sábado, 29 de octubre de 2022

Malo conocido

"Ten cuidado ahí fuera"
"No te fíes de nadie"
"La gente es mala"
"Cuidado con los virus, las bacterias y los hongos"
"No toques eso"
"No te ensucies"
"Cuidado con los viajes"
"Desconfía de los extranjeros, que nos quitan el trabajo"
"El futuro da miedo"
"La cosa se va a poner muy fea"
"Si no te pinchas, morirás, o matarás a tus mayores"
"Hazlo: no seas un irresponsable o un insolidario"
"Tú, como los demás: no intentes ser distinto"
"Que no te señalen"
"Cuidado con el qué dirán"
"Ten cuidado con lo que respiras"
"El cambio climático nos va a matar"
"El botón rojo de Putin también nos va a matar"

makamuki0 en Pixabay
 
A mi hijo Pablo su profesora le dijo una frase del estilo de las anteriores cuando tenía 5 ó 6 años: "Es imposible que de mayor seas escritor". Él había llegado a clase emocionado por los "cuentos" de Macbeth y del Rey Lear que su madre le contaba cada día. Le dijo a su profe que él quería ser como Shakespeare. Y aquello le debió parecer tan absurdo a aquella mujer, que le salió del alma aquella frase. Pablo llegó a casa llorando.
Una frase así a un niño de 6 años, viniendo de su queridísima profesora, es una tumba de sueños. Frases similares, como las anteriores, viniendo de familiares, de amigos, del telediario o de tu instagram, también. Si las interiorizas se convierten en hipotecas para tu futuro. En lastres del porvenir, En creencias limitantes.
Hace unos días compartí un vídeo sosegado y respetuoso de la Doctora Karina Acevedo dirigiéndose a las personas vacunadas. Llevamos dos años yendo a las fuentes directas, a los estudios científicos y a las estadísticas oficiales, para no conformarnos con lo que dicen los medios y las redes de modo interesado. Y por desgracia, todo lo que esta científica ha venido diciendo se ha ido confirmando. Por eso nos pareció importante compartir su mensaje y sus contrastados argumentos. Por evitar más sufrimiento innecesario. No pedíamos a nadie ni que se apuntara a ninguna secta antivacunas, ni que se inscribiera en la cofradía de los conspiranoicos, ni que se afiliara al sindicato negacionista o bebelejías. De verdad. Tampoco ganamos ninguna comisión ni remuneración económica por ello. Pretendíamos simplemente compartir conocimiento. Y que aquellas personas en las que resonara ese mensaje, pudieran difundirlo para evitar los daños y las muertes que se están produciendo sin sentido. Pero buenos y grandes amigos me reprocharon mi "osadía". Dudo siquiera que llegaran a ver el vídeo. Simplemente les pareció que podía estar disparando a la línea de flotación de algunas de sus creencias, expresadas al principio de este post. Y salió de ellos la ira, la desconfianza, el ego. Y es curioso, porque algunos de ellos nos han pedido consejo desde hace años. Se han fiado de nosotros en cuestiones íntimas y muy personales. Pero en cuanto sintieron esta semana que se podría poner en duda su creencia, debían defenderse "como gato panza arriba". Ya no éramos las personas de confianza y con criterio de siempre: éramos una amenaza.
Si no te dejas interpelar por los demás, malo. Si no permites ni escucharlos y aduces todo tipo de argumentos para aferrarte a tu creencia, peor. Y por desgracia, las excusas empiezan a escasear y a ser más débiles cada vez. Que si nadie dijo que las vacunas evitaban la transmisión (¿cuál era entonces el sentido del pasaporte Covid?). Que si los ictus, miocarditis y cánceres reactivados pueden ser por la Covid que se tuvo hace un año. Que si efectos secundarios siempre los ha habido. Que si los muertos por las vacunas pesan igual que los muertos antes de las vacunas. Que si no hubiera sido por estas vacunas hubiéramos muerto muchos más, o casi todos. Que si la verdad es lo que los ciudadanos creen que es verdad. Que si todos son igual de mentirosos. Que mejor ni escuchar el mensaje cuando siempre va a haber alguien hablando mal del mensajero. La verdad es que ya he escuchado tantos argumentos justificativos, que pienso que la mente, como el papel, lo admite todo. Sobre todo cuando hay miedo, o cuando hay una creencia limitante que no estás dispuesto a poner en duda.

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Dejar de soñar. Dejar de abrazar. Dejar de viajar. Dejar de disfrutar de la libertad. Dejar de compartir...Todo eso hacen las creencias limitantes. Por eso estábamos tan felices este fin de semana en Córdoba, comprobando cómo nuestro hijo Samuel se adentraba de lleno en la confrontación de las creeencias limitantes, tomando control de sus propias limitaciones, y asumiendo de lleno que no tenemos más límites que los que nos auto-impongamos si hacemos la tontería de tragarnos "a pies juntillas" aquello que nos limita sin contraste alguno.
Es una pena, porque creencias así, anulan la parte divina que todos tenemos. Ese Dios que todos somos. Y que tan bien expresó el místico sufí Abdaláh, cuando ante sus verdugos dijo: "Yo soy dios, y Dios es yo, cuando ceso de ser yo". Cuando dejamos de identificarnos con nuestro ego. Con nuestras creencias. Con lo que defendemos. Entonces aflora nuestra esencia. Nuestra parte más auténtica. Nuestra divinidad.
Cuando dejamos de aferrarnos a nuestro ego y a nuestras creencias limitantes, brota un torrente de autenticidad, que lo inunda todo. Hace unos días lo experimentó Mey hablando con una buena amiga. Le preguntó si se iba a poner más dosis de la "vacuna", tras lo que se había visto en el Parlamento Europeo y tras la cantidad de gente que a nuestro alrededor está enfermando. Ella dijo que por supuesto que no. Que nunca quiso ponérselas pero que cedió a la presión de su familia. Mey trató de disculparla, porque esas presiones son casi insuperables. Y ella, con una entereza que no hemos visto en nadie en estos meses, dijo: "No, Mey. La culpa fue mía. Sólo mía. Yo fui responsable de ceder a la presión. Ha habido algunos que no lo han hecho". Cuando me lo contó, me quedé boquiabierto. Nada de aferrarse a excusas. Nada de esconderse tras las frases "facilonas" y los argumentos "de mentirijilla" del telediario. Nada de egos. Soy responsable de mis actos. Punto.
Carl Jung decía: "aquellos que no aprenden nada de los hechos desagradables de sus vidas, fuerzan a la conciencia cósmica a que los reproduzcan tantas veces como sea necesario para aprender lo que enseña el drama de lo sucedido. Lo que niegas te somete; lo que aceptas te transforma."
Cuando iniciamos la andadura de nuestro blog hace 10 años, pusimos de fondo una imagen del planeta Tierra, como dando a entender que estábamos buscando el lugar donde contruir un mundo diferente para vivir. Pero ese mundo no es un lugar. Está dentro de nosotros. Y puede ser un auténtico paraíso. Eso sí: como le pongas muros, barrotes y fronteras a ese mundo que habita en tu interior, sin más, mal vamos. Porque entonces te acabarás creyendo aquello de "virgencita, virgencita, que me quede como estoy". O peor aún, aquello de "más vale malo conocido que bueno por conocer". No te conformes con lo malo conocido. No te conformes con menos de lo que mereces. No te conformes con lo que te han hecho creer. Contrasta lo que te dicen, si te limita. Sueña. Vive. Vuela.


sábado, 15 de octubre de 2022

Ruedas de molino

Nunca antes la realidad había sido tan compleja. Entender la pandemia para que no nos "tomen el pelo" sin saber algo de Biología, Virología o Epidemiología, es tarea imposible. Entender la guerra de Ucrania, sin unas nociones mínimas de Geopolítica o de la Historia de la que nace el conflicto, se antoja complicado. Por ello nunca fue tan necesario indagar y reflexionar, y así poder entender, posicionarse y decidir en un entorno tan cambiante como el actual. Debemos cultivar las ansias por saber más. Y sin embargo, las consignas, los tópicos y las frases hechas dominan la actualidad como nunca había sucedido. Prueba de que se quiere simplificar lo que es complejo. Prueba de que quieren que cedamos nuestro entendimiento, y quizás hasta nuestra voluntad. O prueba simplemente de que nos gusta el "pan y circo", y para qué nos vamos a complicar mucho, la verdad.

