martes, 31 de julio de 2018

Desconexión vacacional

Me caí de culo al río. Fue hace cuatro días, a 2.100 metros de altitud. Iba a poner a refrescar una sidra, y al final con mi resbalón ofrecí todo un espectáculo a cámara lenta ante el jolgorio familiar y mi maltrecho trasero. Me tocó hacer nudismo momentáneo mientras se me secaba la ropa. Aún no sé cómo salvé del chapuzón la mochila y  el móvil en mi bolsillo. Ya tenemos anécdota para la posteridad de mi cumpleaños de este verano.
Lo cierto es que no ha habido motín a bordo estas vacaciones. Todo lo contrario. La juventud ha valorado esta escapada familiar como la mejor que hemos tenido. Ha ayudado mucho el maravilloso entorno de los Pirineos de Andorra, sus maravillosos lagos y sus paisajes de ensueño. También los reducidos precios que Mey encontró. Por supuesto, el hecho de que, salvo una, las excursiones no hayan sido titánicas, y les hayan permitido disfrutar del baloncesto por las tardes tras la caminata. Y probablemente también, que les ofreciéramos la oportunidad de organizar ellos las vacaciones con unas premisas dadas en cuanto a presupuesto y zona aproximada en nuestra ruta hacia la bisabuela. Declinaron la oferta, pero quizás les ayudó a tomar conciencia de la dificultad de cuadrar tantas variables para que todo salga bien. Y ha salido muy bien.
Nuestra escapada familiar de una semana los cinco juntos es toda una tradición para nosotros. Y este año tenía un significado especial, entre la llegada de Samuel y la marcha de Pablo. Con estas edades y sus agendas, siempre tienes la duda de si será la última escapada juntos, o si en la siguiente tocará traerse novias o novios para contentar al respetable. Lo cierto es que han sido unos días inolvidables. Los dos mayores han hecho "piña" como no recuerdo haberlos visto. La experiencia americana, para lo bueno y lo malo, les ha unido aún más. Y han pasado horas hablando de la NBA, de sus youtubers favoritos, de anécdotas yankis, ¡y de Física! Daba gusto verlos charlar ya hechos unos hombres, y con tantas vivencias apasionantes a punto de desplegarse en los próximos meses. ¿Quién tuviera dieciséis años para vivir eso? Por suerte lo vivimos a través de sus ojos, casi en primera persona.
La pequeña también ha disfrutado de lo lindo. Casi siempre llegando la primera en cada etapa, y siendo la única de la familia en tener las agallas de zambullirse en las gélidas aguas de cada lago que visitábamos. Por supuesto codeándose con los mayores en el baloncesto, ¡y eso que ya hay nivel! Llama a martillazos a la puerta de los adultos, desde su preadolescencia. Y a veces eso supone un pequeño guirigay, que suele acabar con un abrazo y una petición de disculpas. Cosas de la edad y de las hormonas.
Chapuzón de Eva en el Lago de Juclar
Nos encantan estos días de desconexión absoluta de todo y de todos porque suponen salir de nuestras zonas de confort. Las largas ascensiones pirenaicas ayudan a quemar adrenalina y energía, y a poner a prueba los límites de nuestras fuerzas. Pero sobre todo, permiten sacar de nosotros una versión distinta. Una versión menos identificada con los roles que solemos acuñar en nuestra vida habitual: el de padre o madre, el de hijo o hija, el de funcionario, el de "empollón/a", el de "rarito", vegetariano o "perroflauta"...Permiten quitarnos capas de cebolla. Esas que están cargadas de pensamientos, de sentimientos, de sensaciones, y con las que nos acabamos identificando en el día a día. Como si fuéramos simplemente esos pobres pensamientos que nos rondan en la mente, una y otra vez con un "run-run" incesante. Como si fuéramos sólo esos sentimientos que nos envuelven durante largas temporadas, convirtiéndonos en falsas víctimas de la vida, o en triunfadores de "mentirijilla". Por fortuna, somos mucho más que eso. Y es necesario buscar espacios y tiempo para ponerse delante de un espejo imaginario en el que observarse. Simplemente observar. Sin juzgar. Y darse cuenta así de que en esa posición de observador es donde se encuentra el equilibrio. Lejos de roles, de interpretaciones, y de identificaciones, que no hacen sino alejarnos de la verdadera esencia de la vida.
Han sido días de hablar mucho con los hijos sobre el ego. Sobre el sentido de la vida. Sobre los roles y los papeles que desempeñamos en esta función que a cada uno nos ha tocado. Los hijos demandan respuestas, y la televisión, internet o los colegas sólo les van a dar unas muy desenfocadas, cuando no abiertamente erróneas. Por eso toca volver a la esencia en estos días de huida del mundanal ruido. 
La bisabuela, esta mañana, en su huerto.
Ahora estamos en Francia, en casa de la bisabuela. Veníamos tras un buen susto por su salud hace unos días. Pero juzgando por cómo cuidaba el huerto esta mañana, agachada con su muleta, me parece que hay bisabuela para rato, por muchos 98 años que vaya a cumplir. 
Siempre tenemos la sensación de que estos días nos permiten conectar con el verdadero sentido de la vida. Y probablemente sea porque como se dice en el zen, la vida no va de buscar la verdad, sino de dejar de abrigar opiniones, e identificarnos con ellas. Seguiremos, pues, con esos "deberes" vacacionales.


