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miércoles, 25 de enero de 2017

Te doy si me das

Cuando hace un año salimos en un reportaje en Televisión Española, hubo algo que nos sorprendió más que nada. Durante toda la semana anterior a su emisión, y en distintas cadenas, bombardearon a la audiencia con un avance  en cuyos primeros 10 segundos se nos veía como reclamo para ver el programa  ¡como familia que daba a cambio de NADA! Y cuando el programa se emitió, de sus distintos reportajes, dejaron el nuestro para lo último como "traca final" Tanto ese avance como el dejarnos para el final del programa suele ser un mecanismo para captar audiencia y conseguir la mayor atención posible, en este caso sacando a la palestra a unos bichos raros, una especie quizás en extinción: ¡dar aparentemente sin contraprestación alguna! Algo tan estrambótico que no te lo podías perder, querido televidente.
Vivimos en el mundo del "te doy si tú me das". Ni un dedo movemos si no tenemos la certeza de que algo vamos a obtener a cambio, sea ahora o en un futuro más o menos cierto. Y nos han inculcado desde pequeños que sólo progresaremos si vamos "a lo nuestro " contra viento y marea. Es el gran chip de la modernidad que tenemos implantado en nuestro cerebro: todo funciona mágicamente porque gracias a una "mano invisible" (la de Adam Smith) la lucha por nuestros intereses individuales conduce a un equilibrio económico en el que los ciudadanos maximizamos nuestro consumo y las empresas sus ventas. No nos interesa ahora entrar en análisis económicos. Sí en la experiencia humana que hay detrás de ese planteamiento..
Nuestro reportaje fue visto por millones de personas, convocadas ante ese reclamo: ¿Dar sin nada a cambio? ¿Duros a 4 pesetas? ¿Chollos gratis? En el fondo nos atrae lo diferente. Y curiosear por la mirilla de la puerta las rarezas ajenas es un gran deporte. Pero por fortuna, no es tan raro. Cada vez hay más personas que actúan no por contraprestación, sino por gratitud y por trabar relaciones con el prójimo. O Couso  acoge a gente bajo esa premisa y bajo el "deja lo que puedas, coge lo que necesites". La Casa de Acogida de Alozaina  actúa bajo similar esquema. Zsuzsi y Peter nos mimaron  hace unos días en Viena por pura gratitud, generosidad y ansia de estrechar lazos con nosotros. Nuestra amiga Ilse está recorriendo 1.000 kilómetros descalza con su hija a cuestas  para concienciar sobre los niños de Kenya. Y podríamos dar infinidad de ejemplos, cada vez más cercanos, de esa actitud de dar sin esperar nada a cambio que, sinceramente, es lo que creemos que verdaderamente nos caracteriza como seres humanos.
Se están produciendo pasos en la buena dirección, por ejemplo en la economía colaborativa. Pero aún falta bastante para el giro definitivo. Es cierto que ya no hace falta tener un apartamento o contratar un hotel para irte a la playa: hay gente que te presta su casa. Ya no hace falta tener coche para viajar: hay gente que comparte el suyo y te puede llevar. No hace falta "tener" para "disfrutar": está emergiendo el "compartir". Sin embargo, mientras ese compartir siga bajo el paradigma o las normas de la contraprestación y del mero intercambio, aún nos faltará subir un escalón como especie. Hace un par de años me dejaron en tierra en un Blablacar, aunque había cerrado la reserva, porque al conductor le interesó más otra oferta de traslado. Yo tenía coche y realmente lo hacía por conocer a gente y ahorrar contaminación. Pero su respuesta me dejó helado: "la pela es la pela". Compartía su coche, sí, pero su esquema mental seguía poniendo en el centro al dinero y no a la relación entre las personas. Las formas eran distintas. Compartía su coche. Pero el centro seguía siendo el mismo: el maximizar sus intereses como fuera, y a costa de quien fuera.
