miércoles, 12 de septiembre de 2018

Dolencias

Este sábado nadie que pasara por allí se habría podido imaginar que su vida había estado tan al límite hace tan sólo unas semanas. Que sus pulmones estuvieron a punto de encharcarse. Que ahora vive sin estómago, con dieciséis kilos menos, y con una cicatriz de dos palmos en su vientre. Nadie. Sobre todo viéndole engalanado con su sonrisa de siempre. Con esos abrazos que te envuelven hasta el infinito. Con esa cercanía que hace que parezca que la distancia y el tiempo no ha pasado de una vez para otra. Tampoco nosotros podíamos haber imaginado un trance así hace unos años cuando nos conocimos en O Couso, o cuando nos recogió el pasado verano tras el Camino de Santiago.
Han sido unos meses complicados. Gente muy cercana a nosotros lo está pasando muy mal por cuestiones de salud. Algunos tan mal que rehuyen el encuentro por su deterioro físico. Y por desgracia han sido frecuentes con muchos los whatsapps y las conversaciones telefónicas llenas de palabras tabú: tumor, extirpación, radioterapia, linfoma, hemodiálisis, quimioterapia, muerte, crematorio...Palabras que uno nunca querría pronunciar, y menos referidas a un familiar, o a amigos tan queridos que también son ya familia. Por eso en el encuentro de este sábado con Luije estaban también muy presentes en nuestra mente todas esas personas tan queridas que están llevando sus procesos lo mejor que pueden.
Con Luije en Finisterre, tras nuestra última etapa del Camino de Santiago
Imagino que cuando la vida te da un zarpazo así de repentino, siempre se tiene la tentación de culpar a la mala suerte. De aferrarte a lo que debería ser. De luchar con uñas y dientes contra la injusticia que te lleva a depender de una sonda, a perder un órgano vital, o a verte invadido por un veneno del que se espera que resurja tu vida. Es difícil mantener la cordura. Mucho menos la compostura o las formas. Y te rebelas "como gato panza arriba" contra lo que parece dictar el destino. O puedes optar por afinar la consciencia y abrirte a lo que esa enfermedad está quizás, queriendo decirte. Ésto último es lo que escogió Luije, aunque para muchas personas podría considerarse una auténtica locura, por no decir una idiotez. Suelen ser personas que prefieren no saber la causa de un dolor o una enfermedad, y recurren simplemente a una pastilla para acallar el síntoma. Cuando actuar a la vez sobre el síntoma y sobre su origen podría, muchas veces, prolongar la salud, en lugar de situarnos en una lucha permanente contra la enfermedad, que es lo que a las farmacéuticas tanto les interesa.
Luije nos contó que cuando entraba en el quirófano sabía que lo suyo no era "moco de pavo". Que se la jugaba. Me recordó esa sensación que yo también tuve cuando me operaron a mí, aunque lo mío, comparado con lo suyo, era un juego de niños. Precisamente por eso se abandonó completamente a su destino aceptando lo que ese aparente momento de caos traía bajo el brazo. Y por eso no dejó de ser él. Bromeó con quienes le tuvieron que rasurar el torso antes de la intervención por no adecentarle también el vello de la espalda; o con la enfermera que se resistía a afeitarle la barba para estar decente cuando llegara su madre desde Almería.
Probablemente había mucho que él no había sido capaz de digerir durante meses, o quizás años. Quién sabe si cuestiones familiares, cuestiones económicas, cuestiones sobre el papel de las mujeres de su vida... O quién sabe si todo a la vez. Sólo él puede y debe tomar consciencia de ello, al margen de lo que los demás veamos o podamos ver u opinar. Un estómago transforma alimento en vida, y probablemente había también mucho sobre lo que hacerse consciente en las transformaciones de su vida. Parece que su tumor había empezado a ser expulsado de forma espontánea y natural del cuerpo en esa toma de consciencia, antes de saber incluso de su existencia. Pero generó una hemorragia en ese proceso, y ahí fue donde el lío se hizo mayúsculo. Como mayúscula fue la perplejidad de enfermeras, auxiliares y médicos viendo con qué entereza (y por momentos euforia y optimismo) afrontaba esos momentos y todos los posteriores, haciendo de todo aquello algo mágico y casi divino, tal y como un médico llegó a reconocer.
Probablemente hemos visto reflejadas en ese encuentro con Luije a tantas personas enfermas a las que queremos, porque nos encantaría que todas y cada una de ellas pudieran ser capaces también de encontrar alguna causa u origen profundo en su interior de lo que les sucede externamente, en lugar de rechazar sus enfermedades. Ojalá que no se queden sólo con lo que les diga el médico, con un diagnóstico, o con un tratamiento, y puedan mirarse a sí mismos/as y buscar respuestas. Ojalá que, como Luije, estén en disposición de afrontar que lo importante no es el "qué", por muy trágico y estremecedor que pueda parecer, sino el "cómo" se afronta y se vive todo ese proceso, abriendo la consciencia y las puertas a nuevas posibilidades de relaciones, o quizás incluso a algún desconocido don o talento. ¿Que hay miedo? Es lógico que lo haya. Forma parte del mundo en el que habitamos. Pero si también éste se acepta, se están tendiendo puentes para que se acabe diluyendo.
La vida es eterna mientras dura. Y aunque no nos guste hablar de ello, a todos nos llegará nuestro momento, antes o después. Quizás porque ya habremos vivenciado las experiencias para las que vinimos a este mundo, o quizás porque ya no nos será posible vivenciarlas. Sea en un caso u otro, la aceptación y el cómo vivimos ese proceso puede ser crucial, porque también puede provocar un cambio consciencial en quienes nos rodean. Que se lo digan, si no, a la familia y amigos de Luije.
Y si aún no estamos al final de nuestros días, la enfermedad puede traer un mensaje de cambio de rumbo, de giro vital, de "volantazo" en toda regla. Ese parece ser el caso de Luije. Bienaventurados los que tengan oídos para escuchar lo que pueda venir a decirnos la enfermedad en ese caso.

NOTA: Iniciamos hace unas semanas el apoyo solidario al proyecto de Yide Bikoue, de nuestros amigos Herminio y Deniz en Camerún. Ya sabéis que este post se publica, como todo lo que escribimos, de forma gratuita y en abierto tanto en nuestro Blog como en nuestro Patreon. Pero si te gusta lo que escribimos, te ayuda, te sientes en gratitud, y quieres también impulsar un mundo diferente para vivir con nosotros, puedes colaborar en nuestros proyectos solidarios colaborando con una cantidad simbólica (desde 1€/mes) en nuestro Patreon Solidario.



domingo, 26 de agosto de 2018

Adriático

Llueve. El tono azul morado de las nubes no presagiaba ayer, paseando por Chioggia, un diluvio como el de esta madrugada. Pero mi fuerte nunca ha sido la meteorología. Ni los colores, la verdad. Siempre he sido un poco daltónico para ciertas cosas. Y sordo para otras muchas. Según Mey, el cielo se ha quebrado por los cuatro costados a eso de las cinco de la mañana. Y ni me lo podía imaginar ayer, ni me he enterado esta noche cuando ha caído "la mundial" mientras dormía.
El tiempo por aquí, en Italia, está como nuestro estado de ánimo. Brillante, caluroso y muy soleado durante las mañanas, y gris, húmedo e incluso tormentoso por las tardes y noches. Con truenos y relámpagos que te sobrecogen. Un poco como el corazón de una madre o un padre cuando debe dejar volar a su hijo. Pero ya se sabe que lo de los sentimientos siempre es más silencioso, más interno, aunque no menos intenso. Saber que un hijo empieza una nueva vida con ilusión, con nuevos horizontes y rodeado de gente tan especial, da sentido y luz a tantos años acompañándole. Pero ser conscientes de que quizás a partir de ahora ya sólo venga de visita o de vacaciones no deja de causarnos algo de pena. Por eso también llueve por dentro, mientras volvemos al apartamento, tras dejarle en su nuevo hogar.
Duino es un pueblo precioso a orillas del Adriático, y a escasos kilómetros de Eslovenia, y de Trieste, la capital. Es conocido por su bello castillo, por su coqueto puertecito de no más de veinte embarcaciones, y por los poemas existenciales que inspiraron aquí a Rilke. Pero sobre todo es famoso ahora porque sus apenas mil cuatrocientos habitantes se ven invadidos cada año por casi doscientos jóvenes de cien nacionalidades que inundan el pueblo de diversidad, color y heterogeneidad, y que conspiran por un mundo mejor, un mundo unido. Es como la ONU, pero en pequeñito. Son constantes los encuentros, las risas y los abrazos en cada rincón, y en multitud de idiomas, especialmente hoy, que era el día oficial de la llegada de los nuevos, como Pablo. No muchas familias tienen la suerte de ser testigos de ese momento. Se nos cruzó una oferta de vuelos y no pudimos resistirnos a acompañar al retoño "haciendo piña".