Cuando este verano p
arecía que Pablo se quedaría en EEUU, nos pidió consejo sobre qué libros, artículos, series y películas le aconsejábamos, previendo largos días de asueto y soledad. Sin dudarlo, le dijimos que buscase todo lo que reforzase aquello que blinde sus defensas contra la manipulación y lo que haga aflorar su máxima sensibilidad en pro de la libertad. Y le sugerimos que no dejase de leer todas las obras distópicas que cayeran en sus manos, porque de eso van los tiempos que vivimos: de pura distopía.

En el manual de cabecera de todo buen manipulador distópico, sea político, directivo de alguna farmacéutica o gerente de algún medio de comunicación, el capítulo primero lo ocupan, sin duda, los "buenismos". Esas grandes frases o afirmaciones filosóficas que ningún  ser humano de este planeta osaría poner en duda. Pero tras ellas, buscan nuestro voto, nuestro dinero, nuestra energía, nuestro consentimiento o nuestro tiempo. Frente a un "buenismo", la más mínima objeción supondría directamente una afrenta contra la lógica y contra toda la condición humana. ¿Recordáis aquello de "invadimos Irak para evitar el uso de las armas de destrucción masiva de Sadam Hussein"? ¿Quién podría oponerse a algo así? ¿Para qué vamos a discutir tan noble intención? No hay nada que hablar ni objetar. Por supuesto que sí. Lástima que hubiera un pequeño detalle: lo de esas armas era pura invención. Un detalle sin importancia que supuso miles de muertos, y la ocupación de un país por puros intereses petrolíferos. Y menos mal que hubo resistencia en la calle con el famoso "No a la guerra", gracias a que entonces sí hubo algo de contraste de opiniones en los medios de comunicación. Pero, ¿y si los medios de comunicación y las redes sociales se convierten en los "mariachis" o en la "comparsa" de quienes lanzan esos "buenismos" sin fundamento? Vamos, vamos...No quiero ni pensar lo que eso supondría.
¿Os imagináis que nos dijeran que hay que vacunarse porque si no, eres un ser insolidario y ruin? Por favor, ¿quién va a querer ser tan mala persona? No se hable más: ponga usted cuatro o cinco "chupitos" del brebaje que haga falta en mi brazo, por favor. ¿Y si además llamamos "vacuna" a lo que es una técnica totalmente nueva, para simplificar términos y que la gente lo asocie con lo de toda la vida, aunque no tenga nada que ver? Si es sólo por no complicar las cosas.... ¿Y si lo ponemos en los dibujos animados o en los ejercicios de los libros de texto escolares, para dejar claro que la postura "buena" es vacunarse y la "mala malísima" no hacerlo?...¡Qué gran idea! Anda, que si te dijeran que te vacunes para proteger a tus seres más queridos, ¿acaso no lo ibas a hacer? Por favor...Pues claro. O imagina que te piden que te pinches para "doblegar la curva". Sin dudarlo, hombre. ¡Cómo no! Pelillos a la mar si luego el susodicho "potingue" de ARNm ni evita la enfermedad ni evita la transmisión. Si luego, por ejemplo, el 90% de los contagiados y el 84% de los muertos por covid en el primer trimestre del 2022 han sido personas perfectamente vacunadas . Eso es un "detallillo" sin importancia. ¿Y lo tranquilos que hemos estado mientras, creyéndonos que protegíamos a los nuestros con el pinchazo-fake?

Oye, ¿y si te dicen que es para luchar contra una enfermedad gravísima con una letalidad altísima, y te llenan la retina de imágenes televisivas de moribundos y féretros? ¿Acaso no vas a querer combatir eso? Por supuesto. ¿Que luego resulta que en España, como en el resto de mundo, los datos oficiales del Ministerio de Sanidad muestran lo contario? Pues mala suerte. Pero incluso en lo peor de 2020, si bien la letalidad o mortalidad del covid (IFR) era del 4% en mayores de 70 años (sobrevivían 96 de cada 100 contagiados), caía hasta el 0,3% en personas de entre 50 y 70 (sobrevivían 997 de cada 1.000) y era muy cercana a cero en personas sanas menores de 50.

Pero, ¿y si se produce un exceso de mortalidad inexplicable y sin precedentes, como el de este pasado verano? ¿Quizás no habría que preguntarse si la vacunación masiva de toda la población en un ensayo clínico así pudo tener algo que ver? Pues no. El "buenismo" aconseja que lo atribuyas al calor que dicen que ha hecho, y no a una crisis médica por esta "vacunación", como ya manifiestan sin ocultarse médicos y científicos. Y como el exceso de muertes es enorme, y ya no cuela atribuirlo al calor o al Covid, pues el resto, ya se verá. ¡Es lo que hay!
Oye, y si resulta que empiezo a notar a mi alrededor, entre familiares y amigos, eventos raros de salud que antes no se producían con tanta frecuencia, y empiezan a aflorar centenares de estudios científicos que relacionan esos efectos con las vacunas Covid-19... ¿tampoco deberíamos exigir explicaciones? Hemos sabido de gente joven y deportistas que mueren fulminados. Gente afectada de ictus, trombosis y trombocitopenia, embolia pulmonar, miocarditis y pericarditis, fibrilación atrial, angina de pecho, palpitaciones, taquicardias y arritmias (la miocarditis o inflamación del corazón en menores de 40 implica que se les ha causado un daño de modo gratuito, dada la levedad del covid para ese rango de edad, habiendo adolescentes a los que la vacuna les ha multiplicado el riesgo 133 veces más de lo normal). También hemos sabido de graves efectos adversos oculares, dermatológicos, inmunitarios y neurológicos, como trombosis del seno venoso cerebral, parálisis facial de Bell, mielitis transversa aguda y herpes simple y zoster. Y eso por no hablar de los numerosísimos desórdenes menstruales y de la reducción de fertilidad masculina que se escucha por todos lados.
¿No deberían los afectados pedir explicaciones? ¿No deberían exigir transparencia? ¿No deberían clamar al cielo los miles de médicos que están presenciando y tratando esos efectos adversos? ¿Dónde se quedó la indignación? Se esfumó. Demasiadas implicaciones. Demasiada dejación. Y para colmo se le echa la culpa, especialmente de los numerosísimos problemas cardíacos de estos últimos meses, a causas tan esperpénticas como: el dormir mal,  las fiestas, la contaminación, el fútbol, la carne roja, los videojuegos, o incluso la pizza Margarita o las gambas (de verdad, no es broma: todo eso se ha llegado a publicar, como veis en los respectivos enlaces)
¿Y tampoco deberíamos preguntarnos cómo justificar que se vacunara a jóvenes y ancianos indistintamente, siendo el riesgo para un joven 1.000 veces inferior que para un anciano? Tampoco. ¿Ni tampoco que puede que las vacunas no fueran tan seguras ni efectivas, ni que fuera tan real aquel 95% de eficacia que nos repitieron hasta "en la sopa"? No. No te preguntes cosas así.
El "buenismo" de turno también nos dirá que no tiene importancia que esta misma semana, Pfizer haya reconocido ante el Parlamento Europeo que su vacuna nunca fue testada para frenar la transmisión del virus antes de salir al mercado; que la CDC reconociera errores en la respuesta a la pandemia en EEUU; o que el mismísimo Anthony Fauci haya anunciado que deja su cargo en diciembre. Nada que objetar. O quizás, incluso, nada que publicar en los medios, vaya que se note mucho.
Es lo bueno del "buenismo": que adormece al individuo, enturbia su entendimiento, y crea mundos para "lelos" (para atontarnos, vamos). ¿Acaso os habéis olvidado ya de la Hipnopedia que describía Huxley en "Un Mundo Feliz" para "educar" a la población en las creencias que interesaban al régimen de turno, mientras dormía? Pues eso, pero mediante medios de comunicación y redes sociales: todo muy moderno, sofisticado, y sin tener que dormirte ni siquiera.
El "buenismo" durante la pandemia ha funcionado. Y todo el que lo ha puesto en duda, ha sido tachado de "negacionista" o "bebelejías". Pero, a tenor del descalabro final en las cifras de las últimas dosis de vacunas, parece que ha habido mucha gente que se ha dado cuenta de la "patraña", y se ha bajado ya de la "trola". Y a toda esa gente ya no habrá quien se la cuele, ¿verdad? Craso error. Me temo que más de uno ha repetido con lo de Ucrania, y ha vuelto a tropezar con las mentiras de turno.
 
