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miércoles, 11 de enero de 2017

Pantuflas de bienvenida

Descubrir Viena por primera vez en Navidades es algo mágico. Aunque no tuvimos nieve, sus mercadillos navideños, el ambiente de las calles, y los coches de caballos con sus cocheros ataviados como en el siglo XIX te trasladan a otra época. Meterte en uno de sus míticas cafeterías a degustar un café con un pastel cuando fuera hay seis grado bajo cero tiene un encanto especial. Y si a eso le unes lo muchísimo que disfrutamos de la música a un precio irrisorio, el plan vienés nos salió de lujo. Asistir a un ballet en la Ópera Estatal de Viena con entradas de pie, disfrutar de Strauss en el Koncerthaus de la Filarmónica, y escuchar las Vísperas de la Catedral de San Bernardo con orquesta, coro y su órgano centenario es algo excepcional. También lo es conocer los Palacios de Hofburg, Belvedere y Schönbrunn, y la historia de la Emperatriz Sisí in situ. Está claro que, a veces, cuanto menos se planifican las cosas, y más te dejas llevar por las circunstancias, mejor salen los planes. Aferrarse a una planificación genera rigideces que a veces convierten una escapada en una frustración. Y nuestro plan fue tan inesperado que el resultado ha hecho de este viaje uno de los más especiales de nuestra vida.
Sin embargo, debo reconocer que cada vez valoro más otro tipo de cosas cuando recorremos mundo. Y de esas tuvimos todavía más en nuestra aventura austríaca. Están bien los monumentos, los parques y los atractivos turísticos, pero reconozco que todo eso sin el contacto humano sabe a poco. Por eso lo de Viena fue aún más especial. Todo cuadró de tal manera que resultó alucinante.
El avión, el tren y el metro fueron tan puntuales que ni nos lo creíamos. Llamamos a la puerta de la señora Rumpf, y con una sonrisa enorme y un inglés muy "chapurreado", nos dio las llaves del apartamento de Zsuzsi y Peter, tras su mágica invitación. Subíamos con una sensación extraña: como esa que uno tenía de pequeño al abrir la puerta del salón en la mañana de Reyes: deseando encontrarte un montón de paquetes envueltos con papel de regalo, pero con el sustillo de poder cruzarte con sus majestades en plena faena. Abrimos la puerta y aunque nuestros amigos no estaban, impregnaron de su presencia nuestra llegada. Habían dejado dos pares de alpargatas con un gran corazón dibujado y un enorme "Welcome" escrito dentro. En España, cuando llego a casa, siempre me quito los zapatos y me calzo mis pantuflas. Es un ritual que me introduce en el calor del hogar. Y que nuestros amigos hubieran tenido ese detalle como gesto para que nos sintiéramos como en casa, me pareció de una hospitalidad entrañable. Pero ahí no quedó todo: se habían dedicado a ponernos post-its por toda la casa para que usáramos todos los ingredientes y productos que necesitáramos sin miedo a que su etiqueta en alemán nos disuadiera. Y habían llenado el frigorífico y la encimera para que no desfalleciéramos durante esos días navideños de tiendas cerradas. Todo dispuesto para pasar unos preciosos días "de novios", que tuvieron su colofón cuando pudimos disfrutar de la compañía de nuestros anfitriones los dos últimos días, e incluso nos hicieron una visita guiada y personalizada a la ONU, donde trabaja Peter. Es curioso cómo las almas hospitalarias y generosas atraen el cariño. Imagino que Zsuzsi y Peter lo tienen a raudales. Ahora tratamos de "picarles" por whatsapp con fotos de nuestra Navidad veraniega,  a ver si conseguimos animarles para que vuelvan a visitarnos. La hospitalidad resulta contagiosa.
Como imagen de estos días me quedo con la de la cena de Nochebuena. Fue tan sencilla como idílica y romántica: una mesita en la cocina con un mantel navideño, una lamparita de 7 velas, una sopa de patatas y zanahorias recién hecha, y una ensaladita de tomates cherries. Todo ello vivido en Skype a tres bandas entre Londres, Wyoming y Viena. Nunca tuve la sensación de estar tan cerca de mis hijos estando tan lejos. Nunca una cena en pareja fue tan familiar y multitudinaria. Nunca los ausentes se hicieron tan presentes. Será que el amor poco tiene que ver con la distancia medida en kilómetros.


NOTA: Este contenido, como todo lo que compartimos, no tiene ningún afán de lucro para nosotros, sus autores. ¡Bastante premio estamos teniendo con los aprendizajes y con las personas que estamos conociendo por el camino! Sin embargo nos encantaría que nuestras creaciones (escritos, vídeos, audios, recetas, remedios caseros, etc) acaben beneficiando ese "mundo mejor" a través de entidades solidarias que apuestan por él. Por eso, algunos de esos contenidos los subimos a nuestra página en Patreon (https://www.patreon.com/familiade3hijos) para disfrute de quienes estáis colaborando en esos proyectos solidarios, aunque sea con 1 simple euro al mes. Basta con pulsar en el botón rojo de "Become a patron". ¿Queréis ser nuestros cómplices, aunque sea con algo simbólico? ¡¡GRACIAS!!