Por eso nosotros hemos decidido adentrarnos en esa selva de lo desconocido y minimizar la dinámica de la contraprestación y del "por el interés te quiero, Andrés". Y sinceramente, no creemos que sea tan complicado. Cada vez que podemos lo probamos, nos lanzamos al vacío, y casi siempre la realidad nos hechiza. Cuando tenemos que arrendar un piso, no buscamos un inquilino al que cobrar una renta alta y que no dé problemas. Buscamos un amigo en el que confiar, alguien en quien delegar las decisiones del piso como si fuera suyo propio, y de paso le reducimos el alquiler como muestra de esa confianza. El resultado es que hasta ahora nunca hemos tenido problemas a pesar de las obras, reformas e incidencias que siempre surgen en un alquiler. Confianza total y en la distancia. Quizás podríamos haber ganado más dinero con esos alquileres , y no nos han faltado ofertas más cuantiosas. Pero preferimos ganar amigos y tranquilidad. O incluso colaborar con causas solidarias renunciando al alquiler, ya que, ¿hasta qué punto lo que tenemos realmente es nuestro? Y lo mismo hemos procurado con las chicas que con el paso del tiempo nos han ayudado unas horas en casa con la limpieza. No son personas de segunda. Son parte esencial de nuestra vida; amigas ante las que mostramos nuestra gratitud; con las que intercambiamos confidencias. Y nunca hemos escatimado con ellas una subida de sueldo, porque cuando se plantea desde la cercanía siempre es justo y necesario. Nadie se aprovecha de nadie. Nadie trata de conseguir "chollos" ni de compararse con lo que hacen otros. No hay trampas. No hay cartón. No hay trucos para ganar una partida. Hay relación y gratitud recíproca. 
Estamos convencidos que las relaciones diarias con los vecinos, con la cajera del supermercado, o con los compañeros del trabajo pueden ser un motivo para hacernos la pregunta de si actuamos buscando una contraprestación con esas personas o si lo hacemos por el puro placer de cultivar esas relaciones, y entrar en el bellísimo juego de las gratitudes. Y lejos de que los tiempos nos lleven cada vez más a separarnos y a aislarnos del otro, creemos que surgen formas antes inimaginables de encontrarnos con el otro, con el prójimo. La tecnología lo posibilita, sin duda. Pero ya depende de qué actitud queramos tener nosotros. Por ejemplo, los artistas, creadores y poetas pueden vivir ya directamente de sus seguidores con Patreon y otras plataformas, invirtiendo en la esencia de su arte en lugar de venderse a los criterios mercantilistas de una gran multinacional intermediaria. ¿Qué mejor que desarrollar tus dones y talentos y que quienes los disfrutan aporten un granito de arena para que puedas vivir de ello? Un gran avance, sin duda. Pero incluso ahí es importante estar atentos, y aunque las formas sean distintas (vivir del contacto directo de quienes aprecian tu arte) es crucial que el fondo también lo sea (que el dinero no sea el motor exclusivo). Es crucial pasar de unas vidas que giren en torno al dinero, a pasar a unas vidas que giren en torno a las relaciones personales y a la gratitud entre los seres humanos. Y eso choca. Y seguirá chocando mucho. Porque no basta con empezar a usar la economía colaborativa. No basta con escribir, dibujar o actuar directamente para tus seguidores a través de Patreon. Debemos plantearnos "cómo" lo hacemos. Si lo hacemos por contraprestación (te doy sólo si tú me das) o lo hacemos por la relación y la gratitud . 
En nuestro caso muchos nos preguntan por nuestra opción, quizás radical, aquí. "Si os sigue tanta gente con lo que escribís en vuestro blog, ¿por qué no cobrar por ello, por ejemplo, en Patreon, como tantos otros escritores?" Es cierto que quizás sería una forma de complementar nuestros sueldos. De darse algún capricho con los niños, o pensar en su futuro. De verse recompensados por el tiempo dedicado. O de dedicar ese dinero a causas solidarias. Y lo mismo podríamos haber hecho con las ventas de nuestro libro, en lugar de haber renunciado a todos los ingresos de su venta en favor de tres ONGs. Nuestra respuesta es clara. La economía colaborativa, Patreon y otras muchísimas iniciativas que están surgiendo son, sin duda, un gran paso en la buena dirección. Pero creemos que hay que llegar más allá. No basta sólo con pasar de "poseer" a "compartir". No basta sólo con evitarnos intermediarios. Al menos en nuestro caso, si nuestras vivencias compartidas hasta ahora eran un regalo para otros, una ofrenda desinteresada, un puente hacia un mundo diferente para vivir y una vía de contagio a través de nuestra escritura, ¿cómo podríamos ahora condicionarlo por un par de monedas al mes, por muy loable que