¿Eres de los que repite hasta la saciedad que la subida de los precios es por culpa del malo malísimo de Putin? Uy, uy, uy....A ver si va a ser más complicado que eso...A ver si esta historia va más allá de Don Goliat Rusia, aplastando a Don David Ucrania. ¡Que en los "buenismos" nos encanta ponernos del lado del débil! Cuidadín. ¿Y si la guerra realmente es entre EEUU y Rusia, eso sí, en el tablero ucraniano y europeo? Evidentemente no podemos dejar de criticar la desproporcionada, brutal e injustificable reacción rusa. Pero ello no debe nublar nuestro entendimiento, y debemos ser capaces de discernir que aquí se juega algo más. Así, el pobre pueblo ucraniano quizás sea el inaceptable daño colateral inocente (no así su gobierno) de un conflicto entre EEUU y Rusia causado por la expansión hacia el Este de la OTAN, forzada por EEUU, que desoyó las advertencias rusas durante 15 años y despreció las reticencias mostradas por Francia y Alemania.
El "buenismo" nos dirá que Zelensky es un estadista de talla internacional, todo un "moisés bíblico" según alguna editorial, al que aplauden parlamentos y gobiernos de todo el mundo. ¿Cómo no respaldarle? Pero, ¿debemos olvidar que Ucrania es uno de los países más corruptos del mundo y que ya en 2019 el 12% de su población (más que Venezuela) había tenido que emigrar? ¿Debemos olvidar que uno de sus oligarcas, acusado de alzamiento de bienes, fue valedor de Zelensky y que en mayo del 2021 éste mandó arrestar al líder de la oposición parlamentaria democrática prorrusa y cerró de manera totalitaria todos sus medios de comunicación con el visto bueno de los americanos? ¿Nada que objetar tampoco a que Zelensky ordenara la suspensión de actividades de once partidos de la oposición? ¿Y miramos también para otro lado cuando hasta Amnistía Internacional denuncia las técnicas de combate ucranianas que ponen en riesgo a los civiles? ¡Cómo se las gastan los americanos eligiendo socios! Parece que se les hubiera olvidado ya lo de Bin Laden... 
Y ya que nos hemos puesto "preguntones": ¿de verdad nuestros líderes y burócratas europeos están defendiendo los intereses de sus ciudadanos, o le están "haciendo la ola" a las consignas de EEUU? Porque a juzgar por los resultados, parece que primero han disparado y después han apuntado. ¡Qué decisiones tan meditadas en cuanto a sus consecuencias para millones de ciudadanos europeos! Sólo hay que ver las sanciones que nos estamos auto-imponiendo y las declaraciones incendiarias de estadistas europeos, que se daban golpes pacifistas en el pecho hasta hace dos días, y que ahora están emocionados enviando armamento pesado a las milicias ucranianas para que le den una "lección" a Rusia. ¿A nadie le choca esta ausencia de búsqueda de soluciones pactadas y este intento por mantener latente el conflicto?
¿Y si recapacitamos sobre el hecho de que las decisiones sobre gasto militar y el entendimiento entre Europa y Rusia en materias tan sensibles como el gas y el petróleo hayan saltado por los aires en cuestión de días con lo de Ucrania, beneficiando a los americanos, ansiosos por vendernos su armamento y su gas licuado, traído en barco, y mucho más caro, lógicamente?
Y respecto a los sabotajes en los gaseoductos: ¿tampoco somos capaces de hacer un mínimo análisis racional de quiénes pueden estar más interesados en perpetrarlo?

¿Acaso si la actual expansión de la OTAN hasta casi las mismas fronteras rusas se hubiera producido por el antiguo Pacto de Varsovia en territorio mexicano, por ejemplo, no habría habido una respuesta muchopeor por parte de los americanos, como se vislumbró en la famosa "crisis de los misiles" de Cuba?
Y por supuesto, a pesar del "machaque" del "buenismo" de los aliados en torno a EEUU, ¿a nadie le choca que los mismos que hoy se rasgan las vestiduras por la invasión rusa en Ucrania (que según Naciones Unidas ha causado hasta ahora varios centenares de civiles muertos) causaron cerca de 70.000 muertes civiles en Afganistán y 200.000 en Irak? ¿Tampoco nada que objetar sobre el sistemático bombardeo en 1999 de Serbia por parte de la OTAN sin declaración de guerra ni mandato de Naciones Unidas, cayendo misiles y bombas durante 78 días seguidos que destruyeron la infraestructura del país y causaron 500 civiles muertos? ¿Acaso la vida humana tiene distinto valor en función del color de la piel, la religión o la nacionalidad?
 
Por si fuera poco el "buenismo" adormecedor que se ha producido durante estos meses, con miles de fallecidos, damnificados y empobrecidos física y mentalmente, nos vienen esta semana con la "gravísima" historia de los insultos machistas en un colegio mayor de Madrid. Por supuesto que hay que erradicar esas actitudes. Por supuesto que hay que sancionar hasta que desaparezcan las tradiciones machistas. Yo mismo fui testigo de ellas hace 30 años en esos mismos colegios mayores, y me negué a participar en ellas. Pero, ¿de verdad merecen esos gritos la atención del Presidente del Gobierno, de sus ministros, y de la Fiscalía, así como los ríos de tinta vertidos en la última semana por los mismos medios de comunicación que callan en tantos y tantos asuntos de extrema gravedad? ¿No hay cosas más importantes a las que dedicar las energías? Basta con echar un vistazo a los párrafos anteriores...A no ser que de lo que se trate sea de distraer la atención, con "buenismos" de todo "pelaje", sean raciales, de género, o de progresismo barato, para evitar que nos dé por prestar atención a lo importante, y hacernos preguntas.
El mundo actual no tiene que ver con la defensa de los derechos humanos o de los valores democráticos, por mucho que nos "martilleen" con ello las películas de Hollywood, o las ruedas de prensa de la Casa Blanca. El mundo actual se rige sólo y exclusivamente por juegos de poder y de intereses económicos. Incluidas las tan cacareadas alianzas, como la OTAN, o los organismos nacionales y supranacionales como la CDC, la FDA o la OMS. Depende de nosotros si miramos para otro lado, o no estamos dispuestos a "comulgar con ruedas de molino". Aunque visto lo visto, hay millones de personas con las "tragaderas" muy anchas, poniéndose morados a base de pedruscos.
Por favor: dejemos de ver tanta "tele". Dejemos de tragarnos tanta mentira que insulta a la inteligencia. No dejemos que nos metan el miedo en el cuerpo, como clamaba el querido Jesús Quintero. Quizás lo necesitemos para detener esta guerra, protestando en las calles, y evitando así que envíen a nuestros hijos o nietos a luchar absurdamente. O quizás sea necesario para detener esta absurda farsa de vacunas, mascarillas y pasaportes inútiles. No dejemos que nos la cuelen tan fácilmente. Por favor.

 

 

martes, 4 de octubre de 2022

Si la vida te da calabazas

Era mi regalo más deseado. Y quizás por eso ni lo había dicho en voz alta. A nadie. Para evitar el "mal fario" antes de soplar las cincuenta velas. A fin de cuentas, el NO ya lo tenía por delante, y mi regalo era totalmente imposible. Pero, ¿y si a base de desearlo en silencio, con todas las energías, los imposibles se hicieran realidad? ¿Y si los mantras de vida, invocados y repetidos, se acaban realizando? ¿Y si de verdad a base de creer, creamos otro mundo? Ésa es "la especialidad de la casa" y de la familia. Y el cartel de la cocina nos lo recuerda a diario: "A winner is a dreamer who never gives up" (El que lo consigue es un soñador que nunca  se rinde). Sin embargo, esta vez no me tocaba mí ser ese soñador. 

El Universo funciona perfectamente con o sin nosotros. Lo siento, pero es hora ya de darse cuenta. Lo queramos o no, a pesar de pandemias, de virus, y de egoísmos internacionales recalcitrantes, no podemos confundir lo que está sucediendo con lo que a mí me está sucediendo. Por eso no podemos cambiar el Universo. Lo que podemos cambiar es la experiencia individual de lo que sucede fuera. Esa experiencia que a veces llamamos "injusticia" o "mala suerte" no es más que la sensación de fracaso por pasarnos la vida luchando contra lo que la vida nos da. Y depende sólo y exclusivamente de nosotros. Porque lo siento, pero si así lo decidimos, tenemos la capacidad de adaptar nuestro ego a lo que el Universo trae debajo del brazo.

