era momento de dar un paso al frente. Cuando empezamos la aventura del blog en el 2012, lo hicimos por puro desahogo y coherencia ante las injusticias que veíamos a nuestro alrededor. Lo del libro ahora ha sido distinto. Algunas de las personas que ya nos leían nos reconocían que se aferraban a nuestra letras como a una tabla de salvación en un enorme océano de incomprensión, de consumismo, de insolidaridad y de competitividad. Y encontrar a otros "locos" como nosotros les había devuelto la cordura. Porque la locura o la rareza no va de tener razón sobre lo que es este mundo, va simplemente de números. Y los locos o los raros somos tan sólo una minoría. Pero si nos unimos poco a poco, ¿quién sabe? ¿Y si alguien descubre nuestro anuncio de búsqueda en un periódico perdido y se encuentra a sí mismo? ¿Y si alguien recoge nuestro mensaje en una botella lanzada al mar, y deja de ser un náufrago? ¿Y si buscando compañero de piso en un tablón de anuncios olvidado, recuerdas quién eres? Por eso sentimos que había que compartir nuestra búsqueda. Por eso nuestro anuncio: "FAMILIA DE 3 HIJOS BUSCA MUNDO DIFERENTE PARA VIVIR". Todas esas páginas ya no eran nuestras. Ni nos pertenecían ni podíamos adueñarnos de ellas. Son de todos los que aspiran a que los locos y los raros seamos mayoría. Son de los que apuestan por un mundo diferente para vivir. ¿Quiénes somos nosotros para evitar que salieran a la luz, por mucha pereza que nos diera la odisea?
No ha sido fácil. No somos unos entusiastas de las entrevistas en la tele o en la radio, y hemos tenido de ambas esta semana. Hemos tenido que firmar decenas de dedicatorias en un puñado de días. Y hemos abierto de par en par las puertas de la intimidad de nuestro hogar para que cualquiera pueda opinar. Pero hay veces que la vida llama a la puerta, aunque sea en forma de libro. Y aunque nunca hubiéramos pensado ser escritores, esa puede ser otra forma más de encontrarte con el otro. ¿Nos vamos a aferrar a nuestro círculo de confort? ¿Nos vamos a encerrar en nuestro castillo de cristal? ¿Vamos a negarle al otro nuestra complicidad? No. Toca compartir. Y hablo de algo que va mucho más allá de los ingresos por las ventas del libro a tres ONGs. Hablo de compartir nuestros sentimientos, nuestros anhelos, nuestra ilusión, y la energía transformadora que este mundo precisa con urgencia.
Acaba de cumplirse una semana de la llegada de aquellas dos cajas. Ya están vacías de libros y llenas de solidaridad y de complicidad de todos quienes ya nos están leyendo. Nuevas cajas vienen de camino, y decenas de envíos viajan ya a domicilios anónimos y a librerías perdidas que han reclamado nuestro libro para sus estanterías. Cuando entremos en alguna, seguro que nos sentiremos muy raros. Quizás abrumados. Pero a veces es necesario salir del armario para entrar en razón.

lunes, 18 de abril de 2016

¡Nos han publicado un libro!

La vida trae regalos inesperados. Y a nosotros nos ha traído uno muy "gordo". Jamás pensamos en escribir un libro. Sólo pusimos un anuncio y lo lanzamos al viento: "Familia de 3 hijos busca mundo diferente para vivir". Eso fue hace cuatro años. En ese tiempo han surgido bellas historias con muchos cómplices de esa aventura. Y esas complicidades digitales, casi sin quererlo, han fructificado en  complicidades en papel, y en este libro.

¿Que de qué va el libro? No va de consejos ni de autoayuda. No va de recetas para ser feliz, ni de atajos hacia el paraíso. Va de vida y más vida. De centenares o miles de retazos de vida. Porque creemos que el mayor camino hacia la iluminación y hacia la felicidad no son los gurús ni las grandes enseñanzas religiosas o espirituales: es el vivir, y los aprendizajes que la vida nos trae.

¿Y las ventas? Por supuesto, si éste ha sido un regalo para nosotros, ¿cómo íbamos a enriquecernos con él? Como autores hemos decidido renunciar a los posibles derechos sobre el libro, de forma que el 100% de las ventas se destine a 3 proyectos solidarios con los que estamos muy vinculados: la Casa de Acogida Pepe Bravo de Alozaina, la Asociación para el Desarrollo De Aquí Para Allá (ADAPA), y Proyecto O Couso, Escuela de Dones y Talentos en el Camino de Santiago.

El libro tiene 318 páginas, y el precio en librería es de 15€. Irá llegando a ellas según vayan evolucionando las ventas. Pero si os resulta posible, por favor, compradlo a través de la web de la editorial, ya que ello supone que la distribución se lleva menos porcentaje y los proyectos solidarios más. El precio es el mismo, y os llegará cómodamente a casa en tres o cinco días.Aquí os compartimos el enlace para curiosear sobre el contenido del libro, sobre sus autores, y para que podáis tramitar directamente vuestro pedido:

Para cualquier duda o consulta sobre el libro, podéis escribirnos a familiade3hijos@gmail.com .

Mil gracias a tod@s por un regalo tan inesperado. Y abrimos la puerta de par en par a los cómplices que esta nueva etapa pueda deparar.

martes, 12 de abril de 2016

Espere su turno

Lo confieso: soy funcionario. Pero en el castigo llevo la penitencia. Sé que para muchas personas ser funcionario es el paraíso de los trabajos para toda la vida, sin saber que a veces eso esclaviza. Y para otros es el refugio de los holgazanes, aunque haya muy honrosas excepciones. En mi caso, o por una razón o por otra, juré y perjuré que jamás sería funcionario. Y como suele pasar en estos casos, me tuve que comer mis palabras con patatas cuando decidí que quería dedicar más tiempo a mi familia, y ésa era la opción más factible para ello en aquel momento.
Ser funcionarios nos está permitiendo disfrutar de una amplia reducción de jornada renunciando a sueldo para poder dedicar más energías y tiempo a cuestiones más importantes que, paradógicamente, aquellas por las que cobramos. Sin embargo, la Administración nos es el lugar más adecuado donde ejercer la coherencia, especialmente si lo que te mueve es servir al otro. Es un reino de papeles, de tareas repetitivas sin plantearse los "para qué", o de jerarquías con escaso fundamento en el mérito o en la capacidad. Más de una vez me han dicho que no se me paga para pensar en cómo mejorar la atención al ciudadano, sino en hacer mi cometido sin más. El "vuelva usted mañana" o el "espere su turno" se convierten en una filosofía de trabajo. Y con razón un reino así ahuyenta a quien quiera plantearse un mundo mejor para vivir, presidido por la fraternidad, la verdad, o la unidad de todos (estés a un lado u otro del mostrador).
Actualmente estoy viviendo una etapa de aceptación, de desapego del resultado que me gustaría lograr en mi trabajo, y de conexión con quien tenga delante, al margen de los dictámenes y normas que se impongan desde arriba. Pero incluso con esa actitud, a veces te topas con circunstancias desconcertantes. Hace poco me tocó solicitar un certificado por un trabajo de coordinación realizado entre dos entidades públicas, una regional y otra municipal, para un gran proyecto que finalmente logró el respaldo del parlamento regional. Lo viví como un reto personal, ya que se trataba de que dos administraciones de color distinto y con profunda desconfianza mutua, se avinieran a colaborar. Tras varios meses de intenso trabajo y de numerosos sinsabores el proyecto se consumó con éxito. El tender puentes donde no los había fue en sí mismo mi recompensa. No esperaba remuneración ni una "palmadita" en la espalda. Pero hace poco tuve que justificar ese proyecto para otro asunto, y solicité el correspondiente certificado. Muchos fueron testigos de mi labor de coordinación y redacción, pero me negaron el documento. La verdad debía verse relegada a la burocracia. Aunque era evidente que yo había hecho ese trabajo, mi disposición a arrimar el hombro sin formalismo alguno, sin remuneración, y sin documentos probatorios les llevaba a denegármelo. Además, me argumentaban que nunca había tenido una relación laboral con esa Administración. ¡Pues claro! ¡Ese era el reto! Arrimar el hombro sin estar movidos por el interés, tan sólo en base a la confianza y a las ganas de crear algo conjunto que nos trascienda. Quizás suene a arameo para algunos. Y por eso, no me resigné. Estaba dispuesto a que la verdad, la confianza y la apuesta por la colaboración no perdiesen esta batalla, aunque fuera en el reino de la burocracia. Tocó recopilar correos, pruebas documentales y alguna que otra foto para que mis interlocutores de ahora y de entonces, pudieran conseguir que me certificaran la verdad. Mes y medio después se ha conseguido tras un esfuerzo ímprobo. ¿Por qué cuesta tanto tender puentes, actuar de buena fe y hacer aflorar la verdad, ésa que va mucho más allá de los papeles?
Lo de mi certificado puede ser una anécdota simpática comparado con lo de la semana pasada en mi oficina de empleo. A algún "lumbreras" de la Consejería se le ocurrió que no era suficiente con la incomodidad de separar las citas de Demanda (Junta de Andalucía) de las de Prestaciones (Ministerio) para que los usuarios tuvieran que soportar la mayor de las descoordinaciones. Esa separación podía llevarse más allá: en concreto a la puerta de la oficina. Y así dieron la consigna a todas las oficinas de que la puerta se convierta en la frontera donde el guardia de seguridad no deje pasar a nadie que no figure en su lista de citas para ese día, y así clasificar al rebaño según vayan a la Junta o al Ministerio, que compartimos espacio (¡qué ironía!). Pero cuando al ser humano le dan una norma, le dan una gorra para ejecutarla, y una cierta potestad para imponerla, el sentido común huye despavorido y se apoltrona don sinsentido. Y así sucedió hace unos días: en vez de organizar los flujos de demandantes de empleo hacia una zona u otra de la oficina, la puerta de la oficina se convierte día a día en el Lesbos de turno, aquel lugar donde unos tienen la enorme suerte de entrar y esperar a su turno, y otros son retenidos porque su DNI no está en las sagrada lista. Cada vez que veo ese rebaño en la puerta, siento vergüenza ajena. Y comprendo perfectamente que hayamos llegado como especie humana a la barbaridad que estamos viendo diariamente desde nuestros sofás con los refugiados. Un amigo me llamó desde la puerta: a pesar de tener cita le impedían el paso porque no aparecía en las "Tablas de la Ley" del "segurata". Salí a rescatarle y a hacer entrar en razón a la autoridad competente. Pero para mi sonrojo, cuando mi amigo dio dos pasos para saludarme, fue interceptado con violencia para impedirle el paso. De lo organizativo habíamos pasado a lo represivo. Sus rasgos sudamericanos y un collar budista que le colgaba del cuello hicieron el resto para que todas las alarmas saltaran ante semejante amenaza a la burocracia de la oficina.
El incidente causó revuelo. No escatimé esfuerzos en que la cordura retomase su sitio. E imagino que más de algún compañero vería exagerada mi preocupación por lo sucedido. Pero sin duda cosas así me llevan cada vez más a creer en que las burocracias, las normas, y la Administración, o están al servicio del ser humano y de la verdad, o si no, mejor que no existan. Quizás tenga yo poco futuro en un reino así. O quizás me toque esperar a mi turno, y no toca ahora.

