domingo, 18 de abril de 2021

MeysTube (3): 20 preguntas de sentido común para no-expertos

El mayor peligro de estos tiempos que corren es que el SENTIDO COMÚN perezca y se ahogue en las turbias y siniestras profundidades del MIEDO, la FALSEDAD y la CONFUSIÓN colectiva.

Pero hay una tabla de salvación: HACERSE PREGUNTAS.

Ahí va nuestra aportación a un debate que debería ser fundamental y aún no existe. 


(pulsar sobre la imagen para acceder al vídeo)


-Pulsa AQUÍ para acceder al documento en PDF con las preguntas

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-Pulsa AQUÍ para acceder al vídeo en Odysee (por si se censura en Youtube)

viernes, 9 de abril de 2021

MeysTube (2): La palabra prohibida

Esta pandemia nos está confrontando

con la palabra a la que siempre

le damos la espalda.

Hoy le dedicamos a ella nuestro vídeo.

(pulsa sobre la imagen para ver el vídeo en Youtube)


-Para unirte a nuestro grupo Telegram: https://t.me/familia3hijos

-Mismo vídeo grabado en Odysee (en caso de censura):

https://odysee.com/la_palabra_prohibida:689db50a0cc5222d88b8884c5bd695a598c94d28



viernes, 2 de abril de 2021

MeysTube (1): Por qué damos la cara

Vivimos tiempos muy difíciles.

Quizás los más difíciles para una o dos generaciones.

Quién sabe si incluso para toda la Humanidad.

Y hemos sentido con fuerza que la aventura

que iniciamos con nuestro blog allá por 2012

tenía estos tiempos de ahora como razón de ser.

Por eso hemos querido dar un paso más y dar la cara.

Con este vídeo iniciamos esta nueva aventura.

(pulsar sobre la imagen)








domingo, 7 de marzo de 2021

Oda al díscolo

Una de las mayores decepciones de Mey en su carrera de Filología la sufrió cuando una profesora le puso un cinco "raspado", según le dijo, por no haber reproducido con puntos y comas los apuntes que ella había suministrado. Había indagado otras fuentes complementarias. Se había hecho demasiadas preguntas.

Shutterstock: Vitezslav Vylicil

Si hace 15 años nos hubieran preguntado cuál sería la principal asignatura que nos gustaría que se hubiera impartido a nuestros hijos, la respuesta habría sido clara. Desde luego no las matemáticas, la literatura o los idiomas. Sin duda habríamos elegido una asignatura de pensamiento crítico, y de aprender a hacerse preguntas. El principal problema es qué profesor y cómo podría dar esa asignatura. Pero es la base de todo aprendizaje y de toda evolución humana. 

Vivimos una época en la que buscamos respuestas para todo y con inmediatez. Se estudian asignaturas para acabar teniendo un trabajo. Se imparten unos contenidos memorísticos en las asignaturas para acabar soltándolos en un examen. Éste, a su vez, está diseñado para obtener una nota. Y esta nota será la que te abra las puertas al ansiado trofeo laboral. Incluso en la asignatura de filosofía, por desgracia, se imparte un curriculum pensado para memorizar ciertos contenidos sobre los filósofos, y poco más.. Pero, ¿y las preguntas?

De nada sirven las respuestas, si no hemos aprendido a preguntarnos antes. Y ese cuestionamiento de todo está casi ausente hoy día. Se ha perdido la capacidad de formular dos palabras mágicas: "¿Y si...? Parecen dos palabras sencillas, pero cuesta muchísimo encontrar personas dispuestas a dar el paso de replantearse si las cosas pueden ser distintas a como la mayoría las ve, o incluso como ellas mismas pensaban que eran, antes de preguntarse: "¿y si resulta que esto no es así?". Incluso es alarmante esa ausencia de cuestionamientos por parte de quienes deberían usar las preguntas y los replanteamientos en su trabajo diario, sean científicos, médicos, economistas, teólogos o políticos. Nos dan las respuestas con las que pensamos que resolvemos la "papeleta" del momento. Pero así nos va. Sin preguntarnos si esas respuestas se adaptan a lo que tenemos delante.

Shutterstock: Vitezslav_Vylicil

Y no es un problema de profesores. Es de nuestra sociedad en conjunto. Un gran profesor de preescolar nos mostraba hace años su frustración al contarnos que muchos padres le reprochaban que sus hijos empezaban con él a leer la "U" o la "P" más tarde que los niños de la clase de al lado. Esos padres querían respuestas rápidas que les permitiesen compararse con los demás y competir. Lo de hacerse preguntas, y preparar la mente para asentar el conocimiento no les valía.

Hace unos días hablábamos con Pablo sobre unos ensayos que tiene que realizar relacionados con un apasionante asunto de materia económica. Y a raíz de un vídeo que había visto Mey, le planteamos una duda. Esa duda le puso a la defensiva. Y casi nos reprochaba que hubiéramos dado un giro a nuestra posición inicial con esa duda. Pero no. Cuando uno se hace preguntas que antes no se había planteado, a veces se llega a respuestas que habías dejado olvidadas detrás de tu ideología, de tu educación, de tu forma de ser, o incluso de tus prejuicios. Por eso el hacerse preguntas debe ser un ejercicio diario que debemos cultivar hasta el último día de nuestra existencia. Y sin embargo, es una tarea muy devaluada.

Cuando hace ya un año se inició esta historia de la pandemia y empezó a haber cosas que no cuadraban, respuestas incoherentes, y explicaciones sin sentido, empezamos a hacernos preguntas. Probablemente más que nunca en nuestras vidas. Y cuando compartíamos esas preguntas, en el 99% de los casos, a nuestro alrededor, sólo nos daban respuestas. "No, es que he visto en instagram...". "No, es que dice la OMS..." "No, es que según el ministro...". "No, es que si millones de médicos hacen lo mismo, y nadie ha dicho nada..." Para nuestra sorpresa, nos habíamos introducido en un gigantesco túnel universal en el que las respuestas estaban prefabricadas y listas para ser engullidas por una masa sin capacidad de plantearse preguntas. Y eso asusta mucho. Mucho más que el "virus de marras". Por eso nos gusta estar muy atentos a díscolos de peso, con argumentos, conocimiento, experiencia y clarividencia, aunque los pongan "a caldo". Gente como el Dr. Benito, la Dra.Forcades, la Dra. Acevedo, José Luis Parise o el propio Emilio Carrillo.

Shutterstock: Lightspring
Hacerse preguntas hoy es "chungo". Muy "chungo". Es arriesgarte a verte etiquetado, excluido y vilipendiado. Es peor que un insulto. Mucho peor incluso que ser escupido a la cara. En estos tiempos de pandemia, hacerse preguntas acarrea automáticamente recibir el calificativo de "negacionista". Es lanzarte directamente al ostracismo o a la más profunda de las cloacas. Y te ves a esa masa informe repitiendo como "papagayos" con el dedo acusador señalándote y diciendo: "negacionista, negacionista"...Pero según la Real Academia, el negacionismo es simplemente una actitud que consiste en la negación de determinadas realidades y hechos históricos o naturales relevantes. Ni más ni menos. 

Ser negacionista no es otra cosa que ser un inconformista, un díscolo que va contra corriente de lo que se considera como adecuado, racional, prudente o consensuado. Alguien que se hace preguntas ante una realidad sobre la que los demás parecen no cuestionarse nada. Pero la historia de la Humanidad sólo ha avanzado a golpe de negacionistas que tuvieron el coraje y la perseverancia de luchar contra lo establecido en su tiempo, y mostrar al resto la luz de una verdad hasta entonces oculta a base de creencias de todo pelaje.

Sin embargo no se trata de ser díscolos porque sí. Para nosotros, el ser inconformista o ir contra corriente no es un valor en sí. El valor se lo da el hecho de que esa actitud va respaldada por el estudio, el esfuerzo, la experiencia, o el empuje por alcanzar un alto ideal. Y eso es pura valentía. Porque lo cómodo es apoltronarse en lo que repite la mayoría, y seguir al rebaño sin plantearse nada. Lo difícil es sostener una postura cuando todo el mundo parece opinar lo contario, y encima tener argumentos para hacerlo. Pero cuidado: hay quienes hacen del "ir en contra" una forma de vida, y edifican su identidad sobre ello. Y un díscolo que no es capaz de ser flexible ante las circunstancias, las evidencias o los principios superiores, y se enroca en lo suyo, se acaba llenando de ego, y hace de su argumento pura tiranía, que no genera sino antipatía. Por desgracia eso es algo común en nuestra política nacional.

Los científicos admirados en películas y libros de Historia son los que negaron lo anterior e impulsaron algo nuevo. Igual que los descubridores, los conquistadores, los inventores y los héroes que defendieron derechos y libertades que hoy creemos que cayeron del cielo. Como dice Bayce, ¿qué hubiera sido del mundo sin profetas, hazañas o utopías?