Inés, María y Laura nos recibían para servirnos de guías improvisadas, en una actitud de servicio marca de la casa, que se acentúa en los estudiantes de segundo año, dispuestos a darlo todo para integrar a los nuevos. Nos resultó gracioso que, siendo españolas, nos recibieran con un distante apretón de manos. Luego entendimos que hay muchas culturas y tradiciones aquí presentes para las que un abrazo o un beso inicial de saludo se vive como una pequeña invasión de la intimidad. Y como hoy tocaban docenas de saludos, mejor no equivocarse. Ya nos resarciríamos en la despedida.
Creo que éste es el único colegio en el que las siete residencias de estudiantes y los edificios de clases forman parte totalmente del pueblo, y no están aislados en un campus. Eso hace que la integración con la vida de la población sea constante, y que toque ponerse las pilas aprendiendo italiano, y quizás algo de esloveno.Pablo compartirá habitación con un japonés y un rumano, en una residencia de catorce personas en la que también vive otro Pablo de Málaga, en este caso profesor y coordinador de la residencia, con el que daba gusto hablar. Se nota que de eso va esta historia: de hablar, conversar, departir y charlar con el diferente. Le auguramos a nuestro hijo largas y fructíferas conversaciones en esa desordenada habitación con varios terturlianos asomados a la ventana desde la calle, igual que ha pasado hoy. "Haciendo comunidad", que fue una expresión que usaron varios veces, y que nos encantó.
Los dos meses y medio de disfrutar los cinco juntos han pasado volando. Y eso que los hemos exprimido al máximo. Pero sabíamos que este día llegaría, aunque hoy llueva. Por fuera y por dentro. Hay mucho y muy especial por delante para Pablo durante estos dos años. Y después también. Nos apasiona pensar lo que veremos y oiremos a través de sus ojos y oídos. Y aguardaremos sus whatsapps con ansia, asumiendo que cada vez serán menos frecuentes porque el día no da para tanto. Como aquí se dice, es imposible practicar las tres "S" a la vez en tan sólo veinticuatro horas (Sleeping, Studying, Socializing): dormir, estudiar, socializar.
Cuando Pablo tenía cuatro o cinco años le apasionaban las historietas sobre las obras literarias británicas que su madre le contaba, rememorando sus tiempos de literatura inglesa en la universidad. Un día, emocionado, le dijo a su profesora que él quería ser escritor, como Shakespeare. La profesora le dijo que eso era imposible. No recuerdo haber visto más enojada a Mey cuando el niño nos contó el episodio en casa. Desde entonces tenemos claro nuestro cometido como padres: hacer de nuestros hijos unos daltónicos y unos sordos activistas frente a las líneas rojas que se supone que separan los sueños de la realidad, lo factible de lo imposible.
Hoy Pablo forma parte de la veintena de estudiantes españoles que esparcidos por el mundo han sido seleccionados este año entre muchísimos para hacer comunidad por un mundo unido, en un anti-pasotismo activo. No existen las líneas rojas para los sueños o las utopías. Y si existen, es sólo en las mentes de unos pocos. Habrá que aprender a no distinguirlas y a no oir a quienes adviertan sobre ellas.

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domingo, 19 de agosto de 2018

El pinchazo

De repente saltaron todas las alarmas. El salpicadero del coche parecía una feria de luces. No parecía el guión previsto tras las maravillosas horas compartidas con Joserra. Íbamos relajados, alegres y con todos los planes hechos para llegar a casa al atardecer. Pero a veces la vida parece ir sobre ruedas, y de repente tienes un pinchazo inesperado de esos que te trastocan todos los planes. Esas ruedas se van "a la porra", y la vida parece tambalearse sobre ellas por momentos.
Eran casi las dos de la la tarde. Toda la familia, excepto el piloto, dormitaba ya. Fuera hacía un calor insufrible de casi cuarenta grados. Y cientos de coches volaban por la A-1 cargados "hasta las trancas" en plena operación "Paso del Estrecho" del mes de agosto. No era el mejor momento ni el mejor lugar para tener un reventón. Pero un buen pinchazo no tendría gracia si no sucede en el peor momento. Como en la vida. Hice lo que pude para aguantar hasta la primera salida de la autovía, y al menos evitar el peligro de tanta circulación. Esos metros de más hicieron que la rueda quedase totalmente deshinchada, y que la válvula peligrase. Empezó a cundir el nerviosismo en la tripulación. Todos los planes y quedadas para esa tarde con los amigos parecían peligrar con el contratiempo.Pero ya se sabe: la vida es eso que pasa, mientras tú andas con tus planes.
Manos a la obra "con la fresquita". Chaleco reflectante, triángulos de señalización y a buscar en el manual de instrucciones cómo cambiar la rueda con el gato hidráulico del vehículo. Nos pusimos a temblar cuando vimos que sólo sacar la rueda de repuesto requería quince párrafos de instrucciones. Y la cosa se puso peor cuando descubrimos, para nuestra sorpresa, que la rueda de repuesto era de las que llaman "galletera", de menor tamaño, y tan solo para salir del paso. Difícilmente aquella "ruedecita" nos iba a garantizar una plácida travesía durante los ochocientos kilómetros que aún nos quedaban hasta casa.
El rato de deliberación y de estudio del manual, unido a la canícula ambiental, empezaron a hacer mella en la marinería. Y las primeras quejas se dejaron sentir. Había que pasar a la segunda fase del protocolo de imprevistos: tripulación a la sombra más cercana y llamada de rigor al seguro del coche. El capitán del barco permanecería junto a la nave con su pintoresco chaleco. Una pena no haber contado con una carpa playera entre el abultado equipaje para escapar de aquellos rayos.
El diagnóstico del señor de la grúa confirmó los temores. Imposible llegar a Málaga con aquella birria de rueda de repuesto. Había que reparar la estropeada. Era sábado al mediodía. Jugábamos en el tiempo de descuento para tal proeza. Todavía la cosa se podía complicar más y obligarnos a permanecer en aquellas tierras hasta el lunes.
Dos de los pasajeros se fueron con la grúa y el coche al centro comercial más cercano, a la busca y captura de un comercio de reparación de neumáticos. A los otros tres nos tocaba aún esperar al taxi fletado por el seguro. Y efectivamente: aquel sofocante sol estaba muy a gusto con nosotros y no retrocedía ni un milímetro.
Reunidos por fin de nuevo todos ante el mostrador del comercio de neumáticos, aún quedaba salvar el escollo de los turnos de trabajo. Al menos parecía que la amenaza de tener que quedarnos hasta el lunes se desvanecía. Pero podía ser que empezaran a meterle mano a la rueda las siete y media de la tarde. Eso haría inviable un viaje de madrugada con el cansancio ya acumulado. Quizás viendo nuestro panorama, finalmente cambiaron turnos y se pusieron manos a la obra de inmediato, con la promesa de tenerlo todo listo para las cuatro y media. Eso nos daría tiempo para comer algo en el centro comercial y recuperarnos de la insolación. Eso sí, previo pago de la broma que suponía sustituir los dos neumáticos delanteros.
Mientras comíamos, hubo una agradable e inesperada sorpresa para mí. De forma unánime, toda la familia me felicitaba. No recordaban haberme visto tan calmado y menos frustrado ante un contratiempo de tal calibre. Y nos carcajeamos recordando mis gruñidos ante adversidades insignificantes que en el pasado habían alterado los planes previstos. Era cierto que a pesar de todo, había estado muy relajado. Jugaba con ventaja tras unas buenas vacaciones, tras los largos ratos de meditación en casa de Joserra el día anterior y esa misma mañana, y tras las sesiones de mindfulness sobre la aceptación compartida con mis compañeros de oficina. Me gustó recibir este respaldo familiar. Y me reí de mi torpeza en tantas ocasiones anteriores en que la vida nos ofrece el pinchazo de turno.
Para evitar los pinchazos, lo mejor es no moverse ni viajar. Como no salir a la calle el lo mejor si no quieres que te caiga una maceta o un meteorito. Ésa no es opción. Habrá que aprender la lección para las próximas ocasiones. Porque llegarán. Eso es seguro. En las ruedas del coche o en la vida.

