miércoles, 16 de mayo de 2012

Experiencias familiares en torno al 15M

Como mi familia y yo estamos indignados, este pasado fin de semana ejercimos de tales. #SoyFamilyFlauta y  pude llevar a mis niños a la manifestación y posteriores asambleas del 15M en Málaga. Creo que fue una magnífica oportunidad para que conocieran de cerca a miles de personas inconformistas que estaban dispuestas a movilizarse para que las cosas cambien. Les sirvió para darse cuenta que quedarse sentado/a en el sillón criticando al político de turno o al sistema, no es la mejor estrategia para que las cosas cambien. Y pudieron conocer lo heterogénea que es la realidad, con miles de personas, de todas las edades, sexo y condición, y con intervenciones de lo más variopintas o incluso contradictorias. Esa es la gran riqueza de la movilización social, y de un movimiento tan líquido como el 15M. Pero también el punto flaco que tratan de aprovechar sus detractores.
Mis niños no entendieron que se dijeran "palabrotas", que se ondearan ciertas banderas o se cantaran canciones en contra de ciertas ideologías o confesiones, como se proponía en los vídeos de la convocatoria. Y ahí debo darles la razón: el 15M debe aspirar a aunar esfuerzos, no a imponer ideologías, banderas, o lemas que pueden herir al que tenemos al lado (muchos de los allí presentes podían ser católicos, monárquicos o incluso de los 10 millones de votantes del PP). Creo, con rotundidad, que se debe huir de ideologías, y unirnos en torno a principios. Esos mismos que están siendo flagrantemente atacados en estos momentos. De lo contrario estaremos poniendo en bandeja a los poderosos su estrategia del "divide y vencerás".
En Málaga, la convocatoria del sábado coincidió con la Noche en Blanco, llena de eventos culturales por todos lados. Era un momento muy propicio para que las decenas de miles de personas que abarrotaban las calles, se hubieran volcado también con la manifestación. Y aunque ésta fue multitudinaria, creo que no resultó "apabullante", como hubiera sucedido de acudir a ella una mínima parte de los participantes en esta velada cultural. Me preguntaba por qué. Y también lo hice ayer al ver la capacidad de movilización que la última jornada de fútbol tuvo tanto en Málaga como en el resto de España, con miles de personas animando, sufriendo, llorando y movilizándose por algo tan banal como quedar el tercero o cambiar de categoría un año. ¿Por qué? ¡Menudo desperdicio de energía colectiva!
Desde hace meses, hablo con mucha gente sobre la situación actual, la crisis, y la necesidad de movilizarse y actuar. Ha sido uno de los grandes efectos de este blog. Y TODOS, absolutamente TODOS, me han manifestado su amargo descontento, su frustración, su indignación y su cabreo. Es decir, de una forma u otra, todos eran 15M. Sin embargo, a la hora de reconducir dichos sentimientos hacia algo que permita cambiar la situación, comparativamente son pocos de ellos los que aportan y menos aún los que se movilizan. Y al preguntarles la razón, me encuentro con varios tipos de respuestas:
  • Algunos consideran que en todas estas movilizaciones y exteriorizaciones de indignación colectiva, hay más violentos y gamberros, y o bien muestran su miedo, o bien no quieren ser señalados como tales. Es decir: son los que el Gobierno y sus medios afines han logrado meterse en el bosillo con sus argumentos de criminalización y de generalización de las excepciones. En estos casos será crucial el trabajo de comunicación y contra-propaganda del movimiento 15M.
  • En otros casos, se tiene la sensación de que ha habido pocas concreciones desde el año pasado, y que se avanza poco, con lo cual, prefieren no perder el tiempo si no se va a conseguir un resultado. Su respuesta suele ser: "¿Para qué, si al final no se consigue nada o todo sigue igual?" Este peligro de la sensación de inmovilismo aumenta por el carácter de "catarsis colectiva" que estas manifestaciones tienen: para muchos es la única forma de desfogar su rabia, de gritarle a las injusticias, y de insultar a quienes creen sus culpables. Ello puede ser necesario, pero en mi opinión claramente insuficiente. Opino que es crucial centrar la presión en un punto, que sea de clarísimo consenso en cuanto a su injusticia, y una vez conseguido éste, pasar al siguiente, recogiendo el entusiasmo colectivo por su consecución. Gene Sharp lo dice claro en su manual. Pero creo que con tantísimas comisiones y asambleas, la batalla de la gran opinión pública se puede estar perdiendo (aunque estemos de acuerdo en que si queremos estar verdaderamente informados, deberemos apagar la televisión)
  • En otras ocasiones, el inmovilismo se justifica en la necesidad de crear una estructura en forma de partido o asociación, que permita canalizar las propuestas que puedan surgir del movimiento 15M. Sin esa estructura jerarquizada y disciplinada, creen que todo son gritos y propuestas inconexas. Y simplifican el enorme trabajo avanzado por miles de comisiones durante todo este año. El debate surgido en el seno del 15M sobre la necesidad o no de dicha estructura parece estar siendo rentabilizado por sus adversarios. ¡Seria llamada de atención para no perder el Norte y las energías en aspectos secundarios! En mi opinión, no se trata de crear un organismo o un ente más, que entre en la dinámica viciada de los demás partidos, organismos o instituciones. Se trata de generar un verdadero contra-poder, que de forma simple y sencilla delimite las líneas rojas que la ciudadanía no está dispuesta a tolerar. Y esas líneas rojas NO son ideológicas. Son principios éticos y morales que no deberían haberse nunca traspasado, y que son comunes a cualquier ideología.
  • Finalmente otros, por su situación personal, familiar o laboral, no pueden participar en las concentraciones, o acampadas. Es cierto que éstas supusieron, por su visibilización el pasado año, un destacadísimo punto de inflexión. Pero el Gobierno y las fuerzas de seguridad, parecen haberlas neutralizado con la doble herramienta de los horarios limitados y los desalojos a horas intempestivas o de menor afluencia de personas. Creo que obsesionarse con las acampadas sería un error. Hay muchísimos mecanismos de protesta. Contra Milosevic, en el gélido invierno de los Balcanes, se veía desfallecer el movimiento presencial en las calles, y se optó por acallar los telediarios gubernamentales con monumentales caceroladas diarias de todo el país a la misma hora. Fórmulas hay de sobra. Lo que no debe dar la sensación es que el movimiento se diluye, que se centra en infinidad de comisiones o asambleas de utópicos sin concreción, y que trabaja a golpe de conmemoración. La presión debería ser, en mi opinión, continua y acorde a las posibilidades de mantener el pulso. 
Creo que en parte la batalla de la apatía colectiva y de la comunicación interesada de los poderosos podría ganarse con un poco de estrategia. Está bien (y es fundamental) que se vea la indignación, la diversidad y el alud de propuestas sobre la mesa. Pero todavía es más importante que se vean logros concretos, que permitan incrementar las expectativas de los apáticos, a la vez que el miedo en los que nos imponen las injusticias. Y en ello creo que estamos pecando de inconcretos y generalistas.
Nuestros objetivos deben cumplir la técnica S.M.A.R.T. Deben ser específicos (specific) siendo lo más detallados posible. Deben ser mensurables, es decir debe poder medirse su progreso y eficacia. Deben ser alcanzables: si bien es admirable ser agresivos con las metas, establecer su valor demasiado alto haciéndolas inalcanzables, puede ser contraproducente y desmotivador. Deben estar orientados hacia los resultados, enfocándose siempre en lo que se quiere, y no en lo que NO se quiere, y estableciendo metas de manera positiva. Y deben tener tiempo determinado (time-limited) o fecha de caducidad.
En mi opinión las 5 razones u objetivos que se habían propuesto para salir a las calles el 12M15M, en la forma en que estaban formuladas, no cumplían los requisitos anteriores.

  1. Ni un euro más para rescatar a los bancos.
  2. Educación y Sanidad públicas y de calidad. 
  3. No a la precariedad laboral. No a la reforma.
  4. Por una vivienda digna garantizada.
  5. Renta básica universal.