Cristóbal Colón
Cristóbal Colón fue un díscolo negacionista que no aceptó la "verdad oficial", según la cual se caería al vacío si cruzaba la línea del horizonte. Y de paso descubrió América. Le siguieron otros díscolos negacionistas que no aceptaron lo de que la Tierra era plana y se animaron a doblar el Cabo de Buena Esperanza, apostando por que la Tierra fuese redonda y poder volver a España por un mar opuesto a aquél por el que habían llegado.

En el ámbito de la ciencia, Nicolás Copérnico fue otro díscolo irreductible que supuso que el Sol era el centro del Universo y que la Tierra y los demás planetas giraban a su alrededor, toda una barbaridad para la concepción geocéntrica de la época. Johannes Kepler, también ilustre díscolo negacionista, es bien conocido por sus leyes sobre el movimiento de planetas en su órbita alrededor del Sol. Su madre fue acusada de brujería, otra forma histórica de catalogar a los negacionistas. Las ideas de Kepler chocaron directamente con la Santa Sede que incluyó sus libros entre los títulos prohibidos. Peor suerte correría el díscolo Galileo, que a pesar de ser considerado como el padre de la astronomía moderna, de la física moderna o de la propia ciencia, tuvo que soportar que se prohibiera su obra y se le condenara a la cárcel. 

Marie Curie

Pero no hace falta irse tan lejos en el tiempo. Marie Curie unió a su condición de díscola negacionista, otro pecado capital: el de ser mujer. Fue la primera persona en recibir dos Premios Nobel en dos especialidades diferentes, y la primera mujer en conseguir ese preciado galardón. No obstante, la sociedad de su época casi logró privarle de ambos. El primer Nobel, compartido con su marido Pierre, se le otorgó ante la amenaza de él de no aceptar el premio si ella no era también recompensada. Y en el segundo Nobel, recibió críticas feroces en los titulares de todos los periódicos, siendo tachada de adúltera, y presionada  para no ir a recoger el galardón, aunque un joven Albert Einstein la animó finalmente a que lo hiciera.

Malala Yousafzai
La historia de los derechos de los que disfrutamos cotidianamente, está también jalonada de díscolos negacionistas. Baste nombrar sólo un par de ellos: Emmeline Pankhurst, activista y política británica que lideró el movimiento sufragista en su país, y cuya lucha fue crucial para lograr el derecho de las mujeres a votar en Gran Bretaña, con todo en contra. O la joven paquistaní Malala Yousafzai, que en 2008  se planteó con vehemencia una simple pregunta: por qué los niños de su país tenían limitaciones en la educación, recibiendo por ello varios balazos en la cabeza por extremistas talibanes, que afortunadamente no le impidieron recibir a los 17 años el Premio Nobel de la Paz.

Rosa Parks
A veces ese inconformismo díscolo surge de un gesto sencillo y simple, como el de la costurera Rosa Parks en Alabama , que se hizo la pregunta de por qué iba a tener que cederle el asiento en un autobús a un blanco, y con ello inició el camino para la primera gran victoria de los negros americanos contra las leyes racistas en Estados Unidos.

Y por supuesto, forma parte de ese proceso negacionista la ruptura con lo que se considera habitual, cotidiano y asumido. Así, hoy sería inconcebible ir al médico y que éste te recibiera fumando, o tener que aguantar los humos del tabaco de otros en la oficina o en el cine. Cuando se planteó la prohibición en 2006, (antes de ayer, como el que dice) una gran mayoría lo consideró una idea absurda y díscola, algo inconcebible que supondría el hundimiento de la economía. Han pasado sólo unos pocos años, y fumar en cualquier sitio cerrado sería un auténtico atropello. 

Por eso, en estos tiempos de coronavirus, pensemos dos veces, antes de arrojar la piedra del insulto o la descalificación como "negacionista" a quienes no comparten algunas de las "verdades oficiales" que gobiernos, medios de comunicación e instituciones internacionales nos están imponiendo a base de repetirlas y de imponerlas por la fuerza de la ley. Quien insulta de esa forma, se descalifica a sí mismo. A ver si dentro de unos años, resulta que nos vamos a reír a carcajadas o nos abochornamos recordando lo que nos "tragamos" en relación a las PCR, a los toques de queda, a los cierres perimetrales, a la prohibición de actividades económicas, a su clasificación en esenciales y no-esenciales, a la imposición de las mascarillas, y a la vacunación universal que hoy nos ocupa. ¿De verdad no pensamos que hay preguntas de sobra para hacerse en esta realidad pandémica que estamos viviendo? ¿O será simplemente que nos informamos, NO para buscar la verdad, sino para vernos reafirmados en nuestros puntos de vista? En ese caso, estaremos suspendiendo esa asignatura de pensamiento crítico, por mucho tiempo que haya pasado desde que abandonamos el colegio.

Shutterstock: Paolo Certo
Hace años decidimos que en casa debíamos proporcionar esa asignatura de pensamiento crítico y de hacerse preguntas sobre la realidad. Fuera como fuera. Y por eso llevamos a los niños desde pequeños a ecoaldeas y lugares lejanos donde hubiera gente replanteándose la forma de vivir la vida, nos gustaran más o menos esos sitios. Por eso quisimos que viajaran, que recorrieran los caminos, y se hicieran preguntas que alguien que no se ha movido de su pueblo quizás no se haga nunca. Y por eso les animamos a que abrieran sus puertas a huéspedes y se sintieran acogidos por anfitriones. Que entraran en contacto con poetas, con soñadores por un mundo mejor, y con los "locos" de este mundo...  

Nuestros hijos aprenderán muchas matemáticas, mucha literatura y muchos idiomas si se apasionan por hacerse preguntas, y cultivan la curiosidad por aprender, por ver las cosas desde otra perspectiva, y por buscar la verdad, aplicando el sentido común. Y sin duda, la salida laboral, que a tantos padres preocupa, llegará como consecuencia de todo ese proceso, y cuando toque. Pero ¿de qué sirve obsesionarse por conseguir un trabajo, si la vida se vuelve gris por acallar tantas y tantas preguntas?

 Si te atreves a hacerte preguntas a pesar de todo y de todos, y al final acabas confirmando tu idea inicial, ¡olé por ti! Pero si tienes el coraje de hacerte preguntas contra corriente, y te das cuenta que las respuestas no son las que pensabas o las que todo el mundo repite como autómatas, y además decides "tirar para adelante" a pesar de lo que digan de ti, o cómo te etiqueten, te mereces una medalla. Porque entonces eres un diamante en bruto. Y entonces brindaremos por ti y por todos los díscolos como tú ¡Ojalá no paremos de hacernos preguntas! ¡Y ojalá ayudemos a nuestros hijos a que no paren de hacérselas! De ello depende el futuro.

lunes, 1 de marzo de 2021

No claudicar

 1) Madrugada del viernes 26. Tres fuertes manotazos en los cristales retumban en toda la furgoneta. El susto es de muerte a esas horas. Varias personas merodean alrededor del vehículo. Cuando abrimos los ojos, dos potentes faros nos apuntan directamente. A ellos se suma una inconfundible luz azul. Una de ésas que durante la pandemia exhiben a todas horas la Policía y la Guardia Civil. No tenemos escapatoria. Tampoco tenemos ni idea del motivo de ese despliegue. Suelo tardar mucho en recomponerme cuando me despierto a mitad de la noche. Así que me quedo "encasquillado" unos instantes resolviendo dilemas filosóficos: ¿dónde estamos?; ¿qué pasa?; ¿es esto una pesadilla o una película distópica?... Mey, sin embargo, se pone la mascarilla sin titubear, y en un "santiamén" abre diligente la ventanilla de la "furgo".

-"Buenas noches, ¿hay algún problema?"

-"¿De dónde son ustedes?", responde el guardia civil

-"De aquí al lado, de Vélez-Málaga", contesta Mey.

-"¿¿¿De Vélez-Málaga???". El tono y los ojos del agente evidencian que no le cuadra nada.

-"Sí. Esto es lo que tenemos más cerca para disfrutar y evadirnos un poco de todo lo que está pasando. ¿Hay algún problema? ¿Quiere que le mostremos nuestra documentación?"

-"No, no hace falta", responde.

-"¿Vienen ustedes con este otro vehículo de Granada?" (refiriéndose a otra furgoneta que estaba allí aparcada, cerca de nosotros, y en la que ni habíamos reparado)

-"No. No les conocemos".

Adivinando ya por dónde parece ir la cosa, Mey añade: "No se nos habría ocurrido incumplir el cierre perimetral provincial con matrícula de Granada, con una furgoneta con este color rojo chillón, y con estas cortinas de estrellas... No es buen plan para pasar inadvertidos, la verdad..."

-El agente por fin sonríe, y asiente con la cabeza. Todo se distiende.. 

A esas alturas, el guardia ya nota que se han pasado de frenada con nosotros. Que no hemos infringido el cierre provincial. Falsa alarma para ellos. Se relaja, nos advierte sobre la protección del paraje natural en el que estamos, nos pide disculpas dos veces, y nos desea buen descanso. A buenas horas...