jueves, 31 de marzo de 2016

Empujoncitos de conciencia


A los padres nos suele obsesionar el futuro de nuestros hijos. Los atiborramos de conocimientos, como si éstos fueran el salvoconducto que les abriera la puerta de un trabajo seguro, y con él de la felicidad. Pero la felicidad no va de trabajos seguros: éstos a veces nos esclavizan. Va de la capacidad de conducirse por la vida con plena libertad. Y para ello la obsesión no debe ser lo laboral sino lo conciencial.
Pero, ¿cómo educar esa parte tan sensible del SER? Difícil tarea si no nos lo replanteamos todo. ¿Todo? Sí, quizás TODO. Porque a fin de cuentas, actuar con conciencia significa replantearse los "por qués", los "para qués" y las consecuencias de nuestro "día a día", de lo que todo el mundo hace. Y si no nos convence, tomar otro rumbo. Esa capacidad de viraje es la que nos hace libres.
En casa llevamos tiempo con ese empeño. Y nos hacemos esas preguntas para entender lo que implica que un filete llegue a nuestro plato, y si tiene o no sentido sustituirlo por otro alimento. O si tiene sentido seguir o no las modas o la dialéctica que usan los compañeros del instituto. O si debemos empezar a aprender a priorizar entre nuestras actividades y círculos para no andar siempre sin rumbo. O si conviene rascar más allá de lo que la televisión, las noticias o los anuncios nos cuentan. Empujoncitos de conciencia para respirar algo de libertad.
No siempre es fácil. Es mucha la presión de no vivir aislado en las montañas o en el bosque. Y el estar rodeado de estímulos y personas que tiran de ti hacia el redil hace a veces muy dura la tarea. Sobre todo si estás en la adolescencia. Por eso hay que agudizar el ingenio: para que no lo vean como una imposición y puedan sacar sus conclusiones, por frustrante que a veces pueda resultar.
Y en ésas estamos, por ejemplo con la tecnología. Tuvimos nuestro fuerte debate en casa sobre hasta qué punto abrir la puerta a las PS2, Wiis y consolas de turno. Incluso algunos familiares no vieron bien nuestra negativa. Pero decidimos que con el contacto con dispositivos así en casas de amigos y familiares era más que suficiente. Sin embargo la irrupción del móvil fue más difícil de controlar. La vida social del adolescente hoy gira en torno a él. Y gran parte de la actividad educativa también. Darle la espalda hubiera sido, de facto, hacerles vivir en la Edad Media. Pero una irrupción así supuso los previsibles daños colaterales: embobamiento ante la pantalla, horas muertas viendo tonterías, y la conciencia "a la porra". Por eso consensuamos algún mecanismo para crear conciencia incluso ahí. Al principio tratamos de hablarlo, pero de poco sirvió. La percepción de nuestros hijos respecto al uso del móvil distaba mucho del abuso. Luego empezamos a restringir las horas, pero pronto llegaron las quejas y los "tiras y aflojas". Lo siguiente fue consensuar la instalación de una App en el móvil que evidenciara el uso real. No les gustó, pero aceptaron "a regañadientes". Se quedaron boquiabiertos: durante semanas, usaban a diario el móvil hasta cuatro veces más de lo que hubieran imaginado. El desglose por minutos y aplicaciones no daba lugar a dudas. ¡Menudo baño de conciencia! Sin duda, detrás de eso podrían venir las explicaciones más o menos cercanas a las excusas. Pero el dato estaba ahí. Y al margen del uso que hagan el resto de amigos, tomando conciencia de ese uso, tienes más capacidad de decisión. Y con ello puedes gestionar mejor las horas de tu tiempo y con ello tu libertad, en este caso a nivel tecnológico. Lo demás supone dejarte llevar por la inercia o por la corriente. Hacer dejación de tu conciencia. Ser esclavo de lo que hace todo el mundo.
Ahora lo estamos probando con papelitos que, para cada niño, introducimos en un gran bote, como forma de visibilizar las rupturas con esa conciencia de lo que hacemos: al discutir con los hermanos, al responder mal a papá o mamá, al no hacer las tareas domésticas que te corresponden....Y mientras los papelitos van inundando tu bote, te vas dando cuenta de las consecuencias de una conciencia no-domada, y las repercusiones de lo que haces o dejas de hacer por ello.
¿Tan sencillo? Ni mucho menos. Casi una pequeña batalla diaria en esos "buches" de conciencia. Pero es lo que toca en el mundo que nos toca vivir. Lo contrario es adormecer la conciencia. Es actuar como la masa. Sin duda menos cansado. Pero sin opción a saborear la miel de la libertad.

lunes, 28 de marzo de 2016

El desconocido

Hoy toca contra-programar. Sabemos que tras los atentados de Bruselas, en las portadas dominan palabras gruesas como "terror", "pánico", "psicosis" y "horror". Y puede que, desgraciadamente, muchas personas estén viviendo esa realidad. Pero para cambiarla es importante que vivamos otras realidades, y no la que nos marca el telediario. Por eso, hoy toca hablar de lo que nosotros hemos vivido.
Hace unas semanas recibimos una petición de una pareja húngara para ser acogida en casa durante la Semana Santa. Mentiría si dijera que al principio no nos dio un poco de pereza. A fin de cuentas, solemos estar muy desbordados, y esos días nos podían permitir desconectar y "recargar las pilas". Pero de inmediato pensamos que las vacaciones no sólo están para eso, sino también para salir de nuestro círculo de confort y para ofrecer a nuestros hijos un contacto con ese otro "mundo diferente para vivir". Así que aceptamos sin dilación. Y hemos acertado de lleno.
Sabemos que para muchos de los que nos leen, hospedar a un desconocido en casa, darle cama, comida, conversación y parte de la intimidad de tu hogar es algo osado y casi temerario, sobre todo si ves mucho las noticias. Por eso cada vez las vemos menos. Por eso, y porque nuestro contacto con el desconocido, hasta la fecha, resulta soberbio.
También sabemos que abrir las puertas de tu castillo simplemente en base a unas breves palabras por escrito y a una foto, para muchos sería imprudente. Pero también es cierto que poco a poco se va adquiriendo un sexto sentido para conectar con personas afines, que quizás como nosotros, buscan el encuentro, el intercambio, la fraternidad o la amistad, más allá de una estancia gratis.
Zsusi y Peter son nuevos en esto del couchsurfing, y se sorprendieron de nuestra disposición a hacer de guías para ellos. Les hemos mostrado sitios especiales para nosotros como la estupa budista de Karma Guen, el balcón de Europa de Nerja, la playa de Burriana, o  las procesiones de Vélez-Málaga. Pero sobre todo, les hemos abierto un poquito nuestros corazones, y como en todas las veces anteriores, la magia fluye, las horas pasan demasiado rápidas, y el inglés a veces es insuficiente para conectar las almas (¡para eso están las miradas y los abrazos!). Ya los consideramos nuestros amigos. Y ya contamos las horas para verles de nuevo. Aquí, en su país o donde toque. Ya no son desconocidos.

martes, 15 de marzo de 2016

Todos somos UNO

Precioso fin de semana el vivido, en el que dos de nuestros proyectos actuales, la Casa de Acogida de Alozaina y nuestro grupo Scout SEK, han convivido. He aquí la vivencia.

"Hay demasiada división en el mundo, como para echar más leña al fuego. Por eso lo de este fin de semana ha sido un bello ejercicio por un mundo mejor.
La Casa de Acogida de Alozaina nos ha abierto sus puertas para acoger a un buen número de padres, responsables y niños en la noble tarea de planificar los próximos meses o incluso años de nuestro grupo Scout SEK. Pero no ha sido un simple visita turística revestida de solidaridad. Ha sido puro mestizaje. No podíamos haber elegido un mejor sitio para abordar nuestra tarea y sentirnos interpelados por su realidad. Como grupo Scout, hemos aprendido que hay personas de carne y hueso como Mariló con un "siempre listos para servir" llevado al extremo de sus vidas las 24 horas del día. Que hay personas como Inga que, de su párkinson, han hecho todo un regalo al prójimo en forma de ejemplo de superación. Que hay Nachas por el mundo que van repartiendo amor y abrazos sea en la acogida a bebés o a personas al borde de sus precipicios personales. Que hay rincones que de sólo pisarlos te llenan de energía y de ganas por construir un mundo mejor. Que no todo se rige por el dinero, por el precio y por el interés, y que no hay mejor apelación a la conciencia que el "Deja lo que puedas, coge lo que necesitas" del Camino de Santiago, y también de esta Casa. Que es posible confrontarnos e incluso estar en desacuerdo, si lo hacemos con respeto, con afán de construir, y con un fuerte abrazo o un gran aplauso como colofón. Que el una "cervecita" o un "cafelito" compartidos tomando el sol obran milagros en el contagio de ilusión. Que hay personas que sin apenas recursos, te dan de su sopa, de sus callos veganos o de su humus mañanero, porque entienden que la acogida no va de servicios contratados ni de paquetes turísticos. Que la esencia scout se puede encontrar por todos lados: en un poema recitado mientras el cuerpo convulsiona, en una danza extasiada o en un poema en hebreo, en una oración compartida en grupo, en unas risas provocadas por unos ronquidos, en un perezoso despertar de 60 personas compartiendo tatami, en una tormenta de ideas para seguir creciendo, en un baile improvisado junto a una barra de un bar, en un juego de "lobo" a las 2 de la mañana, en el "cachondeo" generado con la dinámica de los vecinos...
Hemos vivido un maravilloso fin de semana en una maravillosa Casa de Acogida. Magnífica invitación a ACOGER.
Hemos compartido preciosos momentos con gente que rehace vidas, que da segundas oportunidades a quienes las perdieron, que unen los mil trozos de vidas hechas añicos. Magnífica invitación a UNIR.
Hemos respirado servicio y entrega al prójimo sin miramientos, sin condiciones, sin contraprestaciones. Magnífica invitación a SERVIR.
Será bueno darle la vuelta a la canción: "Ahora sé que el cielo no está lejos; Nosotros tampoco".

