lunes, 11 de junio de 2018

De nuevo los cinco juntos... por poco tiempo

Ya lo tenemos asumido. Probablemente será siempre así a partir de ahora. Es ley de vida. Aunque algunos pensarán que hemos acelerado demasiado esa ley. Esta familia de tres hijos es "culillo de mal asiento". Y cada vez será más complicado que coincidamos los cinco juntos. Y no porque no nos guste o no lo disfrutemos una barbaridad. Sino porque hay mucho mundo por descubrir. Mucha gente a la que conocer. Mucho que aprender. Muchos a los que querer. Y una conciencia muy clara de nuestro papel como padres. Y ese papel no es otro que darles herramientas para que se independicen.
Y cuanto antes sean autónomos, mejor. Por ellos. Y muchas veces, a nuestro pesar.
Hoy Samuel ha vuelto a casa. Y como ya pasó con Pablo hace un año, andábamos ya ansiosos por verle. Más que ansiosos, atacados. Especialmente en los últimos días. Por muy claro que tengas que es algo bueno para él. Que vale la pena. Que le ayuda a forjarse como adulto. Todo eso es así, y es cierto. Pero ese "pellizquillo" de padre o madre por su ausencia no te lo quita nadie. Acordándonos de él a cada momento. Echándole de menos en las celebraciones, en las películas en familia, en las escapadas familiares...A cada instante.
Como en las mejores historias, su regreso nos tuvo en vilo hasta el último minuto. Su vuelo de ayer de Baltimore a Nueva York empezó a retrasarse. Al principio 15 minutos. Luego 30. Y cuando ya iba por 3 horas de retraso, empezaron a saltar todas las alarmas. El colchón de 5 horas para coger el segundo vuelo de Nueva York a Málaga se esfumaba. Nos fuimos al huerto para tranquilizar los nervios. Y allí acabaron de estallar. Un problema con la turbina del reactor había provocado que desalojaran el avión y que tuvieran que realojar a los pasajeros en otro. Pero al ser menor de edad, ese realojo, incomprensiblemente, debía ser con la aprobación de los adultos que le acompañaron al aeropuerto. Y su familia americana ya se había ido y estaba a cientos de kilómetros, camino de casa. Sin esa posibilidad no podían dejarle subir. Y sin subir, perdería lógicamente el segundo vuelo a Málaga. Gabinete de crisis. Llamadas y más llamadas. Nervios. Carreras. Corazón en un puño. Finalmente se apiadaron de él, e hicieron una excepción. Subió a aquel avión. Y paradojas de la vida, esta mañana llegaba casi una hora antes de lo previsto. Suerte que los nervios por su llegada nos desvelaron antes de que sonara el despertador, y llegamos justitos para recibirlo como se merece. A las seis de la mañana, en un aeropuerto desértico. Sí, con pancarta de bienvenida incluida.
Hoy es un día de fiesta en casa. Da igual que sea lunes y laboral. Los momentos importantes hacen que el mundo se pare. Y hoy hemos parado el nuestro. A "tomar morcillas" compromisos, agenda, trabajos y obligaciones. Hoy volvía nuestro "niño", y se merecía todos los honores. Como no podía ser menos.
También él viene cambiado. De eso se trataba. Ha afrontado él solo nuevos retos, nuevas relaciones, y nuevos horizontes. También más de una situación complicada. Y eso curte. Mucho más que asentar un idioma. Es abrirse al otro. Al distinto. Y adaptarse a lo que venga. Sea lo que sea. Sus primeras palabras confirman que ha madurado en muchos aspectos. Que ha entendido muchas cosas. Y que ya ha empezado esa transición a la edad adulta que, a veces, sólo se produce cuando te das de bruces con la realidad tú solito.
Está más alto, más guapo y más "cachas". Sí. Nuestra pasión de padres nos ciega un poco. No lo negamos. Pero lo cierto es que lo está. Y por fin lo tenemos aquí para "achucharle" y para tirarle de la lengua sobre todo lo que en la distancia era imposible sacarle. Quizás por no asustarnos. Puede que por su forma de ser. O a lo mejor porque hay esferas ya suyas que hay que respetar.
Toca vivir con intensidad los próximos dos meses. Sin obsesionarse. Pero sabiendo que es un regalo que estemos los cinco juntos de nuevo. Y que muy probablemente estos momentos cada vez serán menos frecuentes. Porque así debe ser.
A finales de agosto nos iremos los cinco a Italia. A acompañar a Pablo en el inicio de su nueva vida. De nuevo cargados de orgullo, de alegría por él, y de ese "pellizquillo" imposible de quitar. Va en el sueldo de padres. ¡Qué le vamos a hacer! Pero ya hemos entendido que ser familia y sentirse familia no tiene nada que ver con las distancias. Que se hace "piña" a miles de kilómetros. Y que la lejanía, si hay amor del bueno, no sólo curte sino que agranda el corazón.
Ahora Samuel duerme. Toca superar el "jet lag". Sus hermanos ya están en clase. Y en breve retomaremos nuestro frenético "día a día". Pero estamos los cinco juntos. Y eso ya se nota.


NOTA: Iniciamos hace unas semanas el apoyo solidario al proyecto de Yide Bikoue, de nuestros amigos Herminio y Deniz en Camerún. Ya sabéis que este post se publica, como todo lo que escribimos, de forma gratuita y en abierto tanto en nuestro Blog como en nuestro Patreon. Pero si te gusta lo que escribimos, te ayuda, te sientes en gratitud, y quieres también impulsar un mundo diferente para vivir con nosotros, puedes colaborar en nuestros proyectos solidarios colaborando con una cantidad simbólica (desde 1€/mes) en nuestro Patreon Solidario.