Por supuesto que son más que justas y pertinentes, pero formuladas así, sin los criterios anteriores, no dejaban de ser un "desideratum". Un slogan para aunar esfuerzos en una convocatoria. Pero no una exigencia tajante, a modo de puñetazo sobre la mesa que dejase claro a quien corresponda lo siguiente: "Hasta no conseguir esto no vamos a parar. Y cuando consigamos esa, vamos a por la siguiente".

Como en otras cuestiones, quizás interese mirarse en el caso islandés, y cómo en la formulación y exigencia paulatina de las reivindicaciones no cabían "medias tintas". Era "O SÍ O SÍ". Y estaban formulados de forma específica, medible, eran claramente alcanzables (como su consecución ha demostrado), iban enfocados a un resultado positivo, y no se dejaba de ejercer presión hasta que ese objetivo se lograse:

  1. Dimisión del primer ministro, el conservador Geir  H. Haarden, y de todo su gobierno en bloque.
  2. Convocatoria de elecciones anticipadas.
  3. Someter a referéndum la devolución de la deuda a G.Bretaña y Holanda.
  4. Nombramiento de ciudadanos para crear una nueva constitución.
Estoy con Antoni Gutiérrez en que el #15M es pura poesía política cargada de inteligencia. Pero debe utilizarse esa poesía, esa inteligencia y su enorme caudal de energía creativa para deshacer una a una las grandes injusticias que nos están imponiendo "a los de abajo". Usemos para ello la astucia, la estrategia y la concreción paulatina y consensuada.

jueves, 10 de mayo de 2012

El síndrome de la estatua o la parálisis "acongojante"

Ya no estoy indignada. Sencillamente, estoy muy cabreada.

Hace unos días escuché en la televisión que, en Cataluña, como estaba la cosa tan mal con esto de la crisis, no había más remedio que cobrar 5 euros a cada enfermo de los hospitales en concepto de comida. Es  razonable, ya que el sistema no puede soportar la carga de elaborar esos  deliciosos y nutritivos manjares de la Nouvelle Cuisine hospitalaria a cargo del gasto social.

 La siguiente noticia me dejó aún más perpleja: el formidable despliegue de seguridad para la reunión del CBE en Barcelona (a precio razonable, claro ¿?), tan sólo igualable al que en su día se organizara en torno a los juegos olímpicos del '92. Para colmo, en las imágenes se podía ver a los dirigentes sentados en un lujoso hotel preparándose para tomar su almuerzo, que, digo yo, supongo que a estas alturas será una sopita de picadillo y un revueltito de patatas con judías de esos de toda la vida ¿no?, a la vista  de lo mal que anda el presupuesto... #nomelotrago

Y ahora me vienen con lo de Bankia... ¿Es que me ven cara de tonta? Pues me temo que sí, y seguramente estarán en lo cierto porque  nos hacen tragar con ruedas de molino, nos inundan de mentiras mientras nos roban... sí, no me he equivocado de palabra: NOS ROBAN, porque el dinero público es dinero de todos y que yo sepa no hemos dado nuestro consentimiento para que se use para salvar a la banca en vez de en Sanidad o Educación. Sí, sufrimos, como decía un amigo nuestro, el síndrome de la estatua. Yo, más gráfica, como siempre, le llamo el síndrome de la parálisis acojonante, pero al fin y al cabo es lo mismo: el miedo nos paraliza y nos atonta. El miedo nos hace mirar al otro con recelo, pero yo no me muevo, no me hago notar, miro para otro lado,  por si acaso ... mientras a mí no me toquen, que cada uno defienda lo suyo. Pues no vamos a tardar mucho, porque todos estamos en el punto de mira.


Por si no nos hemos dado cuenta, se apela a la necesidad de austeridad, mientras nuestros dirigentes se regalan en autobombo, comilonas y reuniones donde no hacen más que darse palmaditas en la espalda a cargo de la hacienda pública. Los directivos de bancos y grandes empresas no renuncian a indemnizaciones millonarias que pagaremos entre todos los ciudadanos. Por cierto, que yo sepa, a un trabajador raso no se le "indemniza" si dimite o renuncia a su puesto de trabajo. Se hacen recortes que nos afectarán a todos mientras se "rescata" a aquellos que con su codicia han desatado esta crisis. Y estoy de acuerdo en que esta situación la hemos creado entre todos, pero coincido plenamente con Francisco Álvarez, ex-vicepresidente de la Bolsa de París, en que no todos nos hemos responsabilizado por igual. La gente de a pie ha perdido sus casas, su trabajo y, ahora, sus derechos. Los empresarios pierden sus empresa y sus trabajadores. ¿Y los bancos? ¿Y los dirigentes que han permitido esta situación? A ellos se les ayuda o se van de rositas o a una de esas empresas que en su día protegieron y en la que ocuparán un alto cargo.



Nosotros mientras, con nuestro síndrome, sentados en el sofá viendo la tele tragando noticias absurdas o el fútbol.


A mí, el cabreo me ha despertado del letargo. Ya no me basta estar indignada, hay que levantarse y andar.





lunes, 7 de mayo de 2012

Endeudarse o no: esa parece ser la cuestión

Desde que estalló la crisis, ha habido muchos que no han parado de repetir un mantra sermoneador que pretenden universal: "Es que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades". Pues la verdad, depende de quién. Que se lo pregunten a los cientos de miles que ya iban a los comedores de Cáritas hace años, o a tantas y tantas familias en paro. Quizás más de uno de los que vivían por encima de sus posibilidades, ha sido causante de la situación en la que estamos, y encima lo han ascendido en su multinacional, banco o partido político. O al menos no está entre rejas, como debería.

Otro de los mantras que no paran de martillearnos mañana, tarde, noche y madrugada es el siguiente: "como en una familia, nadie puede gastar más de lo que ingresa". Como principio general, me parece bien. Pero admite tantas excepciones, que deja de ser un principio general. Yo añadiría: "depende de para qué". Si tu familia no ingresa lo suficiente, pero hay un gasto importante, como puede ser una operación en el extranjero, el arreglo del coche para ir a trabajar, o cambiar de frigorífico porque se ha estropeado el anterior, por supuesto que no sólo no es criticable, sino incluso necesario el endeudamiento. La clave, pues, es saber para qué nos endeudamos. Y precisamente ahí es donde se han cometido los excesos. Y muchos de ellos precisamente por parte de los que ahora nos piden que nos apretemos el cinturón y que nos olvidemos de endeudarnos.

Desde las familias y ciudadanos no hemos estado ajenos a este problema, y conozco a muchas personas que, "gracias" a su banco, se han embarcado en faraónicas casas o palacetes, en su segundo o tercer coche, en un yatecito....todo ello sin un respaldo real en sus ingresos. Ha sido el gran lema de estos años de boom: "Tenga un adosado, y sea la envidia de su cuñado". Su endeudamiento les hacía aparecer ante sus amigos y familiares como potentados, en un curioso delirio de grandeza colectivo. Los pocos que se han resistido a ser coherentes con su realidad, han sido los que ahora luchan por seguir a flote.

Creo que el "para qué" es la clave de todo. Trabajo actualmente como técnico asesor de emprendedores y empresarios. Y el 95% de las personas que nos consultan lo hacen para ver si tienen derecho a pedir una subvención. Yo ya he dejado de creer en ellas hace mucho tiempo. Precisamente porque la mayoría venía "por la pasta" simple y llanamente, sin un verdadero enfoque viable para sus potenciales negocios. Incluso me he encontrado con proyectos perfectamente viables, en el momento y lugar adecuados, que han modificado sus planes iniciales con tal de poder optar a los requisitos de la subvención de turno. Ésta llegaba tarde y mal, y a muchos de esos proyectos ya "se les había pasado el arroz"u otro había ocupado su cuota de mercado. No se tenía nada claro el "para qué"

Deuda o endeudarse, no tiene, pues, por qué ser malo o negativo, siempre que tenga un sentido común y un respaldo en nuestra realidad y economía. Endeudarse para irse de juerga todas las noches, o hacerlo sin ganar lo suficiente para devolver el préstamo sí lo es. El gran problema es que el mecanismo de endeudarse es precisamente el que sustenta el lucrativo mercado del dinero. Dinero es deuda. Según varias estimaciones, el volumen de dinero en circulación procedente de los Bancos Centrales es ridículo en relación al total en circulación. El resto es dinero creado por los bancos privados al pedirles nosotros un préstamo. Y lo hacen con una simple anotacion en cuenta. Lógicamente a enormes corporaciones les interesa que este mecanismo se perpetúe. De ahí que busquen todas las posibilidades de manipulación, para que piquemos en su anzuelo. Nuestros principios y nuestro sentido común son nuestra única defensa. Y muchas personas, en los últimos años no lo han puesto demasiado en práctica.

