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viernes, 19 de septiembre de 2014

Enseñanzas de mi fontanero

Ayer conocí a mi fontanero. Quizás alguien pueda pensar exagerado que en tan poco tiempo pueda considerarlo así. Y no es que no hayan pasado más fontaneros por mi vida, con tanta mudanza. Pero cada vez es más frecuente sintonizar con personas a las que acabo de conocer, y tener la certeza de que van a ser parte de mi círculo. Cuando tenía 15 años ya me pasó con mi mujer: tuve entonces la certeza que seríamos íntimos...quizás no almas gemelas o compañeros de un viaje tan importante como el que estamos viviendo, pero sí que tenía ante mí a alguien clave en mi vida. Y me sigue pasando con gente, como la que he conocido en O Couso, con la que, a pesar de haber compartido sólo 5 días, tengo una conexión muy especial, inédita con gente con la que comparto años. Quizás cosas de las energías, o de las vibraciones. No sé.
Lo cierto es que mi fontanero no es un gurú del yoga kundalini, ni lleva la cabeza rapada, ni una túnica blanca. Pero los 10 minutos que pasó ayer en casa estuvieron cargados de profunda enseñanza. Nos habíamos quedado sin agua caliente el día anterior. Una amiga nos aconsejó sus servicios y acudió rápido a nuestra llamada. Debo reconocer que cuando se presentó con tan sólo una llave inglesa en la mano, no me dio "buena espina". Me pareció poco profesional o algo improvisado. Malos hábitos y prejuicios de esta sociedad de consumo tan superficial y llena de apariencias. Cuando vi el manejo que tenía con el calentador, me dí cuenta claramente que el hombre sabía lo que tenía entre manos. Trasteando distintas tuberías, el conducto del gas y la placa electrónica, su diagnóstico fue tan rápido como certero: la placa electrónica estaba dañada. Hizo una llamada y enseguida teníamos el castigo sobre la mesa: 115€ si queríamos cambiar la placa, y 270€ si preferíamos cambiar todo el calentador. Desde una perspectiva comercial, estábamos totalmente "a tiro". Con la llegada del fresquete del otoño, y con 3 niños en casa, si nos hubiera pedido el doble de esas cantidades, sin duda las hubiéramos aceptado, y dando gracias. Pero no nos pidió ninguna de esas cantidades. Se limitó a informarnos de los costes, tras llamar a la tienda proveedora. Pero inmediatamente nos dio su consejo: pegar el botón de la placa electrónica para que se quedase pulsado. Ya lo había hecho con otros muchos calentadores, y personas con el mismo problema, ya llevaban 2 años con su botoncito pegado, y si ningún problema. ¡No me podía creer, que el hombre nos estuviera dando una receta tan sencilla y que efectivamente funcionara! Lo probamos e iba "de lujo". No cabía de asombro. Pero todavía menos, cuando el hombre se despedía diciendo que no había sido nada, y que la visita era sin coste. ¡¡¿¿Cómo??!! ¿Me lo repite? Podría habernos clavado 300€ sin problema, y le habríamos agradecido sin duda sus servicios, y sin embargo se marchaba con el problema resuelto y sin cobrar un duro. Tras insistirle, al menos consintió en llevarse una garrafa de aceitunas de unos buenos amigos. ¡Qué menos que algo de economía de trueque!
Quizás fuera una estrategia comercial. No lo sé. Pero ¿a quién voy a llamar la próxima vez que tenga un problema de fontanería? ¿A quién voy a aconsejar cuando alguien me hable de una fuga de agua? A mi fontanero, sin duda.
Está claro: CUANTO MÁS DAS, MÁS RECIBES. Mi fontanero lo sabe. El Universo también. Hoy me he duchado con agua caliente.

1 comentario:

Marga dijo...

No había leído este post hasta hoy
¡Qué buena persona!, muchos como él y le dan morcilla a la obsolescencia programada.
Espero que por lo menos el hombre se llevara las aceitunas -qué no me ha quedado del todo claro- por su tiempo, mucho más valioso, sin duda, del que muchos cobran a precio de oro.