martes, 5 de junio de 2018

Son sólo animales

Precioso ejemplar de tortuga marina en El Morche, el 27/5/18
Hubo algo ancestral en ese encuentro. Era como si, de repente, nos hubiéramos trasladado a un lugar mitológico. O quizás a una época prehistórica. Casi al origen del mundo. Como si, inesperadamente, te cruzaras con Neptuno, con su tridente y todo, en cualquiera de tus trayectos cotidianos. Aquello no pegaba, y sin embargo resultaba fastuoso. Aquella inmensa tortuga marina, mecida por las olas de la orilla, no encajaba en el entorno de nuestra playa habitual, con los domingueros, las sombrillas y los chiringuitos. Podía, sin duda, haber formado parte de la corte del dios del mar. Por eso, quizás, éramos los demás los que no encajábamos allí, ante aquel magnífico ser.
Nos invadieron unos sentimientos muy intensos cuando nos acercamos a ella. No nos atrevimos a tocarla. Las personas que poco a poco se fueron aproximando tampoco. Ni siquiera hubo la tentación de hacerse un "selfie" o de organizar un "posado" con aquella tortuga moribunda de fondo. Hubiera sido casi una violación de aquel momento mágico con las frivolidades humanas que nos mantienen distraídos a diario.
Pintada en un muro de Granada.
No soy experto en tortugas marinas. Ni siquiera me atrevería a hacer un pronóstico sobre su edad. Pero aquel precioso ejemplar estaba diciendo adiós a su vida, si no lo había hecho ya. Y nosotros eramos testigos accidentales. Por un momento se apoderó de nosotros un intenso sentimiento de respeto, próximo a la pena y a la culpa. Casi como si estuviéramos pisando una zona sagrada de alguna reserva india. Pero estábamos en nuestra playa de siempre. Y eso nos desarmó por completo. Porque a fin de cuentas hacemos "nuestro" algo que no lo es. Algo que quizás debería ser una reserva de decenas o centenares de especies que tienen el mismo o más derecho que nosotros a habitar esos espacios , y a las que acabamos usurpando todo su entorno.
Avisé de inmediato al Aula del Mar, y ellos hicieron lo propio con el Centro de Recuperación de Especies Amenazadas (CREAS). Mientras, la gente empezó a agolparse, y llegaron efectivos de Protección Civil. Decidimos no esperar a curiosear en la operación de rescate. De nuevo hubiera sido otra banalidad de seres humanos. Y sentimos el absurdo de comportamientos así ante la majestuosidad de aquel bello animal.
Llovía sobre mojado con aquel inesperado encuentro. Justo el día anterior habíamos presenciado una plaga de miles de ejemplares de medusas invadiendo otra de "nuestras" playas en Torre del Mar. Probablemente porque los seres humanos nos hemos dedicado meticulosamente a esquilmar a depredadores naturales como, quizás, esa tortuga, rompiendo por completo equilibrios ecológicos de décadas. O igual que nos sucedió en estas mismas playas hace unas semanas cuando miles de ejemplares de mariquitas se debatían entre la vida y la muerte en un aparente suicidio colectivo, similar al de tantos millones de abejas que mueren ante nuestros ojos impasibles.
Mariquitas rescatadas de
envenenamiento en el Morche
Seguramente habrá quien piense que las tortugas deben morirse tarde o temprano. Igual que los depredadores de las medusas de las que luego nos quejamos. O igual que aquellas mariquitas en un aparente envenenamiento colectivo. Son, a fin de cuentas, bichos insignificantes, comparados con nuestras faraónicas urbanizaciones y campos de golf, con nuestros puertos deportivos, y con las cifras desorbitadas de turistas que ansiamos recibir. Son sólo animales. Pero aunque no nos consideramos unos ecologistas radicales, sí percibimos con fuerza que esto no se sostiene. Y menos a este ritmo. Nos faltan toneladas de consciencia sobre nuestro papel como humanos en este Planeta que habitamos. Y habrá que replantearse el rol que deberíamos jugar con el resto de especies e incluso con la propia Tierra que pisamos.
Helinah, llevando a "Mar" a la
Protectora de Animales de Málaga
Aquel encuentro en la playa nos hizo retroceder en el tiempo a hace justo un año. Por aquel entonces acabábamos de conocer a Ilse en su periplo de más de 1.000 kilómetros descalza, con su hija a cuestas, para concienciar sobre la infancia en África. Y justo cuando la íbamos a llevar a Málaga tras unos días en casa, nuestra amiga María José nos trajo a Mar, un precioso cachorro al que habían mutilado las orejas y abandonado cual despojo en la entrada de su casa. Nos movilizamos para encontrarle una familia que la adoptase, y tuvimos la ocasión de conocer a la Protectora de Animales de Málaga al  llevarla. Allí un ejército de voluntari@s se desviven por dar una oportunidad a tantos y tantos animales que sufren injustamente. Una suerte que haya gente tan comprometida. Una suerte para Mar que la adoptase una familia, en lugar de optar por la compra. Y una desgracia que aún sean insuficientes estos gestos para tanto mal que infligimos a tantas especies. Al menos los perros nos conmueven de vez en cuando.
"Tortu" en el patio de casa.
En casa nos encantan los animales. Pero decidimos hace tiempo que sólo tendríamos uno si somos capaces de darle la vida que se merece. Nada de dejarlo encerrado porque no podemos sacarlo a pasear. Nada de que se convierta en un capricho nuestro o en un objeto de consumo más. Nuestra vida ya es lo suficientemente "movidita" como para que tenga que sufrir un pobre animal por nuestra falta de tiempo. Por eso sólo convivimos con "Tortu", una tortuguita minúscula que le regalaron a los niños cuando Eva aún no había nacido y que "campa" a sus anchas por nuestro patio desde hace trece años.
Animales como nuestra "Tortu", la tortuga marina de la playa, aquellas medusas invasoras, las mariquitas, aquella perra de orejas mutiladas o quizás las vacas o los terneros de los filetes y la leche que nos zampamos a diario en un exceso inexplicable, quizás nos están pidiendo a gritos que dejemos de sentirnos el ombligo del Planeta. Y sobre todo, que dejemos de actuar como tales. Quizás nos piden que nos hagamos UNO con el resto de seres vivos. Aunque sólo sea porque quizás haya "algo" superior a nosotros, que pueda pensar: "sólo son humanos". Y a ver lo que hace luego con nosotros. Esperemos que sea más compasivo que nosotros con estos pobres animales.

NOTA: Iniciamos hace unas semanas el apoyo solidario al proyecto de Yide Bikoue, de nuestros amigos Herminio y Deniz en Camerún. Ya sabéis que este post se publica, como todo lo que escribimos, de forma gratuita y en abierto tanto en nuestro Blog como en nuestro Patreon. Pero si te gusta lo que escribimos, te ayuda, te sientes en gratitud, y quieres también impulsar un mundo diferente para vivir con nosotros, puedes colaborar en nuestros proyectos solidarios colaborando con una cantidad simbólica (desde 1€/mes) en nuestro Patreon Solidario.

domingo, 20 de mayo de 2018

Indignación: ¿detonante o combustible?

Cuando empezamos nos guiaba la pura indignación. Había demasiadas injusticias. Demasiado evidentes y demasiado dramáticas. Y no podíamos quedarnos sentados, por muy bien que a nosotros nos fueran las cosas. E iniciamos nuestra pequeña búsqueda de un mundo diferente para vivir. Compartiendo vivencias. Tendiendo puentes. Afianzando complicidades. Impulsando proyectos.
Es cierto que fue la indignación la que nos movilizó. Pero pronto nos dimos cuenta que la indignación es un boomerang que tarde o temprano vuelve hacia ti y puede golpearte la cabeza. Nos sirvió para tomar impulso. Para desplegar las velas. Pero sólo y exclusivamente para eso. Pronto la dejamos atrás. Y tuvimos que trabajar codo con codo con gente que de una forma u otra, era partícipe de las causas que habían provocado aquella indignación. Con su voto. Con su consumo. Con su indiferencia. Con su insolidaridad.
Pronto nos dimos cuenta que continuar con nuestra indignación hubiera significado meter el dedo en el ojo ajeno, y alimentar el resentimiento hacia nosotros. Pronto aprendimos que construir a base de indignación hubiera significado arrogarse una superioridad moral que nunca tuvimos ni tendremos. Pronto sentimos que aunar esfuerzos entorno a la indignación sólo nos divide en buenos y malos, en nosotros y ellos. Y pronto nos percatamos de que todos tenemos nuestra dosis de incoherencia. Absolutamente todos. Pero incluso a veces es bueno abrazar la incoherencia en un grado intermedio, porque si es demasiada nos volvemos unos "caraduras", y si es nula, nos volvemos unos talibanes. Y construir a base de indignación y reproches hacia otros no hace sino nutrir las ansias de desnudar nuestras propias incoherencias por parte de los demás.
Por eso desde hace años dimos las gracias a la indignación por despertarnos. Pero la dejamos atrás, muy atrás. También dejamos atrás las ideologías, que están "requete-bien" pensadas para dividirnos, y decidimos abrazar con fuerza los principios. ¿Que esos principios también eran defendidos por alguien que nos generaba rechazo por lo que había defendido anteriormente? ¡Bienvenido sea! Ojalá haya muchas ocasiones en que compartamos principios, y juntos podamos construir un mundo mejor.
Por desgracia, vemos que muchas iniciativas cuyo detonante fue la indignación, siguen ancladas en la indignación para continuar funcionando. Siguen necesitando esa rabia contra algo o contra alguien como combustible para seguir adelante. Y nos da pena. Porque es cierto que la rabia y la indignación tiene un enorme poder para enfervorizar a las masas, para movilizar a los indolentes, y para activar a los resignados. Pero sólo y exclusivamente para eso. Una vez en marcha, es crucial construir incluso con los polos opuestos. Porque los indignados siempre necesitarán unos culpables sobre los que descargar su ira. Y éstos votan también. Y tratarán de protegerse de la amenaza de los gritos, los brazos en alto, y las descalificaciones.
Hacer del cabreo nuestro combustible, nos hará rechazar alianzas para formar gobiernos, dándoselo quizás a nuestros mayores enemigos. Nos hará llenarnos de tanta razón, que expulsaremos a quienes siempre fueron nuestros amigos, por no pensar como nosotros. Nos hará hacer del insulto y la confrontación nuestra seña de identidad. Hará huir a posibles aliados, que se asustarán de nuestros modos. Y avivará en otros las ganas de encontrar nuestras incoherencias, sea con chalets, másters o EREs, para airearlas a los siete vientos.
Así que, muchas gracias, indignación. Muchas gracias enfado. Muchas gracias ira, cabreo y enojo. Pero ahí os quedáis. Es tiempo del abrazo, del encuentro y de los principios, por encima de las ideologías.