Quizás sea el momento de usar el sentido común ahora. Quizás sea el momento de apostar por economías más cercanas y locales. Quizás debamos darle al dinero su verdadero valor: NINGUNO, ya que es una simple convención. Quizás valga la pena que nos prestemos entre los vecinos en base a nuestra confianza. O incluso que hagamos nuestros "pinitos" con intercambios de prestaciones. El "yo por tí, y tú por mí" o el "yo te doy y tú me das". Este sistema se ha construido íntegramente sobre el principio de que cada uno, buscando su propio interés, generaría unos procesos de oferta y demanda, que acabarían equilibrándose automáticamente en beneficio de todos. Parece que el cuento no ha acabado con "y comieron perdices". Quizás haya que volver a contarlo.

viernes, 4 de mayo de 2012

Mucho macro, pero ¿y lo micro?

Desde que estalló la crisis, no he parado de oír infinidad de análisis económicos tratando de localizar el culpable de nuestros males, así como su solución. Estudié Económicas y Empresariales, pero creo que mis aportaciones aquí serían de poco valor respecto al debate público que existe: que si hay que centrarse en apretarse el cinturón a base de recortes en el gasto, o que si hay que dinamizar la economía con estímulos. Que si hay que seguir a Joseph Stiglitz y Paul Kraugman, o si por el contrario hay que apostar por Merkel o el Fondo Monetario Internacional. Y como siempre ahí nos tienen entretenidos los medios de comunicación de cada trinchera ideológica y partidaria, llenándonos la cabeza de SU maravillosa solución. Y cada uno tratando de poner el foco en quién fue el culpable y quién debería sacarnos de ésta: que si Zapatero, Rajoy, Merkel, el Banco Central Europeo, la Banca, el Fondo Monetario Internacional, las multinacionales...Indudablemente la lista sería enorme. Y en ella, sin duda, habría más de uno que debería estar ya en "chirona".
Sin embargo, creo que estos debates de lo "macro", a los ciudadanos de a pie, realmente nos aportan muy poco. Es más, creo que desvían totalmente la atención de nuestra posible aportación para salir de la situación. Nos mantienen entretenidos, como tras un partido de fútbol, discutiendo si fue o no penalty. Pero nos convierten en meros espectadores de un espectáculo muy poco edificante, en el que interesa que seamos pasivos. Así, se nos invita a que otros nos arreglen el panorama, y que nosotros, con nuestra dosis de recorte (sea a nivel de bolsillo o a nivel de la yugular), esperemos pacientemente a que esto vuelva a su cauce normal, bien en el 2012 o en el 2039. Y mientras tanto: fútbol, Fórmula-1, y mucho programa de "cotilleo" en la tele. ¡Que no falte el "pan y circo" del siglo XXI!

Creo, por el contrario, que si hemos llegado a donde estamos, es porque en un determinado momento "los de a pie" hemos empujado con nuestras acciones u omisiones a que otros nos lleven a esta situación. Y si seguimos actuando con los mismos esquemas millones y millones de personas, difícilmente se conseguirá otro resultado en nuestro futuro. Es curioso que ahora haya tantos indignados, y de forma tan global y simultánea en el Planeta. Pero lo cierto es que desde hace varias décadas más de 3.000 millones de personas vivían con menos de 2 dólares al día. Si no ha habido indignación antes era porque no nos tocaba a nosotros, que quizás teníamos más voz. Ahora sí nos empieza a tocar y nos quejamos por fin. Algo tendremos que recapacitar al respecto.

Quizás debamos darnos cuenta que debemos cambiar nuestros hábitos. Que el "capricho" de comprar fruta que no es de temporada o de nuestra región exige desplazar toneladas de fruta a miles de kilómetros consumiendo toneladas de energía y emitiendo ingentes cantidades de CO2. ¿No será mejor consumir productos locales de pequeños agricultores? Quizás debamos darnos cuenta que el dinero es una mera ficción que nos hemos creado para intercambiar bienes y servicios, y que exigir a nuestro banco intereses altísimos como hace unos años lleva a invertir en negocios muy lucrativos pero muy poco éticos (comercio de armas, transgénicos, tala de bosques, etc). ¿No deberíamos reflexionar sobre las consecuencias de nuestras inversiones y plantearnos dar microcréditos a nuestros vecinos, a los que conocemos, pero que no son apoyados por una banca sin escrúpulos? Quizas sea momento de darnos cuenta que la felicidad no la dan 3 coches, dos casas, o viajes transcontinentales, si nuestra economía no da para ello. ¿No sería bueno recapacitar sobre si hemos vivido por encima de nuestras posibilidades azuzados por comerciales de banca con pocos principios? O quizás deberíamos ser capaces de buscar otros medios de información o de entretenimiento, que realmente no favorezcan la manipulación en favor de los intereses de unos pocos, dueños de canales de televisión, periódicos y emisoras de radio. Quizás deberíamos reflexionar sobre nuestra actitud ante el miedo colectivo que tratan de inculcarnos para que actuemos en una dirección u otra (el ejemplo de la manipulación de la Gripe A del año pasado o de la caída del euro son clamorosos). Quizás debamos optar por buscar la raíz de nuestras dolencias y problemas de salud, en lugar de consumir medicamentos con unos intereses comerciales muy poco éticos. Quizás debamos involucrarnos más en la educación de nuestros hijos y controlar la información que reciben, en lugar de dejarlo "aparcados" en los colegios. Quizás debamos optar por comprar en nuestro barrio o ciudad para favorecer a nuestros vecinos, en lugar de comprar en multinacionales que oprimen al pequeño. Quizás debamos reflexionar que cuando pedimos precios baratos, puede que se esté esclavizando a alguien en algún rincón del planeta para que pueda venderse a ese precio. Ser sensibles a ello nos permitirá ser coherentes con nuestra queja cuando le ofrecen un sueldo de 400€ a nuestro hijo tras estudiar 2 carreras. Optar por economías e incluso monedas locales en nuestras decisiones "micro" puede abrir la puerta a un enfoque distinto de la realidad que vivimos. Si nos diéramos cuenta que nuestras opiniones en la calle, con la familia, en nuestro blog o correo electrónico son imprescindibles, y que depositar una papeleta en una urna cada 4 años es insuficiente y una coartada para quienes buscan cheques en blanco, probablemente algunos no se sentirían tan seguros en lo acertado de sus decisiones.

Nuestras pequeñas decisiones en lo "micro", unidas a las de millones de personas, son las que realmente pueden y deben cambiar la realidad. No deleguemos en otros el cambio de la situación, porque de lo contrario se asegurarán que el futuro será de ellos y no nuestro.

martes, 1 de mayo de 2012

Trabajar menos y vivir con menos: ¿Te apuntas?

No soy una persona propensa a las crisis personales. Pero el 2001 lo pasé mal. Y todo por cambiar de domicilio. Me mudé y era incapaz de encontrar trabajo. Había llegado a tener 5 ofertas simultáneas en Madrid, y ahora en Jaén era incapaz de encontrar nada. Mi autoestima se resintió mucho, y creía que la situación ponía en cuestión mi capacidad. Habíamos tomado la decisión para tener niños y ganar calidad de vida. Mi mujer trabajaba. La situación no era holgada, pero tampoco asfixiante. Sin embargo aprendí dos cosas: 1.-La desesperación que deben sentir millones de personas que salen de sus casa todas las mañanas para encontrar un cartel en un escaparate pensado para ellas, y que  vuelven por las noches procurando no contagiar su desesperación en casa. 2.-La programación tan brutal que este sistema nos ha trasladado, que hace que un medio o una herramientas de vida, como es el trabajo, se haya convertido en un fin en sí mismo.

