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lunes, 9 de enero de 2017

El cuento de la gota Plof

Los Reyes, a través de su nuestra querida amiga Mari Ángeles Salguero, nos han regalado la voz y la música para uno de nuestros posts, un precioso cuento que escribió Mey hace ya algunos meses. Nos ha emocionado tanto que hemos querido compartirlo también por aquí. Feliz semana.


NOTA: Este contenido, como todo lo que compartimos, no tiene ningún afán de lucro para nosotros, sus autores. ¡Bastante premio estamos teniendo con los aprendizajes y con las personas que estamos conociendo por el camino! Sin embargo nos encantaría que nuestras creaciones (escritos, vídeos, audios, recetas, remedios caseros, etc) acaben beneficiando ese "mundo mejor" a través de entidades solidarias que apuestan por él. Por eso, algunos de esos contenidos los subimos a nuestra página en Patreon (https://www.patreon.com/familiade3hijos ) para disfrute de quienes estáis colaborando en esos proyectos solidarios, aunque sea con 1 simple euro al mes. Basta con pulsar en el botón rojo de "Become a patron". ¿Queréis ser nuestros cómplices, aunque sea con algo simbólico? ¡¡GRACIAS!!

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Sin prisa

"Nada que hacer ni a dónde ir: nunca más con prisas". Así acaba una bella canción que cantamos en O Couso, en pleno Camino de Santiago. Una frase muy simple, pero que encierra una apuesta vital de hondo calado. La vida no va de hacer, hacer y hacer. Tampoco va de llegar a ciertas metas, a ciertos cargos ni alcanzar ciertos logros, sean los que sean. Va de Ser, de vivir el momento presente, de estar en lo que se está con plena consciencia. Y eso sólo se consigue rebajando las prisas, frecuentando el silencio, y buscando la tranquilidad de vivir intensamente las pequeñas cosas de la vida.

Este pasado año ha sido frenético para nosotros. El lanzamiento de nuestro libro, las entrevistas, las apariciones en prensa e incluso un reportaje difundido a nivel internacional nos ha lanzado a un estrellato tan sorprendente como no buscado. Eso se unía a nuestras ya ajetreadas vidas cotidianas: trabajos, hijos, tareas domésticas, actividades extraescolares, voluntariados, reivindicaciones educativas... Lo hemos aceptado con cierta resignación, como forma de compartir esa búsqueda por un mundo diferente para vivir, y porque era la forma de conectar con otras almas también en búsqueda. Y ese encuentro con el otro ha sido precioso. Pero nos hemos visto arrastrados en un "hacer, hacer y hacer" contradictorio con esa vida por la que apostamos. Sentíamos que valía la pena, y que el momento lo exigía. Pero era imposible no ir a contrarreloj, con prisas continuas y en un ruido constante de tareas y quehaceres.

Por supuesto que creemos que hay que seguir remando en esa dirección. Por supuesto que es preciso alentar el encuentro de las almas. Pero percibimos con fuerza que toca pasar a otra fase dando un paso atrás, aunque sea durante unos meses. Necesitamos recobrar esa tranquilidad, y el SER por encima del HACER. Necesitamos rebajar un poco las prisas y decir NO a algunas de las cosas que nos proponen. Necesitamos esas sobremesas relajadas, esas lecturas compartidas, esas miradas sin fin. Y ya hemos renunciado a responsabilidades que teníamos con algunas entidades, y pospuesto compromisos en la promoción de nuestro libro. A fin de cuentas, no nos obsesiona vender, sino compartir una forma de vida que demanda una coherencia. Lo que se venda será maravilloso porque supondrá conectar con nuevos seres, y en el camino impulsaremos económicamente bellos proyectos solidarios y de transformación. Seguiremos con ello de otra forma. Pero ése no es el objetivo. De hecho, no hay objetivo. Sólo hay camino. Y a ese camino nos debemos y es a donde queremos retornar.
Recuperaremos tiempo para el encuentro y la relación, que es lo que da sentido al libro, a las entrevistas y a toda esa parafernalia mediática. Recuperaremos el equilibrio perdido y el contacto "tú a tú". Porque lo que hay que preservar es la relación con tantas y tantas personas que nos han contactado, no una presencia permanente en los medios o en los eventos sociales. Sabemos que hay muchas personas que se alegran con nuestros éxitos porque suponen un éxito de otra forma de actuar. Y somos conscientes que muchos anhelan vernos en las noticias en lugar de tanta crispación y enfrentamiento. Pero sabemos bien que lo esencial es invisible a la tele. Y que ese "mundo diferente para vivir" tiene mucho más que ver con lo sutil que con las portadas.
Hay una bonita canción que dice: "...Estoy perdiendo el tiempo en vivir deprisa. Mi vida pasa como el viento, pero jamás sentí la brisa". Nosotros queremos sentir la brisa. Y también los abrazos, los aromas, los atardeceres y las miradas. No perdamos el tiempo en vivir deprisa.


