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jueves, 31 de marzo de 2016

Empujoncitos de conciencia


A los padres nos suele obsesionar el futuro de nuestros hijos. Los atiborramos de conocimientos, como si éstos fueran el salvoconducto que les abriera la puerta de un trabajo seguro, y con él de la felicidad. Pero la felicidad no va de trabajos seguros: éstos a veces nos esclavizan. Va de la capacidad de conducirse por la vida con plena libertad. Y para ello la obsesión no debe ser lo laboral sino lo conciencial.
Pero, ¿cómo educar esa parte tan sensible del SER? Difícil tarea si no nos lo replanteamos todo. ¿Todo? Sí, quizás TODO. Porque a fin de cuentas, actuar con conciencia significa replantearse los "por qués", los "para qués" y las consecuencias de nuestro "día a día", de lo que todo el mundo hace. Y si no nos convence, tomar otro rumbo. Esa capacidad de viraje es la que nos hace libres.
En casa llevamos tiempo con ese empeño. Y nos hacemos esas preguntas para entender lo que implica que un filete llegue a nuestro plato, y si tiene o no sentido sustituirlo por otro alimento. O si tiene sentido seguir o no las modas o la dialéctica que usan los compañeros del instituto. O si debemos empezar a aprender a priorizar entre nuestras actividades y círculos para no andar siempre sin rumbo. O si conviene rascar más allá de lo que la televisión, las noticias o los anuncios nos cuentan. Empujoncitos de conciencia para respirar algo de libertad.
No siempre es fácil. Es mucha la presión de no vivir aislado en las montañas o en el bosque. Y el estar rodeado de estímulos y personas que tiran de ti hacia el redil hace a veces muy dura la tarea. Sobre todo si estás en la adolescencia. Por eso hay que agudizar el ingenio: para que no lo vean como una imposición y puedan sacar sus conclusiones, por frustrante que a veces pueda resultar.
Y en ésas estamos, por ejemplo con la tecnología. Tuvimos nuestro fuerte debate en casa sobre hasta qué punto abrir la puerta a las PS2, Wiis y consolas de turno. Incluso algunos familiares no vieron bien nuestra negativa. Pero decidimos que con el contacto con dispositivos así en casas de amigos y familiares era más que suficiente. Sin embargo la irrupción del móvil fue más difícil de controlar. La vida social del adolescente hoy gira en torno a él. Y gran parte de la actividad educativa también. Darle la espalda hubiera sido, de facto, hacerles vivir en la Edad Media. Pero una irrupción así supuso los previsibles daños colaterales: embobamiento ante la pantalla, horas muertas viendo tonterías, y la conciencia "a la porra". Por eso consensuamos algún mecanismo para crear conciencia incluso ahí. Al principio tratamos de hablarlo, pero de poco sirvió. La percepción de nuestros hijos respecto al uso del móvil distaba mucho del abuso. Luego empezamos a restringir las horas, pero pronto llegaron las quejas y los "tiras y aflojas". Lo siguiente fue consensuar la instalación de una App en el móvil que evidenciara el uso real. No les gustó, pero aceptaron "a regañadientes". Se quedaron boquiabiertos: durante semanas, usaban a diario el móvil hasta cuatro veces más de lo que hubieran imaginado. El desglose por minutos y aplicaciones no daba lugar a dudas. ¡Menudo baño de conciencia! Sin duda, detrás de eso podrían venir las explicaciones más o menos cercanas a las excusas. Pero el dato estaba ahí. Y al margen del uso que hagan el resto de amigos, tomando conciencia de ese uso, tienes más capacidad de decisión. Y con ello puedes gestionar mejor las horas de tu tiempo y con ello tu libertad, en este caso a nivel tecnológico. Lo demás supone dejarte llevar por la inercia o por la corriente. Hacer dejación de tu conciencia. Ser esclavo de lo que hace todo el mundo.
Ahora lo estamos probando con papelitos que, para cada niño, introducimos en un gran bote, como forma de visibilizar las rupturas con esa conciencia de lo que hacemos: al discutir con los hermanos, al responder mal a papá o mamá, al no hacer las tareas domésticas que te corresponden....Y mientras los papelitos van inundando tu bote, te vas dando cuenta de las consecuencias de una conciencia no-domada, y las repercusiones de lo que haces o dejas de hacer por ello.
¿Tan sencillo? Ni mucho menos. Casi una pequeña batalla diaria en esos "buches" de conciencia. Pero es lo que toca en el mundo que nos toca vivir. Lo contrario es adormecer la conciencia. Es actuar como la masa. Sin duda menos cansado. Pero sin opción a saborear la miel de la libertad.