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miércoles, 9 de mayo de 2018

Votar con el bolsillo y el ratón

Me tiraron los tejos. Alguno de forma más descarada y otro de forma más sutil. Pero lo hicieron. Todo a raíz de nuestra odisea educativo-musical. Y eso quizás hizo que alguno pensase en mi posible incursión en la política. Pero ni tuve la tentación. Y no sólo porque no hay ni un solo partido que considere que representa nuestra visión de la política. Sino porque hacerte de un partido aquí y ahora, te convierte automáticamente en enemigo público número uno de los demás. Da igual si eres mejor o peor. Y me apetece muy poco cultivar enemigos. Creo que el mundo necesita puentes, y no barreras ni muros. Si eres de tal color o tal etiqueta, digas lo que digas, serás sublime para los tuyos y basura para el resto. Y si no es así, tarde o temprano te verás abocado a transigir con situaciones de muy dudosa ética o buen gusto, cuando menos. Es lo que he conocido personalmente de algún político malagueño, cuando ha llegado a la primera línea de fuego. Se puede conseguir mucho, pero a veces te cuestionas el precio pagado.
Por eso, hace años decidimos (y lo hicimos como familia) que muchísimo tendrían que cambiar las cosas para que nos mojáramos en política hasta el punto de militar o participar activamente. Opinar, apoyar y proponer sí, porque ojalá que ciertas propuestas o principios se incorporaran en todos los programas electorales, y se los copiaran unos partidos a otros. Pero ir más allá, en el contexto actual , consideramos que es quemar energías esterilmente, verte obligado a transigir o defender cuestiones contrarias a tus principios, y dedicar tiempo a la confrontación. Lo estoy viviendo con gente valiosísima con el dichoso tema catalán. Gente que está trabajando concienzudamente por un mundo mejor, y que se atascan inexplicablemente en trifulcas ideológicas, olvidando que las ideologías están pensadas para dividirnos, mientras que los principios son los que nos unen. Luchemos por que haya ciertos principios que estén en todos los partidos. Pero no de boquilla, de verdad.
Hasta entonces, nuestra opción es la Democracia 4.0. Mientras tanto seguiremos votando como siempre. Pero visto cómo las "circunstancias" tergiversan el sentido de nuestro voto, sentimos con fuerza que lo de ir a las urnas cada cuatro años se ha convertido en una coartada; un respaldo a los desmanes; cuando no un cheque en blanco o un apoyo a las hostilidades con el contrario. Eso difiere mucho del sentido de nuestro voto por un pueblo, una región, un país o un mundo mejor (todos en UNO, por cierto, y cada vez con menos fronteras y líneas rojas). Y por eso, nuestra opción es ejercer directamente y sin intermediarios nuestra cuota de soberanía popular. Es lo que establece el artículo 23 de la Constitución: "Los ciudadanos tienen el derecho a participar en los asuntos públicos, directamente o por medio de representantes, libremente elegidos en elecciones periódicas por sufragio universal.". Es curioso que lo de "mediante representantes"  está muy desarrollado, pero lo de participar directamente, parece que se les ha olvidado. Pues bien, nosotros lo pedimos hace ya algunos años, pero nuestra petición, como la de otros cuantos miles de personas, parece que sigue durmiendo el sueño de los justos en algún cajón escondido del Congreso de los Diputados. A fin de cuentas no interesa que haya miles de ciudadanos que decidan ejercer la democracia participativa de forma directa a través de unos escaños ocupados virtualmente para poder votar a través de internet todas las propuestas que lleguen al Congreso de los Diputados. ¿No sería magnífico que de los actuales 350 diputados una parte de ellos (o si hubiera 351 o 360 que ese uno o esos diez  más) representaran a los locos que, como nosotros, queremos decidir una a una cada una de las propuestas, proposiciones o mociones que se debatan en el Congreso o en cualquier asamblea legislativa directamente? Técnicamente es más que posible ya, y de hecho en varios parlamentos autonómicos ya existe esa posibilidad para los/as diputados/as en baja maternal o en baja por enfermedad prolongada. Es decir: si con ellos se puede, ¿por qué no con nuestro voto y el de miles de personas más? ¿Que sería pesado estar al día de todo ese caudal de propuestas? Sin duda. Pero hay gente para todo. A lo mejor crecería, incluso, el interés por la política. A lo mejor algunos echaban a suertes su voto (algo, probablemente más edificante que lo que vemos a veces en el Parlamento). E incluso los habría que delegarían su voto en personas de su máxima confianza que siguieran los debates y los desarrollos normativos a diario. Pero claro: quizás no interese mucho a la clase política que un nutrido número de ciudadanos nos quitemos de en medio su intermediación, sus trifulcas, su postureos parlamentarios, y sus imposturas partidistas. 
Lo siento pero no queremos que nuestro voto vaya a partidos que no salen de la espiral de la corrupción, y que minusvaloran los casos aparecidos. Tampoco a los que se erigen en "salvapatrias" con una visión unilateral de la realidad, de las sensibilidades de millones de personas y las de sus territorios. Ni aquellos que hacen de la política un puro revanchismo, una confrontación entre buenos y malos, y un puro teatro de marketing para las urnas.
Tenemos claro que, mientras tanto, es mucho más productivo votar dedicando esas energías a que las cosas mejoren a través del asociacionismo, de las ONGs, de las reivindicaciones vecinales, de la educación, de la vida familiar, y del cambio que cada uno pueda aportar a su rincón de este mundo holográfico en el que vivimos. Sí, y eso también es votar . De hecho es un voto muchísimo más importante que el "acalla-conciencias" de pensar que metiendo un papel en una cajita de cristal cada cuatro años, estamos decidiendo algo. Hay muchas, muchísimas decisiones en las que poder votar por un mundo diferente. Sí, también con repercusiones políticas. ¿O se puede estar en contra de las puertas giratorias o de los lobbies energéticos y aún no cambiarse a cooperativas energéticas que democratizan el consumo energético y garantizan que sea 100% verde? Nosotros llevamos dos años en Som Energía y estamos encantados. Y acabamos de incorporarnos al Grupo Local de Málaga para animar a mucha más gente. El otro día fue la constitución del grupo provincial y daba gusto sentarte en la mesa con otros quince locos, todos jóvenes de hasta setenta y pico años, convencidos de la necesidad de contagiar el cambio a través de un consumo más verde, más democrático y menos fraudulento y monopolístico. ¿Que no es posible que eso exista? Nosotros sólo podemos decir que funciona de lujo. Si uno se resiste al cambio, no puede quejarse luego de las consecuencias.
Y no es sólo en el tema de la energía. Cada pequeña decisión o paso que tomamos, se puede revestir de consciencia. Nosotros ya no buscamos información en Google, sino en Ecosia, para que la publicidad de nuestras búsquedas en internet permita plantar miles de árboles. Cuando vamos a reservar un vuelo o un apartamento, usamos Helpfreely para que se destine a las ONGs que decidamos un porcentaje de esa compra, sin aumento de precio. Y estamos a punto de librarnos totalmente de la banca tradicional, y gestionar nuestro dinero a través de banca ética como Triodos o Coop57, a la vez que les exigimos que den más pasos por colocar en el centro a las personas y no al dinero o a sus decisiones.
Sí. Lo sabemos bien. Como dice la canción de Rozalen, "Somos contradicción, y mucho del qué dirán". Pero podemos votar todos los días. Incluso varias veces. Con nuestro bolsillo. Con nuestro ratón. Preguntándonos qué hay detrás de cada compra o de cada click. Ello quizás nos alinee más con la solución que con el problema y la queja.


