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sábado, 27 de enero de 2024

Los viejos rockeros

Hay quien nace con música en las venas. Hay quien tiene el ritmo en la piel. Y hay también quien toca de oídas. Algunos, incluso, son sordos de un pie. Otros bailan al son que otros tocan. Hay expertos en improvisar. Algunos pocos, oídos sordos. Y otros cuantos los afinan más. Algunos llegan a "DJ" de sus vidas: no son muchos, pero los hay .

Pexels en Pixabay

No. No hablo sólo de música. Hablo de vida. De envejecer. Y la vida es como la música. Para algunos fluye por dentro como una canción inaudible. Pero para otros se convierte en una sinfonía silenciosa, llena de notas sombrías, fugaces o incluso invisibles.

Pero el amor a la música se entrena. Como pasa con la vida. A veces se hace preciso hacer una pausa en la melodía, cambiar de tonalidad, o incluso buscarse otra partitura. Sí. También en la música. Otras veces, se hace preciso bailar como si nadie estuviera mirando. A tu rollo. Sobre todo cuando la canción que ponen una y otra vez se hace insoportable. Sí, también pasa lo mismo con la música.

Es cierto que algunos llevamos la "marcha" en la sangre, y disfrutamos cualquier "sarao" que la vida ofrece, más que un cantante de ópera en una montaña rusa. Pero por muy "rockeros" que seamos, debemos estar en armonía con la vida. Y es preciso darse cuenta de que a medida que envejeces, conviene cambiar algo el estilo musical, para no desentonar, descubriendo nuevas armonías, y maravillándote ante cada nueva fase como un verso inesperado.

Atrás quedaron los grandes conciertos, los grandes auditorios, y los largos viajes por carretera con todo a cuestas. Atrás quedaron la firma de autógrafos, los chillidos de los fans y las giras interminables (televisión, campañas solidarias, pequeñas revoluciones, crowdfunding, libros, reivindicaciones, lucha contra injusticias...). Pero ¿qué más da que todo eso haya ya pasado? ¿Acaso eso era la música que llevabas dentro o sólo algunas de las manifestaciones de esa música?

Probablemente nos pase como a esos rockeros que envejecen, cuya música se vuelve más introspectiva, como si fuera una balada que resuena con las lecciones aprendidas. Probablemente es tiempo de conciertos en penumbra, sin apenas público, en salas muy pequeñas. Disfrutando cada acorde como si fuera el último, en un eterno presente. En este nuevo escenario, los viejos rockeros disfrutamos de notas más suaves, pero cuyo impacto en quien las oye es mayor, quizás por haber vivido ya cada estrofa de cada canción. Es como si en cada acorde nuevo encontrásemos una versión más profunda de nosotros mismos, viejos rockeros que se reinventan con cada compás.

Por eso nuestras melodías hablan hoy de paraísos terrenales, del vaciamiento interior, de sistemas donde la persona es el centro, de alimentos sanos, del disfrute de la vida, de las historias que nos montarmos en la cabeza, de si encajamos o no en este mundo, de los puntos y aparte, de entrenar la mirada, de no montarse películas, de prepararse para lo que llega...

Sin duda el público cambia, como los escenarios. Pero la música no deja de  sonar. Como si cada arruga contara una historia que sólo el tiempo puede contar. Quizás por eso dicen que los viejos rockeros nunca mueren. Porque con los años, no es la música la que habita dentro de nosotros: somos nosotros los que nos hacemos música.


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-Odysee (por si censuran en Youtube): https://odysee.com/@familiade3hijos:9


sábado, 28 de marzo de 2020

Abriendo la ventana de nuestro encierro

Corren tiempos de novela distópica. El ejército y la policía patrullan las calles. Un virus invisible provoca el pánico mundial. Todo se detiene de repente. Y las familias nos vemos confinadas en casa "sine die". Se añora el abrazo, el encuentro, la cervecita en la calle, el paseo por el parque...

Por eso hemos querido abriros la ventana de nuestro mundo. Un mundo entre cuatro paredes, como el vuestro. Buscando algo muy simple: el abrazo desde el aislamiento, la apertura desde el encierro. 