El episodio policial de la noche anterior es la excusa perfecta para romper el hielo por la mañana con los vecinos de las autocaravanas cercanas. La familia británica de nuestra derecha se asustó mucho con el incidente, pero a ellos ni les molestaron. Llevan 3 meses vagando por donde les dejan acampar, desde que allá por noviembre les anunciaron que en España el Covid tenía muy buenas cifras, y cuando ya estaban aquí, se vieron encerrados "a cal y canto", y sin apenas campings abiertos donde pernoctar. Están contando los días para coger el ferry en Santander, haciendo cálculos de la cuarentena y de lo que les van a costar las varias PCR que cada miembro de la familia deberá hacer a la vuelta. Ya lo tienen asumido. Son la viva imagen del "que pare el mundo, que yo me bajo". Al menos desde noviembre. La adversidad une. Mey les aconseja sitios donde pernoctar y un restaurante "bueno, bonito y barato". Les dejamos nuestro teléfono, "por si las moscas". Y si hubiéramos tenido jardín, allí estaría ahora su caravana.

Con la pareja de la izquierda, la conversación es más larga. Sobre todo con Rosa. Ella era la de la otra furgoneta granadina, y la policía también le apretó. Lleva treinta años ejerciendo la enfermería y se ha desengañado ahora después de ver desde dentro tantas cosas que no le cuadran. La pandemia y la vacuna parecen haber sido la gota que colma el vaso. Sorprende descubrir tanta afinidad en auténticos desconocidos. Tanta como para abrazarles, como quizás haga meses que no lo hagamos con familiares cercanos. Cosas de esta pandemia. O del miedo, quizás.

Tras desayunar y recoger, decidimos cambiar de aires, y marcharnos a la montaña. Pero apenas hemos recorrido dos kilómetros, cuando se nos pone delante un coche de la policía local, y en una maniobra de película, en plena rotonda, nos corta el paso y se acerca uno de los agentes. El otro también se baja, cruza los brazos, y abre las piernas.

-"¡Póngase la mascarilla!", me ordena con contundencia.

Reconozco que las formas y el tono, unidos a lo sucedido la madrugada anterior, me molestan tanto que a punto estoy de responder con la misma actitud. Pero respiro dos veces, y me la pongo por respeto a él y para evitar males mayores. La escena me suena a "dejá-vu". Por eso intentamos Mey y yo adelantarnos a sus palabras con un "¡Somos de Vélez-Málaga!". De poco sirve el intento.

-"¡La documentación!", nos exige.

Tras mostrarle nuestros DNIs y carnet de conducir, comprueba que no mentimos. Nuestra matrícula es de otra provincia, pero nosotros somos malagueños y vivimos en la provincia de Málaga. En esta ocasión no hay disculpas. Pero se le nota en la cara que el "paripé" de la rotonda, el compañero de respaldo con las piernas abiertas, y su tono y actitud han resultado un poco cómicas, dado el resultado. Cuando le decimos que es la segunda vez que nos pasa, tan sólo atisba a decir: "Es por el bien de todos". Me río a carcajadas por dentro.

Mientras ascendemos camino de Frigiliana, no puedo evitar pensar las energías que los seres humanos desplegamos para crear unas normas, que nos acabamos creyendo "a pies juntillas", y que defendemos "a capa y espada" con la fuerza coercitiva que sea precisa, como si de verdaderos delincuentes se tratase. ¿De verdad, si hubiéramos cruzado esa frontera inexistente con Granada, existiría peligro de algo? ¿De verdad vale la pena ese derroche de energía y de desconfianza? Ante una anécdota tan insignificante, Mey y yo no podemos evitar pensar en tantos y tantos miles de personas que llevan la "matrícula de Granada" grabada en el color de su piel, y que pagan el cruzar otras fronteras ficticias con la detención, el maltrato o incluso la muerte. O incluso aquellos cuya "matrícula de Granada" consiste en haber montado con todo el esfuerzo de su vida un negocio que ahora alguien, desde su despacho, condena a la muerte, catalogándolo de "no esencial". No debemos rendirnos. Seguro que el sentido común acabará prevaleciendo.


2) Hemos aprovechado el puente del Día de Andalucía para una "escapada de novios" y volver a disfrutar de la furgoneta tras muchos meses de "parón". Somos conscientes de que mucha gente pensará que es una irresponsabilidad. Y que los desplazamientos, aunque sean dentro de la provincia, deben reducirse a lo estrictamente necesario. Probablemente estas personas y muchos responsables políticos y sanitarios pensarán que disfrutar largas horas de sol en pleno mes de febrero en los acantilados de Maro no es necesario. Dirán que dormir bajo una luna llena y con el rugir de las olas no es necesario. Que tampoco es necesario contemplar los delfines o las olas que nos han deleitado estos días. Que la subida a un pico cercano al Acebuchal, y que aquella tarta de queso en aquella cafetería tampoco son necesarios. Que volver a nuestro restaurante favorito tras meses, tampoco es necesario. Ni tampoco reencontrarse con las calles de Málaga. Que experimentar la calma de los embalses de Ardales tampoco es necesario. Que contemplar el vuelo de los buitres, disfrutar de las vistas desde el Pico de la Cueva, y zamparse un bocata contemplando cómo se evacúan hectolitros de agua desde uno de los embalses tampoco es necesario. Y puede que lleven razón. Porque si sólo se piensa en una teórica "lucha" contra un virus, sólo es necesario lo que sirva a esa lucha. Y ahí, lo más eficaz es que todos nos quedemos encerrados bajo veinte candados, eso sí, bien pertrechados delante de nuestras respectivas pantallas, para que interioricemos bien los mensajes que toque obedecer en cada momento. Pero ya me dirán qué vida es esa. La que, de hecho, están viviendo millones de personas, de forma consentida, además. Lo sentimos mucho, pero no. Sin incumplir ninguna norma, pero no claudicaremos a ese "engendro" de vida que muchos consideran que es el necesario en estos tiempos que corren.


3) Jueves 25. Poco antes del incidente policial, participamos en un encuentro histórico. Eso sí, por videoconferencia, como ordenan estos tiempos. La bisabuela de la familia cumple nada menos que cien años. Hijos, nietos, bisnietos y sus familias nos vemos las caras desde distintos puntos de España y Francia. Ella está como su nombre, como una rosa. Casi como la conocí yo hace treinta años. Incluso el periódico local le ha dedicado un amplio artículo, y posa en una foto junto al alcalde del pueblo. Ya quedan pocas como ella. Pero es cierto que la guerra y los campos de concentración la han curtido mucho en eso de no doblegarse ante nada, por mucho que ahora se tema por la vida de las personas de más edad y vulnerabilidad.

Por si fuera poco, un día antes nace su octavo bisnieto, Rodrigo, segundo hijo del hermano de Mey. Todo un regalo para la familia. Sus padres tampoco se han rendido en un parto que ha resultado más complicado de lo esperado. Pero cuando alguien tiene claras las prioridades en la vida, no hay contratiempo que se ponga por medio. Que se lo digan a los padres de Rodrigo...


4) Domingo 28. La ruta del Gaitanejo nos ha dejado exhaustos. Pero también esa sensación que siempre busca cualquier montañero: el contacto con la naturaleza, una vibración más acompasada con nuestro planeta, y la satisfacción de superar los propios límites. Probablemente es una de las rutas más bellas que hemos disfrutado en mucho tiempo. Y por eso nuestra alegría es doble al llegar a la furgoneta. Pero nos espera una sorpresa desagradable. Poco nos podemos imaginar que, al intentar abrir el vehículo, éste está abierto, y tres de sus cuatro cerraduras han sido forzadas. El corazón se acelera. ¿Por qué? ¡Con lo bien que lo habíamos pasado! ¿Qué se habrán llevado? ¿Estarán aún por aquí? ¿Vamos a comisaría a denunciarlo? ¿Cómo es que nuestro seguro no cubre nada de esto?...

Después de un día tan especial, los nubarrones de la adversidad y los contratiempos nos acechan. Pero de repente, la sabiduría de Mey se impone: "Esto no nos va a estropear estos días. Es sólo dinero. Y debemos dar gracias, porque no les ha dado tiempo a llevarse la furgoneta". Efectivamente. Sólo están dañadas las cerraduras, pero no parece que les haya dado tiempo a llevarse nada. Es decisión nuestra optar por seguir disfrutando, o lamentarnos por esta contrariedad. Como en el resto de la vida, en realidad. Elegimos disfrutar, y acabamos el día riéndonos a carcajadas por whatsapp haciendo bromas con los niños.