NOTA: Iniciamos hace unas semanas el apoyo solidario al proyecto de Yide Bikoue, de nuestros amigos Herminio y Deniz en Camerún. Ya sabéis que este post se publica, como todo lo que escribimos, de forma gratuita y en abierto tanto en nuestro Blog como en nuestro Patreon. Pero si te gusta lo que escribimos, te ayuda, te sientes en gratitud, y quieres también impulsar un mundo diferente para vivir con nosotros, puedes colaborar en nuestros proyectos solidarios colaborando con una cantidad simbólica (desde 1€/mes) en nuestro Patreon Solidario.

domingo, 22 de julio de 2018

Al ritmo de la vida

Muchos nos habéis preguntado en las últimas semanas si hemos dejado de escribir, y si vamos a continuar publicando en nuestro blog. Ese interés es precioso. Todo un halago para nosotros. Porque implica que hay bastantes personas, más de las que podíamos imaginar, pendientes semanalmente de cuándo y qué publicamos. Y llevamos semanas faltando a esa cita.
Escribir es para nosotros una extensión de nuestras vidas. Es la conexión externa que genera complicidades a partir de nuestra vivencias cotidianas. Pero no es un objetivo en sí mismo. Y hemos corrido el riesgo de tropezar justo ahí. Porque cuando tienes decenas o centenares de personas pendientes de lo que vas a publicar, el ego no puede evitar engordar. Y te haces esclavo de esa escritura. La publicación semanal se convierte en prioritaria. Y te impones una exigencia más, una tarea más, una esclavitud más. Y entonces, el compartir nuestro SER a través de la escritura, se puede convertir en un HACER más. Y no son pocos los que ya tenemos. De hecho, en las últimas semanas han sido muchos los quehaceres que han copado nuestra existencia: que si los exámenes de final de curso de Mey; que si los tres partes por filtraciones en casa, y sus consiguientes polémicas con la compañía de seguros y con las empresas de reparaciones; que si la llegada y adaptación de Samuel tras su año en Estados Unidos; que si las matrículas de instituto y conservatorios; que si el papeleo de Pablo para su nueva vida en Italia; que si llevar a Eva al campamento de Cáceres; que si los dos desplazamientos de Pablo a Madrid; que si las dos operaciones de Pablo por las muelas del juicio; que si la convalidación de los estudios de Samuel y los ajustes de su nuevo tratamiento oftalmológico; que si todos los conciertos y audiciones del final de curso; que si cuestiones organizativas del AMPA y del autobús del conservatorio para el curso próximo....Hacer, hacer y hacer. Tareas y más tareas.
Hoy en Pirineos.
Por eso sentimos con fuerza que el escribir debía esperar. Y también nuestra actividad en las redes sociales. Cuando las palabras no pueden mejorar el silencio, éste debe imponerse. De lo contrario, ese compartir puede resultar forzado, viciado, y quizás extenuado. Por eso y porque con tanto hacer y hacer, el ser queda relegado a un segundo plano, y las musas vuelan lejos de tu inspiración.
Por ello este parón ha venido bien. También para los que nos leéis. Así evitamos saturaros y quizás aburriros. Y de paso huimos de expectativas y exigencias. Y ello aunque sabemos que muchos pensaréis que es una locura. Que es un pequeño filón el tener miles de seguidores en twitter, en facebook o en instagram. Y que es un auténtico lujo gozar de lectores que leen periódicamente lo que respiramos. Pero la esencia de nuestra escritura no va de números, de seguidores, de "likes" o "me gusta". Va de hacerse uno con los demás. De aceptar lo que nos toca vivir. Y de dejarse fluir con eso que nos trae el río de la vida. Ahí percibes que tu "yo" es minúsculo, y que forma parte de algo mucho mayor, que es la VIDA con mayúscula. Y ésta tiene sus planes, que van más allá de los nuestros. Y conviene aceptarlos. Como cuando te llega la presbicia, la barriguita y las canas a partir de los cuarenta. Lo contrario trae frustración, tensión innecesaria y decepción.