NOTA: Este contenido, como todo lo que compartimos, no tiene ningún afán de lucro para nosotros, sus autores. ¡Bastante premio estamos teniendo con los aprendizajes y con las personas que estamos conociendo por el camino! Sin embargo nos encantaría que nuestras creaciones (escritos, vídeos, audios, recetas, remedios caseros, etc) acaben beneficiando ese "mundo mejor" a través de entidades solidarias que apuestan por él. Por eso, algunos de esos contenidos los subimos a nuestra página en Patreon (https://www.patreon.com/familiade3hijos) para disfrute de quienes estáis colaborando en esos proyectos solidarios, aunque sea con 1 simple euro al mes. Basta con pulsar en el botón rojo de "Become a patron". ¿Queréis ser nuestros cómplices, aunque sea con algo simbólico? ¡¡GRACIAS!!

jueves, 10 de marzo de 2016

Vivir deprisa

Un buen cuento es el mejor salvavidas. Al menos puede evitar regañinas, castigos y medicación o sesiones de psiquiatra más adelante. Puede incluso ser el mejor guía para un niño. Por eso nuestros tres "enanos" tienen "su" cuento, que les hemos creado para que les acompañe en aquello que les venía bien profundizar y donde tenían más necesidad de ser acompañados. Éste es uno de ellos