Estos días no he podido evitar acordarme de amigos y familiares que lo están pasando mal, muy mal. Personas que sufren de soledad, de miedo, de cáncer, de depresión, o de intensos dolores. Personas a las que queremos, y que se encuentran en una disyuntiva, como las pequeñas disyuntivas que nos hemos encontrado estos días nosotros. ¿Íbamos a renunciar a seguir disfrutando por llevar una matrícula de otra provincia? ¿Íbamos a dejar de vivir con intensidad estos días porque muchos piensen que no eran necesarios esos desplazamientos? ¿Iban a rendirse la bisabuela porque pocos lleguen a su edad, o Rodrigo ante las complicaciones de un parto? ¿Vamos a amargarnos un día inolvidable, porque hayan intentado robarnos la furgoneta? Los obstáculos y las dificultades nos acaban haciendo más fuertes. Por favor: no claudiquéis.

viernes, 19 de febrero de 2021

Positivo en COVID-19 (Érase una vez una pandemia- 7ª parte)

Uno de nuestros hijos ha dado positivo en Covid. Llevaba varios días con mal cuerpo, y cuando perdió el olfato y el gusto, la confirmación era casi segura. Salvo eso, y un poco de tos, lo está llevando sin mayor problema. El resto de la familia estamos bien. Mantenemos una estricta distancia de seguridad con él de ocho mil quinientos kilómetros. Allí, en la Universidad de Oklahoma, se ha mudado durante la cuarentena a otra habitación en un edificio específico destinado a tal fin. Y él, con su actitud positiva de siempre, lo ha visto como una oportunidad para ponerse al día con sus "essays" y con el violín, ahora que le han invitado a una "master class". Además, tampoco perderá tantas clases, ya que las han cortado por una tormenta que ha dejado los termómetros "tiritando". Ya mañana acabará su aislamiento.

Las pocas personas que han sabido lo de su positivo, han torcido el gesto o la expresión. Unas por el miedo, creyendo quizás que también nosotros estaríamos asustados, intentando tranquilizarnos con argumentos sobre su juventud o su fortaleza. Otros por el estigma de una enfermedad para la que se reparten culpabilidades a discreción, especialmente en esta especie de fobia a los jóvenes que parece haberse extendido por todos lados, como si todo contagio debiera acarrear una culpa y un castigo. Pero no. Una vez que vemos que él está bien, no estamos asustados. Mucho más nos preocupó cuando de pequeño estuvo cerca de la peritonitis por una apendicitis mal diagnosticada, o cuando Samuel se abrió de lado a lado el labio en una caída por la escalera. En este caso, parece que una compañera de trabajo del supermercado le pudo contagiar trabajando. Pero si le hubiera contagiado tomando un café, viendo una película o contando chistes con los amigos, tampoco hubiéramos "culpado" a nadie de nada. Hoy, son cientos los titulares de noticias que se ensañan con las "fiestas de jóvenes" y con las "actitudes festivas", olvidando que más de uno fue joven y quiso también disfrutar de la vida con veinte años. Habrá quien piense que, como padres, deberíamos estar asustados o buscar culpables, viendo como está el "patio". Puede que seamos "padres asintomáticos", y no actuemos como muchos padres o madres hacen. Pero también puede ser que hayamos decidido no dejarnos arrastrar por esta narrativa  absurda del "monotema" de la Covid. Puede que los padres debamos dar ejemplo, si aspiramos a que la juventud cambie el mundo con valentía. Y puede que hayamos decidido darle a cada cosa su importancia. En el caso del contagio de Pablo, la importancia parece no ir más allá de un resfriado o una gripe. Y las estadísticas y los estudios científicos lo avalan para su edad. Al menos por ahora. ¿Nos vamos a preocupar (ocuparse antes de tiempo) por las malas noticias que puedan llegar en un futuro, si acaso llegan? Mesura, pues. Controlemos las estridencias.

Probablemente nos dirán que, cuando hay tantos contagios y tantos fallecimientos, razonar así puede ser frívolo o incluso irrespetuoso. De verdad que no. Nos sentimos profundamente apenados y afectados por tantas y tantas familias que están sufriendo por esta enfermedad y por sus consecuencias. Tanto las derivadas de un positivo, como las derivadas de las repercusiones por las medidas draconianas que se están adoptando, teóricamente para combatir el virus. Por eso queremos actuar con equilibrio en cada situación, y dar a cada circunstancia la importancia que tiene, sin dejarnos arrastrar por histerias colectivas o reacciones viscerales. De lo contrario, es como si quisiéramos acabar con los piojos utilizando un lanzallamas.

La semana pasada, Mey pasó un mal rato al ir a comprar dos botellas de leche al supermercado. A la salida, un señor vendía bolsas de mandarinas a un euro. Las bolsas eran del propio supermercado. Y las mandarinas, probablemente recogidas del suelo de alguna de las muchas fincas de la comarca. Era su forma de buscarse la vida como fuera. Le compró una bolsa, y ya en el aparcamiento la detuvo otra señora suplicándole que le diera trabajo en casa para la limpieza, o para cualquier tarea agrícola. Ya son varias las personas que se le han cruzado en esa misma tesitura. Gente que ya no puede ni poner un cartel en los locales comerciales, cerrados durante todas estas semanas. Mey la escuchó durante un buen rato. Toda su preocupación. Toda su inquietud. Quizás era lo que más necesitaba: ser escuchada y sacar esa angustia fuera. Lo de darle lo que llevaba en el monedero, quizás fue lo de menos.

Dramas así contrastan dolorosamente con los de personas, también cercanas, sufriendo por asuntos que nos podrían parecer triviales, comparados con los anteriores, como tener que ir a trabajar presencialmente, o tener que llevarse el portátil a casa "a la fuerza". Gente que te increpa por sacar la nariz de la mascarilla unos segundos para tomar aire y despejar el dolor de cabeza, o por tocar un documento que podría llegar a tocar otro. Pero, aunque el motivo del sufrimiento esté en las antípodas, dicho sufrimiento nos obliga a escarbar dentro de nosotros mismos, para hacernos conscientes de lo que nos está pasando. Y todo esto de la pandemia nos está removiendo mucho por dentro. Nos parezca justificado o no. Nos resulte más o menos trivial.

Este sábado era el primero que podíamos ir a comprar productos no esenciales tras casi tres semanas. La chica del hipermercado, muy simpática, nos soltó todo su arsenal de razonamientos y argumentos sobre la irresponsabilidad de la gente, sobre el pánico, y sobre la lucha encarnizada contra el virus. La escuchamos con el máximo respeto durante un largo rato. Necesitaba desahogarse. Era una chica encantadora y una comercial excepcional. Y ni Mey ni yo hicimos el más mínimo intento por contradecirla en nada. ¿Por qué colocarse en bandos distintos por tener una interpretación distinta de lo que está pasando? A ella y a sus compañeros estos días los habían increpado clientes, llamándoles "asesinos" o "criminales" simplemente por pedirles que se pusieran bien las mascarillas al entrar al establecimiento. Ninguna versión de la realidad es tan válida ni tan cierta como para justificar el enfrentamiento, la violencia o la simple falta de respeto. Pero la situación está generando estos graves trastornos, que no hacen sino apelarnos en la búsqueda del equilibrio.

Esta semana lo vivíamos también con la noticia de que la Princesa Leonor se iba a estudiar el bachillerato internacional a uno de los colegios en los que ha estudiado también Pablo. No somos precisamente monárquicos en casa, pero nos alegramos por el hecho de que la futura Reina pudiera vivir en primera persona una experiencia tan heterogénea y enriquecedora para tener una perspectiva de la realidad, alejada de los privilegios de palacio. Pablo, como le sucederá a ella, tuvo de compañeros a refugiados becados, a jóvenes que habían sufrido la esclavitud en pleno siglo XXI, y pudo experimentar los polos opuestos de este loco mundo. Eso, con 18 años curte mucho. Pero nos apenó enormemente comprobar cómo se denostaba sin conocimiento alguno el elitismo de esos colegios, con tal de socavar a la monarquía. Tanto fue así, que tuvieron que sacar un comunicado al respecto. Fines que justifican medios. Mi verdad frente a la verdad. Desequilibrios por doquier.

Muchas mañanas  salgo a desayunar con un buen amigo del trabajo. Tenemos opiniones radicalmente opuestas en política, economía, y por supuesto sobre la pandemia. Y a pesar de que no rehuimos el contraste de pareceres, sin embargo, cada vez nos llevamos mejor. Cada vez colaboramos más en distintos proyectos de la oficina. E incluso hemos empezado a impulsar juntos un proyecto medioambiental fuera del trabajo. Somos muy distintos. Pero nos respetamos enormemente, compartimos la necesidad de dar el 100% en cada asunto en el que nos involucramos, y nos encanta el buen humor. Así que ¿qué más da lo que se piense o lo que se opine? ¿Acaso somos lo que pensamos, o simplemente SOMOS?

Vivimos una época loca y absurda en la que las cifras diarias de positivos por Covid dirigen nuestros pasos como Humanidad. Como si controlando las distintas olas de contagio de esos positivos, todo marchara bien. Pero olvidamos que hay otras cuestione que hay que cuidar. La de nuestra actitud, nuestra solidaridad y nuestra empatía hacia los demás. Ahí hacen falta muchos positivos. Muchísimos. Por eso, cada vez estamos convencidos de que esto no es tanto una crisis sanitaria o económica, sino sobre todo es una crisis humana que nos obliga a replantear a qué dedicamos nuestras energías. ¿Vamos a seguir desperdiciando nuestra energía mirándonos al ombligo, muertos de miedo, construyendo muros frente a los demás, viendo al vecino como nuestra amenaza, y sintiéndonos víctimas de lo que está pasando? ¿O seremos capaces de empatizar con los muchos sufrimientos que están viviendo los demás, sintiéndonos un TODO como Humanidad?