¿Que la cosa viene torcida? Pues sí, eso pasará muchas veces. Pero no queda otra que "currarnos" la actitud y aceptar lo que viene. Pero no aceptarlo de forma sumisa o sin criterio. Sino comprendiendo, y estudiando las leyes del Universo y los procesos pedagógicos de lo que debemos aprender por el camino. Dándonos cuenta de que todo aquello a lo que hagamos resistencia, se manifestará con más fuerza dentro de nosotros.

Esa tolerancia a la frustración ante las calabazas que da la vida debería ser el principal tesoro que demos a nuestros hijos y a las generaciones venideras. Porque sin la resiliencia, y con la que puede caer, ¡agárrense que vienen curvas! Por favor, no les ahorremos el aprendizaje de unas buenas calabazas. La capacidad de superación y de sobreponerse a las malas noticias o a las injusticias no tiene precio. Sobre todo en estos tiempos. 

Samuel lo experimentó cuando consiguió plaza en dos facultades para hacer Fisica en Toronto (Canadá). Su sueño parecía cumplirse. Pero al no conseguir beca, el precio ya sólo de la matrícula era inasumible y tuvo que desechar esa opción. Le dolió el golpe, se levantó, y hoy está triunfando en Córdoba, planificando sus posibles líneas de investigación en plasma y fusión nuclear.

Lo de Eva fue más doloroso. Se quedó a unas centésimas de entrar en la final para la beca que llevó a Pablo a hacer el Bachillerato Internacional a Italia. Era el primer intento y aún era pequeña: las opciones para volver a intentarlo el curso siguiente eran más que halagüeñas. Pero llegó la pandemia del miedo, y esa segunda oportunidad no llegó. Impusieron a los candidatos vacunarse. Si no lo hacían, no podrían acceder a la final, en una decisión tan injusta como absurda. Y más aún viniendo de una institución que siempre había velado por el diálogo entre las posturas discrepantes. Que siempre había hecho del hacerse preguntas su seña de identidad, como forma de hacer avanzar la ciencia. Eso hasta ahora. Ahora hacerse preguntas le podría acarrear etiquetas incómodas, o romper contactos muy valiosos. Mejor optar por el mal menor de dejar injustamente fuera a estudiantes no vacunados como Eva. Por supuesto, no nos lo callamos ante la máxima responsable de la institución en España, a la que admirábamos y con quien teníamos confianza. De nada sirvió. El golpe fue durísimo para Eva. Y hoy aún lucha por sacar adelante el Bachillerato Internacional, aunque sea aquí, en su tierra. 

Tampoco Pablo se ha quedado fuera de estos procesos que, tarde o temprano nos llegan a todos. En menos de un año ha empezado a entender estos principios que millones de personas parecen ignorar. Durante meses había creído lo que la "tele", sus amigos o instagram repetían como papagayos. Se había metido de lleno en esa realidad construida por otros. Y se negaba a cuestionarla, o a hacerse preguntas. No quería cambiar su experiencia individual de lo que parecía pasar fuera. Y estaba irritado, con miedo y cargado de indignación y desequilibrio entre lo que pensaba, lo que decía y lo que hacía. La presión del grupo era demasiado fuerte, y no hay un ser más social que él. Hasta que algo en su interior se movió en estos meses. Algo quizás imperceptible. Quizás la sensación de que realmente estamos solos en el Universo, y que solos deberemos dar respuesta a lo que el Universo nos plantee. Y de repente surgió en él una valentía y una convicción que le ha hecho madurar años en apenas un puñado de meses. No hablo sólo de superar un curso difícil a miles de kilómetros de la familia o de la novia. No hablo de compaginar estudios y trabajo, o de independencia económica. No hablo de superar la soledad o de salir del rebaño. Hablo de esas ansias por entender en profundidad lo que está pasando, para aceptarlo primero, y para cambiar después tu respuesta individual. Hablo de cuestionarlo todo, de arriba a abajo, sin miedo a desdecirte o a parecer incoherente con lo dicho o creído hasta ahora. Pocas personas conozco con la valentía suficiente para hacer eso. Y empezó a devorar todo lo que le llegaba para entender. Empezó a atar cabos. Empezó a sentirse fuerte en la soledad de sus decisiones. Y en ese proceso de aceptación, logró una claridad que nunca antes le habíamos visto.

Acabado el curso, y tras semanas de gestiones, tenía sobre la mesa una oferta de trabajo de una sólida empresa, American Fidelity, pudiendo compaginar el trabajo con los estudios, y ejercitarse de lleno en lo que está aprendiendo en clase sobre bases de datos. Todo parecía cuadrar. Pero en el último momento, apareció la "injusticia" de turno. Esa "mala suerte" que parece perseguirnos a todos. Y lo hizo en forma de chantaje: "O te vacunas contra la Covid-19 o no hay contrato", parecía decirle el destino. Justo cuando más convicción había alcanzado sobre no hacerlo. Ahora que su decisión era firme, el Universo le ponía a prueba, confrontando esa determinación con lo que más deseaba en ese momento: esa gran oportunidad laboral. Al principio se lo tomó muy mal. ¿Qué sentido tenía ya por junio/julio imponer algo así, cuando ya se sabía tanto sobre la eficacia, seguridad y necesidad de estos experimentos? ¿Cómo podían ponerle ese "ultimatum" cuando su trabajo no era presencial y no había peligro de contagio alguno? ¿Cómo podía ser que le obligaran a ponerse en riesgo, cuando su decisión de no vacunarse ya era firme, y avalada por multitud de tratados internacionales? La realidad era tozuda, y le confrontaba con lo que le habíamos advertido, que no era otra cosa que preparar la defensa formal de su decisión, minoritaria y perseguida. Y si antes no lo había hecho por verlo lejano e inconcreto, esa oferta de trabajo, con su absurda exigencia, le acabaron de convencer. No podía dejarlo pasar. No podía rendirse justo ahora.

Removió "cielo y tierra" contactando a más de doscientos médicos americanos. Y recopiló documentación médica de los antecedentes familiares de su abuelo paterno por problemas cardíacos, de su abuela materna por trombos y de su inmunidad natural por haber superado el Covid-19 en febrero de 2021. Todo ello posibilitó que le firmaran una excepción médica inapelable frente a la vacuna. Y con ella, la empresa no tuvo más remedio que firmar el contrato, aceptando la excepción médica punto por punto. Con esas calabazas, Pablo había hecho un buen guiso. 

¿Cuántos miles o millones de personas se habrían visto violentados en su decisión o en su libertad en decisiones parecidas a lo largo de estos dos años? ¿Cuántos habrían sucumbido ante los anuncios y los globos-sonda, ante la persecución desmedida contra el que actúa distinto? ¿Cuántos habrían seguido al rebaño sin más, por no ser señalados, por no sentirse solos? 

Su batalla y su victoria le reafirmaron aún más. Lo había conseguido porque no había dejado de soñar, ni se había rendido en ningún momento a pesar de ir contracorriente. Y si lo había conseguido confrontando a una empresa gigante como ésta respecto a una oferta de trabajo, ¿por qué no iba a ser capaz de hacerlo confrontando a la todopoderosa CDC americana y a las compañías aéreas, que le decían que si salía de EEUU para ver a su familia en España, no podría regresar a EEUU sin vacunarse? Demasiado tarde para ponerle obstáculos ya. Había experimentado el poder de su libertad y de la coherencia de los actos. 

Pablo y su novia, que había ido a visitarle, se reunieron con nosotros en nuestras vacaciones gallegas, en un vuelo hasta Coruña desde Oklahoma con dos escalas. Los vuelos estaban a unos precios desorbitados, pero ya se las arregló para encontrar vuelo barato de ida y vuelta con escalas europeas. A esas alturas eso estaba "chupado". Y ya está de nuevo de regreso en EEUU. No hubo problemas ni en el vuelo de ida ni en el de vuelta con su excepción médica. Y ya tiene reservado vuelo de nuevo para venir estas Navidades, por primera vez desde que está en la Universidad.