jueves, 10 de marzo de 2016

Vivir deprisa

Un buen cuento es el mejor salvavidas. Al menos puede evitar regañinas, castigos y medicación o sesiones de psiquiatra más adelante. Puede incluso ser el mejor guía para un niño. Por eso nuestros tres "enanos" tienen "su" cuento, que les hemos creado para que les acompañe en aquello que les venía bien profundizar y donde tenían más necesidad de ser acompañados. Éste es uno de ellos

La gota viajera
En un día de cielo azul, nació una gota de agua llamada P dentro de una nube. Era una gota de agua sonriente, graciosa y sobre todo, tenía muchas ganas de vivir. Nada más nacer se puso de pie en la nube y empezó a corretear para curiosear y conocer dónde estaba. Asomó su "hociquillo" al borde de la nube y vio la tierra que iba pasando por debajo. Sintió lo emocionante que era, y la suerte que había tenido de ser una gota de agua. Pero de repente la nube cambió de color, se volvió gris y de ella empezaron a lanzarse al vacío un montón de compañeras gotas despidiéndose y diciendo "¡Adios, adiossssss!" con un tono alegre. Cuando P. las vio volando hacia la tierra, deseó con todas sus fuerzas hacer lo mismo. Y empezó también a gritar: "Yo quiero, yo quiero, yo quiero también saltar como mis amigas". Las gotas más mayores y sabias le explicaron que no, que aún no era su momento. Y a duras penas lograron sujetarle para que no saltase. "Aún no ha llegado tu momento: espérate y mira", le decían. Pero P. no lo comprendía. Se enfurruñó y le dio la espalda a sus compañeras.
La nube siguió viajando por el cielo y cada dos por tres sus gotas compañeras le gritaban: "¡Ven P.! ¡Mira por dónde estamos pasando! ¡Estamos sobre la Muralla China...! ¡Mira P., mira los cocodrilos...estamos sobre el Nilo!" Pero P. seguía enfurruñado y les decía: "¡No, no y no! Yo lo que quiero es saltar y llover como mis compañeras..."
"¡Dejadme saltar, dejadme saltar!" gritaba mientras corría hacia el borde de la nube.
Las demás apenas daban a basto para sujetarla...
"Todavía no es tu momento"
"¡No!. Yo quiero saltar. ¡¡Dejadme ir!!"
Pero tanto, tanto, tanto insistió y luchó por su objetivo, que en una de éstas, P. logró resbalarse de una de sus compañeras y se vio volando por los aires. Voló, voló y voló, hasta que cayó en medio de un huerto, y se hundió en la tierra, donde se topó con una semilla. Ésta, nada más ver a P. puso una cara de sorpresa e ilusión que le sorprendió.
"¡Cuéntame, cuéntame!" Gritó la semilla.
"¿Contarte qué?", preguntó P.
"¿Cómo que qué? Pues dónde has estado, los sitios que has visto, los animales, plantas y cosas que has conocido en tus viajes...¡Cuéntamelo todo, cuéntamelo todo!", le respondió.
"Mmmmmmm", se quedó pensativo P.
"No tengo nada que contar", apostilló.
"¿Cómo que no tienes nada que contar?
"No. Yo no he visto nada de eso"
"¡¿Cómo que no?!" dijo la semilla desilusionada.
"¿Tú no sabes que las plantas y los árboles sólo crecemos con los cuentos y las historias que nos cuentan las gotas de agua que caen de los cielos?. Ellos han recorrido todo el mundo, y con su experiencia nos alimentan y nos permiten hacernos más y más grandes... Si tú no tienes nada que contarme, tendré que dormirme hasta que venga otra gota que pueda contarme cosas..."
Y diciendo esto, le dio la espalda a P. y volvió a dormirse.
P. se quedó muy pensativo y se dio cuenta del error que había cometido.
¡Jolin! Había estado dando vueltas a lo largo del mundo y no había disfrutando de los maravillosos sitios por los que había pasado, sólo obsesionado por saltar, saltar y saltar de la nube.
¿Qué podía hacer ahora? Pensó y repensó, y decidió escarbar hacia arriba, hasta que alcanzó la superficie de la tierra. Y allí se tumbó hasta que el sol empezó a calentar de lo lindo y se evaporó. Y así fue cómo, cuando abrió los ojos de nuevo, se encontró....¡en otra nube!
Esta vez no iba a desaprovechar la oportunidad. ¡No estaba dispuesto a ser tan insensato como la primera ocasión! Se agarró bien al borde de la nube y asomó sus ojillos para no perder detalle... Fue así como vio las pirámides de Egipto, saludó a las caravanas de camellos, conoció las montañas de los Alpes, voló junto a las águilas, saludó a las sirenas del mar...
¡Ahora sí que estaba aprovechando las oportunidad de conocer mundo!
Incluso hubo momentos en que la nube se enfadaba con ella. Se ponía gris, soltaba rayos y truenos y le decía: "¡Tú tienes que saltar ya!"
Pero P. había aprendido la lección. Se agarraba fuertemente y se decía a sí mismo en voz baja: "Aún no. Aún no estoy preparado. Tengo que ver más. Tengo que conocer más cosas. Y se agarraba fuertemente al borde de la nube para no caerse"
Ahora sí que disfrutaba de la experiencia de ser una gota. Miraba y miraba su alrededor. Saludaba a los niños. Veía a las madres tendiendo la ropa para que se secara al viento. Vio a centenares de niños entrando y saliendo del "cole"`, o cómo jugaban al "pilla-pilla".
Aprendió miles y miles de cosas. Hasta que un día, que ya vio que estaba preparado, justo cuando la nube chocó con otra nube y empezó a llover, se soltó y se dejó caer. Y de nuevo lo hizo en el campo, adentrándose de inmediato hacia el fondo de la tierra. Y allí se encontró con otra semilla. Y como ya pasó la primera vez, la semilla abrió sus ojillos de inmediato, y le dijo, de nuevo: "Hola. Cuéntame todo lo que has visto"
Pero en esta ocasión P. ya estaba preparado. "Venga. Te voy a contar. Verás tú lo grande que te vas a hacer". Y empezó a contar todas las historias que había vivido: sobre los niños, sobre las cometas, sobre el aprendizaje de los polluelos de águilas, sobre las idas y venidas de las golondrinas cada año, sobre cómo los humanos se despertaban temprano e iban corriendo al trabajo para después volver también corriendo a sus casas, o sobre cómo se acurrucaban por las noches con sus niños para contarles cuentos. Le contó un montón de cosas. Tantas tantas que la semilla empezó a crecer, a crecer y a crecer. Cuantas más cosas le contaba la gota de agua, más grande se hacía la semilla. Hasta que se convirtió en un gran árbol: el roble más sabio y más fuerte de todo el bosque. Desde entonces, todos los días se pueden ver y oír centenares de pájaros bajo sus ramas, disfrutando de las bellas historias del árbol más esbelto
del bosque: el roble de nuestra gota P.
Y colorín, colorado, este cuento se ha terminado.

jueves, 3 de marzo de 2016

Escandinavia

El afán por conocer mundo debería ser asignatura obligatoria en las escuelas. Y cultivar ese anhelo debería ser clave en el rol de padres, aunque con ello los retoños deseen volar antes de lo que nos gustaría. Pero no hay mejor antídoto contra la intolerancia ni mejor vitamina para la autonomía.
Nosotros, cada vez que podemos, lo ponemos en práctica. El precio ya no es excusa con plataformas como Airbnb, Skyscanner, Coachsurfing y otras muchas. Por eso hace unos días nos escapamos a Escandinavia.
Cuanto más distinto es el destino, más enriquecedor, y más interpela nuestra tendencia a pensar que sólo existe una realidad: la nuestra. Y desde luego Noruega es muy diferente. Y no sólo por los 11 grados bajo cero que sufrimos. Es el tercer país más rico del mundo por PIB per cápita, y el tercer exportador de petróleo después de Rusia y Arabia Saudí. Además,  está clasificado como el país con el más alto índice de desarrollo humano junto con Islandia (¡en los precios se nota! : por eso optamos por llevar los bocatas de casa cuando salíamos). Pero no siempre fue así. Pasó períodos muy duros de su historia bajo el yugo de Dinamarca y Suecia, y su población se vio mermada a la mitad por la peste. Pero lograron su independencia de forma pacífica y acordada. Quizás porque la "razonabilidad" forma parte del ADN del noruego. A veces hasta extremos que reta nuestra lógica latina: de sus ingentes ingresos por la venta del petróleo, sólo un 4% se dedican a gastos corrientes del país; el resto se guarda en una "hucha" que ya asciende a 900.000 millones de dólares y que garantiza su nivel de vida para varias generaciones futuras.
Su civismo y esa actitud razonable son los "culpables" de que no hagan falta puertas cerradas para usar el transporte público. A nadie se le ocurre "colarse". Sería una afrenta al bien común, tanto como fotocopiar un libro (a pesar de los altísimos precios de algunos, que rondan los 100€). Esa conciencia crea un sentimiento de igualdad y una educación democrática sorprendentes, aunque a veces el noruego se queje de que su país es el paraíso para los perezosos. Pero van muy por delante en el respeto a las minorías y en los derechos de la mujer.
Uno pensaría que con esas temperaturas extremas nadie saldría a la calle. Pero no: para ellos lo "razonable" es adaptar su vida a esas inclemencias. Y ahí veías a miles de personas skiando o disfrutando en trineo; a los niños más pequeños jugando en los columpios; o a los grupos de amigos de "cháchara" en una "terracita" bajo cero o disfrutando en masa de los campeonatos de snowboard. Para ellos no hay mal tiempo, sólo mala ropa. Aunque veíamos a muchos con unas camisetas o unas minifaldas que daban escalofríos ajenos.
Pensamos que la seguridad sería máxima tras los graves atentados de hace 4 años en los que un tal Breivik asesinó a 77 personas entre el coche bomba del centro de Oslo y el tiroteo en el islote de Utøya. Nos imaginábamos que habría quizás psicosis. Pero eso no es "razonable". Los noruegos no van a cercenar sus libertades por el miedo. Por eso no vimos ni un policía ni un soldado en todos los días que estuvimos. Y sin embargo la sensación de seguridad y paz era total. Quizás por ello es en el Ayuntamiento de Oslo donde se entrega anualmente el Premio Nóbel de la Paz.
Disfrutamos toda una tarde de una pista de trineos de más de 2 kilómetros, que recorrimos infinidad de veces ya que el metro nos llevaba una y otra vez a todo lo alto de la misma. Disfrutamos de "El Grito" de Much en su Galería Nacional, de los museos de costumbres y de barcos vikingos, y del impresionante museo Fram sobre la conquista del Ártico. Todos ellos unos museos pensados para tocar, sentir e interactuar...algo poco frecuente aquí. También disfrutamos de la fortaleza de Oslo y de las preciosas estatuas del parque Vigeland. Nos maravillamos de la vista del fiordo, en buena parte congelado, y con las gaviotas patinando sobre el agua. Pero un viaje así ya no tiene sentido para nosotros si junto lugares únicos, no conocemos la realidad de sus gentes. Y así, vía coachsurfing, disfrutamos de una gran tarde con Marcela y Jørgen, que no sólo nos mostraron la realidad del país, sino su bella historia de amor, superando fronteras y leyes de inmigración (ella es de origen chileno).
Cuando uno vuelve de un viaje así, desearía no parar de viajar. El mundo es una maravillosa aventura que vale muchísimo la pena. Quizás el próximo destino sea una visita a uno de los retoños alzando su vuelo.

