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miércoles, 10 de junio de 2015

Sin calculadora

"Tú, a lo tuyo. No dan duros a cuatro pesetas. Por el interés te quiero, Andrés..." ¿Cuántas programaciones de éstas tenemos en nuestra mente desde pequeños? Últimamente nos hemos dado cuenta en casa, que la verdadera revolución no radica en "luchar contra" nada, y menos enfrentarnos a otros. La verdadera raíz de este sistema, que no compartimos, está dentro de nosotros, y sólo será factible esta "revolución" si somos capaces de una "evolución" en nuestro interior que nos aleje de esas programaciones.
Y para ello, nada más sencillo que darnos cuenta de que todo lo que tenemos es un  auténtico regalo. Cuando uno recibe un regalo, brota de forma natural la gratitud y con ella un deseo irrefrenable de agradar, compartir y devolver el detalle. Y cuando se inicia ese círculo virtuoso, los lazos entre las personas se fortalecen, y la energía que fluye es de unidad y cohesión.
Mi amigo Luije lo tiene muy claro: su coche no es suyo; lo tiene porque las circunstancias han sido así. Pero cuando se va de viaje, en lugar de dejar "arramblado" su coche, lo anuncia en su facebook y lo pone a disposición de quien lo necesite durante su ausencia. "¿Y si se lo rompen o si se lo roban?", pensará más de uno. Él ni se lo plantea: simplemente desactiva su calculadora mental de "pros y contras", y se deja fluir. Lo comparte y punto.
Hace poco hicimos nosotros la prueba en otra situación. Veníamos mi mujer y yo de Córdoba, y decidimos ofrecer a través de Blablacar las dos plazas sobrantes del coche para ese trayecto. Esto del consumo colaborativo es un gran avance: hace unos años era impensable compartir así el coche, la casa o el dinero, y ahora internet lo posibilita de forma muy sencilla. Sin embargo seguimos con la calculadora encendida también en el consumo colaborativo, y ese compartir se convierte en otro mecanismo de afán de lucro. Por eso nosotros decidimos desactivar la calculadora y facilitar el trayecto a la pareja que nos acompañó de forma gratuita. Fue un regalo para nosotros su compañía, y ese trayecto lo íbamos a hacer de todas formas. ¿Por qué cobrarles por ello? ¿No es en el fondo actuar por interés? Nos hicimos amigos de ellos, y nos han invitado a ir a Siena en Italia. El lazo entre las personas es mucho más importante.
Como estábamos empezando a creérnoslo, decidimos hacer el "triple salto mortal" y acabar a martillazos con nuestra calculadora. Cuando mi madre falleció hace dos años, me dejó un apartamento. Desde entonces lo tengo alquilado a una pareja con dos niñas. Aunque no nos hemos visto más de 3 ó 4 veces, siempre he sentido una conexión especial con ellos. Acaban de tener un bebé y a mi mujer se le ocurrió dar el paso: si ese apartamento era un regalo y no hice nada para merecerlo, ¿por qué no actuar con él con la máxima gratitud? La semana pasada visitamos a los inquilinos, conocimos a su bebé y decidimos anunciarles que habíamos decidido rebajarles la renta un 20%, y sin ninguna condición. Tan sólo, si les apetecía y se sentían agradecidos, les pedimos que volcaran su gratitud en otras personas. Sus caras sí que no tenían precio. Se podrían esperar una subida lógica, pero ¿una bajada así, y sin condiciones? Eso no encaja en los esquemas habituales de nuestras calculadoras mentales. Y de forma natural brotó el reforzamiento del vínculo entre nosotros: en breve nos van a visitar a casa, y nos van a traer "ropita" de su bebé, de sobra, para compartirlo con otras familias con necesidades en nuestra comarca.... Con el paso de los días, me siento más reafirmado del paso dado, y noto mi calculadora mental cortocircuitando: "¿y si ese dinero al que renunciamos lo necesitamos para una urgencia?; ¿y si nos vemos "achuchados" si alguno de nuestros hijos decide irse a estudiar al extranjero? ¡pero si apenas cubrimos gastos del apartamento revisando las cuentas para la declaración de la renta!..." La mente tratando de asumir el control...
La semana pasada renunciamos a un buen pellizco de ese alquiler sin condiciones y sin que nadie nos lo pidiera. Me acaban de dar la noticia de que se ha vendido un antiguo piso familiar invendible. Cuanto más das sin condiciones, más te devuelve el universo. Lo hemos vivido ya muchas veces. Todo encaja cuanto más nos liberamos y desenchufamos la calculadora.

4 comentarios:

Mi mundo con ellos tres dijo...

Muy cierto y muy bonito! ojala todas las personas estuvieran dispuestas!
Un abrazo!

AAGlez dijo...

Me encanta vuestra manera de actuar. Sois un ejemplo a seguir. Yo también pienso no se pueden cambiar todas las cosas, pero podemos poner un granito de arena Y muchos granos... ya se sabe.

Hijitis Aguditis dijo...

No dejáis de sorprenderme... Habéis hecho más regalos sin daros cuenta. A mí para empezar porque leyéndoos siento que no estoy sola (o loca. Al final del post me han salido las lágrimas de lo que me habéis llegado. Mi hermana al verme llorar ha venido con mi peque a darle un abracito a mamá. Y nos hemos fundido en un abrazo las tres.

En fin... una vez más gracias por vuestras hermosas aportaciones. Buscáis un mundo diferente para vivir (como dice vuestro blog) pero yo creo que no hace falta que lo busquéis porque cada día el mundo es un poquito más diferente gracias a vosotros.

Un abrazo enorme

Anónimo dijo...

Hola desconocidos, me hacéis creer en la humanidad. Gracias por esta bonita sensación que habéis dejado dentro de mi.
Os quiero.

Firma una desconocida con ganas de ayudar al prójimo y que cree en el karma.