Como ya hemos expuesto en otros posts, salir del círculo vicioso de paro y déficit en el que estamos no depende de la varita mágica de un "salvador". Va a exigir medidas innovadoras. Seguir haciendo o valorando "lo de siempre" nos va a dar el resultado "de siempre". Y optar por ampliar la edad de jubilación, trabajar más horas, o eliminar derechos laborales entra dentro de ese esquema, en el que con menos recursos, queremos seguir manteniendo el mismo esquema de siempre. Quizás tengamos que hacer el esfuerzo de salir de la "rueda de la rata", romper con ficciones auto-impuestas como el dinero o el tiempo, pensar en esquemas de compartir con otros, plantearnos nuestro papel individual para cambiar el estado de las cosas, o poner en práctica el sano ejercicio de decir "NO".

Como afirma un reciente estudio de NEF (The New Economics Foundation), ante esta profunda crisis socio-económica y ecológica es necesario revisar nuestra forma de entender el trabajo y las actividades humanas: existen otros fines distintos del crecimiento, y el ser humano tiene otros medios de expresarse además de la producción o el consumo.En este camino es importante avanzar hacia una nueva redistribución del tiempo y apostar de forma decidida por la reducción de la jornada laboral.

A lo largo de varias décadas, modelos con un menor número de horas laborales han formado parte de la rutina de trabajo de muchas personas. No representan un alivio universal, pero las medidas que suponen un número de horas de trabajo menor, o más concentradas, resultan populares cuando se dan condiciones de estabilidad y las condiciones salariales son favorables. Podemos destacar experiencias como la «semana de tres días» en Reino unido en 1974, la «semana de 35 horas» de 2000 a 2008 en Francia, la «semana de cuatro días» de 2008 a 2009 en Utah (EE.UU.), y medidas de emergencia durante la recesión de 2009 en Reino Unido.
No se trata de reducir el número de días semanales de trabajo, sino de reducir el número de horas diarias de trabajo. De lo contrario se dejaría sin modificar la norma por la que la vida diaria se estructura en torno a las horas de trabajo remunerado, se adapta a sus demandas fundamentales, y se encuentra imbuida por valores asociados a esa estructura. Una semana laboral claramente inferior (como la de 21 horas), o su equivalente en horas distribuidas a lo largo de un mes o año, invalida ese escenario. Nos fuerza a considerar un conjunto diferente de relaciones entre tiempo, dinero y consumo, así como la forma en la que estas nuevas coordenadas podrían influir en la distribución de poder entre la gente y los grupos, en qué es lo que realmente importa para el bienestar de la humanidad, y en cómo podemos lograr un futuro sostenible.

Trabajar menos horas al día modificaría el tempo de nuestras vidas reformaría nuestros hábitos y costumbres y alteraría radicalmente la cultura dominante de las sociedades occidentales. Contribuiría a la promoción de una justicia social, bienestar y buen vivir sostenibles, a salvaguardar los recursos naturales del planeta y a construir una economía robusta y próspera.

Pero esto no debe hacerse de forma precipitada, como afirma el estudio, sino mediante un enfoque sistémico para hacer política basado en un entendimiento de la interacción entre economía, sociedad y medio ambiente. Un sistema de bienestar que sirva para el futuro no puede centrarse únicamente en la economía de mercado. Por el contrario, se debe valorar y nutrir otras dos economías que hasta el momento han sido pasadas por alto: la economía natural o los recursos del planeta , y los recursos humanos que componen y sostienen la vida social.

Examinamos a continuación los potenciales beneficios de una semana laboral mucho más corta:

1.-Protección de los recursos naturales del planeta: la sostenibilidad medioambiental es primordial, por tres razones fundamentales:
a) Consumir menos y de forma diferente ayudaría a que la gente saliera de la rueda del consumo.
b) Tiempo para vivir de forma más sostenible: muchas de nuestras elecciones como consumidores son en nombre de la conveniencia. Compramos comida procesada, platos precocinados, verduras preparadas y empaquetadas, vehículos de motor, billetes de avión, y una serie de aparatos eléctricos porque en principio parece que nos ahorran tiempo, con un elevado gasto de energía, carbono, y materiales de desecho.
c) Una huella menor: Una reducción de las horas de empleo remunerado, un menor poder adquisitivo para quienes tienen los ingresos más altos, más tiempo para vivir de forma sostenible, y un cambio hacia valores no materialistas ayudará a reducir las emisiones de carbono y salvaguardar los recursos naturales.

2.-Justicia social y bienestar para todos, y ello en base a las siguientes razones:
a) Bienestar mejorado para los desempleados y quienes tienen exceso de trabajo.
b) Cambiando las fuentes de control: una importante reducción de las horas de trabajo a todos los niveles establecería oportunidades para cambiar la forma en que la gente controla sus vidas.
c) Reparto más justo entre mujeres y hombres: una semana laboral mucho más corta podría ayudar a distribuir el trabajo no remunerado de forma más equitativa entre mujeres y hombres
d) Un mejor reparto para padres e hijos permitiría pasar mucho menos tiempo en el trabajo remunerado y dejar a los padres con mucho más tiempo para pasar con sus hijos.
e) Una mejor tercera edad: si todo el mundo pasase menos horas trabajando, la transición más adelante del «trabajo» a la «jubilación» sería muy diferente.
f) Más tiempo para los cuidados: una semana laboral mucho más corta dejaría más tiempo libre para cuidar de otras personas (familiares, amigos y vecinos). Se trata tanto de hacer la vida más fácil para aquellas personas que ya son cuidadoras, como de compartir más los cuidados.
g) Más tiempo para ser ciudadanos activos: ser un ciudadano activo lleva tiempo (unirse y participar en actividades locales y organizaciones, conocer a los vecinos, realizar tareas de voluntariado). La democracia lleva tiempo (aprender sobre cuestiones políticas, involucrarse en la toma de decisiones, unirse y apoyar a partidos políticos, hacer campañas y votar). Quizás esta sea una de las cuestiones que a "los de arriba" no les haga mucha "gracia", pero que es clave en la crisis actual de las democracias.
h) Haciendo crecer la «economía vital»: el Estado de Bienestar ha crecido de manera exponencial. Su crecimiento ha dependido siempre de un crecimiento económico continuo que, a través de los impuestos, produjese más beneficios para pagar mayor y mejores servicios públicos. Quizás debemos prepararnos para no crecer, con todo lo que ello implica para el Estado del Bienestar. En cualquier caso, el endeudamiento de los gobiernos en la crisis actual "parece" obligar a realizar recortes a lo largo y ancho de los servicios públicos. Si queremos seguir ofreciendo educación, salud y cuidados sociales, transporte público, guarderías, ayudas a la renta, pensiones y todo el resto de cosas ofrecidas por el Estado y de las que todo el mundo se puede beneficiar sin importar sus medios, entonces deberíamos explotar nuevos recursos. Hemos identificado tres economías que deben funcionar juntas para una justicia social sostenible. Hemos visto que no podemos hacer crecer la economía de mercado. Tampoco la economía natural, sino más bien esperar salvarla de un fracaso catastrófico. Podemos, sin embargo, hacer crecer la economía «vital», que está hecha de los abundantes e inestimables activos contenidos en la vida diaria de las personas (tiempo, energía, sabiduría, experiencia, conocimientos y habilidades) y en las relaciones entre ellos (amor, empatía, atención, cuidado, reciprocidad, enseñanza y aprendizaje). Si son ignorados, se debilitarán y reducirán.
i) Co-produciendo bienestar: la co-producción es un mecanismo clave para el crecimiento del núcleo central de la economía. El pasar mucho menos tiempo en el trabajo, nos permitiría emplearlo en coproducir bienestar para nosotros mismos y los que nos rodean
j) Más tiempo para el tiempo de ocio: todos necesitamos tiempo que emplear en actividades cotidianas, más allá del básico cuidado personal. Confiere textura, espacio e individualidad a la experiencia humana, y apuntala nuestro sentido de autonomía.