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martes, 1 de mayo de 2018

Rimel por las mejillas

Siempre conmueve ver a alguien llorar. Y si es alguien cercano aún más. Los adultos no nos damos fácilmente esas licencias. Y menos aún en público. Por eso, ver a tanta buena gente cercana llorando a moco tendido, nos impresionó. Algo se debía estar removiendo en sus entrañas. 
Hay quien se pregunta qué tiene esta mujer para arrastrar a las masas. Le decíamos el otro día que su poesía y su voz remueven el alma de millones de personas, quizás porque nos tocan en aquello que todos tenemos y que todos ocultamos. A fin de cuentas vivimos en la época del "postureo", de la risa fácil, de los selfies y los falsos "me gusta", de instantes vacíos de cartón-piedra. Pero ella conecta con nuestra vulnerabilidad. Con aquel pecadillo que no hicimos y que debimos hacer. Con aquel niño o niña retraído o machacado a base de burlas. Con la ausencia de los seres queridos. Con la madre a la que tiranizamos a la vez que adorábamos. Con ese encuentro con uno mismo que siempre rehuímos o con el mundo que nos rodea y que dejamos a nuestros hijos. Con ese dolor anclado en los tuétanos del alma que nos empeñamos en maquillar, y que necesita ser sanado.
Recital del 30/4/18 en El Pimpi
de Málaga (foto Diario SUR)
Pero para eso están las lágrimas. Para limpiar. Para hacer consciente lo inconsciente. Para sorprender a quien las guarda bajo siete candados en el pecho. No hay terapia ni psicólogo que supere unas buenas lágrimas alumbradas por una voz y un poema mágico. Un buen par de ramblas, como dice ella, cayendo por las mejillas, por mucho rimel que dejen a su paso. 
Para eso están también las palabras auténticas. Un buen par de versos que te desmonten por dentro, y te pongan "patas arriba" el corazón. Para llenar de cordura este mundo loco de "manadas" enfermas, de dictadores perturbados, y de consumismo fácil. Nunca hemos creído en los portadores de palabras falsas, que dicen querer dialogar mientras apuñalan por detrás; que llenan de palabrería los rencores del pasado; o que usan el verbo para encubrir sus tropelías. Las palabras son pedazos de Dios, de Alá o del Universo, da igual como lo llamemos. Requieren su espacio y su tiempo. Requieren un ritual sagrado que les permita expandirse y hacerse uno con nosotros, hacerse carne con nosotros. Y Magdalena les da ese poder.
Nos daba apuro que, con zozobra, y con un pañuelo enjugando las lágrimas, tanta gente se nos acercara al final de sus recitales a darnos las gracias. ¡Darnos las gracias a nosotros! Si lo único que hacemos es compartir el enorme privilegio de tener amigos que impulsan un mundo mejor cada día. ¿Nos vamos a guardar un tesoro así? Los amigos no nos pertenecen. Tampoco las palabras. Ni siquiera los instantes mágicos.
Recital en el IES Juan
de la Cierva de Vélez-Málaga
Han sido días entrañables. Días de risas, de confidencias, de abrazos y de celebración. De poesía y de vellos de punta. De llegada de la primavera tras el oscuro invierno de la quimio y del quirófano. De celebración de la vida por encima de los miedos a la muerte. Del brotar de un pelo aún incipiente. Y de la ilusión por el aquí y ahora, por encima de hipotecas y de los vértigos de un futuro, quizás de renuncias y desapegos.
Anoche nos despedíamos cenando y trasnochando juntos en familia. Uno cena en familia con quien se siente hermano o hermana, aunque no tenga la misma sangre, y sus caminos se hayan cruzado antesdeayer. Son los privilegios de las palabras sagradas y de las lágrimas compartidas. Quién sabe si un día nos harán hermanos a todos los que habitemos ese mundo mejor que tanto anhelamos. 



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domingo, 15 de abril de 2018

Yide Bikoue

Ya me apetecía conocerle en persona, la verdad. Es un lujo tener amigos virtuales que están trabajando por todos los rincones del mundo, impulsando un mundo mejor. Pero no hay nada como el abrazo, la mirada, y el lenguaje no verbal de la presencia física para sentirte aún más cómplice de héroes como él, y su querida Denise.  Se hacía complicado ese encuentro en persona para consolidar los proyectos conjuntos y avanzar en nuevos retos. Hace unos días se produjo esa fugaz reunión. Demasiado efímera para tanto por compartir. Pero aún había mucha gente a la que visitar, muchas redes que tejer, muchas sensibilidades que tocar, y pocos días aquí en España.
Herminio, Denise y algunos de sus chavales de Yide Bikoue
De su Córdoba natal, y de su vida como empresario joyero, Herminio pasó a vivir a cinco mil kilómetros en Ngaoundere, al norte de Camerún. Paco y Dulci lo conocieron allá por Perú, en aquella comunidad de niños de Lima que supuso el germen de nuestro querido proyecto de ADAPA. Y desde entonces Herminio quedó tocado. Y decidió, él también, transformar el mundo, a través de su compromiso con la infancia. No sabía cómo ni dónde. Pero cuando uno visualiza su misión, y pone sus energías en ese empeño, no hay nada que le pare. Y mágicamente se suceden todo tipo de confluencias cósmicas, sincronicidades y casualidades para que eso sea así. El ofrecerse al universo hace que la misión surja. A fin de cuentas hay tanto donde arrimar el hombro...
Chavales de la calle en Ngaoundere
Dejó su negocio de joyería, y se embarcó en la locura de recorrer África en bicicleta para recaudar fondos solidarios.Pero un amigo de una amiga le abrió antes las puertas de Camerún para que conociera la realidad de un continente tan duro. Y vaya si lo conoció. Se estrelló de lleno con un proyecto de emprendimiento social, y fue engañado en multitud de ocasiones. Es lo que sucede en los lugares en los que la supervivencia es lo primero, por encima de lealtades y compromisos éticos. Aprendió la lección. Y sintió que un entorno difícil no le iba a alejar de su vocación por los niños. Sobre todo siendo la necesidad allí tan acuciante. Por medio se cruzó Denise, su actual esposa, que conocía en sus propias carnes cómo es la vida de la calle en Camerún: sin duda durísima, especialmente para los niños varones. Cientos de ellos vagan por las calles sin rumbo, sometidos a vejaciones y abusos sexuales, enfrascados en multitud de peleas y disputas, y esnifando cola a todas horas. 
Fiesta en Yide Bikoue
Cuando te enamoras y decides iniciar una vida en pareja, sueles encerrarte en una burbuja idílica, y andas extasiado y casi atontado. Probablemente eso también le pasó a esta pareja, como a todas. Aunque poco tiempo tuvieron para embobamientos. Esa llamada de las entrañas a veces se hace demasiado apremiante, cuando la realidad es tan tozuda. Y la de los "nangaboko" (los niños de la calle) allí lo es. Así que no saben cómo, pero decidieron hacer compatible su matrimonio con la vida en comunidad que poco a poco han ido creando en su casa. Al principio fue en una casa destartalada sin luz ni agua, viéndose obligados a traer agua en bidones. Y actualmente están en otra que al menos les permite tener literas, agua, luz, y un comedor.
Los chavales de Yide Bikoue
a la entrada al cole (fila derecha)
No debe ser fácil tener veintitrés chavales en tu casa en continuo vaivén hormonal, en trifulcas frecuentes y con los caprichos habituales de la edad, tras un pasado tenebroso como el suyo. No debe ser nada fácil todo el papeleo administrativo para gestionar un proyecto social como este. Tampoco debe ser fácil gestionar los uniformes, las clases particulares y las de karate, para que poco a poco recuperen su autoestima, su confianza y quizás un futuro que andaba más que perdido. Y desde luego no debe ser nada fácil compatibilizarlo con tu vida matrimonial, y con la llegada de tu segundo hijo, que es en lo que Herminio y Denise están ahora. Pero ellos dicen que, superadas las primeras tres o cuatro semanas tras la llegada de un chaval a su casa, la recompensa vale mucho la pena. Los chavales empiezan a sentirse parte de una gran familia, y poco a poco actúan como chicos de su edad. Eso sí, respetando las normas sagradas de la casa: no robar, no mentir, y no pegarse.
Después del café compartido con Herminio mientras Rayco, el hijo de Paco, correteaba entre las mesas de la cafetería, te entran ganas de dejarlo todo y hacer una locura como la que hizo nuestros camerunés cordobés. Y te parece poco el dinero que desde ADAPA hemos aportado para la lavadora y el congelador de su proyecto Yide Bikoue ("El amor de los niños"). O el que enviamos mensualmente para el apadrinamiento de Josoufa, uno de los chavales del proyecto, que con toda naturalidad narra las barbaridades que le ha tocado vivir con tan corta edad. Por eso habrá que involucrarse en tender más puentes con ellos. Habrá que ayudarles a tener un espacio más digno y espacioso, porque se les parte el corazón al decir que "no" a nuevos inquilinos por imposibilidad física de acogerlos en su actual casa.
Dice el Talmud, y lo repetía la película "La lista de Schlinder", que "Quien salva una vida salva al mundo entero". Sin duda no puede haber mejor frase que describa el mundo holográfico en el que vivimos. Herminio y Denise van camino de salvar varias decenas de mundos enteros. Y no va a haber más remedio que involucrarse aún más en su tarea.