miércoles, 24 de febrero de 2016

Ojos de niño

Tras el susto inicial, y la primera y segunda operación, esta nueva etapa me parecía una oportunidad  para "sacar nota" y seguir aprendiendo por el camino. Comenté el hallazgo sobre la visión 3D con mi amiga Alicia. Años atrás ella había diagnosticado y trabajado con mi segundo hijo en una hipersensibilidad auditiva. De no habernos topado con ella, todos apostaban que sería un niño de fracaso escolar. Trabajó con él con ejercicios físicos muy sencillos, oyendo unos CDs que corregían su distorsionada audiometría y sin medicación alguna. Se trataba de corregir algunas gamas de sonidos que le saturaban y otras que no llegaba a escuchar. En tres meses se había obrado el milagro. Nuestros amigos no se lo creían. Incluso sus hábitos alimenticios habían mejorado . Hoy es un estudiante brillante y toca el piano maravillosamente. Varios amigos y conocidos han llevado a sus hijos con Alicia en casos de déficits de atención, autismos y problemas sensoriales diversos. Los resultados habían sido sorprendentes. Aunque yo no fuera un niño, quizás ella podría orientarme respecto a mi ojo.
Le expuse mi trayectoria ocular a Alicia por e-mail, y aunque era pleno verano y ella se iba de vacaciones, nos las “apañamos” para vernos un domingo en Madrid. Me transmitió que mi caso era “de los que crean escuela”. Ella no es experta en optometría, pero conoce perfectamente el funcionamiento del cerebro y del sistema nervioso. Me aconsejó trabajar las conexiones neuronales sobre las que posteriormente podría construir el optomestrista. Nada de medicación. Tan sólo ejercicios infantiles. Y tanto. Si no fuera por el milagro que había visto en mi hijo, quizás no le habría hecho ni caso. Lo digo porque se trataba de hacer ejercicios en un columpio, succiones con un “chupete” gigante, y ejercicios de rodamientos y giros en el suelo. Cualquiera que me hubiera visto, se habría desternillado de risa. Pero en el fondo se trataba de estimular partes y reflejos de mi cerebro que no se habían activado correctamente en su momento, a edades muy tempranas.
Ese "hacerme niño" de nuevo trajo sorpresas. En menos de un mes, y durante uno de mis ejercicios de estimulación neurológica en el columpio que instalamos en el sótano de casa, empezó a aparecer casi inesperadamente (si no fuera por mis ganas) una segunda imagen en mi visión. Me resultó muy extraño. En el momento en que fijaba la mirada en un objeto y me concentraba, veía junto a la imagen habitual una segunda imagen en la parte superior derecha de mi campo de visión. Entendía que ése era el indicio que necesitaba. Mi cerebro empezaba a gestionar la información de los dos ojos por primera vez en mi vida.
Empecé a indagar a la busca y captura de un optometrista de la reciente tendencia de Susan Berry. No fue tarea fácil. Pero localicé una línea de trabajo denominada Terapia Comportamental, y localicé a Salvador, un joven optometrista que había renunciado a una carrera de éxito en Madrid y Barcelona para atender consultas en su pueblo, Andújar. Para allá que nos fuimos. No creo que fueran muchos adultos a esa consulta, donde todo eran "cacharros" para jugar y estimular el cerebro a través de la visión. Disfruté de lo lindo, y su diagnóstico fue claro. Mi ojo estaba muy "tocado" físicamente tanto por su enorme miopía, como por las dos operaciones. Pero a nivel neurológico, la respuesta cerebral era sorprendentemente buena y alentadora. Sin embargo, mi estrabismo vertical, muy inusual, le impedía ponerse a trabajar conmigo desde ese momento. Era el primer problema a abordar y él carecía del aparato adecuado para ello. Me remitió a Mª Jesús, en Navarra, probablemente una de las mejores optometristas de España, con una enorme reputación tras sus estudios en Estados Unidos. El viaje era interminable desde Málaga, pero tampoco debía dejar pasar este tren.
Ambos especialistas se pusieron en contacto, y el interés médico de mi caso aceleró mi cita con ella, a pesar de las largas listas de espera. No he visto nunca una profesional de ese calibre. Impresionante cómo conocía los secretos más escondidos de la respuesta ocular, y cómo aplicaba las más variadas técnicas para estimula mi cerebro: cordón de Brock, prisma de Fresnel, sacádicos, cartas de Hart, flippers, ...Términos que hasta entonces me sonaban a "chino" empezaron a ser habituales para mí. Me tuve que "poner las pilas" en el aprendizaje de la jerga médica y en el estudio de mi cerebro. Y con gusto me dejé usar como "conejillo de Indias" ante sus estudiantes en prácticas, alucinados con mi caso.
Recuerdo especialmente un momento mágico para mí. A través del sinoptóforo, se ofrecía a cada ojo una imagen diferente pero complementaria de la otra, y mediante unas palancas, cada imagen hacía trabajar a cada ojo por separado con la intención de corregir el estrabismo. Fueron horas extenuantes donde notaba, incluso físicamente, la zona del cerebro que estaba trabajando en cada momento. De repente, Mª Jesús levantó las manos de las palancas, y aunque las dos imágenes se encontraban alejadas una de la otra, percibí con toda nitidez cómo mi cerebro las acercaba lentamente hasta fusionarlas. ¡Se me saltaban las lágrimas de la emoción! Imposible visualizar de una forma más clara, evidente y científica el potencial que atesoramos en nuestro interior.
Viendo mi motivación, y dada la lejanía, se decidió que era imposible acudir semanalmente a terapia, como era lo habitual. Así que me pusieron unos deberes intensísimos para trabajar en casa. Puse todo mi empeño en ellos. Eso incluía más de una hora diaria con todo tipo de dispositivos y ejercicios que me habían prestado. La progresión y los resultados durante esas semanas fueron tan insólitos, que en una de las revisiones con mi cirujano, se sorprendió del enorme avance de mi agudeza visual de una revisión a otra. Le dije que probablemente se debía a la terapia visual que él me había desaconsejado pocas semanas antes. Ahí descubrí que los oftalmólogos y los optometristas se llevan a veces tan regular como los traumatólogos y los fisioterapeutas. Si te rompes una pierna, el primero te rehace el hueso. Pero nunca está de más que el segundo te ayude a restablecer la funcionalidad. Con esto pasaba lo mismo. Pero mejor era atribuirlo a un despertar espontáneo del cerebro o a la casualidad. Yo me reía por dentro. Le debía mucho a ese cirujano.
Tras dos o tres visitas a Navarra, mi avance rozaba lo prodigioso. Pero el coste económico y en tiempo era inasumible para nosotros. Así que me lancé al triple salto mortal. Le propuse a Mª Jesús si estaría dispuesta a dirigir mi terapia a distancia, en el caso de que yo fuera capaz de localizar un sinoptóforo cerca de casa. Creo que asintió pensando que mi atrevimiento resultaba utópico, dados los pocos aparatos que existen en España. Al día siguiente estaba escribiéndole a las principales universidades andaluzas con departamento de óptica. Mi motivación y convicción me abrieron las puertas de la de Granada, cuyo Director de Departamento me derivaba a la profesora del área de terapia. A la semana siguiente nos veíamos en persona.
El encuentro no resultó como me lo imaginé. Mª Angustias me transmitió sus reticencias respecto a lo que le planteaba. Ella era de la corriente de los períodos críticos, y no pensaba que superados los 3 años de edad se pudieran hacer progresos encaminados a la visión 3D. Además existía el peligro de la diplopia (ver doble). Pero mi determinación la acabaron de convencer. El viernes siguiente iniciaba sesión en Granada, a tan sólo una hora de casa, bajo su batuta y como "cobaya" para Clara, una de las alumnas de su máster de Optometría.
Los meses siguientes fueron agotadores, con esta tarea añadida a las que ya tenía como padre, funcionario y algunas cosas más. Durante la semana ejercitándome en casa con los ejercicios que me ponían en Granada, coordinados desde Navarra, y cada viernes a los mandos del sinoptóforo granadino.
Clara obtuvo un sobresaliente con su trabajo de máster. Ella, Mª Angustias y yo nos hicimos amigos, e incluso hemos seguido colaborando en cuestiones de voluntariado. Mi ojo "malo" tiene una agudeza visual impensable aquel día que estuve a punto de perderlo. Si algo le pasara a mi otro ojo, ya con éste podría incluso conducir sin problema. Simplemente milagroso. La terapia ya se ha hecho innecesaria. Quizás debería seguir practicando de vez en cuando, pero para aspirar a una visión 3D completa habría que entrar en quirófano de nuevo, y mi ojo no está para muchos "tutes".
Un serio problema de salud, una pequeña gran crisis en mi vida, se había convertido en el mejor camino para el crecimiento personal y para pasar a una nueva dimensión en mi vida. Mejorar la visión de mi ojo trascendía lo meramente físico y me animaba a abrir los ojos en otras partes cruciales de la vida. Me había dado cuenta que cada día que pasa, sea como sea, somos capaces de encontrarnos mejor, o de que nuestros problemas desaparezcan. Descubrí que podemos ser capaces de re-aprender y descubrir cosas sorprendentes de nosotros mismos. De que en los sustos grandes de la vida uno puede adoptar una actitud miedosa, retraída y victimista ante el problema en ciernes, o puede verlo como una enseñanza, como una oportunidad, o como una ocasión para el combate. Que no existe la casualidad, tan sólo la caUsalidad, y que las cosas no suceden porque sí, sino que tienen un hilo que nosotros desarrollamos sin darnos cuenta, a través de la energía que nos rodea. He descubierto que dar gracias sinceras, y sin buscar una contraprestación es una forma magnífica de sintonizar con la Vida, y con todo lo que nos rodea. También he aprendido que cuanto más buscamos de forma activa algo, más nos suele rehuir: el desapego crea un estado energético muy favorable para la consecución de nuestros logros. He descubierto también que en el ámbito de la Medicina, como en otros muchos, el conformismo con la línea imperante suele ser el peor consejero: a veces pasan oportunidades por nuestra vida que debemos ser capaces de identificar y aprovechar. Y durante ese año y medio  volví a hacerme "niño" y a re-aprender lo que es aquí y allí, cerca y lejos... buen momento de re-aprender el resto de lecciones de la vida. Y como mi objetivo no era conseguir una visión 3D o binocular, sino aprender y disfrutar durante el camino, ahí sigo. Y el camino continúa, continúa y continúa.