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lunes, 6 de agosto de 2018

La revolución altruista

Sonaba una de nuestras canciones favoritas, de Kaleo, en la radio del coche. Era un buen presagio. El navegador decía que ya habíamos llegado, pero allí sólo había campo y más campo. Ni una casa en lo que alcanzaba la vista en estas enormes campiñas burgalesas. Avanzamos hasta la siguiente curva, por si tan sólo era un pequeño descuadre en la ubicación. Y efectivamente. Allí estaba Villasur de Herreros, un pequeñísimo pueblo de la provincia de Burgos, que precisamente es la provincia europea con mayor número de pueblos. Un sitio perdido del mapa, con trescientos habitantes censados, pero con apenas ochenta viviendo de forma continua. Resulta sorprendente cómo las mayores revoluciones se urden en los lugares más recónditos, lejos de los grandes púlpitos o programas de televisión. 
Mientras aparcábamos el coche, Joserra salió con su amplia sonrisa y sus generosos abrazos. Cualquiera que hubiera presenciado la escena hubiera pensado que éramos amigos de toda la vida. Pero no. Era la primera vez que nos veíamos en persona. Aunque la sintonía y las buenas vibraciones en whatsapps y e-mails llevaban meses compinchándose para que el encuentro se produjera. Y fue justo en el regreso desde Francia, de casa de la bisabuela, cuando pudieron lograr su objetivo.
Es sorprendente cómo un chico joven de treinta y dos años, en un pueblo perdido de la geografía española, puede ser embajador de ServiceSpace y estar impulsando toda una Revolución Altruista, tejiendo redes entre distintas organizaciones y países, tan sólo mediante voluntari@s, y aprovechando la tecnología para alentar a personas de todo el mundo a hacer pequeños actos altruistas a través de una transformación tanto interna como externa.
Nos abrió de par en par las puertas de su casa, el segundo hogar de su familia, que se ha convertido en todo un cuartel general del altruismo, donde seres de todos los confines del mundo se reúnen para seguir tejiendo redes en las que el activismo y la espiritualidad se hacen uno. Nada más entrar por la puerta, una gran bandera con la imagen del planeta Tierra nos dio la bienvenida. La afinidad crecía por momentos, y eso que acabábamos de llegar. Tras la absurda guerra de banderas que los balcones y ventanas de este país ha presenciado en los últimos meses, ver esa bandera nos generó una honda sensación de sosiego. Sensación que se incrementó al leer en multitud de idiomas las palabras "Que la paz prevalezca en la Tierra" en un enorme totem de la paz, junto a la bandera. Esa fue la idea de un solo hombre, un japonés llamado Masahisa Goi, que después de ver los desastres de la Segunda Guerra Mundial, en 1955 decidió lanzar al mundo su mensaje de paz. Ese mensaje se difundió en los años 80 gracias a la World Peace Prayer Society. Y hoy en día hay más de 200.000 "Peace Poles", o "totems de la paz" plantados en más de 200 países de todos los continentes, en sitios tales como el Polo Norte Magnético (Canadá), las Piramides de El Giza (Egipto), el Rio Jordán (Israel), La Haya (Netherlands), Baghdad (Iraq), Tumba de Confucio (Taiwan), Robben (Sudáfrica) o el Monumento de la bomba atómica (Hiroshima). Ver esa bandera y ese totem en aquel salón familiar, cerca de las fotos de primos, tíos y abuelos, resultaba una bella estampa, sin duda.
Cada rincón de la casa rezumaba armonía y búsqueda de equilibrio y paz en los más pequeños detalles. Había carteles y banderolas en distintos idiomas con poemas y mensajes de paz de Gandhi o el Dalai Lama. Y post-its y corazones esparcidos por decenas de personas que habían pasado por aquellas habitaciones en algún momento y habían dejado sus mejores deseos y energías para los demás. El jardín era inmenso. Y Joserra se había dedicado a dejar pequeñas islas de flores silvestres para que las abejas tuvieran también su espacio. Las dos gallinas que correteaban por el césped se acercaban a nosotros con una docilidad canina, y casi se dejaban acariciar las crestas. La habitación de Joserra tenía un aire oriental y de austeridad que encajaba a la perfección con sus viajes de los últimos años a la India. Tenía un inmenso mapa del mundo pintado a mano en la pared, y los mensajes y detalles de paz, armonía y generosidad se multiplicaban en cada rincón. Nos acomodó en el coqueto desván, aunque había espacio allí para que durmiera todo un ejército.  Y de inmediato nos ofreció dar una vuelta por el pueblo para deleitarnos con más sorpresas.
No a muchos metros de distancia, nos mostró la "Casa de Paz", un proyecto muy reciente que surgió cuando hace unas semanas, después de una conversación espontánea con la dueña de la casa, ésta decidió cederles el espacio para que pudieran disfrutarlo y hacer actividades en ella, dentro del esquema de la "economía del regalo", un paradigma en el que bienes y servicios se movilizan sobre una base de confianza y generosidad. Como regalo que es, lo gestionan desde ese espíritu de generosidad y ofrecen actividades altruistas conectadas con el autoconocimiento y el Bien Común. La Casa está totalmente abierta durante todo el día para quien quiera reunirse allí, meditar u organizar un encuentro de cualquier tipo. Una "mesa amable" con multitud de coloridos objetos preside la entrada, en un experimento más para que cualquiera pueda dejar y coger de ella libremente lo que desee.
A apenas dos minutos andando, nos abrió una improvisada puerta a un precioso huerto con vistas al campanario del pueblo, que también les había cedido alguien del pueblo como muestra de afinidad con los principios que les inspiran. Gracias a nuestros pinitos hortelanos del último año, pudimos apreciar que lo que allí estaban haciendo gente como Joserra, Miki o Irene de forma casi espontánea, era una auténtica obra de arte de la horticultura: formas de mandala en la disposición de las distintas especies; flores, frutos y hojas en perfecta armonía con lo que normalmente se suelen considerar "malas hierbas"; mini espacios para favorecer que algunos pequeños animalillos puedan convivir con las distintas variedades de frutas y verduras... Joserra aprovechó para recolectar un calabacín y un par de lechugas para la improvisada cena que nos aguardaba en casa.
En una curiosa sincronicidad, justo llegando a la entrada de la casa, apareció un coche con Pablo, Lucía, Roxana y Daniela, que venían a compartir velada ante la espontánea invitación de Joserra con motivo de nuestra visita. Nos pareció hermoso que, tras las presentaciones y risas iniciales, se abriese un círculo de meditación y de compartir en el jardín, como forma de abrir ese improvisado encuentro de amigos. Mientras meditábamos en silencio, y los chicos disfrutaban en la piscina, Miki e Irene se unieron al círculo, bajo la atenta mirada de un sol con forma de bola de fuego. El compartir tras la meditación, permitió romper el hielo, y así irnos conociendo un poco mejor. Me sentía tan a gusto, que me animé a compartir cómo conocí a Mey, y el gozo que me causaba que siguiera a mi lado treinta y un años después. Me sorprendí a mí mismo compartiendo esas confidencias ante supuestos desconocidos, hoy ya amigos.
"A lo tonto" nos habíamos juntado doce personas para cenar. Y reconozco que por momentos me preocupó un poco que hubiera comida para tantos. Se me olvidó que en este tipo de círculos del altruísmo, se obra el milagro de los panes y peces con asiduidad. Un cous-cous que trajo una, unas morcillas de otra, las lechugas y calabacín del huerto, unos macarrones sobre la marcha, y algunos tomates y queso que traíamos de Francia, permitieron organizar todo un banquetazo digno de las mejores galas. Y fue la excusa perfecta para una deliciosa tertulia, en la que los visitantes fuimos sometidos a un cariñoso interrogatorio. Tuvimos ocasión de compartir hasta las tantas: despertares laborales y de salud,  revoluciones interiores y exteriores de distinto género, y proyectos macro y micro. El interés y las conexiones de almas casi se podían tocar con los dedos. Y prosiguió ya por la mañana con Joserra y Miki tras el desayuno. Los niños también pudieron expresarse, aunque luego en el coche nos decían que quizás deberían haber contado lo difícil que resulta a veces compaginar esta vida alternativa en búsqueda de un mundo diferente, con los entornos en los que les ha tocado vivir. 
Realmente fueron sólo unas horas juntos, porque a media mañana partíamos de regreso a Málaga. Pero dio para mucho. Dio para conocer el proceso de búsqueda de Joserra desde el sufrimiento personal y las experiencias de voluntariado en Argentina. Para profundizar en la realidad de los áshram, y en las utopías hechas realidad que han presenciado en lugares como la ciudad india de Auroville. Para profundizar en la necesidad de cultivar la espiritualidad si se quiere de verdad articular un activismo efectivo y duradero. Para tener todavía más ganas de conocer a Nipun Mehta cuando venga a visitarles en octubre. O para conocer mejor experimentos tan bellos como el Karma Kitchen burgalés (experiencia culinaria en la que no puedes pagar por tu comida, siendo la cuenta al final siempre de cero euros, ya que alguien que ha venido antes de ti ha pagado por tu comida, y ahora tú eres libre de mantener esa cadena de generosidad funcionando o no); o las tarjetas que nos animan a realizar gestos anónimos de generosidad; o las huebras o servicios que se ofrecen desinteresadamente en favor de la comunidad; o los Círculos de Silencio y Escucha Awakin.
Nos hemos quedado con ganas de más. De mucho más. Y eso es bueno. Muy bueno. Porque surgirá de nuevo el encuentro de forma espontánea en tierras burgalesas o malagueñas. O quién sabe si quizás en la India.
Quisimos que los niños experimentaran la dinámica de las tarjetas "sonrisa" e iniciamos de forma anónima en la panadería del pueblo un nuevo ciclo de regalos anónimos con un pan y una bolsa de magdalenas que dejamos pagados junto a una de esas tarjetas, para que el panadero se lo diese a la siguiente personas que entrase, a modo de círculo de favores. Los niños se mostraron entusiasmados con la idea, y no pararon de idear variantes para la vuelta a casa.
Hay gente para todo, la verdad. Hay quienes regalan poesía en los pasos de cebra. Incluso, como acabamos de ver al pasar por Madrid, hay quienes se dedican a pintar corazones de colores en los grises muros y columnas de la M-30, para arrancar una sonrisa o un deseo positivo a los cientos de miles de personas que usan esa vía a diario. Por eso desde hace años, decidimos dedicar siempre un hueco de nuestras vacaciones para que nuestros hijos conozcan a locos así, dispuestos a creer que un mundo mejor es posible. Y así hemos ido conociendo O Couso, Mataveneros, Los Portales, preciosas iniciativas colaborativas, o ahora esta Revolución Altruista. Es la única forma de asegurarnos de que, cuando les toque volar, sepan que hay alternativas a lo que hace la gran mayoría de la gente. Y quizás apuesten por esa tontería de darse a los demás y construir un mundo mejor.
Eva supo resumir muy bien estas horas con estos nuevos amigos: "Me encanta esta gente, mamá, porque son gente normal que medita, y además sí que saben dar bien los abrazos". Pues eso. Cosas simples que desde lo cercano pueden cambiar el mundo.