NOTA: Si os parece bien, iniciamos con este post el apoyo solidario a este proyecto de Yide Bikoue, de Herminio y Denise. Ya sabéis que este post se publica, como todo lo que escribimos, de forma gratuita y en abierto tanto en nuestro Blog como en nuestro Patreon. Pero si te gusta lo que escribimos, te ayuda, te sientes en gratitud, y quieres también impulsar un mundo diferente para vivir con nosotros, puedes colaborar en nuestros proyectos solidarios colaborando con una cantidad simbólica (desde 1€/mes) en nuestro Patreon Solidario.

miércoles, 11 de abril de 2018

Dos globos en el andén

A veces llegan rachas complicadas. La muerte de un ser querido o las preocupaciones del trabajo a veces hacen que el "día a día" se ponga cuesta arriba. Ella estaba justo en una de esas rachas. Era la enésima tarde que se quedaba en Málaga en la últimas semanas para tratar de hacerse con un nuevo trabajo que aún le cuesta digerir. Era ya tarde y hacía cola en la taquilla de la estación con ganas de llegar pronto a casa. De repente un chaval de unos veintipocos con dos globos en la mano se acercó azorado a la cola. Quizás fueron los dos globos; quizás su extremo nerviosismo; quizás su posible discapacidad mental; o quizás el nulo caso que se le hacía. Pero lo cierto es que ella no podía sentirse indiferente ante una escena así. Ni ante la insensibilidad que demostró la señora de la taquilla ante el "dramón" que aquel chaval llevaba consigo. Era de Montilla, a una hora y pico de Málaga. Había pasado todo el día en la capital, y cuando regresaba a su pueblo con sus dos globos, se equivocó de andén y el último autobús ya había salido. La taquillera se mostró indolente con él: "Pues te buscas un hotel, y mañana te coges el primer autobús para tu pueblo". Pero no le quedaba ni un céntimo después de su día de asueto. Y su agobio crecía por instantes.
Ella se le acercó para ayudarle. Pero él apenas podía organizar su cabeza. "Me va a caer un castigo..." "Si es la primera vez que me pasa algo así..." "Si soy de los pocos chavales a los que les dejan salir, porque siempre hago las cosas bien..."
A toda prisa fueron a la cercana estación de tren. Pero el último tren también había partido ya. Mientras tanto, lo típico que suele suceder en este tipo de crisis: el móvil que se queda sin batería, la búsqueda de un sitio para recargarlo, la llamada a la madre para explicarle y tranquilizarla...Lo intentaron con Blablacar y cuando por fin reservaron una plaza para las ocho y media, se dieron cuenta de que era esa hora pero del día siguiente. Tocaba empezar de nuevo tras pedir disculpas al conductor. Ni siquiera cayó en la cuenta que su propio autobús ya se había marchado mientras ayudaba al chaval de los globos. Es lo que pasa cuando te vuelcas en los demás: tus preocupaciones se van al garete. Seguro que cualquiera que la conozca  bromearía con ella sobre si estaba pensando en llevárselo a su casa, y buscar otra alternativa ya al día siguiente. Hay gente que es incapaz de dejar a su suerte a un ser desvalido, sea un gato, un perro o un desconocido con dos globos en un andén.
Fue justo lo que barajaba en su cabeza cuando lo intentó con otra de las plataformas de compartir coche, Amovens, instalándose la aplicación, registrándose e iniciando a toda prisa la búsqueda de conductores, aunque fueran con destino a Córdoba. Y hasta allí, finalmente, sí que encontró uno. Introdujo sus propios datos para el pago del trayecto, y quedaron con el conductor al poco rato en el entorno de la estación. El chaval no paraba de repetir: "la que me va a caer, la que me va a caer". Una y mil veces. Como una y mil veces tuvo que deshacer el paso para recuperar alguno de sus globos atados a un palito. La escena parecía surrealista. Tan surrealista que él le preguntó si ella se dedicaba a eso: a ayudar a gente indefensa que había perdido su último autobús.
Cuando por fin encontraron el coche reservado, el conductor y los otros dos ocupantes alucinaban con la escena. "¡Ah! ¿Qué es él el que viene? ¿Que es un desconocido al que no conoces de nada? ¿Que tú no vienes? ¿Pero entonces?" Las dudas quedaron resueltas por el chaval de los globos durante el trayecto. El conductor, viendo el panorama, también amable, accedió a desviarse hasta Montilla en su viaje a Córdoba. Y ella llegó casi en el último autobús del día a su casa, ya exhausta.
Sin duda nadie le devolverá el importe del trayecto a Montilla del chaval de los dos globos. Tampoco el del billete del autobús que perdió por ayudarle. Ni tampoco el tiempo y las carreras que pasó durante esas tres horas de búsqueda desenfrenada de una solución. Probablemente ni la madre del chaval le agradezca el gesto, porque ¡a saber qué explicación le habrá dado el chico para reducir su castigo! Tan sólo un mensaje muy cariñoso del joven al día siguiente dando las gracias, confirmando el duro castigo, y mostrando su deseo de volver a verse para agradecerle su bello gesto. Eso sí, mucho más tranquilo, porque reconocía su histerismo de la noche anterior.
A veces pensamos que cambiar el mundo va de grandes revoluciones. Y quizás va de gestos simples de bondad hacia un chaval con capacidades distintas que sostiene dos globos en un andén de una estación de autobuses.
Me apasiona lo que dan de sí las conversaciones en los trayectos a Málaga cada mañana, compartiendo coche ...


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jueves, 5 de abril de 2018

El clan y las familias cósmicas

La sangre está sobrevalorada. A fin de cuentas es sólo parte de esa carcasa que somos. Pero somos mucho más que esa carrocería que mejor o peor, tarde o temprano, acabará en cenizas o presa de los gusanos. Por eso nos siguen sorprendiendo los obsesivos procesos que se producen en demasiadas familias. Y lo decimos nosotros, en nuestro blog, que precisamente va de eso, de una familia de tres hijos.

La familia. Padres, hermanas, primos, sobrinas, tíos, abuelas... Ese ente que nos da la vida. Esas personas que nos acogen y nos miman en la llegada a este mundo. Y que a veces nos vuelven locos/as de atar. Ese lugar que nos inspira gratitud y resentimiento casi en las mismas dosis. Que nos cura y nos hace enfermar. Probablemente porque como germen de la vida, se mueve entre dos polos extremos difícilmente conciliables: el polo de la pertenencia y el polo de la libertad.

Haciendo tonterías cósmicas con los trajes de apicultor
de nuestro amigo Jose en la Sierra de Segura en 2016
Esos polos se manifiestan en casi todas los grupos humanos. Lo vemos en los círculos de nuestros hijos, en los que si no llevas la ropa de una determinada forma, ves los mismos youtubers que el resto, y escuchas las mismas canciones, eres expulsado/a cruelmente bajo la mofa y el cachondeo generalizado. ¿Que quieres libremente vestir, ver u oír otras cosas? Tú mismo, con tu mecanismo. Pero bien sabes a lo que te arriesgas. Igual les sucede a quienes emigran a otra provincia o país. Los hay que no paran de lamentarse de que en sus nuevos destinos la comida, el tiempo o la gente no son ni de lejos como los de su patria chica. Y los hay que hacen de los lugares más inhóspitos un hogar donde expandir los pulmones del libre albedrío. Y si eso sucede en tantos grupos humanos, qué decir en el grupo primario y primigenio: la familia.