No nos engañemos. No va a llegar nada ni nadie que nos saque de ésta. Ni siquiera la "divina" vacuna. La vuelta a la normalidad como meta, o la recuperación de una felicidad que todos parecen añorar pero de la que parece que nadie era consciente entonces, no va a ser cuestión de arte de magia. Va a depender de la disposición a encontrar dentro de nosotros lo que siempre pensamos que estaba fuera, y buscábamos en una lucha frenética por todos lados. ¿Estaremos dispuestos a buscar y cultivar la felicidad desde el interior, o seguiremos esperando a que nos venga de fuera, o no las traiga alguien o algo?

Quizás no hayamos vivido una época que nos interpele tanto como ésta. Habrá que sacar todo lo positivo que llevamos dentro en esta época del Covid.

domingo, 31 de enero de 2021

Discrepar con consciencia (Érase una vez una pandemia- 6ª parte)

Sabemos que quizás a partir de ahora haya personas que dejen de leernos o de seguirnos en las redes sociales. Hoy, 31 de enero de 2021, son algo más de 258.000 las visitas que tenemos en nuestro blog familiar y más de 4.500 seguidores en twitter. Y quizás se estanquen desde lo de hoy. Pero hace ya años que esas cifras dejaron de preocuparnos, y sobre todo, dejamos de alimentarlas con nuestro tiempo y nuestra dedicación, como un objetivo en sí. De hecho en una reciente entrevista por internet, nos ofrecieron hacernos publicidad del blog, del Patreon y de las redes sociales, y decliné amablemente el ofrecimiento. No queremos ser esclavos ni dependientes de nada ni de nadie. Y menos aún de los "likes" o los "me gusta". Y precisamente por eso, hoy sentimos que debemos hablar con contundencia, y mucha gente nos abandonará, echando en falta, quizás, el tono familiar o distendido de otras veces. Lo sentimos mucho, pero percibimos con mucha fuerza que debe ser así, al menos hoy. Y es el precio que estamos dispuestos a pagar. Sin abandonar la búsqueda del equilibrio. Pero es momento de que, desde la consciencia, alcemos aún más la voz. Y lo hagamos con rotundidad. No podemos permitir que nuestros hijos o nuestros nietos nos reprochen un día que no lo hicimos. O al menos que no lo intentamos. Es demasiado lo que hay en juego.

Hay dos razones para hacerlo. En primer lugar, porque no queremos que la indignación y la rebeldía que nos genera todo lo que estamos presenciando, se nos enquiste dentro, se somatice, y nos acabe generando una úlcera o algo peor. Y en segundo lugar, porque más allá de las reacciones de familiares, amigos y compañeros de trabajo, todos tenemos una misión en esta vida, algo superior que nos guía y ante lo que dar cuentas, y en estos momentos, eso es más importante que lo que puedan opinar de nosotros, viendo lo que se está poniendo en juego en este tablero.

La Humanidad está pasiva. Vive impasible uno de sus momentos más importantes. Y muchísimos seres humanos asisten al espectáculo como si no fuera con ellos. No queremos formar parte de esa masa conformista. Y queremos ejercer con la mayor rotundidad nuestro derecho a disentir, sabiendo que podrán censurarnos (como ya han hecho con personas cercanas). O que incluso algunos de los que os habéis sentido cómplices de nuestras andanzas y testimonios durante estos nueve años, decidiréis darnos la espalda. Pero las injusticias y amenazas que todos estamos presenciando no serían posibles sin nuestro silencio colectivo y cómplice. Por eso, desde luego, nosotros no vamos a callar. No queremos ser cómplices de esta canallada.

Es cierto, como muchos dicen, que todo lo que está pasando es perfecto y debe suceder así. Y quizás tiene que serlo, como forma de que muchas personas den un salto consciencial ante tanto atropello y "sinsentido". Siempre ha sido así. Millones de personas sólo dan el paso necesario cuando las cosas no pueden ir a peor. Pero quizás en ese proceso tengamos también, cada uno de nosotros, un papel que jugar. Y debemos jugarlo.

Hace unas semanas discutíamos con uno de nuestros hijos sobre el coronavirus y las vacunas. Siempre procuramos aportarles continuamente todo tipo de informes, estudios y actualizaciones legislativas dentro de esta locura en la que vivimos. Y llega un momento en que ante la saturación por tanta información, no leen lo que les filtramos, y se limitan a reproducir como propios los argumentos superficiales de amigos, instagramers y medios de comunicación de todo "pelaje". Es, en definitiva, lo que hace el 99% de la población. Pero en este caso Mey le paró en seco: si sus argumentos no se basaban en hechos y en un debate en profundidad, no había nada de qué hablar. No tiene sentido discutir sobre opiniones, ideas, rumores, o noticias sesgadas, partiendo de creencias limitantes y difícilmente modificables. Ese es el terreno que lo empantana todo. Debemos seguir trabajando por buscar la verdad, a pesar del enorme esfuerzo que supone hallarla entre tanta mentira y tal volumen de información permanentemente actualizada. Es el precio de la consciencia hoy día.

Por eso, aunque no es nuestra especialidad, nos estamos haciendo "expertos" en microbiología, en epidemiología y en medicina, a base de tanto estudiar para entender, de verdad, lo que está pasando. Y procuramos huir de las "opiniones" o de las "posiciones" en un sentido u otro. Cuando alguien nos pone una etiqueta, quizás no se da cuenta de que realmente se etiqueta a sí mismo/a. Porque la realidad es tan compleja que sin acudir a los hechos es imposible entender todo esto. Y para nuestra sorpresa, cuando hemos tratado de descender a las fuentes y a los hechos, con estudios científicos muy concretos y con cifras oficiales, nos hemos encontrado con dogmatismos incluso desde el mundo científico, descalificando un estudio o un análisis porque lo decía "fulanito" o un "don nadie", sin entrar ni siquiera a leerlo para refutarlo. También hay quienes se niegan a complicarse la vida, y prefieren no saber, o repetir tal cual lo que su radio o tele "amiga" les dice al oído. Bien. Que cada cual aguante su vela.

El 23 de agosto de 1973, Erik Olsson entró en una sucursal del Banco de Crédito de Estocolmo para atracarlo. Tras disparar a dos agentes, tomó como rehenes a cuatro empleados, tres mujeres y un hombre. Después de seis días de negociaciones, la policía puso fin al asalto sin que nadie más resultara herido. Pero lo peculiar de este atraco fue que una de las rehenes, Kristin Enmark, de 23 años, que había sido la portavoz de los retenidos, paradójicamente mostró abiertamente su simpatía y plena confianza hacia el secuestrador, a pesar de que éste había amenazado con matar a los rehenes durante el cautiverio y había llegado a ponerles una soga al cuello. Pese a todo, ella se ofreció a acompañar a Olsson en un viaje, a cambio de que liberara a dos de los rehenes, algo que las autoridades suecas descartaron. Tras este episodio, el psiquiatra Nils Bejerot, que asesoró a la Policía sueca durante el atraco, acuñó el término "síndrome de Estocolmo" para referirse a la desconcertante reacción de la rehén. Y al margen de su catalogación en la Psiquiatría o Psicología actual, lo cierto es que puede considerarse una reacción no exclusivamente humana, que puede observarse en otras especies, como respuesta universal a una amenaza ineludible para la supervivencia.

La sumisión puede favorecer la supervivencia genética. Y quizás, por ello, no surge exclusivamente en casos de secuestro, sino también en casos de abuso sexual, violencia de pareja, miembros de sectas, actos terroristas o prisioneros de guerra. Desconozco si hay estudios durante una pandemia de tamaño universal, como la que se supone que estamos viviendo, sea la amenaza real o inducida. Probablemente no. Aunque las consecuencias psicológicas que estamos observando parecen muy similares a las que mostró hace casi 50 años  Kristin Enmark tras aquel atraco.

Las restricciones de derechos y libertades que estamos experimentando, con la coartada de un virus asesino, resultan alarmantes. El aparato coercitivo que se ha desplegado para mantenernos "a raya" inédito. Y al régimen cuasi-policial, se le añade un respaldo mediático a las consignas de "la verdad oficial" como nunca se habían visto. Ya se ha generado más desgracia con las medidas tomadas que con el virus que dicen querer combatir. Buena parte de la Humanidad se siente, de verdad, amenazada. Y con independencia de que todo haya sido planificado desde el inicio, o se estén aprovechando del "río revuelto" (ya quizás es lo de menos), miles de millones de personas, simultáneamente, y quizás por primera vez en la historia, se muestran sumisas ante lo que perciben como una maldición para su supervivencia, en un "síndrome de Estocolmo" de dimensiones planetarias. Y en esa confraternización con lo que nos subyuga, parece que una enorme mayoría está dispuesta a todo: sea a reproducir como "papagayos" las cifras o las consignas de los noticieros, o sea a arrimar el brazo a la jeringa que les pongan por delante, lleve lo que lleve, y sea de la farmacéutica que sea. Cosas del "síndrome de Estocolmo" y de la lucha por la anhelada supervivencia.