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martes, 31 de julio de 2018

Desconexión vacacional

Me caí de culo al río. Fue hace cuatro días, a 2.100 metros de altitud. Iba a poner a refrescar una sidra, y al final con mi resbalón ofrecí todo un espectáculo a cámara lenta ante el jolgorio familiar y mi maltrecho trasero. Me tocó hacer nudismo momentáneo mientras se me secaba la ropa. Aún no sé cómo salvé del chapuzón la mochila y  el móvil en mi bolsillo. Ya tenemos anécdota para la posteridad de mi cumpleaños de este verano.
Lo cierto es que no ha habido motín a bordo estas vacaciones. Todo lo contrario. La juventud ha valorado esta escapada familiar como la mejor que hemos tenido. Ha ayudado mucho el maravilloso entorno de los Pirineos de Andorra, sus maravillosos lagos y sus paisajes de ensueño. También los reducidos precios que Mey encontró. Por supuesto, el hecho de que, salvo una, las excursiones no hayan sido titánicas, y les hayan permitido disfrutar del baloncesto por las tardes tras la caminata. Y probablemente también, que les ofreciéramos la oportunidad de organizar ellos las vacaciones con unas premisas dadas en cuanto a presupuesto y zona aproximada en nuestra ruta hacia la bisabuela. Declinaron la oferta, pero quizás les ayudó a tomar conciencia de la dificultad de cuadrar tantas variables para que todo salga bien. Y ha salido muy bien.
Nuestra escapada familiar de una semana los cinco juntos es toda una tradición para nosotros. Y este año tenía un significado especial, entre la llegada de Samuel y la marcha de Pablo. Con estas edades y sus agendas, siempre tienes la duda de si será la última escapada juntos, o si en la siguiente tocará traerse novias o novios para contentar al respetable. Lo cierto es que han sido unos días inolvidables. Los dos mayores han hecho "piña" como no recuerdo haberlos visto. La experiencia americana, para lo bueno y lo malo, les ha unido aún más. Y han pasado horas hablando de la NBA, de sus youtubers favoritos, de anécdotas yankis, ¡y de Física! Daba gusto verlos charlar ya hechos unos hombres, y con tantas vivencias apasionantes a punto de desplegarse en los próximos meses. ¿Quién tuviera dieciséis años para vivir eso? Por suerte lo vivimos a través de sus ojos, casi en primera persona.
La pequeña también ha disfrutado de lo lindo. Casi siempre llegando la primera en cada etapa, y siendo la única de la familia en tener las agallas de zambullirse en las gélidas aguas de cada lago que visitábamos. Por supuesto codeándose con los mayores en el baloncesto, ¡y eso que ya hay nivel! Llama a martillazos a la puerta de los adultos, desde su preadolescencia. Y a veces eso supone un pequeño guirigay, que suele acabar con un abrazo y una petición de disculpas. Cosas de la edad y de las hormonas.
Chapuzón de Eva en el Lago de Juclar
Nos encantan estos días de desconexión absoluta de todo y de todos porque suponen salir de nuestras zonas de confort. Las largas ascensiones pirenaicas ayudan a quemar adrenalina y energía, y a poner a prueba los límites de nuestras fuerzas. Pero sobre todo, permiten sacar de nosotros una versión distinta. Una versión menos identificada con los roles que solemos acuñar en nuestra vida habitual: el de padre o madre, el de hijo o hija, el de funcionario, el de "empollón/a", el de "rarito", vegetariano o "perroflauta"...Permiten quitarnos capas de cebolla. Esas que están cargadas de pensamientos, de sentimientos, de sensaciones, y con las que nos acabamos identificando en el día a día. Como si fuéramos simplemente esos pobres pensamientos que nos rondan en la mente, una y otra vez con un "run-run" incesante. Como si fuéramos sólo esos sentimientos que nos envuelven durante largas temporadas, convirtiéndonos en falsas víctimas de la vida, o en triunfadores de "mentirijilla". Por fortuna, somos mucho más que eso. Y es necesario buscar espacios y tiempo para ponerse delante de un espejo imaginario en el que observarse. Simplemente observar. Sin juzgar. Y darse cuenta así de que en esa posición de observador es donde se encuentra el equilibrio. Lejos de roles, de interpretaciones, y de identificaciones, que no hacen sino alejarnos de la verdadera esencia de la vida.
Han sido días de hablar mucho con los hijos sobre el ego. Sobre el sentido de la vida. Sobre los roles y los papeles que desempeñamos en esta función que a cada uno nos ha tocado. Los hijos demandan respuestas, y la televisión, internet o los colegas sólo les van a dar unas muy desenfocadas, cuando no abiertamente erróneas. Por eso toca volver a la esencia en estos días de huida del mundanal ruido. 
La bisabuela, esta mañana, en su huerto.
Ahora estamos en Francia, en casa de la bisabuela. Veníamos tras un buen susto por su salud hace unos días. Pero juzgando por cómo cuidaba el huerto esta mañana, agachada con su muleta, me parece que hay bisabuela para rato, por muchos 98 años que vaya a cumplir. 
Siempre tenemos la sensación de que estos días nos permiten conectar con el verdadero sentido de la vida. Y probablemente sea porque como se dice en el zen, la vida no va de buscar la verdad, sino de dejar de abrigar opiniones, e identificarnos con ellas. Seguiremos, pues, con esos "deberes" vacacionales.