Gracias, como siempre, a nuestros amigos Mº Ángeles y Floren, por esa sensibilidad que siempre destiláis en vuestras historias: http://velevisa.com/?alacarta=view&desc=621f8078

domingo, 18 de junio de 2017

Ñoño

Es lo que tiene la escritura en familia. Debe representar estados de ánimo, sentimientos, vivencias o experiencias compartidas de forma coral. Y normalmente suele fluir más o menos esa expresión al unísono de nosotros cinco. Sólo ha habido un par de ocasiones en que no hemos llegado a publicar lo escrito, y ha sido por cuestiones del dolor que aún guardaban esas vivencias expresadas en palabras. Mejor no revivirlo.
Esta semana hemos tenido otro ejemplo, pero de diferente naturaleza. Me sentía tan conmovido tras escuchar a mi segundo hijo en su concierto de final de curso, que me dejé llevar. Era la misma sensación tras la audición de flauta de la "peque", o tras los conciertos de violín del mayor. Y escribí, escribí y escribí expresando lo que me transmitió. Quizás fue la emoción del momento. Quizás el sentir que coronábamos la cumbre de muchos esfuerzos compartidos en familia. Quizás simplemente el orgullo ante la obra maestra de un hijo, aunque lo fuera sólo para un padre o una madre. Pero tras mostrar mi borrador al clan, el dictamen familiar fue inapelable: lo que había escrito era "ñoño". Ñoño de solemnidad. No era censura. Podía publicarlo. Pero el calificativo era unánime. Abrumado ante tal fervor familiar, releí lo escrito. La verdad es que llevaban razón: era "ñoño" hasta decir "basta". Así que mejor esta semana hagamos que las palabras callen. Que hable mejor la música...



NOTA: Este post se publica, como todo lo que escribimos, de forma gratuita y en abierto tanto en nuestro Blog como en nuestro Patreon. Pero si te gusta lo que escribimos, te ayuda, te sientes en gratitud, y quieres también impulsar un mundo diferente para vivir con nosotros, puedes colaborar en nuestros proyectos solidarios colaborando con una cantidad simbólica (desde 1€/mes) en nuestro Patreon Solidario. 

martes, 3 de mayo de 2016

Al unísono

La vida es una gran sinfonía. Pero para disfrutar de la música no hace falta estar ante el mejor violinista, o el mejor director de orquesta. A veces basta con un poco de afinación, una interpretación bien coordinada, y unos oídos sensibles para saber apreciar la belleza.
En las últimas semanas, nos hemos atrevido con nuestra pequeña sinfonía vital. Propusimos a la orquesta donde toca nuestro hijo mayor realizar un concierto benéfico a favor de la ONG ADAPA, y celebrarlo en nuestra comarca. No era un reto fácil, pero nos pusimos a la tarea. Coordinamos durante meses el momento más oportuno con los responsables de la JOPMA. Preparamos la petición formal a Diputación. Iniciamos conversaciones con el Ayuntamiento para poder disponer del Teatro del Carmen. Cuadramos fechas. Empezamos a trabajar todos en la logística: Diputación diseñando e imprimiendo carteles, programas y entradas; el Ayuntamiento organizando el recinto, el personal de apoyo y habilitando puntos de venta; la JOPMA ensayando y organizando el desplazamiento de las decenas de chavales de su orquesta; y nosotros gestionando las reservas, difundiendo en redes sociales y pegando carteles por toda la comarca. Todos afinando en lo poco o mucho que sabemos hacer. Todos en pro de un anhelo común. Nadie buscando lucirse más que el resto.
El sábado pasado se celebró el concierto. Era el bello colofón a unas semanas desenfrenadas llenas de pequeños detalles y de pequeños contratiempos de última hora. Había nervios y expectación. Me tocó compartir escenario para presentar el acto. Quise honrar el trabajo "codo con codo" y el esfuerzo y tenacidad de unos jóvenes que luchan contra viento y marea por su pasión, por sus dones y talentos. No era momento para reprochar incumplimientos institucionales con la educación musical. Era momento de brindar por la música y por las sinfonías de la vida.
El concierto fue magistral. El teatro estaba casi lleno. A la recaudación por las entradas se sumó lo que vendimos en un "puestecillo" de ADAPA en la puerta del teatro, incluidos un montón de ejemplares de nuestro libro, que firmamos gustosos. En total casi mil euros, que se van íntegros para paliar en lo que se pueda las secuelas del terremoto de Ecuador. La afinación de decenas de personas durante semanas, y el trabajo al unísono traía un bello regalo en forma de música y de solidaridad. El colofón, para nosotros, lo puso el señor que recogía las entradas en la puerta, cuando nos marchábamos, ya con el teatro vacío: "Deberíamos hacer más cosas así; quizás no todos los días, pero sí de continuo". Efectivamente. Sería bueno tocar más al unísono. Que así sea.