Mi regalo más deseado se había cumplido. Pude tener a mis tres retoños juntos en las vacaciones más entrañables de mi vida. A los tres les ha dado calabazas el destino. ¿Y qué? Ahora los tres son mucho más fuertes.


sábado, 24 de septiembre de 2022

Empujoncitos

Probablemente era el empujoncito que necesitábamos para volver a escribir. Apenas unas frases de una completa desconocida. Una pregunta lanzada al aire desde miles de kilómetros de distancia. Una búsqueda de conexión. "Hola. Me llamo Marina y vivo en Suecia. Disculpa que te moleste, siendo que soy una perfecta desconocida. Pero he visto en el facebook que eres amiga de Mey y de Rafael y quería sólo preguntarte si sabes si ellos están bien. Los seguía en el blog, pero hace tiempo que no publican nada y no encontré ningún contacto para comunicarme con ellos. Perdona por el atrevimiento. Hasta siempre"

¿Qué mueve a una extraña a preocuparse por ti, viviendo tan lejos? ¿Qué le hace indagar en tu círculo de amistades para saber de ti? ¿Qué pensaría que podría haber provocado tu silencio de todos estos meses? ¿Una enfermedad? ¿Quizás una muerte? ¿El virus? ¿El cansancio? ¿El hartazgo? ¿La renuncia respecto a todo lo compartido estos años?

Sentir que le importas a una desconocida. Alguien que no busca tu dinero, tu fama, tu poder o tu conocimiento. Sólo saber si estás bien. Si te ha pasado algo. Si sigues ahí. Si continúas en la brecha. Arrimando el hombro. Persistiendo en esa búsqueda compartida. Insistiendo en que un mundo diferente es posible y necesario, y que puede estar a la vuelta de la esquina. Sentirte parte de una misma familia cósmica. De esa que no entiende de sangre ni de parentescos, sino sólo de principios, de anhelos, de energía, de vibración....¿Acaso puede existir mayor motivación para volver a escribir? ¿Acaso no es esa la conexión esencial o el pilar básico de ese mundo diferente para vivir? Aunque sólo fuera por Marina. Aunque nuestras palabras hiciesen eco en el posible vacío de esta inmensa sala. Aunque sólo fuera por el empujoncito de sus palabras, aquí estamos de nuevo.

¿Qué nos llevó a dejar de escribir todos estos meses? Necesitábamos pensar. Necesitábamos descanso. Han sido meses muy intensos en lo material y en lo emocional. Meses de restructuración patrimonial. De preciosos e inesperados reencuentros familiares. De nuevos proyectos en familia (de todo ello os daremos cumplida cuenta). También de dudas, porque mucha gente se ha alejado de nosotros en estos dos últimos años. De celebración, ya que alguno hasta hemos superado el medio siglo en estos meses. Y por supuesto, de una intensa sensación de "todo está ya dicho tras todos estos años". ¿Valía la pena seguir compartiendo? ¿Acaso no es insistir e insistir, cuando los mensajes ya están ahí, las cartas sobre la mesa, y nos toca jugar a cada uno de nosotros la partida? ¿De qué vale seguir con la "matraca", si sólo depende de cada uno la toma de decisiones? Porque lo de ese mundo diferente para vivir, va de eso: de decisiones. Por eso ese pensamiento y esa conversación de si continuar o no escribiendo, nos rondó varias veces estos meses. Pero también nos dimos cuenta de que cuando nos tomamos un café con un amigo, no dejamos de tomarnos otro a la semana siguiente, aunque pudiéramos repetir la misma conversación. Nos tomamos ese segundo café o todos los que haga falta porque nos queremos, porque estamos a gusto, y porque nos encanta fortalecer nuestra relación. Porque hacen falta empujoncitos en esta vida. Empujoncitos de belleza ante un recuerdo compartido. Empujoncitos de ilusión. Empujoncitos de motivación para afrontar lo que pueda avecinarse. Empujoncitos de paciencia. De lo que haga falta.

Cuando Marina le preguntó a nuestra amiga si estábamos bien, sentimos intensamente la responsabilidad que todos tenemos respecto a todos. A veces para ser el empujoncito que otros necesitan. A veces para tener la paciencia, las agallas y el equilibrio de persistir y no rendirse hasta que llegue el empujoncito de turno.


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sábado, 7 de mayo de 2022

Ceder tu voluntad

Todos parecen querer pasar página de tanto sinsentido. Hacer como si todo hubiera sido un mal sueño: los toques de queda, los confinamientos, las cuarentenas, los cierres y quiebras de empresas, las medidas restrictivas, las mascarillas, la persecución al no-vacunado, los trastornos mentales y los suicidios, los efectos adversos...¿Quién no va a querer dejar atrás todo eso? Pero recordemos lo que decía Quevedo: "donde hay poca justicia, es un peligro tener razón". Y no hay peor peligro para la justicia que el olvido. El pasar página. El mirar para otro lado. Como si nada hubiera sucedido. Como si la injusticia, el atropello, la manipulación y todas sus secuelas, fueran fruto de nuestra imaginación. Por eso no debemos permitirlo. No tenemos más remedio que convertirnos en herejes de la actualidad. Pero no por afán de desquite, ni por tener más o menos razón. Sino porque de lo contrario, como pasa con el desconocimiento de la Historia, estaremos condenados a repetir los errores del pasado. Especialmente cuando tras estos dos años y medio (como nos recordaba nuestro hijo hace unas semanas) el miedo ha azuzado la radicalización de nuestro mundo hasta unos niveles impensables.

Broesis2 en Pixabay

Por supuesto que es momento de olvidar el revanchismo o el "llevar cuentas". Es momento de borrar de nuestra boca lo de "te lo dije". Es momento de acabar con las divisiones, los reproches, y las rupturas que han asolado tantas familias y tantas relaciones de amistad. Es momento de restañar las heridas, de reconstruir puentes, y de reunir lo divido. Es momento de tratar de volver a ser UNO. Pero no olvidar. Por favor, olvidar nunca.

Hace unas semanas recibí una llamada que no ha dejado de martillearme por dentro desde entonces. Era de un familiar muy cercano. Y en ella me contaba que su mujer arrastraba unos gravísimos problemas de salud desde el pasado verano. Su particular infierno se había iniciado con unos trombos en las piernas, que acabaron desplazándose a los pulmones, y que la obligaron a ser hospitalizada durante semanas. Y el panorama se agravó con un cáncer de matriz, por el que le han administrado en dos meses las dosis de quimio y radio que se administran normalmente en dos años. Los médicos reconocieron, sin tapujos, que ambos efectos eran consecuencia directa de la primera dosis de la vacuna contra la Covid-19. Y que, evidentemente, desaconsejaban que se pusiera la segunda o la tercera dosis. Se me pusieron los vellos "como escarpias". Tengo bastantes amigos y conocidos que han sufrido efectos adversos importantes por las vacunas. Ninguno aparecerá en las estadísticas oficiales. Sobre todos esos efectos, como en este caso, habíamos leído ya en casa numerosos estudios científicos que advertían sobre ellos desde hacía meses. Pero ver pender de un hilo la vida de un familiar tan cercano, por el dichoso "pinchazo", me revolvió las entrañas. Todos saben ya que la vacuna no impide ni el contagio ni los efectos de la Covid, con lo que su eficacia y necesidad es ya demostradamente escasa. Y con casos como este, la tan "cacareada" seguridad de las vacunas se ve que es una auténtica quimera, como la propia Pfizer ha tenido que reconocer recientemente.

MARUF_RAHMAN en Pixabay
Sin embargo, no fue nada de eso lo que me removió tan fuertemente a raíz de esa llamada. Todas esas barbaridades ya eran conocidas hacía meses. Ya hemos tenido tiempo de difundirlas, y de denunciarlas desde nuestra humilde posición, a pesar del descarado silenciamiento de los medios de comunicación y de las autoridades, y de la ausencia de cauces para que esos abominables efectos adversos queden reflejados en las estadísticas. Lo que verdaderamente me fracturó por dentro fue la ausencia de indignación. La completa docilidad. La absoluta conformidad con las consecuencias de ese pinchazo. Ni un atisbo de rebeldía. Ni la más mínima dosis de ira, enfado o enojo contra todo el engranaje que ha inducido a tantas y tantas personas a un calvario así, de manera totalmente innecesaria. Todo lo contrario. Les dolía que no pudiera ponerse la segunda o la tercera dosis. Su salud estaba radicalmente dañada, y seguían anhelando esa segunda o tercera dosis. No daba crédito. El miedo había calado tanto en ella, a pesar de ser una persona joven, que aunque su estado de salud era ya crítico, llevaba meses encerrada en su casa, sin tomar el sol, sin dar un paseo, sin asimilar la tan necesaria vitamina D. ¿Por miedo a qué?, me preguntaba yo. ¿Miedo a estar peor, cuando ya no se puede estar peor? ¿Miedo a morir, cuando se está encerrada en vida? ¿No valdrá la pena vivir lo que pueda vivirse, sin sometimiento a esa cárcel auto-impuesta?