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domingo, 22 de julio de 2018

Al ritmo de la vida

Muchos nos habéis preguntado en las últimas semanas si hemos dejado de escribir, y si vamos a continuar publicando en nuestro blog. Ese interés es precioso. Todo un halago para nosotros. Porque implica que hay bastantes personas, más de las que podíamos imaginar, pendientes semanalmente de cuándo y qué publicamos. Y llevamos semanas faltando a esa cita.
Escribir es para nosotros una extensión de nuestras vidas. Es la conexión externa que genera complicidades a partir de nuestra vivencias cotidianas. Pero no es un objetivo en sí mismo. Y hemos corrido el riesgo de tropezar justo ahí. Porque cuando tienes decenas o centenares de personas pendientes de lo que vas a publicar, el ego no puede evitar engordar. Y te haces esclavo de esa escritura. La publicación semanal se convierte en prioritaria. Y te impones una exigencia más, una tarea más, una esclavitud más. Y entonces, el compartir nuestro SER a través de la escritura, se puede convertir en un HACER más. Y no son pocos los que ya tenemos. De hecho, en las últimas semanas han sido muchos los quehaceres que han copado nuestra existencia: que si los exámenes de final de curso de Mey; que si los tres partes por filtraciones en casa, y sus consiguientes polémicas con la compañía de seguros y con las empresas de reparaciones; que si la llegada y adaptación de Samuel tras su año en Estados Unidos; que si las matrículas de instituto y conservatorios; que si el papeleo de Pablo para su nueva vida en Italia; que si llevar a Eva al campamento de Cáceres; que si los dos desplazamientos de Pablo a Madrid; que si las dos operaciones de Pablo por las muelas del juicio; que si la convalidación de los estudios de Samuel y los ajustes de su nuevo tratamiento oftalmológico; que si todos los conciertos y audiciones del final de curso; que si cuestiones organizativas del AMPA y del autobús del conservatorio para el curso próximo....Hacer, hacer y hacer. Tareas y más tareas.
Hoy en Pirineos.
Por eso sentimos con fuerza que el escribir debía esperar. Y también nuestra actividad en las redes sociales. Cuando las palabras no pueden mejorar el silencio, éste debe imponerse. De lo contrario, ese compartir puede resultar forzado, viciado, y quizás extenuado. Por eso y porque con tanto hacer y hacer, el ser queda relegado a un segundo plano, y las musas vuelan lejos de tu inspiración.
Por ello este parón ha venido bien. También para los que nos leéis. Así evitamos saturaros y quizás aburriros. Y de paso huimos de expectativas y exigencias. Y ello aunque sabemos que muchos pensaréis que es una locura. Que es un pequeño filón el tener miles de seguidores en twitter, en facebook o en instagram. Y que es un auténtico lujo gozar de lectores que leen periódicamente lo que respiramos. Pero la esencia de nuestra escritura no va de números, de seguidores, de "likes" o "me gusta". Va de hacerse uno con los demás. De aceptar lo que nos toca vivir. Y de dejarse fluir con eso que nos trae el río de la vida. Ahí percibes que tu "yo" es minúsculo, y que forma parte de algo mucho mayor, que es la VIDA con mayúscula. Y ésta tiene sus planes, que van más allá de los nuestros. Y conviene aceptarlos. Como cuando te llega la presbicia, la barriguita y las canas a partir de los cuarenta. Lo contrario trae frustración, tensión innecesaria y decepción.
A pesar de este silencio de las últimas semanas en la escritura, se ha abierto una nueva y preciosa vía de compartir a través de las sesiones de mindfulness que un grupo de compañeros/as, ya amigos/as, hemos iniciado en dos de los principales edificios administrativos de Málaga, antes del inicio de la jornada laboral. Y precisamente la aceptación y el conocerse a uno  mismo/a eran los protagonistas de algunas de nuestras últimas sesiones, compartiendo vivencias laborales y muy personales . Eso te obliga también a ponerte las pilas en el compartir. Y ha supuesto una excusa más para construir complicidades en casa durante la preparación de las propias sesiones. La gratitud de los compañeros y compañeras, y los progresos que algunos nos confiesan, compensan con creces este nuevo enredo en el que nos metemos. Y lógicamente, como suele pasar con la vida, brotan nuevas sintonías y bellas connivencias. 
Aceptar ese ritmo vital, aunque resulte paradógico, nos libera. Y lejos de suponer resignación o sumisión, supone empoderarse y llenarse de señorío en esa conexión con la VIDA. Es todo lo contrario de la pasividad de la resignación o de la rendición. Es una auténtica prueba de conexión con la realidad. Tenemos personas muy queridas y cercanas que viven sus particulares procesos de aceptación frente a la enfermedad o la ausencia, y que se convierten en verdaderos maestros para nosotros: la tita Conchi, el tito Juan y la tita Reme, nuestro amigo Miguel Ángel, y hace un par de días, nuestro querido Luije. Éste último nos dejaba boquiabiertos cuando nos escribía: "...está siendo una vivencia extraordinaria...está siendo demasiado bonito...no me cabe el corazón en el pecho de tanto amor, tanta ternura y tanta bonita energía que recibo y que sólo me hacen tener ganas de dar el mejor ejemplo que pueda...". No parecen las palabras más habituales para alguien joven, que te escribe desde la UCI, y que en 48 horas, de forma totalmente inesperada, ha sufrido desmayos, hemorragias, y la extirpación del estómago provocada por un tumor. Quizás podría maldecir su suerte. O renegar de todo y todos. Pero ha aceptado lo que la vida le ha traído como una prueba y un regalo. Y nos está dando un testimonio que pone la piel de gallina, además de sacar con esa actitud lo mejor de médicos, cirujanos y enfermeras. Y de tanta gente que desde todos lados le está enviando todo su amor. Auténticos maestros de la aceptación y del fluir con la vida, sin duda.
No queda otra. Habrá que danzar al ritmo de la vida. A veces sin calendarios, sin expectativas, sin ataduras. Y a veces a pesar de nuestros planes.