3.-Una economía robusta y próspera
El objetivo no es adaptar la sociedad las necesidades de la economía de mercado, lo cual ha sido la pauta hasta ahora; sino adaptar la economía a las necesidades de la sociedad y del medio ambiente. Ello supone los siguientes beneficios potenciales:
a) Beneficios para los negocios: redistribuir el tiempo pagado y el no pagado más equitativamente, especialmente entre hombres y mujeres, ofrece importantes ventajas para los negocios. La integración del empleo retribuido con los ritmos e intereses de la vida domestica, posibilitará así una gestión menos estresante de ambas esferas . Es sabido que la inteligencia emocional y vidas mejor equilibradas redundan en unos mejores resultados en el trabajo
b) Contribuyendo al fin del crecimiento alimentado del crédito. La crisis crediticia ha sido, en buena medida, consecuencia del aumento descontrolado de la deuda domestica. Lo que se necesita es una reforma en las prioridades de la gestión de la economía, que hasta ahora ha privilegiado abrumadoramente el crecimiento financiado. Puede ser razonable mantener la productividad laboral, al menos en los sectores clave de la importación y la exportación, pero en ese caso la única forma de mantener constante la producción
es rebajar el número total de horas trabajadas. Normalmente, esto significaría un aumento del desempleo. pero aquí surge otra posibilidad: reducir las horas de trabajo, una semana laboral más corta y un incremento del tiempo de ocio, compartiendo el trabajo disponible.
c) Una economía más flexible y adaptable: si a una mayor redistribución del tiempo de trabajo remunerado le acompañara una mejor retribución horaria para los peor pagados, esto contribuiría a la reducción de las
desigualdades sociales y económicas
d) Salvaguardando los recursos públicos: como apuntamos más arriba, liberar tiempo de trabajo para el crecimiento del núcleo central de la economía y posibilitar a la gente que sea copartícipe de su propio bienestar contribuirá a la transformación de los servicios públicos, previene el malestar y produce mejores resultados. Esto hará los servicios más eficientes en términos de coste y por lo mismo más flexibles en épocas en que los fondos públicos escasean.

Como dijo en 1971, Nicholas Georgescu-Roegen «El verdadero producto del proceso [económico] es un flujo inmaterial: el placer de la vida». Quizás otras cosas nos tienen distraídos de esa realidad y debamos darnos cuenta de ello.

viernes, 27 de abril de 2012

Oda a la Indignación

Este pasado fin de semana viví una experiencia personal que me ha hecho reflexionar sobre el fenómeno de la Indignación. Había quedado en el campo con unos familiares tras visitar en el hospital a un familiar. Iba con pocas ganas, cansado y algo afectado por la visita hospitalaria. No me enteré bien de las indicaciones. Llegué al pueblo en cuestión. No había nadie. Ninguno de los 5 teléfonos que marqué estaban operativos. Era muy tarde y el calor y hambre sofocantes. No entendía cómo nadie se preocupaba de mí, al menos para coger mis llamadas. Pasó media hora, y cuando por fin me llamaron, saqué toda mi indignación a relucir. Una buena amiga mía diría que como soy "Leo"...Estaba a 5 ó 10 minutos del punto de encuentro, pero  
me sentía muy indignado, y las pocas ganas de día campestre ya habían desaparecido por completo. Para sorpresa de todos, decidí volverme a casa, sin ni siquiera llegar al punto de encuentro.

Ya en casa, con menos hambre, menos calor y más sosiego, y tras pedir disculpas por mi inexplicable actitud, pude reflexionar sobre lo sucedido. Y no pude evitar pensar en las enormes oleadas de Indignación que recorren nuestro Planeta. Creo sinceramente que la Indignación no sólo es sana, sino que en el momento presente es muy necesaria. Pero a diferencia de lo que hice yo este fin de semana, es preciso encauzarla adecuadamente. De lo contrario el estallido social sólo logrará represión y justificación de medidas cohercitivas de los poderes públicos en contra de nuestras libertades civiles. Sin un encauzamiento adecuado, el vaso se desborda, y recibimos nuestra reprimenda o sanción. En mi caso, quienes me esperaban tenían toda la razón del mundo para sentir que había sido un maleducado, un exaltado o que me había pasado "7 pueblos".

Hay mucha Indignación flotando en el ambiente. Y la mayor parte de ella es más que justificada. Pero si no sabemos encauzarla, surgirán brotes aislados de violencia que justificarán medidas extraordinarias. Y a todos los indignados se nos meterá en el mismo saco: el de gamberros, violentos, "perroflautas" o incluso terroristas. Ello para mí no significa que la Indignación deba tomar la forma de un partido político, una asociación o una determinada forma jurídica. Creo que a veces, el adoptar tales formas convierte a la Indignación en maleable, manipulable, y fácilmente encauzable hacia los intereses del partido político de turno (basta con recordar ejemplos de asociaciones de jueces o incluso de víctimas del terrorismo, con aspiraciones legítimas, pero que rápidamente han sido tildadas de una u otra forma por su mayor o menor cercanía con ciertas siglas políticas).

Creo que la Indignación tiene mucho poder tal y como es: anárquica, encauzada y no-violenta. Se ha visto en todo el mundo que siendo así, suma adeptos incluso entre gobernantes y fuerzas del orden público. Sobre todo porque en los momentos actuales está más que justificada. Y porque con las democracias tan deficientes en las que vivimos, a veces se convierte casi en el único contra-poder y contrapeso de decisiones arbitrarias, injustas o totalmente insensibles con el drama de millones de personas. Sin Indignación colectiva siempre nos tratarán de vender la zanahoria de la visita a las urnas cada 4 años, y los cheques en blanco posteriores. ¿Estamos dispuestos a dejarnos encerrar en ese corral? ¿Se sienten legitimados por las urnas incluso para contradecir sus promesas? ¿Acaso nos imaginamos a un Rey pidiendo disculpas (poco sinceras y muy forzadas, la verdad) si no notase el resoplido de una multitud indignada en su "cogote" por su actitud? ¿Acaso sería posible de otra forma que los anti-disturbios no se hubieran movido contra la multitud de Sol cuando la Junta Electoral Central dictaminó que la concentración era ilegal hace un año? ¿Acaso nos imaginamos medidas como la dación en pago voluntaria (que aún debe aspirar a más) sin miles de personas reclamándola en la calle?  

Hay muchas razones para indignarse. Y ello supone un sano contrapeso en el equilibrio de poderes de nuestros sistema, claramente descompensado en la actualidad en favor de unos pocos. El éxito de la Indignación radicará en su capacidad para no dejarse manipular bajo ninguna fórmula, sigla o partido, su indeclinable carácter no-violento, y su capacidad de priorizar reclamaciones que aúnen a millones de personas por su claro sentido común y por su asentamiento en principios éticos y morales, no ideológicos.

martes, 24 de abril de 2012

Cuando el tamaño sí importa

En una etapa laboral anterior tuve la enorme suerte de trabajar como técnico coordinando las estrategias y políticas de los pequeños comerciantes de una ciudad de 70.000 habitantes. Fue un trabajo apasionante por la creatividad que había que desplegar para competir con las grandes superficies coordinando los esfuerzos de muchos. Se trataba de emplear las mismas armas que los grandes, pero desde los pequeños. Una especie de lucha de David contra Goliat, aunque fuera a nivel de marketing y de técnicas comerciales. Las enseñanzas fueron muchas, y creo que aplicables no sólo al comercio, sino a los ciudadanos de a pie y a nuestra actual situación:
Por un lado aprendí que los pequeños, a veces, andamos entretenidos y peleados entre nosotros (¡qué buenas estrategias se articulan desde arriba para dividirnos!). Ello nos impide poner el foco en la lucha contra el grande o manipulador. Me resultaba inconcebible que una zapatería creyera enemiga a la zapatería de enfrente y no quisiera compartir gastos, logotipos, o bolsas de compra para competir con El Corte Inglés. Mejor discutir con el de siempre. Resulta, pues, imprescindible despertar de nuestras inercias y divisiones, y darnos cuenta de la necesidad de poner el foco en nuestros verdaderos objetivos.

Por otro lado, me sorprendía también observar cómo los comercios seguían en sus batallas internas por ver quién podía mandar más en la asociación de comerciantes, cuando unidos se le estaba plantando cara a gigantes comerciales. En lugar de buscar la fortaleza de la unidad de los pequeños, se prefería tratar de medrar o ascender, para tratar de liderarlos a todos bajo un mando politizado e ideologizado, en lugar de regirse por principios de idoneidad comercial. Las luchas de poder de los pequeños...¿os suena?