viernes, 23 de diciembre de 2016

La magia que nos une

Al llegar a casa abrí el buzón, como todos los días. Esperaba publicidad, como todos los días. Pero ese día había magia, y ni me lo olí. Quizás haya que buscarla más en los actos cotidianos. Saqué un sobre que venía de lejos, a juzgar por los sellos y el tipo de papel. No reconocí la letra. Ni el remitente. Ni siquiera el país de procedencia. Pensé que se habrían equivocado. Pero no, nuestras señas eran correctas. Dentro había una bella felicitación navideña escrita en inglés y un cariñoso dibujito hecho a mano. Entonces caí. Eran Zsuzsi y Peter, la pareja de húngaros a los que acogimos en casa unos pocos días del mes de mayo. Nos felicitaban las fiestas y nos enviaban un dibujo para Eva que, dependiendo del giro que se le diese, mostraba distintas figuras. Entrañable.
Nos apresuramos a enviarles un mensaje de agradecimiento y de felicitación. Les contamos nuestras novedades y la aventura americana de Pablo. Y de repente nos planteó una insensatez. "Nosotros nos vamos a Hungría: si os animáis, os dejamos nuestra casa de Viena para vosotros solitos". Lo decían tan de corazón, y era tal la locura, que la aceptamos sin pestañear. Miramos vuelos baratos y en media hora estaba montado nuestro pequeño viaje de ensueño. Nos dejarían la llave con la señora Rumpf del 3º, y ya nos adelantaban la clave de la wifi para contactar con la familia nada más llegar. Todo cuadró a la perfección. Mágico. Quizás les impactó nuestra hospitalidad de hace unos meses. Quizás son así de generosos. Pero en cualquier caso, mágico.
También fue mágico el ofrecimiento de Koldo de hace una semana. Le pregunté por unas bellas fotos de su facebook, y me contestó con una oferta para quedarnos en su casa en Galicia, muy cerca de la Ruta de los Faros, o acompañarle en un hermoso retiro en Navarra. Se siente profundamente agradecido de cuando colaboramos en su Foro Espiritual para fomentar el diálogo entre religiones. No debería, porque lo hicimos encantados. Pero así son las cosas de la gratitud de corazón. En su caso no pudimos cuadrar fechas y desplazamientos. Pero quizás es lo de menos. Saboreamos su hospitalidad, el precioso entorno que nos ofrecía, e incluso la posibilidad de conocernos. Es curioso: lo considero ya buen amigo, y ni nos conocemos en persona. Cosas de la magia. Lo de conocernos habrá que subsanarlo en breve.
Ayer me saltó una notificación rara en el móvil. No es de los sonidos que tengo identificados. Se trataba de Celia, otra chica a la que no conocemos tampoco, pero que nos tiene mucho cariño a través de lo que nos lee. Con ese tintineo en el móvil acababa de iniciar una generosa aportación mensual a la Casa de Acogida de Alozaina en nuestro Patreon. No sabe si podrá mantenerla mucho tiempo. Pero quiere seguirnos no sólo en lo de escribimos en abierto en nuestro blog, sino en todo lo que ya compartimos por ahí (vídeos, recetas, locuras...),  y con ello apoyar proyectos solidarios. Mágico también. Como lo será el café que compartamos para conocernos.
Y ayer justo Agustín me pidió amistad a través de facebook. Nos conoce a través de O Couso, y su mensaje no podía ser más afable. Quizás por lo que nos haya leído o quizás por las referencias "ocosuseras", siempre benévolas y generosas. Le he aceptado de inmediato, y de inmediato me ha devuelto una oferta formal para visitarle por Valencia, con camas y todo para los niños. Encantador. Mágico. Él también tiene ya casa en Málaga.
¿Qué por qué cuento todo esto? El año pasado, por Navidad, compartimos un cuento inventado cargado de situaciones reales que fui recopilando durante meses. En estas fechas las personas parecen más receptivas hacia la magia, hacia la fraternidad, hacia la solidaridad... Hacia ese niño interior que todos tenemos dentro y al que quizás debamos mimar más. Hacia aquellos refugiados buscando posada y que acabaron en un establo de animales. ¿Por qué estamos más abiertos ahora? Quizás sea por las luces de las calles. Quizás por los villancicos que suenan de fondo. Quizás por los señores regordetes y de rojo que inundan los escaparates. O quizás porque las muñecas de famosa se dirigen al portal. Lo cierto es que parece buen momento para compartir que la magia nos rodea, y que sólo hay que dedicarle tiempo abriéndole las puertas. Sería "la leche" que ese sentimiento durase 365 días. A fin de cuentas ésa es nuestra verdadera esencia. Y por eso hoy hemos querido compartir cuatro ejemplos cercanos y recientes de esa magia que nos rodea. Nosotros cada vez somos menos de "gordos" de la lotería, de muñecas de famosa o de "cenorrios" navideños. Y cada vez más de esa magia compartida, de puertas abiertas al desconocido, y de ventanas de par en par dejando correr la brisa de la generosidad. la gratitud y la diversidad. Mañana cogeremos un vuelo para Viena, y nos encontraremos un frigorífico lleno. Cierran las tiendas durante estos días en Austria, y Zsuzsi quiere mimarnos. Será cosa de la Navidad. ¿O quizás no?


NOTA: Este contenido, como todo lo que compartimos, no tiene ningún afán de lucro para nosotros, sus autores. ¡Bastante premio estamos teniendo con los aprendizajes y con las personas que estamos conociendo por el camino! Sin embargo nos encantaría que nuestras creaciones (escritos, vídeos, audios, recetas, remedios caseros, etc) acaben beneficiando ese "mundo mejor" a través de entidades solidarias que apuestan por él. Por eso, algunos de esos contenidos los subimos a nuestra página en Patreon (https://www.patreon.com/familiade3hijos) para disfrute de quienes estáis colaborando en esos proyectos solidarios, aunque sea con 1 simple euro al mes. Basta con pulsar en el botón rojo de "Become a patron". ¿Queréis ser nuestros cómplices, aunque sea con algo simbólico? ¡¡GRACIAS!!