Pertenencia y libertad. Difícil equilibrio que causa no pocas paranoias en muchas familias. En unos casos, porque al estilo de El Padrino, se busca un clan sólido donde la independencia y la emancipación no se ven con buenos ojos. Y en otros porque hay personas que buscan esa identificación, y en su familia sólo logran ver espacios abiertos que se expanden sin límites. Y tanto en un caso como en otro surge el sufrimiento en multitud de circunstancias. Desde la cena de Nochebuena, a la gestión de una herencia. Desde los parecidos físicos a la importancia del dinero o de un trabajo seguro y para toda la vida.

Aunque a muchos os parezca una locura, estamos convencidos que elegimos venir a nuestras respectivas familias. No es una cuestión aleatoria o de azar. Escogemos a nuestros padres con una finalidad: bien sea de aprendizaje, de crecimiento, o para superar determinadas pruebas. Y de esta forma, la familia se convierte en el mejor campo de entrenamiento para desplegar todo nuestro potencial. Incluso cuando lo que nos vamos a encontrar es tan duro como lo que muchos, por desgracia, os encontráis en esa pugna entre pertenencia y libertad.

Una familia puede ser un lugar maravilloso donde verse acompañado en los dones y talentos que uno o una trae para desplegar en esta vida. No es un sitio donde nos tienen que enseñar "qué es la vida". Eso ya lo traemos de serie. Es un lugar donde poder elevar a la máxima expresión nuestras capacidades y nuestros anhelos para ponerlos a disposición de los demás. Y si nuestra familia nos coloca entre la espada y la pared, a lo mejor es que tenemos justo ahí una de las pruebas que teníamos que sortear habiendo elegido venir a esa familia. Porque familia sólo hay una. Pero eso no significa que no haya miles o quizás millones de personas dispuestas a ser tu familia cósmica. A vibrar como tú lo haces. A luchar por un mundo mejor como tú. A darse a los demás como a ti te gustaría hacer.

Hay muchos que ya lo están haciendo. Sin resentimiento hacia su familia natural. Con profunda gratitud por la fortaleza interior que todo ese proceso familiar les ha proporcionado. Y han entendido que la familia que les trajo al mundo tenía un papel que es el que les ha ayudado a crecer como lo han hecho. Pero trabajando por integrar ese clan que les trajo al mundo y les ayudó a caminar, con esa amplísima familia cósmica que crece por doquier en busca de un mundo mejor. No se trata, probablemente, de derribar esos muros que a veces nos oprimen desde la pertenencia, sino de construir puentes que nos unan a tantas y tantas personas que están "a otra cosa, mariposa", volando en libertad.




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miércoles, 21 de marzo de 2018

Esa conversación que no tuvimos

¿Y si los problemas del mundo son el resultado de las conversaciones que no se han tenido? ¡Menuda preguntita nos plantearon hace unos días en Sevilla! Fue en un curso de innovación colaborativa y de generación de diálogo, redes y sinergias dentro de la Administración. Potente frase que nos interpela en cualquier faceta de la vida, en cualquier escena de nuestra cotidianidad.

Jornadas Innovación Colaborativa (IAAP: 13, 14 y 15/3/18)
Escena 1:
Esta semana apenas he podido hablar con los niños. Menudo ajetreo. Justo anoche llegué de las jornadas de Sevilla y mañana “zumbando” para Barcelona. Vengo esperanzado tras tres días de convivencia profesional en las que las palabras “Innovación” “Colaboración” y “Funcionarios” aparecían de la mano. ¿Esas tres palabras en una misma frase?. Sí. Hay gente para todo. Y aunque pueda parecer mentira para algunos, hay gente que está trabajando por un mundo mejor desde su trabajo en una ventanilla de atención al público, en una jefatura de servicio o desde un simple puesto de técnico o administrativo. Son de esos locos que se empeñan en colocar a la persona en el centro, sean ciudadanos o compañeros de trabajo. Lo de menos es el puesto en el escalafón. Liderazgo significa ayudar a sacar lo mejor de uno mismo, lo mejor de mis iguales, lo mejor de mis jefes, y lo mejor de mi equipo. Y esta gente lo hace por encima de protocolos, de burocracias, de procesos y de normativas de todo pelaje. ¿Que si son minoría? Puede ser. Nadie dijo que la tarea fuera fácil.

Escena 2:
En el viaje de vuelta de Sevilla pusimos en práctica “a rajatabla” lo aprendido. Hay que buscar espacios y momentos para conversar y para hacernos permeables al otro. Y hay que tratar que lo que a veces surge espontáneamente puede canalizarse y protocolizarse para que fluya con más naturalidad. Por eso cinco locos nos hemos empeñado en impulsar Juntacar, y con ello ahorrar costes de gasolina, emitir menos contaminación y, sobre todo, compartir conversaciones y sinergias en los desplazamientos laborales. Yo lo practico a diario con Tania y Rocío, y una vez en semana con María Jesús. Y ya estamos tejiendo redes, sinergias y sobre todo una bella amistad. En ese viaje de vuelta de Sevilla lo practicamos también Carmen, Rosa, Pedro y yo. El viaje se hizo en un “plis-plas”, la Junta de Andalucía se ahorró billetes de tren, y nos confabulamos por una Administración mejor. Quién sabe si llegará un día en que cuando nos convoquen a una reunión o a unas jornadas se facilite de forma proactiva el que compartamos coche o incluso hospedaje. Porque ya se sabe: si tu mente viaja, debes dejar que tus pies la sigan. Hay mucho que ahorrar, y mucho que conspirar. La inteligencia colectiva siempre, siempre, siempre es mayor y mejor que la inteligencia individual. Por eso hay que buscar excusas para el encuentro. Donde sea y cuando sea.

Escena 3:
También hay mucho que conversar con uno mismo. Antes quizás que con los demás. Porque podremos aportar a los demás según vayamos cultivado en nosotros. Por eso también tienen sentido otros proyectos, que ya son realidad, como el de Mindfulness. ¿Cómo queremos atender bien a la ciudadanía o enseñar bien a nuestros escolares si estamos “atacados” de los nervios, dispersos con mil historias en la cabeza, y en un bullir interior incesante? En mi anterior destino en una oficina de empleo dedicábamos 15 minutos antes de atender al público a propiciar esa conversación con uno/a mismo/a. Y los resultados fueron magníficos, tanto en la atención al ciudadano como en la cohesión del equipo. Ahora nos lo planteamos para un edificio de 14 plantas y para unos 600 funcionarios. Locuras de unos pocos empeñados en aportar granitos de arena más allá de aquello por lo que estrictamente les pagan. A fin de cuentas, hay que escuchar con atención para hablar y actuar con intención.

Mey ante una gran panorámica de Barcelona, este sábado
Escena 4:
Un niño llora desconsolado a mis espaldas. No puedo dormir. El espacio entre asientos me tiene comprimido. Son las cosas de los vuelos low-cost. En un rato me revisarán mi maltrecho ojo izquierdo en la ciudad condal. Ya tocaba, la verdad. Sólo se acuerda uno de San Pedro cuando truena. Y ya hace años que no me acuerdo de San Borja, el cirujano que me salvó el ojo. Hoy volveremos a hablar con el doctor, aunque él es hombre de pocas palabras. Mey duerme a mi lado recostada sobre mi hombro. Eso sí, me tiene cogida la mano izquierda muy fuerte para que no me escape, mientras escribo con la derecha. Es curioso cómo a los dos nos da tranquilidad tenernos cogidos cuando vamos a dormir. Da igual que sea de noche en la siesta o en esta lata de sardinas volante. Ha sido una suerte que vayamos juntos a pesar de que a la empresa de turno se le haya ocurrido la brillante idea de cobrar un plus si quieres disfrutar de la compañía de tu pareja. Pero para eso estamos las personas: para conversar y ponernos de acuerdo sobre todo y por encima de todo. Una niña que se sentó junto a mí ha podido viajar junto a su madre a la que habían sentado junto a Mey. Cambio de asientos. Familia reunidas. Lo que hace el conversar…