El lavado de cerebro resulta ya obsceno. La Humanidad asiente sin atisbo de crítica. A base de vilipendiar a los cargos públicos que se han saltado el orden de vacunación, nos hacen ver la vacuna como un bien escaso que peligra, y han conseguido en sólo un mes, que la población española dispuesta a vacunarse haya pasado del 40,5% al 72,5% según el barómetro de enero 2021 del CIS, con un aumento de 32 puntos. Cifra récord en tiempo récord. Y por otro lado, a pocos parece escandalizarles la negociación de la Comisión Europea con las farmacéuticas, y la total opacidad de los contratos (no sólo en precios y cantidades, tachadas expresamente, sino en el ámbito de las responsabilidades), escándalo investigado por la propia Defensora del Pueblo Europeo. Tampoco la nula difusión que se ha dado a la resolución 2361 de 2021 de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, aprobada hace 4 días, que confirma con contundencia que la vacunación es voluntaria y no puede haber discriminación a los renuentes. Ni tampoco cómo las autoridades sanitarias se arrogan la palabra de "LA" Ciencia, cuando las voces discrepantes son ya numerosísimas, a pesar de complicidades o silencios clamorosos, como el de los Colegios de Médicos. Podemos seguir tragando. O quizás plantearnos una simple pregunta: ¿Y si esto no fuera como nos lo están vendiendo?

Queremos discrepar. Queremos unirnos a otros discrepantes. Pero no por ir contracorriente. Sino porque resulta imprescindible el contraste de pareceres para alcanzar LA VERDAD. El debate es sano y fundamental. Y vivimos tiempos donde el debate se silencia. Por eso usamos el altavoz que tenemos: nuestro blog y nuestras redes sociales. Y compartiendo y organizando la información que hemos ido analizando y filtrando. Valga a continuación un amplio listado de evidencias científicas y hechos constatables para ayudar a quien quiera dar el paso de actuar con libertad y discrepar también, a raíz de uno de los análisis más exhaustivos que hemos encontrado: el de las Doctoras Teresa Forcades,  especialista en Medicina Interna por la Universidad de Nueva York, y Dra. Karina Acevedo, Doctorado en Inmunogenética por la Universidad de Cambridge. AQUÍ puedes ver su vídeo completo, y en los siguientes enlace el acceso a los contenidos que hemos resumido en estos 36 puntos:

1.-Cuidado con el conocimiento científico como si fuera un dogma: hace falta un debate de contraste científico y verdadero

2.-No debe ni puede haber bandos (pro vacunas y antivacunas): todo debe basarse en la veracidad de los hechos.

3.-La propia OMS reconoce que las vacunas NO garantizan la erradicación de la Covid-19, y por tanto, la vuelta a la normalidad

4.-Es radicalmente falso que el virus no discrimine por edades: a nivel global la letalidad es del 2%, pero para los mayores de 80  años es del 18%

5.-Hay distintos tipos de vacunas, y debemos conocer los 4 grandes grupos de vacunas que se están desarrollando frente al Covid-19: ARN mensajero, de vector, péptidos e inactivada

6.-Las vacunas, a día de hoy NO están aprobadas, y siguen en fase EXPERIMENTAL, reconocido por la OMS: se ha permitido su distribución por emergencia, y justo la fase 4 de dicha experimentación la constituye la vacunación masiva que ya se ha iniciado, como ensayo clínico voluntario, en realidad.

7.-A nivel científico NO hay consenso sobre la eficacia y la seguridad de las vacunas que actualmente han empezado a administrarse, sobre todo porque el tiempo de experimentación ha sido mínimo, de sólo 2 meses (posibles problemas a largo plazo y de inmunopatologías)

8.-Es crucial saber FRENTE A QUÉ nos protege la vacuna de Pfitzer, por ejemplo: pues ni evita la infección, ni evita la transmisión, ni evita la muerte, ni evita la hospitalización; sólo evita la enfermedad (el positivo del test y los signos clínicos más leves)

9.-Es importante conocer realmente la fiabilidad de las pruebas PCR.

10.-Todo lo anterior se complica aún más, si analizamos los añadidos que se hacen a estas vacunas, con nanopartículas que generan reacciones anafilácticas por PEG

11.-En experimentos de 2017 con vacunas de ARNm en animales, aparecieron restos en distintos órganos de todo el cuerpo, con lo que la degradación que se cree que se producirá, entonces NO se produjo, y persistieron restos.

12.-No se deben desconocer los efectos adversos ya documentados, especialmente tras la segunda dosis, siendo especialmente peligroso el síndrome de magnificación de enfermedad respiratoria.

13.-Resulta crucial, por tanto, analizar el principio precautorio en Medicina: no causar daño a alguien que está sano.

14.-Resulta llamativo el relativismos de minimizar las muertes derivadas de la vacunación, porque eran de personas mayores con patologías previas, y sin embargo, ese mismo colectivo es el argumento principal para la vacunación.

15.-Es imposible afrontar este problema sin enfrentarnos con el propio problema de la muerte.

16.-Para analizar los efectos adversos de las vacunas, sería crucial proteger a los GRUPOS PLACEBO, y no vacunarlos para hacer el contraste. Pero, paradógicamente, y sin sentido alguno, ya se les ha empezado a vacunar.

17.-Empiezan a ponerse en tela de juicio las vacunas para ciertos grupos de edad. E incluso en países como Noruega se hacen advertencias para los mayores de 70 años.

18.-La clave, por tanto, está en que cada uno de nosotr@s analice los riesgos de aplicarse la vacuna, y el grupo de riesgo al que se pertenece, para tomar una decisión entre los pros y contras de ponérsela o no ponérsela. Pero no dejarse llevar por la inercia colectiva y por los medios de comunicación.

19.-Debemos olvidar el pensamiento infantil de que las vacunas son la panacea que nos va a devolver "una vida normal" : ya se habla de 3 dosis y de las 33.000 mutaciones que el virus ya ha tenido

20.-Cada persona es responsable de su cuerpo y de sus decisiones.

21.-Se hace preciso denunciar la desprotección de la Ciencia y de la salud pública de la población frente a intereses económicos en esta materia.

22.-Hay advertencias importantes a quienes ya se han vacunado respecto a evitar mezclar dosis de distintas vacunas.

23.-No debe ignorarse, según los estudios, los posibles efectos adversos sobre el aparato reproductor, especialmente el masculino, en los embarazos y durante la lactancia.

24.-Posibilidad de que el ARN viral siga sintetizando la proteína con falsos negativos positivos.

25.-A la hora de decidir, es crucial diferenciar entre el riesgo absoluto y el riesgo relativo.

26.-¿Cuántas personas tienen que vacunarse para que una sola tenga el beneficio (limitado) que se le atribuye a las vacunas? Ya está estudiado. Y es preciso poner en riesgo a 118 personas para beneficiar a 1, y de forma limitada.

27.-En la vacuna de Pfitzer hay 36.000 participantes, pero los datos de seguridad son sólo de 19.000.

28.-Hay estudios muy concretos que ya han verificado los daños a largo plazo en ciertos tipos de vacunas, siendo crucial hacer estudios específicos para buscar esos efectos, porque de lo contrario nunca se caerá en tal correlación, por el mero paso del tiempo.

29.-Hay estudios y evidencias científicas de 2015 que respaldan que instituciones como la OMS en casos muy concretos NO priorizaron la salud pública frente a otros intereses, con un informe al respecto del Consejo Europeo.

30.-Hay estudios de nanotecnología del 2017 que han evidenciado la existencia de contaminación por metales pesados en las vacunas, con las consecuencias para la salud de ciertas personas que ello acarrea.

31.-Junto a todas las evidencias científicas anteriores, es importante tener en cuenta otras consideraciones socio-políticas como que la "oficialidad" o la "administración sanitaria" NO se pueden identificar con la Ciencia.

32.-Debe lucharse hasta el extremo contra la obligatoriedad de la vacuna.

33.-Los antecedentes de la osadía de la ministra polaca Ewa Kopacz en 2009 que se opuso a la opacidad de los contratos con las farmacéuticas, debe alertarnos para evitar que se vuelvan a producir esos abusos. Pero ya los tenemos aquí, de nuevo.

34.-Existen estudios muy contrastados de 2004 sobre la colisión de intereses de las farmacéuticas y los daños causados a la población, como sucedió con el fármaco Vioxx de Merck y la muerte de 29.000 personas. Y sin embargo, ahí no existe responsabilidad penal personal, sino corporativa, que se salda con una multa de un importe muy inferior a las ganancias logradas.

35.-Existen alternativas médicas y de investigación, que como mínimo, deben explorarse

36.-NO debe aceptarse, bajo ningún concepto, la ideología que empieza a imponerse de que la salud pública no es una decisión personal. Es un argumento muy peligroso. (CONTINUARÁ)

domingo, 24 de enero de 2021

Érase una vez una pandemia (5ª parte): La que está cayendo...o no

Cuando mi padre murió, yo tenía cuatro años y mi hermano sólo dos. Tuvo problemas de corazón. Le tuvieron que operar y en la operación se contagió con una hepatitis que sería la que se lo llevaría finalmente. Por eso siempre odié profundamente el 19 de marzo, el "Día del Padre". Cada año, desde 1º de EGB, era el mismo ritual: el dibujito o la manualidad para papá. Pero yo lo hacía para mamá. Y ello me obligaba cada año a responder sobre los detalles de su muerte al "profe" de turno y a mis compañeros. Siempre era la misma cantinela: caras de sorpresa y preguntas de pena. Todo aquello me hacía sentirme un "bicho raro" por no tener padre. Pero su muerte ya formaba parte de mi vida.