No hice ni una valoración durante esa llamada. Respeto absoluto y solidaridad. Y me puse a su disposición para cualquier cosa que pudieran necesitar, que no eran pocas. Pero pasadas las semanas, seguimos tratando de entender cómo hemos superado tantas líneas rojas sin inmutarnos. Porque hasta ahora, si un familiar enfermaba o moría de cáncer u otra enfermedad grave, el proceso de rebeldía, de duelo y el sentimiento de injusticia contra lo que hubiera provocado esa desgracia, te llevaban a movilizarte contra la enfermedad, contra el sistema sanitario, o contra Dios. Y recaudabas fondos para la investigación contra esa desgraciada afección, de modo que otros no tuvieran que pasar por ese mismo trance. Era tu forma de luchar contra la desgracia y darle sentido. Pero tras las muertes y efectos adversos gravísimos por las vacunas Covid, nada de eso está sucediendo. Apatía total. Aquiescencia total. Aceptación total. Rendición total. Y no sólo en quienes sufren esas consecuencias, sino en quienes escuchan o ven esas desgracias, según hemos podido comprobar. ¿Por qué? No paramos de hacernos esa pregunta. ¿Por qué?

El Doctor McCullough también trata de entender esta aparente histeria colectiva, en la que tantas y tantas personas se muestren emocionalmente inertes ante unas consecuencias tan graves para sus vidas y las de sus familiares. Él cree que muchos pueden sentir culpa o remordimiento por haber dado el paso, a pesar de tener dudas o de conocer las posibles consecuencias, en un claro desequilibrio entre lo que uno piensa, lo que dice y lo que hace. Otras, en su opinión, pudieron actuar bajo el mantra de "lo hago por solidaridad, por la seguridad pública o por la sociedad", y cuando se dan cuenta de la falacia, quizás es ya demasiado tarde y no es fácil dar un giro desde esa posición.

Pero nosotros nos tememos que el motivo de esa ausencia de indignación es mucho más grave y profundo. Y tiene que ver con el proceso que millones de personas en todo el mundo han vivido en su interior a raíz de las distintas oleadas de "globos-sonda", de coacciones institucionalizadas, de falsedades públicas, y de medidas de todo pelaje que se anunciaban para que, según los intereses de cada uno, se pusiera el brazo ante la aguja. Que si no, no vas a poder viajar. Que si no, no vas a poder entrar en los restaurantes o en las discotecas. Que si no, no  vas a poder reunirte con tus seres queridos.  Que si no, no vas a poder cobrar tu pensión o tu nómina. Que si enfermas no te va a atender la Seguridad Social...Amenaza tras amenaza, coacción tras coacción, fuera mediática, institucional o de familiares y amigos, casi el 92% de la población "diana" han acabado poniendo el brazo aquí en España. Que se dice pronto. Pero no por obligación. No porque una ley les obligara a ello. Sino por propia voluntad. Los tratados internacionales y la normativa al respecto son tan claros, que ha sido imposible imponerlo por ley, a pesar de lo mucho que lo han intentado algunos. Y ahí está el núcleo del problema. Aunque hayan estado absolutamente condicionados y coaccionados por esas amenazas, esas mentiras y esos "globos-sonda", al final han dado el paso del consentimiento de manera libre y voluntaria. Tan libre y voluntariamente, que la Justicia archiva todas las denuncias al respecto y hay un 8% que hemos dicho NO, hemos puesto todo nuestro empeño en no someternos injustamente, y en algunos casos estamos acarreando las represalias institucionales por nuestra rebeldía y desobediencia. Y ni las ideologías ni el progresismo han sabido estar a la altura en la defensa de tanta injusticia: así que no nos esperen en las próximas elecciones. Y bien sabemos de lo que hablamos: probablemente nuestro hijo Pablo no podrá regresar a casa este año, por las absurdas restricciones aún vigentes en muchos lugares, en los que, a pesar de todo lo que ha llovido y todo lo que ya se sabe a nivel científico, se sigue exigiendo el pasaporte Covid para el que se atreve aún a desobedecer el mandato vacunal. ¿Cómo van a retirar una medida de control poblacional como ésta, que puede serles tan "útil" a futuro para ciertos intereses, cuando apenas ha existido oposición a ella, y les ha resultado tan sencillo imponerla? Sea o no sea ya a estas alturas por motivos sanitarios. Eso ya es lo de menos para ellos. Ya buscarán darle continuidad, y sortear las reticencias crecientes de muchos a vacunarse por tercera o cuarta vez, y con ello, que caduque el pasaporte "de marras".

comfreak en Pixabay

Uno puede pensar: vale, aunque engañados, amedrentados o coaccionados, todas estas personas se han puesto la vacuna de manera voluntaria. Pero ¿de verdad es tan importante que haya sido así, voluntariamente? Por supuesto. Es la clave de todo esto. Es la piedra angular de todo este tinglado. Si esto u otra cosa similar se impone por obligación legal, nuestra alma no sufrirá tanto. Y la reacción que percibí tras esa llamada telefónica de hace unas semanas, no hace más que constatarlo. Dar ese paso de modo voluntario, te introduce en la sumisión, en la asunción de consecuencias, y en la complicidad con todo el proceso. Es como si con ese paso, se te dijera: "Tú, a fin de cuentas, así lo has querido. Te podías haber resistido como unos pocos han hecho. No te quejes. Si no lo has hecho, tus razones tendrías. Atente a las consecuencias. ¿Cómo vas a indignarte si has cedido tu voluntad?". Así de psicológicamente demoledor está siendo para muchos. Y con independencia de que haya una mano moviendo o no los hilos de todo esto, esa cesión de voluntad supone que nuestra alma se ha visto sometida y doblegada, y con ello, ya no es preciso ahondar más en las intencionalidades o en los patrones o estrategias respecto a lo que está sucediendo. Con eso ya basta. Tanto para los que sufren las consecuencias, como para muchos de los que escuchan sus casos o testimonios, y no muestran ni un ápice de enojo. Quizá porque saben que les podría haber pasado también a ellos lo mismo. O quizá porque aún temen que pueda pasarles en un futuro, ante la incertidumbre de lo que la proteína Spike pueda acabar desencadenando en cada cuerpo.

El filósofo francés Jean-Paul Sartre decía que “El hombre está condenado a ser libre”, indicando que la libertad es inherente a la condición humana. Es por ello que somos absolutamente responsables del uso que hagamos de ella. Y de este modo, la existencia del ser humano está atada a la suma de las acciones y decisiones que, a lo largo de su vida, irán determinando su existencia. Por ello somos responsables del sentido de nuestras vidas. Porque somos libres de actuar y definirnos constantemente. Eso es lo inherente a nuestra condición humana. Pero ello nos obliga a elegir permanentemente dentro de esta libertad. Y si en ese proceso de elegir, tú me engañas una vez, será culpa tuya; pero si me engañas dos veces, será culpa mía, porque no habré sabido gestionar esa libertad de elección que es esencial a mi existencia.

Los acontecimientos de estos largos meses, y todo lo que se avecina, tienen mucho que ver con esa decisión de ceder o no nuestra voluntad, de ejercitar bien o mal nuestro libre albedrío. Sea para ponerse la vacuna, para indagar y profundizar frente a las falsedades e incoherencias de las autoridades y los medios de comunicación, o sea para entrar en la confrontación de "buenos y malos", de "cumplidores y negacionistas". Sea para someter a nuestros hijos sin cuestionarnos nada ante tantas evidencias en contra, porque lo hacen todos o porque sacrificándolos protegeremos a los "abuelitos". O sea para encerrar a nuestros mayores solos y en tristísimos aislamientos en lo que se ha demostrado que fueron unas auténtica "ratoneras". ¿Qué le pasa a esta sociedad nuestra que se ha vuelto enferma a base de ceder toda su libertad?