A pesar de este silencio de las últimas semanas en la escritura, se ha abierto una nueva y preciosa vía de compartir a través de las sesiones de mindfulness que un grupo de compañeros/as, ya amigos/as, hemos iniciado en dos de los principales edificios administrativos de Málaga, antes del inicio de la jornada laboral. Y precisamente la aceptación y el conocerse a uno  mismo/a eran los protagonistas de algunas de nuestras últimas sesiones, compartiendo vivencias laborales y muy personales . Eso te obliga también a ponerte las pilas en el compartir. Y ha supuesto una excusa más para construir complicidades en casa durante la preparación de las propias sesiones. La gratitud de los compañeros y compañeras, y los progresos que algunos nos confiesan, compensan con creces este nuevo enredo en el que nos metemos. Y lógicamente, como suele pasar con la vida, brotan nuevas sintonías y bellas connivencias. 
Aceptar ese ritmo vital, aunque resulte paradógico, nos libera. Y lejos de suponer resignación o sumisión, supone empoderarse y llenarse de señorío en esa conexión con la VIDA. Es todo lo contrario de la pasividad de la resignación o de la rendición. Es una auténtica prueba de conexión con la realidad. Tenemos personas muy queridas y cercanas que viven sus particulares procesos de aceptación frente a la enfermedad o la ausencia, y que se convierten en verdaderos maestros para nosotros: la tita Conchi, el tito Juan y la tita Reme, nuestro amigo Miguel Ángel, y hace un par de días, nuestro querido Luije. Éste último nos dejaba boquiabiertos cuando nos escribía: "...está siendo una vivencia extraordinaria...está siendo demasiado bonito...no me cabe el corazón en el pecho de tanto amor, tanta ternura y tanta bonita energía que recibo y que sólo me hacen tener ganas de dar el mejor ejemplo que pueda...". No parecen las palabras más habituales para alguien joven, que te escribe desde la UCI, y que en 48 horas, de forma totalmente inesperada, ha sufrido desmayos, hemorragias, y la extirpación del estómago provocada por un tumor. Quizás podría maldecir su suerte. O renegar de todo y todos. Pero ha aceptado lo que la vida le ha traído como una prueba y un regalo. Y nos está dando un testimonio que pone la piel de gallina, además de sacar con esa actitud lo mejor de médicos, cirujanos y enfermeras. Y de tanta gente que desde todos lados le está enviando todo su amor. Auténticos maestros de la aceptación y del fluir con la vida, sin duda.
No queda otra. Habrá que danzar al ritmo de la vida. A veces sin calendarios, sin expectativas, sin ataduras. Y a veces a pesar de nuestros planes.


NOTA: Iniciamos hace unas semanas el apoyo solidario al proyecto de Yide Bikoue, de nuestros amigos Herminio y Deniz en Camerún. Ya sabéis que este post se publica, como todo lo que escribimos, de forma gratuita y en abierto tanto en nuestro Blog como en nuestro Patreon. Pero si te gusta lo que escribimos, te ayuda, te sientes en gratitud, y quieres también impulsar un mundo diferente para vivir con nosotros, puedes colaborar en nuestros proyectos solidarios colaborando con una cantidad simbólica (desde 1€/mes) en nuestro Patreon Solidario.