jueves, 18 de febrero de 2016

La salud y la convicción

Cuando nos aconsejaron la segunda operación, tratamos de retrasarla. Ya habían pasado los momentos iniciales de desconcierto. Habíamos superado la etapa del fuerte dolor tras la primera operación. Sin embargo, había que pedir prestado a amigos y parientes el dinero para afrontar esa intervención quirúrgica. Era una operación aún más complicada que la primera, y su coste sería mayor, sin duda. Pero nos encontramos enfrente un cómplice de nuestro karma/dharma, en forma de cirujano. Sin saber cómo ni por qué, transmitió internamente la orden de que esa intervención era tan sólo para extraer el aceite de silicona de mi ojo. Ésa es una intervención con un coste de menos del 10%. Y su duración es apenas de 20 minutos, frente a las 3 horas que duró realmente la mía. Ningún asistente ni administrativo preguntó ni dudó. Ni antes, ni durante, ni después. Debían ser también cómplices. Y no sería la primera vez que actuaban así con un paciente por pura solidaridad, empatía u orgullo profesional.
Tras esa segunda intervención quirúrgica sí salí como nuevo. Con hambre, y con ganas de “tirar para adelante”. Parecía que todo había pasado para mí. CaUsalmente la extirpación de mi cristalino no sólo no había mermado mi capacidad visual, sino que la había potenciado hasta límites que nunca había conocido. Los especialistas ya habían hecho números antes de meterme en quirófano. Mis 18 dioptrías de miopía de toda la vida más las 2 que generaba el anillo de silicona de mi primera intervención sumaban caUsalmente las 20 dioptrías a las que equivale un cristalino. Es decir, que una situación tan traumática como la que me había llevado a enfrentarme a dos operaciones graves, caUsalmente había derivado en que por primera vez en mi vida podía ver perfectamente con ese ojo izquierdo, sin ni siquiera una lente intraocular para sustituir mi cristalino. ¡Alucinante!
Y alucinado seguí, dando gracias por mi suerte. Irradiaba felicidad, porque la vida me había dado una enorme oportunidad en forma de grave crisis que podía haberme dejado sin vista. Y de los peores augurios, todo había derivado en un resultado tan inesperado como maravilloso para mí.
En las semanas siguientes tuve ocasión de transmitir mi ilusión y experiencia de todo lo sucedido a personas de mi entorno que estaban padeciendo graves dificultades oculares. Me pasaba como a las embarazadas, que sólo ven embarazadas por todos lados. Yo no paraba de "toparme" con gente con problemas en sus ojos. Todos ellos pudieron reenfocar sus tratamientos, de una forma u otra, tras mi propia experiencia: el profesor de bellas artes,  el marido de una antigua profesora de mis niños, el de una antigua compañera...Todos ellos casos muy traumáticos, y que probablemente no habrían tenido salida en Málaga, pero que lograron ser encauzados...¡Qué alegría ver recuperarse a otros en base a la experiencia que yo mismo había vivido! Sobre todo porque más allá del milagro quirúrgico que yo había experimentado en Barcelona, me di cuenta que la salud tiene mucho que ver con la decisión que uno ponga en encontrar las vías para curarse. Y la propia enfermedad merma esa autoestima y esa energía para dirigir con decisión los siguientes pasos. Te lleva a encerrarte en ti. A agachar la cabeza. A bajar los brazos. Por eso a estas personas les vino muy bien nuestra euforia y convicción.
Pero aquí no acababa todo. Tampoco mi capacidad de sorpresa. Tras la segunda operación en Mayo de 2011, y tras unas semanas de recuperación ocular, volví al trabajo. Quizás por primera vez en mi vida, tras tantas semanas de baja laboral obligada, había conseguido desconectar totalmente de mis obligaciones en la oficina. No me sentí culpable ni me preocupé de cómo podría ir todo en mi ausencia. Desapego total del trabajo y de mis "obligaciones". Curiosamente nada más aterrizar de nuevo en la oficina, iniciaba un proyecto que en apenas unas semanas me reportaría un enorme reconocimiento profesional. Del desapego laboral absoluto al máximo reconocimiento. ¡Yo que toda la vida había estado buscando ese reconocimiento de forma proactiva! ¡Qué de enseñanzas me deparaba todo este proceso!
En junio, en un encuentro familiar, la mujer de mi primo mencionó un documental de Punset (Redes) en el que parecía tratarse la cuestión de la visión estereoscópica o binocular. “Ver en estéreo” se titulaba. ¿Sería esa conversación una nueva pista a seguir o un nuevo tren que no debía dejar pasar? Así lo entendí yo. Localicé en Internet el documental y me resultó más que asombroso. Hasta hace muy pocos años, las tendencias imperantes en la neurología afirmaban que si no se tenía visión estereoscópica a los 3 años, no se podría tener en la vida. La teoría de los "períodos críticos", la llaman. El caso de la neuróloga Susan Berry parecía desmentirlo. Y para una persona que nunca había visto en 3D, esa parecía ser una de las experiencias más increíbles por experimentar. Ahí debía estar yo para intentarlo también. No podía dejar pasar esta nueva llamada de la Vida.
La visión estereoscópica se basa en que cada uno de nuestros dos ojos envía una información al cerebro. En el caso de dos ojos sanos, esa información es idéntica pero separada por los escasos milímetros de la nariz. Y el cerebro construye el efecto “profundidad” con esas dos imágenes casi idénticas. Pero cuando esas dos imágenes son muy diferentes, porque uno de los ojos (o los dos) falla en algo, el cerebro anula una de las imágenes (normalmente la peor). Eso era lo que me había sucedido a mí durante toda mi vida. Y paradógicamente lo que me seguía sucediendo tras la segunda operación. Y ello a pesar de que ese ojo “resucitado” se había quedado casi a cero de miopía, y potencialmente veía mejor que con el derecho. Teóricamente podía ver perfectamente, pero el cerebro no procesaba esa información, porque toda la vida había estado procesando la del derecho. El ojo estaba curado, pero funcionalmente aún no servía. Era un coche puesto a punto, pero aún no tenía conductor. ¿Quizás había que buscarle uno? No me iba a quedar con la duda. (CONTINUARÁ)