NOTA: Iniciamos hace unas semanas el apoyo solidario al proyecto de Yide Bikoue, de nuestros amigos Herminio y Deniz en Camerún. Ya sabéis que este post se publica, como todo lo que escribimos, de forma gratuita y en abierto tanto en nuestro Blog como en nuestro Patreon. Pero si te gusta lo que escribimos, te ayuda, te sientes en gratitud, y quieres también impulsar un mundo diferente para vivir con nosotros, puedes colaborar en nuestros proyectos solidarios colaborando con una cantidad simbólica (desde 1€/mes) en nuestro Patreon Solidario.

lunes, 11 de junio de 2018

De nuevo los cinco juntos... por poco tiempo

Ya lo tenemos asumido. Probablemente será siempre así a partir de ahora. Es ley de vida. Aunque algunos pensarán que hemos acelerado demasiado esa ley. Esta familia de tres hijos es "culillo de mal asiento". Y cada vez será más complicado que coincidamos los cinco juntos. Y no porque no nos guste o no lo disfrutemos una barbaridad. Sino porque hay mucho mundo por descubrir. Mucha gente a la que conocer. Mucho que aprender. Muchos a los que querer. Y una conciencia muy clara de nuestro papel como padres. Y ese papel no es otro que darles herramientas para que se independicen.
Y cuanto antes sean autónomos, mejor. Por ellos. Y muchas veces, a nuestro pesar.
Hoy Samuel ha vuelto a casa. Y como ya pasó con Pablo hace un año, andábamos ya ansiosos por verle. Más que ansiosos, atacados. Especialmente en los últimos días. Por muy claro que tengas que es algo bueno para él. Que vale la pena. Que le ayuda a forjarse como adulto. Todo eso es así, y es cierto. Pero ese "pellizquillo" de padre o madre por su ausencia no te lo quita nadie. Acordándonos de él a cada momento. Echándole de menos en las celebraciones, en las películas en familia, en las escapadas familiares...A cada instante.
Como en las mejores historias, su regreso nos tuvo en vilo hasta el último minuto. Su vuelo de ayer de Baltimore a Nueva York empezó a retrasarse. Al principio 15 minutos. Luego 30. Y cuando ya iba por 3 horas de retraso, empezaron a saltar todas las alarmas. El colchón de 5 horas para coger el segundo vuelo de Nueva York a Málaga se esfumaba. Nos fuimos al huerto para tranquilizar los nervios. Y allí acabaron de estallar. Un problema con la turbina del reactor había provocado que desalojaran el avión y que tuvieran que realojar a los pasajeros en otro. Pero al ser menor de edad, ese realojo, incomprensiblemente, debía ser con la aprobación de los adultos que le acompañaron al aeropuerto. Y su familia americana ya se había ido y estaba a cientos de kilómetros, camino de casa. Sin esa posibilidad no podían dejarle subir. Y sin subir, perdería lógicamente el segundo vuelo a Málaga. Gabinete de crisis. Llamadas y más llamadas. Nervios. Carreras. Corazón en un puño. Finalmente se apiadaron de él, e hicieron una excepción. Subió a aquel avión. Y paradojas de la vida, esta mañana llegaba casi una hora antes de lo previsto. Suerte que los nervios por su llegada nos desvelaron antes de que sonara el despertador, y llegamos justitos para recibirlo como se merece. A las seis de la mañana, en un aeropuerto desértico. Sí, con pancarta de bienvenida incluida.
Hoy es un día de fiesta en casa. Da igual que sea lunes y laboral. Los momentos importantes hacen que el mundo se pare. Y hoy hemos parado el nuestro. A "tomar morcillas" compromisos, agenda, trabajos y obligaciones. Hoy volvía nuestro "niño", y se merecía todos los honores. Como no podía ser menos.
También él viene cambiado. De eso se trataba. Ha afrontado él solo nuevos retos, nuevas relaciones, y nuevos horizontes. También más de una situación complicada. Y eso curte. Mucho más que asentar un idioma. Es abrirse al otro. Al distinto. Y adaptarse a lo que venga. Sea lo que sea. Sus primeras palabras confirman que ha madurado en muchos aspectos. Que ha entendido muchas cosas. Y que ya ha empezado esa transición a la edad adulta que, a veces, sólo se produce cuando te das de bruces con la realidad tú solito.
Está más alto, más guapo y más "cachas". Sí. Nuestra pasión de padres nos ciega un poco. No lo negamos. Pero lo cierto es que lo está. Y por fin lo tenemos aquí para "achucharle" y para tirarle de la lengua sobre todo lo que en la distancia era imposible sacarle. Quizás por no asustarnos. Puede que por su forma de ser. O a lo mejor porque hay esferas ya suyas que hay que respetar.
Toca vivir con intensidad los próximos dos meses. Sin obsesionarse. Pero sabiendo que es un regalo que estemos los cinco juntos de nuevo. Y que muy probablemente estos momentos cada vez serán menos frecuentes. Porque así debe ser.
A finales de agosto nos iremos los cinco a Italia. A acompañar a Pablo en el inicio de su nueva vida. De nuevo cargados de orgullo, de alegría por él, y de ese "pellizquillo" imposible de quitar. Va en el sueldo de padres. ¡Qué le vamos a hacer! Pero ya hemos entendido que ser familia y sentirse familia no tiene nada que ver con las distancias. Que se hace "piña" a miles de kilómetros. Y que la lejanía, si hay amor del bueno, no sólo curte sino que agranda el corazón.
Ahora Samuel duerme. Toca superar el "jet lag". Sus hermanos ya están en clase. Y en breve retomaremos nuestro frenético "día a día". Pero estamos los cinco juntos. Y eso ya se nota.