Había muchos comercios que luchaban encarnecidamente por evitar que alguna gran superficie comercial se instalase en la ciudad, como forma de ahuyentar sus miedos. No se daban cuenta que la reducción paulatina de su clientela venía provocada por la huida masiva de clientes a otras grandes superficies en localidades cercanas, y que su oferta se había quedado obsoleta para lo que los clientes piden en la actualidad. Había, pues, que hacer autocrítica, ver si la oferta de cada tienda correspondía con lo que los clientes buscaban, y tratar de aprovechar los enormes flujos de visitas que una gran superficie genera en su entorno para captar clientela que, de otra forma no pasaría por nuestra puerta. La autocrítica y la astucia eran, pues, imprescindibles. Sin embargo, pocos comercios se planteaban que lo que les había permitido subsistir durante 50 años, quizás ya no atraía clientela. Era más fácil echar la culpa a otros. QUizás como en la crisis actual, en la que es más fácil culpar a los culpables (¡que los hay!) pero sin recapacitar en que deberemos cambiar muchos de nuestros hábitos anteriores.

Pero lo que quizás más me sorprendió fue darme cuenta del enorme poder que la agrupación y unidad de los pequeños tiene. Se convierte en un arma sorprendente que se usa muy poco, quizás porque los pequeños andamos demasiado enredados en divisiones absurdas. El agrupar a centenares de pequeños comercios bajo mi coordinación traía a mi despacho a decenas de grandes empresas dispuestas a negociar condiciones preferenciales. A fin de cuentas se podían dirigir de una sola vez a todos, y ello me permitía luchar por descuentos y condiciones preferenciales para todos. Pero eso no era todo. Si yo alzaba la voz contra el Ayuntamiento por alguna gestión desigual en favor del grande (p.ej. unas Navidades autorizaron banderolas de El Corte Inglés por toda la ciudad, usurpando el espacio de la iluminación del pequeño comercio), el miedo a que todos los pequeños se enfrentaran al Consistorio, le hacía retroceder de inmediato, quizás por el miedo a tantos votos, a tantas voces, o a tantos potenciales consumidores y sus familias. Incluso para mi sorpresa, Goliat me invitó a mí, David, a llegar a un acuerdo para de forma conjunta atraer a los miles de japoneses que anualmente visitaban una ciudada cercana, patrimonio de la Humanidad. Comercialmente eramos enemigos, pero a ambos nos interesaba conseguir el máximo de visitantes a nuestra ciudad. Y eso nos podía hacer aliados en ciertos momentos, en beneficio de todo el comercio de nuestra ciudad. Era la constatación de que el grande sin los pequeños, no es nada. Que los pequeños, usando algunas armas de los grandes podemos ser más eficaces. Y que los pequeños unidos consiguen mucho más. Que el pueblo unido, por muchos es temido. Una pena que no lo veamos, o no nos lo creamos.

viernes, 20 de abril de 2012

La realidad que nos hemos inventado

Vivimos una realidad ficticia. Parece una incongruencia, pero cada vez que me paro a cuestionar lo que me rodea, compruebo que muchas de las reglas o convenciones se basan en una decisión arbitraria que nos separa cada vez más del mundo natural o de la realidad tal cual es.
No sé  que tiene el ser humano que no es capaz de adaptarse y vivir con la pura  realidad a su alrededor.

Tomemos por ejemplo, algo tan simple como el tiempo. En nuestro afán de analizar y controlar cada aspecto de nuestras vidas, vivimos siempre pendientes del reloj. A tal hora me tengo que levantar, a esta otra llegar al trabajo y a las tantas he quedado con Fulanito... Sí, un reloj es algo muy práctico, porque a nadie le gusta que le hagan esperar en una cita, ni llegar tarde a la peli en el cine o perder un tren. Sin embargo, este pequeño objeto ha logrado separarnos del tiempo natural, de aquellos días en los que los seres humanos se levantaban con el salir del sol y se recluían con sus familias al anochecer. Nuestro ritmo, en nada se acompasa al del resto de la vida que nos rodea. Muestra clara de ello es el famoso cambio de hora que dos veces al año se nos impone: nosotros vamos a nuestra bola. Vamos, el tiempo se doblega a nuestro antojo.

Otro aspecto inquietante es el del dinero. No pongo en duda su utilidad material y social. Sin embargo, es una de las grandes mentiras sobre las que se sustentan nuestras vidas. En realidad, es un instrumento que permite separarte del verdadero valor de las cosas, del trabajo e incluso de las personas. Un trozo de papel o unas cuantas monedas de metal, que carecen de valor en sí mismos, son capaces de levantar países, hundir estados y corromper las almas. Y si nos paramos a pensar ¿quien les ha dado ese valor? En algún momento, simplemente, se decidió. En ese preciso instante, vendimos nuestra alma al diablo y pusimos precio a nuestras vidas. Porque ya fuimos capaces de ver, no el valor real de las cosas, sino el supuesto valor de las mismas conforme a otros factores que podían ser, o no, acordes con la realidad (sirva de ejemplo el boom inmobiliario) Todavía más en nuestros días, cuando ya muchos de nosotros ni siquiera usamos el papel moneda, sino que todo se reduce a meras anotaciones en cuenta. Esto mismo puede aplicarse a los números. No es lo mismo ver la cifra de parados, que las caras de los mismos.
Finalmente, a veces me sobrecoge el uso de algunas palabras, que pasan a describir una situación que en nada tiene que ver con la realidad. Una de ellas es "la liberación de la mujer", algo que, se supone, debo disfrutar. Soy una mujer trabajadora y madre de tres hijos. Soy mujer liberada y ama de casa. No sé si a muchas este panorama os resulta familiar, pero me paso el día organizando la logística de las comidas, las compras, los niños y el cole, la casa... una ama de casa y maruja ejemplar. Y luego, ¡al trabajo! (tengo turno de tarde), donde, además de estar "monísima de la muerte", debo estar a la última y mantenerme a la altura de las expectativas... Ni que decir tiene, que cuando llego a casa, no estoy para muchas bromas, porque caigo exhausta en el sofá... ¿A esto llaman liberación? Antes las mujeres eran esclavas del hogar, ahora lo somos del hogar, del trabajo y de esa imagen de superwoman que esta sociedad ha creado. ¡Vivan las FamilyFlautas!
Cada vez estoy más convencida. Hay que mirar el mundo con ojos nuevos. Hay que cuestionar lo establecido. Hay que ser capaz de ver más allá de lo que tenemos delante de nuestras narices y ver la realidad que hay detrás. Hay que ser consciente del verdadero valor y significado de nuestros actos y palabras. NO hay que tener miedo a buscar la realidad más allá de la que nos hemos inventado o nos han impuesto.