jueves, 11 de febrero de 2016

El dolor del clavo

El 3 de Marzo de 2011 fue muy extraño. Tras los intensos días de preocupación vividos, íbamos preparados para el peor de los diagnósticos. Habíamos sondeado a familiares y amigos y sabíamos que estaríamos en las mejores manos allí en Barcelona. Pero nos esperábamos lo peor, incluida la aplicación de láser de urgencia. La multitud de pruebas y profesionales en un entorno tan sofisticado y tecnológico dio paso a la conclusión de que, efectivamente tenía algo de degeneración pigmentaria. Pero que ello era relativamente habitual en unos ojos tan dañados como los míos. Me desaconsejaban el láser: 30 ó 40 impactos podrían solventar el problema en el corto plazo, pero lo agrandaría en el medio y largo. Y la sorpresa: a pesar de mi gran miopía en el ojo izquierdo, su agudeza visual podía permitir una operación para una lente intraocular en un futuro, lo que me podría permitir recuperar buena parte de la visión en ese ojo.
Salimos exultantes. Del peor de los diagnósticos habíamos pasado casi al mejor. De pensar en quedarme casi ciego con el tema de la degeneración pigmentaria, pasaba a plantearme la recuperación de ese ojo izquierdo. Empezaba a entender la frase: “Cada día que pasa, sea como sea, me encuentro mejor, o mi problema desaparece”. Y no paraba de repetirme internamente: “¡Claro!. “Sea como sea”. Sin el susto del primer diagnóstico, nunca habría venido a Barcelona, para una oportunidad como ésta de recuperar mi ojo izquierdo”. Los cuentos de la lechera empezaron a fluir por mi cabeza….Efectivamente, ese “sea como sea” actuaba. ¡Y de qué manera! Pero no como yo me imaginaba.
Durante 4 semanas disfruté de la ilusión por un ojo nuevo como un niño en la mañana de Reyes. Encargué una lente nueva de contacto para probar si mi cerebro toleraría bien una segunda imagen, e hice todos los preparativos que mi nuevo “destino ocular” parecía marcarme. ¡Qué alejado estaba de lo que vendría después!
El 6 de Abril, de forma abrupta, empecé a ver gusanitos negros y bolitas por ese ojo izquierdo. Eran muchas más de las habituales. No quise alarmarme. Pero al día siguiente, jueves, en pleno concierto de mi hijo en el conservatorio, noté cómo se oscurecía totalmente casi una cuarta parte de la visión del ojo izquierdo. Tocaba alarmarse. El hecho de que mi suegro estuviera recién aterrizado de Francia, y que por lo tanto pudiéramos dejarles a cargo a mis tres "fierecillas", me hizo volver a caer en la cuenta del “sea como sea”…
Acudimos a las únicas Urgencias Oftalmológicas de Málaga a las 9 de la noche con el miedo en el cuerpo. El diagnóstico lo confirmaba: desgarro de retina. La médico de guardia trataba de tranquilizar: acudiendo de nuevo al día siguiente a primera hora de la mañana, me aplicarían láser y el punto de desgarro quedaría rehecho. Desde que salimos a las 10:30 hasta la 1 de la mañana la indecisión fue enorme. ¿Qué hacer? ¿Aceptar el diagnóstico de urgencias o acudir a Barcelona de nuevo? ¿No sería “matar moscas a cañonazos” acudir de nuevo a Barcelona, con un alto coste en vuelo y desplazamiento pudiendo ir al día siguiente al láser de Málaga sin más? Y los niños con un “tinglado” de los suyos organizada para ese mismo viernes...Uffff...
Tanto mi mujer como yo sabíamos que esa decisión de justo ese momento podía ser crucial...Y cada uno pusimos nuestra parte de intuición en práctica. Yo, decidiendo rechazar el láser de Málaga y optando por ir a Barcelona. Y ella decidiendo que en ese caso no me dejaría ir solo. Ambas intuiciones resultaron cruciales después.
Reservamos vuelo y cita para Barcelona a las 2 de la mañana, y a las 7 estábamos ya de camino, mientras mis suegros se quedaban al mando en casa con los 3 niños. A las 9:30 se confirmaban nuestros temores: no era un mero desgarro subsanable con láser; era un desprendimiento de retina y vítreo en toda regla, que requería de una intervención quirúrgica y urgente.
A las 2 y media de la tarde me ingresaban en el quirófano, con cada vez menos ángulos de luz en mi ojo, y con la convicción de que lo que venía no iba a ser ninguna broma, ni por el coste económico, ni por las repercusiones médicas. Pero me sentía en las mejores manos. Y eso me dio una extraña tranquilidad en esas circunstancias de desasosiego, que especialmente notaba mi mujer. A las 18h salí del quirófano. Según nos dijo después el cirujano, había tenido que “sudar la camiseta” de lo lindo. Si no hubiera sido por su experiencia, por su pericia, y por estar considerado como uno de los 3 ó 4 mejores retinólogos del mundo, probablemente habría perdido el ojo ese mismo día. Durante la intervención, se quedó con mi retina en sus manos, y se generó una hemorragia masiva en el ojo que le obligó a cambiar de estrategia varias ocasiones en la misma intervención. Finalmente consiguió estabilizar mi retina con un anillo de silicona, cambiaron el gas perfluoroctano por aceite de silicona (cuya densidad, al menos, me permitía volver a casa en avión) y limpiaron mi hemorragia como pudieron.
Aparentemente todo se había solucionado. Aparentemente. Pero ni la cercanía de las revisiones planificadas, ni el estado de mi ojo en carne viva, ni mis extremos dolores de las 2 semanas siguientes presagiaban que la historia hubiera llegado a su final. La hemorragia presionaba contra el nervio escleral, y el dolor más insoportable que jamás había sentido se apoderó de mis dos semanas siguientes. En más de una ocasión no pude reprimir las lágrimas en esos eternos días que se sucedieron. Al dolor físico se unió el emocional, como cuando mi hija me recibió entre lloros al volver de Barcelona y descubrir el deplorable estado que presentaba mi ojo en carne viva, y a su padre “zombi perdido”. El llamado “dolor del clavo” me sacudió de lo lindo, y ni los más fuertes analgésicos que me habían sido recetados, pudieron hacer nada por mitigarlo. A más de una visita que vino a interesarse por mí, tuve de dejarla con la palabra en la boca esos días, ya que era incapaz de seguir el hilo de las conversaciones. La medicación recetada para que la hemorragia se diluyera tampoco ayudó mucho a reconducir mi malestar: todo mi sistema digestivo y la asimilación de líquidos parecieron volverse locos. Curiosamente, tan sólo las meditaciones de mi amiga Carmen me aliviaban en el duro trance de lograr dormir algo para pasar el trago. Descubrí esos días que buena parte de los productos de la “Medicina Occidental” son meros aturdidores de los síntomas, y que todos tenemos en nuestro interior las herramientas para sanarnos, prescindiendo de químicos interesados. La meditación logró lo que los químicos eran incapaces de lograr ¡Yo que siempre había sido tan racional y cientifista!
La primera revisión a los 15 días fue tan sólo un trámite para certificar que el dolor empezaba a remitir poco a poco, y que aún era preciso esperar para que la hemorragia abandonara mi ojo. La segunda revisión, dos semanas después, no resultó tan anegdótica. Yo ya me lo olía, pero no quise alarmar. La oscuridad de nuevo se había hecho fuerte en ese ojo, y ello no presagiaba nada bueno. La hemorragia había impregnado mi cristalino, y ello suponía tener un muro opaco en mi ojo, que impedía que entrase la más mínima luz. Reunión de expertos. Largos minutos de espera y de exploraciones de los más variados especialistas. Cara de miedo y desconcierto en mi amada compañera de fatigas. La propuesta de mi cirujano era contundente: de nuevo debían operarme, y a poder ser de urgencia. Había que extirpar mi cristalino. Sin esa decisión tan traumática, jamás volvería a ver la luz por ese ojo.... Y para colmo, la primera operación, tan sólo 1 mes y medio antes, nos había dejado con las arcas familiares tiritando y con alguna deuda económica pendiente. ¿Cómo afrontar de nuevo otra decisión con esa premura y condicionantes?
Ese día aprendí que, efectivamente, Dios, El Universo o la Energía Universal, escriben recto con renglones torcidos. Y que, sin saberlo, debíamos tener crédito en el Banco de la Divina Providencia. Quizás habíamos acumulado “karma positivo” o “dharma” en algún lado sin saberlo. Venían momentos decisivos para comprobarlo.
(CONTINUARÁ)

lunes, 8 de febrero de 2016

Cooperando en lo cotidiano

A veces la vida está llena de injusticias. Ante ellas podemos "cabrearnos", protestar, o bajar los brazos y rendirnos...Pero también podemos cooperar entre nosotros.
Hace unas semanas, una buena amiga de mi hijo, ante un cambio de trabajo de su padre y los consiguientes viajes que ello suponía, se veía abocada a abandonar la música. Nadie iba a poder llevarla a Málaga, tras el incumplimiento de la Junta de Andalucía (¿firmas, por favor?). No lo permitimos. Su horario coincide  en parte con el de mi hijo. Hay, pues, una plaza adjudicada para ella en nuestro coche. Sí o sí. No hay opción. Si las personas no nos ayudamos cuando la vida "achucha", ¿vamos a esperar a que un político nos resuelva la "papeleta"? ¿Cuántos niños deben abandonar sus sueños y renunciar a su talento porque para las instituciones no somos más que números, o mejor dicho, votos, en una campaña electoral?
Sin embargo no todos estamos preparados para cooperar y ayudarnos en lo cotidiano. Hace unos días, esperando a varios chavales para llevarlos a todos juntos a las clases de Málaga, observé en un coche aparcado a un par de estudiantes que debían hacer el mismo recorrido y a la misma hora, porque me sonaba su cara del conservatorio. Me acerqué para presentarme, ofrecer compartir desplazamientos e intercambiar teléfonos en caso de necesidad. Caras de rechazo y desconfianza. NO rotundo. Mejor seguir siendo unos completos desconocidos ¿Por qué ese miedo a ayudarnos? ¿Por qué nos cerramos al prójimo? ¿De verdad pensamos que sólo desde las Administraciones y desde los políticos se van a resolver nuestras dificultades?
Nuestros hijos estudian música en un pequeño conservatorio de nuestra comarca. Por una falta de eficacia al organizar el profesorado, sólo pueden hacerlo hasta los 14 años. Y con esa edad, se ven obligados a desplazarse 40 kilómetros de ida y otros 40 kilómetros de vuelta de 2 a 4 veces en semana. Muchas familias nos "cabreamos". Otras protestamos. Y gracias a ello, en mayo, logramos que la Junta de Andalucía nos hiciera caso y se extendieran en dos años los estudios musicales, para que ya con 16 años, los chavales pudieran compatibilizarlo con el bachillerato musical y desplazarse ya solos a Málaga con una edad más razonable. Pero ese compromiso lo hicieron en campaña electoral, y después no lo han cumplido. Todavía más cabreo, más protestas, y sobre todo muchas "bajadas de brazos". En concreto el 50% de los alumnos que se matricularon para seguir estudiando en la comarca este curso, tras la promesa de mayo de los políticos, se han visto obligados a abandonar sus estudios ante la imposibilidad de desplazarse a Málaga. Cristina, José Antonio, Ana, Isabel y un largo etcétera a lo largo de los años se han visto obligados a abandonar tras 6 años de estudios musicales, por la negligencia e inoperancia de nuestros políticos de la Junta de Andalucía. La razón puede ser económica para asumir esos desplazamientos. O puede ser de incompatibilidad con los horarios laborales de los padres. Pero sea cual sea la razón, sus talentos se convierten en sueños rotos. Y no podemos evitar pensar cuántos de ellos podrían haber seguido estudiando música, si las familias nos ayudáramos un poco más.
Por eso hemos pensado que es bueno seguir alzando la voz y exigiendo que se cumpla lo prometido. Y mucho más cuando es justo, necesario y sin coste. Pero en paralelo, es crucial que nos organicemos. Y por eso hemos creado un FORMULARIO para que, a quienes les coincidan días y horarios, puedan compartir desplazamientos, y nadie deba abandonar sus sueños por una pequeña falta de cooperación entre nosotros. ¿Te apetece cooperar en lo cotidiano? Ahorremos dinero, tiempo y conozcámosnos mejor. Dejemos de ser desconocidos.