fuera el destino de ese dinero? Estaríamos siendo incoherentes con lo que nos movió a iniciar este camino. Perdería parte de su esencia porque sólo podría leerlo quien pagara por ello. ¡Aunque sea algo tan ridículo como lo que cuesta un café al mes! Se generaría una dinámica de exigencia por nuestros lectores y una búsqueda de maximizar el retorno de lo que hubieran pagado. E incluso si ese dinero fuera para causas solidarias, nuestras palabras irían en cierto modo contaminadas por la dinámica mercantil del intercambio. "Yo te doy, si tú me das". "Si no me pagas, no me lees". ¡Bastantes cómplices maravillosos y experiencias increíbles estamos viviendo en este camino como para encima cobrar por ello! Lo sentimos, pero no, no y no. Por ello, no cobramos en nuestro Patreon  por lo que escribimos, y lo publicamos en abierto. Por ello huimos de la contraprestación como de la peste. Por ello estamos obsesionados por centrarlo todo en las relaciones humanas y en la gratitud. Y por ello, queridos amigos, queremos que si queréis colaborar en las causas solidarias de nuestro Patreon  lo hagáis porque os lo dicta el corazón, porque os mueve apostar por ese mundo diferente para vivir, y como manifestación de una gratitud que os brota de dentro por lo que escribimos o por la ventana que a través de nosotros se os pueda abrir. Pero no por puro intercambio. ¡Que de eso ya tenemos bastante en este mundo! Y si así lo decidís, hemos querido también mostraros nosotros nuestra gratitud por ello, compartiendo a quienes os adentráis en esa aventura, partes de nuestra vida más allá de la escritura, y que nunca nos habríamos planteado de otra forma: nuestros cuentos infantiles creados para nuestros hijos, vídeos de vivencias caseras, de charlas que damos , de bromas en casa , recetas sanas como huevos rotos con chorizo vegano  o los donuts caseros , o remedios caseros como nuestra pasta de dientes sin químicos , nuestros posts en francés  o en inglés , entre otras muchas cosas que seguiremos lanzando. Evidentemente, lo mucho o lo poco que con ello generemos va directamente para las ONGs que entre todos decidamos. Pero no condicionamos la relación con quienes nos siguen a que nos paguen algo, aunque sea con un fin solidario. ¿Que eso supone que recaudamos poco para esos fines o que esto vaya muy lento para esas ONGs? Puede ser. Por ahora apenas son 35€ al mes. Pero esto no va de prisas, ni de resultados económicos. Ni siquiera de contraprestaciones en forma de palmaditas en la espalda o reconocimiento público, que no hace sino engordar el ego. Va de corazón, corazón y más corazón. Y ahí no hay atajos ni medias tintas. Ya lo vivimos cuando a pesar de infinidad de dudas y caras de incredulidad impulsamos el crowdfunding para un deshidratador solar  para la Casa de Acogida de Alozaina que hoy es ya una realidad; cuando impulsamos la Revolución de la Tostada  apelando sólo y exclusivamente a la conciencia de cada uno y logramos triplicar los resultados económicos; cuando euro a euro al mes a través de Teaming estamos construyendo cabañas y aseos en proyecto O Couso o por crowdfunding reconstruimos parte de su tejado; o cuando logramos en sólo cinco días una cantidad récord para los refugiados de Lesbos. Y también lo hemos vivido en otros intentos que han fracasado en resultado, pero han sido un triunfo en lo personal, en las relaciones trabadas y en los aprendizajes de vida. Esto no va de metas. Va de caminos recorridos, y de compañeros de viaje.
Permitidnos un consejo. Conjugad el verbo DAR por doquier y en todas sus causas y consecuencias:

Da porque estás agradecido/a.

Da porque la vida te dio antes a ti.

Da porque nada realmente te pertenece.

Da porque el desapego te hace libre.

Da porque cuanto mas das, la vida más te devuelve.

Da porque con ello haces espacio para que entre más vida en ti.

Da porque con ello pasamos del "tú y yo" al "nosotros".

Da porque no buscas que te dé, sino que me buscas a mí.

Da porque quieres ser mi amigo/a.

Da por el simple placer embriagador de dar.

Da por sentirte libre y sin ataduras.

Da porque me quieres


(Foto: Un día cualquiera en una calle de Málaga. Buscando cómplices en la aparentemente solitaria Avenida del "Dar sin esperar nada a cambio")