miércoles, 18 de abril de 2012

La teoría del mosquito nocturno

Este fin de semana hemos vivido una experiencia que me ha reconciliado con la Humanidad. Desde que mi mujer y yo iniciamos este blog hace un mes, hemos recibido multitud de felicitaciones y ánimos para continuar. "Hace falta mucha gente que levante la voz...." nos dicen. Pero cuando animamos a esas mismas personas a participar, a alzar la suya, a actuar para mejorar su entorno, nos encontramos casi siempre con el mismo muro: "Es que una persona no puede hacer nada". "Es que por mucho que me mueva, la realidad continúa igual"...
Hemos conocido a Mariló, una de esas personas que nada más verla, te das cuenta que es alguien especial. Pero no porque tenga tres brazos o super-poderes, sino porque transmite una luz que evidencia que en un momento de su vida decidió ser coherente con esa llamada que todos, absolutamente todos, hemos recibido alguna vez en nuestro corazón para mejorar este mundo. En su caso, ella estaba a punto de convertirse en alcaldesa de un pueblo onubense. Era ya teniente-alcalde, y su carrera política prometía. Sin embargo a raíz de hospedar en su casa a un chaval de un  centro de menores, decidió dejarlo todo para dedicarse a las personas olvidadas de este mundo. Eso fue hace 15 años. Actualmente impulsa un centro de reinserción de personas olvidadas por nuestro sistema (mujeres maltratadas, ex-drogodependientes, personas con problemas psicológicos, etc) en Alozaina (Málaga). Los recortes y la ausencia casi total de fondos que apoyen el centro no lo han paralizado, y siguen conviviendo en él 20 personas en una gran familia. Ella no vive DE eso, vive PARA eso. Y aunque han iniciado algún mes con 18€ en la cuenta, no está dispuesta a dejarse vencer. Han logrado rehabilitar una antigua fábrica, y tienen talleres de cerámica, madera o cobre, para que las personas que acoge aprendan un oficio y puedan mantener el centro con la venta de los productos que realizan. No deja de pensar nuevas posibilidades para conseguir apoyos en forma de voluntarios o fondos para mantener el centro, y que las más de 100 personas que ha salido de él y han rehecho sus vidas no queden en la historia o en una anécdota. También cuentan con habitaciones para visitantes, y un magnífico restaurante con sala de celebraciones.
Mientras eramos atendidos por voluntarios que habían salido de su infierno particular, sentíamos que nos alimentaban no sólo con magníficos manjares preparados con todo el cariño, sino con auténticos ejemplos de vida y superación personal. Mientras mis 3 niños disfrutaban jugando con ellos y con su perrillo "Rambo" sentía que el  Universo escribía recto con renglones torcidos.
Pero Mariló se topa con el muro del que hablaba al principio. Con ese que nos lleva a acudir a la cadena hotelera de moda en nuestras escapadas de fin de semana. Con ese que nos incita a acudir a la multinacional de comida rápida o al restaurante "chick" en las comidas de empresa o de nuestra asociación. A ese que nos lleva a las grandes superficies o a las tiendas de todo a 1€ para comprar regalos. Quizás no se trate de ser unos auténticos héroes, como Mariló. Quizás sea cuestión de darnos cuenta que sí que cada uno/a de nosotros/as podemos hacer mucho con nuestras acciones individuales. Que, nos convirtamos en mosquitos nocturnos en este sistema (“Si piensas que eres demasiado pequeño para causar impacto, intenta dormir con un mosquito en la habitación.” Anita Roddick).
Ver más sobre proyecto Arte de Mis Manos: 1, 2, 3 y 4. Tfno: 952480228/ 647154024

domingo, 15 de abril de 2012

Si yo no, ¿quién?. Y si no ahora, ¿cuándo?

Mi marido siempre ha dicho que soy la persona más políticamente incorrecta que conoce... y está en lo cierto. No me gustan las etiquetas: creo que todos tenemos derecho a cambiar y tenemos un corazón creativo. No me gusta el sistema establecido: soy ser humano y no oveja. No me gustan las frases hechas: son a las que se recurre cuando se está falto de ideas...
Ahí va una de esas frases lapidarias: "Dejemos a los jóvenes cambiar el mundo". Ante la situación que vivimos y cuando se discute acerca de los cambios que esta sociedad necesita, no he parado de escuchar en los medios, en la gente que me rodea (incluso yo misma en un principio) esta reflexión tan poco práctica y tan sutilmente escaqueadora. Sí, lo confieso, yo misma me sorprendí recurriendo a este manido cliché: ¡Vamos, es evidente! Con mi ajetreada vida de maruja trabajadora no tengo tiempo de ocuparme de otras cosas: eso para los jóvenes, que, como están parados, tienen más tiempo.

Sin embargo, si yo no, ¿quién?. Si yo, que tengo el poder de decidir en mis compras, de influir en la educación de mis hijos, de hablar  y difundir ideas sin que me califiquen de perroflauta o vago, ¿quién si no? Recurrir al socorrido "yo no puedo porque ... no valgo para eso, porque los jóvenes tienen más energía, porque no tengo tiempo, porque no me siento preparado, porque no tengo nada que aportar..." es una excusa pobre y un solapado intento de no arrimar el hombro y dejar a otros que hagan parte de lo que a uno, y sólo a uno, le toca cambiar. Hagamos un poco de autocrítica de esa que llaman constructiva y que yo llamo simplemente reflexión y sentido común: cambiar las cosas es cosa de TODOS.



Hace varias semanas preparé una clase usando el vídeo de "Un mundo en miniatura". Mis alumnos (media de edad: 25-30 años) quedaron impactados con las cifras, hablamos sobre la necesidad de apreciar lo que tenemos porque somos seres afortunados..., pero a mí, lo que más me impactó, es que a la pregunta "¿Que puedes hacer para mejorar el mundo?" todos, TODOS, a excepción de un alumno (cura, por cierto), opinaban que los cambios deben hacerlos otros: gobiernos, instituciones y un largo etcétera que no hace sino eludir la responsabilidad propia sobre lo que nos ocurre aquí y ahora. Ese día yo también aprendí una lección.

"El hombre emplea la hipocresía para engañarse a sí mismo, acaso más que para engañar a los otros." dice  Jaime Blames. Por eso, es necesario dejarse de tapujos y preguntarse abierta y honradamente: Si yo no, ¿quién?. Y si no ahora, ¿cuándo?.



viernes, 13 de abril de 2012

Tengo familia y estoy Indignado. Soy un FamilyFlauta


Tengo varios familiares y amigos entre preocupados y perplejos con nosotros. No saben si nos hemos metido en una secta, si se nos ha aflojado algún tornillo o si nos hemos vuelto anti-sistema. No entienden muy bien cómo teniendo 3 niños, 3 carreras universitarias, trabajo estable y una casa, estamos mi mujer y yo reclamando cambios en el sistema. Algunos de ellos, con esos pensamientos, no se dan cuenta que quizás estén muy metidos en "la rueda de la rata" que les reduce a guardianes del sistema.
Me considero un privilegiado por no estar en las larguísimas colas del paro. Por no tener que estar acudiendo a los comedores de Cáritas. Por no ser de los cientos de personas desalojadas de sus casas. Por no ser de los millones de personas que no tienen ingresos en su hogar....A mí no me ha tocado, pero me niego a que mi silencio y el de mi familia nos hagan cómplices. Cómplices de una manipulación que nos lleva a una ficción de democracia. Cómplices de un sistema que no encontraba dinero para erradicar la pobreza, pero que en cuestión de meses puso 92 veces más para salvar a la banca. Cómplices de un sistema que nos quita libertad, y nos divide a base de ideologías. Va a ser que no.
Son inaceptables los intentos de manipulación que se están intentando realizar para reducir a la inmensa mayoría de personas que exigimos cambios y estamos indignados a gamberros, guerrilleros urbanos y violentos incontrolados. Es parte de la estrategia del poder. Ya se vio claramente hace un año cuando se intentó reducir a las grandes multitudes que se movilizaron con el 15M a un grupo de "perroflautas".
Mis 3 niños, mi mujer y yo no somos anti-sistema. El sistema es anti-nosotros. Y creo que es momento de dejar de esperar a que otros nos salven. Sea un político, un partido, un sindicato, la Unión Europea o el dichoso Eurovegas. Cada uno de nosotros/as tiene mucho por hacer: con su dinero, con su trabajo, con su consumo, con su capacidad para movilizar a su entorno...
Por eso es preciso desactivar esa manipulación, y evidenciar que somos muchísimas familias las que exigimos cambios. Es necesario que se visibilice que queremos un mundo mejor para nuestros hijos. Y para mejorar este Mundo es crucial que les demos ejemplo a nuestros hijos. Y el momento es ahora. No toleramos que nos llamen gamberros, violentos o guerrilleros urbanos. Nos merecemos que no nos traten como a borregos o estúpidos.
Tengo familia, 3 hijos y estoy Indignado. Me considero una de las muchísimas piezas del sistema que "chirrían". Soy un FamilyFlauta
(#SoyFamilyFlauta)