Escena 5:
La revisión ocular ha ido bien. Más que bien. Se abren nuevas aventuras tras ella. Nos regañaron por habernos demorado tanto en venir. Ese ojo aún está muy tocado y habría que revisarlo anualmente. Nosotros hemos tardado casi 6 años en hacerlo. Afortunadamente la vista incluso ha mejorado. Y aunque la revisión parecía que sería corta, animados por lo aprendido en Sevilla, quisimos abrir una nueva conversación, y superar el “virgencita, virgencita, que me quede como estoy”. ¿Tras dos operaciones gravísimas y meses de terapia visual tendría sentido plantearse atacar el estrabismo y quizás ver en 3D algún día? Tocando el ojo bueno desde luego que no, nos dijeron. Sería una locura, aunque posible. Pero sería totalmente factible con el ojo tocado. Porque la musculatura está bien a pesar de las intervenciones en vítreo, retina y cristalino. Y sobre todo porque sólo en dos ocasiones han conocido a alguien capaz de crear y suprimir a voluntad con su cerebro la segunda imagen de un estrabismo. Mucho por hablar y por decidir. Lo que una simple pregunta puede suponer cuando se ahuyentan los miedos o los prejuicios…

Escena 6
Anoche paseamos por las Ramblas. Venir a Barcelona y no hacerlo sería un sacrilegio. Quizás haya pocos sitios donde la heterogeneidad, la multiculturalidad y la riqueza de lenguas y razas de nuestra Humanidad se hagan tan presentes. Tras el atentado de este verano pensábamos que quizás estaría menos concurrida de lo habitual. Pero no. Estaba a rebosar. A veces la libertad le gana la partida al miedo. Aunque no pude evitar pensar en aquel individuo que embistió con su furgoneta a centenares de personas hace solo unos pocos meses en este mismo lugar. ¿Cuántas conversaciones habría necesitado para calmar esa sed de venganza? ¿Cuántas habríamos necesitado nosotros para entender por qué hay gente dispuesta a inmolarse o a atacar así a una multitud? Muchas preguntas. Muchas conversaciones pendientes.

Escena 7:
Al final de las Ramblas, llegando a Plaza Catalunya, escuchamos gritos, aplausos y abucheos. Cientos de personas estaban concentradas. Predomina el color oscuro en la piel de los presentes. Pero también hay muchos de tez clara. Hay indignación, hay pena, hay incredulidad. Les mueve la muerte del chico senegalés en Lavapiés. Ojeamos rápido la prensa y nos encontramos lo de casi siempre: diálogo de sordos. Para unos es un héroe masacrado por la brutalidad policial, y para otros un simple ilegal sin papeles fallecido por causas naturales. También ahí quedan muchas preguntas por resolver y muchas conversaciones pendientes. Porque resulta obsceno el contraste aquí entre los yates multimillonarios del puerto y justo al lado los centenares de manteros, siempre alerta ante una posible redada policial. Habrá que entender por qué existen los cayucos, las fronteras, los “sin papeles” y los hacinamientos de tantas personas en busca de una oportunidad que no tuvieron donde les tocó nacer. 

Escena 8:
Nos encanta esta ciudad. Y eso que casi siempre venimos por temas médicos. Es un lugar vibrante, que palpita sin cesar. Pero con tanta gente de tantas procedencias y sensibilidades, la necesidad de diálogo se acrecienta. De lo contrario, las distancias se hacen enormes. Los balcones llenos de banderas de todo pelaje dan buen testimonio de ello. Los “Hola República” compiten con los “Hola Europa”. Los lazos amarillos con las pegatinas de Tabarnia. Reconozco que ya cansa esta permanente batalla. Porque si alguna de las posturas piensa que “antes de lo suyo no hubo nada”, se equivoca. Como dijo un compañero hace unos días, esa frase sólo existe en un corazón enamorado. Todos somos UNO. Y estamos unidos de una u otra forma. Lo queramos o no. Por eso es absurda la dinámica en la que llevamos meses. A ver quién la tiene más larga, sean banderas o manifestaciones. Cuando lo importante es lo largas que deberían ser las conversaciones para acercar posturas y cerrar esta grave ruptura social. Muchas conversaciones pendientes aquí. Faltan ganas y disposición para entender al discrepante, al diferente. Mucho por hacer en ambos lados.

Escena 9:
Hacía quizás años que no asistíamos a un espectáculo en parejita. La escapada barcelonesa era una oportunidad de oro. Y dado nuestro dominio del catalán y la oferta de la cartelera, la mejor opción que vimos fue un espectáculo de danza contemporánea. No lo esperábamos, pero nos conmovió profundamente. Trataba sobre la mujer y sobre la igualdad de géneros. Es increíble cómo cinco personas sobre un escenario vacío pueden llegar a estremecer tanto, y en tan poco tiempo sobre los estereotipos, la violencia y la discriminación de tantas mujeres en todo el mundo. Y todo ello tan sólo con el movimiento de sus cuerpos en conjunción e interrelación. Muchísimo sobre lo que conversar, también en esta materia.

Escena 10:
Hay gente a la que esto de conversar, de propiciar el diálogo y de suscitar el encuentro le sale solo. Mey es una de esas personas. Quizá sea por su vocación docente o por los idiomas. Pero ella tiene interiorizados los Caminos Caórdicos y las técnicas SCRUM, Espacio Abierto, Círculos de Coaching, Check-In o Check-Out que nos enseñaron en Sevilla. Cuando hemos ido los dos a dar alguna charla o conferencia, le fluyen de forma natural ideas y dinámicas para el compartir, el diálogo y el conformar equipos. A los demás quizás nos toque aprender todas esas técnicas. Porque el no dialogar no es una opción. Sí o sí. Sea moviéndonos entre lo muy organizado o lo muy caótico. Sea por carta, por skype, por facebook, en una reunión de trabajo, en el coche, o por teléfono. Pero solo conversando se puede conspirar por un mundo mejor. ¿Conspiramos? ¿Conversamos? Como hicimos en Sevilla, pasamos la bola de la palabra.



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jueves, 8 de marzo de 2018

Gestos en femenino plural

Un mundo diferente para vivir es posible con ellas. Sin ellas no. Imposible. Por eso lo de hoy tiene todo el sentido del mundo. Y ojalá lo de hoy sea sólo el inicio de lo que está por venir.
Porque urge un mundo más femenino.
Las mujeres de la familia, hace dos semanas.
Urge una Humanidad más llena de mujer.
Urge apostar por la cooperación, más que por la competencia.
Urge preocuparse por los demás, por los más débiles, y cuidar más del prójimo, como ellas hacen mayoritariamente.
Urge trabajar en lo pequeño y en lo escondido, aún en la ausencia de reconocimiento ajeno.
Urge encontrar el lado femenino que todos tenemos; sí también los muy "machotes".
Urge olvidarse del "yo ayudo en casa" y darse cuenta que no es que ayudes en la responsabilidad de ella; es que es también tu responsabilidad.
Urge desactivar tantas y tantas programaciones que llevamos todos, incluso ellas, tras generaciones y generaciones de sometimiento o arrinconamiento.
Urge huir de la crítica a ellas por hacer lo que se alaba en ellos.
Urge huir del chiste "facilón", de los comentarios lascivos y de las pesadas insinuaciones.
Por supuesto urge saber ponerse del lado correcto ante un acoso o una agresión, ante una injusticia salarial.
Y urge porque han pasado siglos ya de vivir como normal lo que no lo es. Y así nos va.
Hay muchas personas que siempre nos preguntan si quien escribe este blog es un hombre o una mujer. Y siempre pensamos lo mismo: ¿por qué importa tanto clasificarnos con lo que tengamos entre las piernas a la hora de cambiar el mundo? Hay muchísimo de femenino en lo que escribimos, lo escriba Mey o lo que escriba Rafa. Hay muchísimas mujeres que nos leen y que tejen redes con nosotros. Y también hay muchos hombres que conectan con lo femenino que, desde este humilde altavoz, emitimos.
Una huelga como la de hoy es un gesto más. Un gesto que puede ser más o menos compartido. Más o menos acertado. Pero tan necesario como tantísimos gestos que deben venir. Porque hay mucho que pintar en femenino. Mucho que hacer en femenino. Y solo no se va a hacer. Habrá que apretar con muchos gestos más en femenino plural.