jueves, 4 de febrero de 2016

Ojos que no ven

Cuando la salud falla, podemos sentirnos víctimas, o podemos observar lo que el cuerpo quiere decirnos. Reconozco que hasta hace pocos años yo fui muy ciego a lo que el mío me decía. Y nunca mejor dicho.
Desde muy pequeño, tuve un ojo vago. No sé si se debió al parto tan traumático que al parecer tuve, con fórceps y más de un hematoma cerebral incluido. Pero lo cierto es que con el ojo izquierdo apenas era capaz de atisbar luces y sombras. A fin de cuentas eran nada más y nada menos que 18 dioptrías. Sin embargo, cuando uno convive con alguna rareza, piensa que a todo el mundo le sucede lo mismo. Hacemos de nuestra realidad, la realidad universal. Y eso debí pensar yo: que todos vemos sólo con el ojo derecho. De ahí que fuera en una revisión rutinaria en el “cole”, con 4 o 5 años, cuando mi deficiencia salió a la luz. Yo no había dicho nada porque pensé que aquello era normal. Y además, para aquel entonces, ya había aprendido a sobrevivir y a manejarme con lo que tenía: un solo ojo y una visión monocular.
Eso ahora, bien superados los 40, he entendido que suponía que mis ojos no eran capaces de transmitir al cerebro la información necesaria para que éste generase el efecto “profundidad”, el famoso 3D. Y ello, sin saberlo durante toda mi vida, me ha supuesto adaptarme e interpretar mi realidad de forma algo distinta a como lo hacían los demás. ¿Cuál es entonces la realidad real? Las diferencias de colores y las sombras me ayudaban a intuir si una montaña estaba delante o detrás de otra en un bello paisaje. Y el ensayo y error, me ayudaba a calcular distancias. Aunque bien es cierto que siempre pensé que debía ser algo torpe, ya que se me caían las llaves cuando alguien me las lanzaba, era incapaz de cortar una loncha plana de queso o de jamón, y de vez en cuando tropezaba con objetos cercanos a mí. Ahora he descubierto que todo ello tenía una explicación.
Con 5 años, y tras algún que otro intento para que mi ojo vago espabilase mediante parches en el otro y gruesas gafas, los médicos aconsejaron a mi madre que me pusiera lentes de contacto a pesar de mi corta edad. ¡Y allí estaba yo, en 1977, siendo un pionero de las lentes de contacto con tan sólo 5 años! En un momento en el que las lentes sólo las usaban algunos artistas de cine, aprendí a ponérmelas y quitármelas, y de nuevo me adapté a la situación con total normalidad. Durante 25 años, las lentes fueron otro apéndice de mi cuerpo.
Con unos 25 años, en una revisión oftalmológica rutinaria, me detectaron un pequeño desgarro retiniano. Parece ser que un ojo tan miope como el mío funciona como un plástico del que extiendes al máximo sus extremos cada vez más: en un determinado momento, el plástico puede crear una fisura o una rotura. Puede pasar a los 5 minutos, o puede suceder a los 30 años. Pero tarde o temprano es fácil que ocurra. De inmediato me aplicaron láser, y el problema quedó zanjado en aquel momento. Aunque desde entonces, procuré asistir a revisiones médicas de mis ojos cada uno o dos años para prevenir. Con 28 ó 30 años, mis ojos empezaron a rechazar las lentes de contacto. Se habían cansado de estar con ellas casi 25 años, a una media de 14-15 horas diarias. Se irritaban y empezaban a escocer. Así que por primera vez, empecé a utilizar gafas.
En 2011, en una de esas revisiones anuales rutinarias, ya en nuestro último domicilio, el nuevo oftalmólogo detectó algo preocupante. "Degeneración pigmentaria en ambos ojos", fue su diagnóstico. Un diagnóstico que, acompañado de la solución que me proponían (30 ó 40 impactos de láser en cada ojo), y de la recomendación  de hacerme un TAC cerebral para descartar males mayores, me generó las mismas palpitaciones que se deben sentir al saltar de un puente. Y no sólo por lo preocupante que sonaba todo. ¿Podría perder también la visión en ese ojo? ¿Esa degeneración significaba que podría quedarme ciego? Recuerdo el enorme desasosiego que sentí volviendo de la consulta del oftalmólogo, pensado cómo explicar a mi mujer con tranquilidad y sin alarmismos algo que realmente me asustaba mucho.
Dado lo rutinaria que pensaba que iba a ser la consulta, había asistido solo, y recorrer los apenas 500 metros desde la consulta hasta el polideportivo donde estaban ella y los niños me resultó interminable. Caminé sin apenas visión tras la agresiva exploración ocular, la correspondiente dilatación pupilar, y la infinidad de pensamientos negativos que mi mente atisbaba. Ir rodeado de gente sin apenas poder verla, tanteando y tropezando con los obstáculos de la calle, y con el peor escenario en mente que podía derivarse de ese diagnóstico, hicieron de esos 5 minutos de recorrido un auténtico infierno. ¿Sería así mi futuro, sin ver a mi alrededor? ¿Era ésa una especie de premonición de lo que podía venir después? ¿Cómo iba a manejarme con 3 niños pequeños? ¿Y mi trabajo? Miles de preguntas y de preocupaciones afloraron en mi mente en esos 5 minutos. Y se me debió notar claramente en el rostro. Mi mujer, desde lejos, intuyó que algo malo había sucedido.
El diagnóstico había sino demoledor. Y no sólo por lo inesperado. Sino porque afectaba también a mi ojo “menos malo”, un super-ojo que había trabajado a destajo durante toda mi vida de estudiante y como profesional, y que quizás se podía estar también resintiendo, dispuesto a abandonarme. Pero como sucede en las grandes crisis, y en los grandes grandes de la vida, uno puede adoptar una actitud miedosa, retraída y victimista ante el problema en ciernes, o puede verlo como una enseñanza, como una oportunidad, o como una ocasión para el combate. Y yo, gracias también a mi mujer, decidí esto segundo. De inmediato pedí a ese mismo oftalmólogo que me aconsejase el mejor especialista en vítreo y retina que conociera para un segundo diagnóstico. No estaba dispuesto a aplicarme esos agresivos impactos de láser sin más. Y nada más llegar a casa estábamos llamando a Barcelona, para reservar cita. La semana siguiente estábamos volando a la ciudad condal para encarar de frente lo que mis ojos tuvieran que decirnos. Se acercaban unas semanas llenas de dolor, de miedo, pero también de milagros. Y cuando los milagros te tocan a ti, te ves obligado a abrir los ojos "de par en par" a lo que quieran decirte.
“Cada día que pasa, sea como sea, me encuentro mejor, o mi problema desaparece”. Esa fue la frase que a modo de mantra me repetía una y otra vez, y que se convirtió en un auténtico descubrimiento y en el acceso a una forma de entender la vida. Viví entonces el enorme poder que el pensamiento positivo y las afirmaciones pueden tener a la hora de crear la realidad. Creer es crear. Y mis problemas graves en los ojos, parecían querer "tirarme de las orejas". Algo debía ver, que no era capaz de ver. Y ya se sabe: "Ojos que no ven..." ¡¡corazón que espabila!!
(CONTINUARÁ)

jueves, 28 de enero de 2016

Direcciones opuestas

Hace cuatro años que creamos este blog. Quienes ven por primera vez su estética piensan, a veces, que estamos pensando en mudarnos a otro planeta. Sin embargo, el viaje que iniciamos ya hace más tiempo es más largo y palpitante que el de una simple mudanza de galaxia. Y nuestra propia experiencia personal nos está llevando en cada parcela de nuestras vidas a un periplo tan intenso como apasionante, para el cual no hay peajes, aduanas ni pasaportes. Como brújula sólo la consciencia.
Las distancias en esta travesía a veces son enormes, pero no se miden en kilómetros ni en millas. Y cuando alcanzamos una nueva estación o un nuevo puerto en esa odisea, por muy diferente o distante que sea de paradas anteriores, damos gracias por las anteriores etapas. Sin ellas, no habríamos llegado a donde estamos hoy, y ambas son parte del mismo planeta VIDA. Donde estamos hoy no es ni peor ni mejor que donde estábamos ayer. Cada puerto tiene su sentido y localización dentro de esta excursión vital que todos, con mayor o menor recorrido, vamos realizando desde nuestra niñez.
Hay gente que nos pregunta cómo podemos ser tan distintos de aquéllos que iniciamos ese viaje. Cierto es que ha tocado desaprender mucho. Otros nos  interrogan por el peso de la mochila, que parece cada vez menor. Pero sobre todo hay muchos que nos piden conclusiones sobre hacia dónde dirigimos nuestros pasos como humanidad. Difíciles preguntas para unos simples caminantes. Lo que sí es cierto, es que sin duda, y especialmente en los últimos años, en cada cruce de camino los viajeros parecen optar por dos direcciones claramente contrapuestas. Y no hay direcciones correctas o ganadoras. Sólo hay camino y evolución, aunque a unos nos lleve a un polo, y a otros al opuesto. ¿Hay un polo que suponga menos sufrimiento, más armonía y más paz? Sin duda. Pero eso no hace superiores a los que están en dicho polo, porque para llegar a él, probablemente tuvieron que recorrer antes el otro.
Eso es lo que nos ha sucedido en muchos viajes a nosotros. Así, en el viaje laboral, hubo un tiempo en que lo considerábamos un eje crucial de nuestra vida, entorno al cual giraba todo; hoy lo consideramos sólo un medio al que dedicarle un tiempo limitado, cada vez menor. En el periplo educativo, hubo un tiempo en que andábamos obsesionados por lograr las mejores condiciones para competir en el mercado laboral; hoy creemos que debe ser "sólo" un acompañamiento en el descubrimiento de los dones y talentos de cada uno y en el camino de la felicidad. Nuestro viaje del dinero también ha sido largo: antes quizás más centrados en "tener"; ahora vemos que a veces ese "tener" se convierte en obstáculo para "ser", con lo cual cada vez creemos más en el desapego, y curiosamente también el dinero fluye mejor. Para muchos, nuestro recorrido en la alimentación es quizás uno de nuestros viajes más llamativos: algunos fuimos carnívoros compulsivos, y ya desde hace muchos meses, sin estridencias ni fundamentalismos, hemos apartado los animales y el sufrimiento de nuestra dieta; nunca nos hemos sentido más sanos. También las noticias y los medios de comunicación han tenido su
recorrido: antes contrastando con muchos medios la información para encontrar una "verdad equidistante"; hoy creemos que la realidad no está en los telediarios, y a veces optamos por no informarnos y otras por localizar fuentes menos contaminadas. Ante la violencia de una masacre como la de Paris, antes quizás estuviéramos más cercanos al miedo, a la necesidad de acrecentar mecanismos de seguridad y defensa, y al "ojo por ojo"... pero hoy creemos en la necesidad de buscar reconciliaciones desde el origen de los conflictos. Igualmente la política ha tenido su recorrido en nuestras vidas: antes no veíamos alternativas a nuestra "partitocracia"; ya se sabe: "mejor malo conocido..."; pero hoy ya no tenemos miedo a recorrer otros territorios donde la cesión de soberanía del pueblo se ejecute de una forma muy distinta y con el ser humano como eje central. En nuestro viaje por la solidaridad, hubo momentos en que luchábamos contra las injusticias, cargándonos por oposición de la energía que las impulsa; quizás hoy preferimos dedicar las energías a construir otra realidad, preocupándonos menos por lo que caerá por sí mismo o por aquellos para los que la solidaridad es sólo una medalla más en su currículum.
En resumen: mil y un viajes, que nos han llevado en nuestro interior a recorrer años-luz de distancia, pero que no nos llevan a juzgar a quienes están en otras estaciones. ¿Qué dirección coger en cada cruce de caminos? ¿Hacia dónde va todo esto? ¿Vamos a mejor o a peor? Pregúntale a la brújula de tu consciencia y a tu tranquilidad interior. Son los mejores consejeros.