La gota viajera
En un día de cielo azul, nació una gota de agua llamada P dentro de una nube. Era una gota de agua sonriente, graciosa y sobre todo, tenía muchas ganas de vivir. Nada más nacer se puso de pie en la nube y empezó a corretear para curiosear y conocer dónde estaba. Asomó su "hociquillo" al borde de la nube y vio la tierra que iba pasando por debajo. Sintió lo emocionante que era, y la suerte que había tenido de ser una gota de agua. Pero de repente la nube cambió de color, se volvió gris y de ella empezaron a lanzarse al vacío un montón de compañeras gotas despidiéndose y diciendo "¡Adios, adiossssss!" con un tono alegre. Cuando P. las vio volando hacia la tierra, deseó con todas sus fuerzas hacer lo mismo. Y empezó también a gritar: "Yo quiero, yo quiero, yo quiero también saltar como mis amigas". Las gotas más mayores y sabias le explicaron que no, que aún no era su momento. Y a duras penas lograron sujetarle para que no saltase. "Aún no ha llegado tu momento: espérate y mira", le decían. Pero P. no lo comprendía. Se enfurruñó y le dio la espalda a sus compañeras.
La nube siguió viajando por el cielo y cada dos por tres sus gotas compañeras le gritaban: "¡Ven P.! ¡Mira por dónde estamos pasando! ¡Estamos sobre la Muralla China...! ¡Mira P., mira los cocodrilos...estamos sobre el Nilo!" Pero P. seguía enfurruñado y les decía: "¡No, no y no! Yo lo que quiero es saltar y llover como mis compañeras..."
"¡Dejadme saltar, dejadme saltar!" gritaba mientras corría hacia el borde de la nube.
Las demás apenas daban a basto para sujetarla...
"Todavía no es tu momento"
"¡No!. Yo quiero saltar. ¡¡Dejadme ir!!"
Pero tanto, tanto, tanto insistió y luchó por su objetivo, que en una de éstas, P. logró resbalarse de una de sus compañeras y se vio volando por los aires. Voló, voló y voló, hasta que cayó en medio de un huerto, y se hundió en la tierra, donde se topó con una semilla. Ésta, nada más ver a P. puso una cara de sorpresa e ilusión que le sorprendió.
"¡Cuéntame, cuéntame!" Gritó la semilla.
"¿Contarte qué?", preguntó P.
"¿Cómo que qué? Pues dónde has estado, los sitios que has visto, los animales, plantas y cosas que has conocido en tus viajes...¡Cuéntamelo todo, cuéntamelo todo!", le respondió.
"Mmmmmmm", se quedó pensativo P.
"No tengo nada que contar", apostilló.
"¿Cómo que no tienes nada que contar?
"No. Yo no he visto nada de eso"
"¡¿Cómo que no?!" dijo la semilla desilusionada.
"¿Tú no sabes que las plantas y los árboles sólo crecemos con los cuentos y las historias que nos cuentan las gotas de agua que caen de los cielos?. Ellos han recorrido todo el mundo, y con su experiencia nos alimentan y nos permiten hacernos más y más grandes... Si tú no tienes nada que contarme, tendré que dormirme hasta que venga otra gota que pueda contarme cosas..."
Y diciendo esto, le dio la espalda a P. y volvió a dormirse.
P. se quedó muy pensativo y se dio cuenta del error que había cometido.
¡Jolin! Había estado dando vueltas a lo largo del mundo y no había disfrutando de los maravillosos sitios por los que había pasado, sólo obsesionado por saltar, saltar y saltar de la nube.
¿Qué podía hacer ahora? Pensó y repensó, y decidió escarbar hacia arriba, hasta que alcanzó la superficie de la tierra. Y allí se tumbó hasta que el sol empezó a calentar de lo lindo y se evaporó. Y así fue cómo, cuando abrió los ojos de nuevo, se encontró....¡en otra nube!
Esta vez no iba a desaprovechar la oportunidad. ¡No estaba dispuesto a ser tan insensato como la primera ocasión! Se agarró bien al borde de la nube y asomó sus ojillos para no perder detalle... Fue así como vio las pirámides de Egipto, saludó a las caravanas de camellos, conoció las montañas de los Alpes, voló junto a las águilas, saludó a las sirenas del mar...
¡Ahora sí que estaba aprovechando las oportunidad de conocer mundo!
Incluso hubo momentos en que la nube se enfadaba con ella. Se ponía gris, soltaba rayos y truenos y le decía: "¡Tú tienes que saltar ya!"
Pero P. había aprendido la lección. Se agarraba fuertemente y se decía a sí mismo en voz baja: "Aún no. Aún no estoy preparado. Tengo que ver más. Tengo que conocer más cosas. Y se agarraba fuertemente al borde de la nube para no caerse"
Ahora sí que disfrutaba de la experiencia de ser una gota. Miraba y miraba su alrededor. Saludaba a los niños. Veía a las madres tendiendo la ropa para que se secara al viento. Vio a centenares de niños entrando y saliendo del "cole"`, o cómo jugaban al "pilla-pilla".
Aprendió miles y miles de cosas. Hasta que un día, que ya vio que estaba preparado, justo cuando la nube chocó con otra nube y empezó a llover, se soltó y se dejó caer. Y de nuevo lo hizo en el campo, adentrándose de inmediato hacia el fondo de la tierra. Y allí se encontró con otra semilla. Y como ya pasó la primera vez, la semilla abrió sus ojillos de inmediato, y le dijo, de nuevo: "Hola. Cuéntame todo lo que has visto"
Pero en esta ocasión P. ya estaba preparado. "Venga. Te voy a contar. Verás tú lo grande que te vas a hacer". Y empezó a contar todas las historias que había vivido: sobre los niños, sobre las cometas, sobre el aprendizaje de los polluelos de águilas, sobre las idas y venidas de las golondrinas cada año, sobre cómo los humanos se despertaban temprano e iban corriendo al trabajo para después volver también corriendo a sus casas, o sobre cómo se acurrucaban por las noches con sus niños para contarles cuentos. Le contó un montón de cosas. Tantas tantas que la semilla empezó a crecer, a crecer y a crecer. Cuantas más cosas le contaba la gota de agua, más grande se hacía la semilla. Hasta que se convirtió en un gran árbol: el roble más sabio y más fuerte de todo el bosque. Desde entonces, todos los días se pueden ver y oír centenares de pájaros bajo sus ramas, disfrutando de las bellas historias del árbol más esbelto
del bosque: el roble de nuestra gota P.
Y colorín, colorado, este cuento se ha terminado.