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sábado, 3 de marzo de 2018

Cambridge

El mundo es un pañuelo. E incluso hay teorías que lo demuestran. Se dice que cualquier persona en la Tierra puede estar conectada a cualquier otra persona del planeta a través de una cadena de conocidos que no tiene más de 5 intermediarios, conectando a ambas personas con tan sólo seis enlaces. Nosotros compartimos esa visión. Y lo cierto es que cuanto más amplios son tus círculos y más pequeñas las distancias y las fronteras, más conectados nos sentimos con el resto de la Humanidad. A fin de cuentas todos somos Uno. Por eso sería maravilloso conocer todas las semanas lugares nuevos y gente nueva. Cincuenta y tres sitios nuevos, y otros tantos seres en nuestras vidas cada año. Menudo lujazo sería.
King´s College.
Quizás todas las semanas sería demasiado. Pero un par de buenas escapadas al año vienen de maravilla. Y la de febrero ya se ha convertido en una tradición en casa. Una escapada en pleno invierno abarata mucho los viajes y los destinos suelen estar muy poco concurridos. Es sin duda el mejor momento para unos trotamundos como nosotros. Pero este año era aún más especial. La escapada a Cambridge era la excusa perfecta para conocer a Julia, nuestra nueva sobrina, que precisamente hoy cumplía su primer mes de vida.
Sabíamos que este año habría menos museos o monumentos que visitar. Menos bosques que recorrer. Menos lugares nuevos por descubrir. Pero eso no hacía menos excitante la escapada. Y es que contemplar a un ser tan indefenso, tan inocente y tan entrañable durante horas puede ser el mejor de los planes cuando sientes que un fino hilo te une a ese ser. Y no puedes evitar pensar cómo será el mundo que le entregamos a Julia. Cómo se desenvolverá en él. Y si ella formará parte de ese ejército de seres elegidos para transformar este mundo. Todo ello mientras simplemente la contemplas dormir, o mientras compruebas cómo por momentos sus pupilas empiezan a descubrir formas y colores hasta ahora borrosos para ella. Quizás sea que tenemos adicción por los niños pequeños (ya deberíamos estar vacunados, tras tres hijos), pero lo cierto es que mecer a un bebé, canturrearle al oído, tranquilizarle con los gases, o simplemente dormirlo es una experiencia única para nosotros. Algo que te conecta con el sentido más auténtico de la vida. Lejos de jaleos, de prisas, de agendas y de ambiciones. Y cerca del simple vivir viviendo. De ese tenue discurrir de la existencia de generación en generación. Y te olvidas del ayer o del mañana. Sólo existe el aquí y el ahora mientras su minúsculo pecho suspira o su boca busca en sueños el pecho materno.
Pero esta semana Julia no ha sido el único nuevo eslabón de nuestros seis grados de separación. También hemos conocido a Henry, un magnífico anfitrión, que nos abrió las puertas de su elegante apartamento de Cambridge en cuanto supimos que Julia nacería por estas fechas. Su generosidad y flexibilidad con nosotros han sido mayúsculas. Y sus historias sobre sus viajes alrededor del mundo, apasionantes. Siempre que podemos, tratamos de contactar con personas que, como nosotros, abren las puertas de su casa a desconocidos por el simple placer de conocer nuevas experiencias, tejer complicidades y construir puentes de entendimiento. En eso Henry es todo un maestro. E intuimos que surgirán con él interesantes sinergias. Seguro que vendrá a Málaga. Seguro que le ayudaremos con su intención de hacer el Camino de Santiago. Y seguro que él nos guiará en alguna escapada futura por su amada Asia.
Mañana toca vuelo de regreso a casa. Y estamos pasando las últimas horas en Londres con nuestros queridísimos Nuria, Pete, Stella y Alexia. Ellos ya forman desde hace muchos años parte de esa red que nos une al resto de la Humanidad. Nunca ha sido un problema que vivamos tan lejos. Ya nos encargamos de fomentar el intercambio y vernos al menos un par de veces al año, para que esos lazos sigan firmes para nuestros hijos.
Cuando una visita a Cambridge resulta tan rica por la gente a la que conoces, lo demás resulta casi anecdótico. Aunque sea la primera vez que hayamos pedaleado a seis grados bajo cero. Aunque hayan tenido que cerrar colegios y universidades por el gélido temporal. O Aunque haya sido la primera vez que visitamos una ciudad milenaria teñida de blanco. A fin de cuentas, esta semana el mundo se ha convertido en un pañuelo un poquito más pequeño para nosotros. Y ese factor humano es, sin duda, lo más importante. Como siempre.


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martes, 20 de febrero de 2018

De puntillas

Ya han pasado seis meses. Y uno no acaba de acostumbrarse a la ausencia de un hijo. Por mucho entrenamiento que tuviéramos con el otro el pasado curso. Aún nos levantamos y lo primero que hacemos es mirar si hay un audio, una foto o un vídeo suyos en el whatsapp. Algo que nos conecte con él al otro lado del "charco".
Sorprende ver hasta qué punto los hijos crecen en la distancia. Cuando los ves a diario, los avances son difíciles de advertir en el "día a día". Pero en plena adolescencia y con tantos meses de por medio, los cambios son abismales. Y de repente te lo encuentras hecho casi un hombre a la vuelta de un skype. Casi de puntillas. Casi sin darte cuenta.
Francia, verano de 2006
En la mirada lejana, alucina comprobar hasta qué punto cada hijo es distinto. Por mucho que los hayas educado igual. Por mucho que se hayan ido con la misma edad, al mismo país, o bajo las mismas premisas. Siempre hay un hijo que prefiere pasar inadvertido. Como esos valiosos libros que, como diamantes, se ocultan en los rincones más recónditos de las grandes bibliotecas. El nuestro busca a conciencia el anonimato. Siempre lo ha hecho. Incluso cuando mentía a su profe de lengua sobre lo poco que leía, para no tener que hablar del "libraco" de mil quinientas páginas que le esperaba debajo de la almohada cada noche. Despliega todas sus artes para mimetizarse con el entorno. Y cede el protagonismo a otros. Quizás por timidez. Quizás por convicción. Quizás por guardar celosamente su intimidad.
Lo más difícil es cuando, como padres, tratamos de desentrañar cómo está por dentro a seis mil kilómetros de distancia. Qué siente. Qué anhela. Qué ansía. Y nos toca descifrar los mensajes en clave que nos llegan sueltos. Es cierto que la comunicación se llena de pequeñas anécdotas. Pero el corazón sigue ahí, escondidito. 
En ese proceso oculta sus dones y no acaba de descorchar el manjar de su alma. Por si acaso. Pero siempre, como padres, nos preocupa pensar hasta qué punto estará reservando parte de su tesoro. A lo mejor porque piense que con el talento es suficiente. Por ahorrarse esfuerzos baldíos. O quizás porque no le interesen los trenes que a veces pasan ante nosotros en la vida.
Sin duda pertenece a ese grupo de personas que, probablemente tienen más controlado su ego. A fin de cuentas no van vanagloriándose de sus logros. Aunque hayan sido escogidos entre todos los estudiantes de piano de Pensilvania para una masterclass. O aunque se estén desenvolviendo de maravilla en territorio forastero,con notas espectaculares, y con asignaturas en inglés. 
Nunca sabes, como padre, si deberías apretar un poco para que el trabajo haga el tándem perfecto con el talento. O si debes simplemente observar el devenir de los procesos personales de cada hijo. Aunque puedan pasar de largo maravillosas oportunidades ante ellos. Las oportunidades, en definitiva, pueden estar a tu lado o dentro de ti. Y a veces podemos obsesionarnos con grandes retos, grandes proyectos o lugares lejanos. A fin de cuentas sólo somos sus compañeros de viaje. Quizás unos compañeros algo pesados, eso sí. Pero simples compañeros de aventuras, a fin de cuentas.


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