jueves, 21 de enero de 2016

Reveses de la vida

Ha sido una semana dura, muy dura. No sé si habrá sido por el dichoso "Blue Monday" que dicen que nos altera tras la cuesta de enero, la insuficiente luz solar o el clima invernal, pero la semana se las trae. Suele ser así cuando se juntan a la vez muchos retos. Y esta semana ha tenido unos pocos.
Como ya le sucedió a nuestro hijo mayor, ahora el segundo está en plena efervescencia pre-adolescente, y cerca ya de la frontera que separa al niño del joven adulto, no acaba de dar el salto de asumir sus pequeñas responsabilidades. Así, su mente le lleva a culpabilizar a todo y a todos de lo que él solito se busca, o de no alcanzar sus logros, precisamente por no querer dar ese salto. Son momentos de desconcierto para él, y de reacciones extremas y desairadas, que en su caso, se están prolongando. Pero a fin de cuentas, es un proceso al que no somos ajenos los adultos, ni mucho menos. Especialmente cuando predomina en nosotros el componente mental. En esos casos, si actuamos guiados por el ego, y la cosa se tuerce, nuestra mente ya se encargará de encontrar una razón o un culpable al que "encasquetar" el asunto.
Hace unos años, alguien muy cercano, teniendo a su madre moribunda, y bajo el mismo techo, le negó la mínima atención y cuidado que ya no un hijo, sino cualquier desconocido, le habría dado. Tuve la desgracia de toparme con el panorama, y me generó tales náuseas que no pude reprimir la rabia. No recuerdo nunca haber sentido ni exteriorizado tanto mi furia. Total: para nada. Todo estaba justificado en la defensa propia frente a la mala actitud y cerrazón de una madre que moría tres días después. ¡Menudas ofensas le habría afligido aquella mujer, para recibir esas últimas horas! No he vuelto a hablar con esa persona desde entonces.
Aquella experiencia aún colea en mi interior, aunque creo que ya estaría en condiciones de entablar una conversación con él, pasados varios años. Pero el aprendizaje ha quedado marcado a fuego en mí: actuar sólo bajo "nuestra" razón nos lleva al abismo, y a justificar lo injustificable. Y cuando alguien se rige por esos parámetros, no vale la pena dedicar energías y esfuerzos a argumentar, convencer o contrarrestar esa labor destructiva: mejor dedicar esas energías a construir, o a otra cosa.
Aquel acontecimiento de hace años, hace muy pequeño el proceso de mi hijo. Pero las sincronicidades y las caUsalidades han hecho que justo también esta semana, distintos proyectos solidarios en los que colaboramos, alejados geográficamente y sin conexión entre ellos, estén sufriendo duros ataques. Y lo que, quizás, deberían ser aplausos de reconocimiento a una labor solidaria, se han convertido en críticas, desprecio y negación por parte de dos o tres que antes impulsaban esa solidaridad. De nuevo la mente subida al escenario, sea para defender una forma de gestión, un enfoque de las cosas, o un modelo de actuación. Pero la defensa egoica de nuestro esquema nos lleva a machacar lo que sea, por muy loable que sean los fines solidarios, y muy identificados que estuviéramos hasta ayer con ellos. Gracias al suceso con aquella madre de hace tres años, esta semana no he saltado de aquella manera, y me he dedicado a seguir construyendo en lugar de luchar contra esa "razonada" destrucción.
Sin duda, estas situaciones resultan muy dolorosas, porque donde debería fluir buena energía y cariño para personas concretas, aflora el resquemor, la confabulación y el complot. De poco sirven las explicaciones, los argumentos y los intentos de apaciguar las aguas. Cada persona tiene su momento evolutivo y psicológico, sus picos y su valles, e incluso esos momentos de rabia y sinsentido quizás puedan tener su razón de ser en el proceso de cada uno.
¿Que si duele? Mucho. ¿Que resulta una injusticia? Sin duda. Pero también estas situaciones nos confrontan con nuestra propia actitud en el "hacer". Y quien busca el aplauso, teme al silencio tanto como al abucheo. Por eso, si esperamos un reconocimiento, una "palmadita" en la espalda. o un aplauso por nuestras acciones, es que quizás algo también fallaba ahí. Y esas actitudes tan hostiles y lamentables se convierten en grandes maestros. Cuando veo cómo disfruta mi hijo con su reciente condición de concertista en una joven orquesta, por el simple hecho de serlo, y qué poco le importa si les aplauden más o menos, más me convenzo de la importancia de amar lo que uno hace, y no actuar porque los demás nos aclamen.
Creo que somos simplemente cauces del enorme río de la vida. Y nuestra actitud debe ser simplemente eso: SER cauce. No esperar que nos aplaudan desde las orillas, ni que echen pétalos de rosas al agua. Ser la vía por la que discurra la vida, sin más. ¿Qué surgen obstáculos o caen rocas a ese río? El agua, la vida, se encarga por sí misma, de sortear esos escollos, y sigue fluyendo como si nada. Sin dar ni pedir explicaciones.
Un buen amigo, tras esta semana tan "movidita", nos recordaba hoy una bella imagen: cuanta más luz generemos con nuestro SER y con nuestro HACER, más polillas se nos acercarán. Y no se trata de evitarlas ni de luchar contra ellas. Debemos simplemente ser luz y dar luz. Esa es la misión.

viernes, 15 de enero de 2016

Gente normal, hazañas extraordinarias

A estas alturas no estamos para callarnos hazañas. Quizás porque vivimos un momento en el que parece que todos vamos contra todos, o cada uno a lo suyo. La apatía, la pesadumbre, el pesimismo y la incertidumbre parecen a veces devorarnos. Y por eso, los rayos de esperanza que nos permitan volver a creer en ésta nuestra especie humana son bienvenidos "como agua de mayo". Ante eso, ¿quiénes somos nosotros para callar?
Quizás estamos demasiado acostumbrados a las películas de Hollywood y a sus héroes de cartón-piedra. Pero las verdaderas hazañas las realizan gente como nosotros, conscientes de que "Uno a uno, todos somos mortales, pero juntos somos eternos"  (como reza el encabezamiento de la web de ADAPA) . Y cuando de verdad te crees algo así, pocas cosas pueden detenerte.
ADAPA surgió porque una pareja de amigos, hace unos años, volvieron impresionados de su viaje a Perú. Nos transmitieron su energía transformadora y su determinación "por hacer algo" en favor de aquellos chavales. Y de ahí surgió esta pequeña ONG. Desde entonces ha llovido mucho. Hemos organizado multitud de mercadillos solidarios en centros educativos, festivales musicales, charlas de concienciación, chocolatadas solidarias... Pero sobre todo, hemos tenido claro que lo que nos hace grandes como seres humanos es la capacidad de propagar la ilusión del otro y sus ganas de transformar este mundo hacia algo mejor. A veces con una simple llamada, a veces con un par de whatsapps, a veces con un desplazamiento en coche, a veces haciendo artesanía, o a veces cargando sacos de tapones . Da igual el "qué"; lo importante es el "cómo". Y nuestro "cómo" está lleno de ilusión y del convencimiento de que cuando nos llega una luz transformadora, sea de quien sea, no puede apagarse en nosotros y debe seguir luciendo. Y las últimas semanas han sido pródigas en ese tipo de hazañas:
Hemos podido respaldar a los dos comedores sociales de Vélez, conocedores de su enorme labor solidaria con tantas y tantas familias,  y como tras cada campaña de Navidad hemos podido aportarles 1.000€ recogidos en nuestra tradicional chocolatada y en algún acto más.
Nos hemos sentido muy "tocados" por historias familiares de dificultad y zozobra ante la discapacidad severa de algunos chavales de nuestra comarca, y hemos procurado facilitarles un poco la vida con pequeñas reformas en sus casas para adaptarlas a su realidad, como los casi 3.000€ a destinar a la familia de Samuel, con parálisis cerebral y esclerosis.
Hemos participado en grandes eventos desde la distancia. ¿Cómo? Aún no sabemos muy bien cómo (jajaja). Cuando Josepe nos propuso desde Madrid y sin conocernos, montar allí un gran evento solidario con famosos para recaudar fondos tras su reciente visita a Lesbos, la idea nos pareció descabellada, pero le dimos un "sí rotundo". Y tras ese "sí", hubo otros pequeños "síes" en la distancia que han permitido aportar desde ADAPA a esa tragedia de los refugiados nada más y nada menos que 10.697€ (9.420€ entonces y 1.277€ justo ahora). Poco después repetíamos experiencia en San Sebastián con Irati, en este caso para la ONG Salvamento Marítimo. 
Y de cierre, no hace mucho, nos visitaban desde lejos nuestros amigos Juan, Miren-Lu, Pablo y José Miguel. Éste último, como montañero profesional, había vivido en primera persona el terremoto de Nepal del pasado año, y venía muy "tocado". Había vivido lo mejor y lo peor del ser humano en las circunstancias más extremas. Pero, de nuevo, traía como en todos los ejemplos anteriores, una luz en su interior que ¿quiénes éramos nosotros para dejar que se apagase? Quizás fuimos pocos los que conocimos su historia en directo en su presentación pública. Pero realmente las hazañas no van de titulares de prensa ni de grandes  colas de gente. Van de contagios de ilusión, de energía y de buena vibración. Y eso, como las ondas de un estanque generadas por una piedra, ha provocado que de aquella pequeña luz que trajo Jose aquel día hayan partido para Nepal, donde justo ahora están Juan y Miren-Lu, nada menos que 10 tejados para casas derrumbada en aquel seísmos, a rehabilitar con los 3.700€ enviados "de aquí para allá". De 100 a 150 personas podrán guarecerse gracias a esta pequeña gran hazaña.
En las últimas semanas y con mayor o menor cuantía (¡eso es lo de menos!) la solidaridad de personas individuales ha ido tomando forma de hazaña aquí y allá, bajo el paraguas de una ONG, ADAPA, que no es de nadie, o mejor dicho: es de todo el que quiera volcarse en el prójimo y necesita un marco donde hacerlo. Y unas simples siglas, un anagrama y un viejo garaje donde amontonamos de todo (artesanía que hacemos y donaciones que nos hacen) obran el milagro de aunar fuerzas y esparcir ilusión. Un grupo de "amiguetes" normales hemos conseguido contagiar solidaridad y hemos logrado movilizar en estas semanas casi 19.000€ hacia gente normal que lo necesitaba. Es el momento de la gente normal haciendo cosas extraordinarias. ¿Nos lo vamos a callar? ;)