lunes, 8 de febrero de 2016

Cooperando en lo cotidiano

A veces la vida está llena de injusticias. Ante ellas podemos "cabrearnos", protestar, o bajar los brazos y rendirnos...Pero también podemos cooperar entre nosotros.
Hace unas semanas, una buena amiga de mi hijo, ante un cambio de trabajo de su padre y los consiguientes viajes que ello suponía, se veía abocada a abandonar la música. Nadie iba a poder llevarla a Málaga, tras el incumplimiento de la Junta de Andalucía (¿firmas, por favor?). No lo permitimos. Su horario coincide  en parte con el de mi hijo. Hay, pues, una plaza adjudicada para ella en nuestro coche. Sí o sí. No hay opción. Si las personas no nos ayudamos cuando la vida "achucha", ¿vamos a esperar a que un político nos resuelva la "papeleta"? ¿Cuántos niños deben abandonar sus sueños y renunciar a su talento porque para las instituciones no somos más que números, o mejor dicho, votos, en una campaña electoral?
Sin embargo no todos estamos preparados para cooperar y ayudarnos en lo cotidiano. Hace unos días, esperando a varios chavales para llevarlos a todos juntos a las clases de Málaga, observé en un coche aparcado a un par de estudiantes que debían hacer el mismo recorrido y a la misma hora, porque me sonaba su cara del conservatorio. Me acerqué para presentarme, ofrecer compartir desplazamientos e intercambiar teléfonos en caso de necesidad. Caras de rechazo y desconfianza. NO rotundo. Mejor seguir siendo unos completos desconocidos ¿Por qué ese miedo a ayudarnos? ¿Por qué nos cerramos al prójimo? ¿De verdad pensamos que sólo desde las Administraciones y desde los políticos se van a resolver nuestras dificultades?
Nuestros hijos estudian música en un pequeño conservatorio de nuestra comarca. Por una falta de eficacia al organizar el profesorado, sólo pueden hacerlo hasta los 14 años. Y con esa edad, se ven obligados a desplazarse 40 kilómetros de ida y otros 40 kilómetros de vuelta de 2 a 4 veces en semana. Muchas familias nos "cabreamos". Otras protestamos. Y gracias a ello, en mayo, logramos que la Junta de Andalucía nos hiciera caso y se extendieran en dos años los estudios musicales, para que ya con 16 años, los chavales pudieran compatibilizarlo con el bachillerato musical y desplazarse ya solos a Málaga con una edad más razonable. Pero ese compromiso lo hicieron en campaña electoral, y después no lo han cumplido. Todavía más cabreo, más protestas, y sobre todo muchas "bajadas de brazos". En concreto el 50% de los alumnos que se matricularon para seguir estudiando en la comarca este curso, tras la promesa de mayo de los políticos, se han visto obligados a abandonar sus estudios ante la imposibilidad de desplazarse a Málaga. Cristina, José Antonio, Ana, Isabel y un largo etcétera a lo largo de los años se han visto obligados a abandonar tras 6 años de estudios musicales, por la negligencia e inoperancia de nuestros políticos de la Junta de Andalucía. La razón puede ser económica para asumir esos desplazamientos. O puede ser de incompatibilidad con los horarios laborales de los padres. Pero sea cual sea la razón, sus talentos se convierten en sueños rotos. Y no podemos evitar pensar cuántos de ellos podrían haber seguido estudiando música, si las familias nos ayudáramos un poco más.
Por eso hemos pensado que es bueno seguir alzando la voz y exigiendo que se cumpla lo prometido. Y mucho más cuando es justo, necesario y sin coste. Pero en paralelo, es crucial que nos organicemos. Y por eso hemos creado un FORMULARIO para que, a quienes les coincidan días y horarios, puedan compartir desplazamientos, y nadie deba abandonar sus sueños por una pequeña falta de cooperación entre nosotros. ¿Te apetece cooperar en lo cotidiano? Ahorremos dinero, tiempo y conozcámosnos mejor. Dejemos de ser desconocidos.