Páginas

miércoles, 16 de mayo de 2012

Experiencias familiares en torno al 15M

Como mi familia y yo estamos indignados, este pasado fin de semana ejercimos de tales. #SoyFamilyFlauta y  pude llevar a mis niños a la manifestación y posteriores asambleas del 15M en Málaga. Creo que fue una magnífica oportunidad para que conocieran de cerca a miles de personas inconformistas que estaban dispuestas a movilizarse para que las cosas cambien. Les sirvió para darse cuenta que quedarse sentado/a en el sillón criticando al político de turno o al sistema, no es la mejor estrategia para que las cosas cambien. Y pudieron conocer lo heterogénea que es la realidad, con miles de personas, de todas las edades, sexo y condición, y con intervenciones de lo más variopintas o incluso contradictorias. Esa es la gran riqueza de la movilización social, y de un movimiento tan líquido como el 15M. Pero también el punto flaco que tratan de aprovechar sus detractores.
Mis niños no entendieron que se dijeran "palabrotas", que se ondearan ciertas banderas o se cantaran canciones en contra de ciertas ideologías o confesiones, como se proponía en los vídeos de la convocatoria. Y ahí debo darles la razón: el 15M debe aspirar a aunar esfuerzos, no a imponer ideologías, banderas, o lemas que pueden herir al que tenemos al lado (muchos de los allí presentes podían ser católicos, monárquicos o incluso de los 10 millones de votantes del PP). Creo, con rotundidad, que se debe huir de ideologías, y unirnos en torno a principios. Esos mismos que están siendo flagrantemente atacados en estos momentos. De lo contrario estaremos poniendo en bandeja a los poderosos su estrategia del "divide y vencerás".
En Málaga, la convocatoria del sábado coincidió con la Noche en Blanco, llena de eventos culturales por todos lados. Era un momento muy propicio para que las decenas de miles de personas que abarrotaban las calles, se hubieran volcado también con la manifestación. Y aunque ésta fue multitudinaria, creo que no resultó "apabullante", como hubiera sucedido de acudir a ella una mínima parte de los participantes en esta velada cultural. Me preguntaba por qué. Y también lo hice ayer al ver la capacidad de movilización que la última jornada de fútbol tuvo tanto en Málaga como en el resto de España, con miles de personas animando, sufriendo, llorando y movilizándose por algo tan banal como quedar el tercero o cambiar de categoría un año. ¿Por qué? ¡Menudo desperdicio de energía colectiva!
Desde hace meses, hablo con mucha gente sobre la situación actual, la crisis, y la necesidad de movilizarse y actuar. Ha sido uno de los grandes efectos de este blog. Y TODOS, absolutamente TODOS, me han manifestado su amargo descontento, su frustración, su indignación y su cabreo. Es decir, de una forma u otra, todos eran 15M. Sin embargo, a la hora de reconducir dichos sentimientos hacia algo que permita cambiar la situación, comparativamente son pocos de ellos los que aportan y menos aún los que se movilizan. Y al preguntarles la razón, me encuentro con varios tipos de respuestas:
  • Algunos consideran que en todas estas movilizaciones y exteriorizaciones de indignación colectiva, hay más violentos y gamberros, y o bien muestran su miedo, o bien no quieren ser señalados como tales. Es decir: son los que el Gobierno y sus medios afines han logrado meterse en el bosillo con sus argumentos de criminalización y de generalización de las excepciones. En estos casos será crucial el trabajo de comunicación y contra-propaganda del movimiento 15M.
  • En otros casos, se tiene la sensación de que ha habido pocas concreciones desde el año pasado, y que se avanza poco, con lo cual, prefieren no perder el tiempo si no se va a conseguir un resultado. Su respuesta suele ser: "¿Para qué, si al final no se consigue nada o todo sigue igual?" Este peligro de la sensación de inmovilismo aumenta por el carácter de "catarsis colectiva" que estas manifestaciones tienen: para muchos es la única forma de desfogar su rabia, de gritarle a las injusticias, y de insultar a quienes creen sus culpables. Ello puede ser necesario, pero en mi opinión claramente insuficiente. Opino que es crucial centrar la presión en un punto, que sea de clarísimo consenso en cuanto a su injusticia, y una vez conseguido éste, pasar al siguiente, recogiendo el entusiasmo colectivo por su consecución. Gene Sharp lo dice claro en su manual. Pero creo que con tantísimas comisiones y asambleas, la batalla de la gran opinión pública se puede estar perdiendo (aunque estemos de acuerdo en que si queremos estar verdaderamente informados, deberemos apagar la televisión)
  • En otras ocasiones, el inmovilismo se justifica en la necesidad de crear una estructura en forma de partido o asociación, que permita canalizar las propuestas que puedan surgir del movimiento 15M. Sin esa estructura jerarquizada y disciplinada, creen que todo son gritos y propuestas inconexas. Y simplifican el enorme trabajo avanzado por miles de comisiones durante todo este año. El debate surgido en el seno del 15M sobre la necesidad o no de dicha estructura parece estar siendo rentabilizado por sus adversarios. ¡Seria llamada de atención para no perder el Norte y las energías en aspectos secundarios! En mi opinión, no se trata de crear un organismo o un ente más, que entre en la dinámica viciada de los demás partidos, organismos o instituciones. Se trata de generar un verdadero contra-poder, que de forma simple y sencilla delimite las líneas rojas que la ciudadanía no está dispuesta a tolerar. Y esas líneas rojas NO son ideológicas. Son principios éticos y morales que no deberían haberse nunca traspasado, y que son comunes a cualquier ideología.
  • Finalmente otros, por su situación personal, familiar o laboral, no pueden participar en las concentraciones, o acampadas. Es cierto que éstas supusieron, por su visibilización el pasado año, un destacadísimo punto de inflexión. Pero el Gobierno y las fuerzas de seguridad, parecen haberlas neutralizado con la doble herramienta de los horarios limitados y los desalojos a horas intempestivas o de menor afluencia de personas. Creo que obsesionarse con las acampadas sería un error. Hay muchísimos mecanismos de protesta. Contra Milosevic, en el gélido invierno de los Balcanes, se veía desfallecer el movimiento presencial en las calles, y se optó por acallar los telediarios gubernamentales con monumentales caceroladas diarias de todo el país a la misma hora. Fórmulas hay de sobra. Lo que no debe dar la sensación es que el movimiento se diluye, que se centra en infinidad de comisiones o asambleas de utópicos sin concreción, y que trabaja a golpe de conmemoración. La presión debería ser, en mi opinión, continua y acorde a las posibilidades de mantener el pulso. 
Creo que en parte la batalla de la apatía colectiva y de la comunicación interesada de los poderosos podría ganarse con un poco de estrategia. Está bien (y es fundamental) que se vea la indignación, la diversidad y el alud de propuestas sobre la mesa. Pero todavía es más importante que se vean logros concretos, que permitan incrementar las expectativas de los apáticos, a la vez que el miedo en los que nos imponen las injusticias. Y en ello creo que estamos pecando de inconcretos y generalistas.
Nuestros objetivos deben cumplir la técnica S.M.A.R.T. Deben ser específicos (specific) siendo lo más detallados posible. Deben ser mensurables, es decir debe poder medirse su progreso y eficacia. Deben ser alcanzables: si bien es admirable ser agresivos con las metas, establecer su valor demasiado alto haciéndolas inalcanzables, puede ser contraproducente y desmotivador. Deben estar orientados hacia los resultados, enfocándose siempre en lo que se quiere, y no en lo que NO se quiere, y estableciendo metas de manera positiva. Y deben tener tiempo determinado (time-limited) o fecha de caducidad.
En mi opinión las 5 razones u objetivos que se habían propuesto para salir a las calles el 12M15M, en la forma en que estaban formuladas, no cumplían los requisitos anteriores.