A lo mejor, hoy día, no sea tan prioritario plantearse cambiar el mundo. A lo mejor el gran reto de nuestro tiempo sea simplemente despertar. Y para despertar, quizá sea necesario que se nos revuelvan las entrañas ante tanta injusticia y sinsentido. Se ha "apretado" tanto, y se ha engañado tanto a la gente, que muchísimas personas están iniciando ese proceso, y están saliendo de esa cárcel que supone el sometimiento voluntario de su voluntad.
Por eso, la pizarra de nuestra nevera nos interpela desde hace semanas: "La única manera de lidiar con este mundo sin libertad, es volverte tan absolutamente libre, que tu mera existencia sea un acto de rebeldía". ¿Qué fue del inconformismo y de la indignación? ¿Dónde están? Quizás sean el último clavo ardiendo, la última puerta de entrada al despertar de muchos en unos tiempos tan convulsos. 

Por favor, no olvidéis algo. Todo esto les ha funcionado. Les ha salido casi de balde. Saldrán "de rositas". Y millones de personas se han tragado las mentiras y están ilusionadas con su falso retorno a su falsa normalidad. La gran pregunta es: ¿repetirán? Sea bajo la "teórica" amenaza de un virus, de un tirano, de un populista, de la inflación, de una guerra, o del calentamiento global, ¿repetirán? ¿Nos dejaremos? ¿Se lo permitiremos? ¿Tropezaremos de nuevo con la misma piedra? ¿Cederemos nuestra voluntad? Atentos...


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sábado, 9 de abril de 2022

La energía de los actos

Hacen falta sueños para aferrarse a la realidad, decía Arjona. El sueño de Ana Celia acababa de aterrizar en Madrid Barajas aquel sábado 27 de noviembre de 2021. Tras más de tres años, volvían a abrazar a su hijo. La familia volvía a estar al completo. Era momento, por fin, de dejar atrás la pesadilla. Nuestra ONG ADAPA había dado el último empujón a ese sueño, con un préstamo solidario que irán devolviendo muy poco a poco para hacer realidad otros proyectos solidarios. Pero en pocas horas se iban a truncar los sueños de otra familia, ahora muy querida, entonces desconocida para nosotros. 


Apenas unas horas después de aquel soñado aterrizaje en Madrid, el sueño de aquel hogar para los Guarnieri, volaba para no regresar. Ese domingo 28, Noe y Emi vieron humo a lo lejos desde su casa de Maro. Llamaron a sus vecinos para interesarse. No parecía que les pudiera afectar, dada la lejanía del foco. Pero un cambio repentino de viento hizo que el fuego se plantara en pocos minutos en su casa soñada, destruyéndolo todo. Tuvieron que huir a toda prisa, y sólo pudieron llevarse la documentación básica y los abrigos. No les dio tiempo ni a coger ropa interior. Al menos no hubo daños personales.

Nosotros nos enteramos el lunes al mediodía. Carmen, una voluntaria de ADAPA, es profesora en el colegio de los hijos de los Guarnieri, y le había dado clase a la hija pequeña el curso anterior. Nos envió un audio que aún me eriza la piel al escucharlo. Pedía ropa y material de aseo básico para ellos. Y aportaba sus nombres, edad, y tallas: Eywa 6-7 años y de pie 30; Dhara 13 años, pie 37-38 talla 36, XS o S; Diego 17 años, pie 43, talla L o Xl; Noe pie 38 y talla M; Emi, pie 42.5 y talla M. En pocas horas recogimos decenas de prendas que clasificamos y rápidamente les entregamos. La ayuda de emergencia estaba prestada. Pero, ¿y ahora? Durante casi tres años, habían estado construyendo su sueño de vivir en una pequeña casa de madera. Allí habían recalado tras recorrer medio mundo con sus tres hijos. Como maestros artesanos, trabajaban el macramé con piedras, y complementaban sus ingresos con lo que la tierra que cultivaban les daba. Hasta aquel domingo, en que todo se esfumó. Todo.

Noe y Emi sufrieron la pesadilla que cualquier familia desearía no tener que experimentar nunca. Perderlo todo. Verse con lo puesto, en la calle y con tres hijos mirándote y preguntándose cuál es el plan B. Por eso tuvimos claro que no bastaba con la ayuda de emergencia de aquellas prendas de vestir. Que había que ir más allá. Yo ya había coordinado varias campañas de crowdfunding, y sabía que para lograr la complicidad de decenas o centenares de personas para que te apoyen económicamente con su pequeños "grano de arena", es crucial una narración que te haga sentirte cómplice de esa historia real. Algo que te remueva tanto por dentro, que te haga saltar del sofá, y comprometerte con ese trance en el que nunca querrías verte ni ver a los tuyos, y que precisamente por eso, merecería toda tu solidaridad y respaldo. Por eso sabíamos que el drama de los Guarnieri conseguiría los fondos necesarios para reconstruir la casa. Visualizábamos cada paso que había que dar. Cada hito de la campaña. Cada mensaje a compartir en la redes sociales, en los mensajes de whatsapp, en las conversaciones con la prensa. Probablemente ese sea un don: soñar despierto. Y cuando ves tan claros y tan nítidos tus sueños, crees tanto en ellos, que los acabas haciendo realidad. Nuestros dones están para darlos. Para eso estamos. Y por eso tuvimos claro que nada ni nadie podría impedir que aquel hogar se acabase reconstruyendo. Y que lo iban a hacer con nuestra ayuda. Con la de Pako, con la de Meme y con toda ADAPA "en zafarrancho de combate". Igual que había sucedido sin fisuras pocos días antes, con aquel préstamos solidario a Ana Celia. Aunque en esta ocasión, el reto de la logística era mucho mayor. Había que movilizar a mucha gente, hablar con la prensa, aparecer en la tele, coordinar muchos detalles. Pero eso no deja de ser la letra pequeña de los sueños. 

¿Que si conocíamos a Noe y Emi? No. Para nada. De hecho el pasado sábado, cuatro meses después de la tragedia, los pudimos abrazar en persona por primera vez, y tener una conversación "cara a cara". Compartimos merienda para celebrar que la casa ya está casi acabada. Que aquel 28 de noviembre fue tan sólo un traspiés. Y de paso, para  consagrarnos en un esfuerzo común: el de lanzar un mensaje nítido que debería resonar hoy más que nunca en todos los rincones del planeta: que PARA ESO ESTAMOS. Para echarnos una mano los unos a los otros, cuando la vida nos da un zarpazo. Y que no hay distancia, miedo o narrativa que pueda superar la determinación de un ser humano cuando quiere "hacer piña" con otro, aunque ni siquiera lo conozca personalmente.

A veces puede pensarse que sólo nos movilizamos por egoísmo, por interés. Sólo para favorecer a nuestra familia o a nuestros amigos más cercanos. Y se nos olvida que todos somos UNO. Que lo que das, sea bueno o malo, te acaba volviendo. Y que nunca, como ahora, ha sido tan necesario poner en el centro la relación, la conexión y el vínculo entre los seres humanos. Por eso casi doscientas personas respaldaron el proyecto. Algunos con 4 ó 5 euros, y otros con 1.000, nada más y nada menos. Esas personas, cada vez que compartimos fotos de los progresos de la casa de madera que los Guarnieri están construyendo con los fondos recaudados, alucinan. Sienten que ha valido la pena. Que son parte de un sueño. Y que sí que se puede. Por supuesto que se puede. Por mucho que la tele y los telediarios intenten hacernos caer en la desesperación de pensar que "esto no hay quien lo arregle".

Cuando ayer fuimos a visitar a Noe, a Emi, y a sus tres hijos, yo iba algo nervioso. Tenía que pedirles que me dejaran contar su historia para lanzar al mundo este mensaje de esperanza y solidaridad. Y aquí lo estoy haciendo. Pero tenía que pedirles otra cosa mucho más difícil. Algo para lo que no todos estamos preparados. Pero es algo que también nos exigen los tiempos que corren. Llevaba meses dándole vueltas y, tras compartirlo con Mey, con Pako y con Meme, decidimos proponérselo. Pero debía ser en persona. Y por eso tuvo que esperar hasta esta semana.