lunes, 9 de abril de 2012

La rueda de la rata y los guardianes del sistema



Todos tenemos algún familiar o conocido que trabaja en alguna gran empresa o multinacional. O si no, oímos noticias de estas corporaciones en las noticias. Muchas de ellas despiden a cientos o miles de trabajadores, mientras siguen ganado millones de euros por todo el mundo. Y es curioso cómo se habla de despidos o de EREs con una ligereza "pasmosa", sin pensar que se trata de personas de carne y hueso. Los convierten en meros números, para tratar la cuestión de forma aséptica. Igual que cuando se nos habla de déficit y de parados. Y a duras penas se plantean como alternativas para luchar contra tantos dramas familiares reducir pequeños porcentajes de sueldos en vez de despedir a gente, reducir los sueldos estratosféricos de sus altos ejecutivos, o evitar las diferencias abismales entre los sueldos de la élite empresarial y los trabajadores "de raso" (que a veces llegan a multiplicarse por 400 vecez cuando hace 15 años no llegaban al multiplicarse por 10, ¡y ya era mucho!)
Observo con estupefacción que muchas personas cercanas llegan a entender y comprender estas prácticas como normales en su quehacer diario. Lo habitual se vuelve normal. ¡Qué peligroso! Me doy cuenta que el sistema te atrapa de tal forma que torna en normal lo que tu conciencia nunca habría tolerado. Te convierte en guardián del sistema. Conozco personas que tratan de salir de esos círculos viciosos que hemos creado a nuestro alrededor. Esos círculos que, a modo de rueda de la rata, nos hacen estar trabajando todo el día, por tener un sueldo, con el que mantener un status, una hipoteca, uno o dos coches, y 20.000 necesidades auto-creadas. Y luego los fines de semana, con el espejismos de salir de esa rueda, acudimos en peregrinación a los centros comerciales, a zonas de "botellón", o al fútbol....
Conozco personas que llevan tiempo tratando de salir de esa rueda, pero no pueden dejar de correr en ella. ¿Quién iba a pagar el carísimo colegio de los niños? ¿Cómo afrontar la hipoteca mayúscula de una casa que supera lo que podría esperarse de mi sueldo? ¿Cómo mantener el ritmo de vida de mi entorno y amigos? Mejor seguir corriendo en mi rueda que buscar por dónde escapar. Y si además, para escapar, en vez de por cualquier rendija, espero que me hagan una puerta y del color que me gusta, ¡estoy apañado!
Es inevitable tomar decisiones para salir de la rueda. Y esas decisiones exigen sacrificios. A veces nuestra salida de la rueda supondrá renunciar a un status o a unos lujos. ¿Estaremos dispuestos a hacerlo o mejor seguir corriendo hasta que las circunstancias nos permitan salir manteniendo el mismo nivel de vida? (si eso fuera posible)
Con gran frecuencia rememoro con mi mujer una escena de un documental que vimos de una tribu de una isla del Pacífico que se dedicaba a disfrutar de la vida, tomar el sol, charlar, gozar de su entorno, y tan sólo cuando necesitaba comer, salía en busca de alimento. Se dedicaban a gozar de su existencia y del presente. Sin embargo, nosotros nos hemos complicado tanto la existencia...
Muchas personas sufren por no poder escapar de su rueda, y por verse guardianes y defensores del sistema sin quererlo. Pero también observo que otras personas entran en clasificaciones estériles entre obreros y profesionales, trabajadores y desempleados,  empleados públicos y los que no lo son, huelguistas o no... Y a veces parece como si esas divisiones nos hicieran diferentes a la hora de reclamar un mundo mejor para todos. Que cada uno pertenezca a un colectivo, y haya tenido una trayectoria u otra, con un esfuerzo u otro, no nos debe impedir trabajar "codo con codo" por mejorar un mundo y un sistema que no hace más que buscar la división y la confrontación, para tenernos entretenidos. Estemos donde estemos, y aunque a algunos nos toque renunciar a ciertos "lujos", debemos tratar de salir de nuestra rueda. Debemos de renunciar a nuestra condición de guardianes, en un lado o en el otro. Debemos replantearnos el sistema en sí mismo.
Quizás debamos hacer caso a las "verdades como templos" que mucha gente empieza a reclamar para cambiar nuestros esquemas de vida, aunque sea de boca de un banquero. Quizás esta crisis que algunos califican de "sistémica" sirva para que las instituciones basadas en el "ego" y la división tengan sus días contados.

domingo, 1 de abril de 2012

De mayor quiero ser un desobediente civil

Tengo 39 años, 3 hijos,casa, hipoteca, un tesoro (¡trabajo!) y soy "antisistema". Probablemente no de esos que describen los medios de comunicación como vándalos que destrozan el mobiliario urbano en un intento de desacreditar todo un movimiento general de descontento. Pero sí abiertamente partidario de que este sistema no puede continuar como está.Y por lo que veo y escucho a mi alrededor, el 99% de la población también es antisistema. La pena es que tanto sentimiento de indignación contra el "status quo" caiga en el desánimo de que "nada se puede hacer". ¿Tan domesticados estamos? Creo que como sociedad aún estamos en pañales. Por eso, como el resto de la población, creo que debo crecer y madurar para ser "de mayor" un desobediente civil.  Alguien que se queja, pero que hace algo por cambiar la situación. Me encantaría que mis hijos lo fuesen. No como tantos exaltados que usan piedras y cócteles molotov. Sino con la fuerza de la no-violencia y de la razón en la búsqueda de un mundo diferente, más justo y equilibrado.
En las decenas de conversaciones que he mantenido en los últimos meses no me he topado con una sola persona que no se muestre contrario a este sistema. Los hay contra una crisis que tiene más de estafa que otra cosa (no dejéis de ver el documental "Yo pago, tú pagas, ¿quién se lo lleva" o "Inside Job"). Los hay indignados por la subida del 7% de la luz. Los hay por las ayudas a la banca mientras se desangran los parados. Los hay por los privilegios e incoherencias de los sindicatos. O por una reforma laboral abusiva. Los hay por la reciente amnistía fiscal que privilegia a los defraudadores, mientras hablar de amnistía hipotecaria (como en Islandia) parece de otro planeta. Los hay por la sangría de ayudas a Grecia con los intereses militares y de los bancos alemanes y franceses de trasfondo. También hay quien denuncia que todos parezcamos defender "lo nuestro" (pesca, cultivos o trabajo) frente a "los de fuera", como si haber nacido 25 kilómetros más al sur los convirtiera en invasores o escoria. Indignación contra el sistema por doquier....
Herramientas para manifestar nuestro descontento y nuestra indignación tenemos. Muchas. A veces simbólicas. Como cuando hace pocos meses, en una representación de Nabucco en Roma, tras el coro “Va, pensiero” que simboliza para los italianos la rebelión contra la opresión, el director Riccardo Muti, se volvió hacia el público y lo animó a no callar más ante la vergonzosa situación con el mismísimo Berlusconi en el palco de honor. O como cuando la semana pasada el ciudadano israelí Ronny Edry de 41 años de edad, diseñador gráfico y su pareja, de 36, Michal Tamir, lanzaron una iniciativa mediante la publicación de fotos y un vídeo de ellos mismos con sus hijos en una página en Facebook con un mensaje simple: “Los iraníes, nos encantan. No queremos bombardear a su país”. Tamil dice que la página ha derribado “un muro” y ahora la gente de ambos lados se pueden comunicar directamente sin pasar por los políticos. Se trata de levantar la voz en contra de “una guerra que nadie quiere”. Ya suman casi 60.000 apoyos.
Ponernos de acuerdo en todo un programa de cambios quizás sea complicado, porque aún nos regimos por ideologías y no por principios. No nos conformemos con una participación puntual en una huelga. Quizás sea cuestión simplemente de empezar por alzar la voz o decir NO en tu trabajo por las injusticias que observas. De denunciar manipulaciones en tu blog o Facebook. De empezar a desentumecer nuestro cerebro y nuestra alma. Despertarla de tanta tele-basura, de tanto ERE resignado, y de tanto "pan y circo" (fútbol, fórmula-1..). Y empezar a desobedecer la programación que tratan de imponernos.
Hay razones para la esperanza. Hace menos de un año en España se vivió el mayor acto de desobediencia civil de la Democracia, cuando la Junta Electoral Central, con motivo de las elecciones municipales y autonómicas, prohibió la concentración en Sol. Miles de personas se sumaron y desacataron las órdenes. No hubo represalias ni castigo. El pueblo unido jamás será vencido.