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martes, 5 de junio de 2018

Son sólo animales

Precioso ejemplar de tortuga marina en El Morche, el 27/5/18
Hubo algo ancestral en ese encuentro. Era como si, de repente, nos hubiéramos trasladado a un lugar mitológico. O quizás a una época prehistórica. Casi al origen del mundo. Como si, inesperadamente, te cruzaras con Neptuno, con su tridente y todo, en cualquiera de tus trayectos cotidianos. Aquello no pegaba, y sin embargo resultaba fastuoso. Aquella inmensa tortuga marina, mecida por las olas de la orilla, no encajaba en el entorno de nuestra playa habitual, con los domingueros, las sombrillas y los chiringuitos. Podía, sin duda, haber formado parte de la corte del dios del mar. Por eso, quizás, éramos los demás los que no encajábamos allí, ante aquel magnífico ser.
Nos invadieron unos sentimientos muy intensos cuando nos acercamos a ella. No nos atrevimos a tocarla. Las personas que poco a poco se fueron aproximando tampoco. Ni siquiera hubo la tentación de hacerse un "selfie" o de organizar un "posado" con aquella tortuga moribunda de fondo. Hubiera sido casi una violación de aquel momento mágico con las frivolidades humanas que nos mantienen distraídos a diario.
Pintada en un muro de Granada.
No soy experto en tortugas marinas. Ni siquiera me atrevería a hacer un pronóstico sobre su edad. Pero aquel precioso ejemplar estaba diciendo adiós a su vida, si no lo había hecho ya. Y nosotros eramos testigos accidentales. Por un momento se apoderó de nosotros un intenso sentimiento de respeto, próximo a la pena y a la culpa. Casi como si estuviéramos pisando una zona sagrada de alguna reserva india. Pero estábamos en nuestra playa de siempre. Y eso nos desarmó por completo. Porque a fin de cuentas hacemos "nuestro" algo que no lo es. Algo que quizás debería ser una reserva de decenas o centenares de especies que tienen el mismo o más derecho que nosotros a habitar esos espacios , y a las que acabamos usurpando todo su entorno.
Avisé de inmediato al Aula del Mar, y ellos hicieron lo propio con el Centro de Recuperación de Especies Amenazadas (CREAS). Mientras, la gente empezó a agolparse, y llegaron efectivos de Protección Civil. Decidimos no esperar a curiosear en la operación de rescate. De nuevo hubiera sido otra banalidad de seres humanos. Y sentimos el absurdo de comportamientos así ante la majestuosidad de aquel bello animal.
Llovía sobre mojado con aquel inesperado encuentro. Justo el día anterior habíamos presenciado una plaga de miles de ejemplares de medusas invadiendo otra de "nuestras" playas en Torre del Mar. Probablemente porque los seres humanos nos hemos dedicado meticulosamente a esquilmar a depredadores naturales como, quizás, esa tortuga, rompiendo por completo equilibrios ecológicos de décadas. O igual que nos sucedió en estas mismas playas hace unas semanas cuando miles de ejemplares de mariquitas se debatían entre la vida y la muerte en un aparente suicidio colectivo, similar al de tantos millones de abejas que mueren ante nuestros ojos impasibles.
Mariquitas rescatadas de
envenenamiento en el Morche
Seguramente habrá quien piense que las tortugas deben morirse tarde o temprano. Igual que los depredadores de las medusas de las que luego nos quejamos. O igual que aquellas mariquitas en un aparente envenenamiento colectivo. Son, a fin de cuentas, bichos insignificantes, comparados con nuestras faraónicas urbanizaciones y campos de golf, con nuestros puertos deportivos, y con las cifras desorbitadas de turistas que ansiamos recibir. Son sólo animales. Pero aunque no nos consideramos unos ecologistas radicales, sí percibimos con fuerza que esto no se sostiene. Y menos a este ritmo. Nos faltan toneladas de consciencia sobre nuestro papel como humanos en este Planeta que habitamos. Y habrá que replantearse el rol que deberíamos jugar con el resto de especies e incluso con la propia Tierra que pisamos.
Helinah, llevando a "Mar" a la
Protectora de Animales de Málaga
Aquel encuentro en la playa nos hizo retroceder en el tiempo a hace justo un año. Por aquel entonces acabábamos de conocer a Ilse en su periplo de más de 1.000 kilómetros descalza, con su hija a cuestas, para concienciar sobre la infancia en África. Y justo cuando la íbamos a llevar a Málaga tras unos días en casa, nuestra amiga María José nos trajo a Mar, un precioso cachorro al que habían mutilado las orejas y abandonado cual despojo en la entrada de su casa. Nos movilizamos para encontrarle una familia que la adoptase, y tuvimos la ocasión de conocer a la Protectora de Animales de Málaga al  llevarla. Allí un ejército de voluntari@s se desviven por dar una oportunidad a tantos y tantos animales que sufren injustamente. Una suerte que haya gente tan comprometida. Una suerte para Mar que la adoptase una familia, en lugar de optar por la compra. Y una desgracia que aún sean insuficientes estos gestos para tanto mal que infligimos a tantas especies. Al menos los perros nos conmueven de vez en cuando.
"Tortu" en el patio de casa.
En casa nos encantan los animales. Pero decidimos hace tiempo que sólo tendríamos uno si somos capaces de darle la vida que se merece. Nada de dejarlo encerrado porque no podemos sacarlo a pasear. Nada de que se convierta en un capricho nuestro o en un objeto de consumo más. Nuestra vida ya es lo suficientemente "movidita" como para que tenga que sufrir un pobre animal por nuestra falta de tiempo. Por eso sólo convivimos con "Tortu", una tortuguita minúscula que le regalaron a los niños cuando Eva aún no había nacido y que "campa" a sus anchas por nuestro patio desde hace trece años.
Animales como nuestra "Tortu", la tortuga marina de la playa, aquellas medusas invasoras, las mariquitas, aquella perra de orejas mutiladas o quizás las vacas o los terneros de los filetes y la leche que nos zampamos a diario en un exceso inexplicable, quizás nos están pidiendo a gritos que dejemos de sentirnos el ombligo del Planeta. Y sobre todo, que dejemos de actuar como tales. Quizás nos piden que nos hagamos UNO con el resto de seres vivos. Aunque sólo sea porque quizás haya "algo" superior a nosotros, que pueda pensar: "sólo son humanos". Y a ver lo que hace luego con nosotros. Esperemos que sea más compasivo que nosotros con estos pobres animales.

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domingo, 20 de mayo de 2018

Indignación: ¿detonante o combustible?

Cuando empezamos nos guiaba la pura indignación. Había demasiadas injusticias. Demasiado evidentes y demasiado dramáticas. Y no podíamos quedarnos sentados, por muy bien que a nosotros nos fueran las cosas. E iniciamos nuestra pequeña búsqueda de un mundo diferente para vivir. Compartiendo vivencias. Tendiendo puentes. Afianzando complicidades. Impulsando proyectos.
Es cierto que fue la indignación la que nos movilizó. Pero pronto nos dimos cuenta que la indignación es un boomerang que tarde o temprano vuelve hacia ti y puede golpearte la cabeza. Nos sirvió para tomar impulso. Para desplegar las velas. Pero sólo y exclusivamente para eso. Pronto la dejamos atrás. Y tuvimos que trabajar codo con codo con gente que de una forma u otra, era partícipe de las causas que habían provocado aquella indignación. Con su voto. Con su consumo. Con su indiferencia. Con su insolidaridad.
Pronto nos dimos cuenta que continuar con nuestra indignación hubiera significado meter el dedo en el ojo ajeno, y alimentar el resentimiento hacia nosotros. Pronto aprendimos que construir a base de indignación hubiera significado arrogarse una superioridad moral que nunca tuvimos ni tendremos. Pronto sentimos que aunar esfuerzos entorno a la indignación sólo nos divide en buenos y malos, en nosotros y ellos. Y pronto nos percatamos de que todos tenemos nuestra dosis de incoherencia. Absolutamente todos. Pero incluso a veces es bueno abrazar la incoherencia en un grado intermedio, porque si es demasiada nos volvemos unos "caraduras", y si es nula, nos volvemos unos talibanes. Y construir a base de indignación y reproches hacia otros no hace sino nutrir las ansias de desnudar nuestras propias incoherencias por parte de los demás.
Por eso desde hace años dimos las gracias a la indignación por despertarnos. Pero la dejamos atrás, muy atrás. También dejamos atrás las ideologías, que están "requete-bien" pensadas para dividirnos, y decidimos abrazar con fuerza los principios. ¿Que esos principios también eran defendidos por alguien que nos generaba rechazo por lo que había defendido anteriormente? ¡Bienvenido sea! Ojalá haya muchas ocasiones en que compartamos principios, y juntos podamos construir un mundo mejor.
Por desgracia, vemos que muchas iniciativas cuyo detonante fue la indignación, siguen ancladas en la indignación para continuar funcionando. Siguen necesitando esa rabia contra algo o contra alguien como combustible para seguir adelante. Y nos da pena. Porque es cierto que la rabia y la indignación tiene un enorme poder para enfervorizar a las masas, para movilizar a los indolentes, y para activar a los resignados. Pero sólo y exclusivamente para eso. Una vez en marcha, es crucial construir incluso con los polos opuestos. Porque los indignados siempre necesitarán unos culpables sobre los que descargar su ira. Y éstos votan también. Y tratarán de protegerse de la amenaza de los gritos, los brazos en alto, y las descalificaciones.
Hacer del cabreo nuestro combustible, nos hará rechazar alianzas para formar gobiernos, dándoselo quizás a nuestros mayores enemigos. Nos hará llenarnos de tanta razón, que expulsaremos a quienes siempre fueron nuestros amigos, por no pensar como nosotros. Nos hará hacer del insulto y la confrontación nuestra seña de identidad. Hará huir a posibles aliados, que se asustarán de nuestros modos. Y avivará en otros las ganas de encontrar nuestras incoherencias, sea con chalets, másters o EREs, para airearlas a los siete vientos.
Así que, muchas gracias, indignación. Muchas gracias enfado. Muchas gracias ira, cabreo y enojo. Pero ahí os quedáis. Es tiempo del abrazo, del encuentro y de los principios, por encima de las ideologías.