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Mi madre tuvo una enorme virtud. Quiso que esa muerte no hipotecase nuestras vidas. Quedarte viuda con treinta y pocos años, y con dos enanos tan pequeños, sin duda, no fue fácil. Pero ella se propuso no llevar luto, sino colores alegres. No dejó de viajar con nosotros, de reír y de abrirnos todas las puertas que pudo y supo. Y gracias a ella, la muerte estuvo ahí, pero no condicionó nuestras vidas.

Ella murió también, hace ahora ocho años. Se la llevó un cóctel de enfermedades. La fibrosis pulmonar idiopática poquito a poco. Pero luego el cáncer también. Y quién sabe si los efectos secundarios de tantísimas pastillas que tomó durante aquellos largos años en que se fue apagando. Años en que lloré muchas veces, pero que me prepararon para lo que vino cuando ella se fue. Años en que tuvimos que convivir con su enfermedad, y luego con su muerte, sin que lastrase la alegría de vivir de nuestros hijos, sus nietos.

Mis abuelos también se fueron hace mucho. Alguno por una gripe estacional, de esas que dicen que ha desaparecido ahora. En el entierro de mi abuelo paterno descubrí que algo tenía que trabajarme por dentro. No fue normal cómo lloré. Mis primos estaban sorprendidos. Las cicatrices por las ausencias a veces tienen eso.

Si en cada telediario, en cada periódico, o en cada emisora de radio hubieran retransmitido cada minuto de las enfermedades de mis padres, o cuando se marcharon, o los momentos de íntima pena que viví después, hubiera parecido que la vida era sólo eso: enfermedad, dolor, pena y ausencia. Y sería igual si preguntamos a amigos nuestros que trabajan día a día en Urgencias y han tenido que presenciar muertes de Covid cargadas de pena y soledad durante todos estos meses. Pero los que nos leéis desde hace años ya sabéis que, al menos en esta familia, no es así. Hemos decidido que ni la muerte ni la enfermedad nos van a supeditar, por mucho que hayan pasado por nuestras vidas a través de los seres que las padecieron. Sin embargo con esta pandemia se está haciendo precisamente todo lo contrario. La enfermedad está eclipsando nuestras vidas. Se está dejando de vivir para no enfermar. El miedo está atenazando a la Humanidad. Sólo existe Covid. 

Por supuesto ni somos ni podemos ser negacionistas. Y creemos que el peor negacionismo es el de los que se encierran radicalmente y se niegan a vivir por miedo. La Covid-19 existe. Quizás en diversas variantes y con cuadros clínicos radicalmente distintos, que es lo que conviene atender. Pero existe. Que se lo digan a alguna buena amiga que lo ha pasado hace meses y sigue arrastrando secuelas. Y existe como existen las enfermedades y las dolencias cardiovasculares o la hepatitis que se llevaron a mi padre, la fibrosis que se llevó a mi madre, o la gripe estacional que se llevó a mi abuelo. No sé si estamos ante un virus o ante un síndrome, si se ha aislado o secuenciado, o si es natural o creado en laboratorio. La verdad es que a estas alturas "me importa un pimiento". Lo que sé es que hay gente que lo está pasando muy mal. Gente que está sufriendo y muriendo por ese virus, y que merece respeto y consideración. Pero exactamente el mismo respeto y consideración que los enfermos y fallecidos por otras afecciones cuyos procesos, por desgracia, muchos hemos sufrido muy cerca. Y el mismo que el resto de seres humanos, que están sufriendo problemas mentales, suicidios, privaciones en sus derechos y graves problemas económicos por una toma de decisiones totalmente injustificada, viendo las cifras.

Como dice el Dr. Benito, si estuviéramos todo el día mirando con un microscopio binocular un cultivo de paramecios, y nos entretuviésemos en sus minúsculas formas, sus batallas o sus procesos, pensaríamos que esa es la única realidad que existe, por muy llamativa que sea, olvidando que si levantamos la vista del microscopio, hay vida alrededor. Por eso no entiendo lo que está pasando. No entiendo esa frase en boca de todos sobre "la que está cayendo". Estará "cayendo en el Telediario o en algunas Urgencias, pero ¿de verdad también en todas y cada una de nuestras vidas y nuestras cabezas? Porque el miedo es tan peligroso como el bulo, y se acaban extendiendo noticias, como la que corrió como la pólvora esta semana por nuestra zona, alertando de que había tantos contagiados, que el hospital comarcal estaba creando un hospital de campaña en su zona de aparcamientos, cuando la realidad era que se está habilitando una cafetería en los exteriores del edificio. O se acaban haciendo interpretaciones como la de nuestra felicitación navideña, imitando a John Lennon y Yoko Ono, con los mejores deseos de que este virus se acabe, que ha sido vista por algunos como un alegato negacionista por las caras serias que mostrábamos en la imitación.

Somos afirmacionistas. Profundamente afirmacionistas:

-Afirmamos que nunca jamás debe dejarse de vivir porque haya personas que enfermen o mueran.

-Afirmamos que no debe dejarse en la estacada, como está sucediendo, a personas con enfermedades "de toda la vida", en una intolerable discriminación entre enfermedades "de primera y de segunda", como han alertado esta semana con los diagnósticos del cáncer de mama, colon y cervix (ver estadísticas del INE más reciente donde las enfermedades del sistema circulatorio siguen siendo la primera causa de muerte, con el 23% del total, y sin embargo, parecen no existir)

-Afirmamos que es completamente innecesario que, con unas tasas de mortalidad del 1% por Covid, se esté impulsando una vacunación masiva de toda la Humanidad, y a contrarreloj, cuando el nuevo sistema de ARN mensajero está a años de estar testado y ser seguro a largo plazo. ¿De verdad es necesario y tiene sentido poner en riesgo, por pura precipitación, al 99% restante de la población que, o va a estar inmunizada tras pasar la enfermedad o apenas tiene o tendrá síntomas? ¿Se nos ha olvidado cuando de pequeños alguien se contagiaba de sarampión o la varicela, y lo ponían junto a primos, vecinos o hermanos para que lo cogieran y se inmunizaran?

-Afirmamos que es inaceptable e intolerable que se tache de irresponsables a los que no tenemos miedo, o de insolidarios a los que NO queremos vacunarnos hasta que la vacuna esté completamente testada y sea de verdad necesaria. La libertad es lo opuesto al miedo, y con libertad y sin miedo es cuando realmente puedes actuar con verdadera responsabilidad. Observamos a nuestro alrededor, y las personas que conocemos con menos miedo en esta pandemia, son las que perciben que han vivido con intensidad y sentido, que su vida es plena, y afrontan lo que les quede por delante como un verdadero regalo. Y al contrario, observamos mucho miedo en muchas personas que esperan que la vida les dé una prórroga o una segunda oportunidad, pero no acaban de tomar las riendas o las decisiones que den sentido de verdad a esas vidas. Quizá ésa sea la verdadera llamada de esta pandemia.

-Afirmamos que la crispación, el miedo y la histeria que todos estamos presenciando en familiares y amigos, como síntomas del deterioro mental colectivo que se está causando, vienen impulsados por las radicales medidas de aislamiento social, y por un respaldo mediático como nunca ha existido en la historia a una enfermedad concreta. Y que ese deterioro mental y el económico causados por decisiones inapropiadas, repetitivas y encadenadas de país en país, es mucho más grave que la enfermedad que teóricamente se quiere combatir. ¿Cómo se nos puede olvidar que nuestros abuelos y bisabuelos vivieron, se casaron, rieron y "tiraron para adelante" en medio de guerras, miserias y todo tipo de calamidades?

-Afirmamos que el principal aprendizaje de esta pandemia es que la vida, aunque haya muerte y enfermedad, debe ser vivida con intensidad. El miedo y la reclusión anulan el sentido de la vida que muchos dicen tratar de preservar.

He experimentado la muerte y la enfermedad en mi familia desde mi más tierna infancia. Y afirmo con rotundidad, que ni pueden ni deben lastrarnos como lo están haciendo en estos momentos. Al menos así está sucediendo con buena parte de la Humanidad, en este mundo actual, que parece haberse vuelto loco. Impulsemos un poco de cordura. De nosotros depende dejarnos arrastrar o no. Apliquemos un poco de sentido común, que parece ser poco común en estos tiempos que corren. (CONTINUARÁ)

miércoles, 20 de enero de 2021

Compartiendo experiencias en "El Punto BE"

Hoy, en lugar de un post, os compartimos la agradable charla que hemos mantenido en directo, compartiendo experiencias y vivencias, con Sonia Marín y Abel Fernández en el programa "El Punto BE":


(pulsa sobre la imagen para acceder al vídeo)



 

domingo, 20 de diciembre de 2020

¡ Feliz 2021 !

