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domingo, 15 de noviembre de 2015

Lotería

Sin duda este es otro tema en el que somos "raros" en casa. O al menos muy minoritarios. Y especialmente en esta época en que se forman "corrillos" en los trabajos y en las cafeterías para repartirse los décimos de lotería con vistas al Gordo de Navidad. Hubo un tiempo en que compré alguna participación o puntualmente alguna quiniela. Pero éste es un asunto en el que desde hace años hemos querido poner también un poco de consciencia.
La lotería, como otras tantas cuestiones, es una auténtica historia mental, que nos hemos creado de forma colectiva y mayoritaria. No en vano, es una de las grandes "joyas de la corona" de Hacienda para recaudar fondos. Sin embargo, si lo pensamos detenidamente, no deja de ser una zanahoria que apela a nuestros instintos más primarios: el "forrarse" rápido y sin esfuerzo. Y no sólo eso: se convierte en la varita mágica que convierte vidas desdichadas en el paraíso. El dinero, de nuevo, como centro de nuestra existencia. Y toda la sociedad, de forma masiva, dedicando sus energías, sus anhelos, y sus esperanzas en convertirse en "los elegidos" por la diosa fortuna.
Creamos lo que creemos. Y si nos apegamos a que la felicidad es eso, el "batacazo" cuando no se hace realidad es monumental. A fin de cuentas hemos puesto nuestras esperanzas, hemos pagado el "precio", y el destino nos da la espalda. El sinsentido. Y más aún cuando muchos participan porque lo hacen los demás, y para no quedarse fuera de juego: "si toca en mi oficina y no compro, sería el "hazmereir" de todos".
Que el Estado fomente esos instintos tan básicos del "forrarse" o de "el dinero es la felicidad", demuestra los principios que nos rigen. Y cuando se emplean argumentos publicitarios como los del anuncio del año pasado, todavía más. Con un marketing impecable, se nos vendía una historia lacrimógena de un desdichado que no había comprado su décimo donde siempre, y esta vez sí había tocado. Su amigo, el dueño del bar donde se vendió, en lugar de quedarse el décimo, se lo reserva, y le entrega en un sobre rojo: la felicidad plena. Parece una bella historia de solidaridad, pero en realidad pretende sólo que compremos más lotería (como así sucedió) y recaudar más para el Estado (como también sucedió). ¿Qué pasaría si, esa solidaridad, en vez de dedicarla en comprarnos décimos de lotería unos a otros (que nunca tocan), se dedicase a ayudarnos de verdad los unos a los otros, aunque fuera con ese mismo dinero? Seguro que todos sabemos de familias o casos que lo necesitan. Esa sí sería una bella historia de solidaridad y sin una intención mercantilista de fondo. Veremos qué depara el anuncio de este año...
Pero sin hay un apartado donde el tema de la lotería se convierte en inaceptable para mí, es cuando se utiliza para conseguir fondos para campañas solidarias. Es decir, las ONGs, asociaciones y entidades sin ánimo de lucro, para recaudar fondos y contribuir a la sociedad, se convierten en vendedores ambulantes de lotería, y venden décimos de lotería a 20€ para conseguir 2 ó 3€ para el fin solidario en cuestión. ¡Como si no hubiera otras vías para ello! Y lo más triste es lo que subyace a ese acto. Ya que no consigo que colabores con mi fin solidario, mercantilizo la cuestión, y te vendo la esperanza de que te "forres". A eso seguro que estás dispuesto/a. Así consigo fondos para el fin solidario, aunque sea utilizando medios que apelan a instintos poco solidarios"
Dicen que la vida es una tómbola. También que es una lotería. Yo creo más bien que es un río, con sus obstáculos y dificultades. Cada recodo con un aprendizaje o un recuerdo de la verdad. Pero lo importante es fluir y avanzar, sin atajos ni esperanzas trucadas.

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