  1. Ni un euro más para rescatar a los bancos.
  2. Educación y Sanidad públicas y de calidad. 
  3. No a la precariedad laboral. No a la reforma.
  4. Por una vivienda digna garantizada.
  5. Renta básica universal.

Por supuesto que son más que justas y pertinentes, pero formuladas así, sin los criterios anteriores, no dejaban de ser un "desideratum". Un slogan para aunar esfuerzos en una convocatoria. Pero no una exigencia tajante, a modo de puñetazo sobre la mesa que dejase claro a quien corresponda lo siguiente: "Hasta no conseguir esto no vamos a parar. Y cuando consigamos esa, vamos a por la siguiente".

Como en otras cuestiones, quizás interese mirarse en el caso islandés, y cómo en la formulación y exigencia paulatina de las reivindicaciones no cabían "medias tintas". Era "O SÍ O SÍ". Y estaban formulados de forma específica, medible, eran claramente alcanzables (como su consecución ha demostrado), iban enfocados a un resultado positivo, y no se dejaba de ejercer presión hasta que ese objetivo se lograse:

  1. Dimisión del primer ministro, el conservador Geir  H. Haarden, y de todo su gobierno en bloque.
  2. Convocatoria de elecciones anticipadas.
  3. Someter a referéndum la devolución de la deuda a G.Bretaña y Holanda.
  4. Nombramiento de ciudadanos para crear una nueva constitución.
Estoy con Antoni Gutiérrez en que el #15M es pura poesía política cargada de inteligencia. Pero debe utilizarse esa poesía, esa inteligencia y su enorme caudal de energía creativa para deshacer una a una las grandes injusticias que nos están imponiendo "a los de abajo". Usemos para ello la astucia, la estrategia y la concreción paulatina y consensuada.

2 comentarios:

barcelonio dijo...

Una reflexión útil e interesante, compañero. Lo que se ha conseguido no es poco, yo mantengo la esperanza en esta explosión de talento colectivo, pero es cierto que es necesario reflexionar sobre los próximos pasos y centrar los esfuerzos en objetivos concretos que vayan fortaleciendo el movimiento.

Un saludo desde Barcelona y mucho ánimo en la lucha.

Anónimo dijo...

El verdadero asunto de fondo es la deuda. Era privada y se ha convertido en pública, en deficit. Se tendrá que responsabilizar de ella quien la creó (los bancos)y la consintió y se aprovechó (los gobernantes). No se paga la deuda ilegítima, y el resto se pagará una vez financiados los servicios publicos.