Cuando la vida te maltrata, el dolor puede ser tan intenso que puedes acabar encerrándote en ti mismo. Te duele tanto, que resulta insoportable la injusticia de lo que te ha pasado. Puedes caer en el profundo pozo sin fondo del victimismo. Y te puedes volver exigente, incluso con quienes te tienden la mano para salir a flote. Y en vez de gratitud y alegría, surge la exigencia, la culpabilización de todos y el reproche por doquier, como forma inconsciente de compensar, de algún modo, el amargo trago que te ha tocado vivir. Por eso, para ayudar a esas personas, no basta sólo con dar ropa, dinero o comida, restableciendo el equilibrio tras ese zarpazo de la vida. Eso quizás pueda sólo acallar nuestra conciencia. Hay que ayudarles a sanar. Hay que dar un segundo paso. Y esas personas deben pasar de recibir a dar. De exigir a agradecer. De la posición pasiva y receptora de ayuda, a la posición activa y generadora de cambio para otros. El primer paso es muy claro. No se trata de dar peces a quienes tienen hambre, sino de facilitarles la caña para que puedan seguir pescando. Pero, ¿sólo eso? ¿Y si además de darles la caña, les pidiéramos que le enseñasen a pescar a otro que también pasa hambre? ¿O que compartan su pesca con quien lo ha perdido todo? ¿Y si tras superar su trance, se convierten en sanadores de otros? ¡Ahí sí que se produce el cierre del círculo! Porque ya no se trata sólo de conseguir una cantidad concreta de euros para reconstruir una casa. No es el dinero o el presupuesto el centro de todo.  El centro es la relación, el equilibrio, el sentirnos parte de un todo, y comprometernos con ese "todo", nos toque estar arriba o abajo, dando o recibiendo. Y eso te lleva a corresponsabilizarte. A devolver lo que has recibido dando a otros. A no mirar sólo tu ombligo, sino a preocuparte por el de los demás. 

Por eso estaba nervioso cuando tras la merienda del sábado acabé de explicar todo esto a los Guarnieri en nuestro primer encuentro en persona. Porque no todo el mundo entiende esto. No todo el mundo está preparado para algo así. Y no es fácil pedir a alguien que ha sufrido un drama, que ayude ahora a otros a sanar el suyo. No es fácil pedir que cuando aún quedan flecos para ese hogar, compartas parte de la generosidad que se ha derramado contigo, con otros que ahora también lo necesitan. Pero la conversación previa ya me había dado pistas de que no sólo lo iban a entender, sino que coincidirían al 100% con esa filosofía de vida.

Justo con ese enfoque, ya nos habían adelantado que no hacía falta "pulirse" todo lo recaudado, sin necesidad. Que hay cosas y decisiones que aunque tengas dinero, no tiene sentido comprar o decidir. Que hay materiales que se podían utilizar de reciclaje. Y que hay alternativas de construcción baratas o incluso sin coste, que ya estaban probando y empleando, por ejemplo en el techo, o como segunda capa para las paredes. Simple coherencia personal, que conecta a las mil maravillas con el cambio y la responsabilidad que requieren estos tiempos.

También Emi nos ponía un ejemplo extremadamente revelador, de algo que les había sucedido en estos meses. Una vez conseguidos los fondos, hubo gente en el pueblo que quiso organizar una fiesta para seguir recaudando fondos para ellos. Pero ellos amablemente rehusaron el ofrecimiento ante la cascada de generosidad ya recibida, con la idea de que esa iniciativa fluyera hacia otros. Y así, otras personas plantearon financiar otro proyecto similar al suyo, y una ayuda de emergencia para Ucrania. Pero a alguien no le pareció bien lo de compartir la generosidad, y la fiesta se acabó frustrando. Cosas de las energías, cuando se les ponen cortapisas o interfieren los egoísmos.

Nuestra voluntad, nuestros actos, son todo un torrente de energía. Y esa energía debe fluir. Y tenemos la enorme responsabilidad de convertirnos en conductores de dicha energía para que pueda llegar al máximo número de seres, porque todos somos UNO. Eso lo ves muy claro cuando ves juntos ahora a los dos hijos de Ana Celia tras esos tres amargos años de separación. O en una campaña como la desplegada para los Guarnieri. Cada donante actúa por un motivo: porque se acuerda que alguien conocido vivió algo similar; porque no desearía que nunca le pasara nada así a los suyos; por fe; por puro amor incondicional; porque no creen que su dinero o sus bienes sean realmente suyos... Hay tantos motivos como personas. Y esa motivación, esa energía, es sagrada. Nadie debe corromperla. Sólo estamos llamados a darle curso, a que no se estanque, y a que siga creciendo y fluyendo sin parar. Y cuando llega a su destino, esa energía construye, solventa y apacigua los dramas que motivaron ese despliegue de energía. Pero esa energía no desaparece, no se destruye. Noe lo explicaba genial en esa merienda: haber recibido esa generosidad genera en ti una responsabilidad enorme. Por eso recibir es más difícil que dar. Y yo le decía que vivirlo así es maravilloso. No sólo porque evidencia una consciencia equilibrada y generosa, sino porque esa gratitud es siempre el germen de nuevos milagros, y de que esa energía siga fluyendo más y más, y vaya consiguiendo hacer realidad más y más sueños. Por eso no podemos evitar ser extremadamente optimistas sobre nuestra capacidad para impulsar un mundo diferente para vivir. Y también para ser los verdaderos protagonistas de nuestra realidad, por mucho que haya quienes intentan imponernos la suya. A fin de cuentas, "incluso la gente que piensa que no se puede hacer nada para cambiar nuestro destino, mira antes de cruzar la calle", decía Stephen Hawking. Ojalá seamos muchos los comprometidos con nuestros sueños y con ser artífices de ese destino. Que así sea. 



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lunes, 21 de marzo de 2022

Bodas de plata

Es sólo una cifra: 25. Y efectivamente, sí. Es tan sólo una fecha: 22 de marzo. Pero en los tiempos que corren, cumplir 25 años de casados no es fácil. Y hacerlo con la ilusión, con la alegría y con la complicidad que tenemos tras 34 años juntos, es todo un tesoro.

Quienes nos siguen en las redes sociales nos habrán oído hablar de muchos temas: de inconformismo, de la pandemia, de solidaridad, de paz, de educación, de niños, de cambiar el mundo... Pero quienes nos conocen de cerca, saben que probablemente de lo que menos hablamos o escribimos es precisamente de lo que consideramos más importante para nosotros. Lo que nutre de energía nuestra permanente búsqueda de un mundo diferente para vivir. Lo que este 22 de marzo volvemos a celebrar, esta vez quizás con una cifra más redonda. Pero sólo es eso: una cifra redonda.

Porque lo verdaderamente mágico es seguir aprendiendo día a día en pareja. Haber decidido con plena voluntad ser lo más importante para el otro. Crear una realidad propia, mucho más allá de la que nos rodea, de la que nos dicen la tele o las redes sociales, o incluso de la de nuestras familias. Y seguir creciendo y aprendiendo en las pequeñas ilusiones, en los pequeños proyectos, y en los momentos únicos.

Cuando nos preguntan qué hacemos para seguir siendo tan felices juntos, realmente nos miramos y no sabemos qué responder. Hay pocas recetas, la verdad. Quizás por eso escribimos o hablamos tan poco de ello, aunque realmente sea la base de  todo lo demás. 

Ahora que nuestros hijos son mayores, y nos podemos mostrar todavía más naturales con ellos como pareja, estoy convencido de que alucinan. Y que más allá de la educación que les hayamos dado, de las oportunidades o experiencias que les hayamos podido brindar, ver en nosotros unos padres que se quieren tanto, es la mejor herencia que les podemos dejar. Aunque somos conscientes de que, a veces, el listón de tener una relación así suponga un reto muy alto para ellos a la hora de buscar sus propias parejas. Pero no está mal que sean conscientes de que esa es probablemente la decisión y el proyecto más importante de sus vidas. Aquel al que vale la pena dedicarle el mayor de los empeños.

Quienes aquel 22 de marzo de 1997 nos acompañasteis en nuestras risas, nuestros bailes y nuestra celebración, nos veréis ahora con alguna que otra cana (uno más que otra), con más "barriguilla" (uno más que otra) y con alguna arruga de más (también uno más que otra). Pero lo que seguro que no podréis ver en nosotros, es el más mínimo atisbo de desánimo o cansancio, de envejecimiento espiritual, o de pérdida de energía. Y eso significa que la cosa va bien. Más que bien. Tan bien, que mi principal reto en la actualidad consiste en arrancarle el compromiso a Mey de volver a estar juntos, al menos, un par de vida más, cuando nos toque irnos de ésta. Aunque ella, con su sabiduría de siempre, dice que ya no toca repetir, y que habrá que pasar a otro plano. Seguro que lleva razón. Pero, ¿voy a rendirme habiendo sido tan afortunado de encontrarla?

No nos gusta mucho hablar de estas cosas en público. Pero creo que la celebración lo merece. Así que, aunque es un secreto a voces, hoy sí lo voy a decir: te quiero con locura, Mey.


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