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miércoles, 9 de mayo de 2018

Votar con el bolsillo y el ratón

Me tiraron los tejos. Alguno de forma más descarada y otro de forma más sutil. Pero lo hicieron. Todo a raíz de nuestra odisea educativo-musical. Y eso quizás hizo que alguno pensase en mi posible incursión en la política. Pero ni tuve la tentación. Y no sólo porque no hay ni un solo partido que considere que representa nuestra visión de la política. Sino porque hacerte de un partido aquí y ahora, te convierte automáticamente en enemigo público número uno de los demás. Da igual si eres mejor o peor. Y me apetece muy poco cultivar enemigos. Creo que el mundo necesita puentes, y no barreras ni muros. Si eres de tal color o tal etiqueta, digas lo que digas, serás sublime para los tuyos y basura para el resto. Y si no es así, tarde o temprano te verás abocado a transigir con situaciones de muy dudosa ética o buen gusto, cuando menos. Es lo que he conocido personalmente de algún político malagueño, cuando ha llegado a la primera línea de fuego. Se puede conseguir mucho, pero a veces te cuestionas el precio pagado.
Por eso, hace años decidimos (y lo hicimos como familia) que muchísimo tendrían que cambiar las cosas para que nos mojáramos en política hasta el punto de militar o participar activamente. Opinar, apoyar y proponer sí, porque ojalá que ciertas propuestas o principios se incorporaran en todos los programas electorales, y se los copiaran unos partidos a otros. Pero ir más allá, en el contexto actual , consideramos que es quemar energías esterilmente, verte obligado a transigir o defender cuestiones contrarias a tus principios, y dedicar tiempo a la confrontación. Lo estoy viviendo con gente valiosísima con el dichoso tema catalán. Gente que está trabajando concienzudamente por un mundo mejor, y que se atascan inexplicablemente en trifulcas ideológicas, olvidando que las ideologías están pensadas para dividirnos, mientras que los principios son los que nos unen. Luchemos por que haya ciertos principios que estén en todos los partidos. Pero no de boquilla, de verdad.
Hasta entonces, nuestra opción es la Democracia 4.0. Mientras tanto seguiremos votando como siempre. Pero visto cómo las "circunstancias" tergiversan el sentido de nuestro voto, sentimos con fuerza que lo de ir a las urnas cada cuatro años se ha convertido en una coartada; un respaldo a los desmanes; cuando no un cheque en blanco o un apoyo a las hostilidades con el contrario. Eso difiere mucho del sentido de nuestro voto por un pueblo, una región, un país o un mundo mejor (todos en UNO, por cierto, y cada vez con menos fronteras y líneas rojas). Y por eso, nuestra opción es ejercer directamente y sin intermediarios nuestra cuota de soberanía popular. Es lo que establece el artículo 23 de la Constitución: "Los ciudadanos tienen el derecho a participar en los asuntos públicos, directamente o por medio de representantes, libremente elegidos en elecciones periódicas por sufragio universal.". Es curioso que lo de "mediante representantes"  está muy desarrollado, pero lo de participar directamente, parece que se les ha olvidado. Pues bien, nosotros lo pedimos hace ya algunos años, pero nuestra petición, como la de otros cuantos miles de personas, parece que sigue durmiendo el sueño de los justos en algún cajón escondido del Congreso de los Diputados. A fin de cuentas no interesa que haya miles de ciudadanos que decidan ejercer la democracia participativa de forma directa a través de unos escaños ocupados virtualmente para poder votar a través de internet todas las propuestas que lleguen al Congreso de los Diputados. ¿No sería magnífico que de los actuales 350 diputados una parte de ellos (o si hubiera 351 o 360 que ese uno o esos diez  más) representaran a los locos que, como nosotros, queremos decidir una a una cada una de las propuestas, proposiciones o mociones que se debatan en el Congreso o en cualquier asamblea legislativa directamente? Técnicamente es más que posible ya, y de hecho en varios parlamentos autonómicos ya existe esa posibilidad para los/as diputados/as en baja maternal o en baja por enfermedad prolongada. Es decir: si con ellos se puede, ¿por qué no con nuestro voto y el de miles de personas más? ¿Que sería pesado estar al día de todo ese caudal de propuestas? Sin duda. Pero hay gente para todo. A lo mejor crecería, incluso, el interés por la política. A lo mejor algunos echaban a suertes su voto (algo, probablemente más edificante que lo que vemos a veces en el Parlamento). E incluso los habría que delegarían su voto en personas de su máxima confianza que siguieran los debates y los desarrollos normativos a diario. Pero claro: quizás no interese mucho a la clase política que un nutrido número de ciudadanos nos quitemos de en medio su intermediación, sus trifulcas, su postureos parlamentarios, y sus imposturas partidistas. 
Lo siento pero no queremos que nuestro voto vaya a partidos que no salen de la espiral de la corrupción, y que minusvaloran los casos aparecidos. Tampoco a los que se erigen en "salvapatrias" con una visión unilateral de la realidad, de las sensibilidades de millones de personas y las de sus territorios. Ni aquellos que hacen de la política un puro revanchismo, una confrontación entre buenos y malos, y un puro teatro de marketing para las urnas.
Tenemos claro que, mientras tanto, es mucho más productivo votar dedicando esas energías a que las cosas mejoren a través del asociacionismo, de las ONGs, de las reivindicaciones vecinales, de la educación, de la vida familiar, y del cambio que cada uno pueda aportar a su rincón de este mundo holográfico en el que vivimos. Sí, y eso también es votar . De hecho es un voto muchísimo más importante que el "acalla-conciencias" de pensar que metiendo un papel en una cajita de cristal cada cuatro años, estamos decidiendo algo. Hay muchas, muchísimas decisiones en las que poder votar por un mundo diferente. Sí, también con repercusiones políticas. ¿O se puede estar en contra de las puertas giratorias o de los lobbies energéticos y aún no cambiarse a cooperativas energéticas que democratizan el consumo energético y garantizan que sea 100% verde? Nosotros llevamos dos años en Som Energía y estamos encantados. Y acabamos de incorporarnos al Grupo Local de Málaga para animar a mucha más gente. El otro día fue la constitución del grupo provincial y daba gusto sentarte en la mesa con otros quince locos, todos jóvenes de hasta setenta y pico años, convencidos de la necesidad de contagiar el cambio a través de un consumo más verde, más democrático y menos fraudulento y monopolístico. ¿Que no es posible que eso exista? Nosotros sólo podemos decir que funciona de lujo. Si uno se resiste al cambio, no puede quejarse luego de las consecuencias.
Y no es sólo en el tema de la energía. Cada pequeña decisión o paso que tomamos, se puede revestir de consciencia. Nosotros ya no buscamos información en Google, sino en Ecosia, para que la publicidad de nuestras búsquedas en internet permita plantar miles de árboles. Cuando vamos a reservar un vuelo o un apartamento, usamos Helpfreely para que se destine a las ONGs que decidamos un porcentaje de esa compra, sin aumento de precio. Y estamos a punto de librarnos totalmente de la banca tradicional, y gestionar nuestro dinero a través de banca ética como Triodos o Coop57, a la vez que les exigimos que den más pasos por colocar en el centro a las personas y no al dinero o a sus decisiones.
Sí. Lo sabemos bien. Como dice la canción de Rozalen, "Somos contradicción, y mucho del qué dirán". Pero podemos votar todos los días. Incluso varias veces. Con nuestro bolsillo. Con nuestro ratón. Preguntándonos qué hay detrás de cada compra o de cada click. Ello quizás nos alinee más con la solución que con el problema y la queja.


NOTA: Iniciamos hace unas semanas el apoyo solidario al proyecto de Yide Bikoue, de nuestros amigos Herminio y Deniz en Camerún. Ya sabéis que este post se publica, como todo lo que escribimos, de forma gratuita y en abierto tanto en nuestro Blog como en nuestro Patreon. Pero si te gusta lo que escribimos, te ayuda, te sientes en gratitud, y quieres también impulsar un mundo diferente para vivir con nosotros, puedes colaborar en nuestros proyectos solidarios colaborando con una cantidad simbólica (desde 1€/mes) en nuestro Patreon Solidario.