Para felicitaros, este año hemos optado por nuestra particular adaptación de unos personajes muy conocidos... ¿Se te ocurre quiénes?

 

(Muchas gracias por el reportaje fotográfico a nuestra amiga Tania)

sábado, 5 de diciembre de 2020

Gozar en cabeza ajena

Sé que lo hacen con buena intención. Probablemente con la mejor. Pero al final se convierten en la correa de transmisión de la peor cicuta que recorre nuestras calles. Y desde luego no es el coronavirus. Es el dichoso miedo. "Súbete la mascarilla". "No uses una de tela". "Abre la ventana de par en par". "Póntela en el coche o en el despacho, aunque estés solo"... En respuesta a todas y cada una de esas "recomendaciones" bienintencionadas, a lo más que llego ya, es a esbozar una sonrisa. Mitad de agradecimiento, mitad de respeto. Ya renuncié a expresar mi visión de lo que está sucediendo. Me cansa. Suele acabar la cosa en conflicto. No vale la pena. El que quiera conocer mis "porqués", ya los leerá por aquí. A fin de cuentas, las cartas ya están sobre la mesa, dispuestas a ser jugadas. A la vista de todos. Pero cada uno tiene su estrategia de juego. El "libre albedrío", dicen que se llama eso. Y los hay que se guardan las cartas, se les vayan a estropear. Y otros las tienen gastadas de tanto uso.

El problema es cuando intentan que todos hagamos lo mismo. Que todos juguemos igual. Y tratan de convencerte, metiéndote miedo, y aleccionándote sobre un vecino que ha cogido el bicho y está fatal. Un cuñado que está en la UCI por lo mismo. O una prima, que ha salido negativo, pero tiene los síntomas, y seguro que también es Covid. "Escarmentar en cabeza ajena", dicen que se llama eso. O también "remojar tus barbas, cuando veas las de tu vecino cortar". Pero esa historia del escarmiento y de las barbas del vecino ya no es para ahorrarte errores. Se ha convertido en la forma en que nos retroalimentarnos unos a otros en el miedo. Y no paran de salir anuncios en la televisión y en las marquesinas de los autobuses instándote a que no abraces para poder abrazar en un futuro, a que no te reúnas para poder reunirte en un futuro, a que no viajes para que puedas viajar en un futuro. Sacrifica tu vida de hoy por una posibilidad mañana. Deja de vivir hoy, a ver si podemos vivir mañana. 

Lo siento. Pero somos objetores de conciencia de ese tipo de "escarmientos en cabeza ajena". Es una asignatura obligatoria en casa. Y si no la apruebas, te quedas sin cena. Bueno, cena te damos, pero te pierdes el postre. Que es el puro disfrute de la vida. Y eso es lo que les está pasando a los que se están poniendo "morados" a base de este miedo tan indigesto, en lugar de "rechupetearse" los dedos con este "pedazo" de vida que nos ha sido dada para vivir.

Mejor no describir las caras de zozobra, angustia y desazón de no pocos conocidos, amigos y familiares, cuando nuestros hijos se marcharon allá por agosto, a estudiar en medio de esta pandemia a 8.000 kilómetros de casa. ¡Con la que estaba cayendo, según el telediario! A alguno sólo les faltaba decir algo similar a: "¡Malos padres: Os debían retirar la custodia!" Las caras de pésame casi nos movían a consolarles por lo afectados que se les veía con nuestra decisión. Seguro que más de uno diría que se trata de un desplazamiento "innecesario" y que debería estar prohibido en los momentos actuales. Pero está claro que a algunos nos resulta "necesario" vivir, con las nimiedades e insignificancias que eso implica: viajar, cantar, charlar, abrazar... Caprichosos que somos algunos.

¿Que si nuestros hijos pueden coger el bicho por ahí? Por supuesto. Igual que aquí. ¿Que si pueden enfermar? Por supuesto. Igual que aquí. ¿Que incluso podría ser la cosa peor, e incluso morir? Por supuesto. Igual que aquí. Tengo un conocido cercano que acaba de superar el Covid, con síntomas leves. Nadie pensaba que se contagiaría, ya que por pura convicción, apenas se relaciona con nadie, lleva la mascarilla a todas horas (incluso solo), y no ha pisado un establecimiento comercial o una cafetería desde marzo. Su mujer le acabó contagiando el bicho. Pero los rastreadores estaban encantados con él, porque no había a quién rastrear. Quizás le den la medalla al mérito pandémico. Pero a mí me da pena pensar cómo habrían disfrutado de esos ocho meses que él ha desperdiciado, muchos de los que han fallecido y de los que fallecerán por ésta o por causas mucho más graves. Por eso nosotros apoyamos con determinación la decisión de nuestros hijos de seguir viviendo con pasión cada minuto de sus vidas. Sabiendo que la muerte está ahí, como siempre ha estado, aunque muchos le den la espalda. Y están FELICES, VIVIENDO LA VIDA (con mayúsculas muy muy grandes). Y si les llegase una de esas fatalidades, que por supuesto la vida a veces trae, o que a veces nos buscamos, al menos que hayan sabido lo que es VIVIR DE VERDAD. Dicen que eso, técnicamente se llama: "Que te quiten lo bailao"...

Los que os interesáis de corazón por cómo nos va la cosa, con los niños tan lejos, y habiéndonos quedado los dos solos, bien sabéis la respuesta ya: DE MARAVILLA (también con mayúsculas muy "gordas"). ¿Acaso podría ser de otro modo? Cada vez que tenemos una llamada o una videoconferencia con ellos, el "subidón" es colosal:

-Pablo está "alucinando" con sus profesores. Ha sacado unas notas magníficas en el primer trimestre. Juega en el equipo de fútbol de la Universidad de Oklahoma. Se ha independizado ya económicamente gracias a su trabajo de reponedor y camarero cuatro días en semana. Y está loco de ilusión con sus compañeros de "start-up", tras haber sido seleccionados para desarrollar su proyecto en una incubadora de empresas impresionante que tienen allí. No está mal para llevar tres meses "sufriendo" por ahí los rigores de estos tiempos

-Samuel está encantado también, en su apuesta por la Física en Córdoba. No es fácil que, en el primer trimestre de carrera, sientas que has acertado en tu elección. Pero bastaba ver su sonrisa al mostrarnos los jeroglíficos de sus apuntes, llenos de fórmulas, gráficos y todo tipo de galimatías matemáticos y científicos. Está "en su salsa". Ha encontrado un grupo de compañeros muy apañados en la universidad. Y se está manejando de maravilla con las comidas, los desplazamientos y los viajes a casa cada dos o tres semanas, a pesar de los cierres perimetrales, para continuar sus estudios de piano.

-Y como no hay "dos sin tres", Eva hace honor a su nombre ("fuente de vida"). Es puro gozo perpetuo. Sus notas han sido también envidiables en Texas. Está encantada con su madre y hermanas americanas. Ha disfrutado de un "road trip" por varios estados con las mujeres de la familia. Hace baile y "piruetas musicales" con su Marching Band. Ha volado a Florida para vivir una típica celebración en familia de "Acción de Gracias". Y ha tenido el empuje para que la autoricen a nadar y competir allí, y tras lograrlo, está a punto de batir el récord del instituto, con el consiguiente "alucine" de compañeros y entrenadores.

Son "sólo" tres meses sin ellos. Y puede que algunos piensen que hemos tenido suerte, y que "veremos a ver" qué pasa en los próximos meses. Cosas de los agoreros, que pondrán pegas a algunas de estas fotos porque se vea en ellas mucha gente sin guardar distancias de seguridad, en lugar de alegrarse por la felicidad que destilan. Pero nosotros, como padres, somos profundamente felices viviendo a través de los ojos de nuestros hijos la ilusión en cada paso que dan, sintiendo con ellos cómo disfrutan cada sorbo de sus vidas como si fuera el último. Parece que les tendremos que poner matrícula de honor a ellos, y suspenso a quienes sufren por su marcha.  Y Mey y yo, a lo nuestro. A gozar en cabeza ajena. En la de cada uno de nuestros hijos.

De broma, un buen amigo nos decía ayer que hemos sido muy listos, y que les hemos "colado" a nuestros hijos este "rollo" de vivir la vida, disfrutar y viajar, para quedarnos los dos solos, de novios. Pues quizás, sin buscarlo, también sea eso verdad. Tras no pocos años de dedicación exclusiva a ellos, es perfectamente compatible que ellos vuelen y que nosotros vivamos el presente como ellos, con pasión. Nada de valles de lágrimas. La vida es demasiado corta. 

Nos encantaría que rebuscaras en tu entorno, en tus redes sociales, o en tu propia vida, buenas razones para VIVIR EL PRESENTE con mayúsculas. Déjate ya de tanta mala noticia y de tanto "mal rollo". Disfruta con cabeza, pero por favor, DISFRUTA. Vive cada instante de tu vida como si fuera el último. Por si acaso.