Mostrando entradas con la etiqueta Eva. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Eva. Mostrar todas las entradas

domingo, 24 de mayo de 2020

¿Un mundo nuevo?

Eva nos comparte su arte con una reflexión para una de las asignatura del instituto, así como con dos fotos del pasado verano de su queridísimo Meditarráneo:

"Estos 50 días en casa, casi dos meses, la verdad es que se me han pasado rápido. Entre que han vivido en casa gente de otros países compartiendo con nosotros sus tradiciones, entre lo bien que nos llevamos todos y entre lo divertida que es mi familia (riéndonos, haciendo el tonto, jugando, y cocinando) no me he sentido nada “encerrada”. Con ellos me lo paso “en grande” y hemos vivido momentos inolvidables. Creo que, pasados unos años, recordaremos la cuarentena como una experiencia que unió más a las personas, que nos hizo recapacitar sobre lo que de verdad es importante en esta vida. 
Sin embargo, debo reconocer que también ha sido toda una experiencia salir a la calle por primera vez después de tantas semanas. Fui con mi padre al paseo marítimo en bici muy temprano, a casi diez metros de distancia, claro. Había un silencio atípico, sin jaleo, sin coches. Se respiraba un aire fresco, natural. Vimos el amanecer y cuando llegamos a la playa nos emocionamos al ver ese mar que añorábamos tanto. Parecía un espejo con el cielo anaranjado del amanecer. Sentimos ese frío y ese olor marino de mis días de niña, tomando “pescaíto” en familia al atardecer. Me reencontré con la naturaleza, con el exterior, con la amplitud de estar fuera de casa, y con los primeros rayos de sol en la cara.  Sentí con fuerza que habíamos estado lastimando a nuestro planeta. Y que, debido al confinamiento, ha recuperado algo de salud.
Aquella primera escapada fue muy especial. Pero ha ido pasando el tiempo, y la normalidad ha ido volviendo a las calles, aunque aún no sé muy bien si eso es o no un retroceso. Cada vez se escuchan menos los aplausos de las ocho, y más los coches y el bullicio de la gente. Esa gente que antes parecía no tener necesidad de salir y sin embargo ahora se agolpan para ello. Algunos, por desgracia, incumpliendo unas normas, quizás discutibles, pero pensadas para que el verano regrese como cada año.
Yo sólo espero que hayamos aprendido esta lección. Que redescubramos el maravilloso mundo en el que vivimos. Que cuando todo esto acabe, aprovechemos el tiempo con las personas que de verdad nos importan. Que disfrutemos los pequeños momentos de nuestras vidas, sin prisas, sin agobios…Que todo esto sea una nueva y gran oportunidad".


NOTA: Os compartimos el balance económico de algunos de los proyectos solidarios que impulsamos gracias a los granitos de arena de muchos de vosotr@s, así como las distintas vías que empleamos para ello (por si algun@ se anima a unirse ;) ) https://www.patreon.com/posts/balance-de-de-de-26647734

domingo, 3 de diciembre de 2017

Pintando atardeceres

Se despidió despacio. Muy despacio. Como siempre. Con movimientos tan imperceptibles que no sabíamos si se iba o si venía. Pero eso sí, con su mejores galas. También como siempre. Como en la mejor pasarela de moda del mundo. Amplias sedas con tonos malvas y ocres. Destellos amarillos por aquí y por allá. Líneas sinuosas. Garabatos perfectos. Brillos y sombras. Deslumbrante como siempre antes de oscurecernos con su ausencia.
"Papá: hoy te ha salido mejor que nunca". La voz de Eva, desde el asiento trasero me despertó. Y eso que iba conduciendo y dormir habría sido una locura. Pero el espectáculo era tan hermoso que parecía estar en un sueño. Siempre he dudado si la belleza es tal porque sí, o porque la ven así nuestros sentidos. Un atardecer. Una luna llena. Una composición de nubes. Una pieza al violín. Un desayuno en familia... Quizás por eso, desde que Eva tenía tres años, siempre que llegaba ese mágico momento le decía igual: "Hoy me he esmerado en los colores, y mira cómo te he pintado el cielo". Aún recuerdo su cara de asombro. Sus ojos perplejos. Su sonrisa de gratitud. "Gracias, papi", me decía... Hasta que le empezó a parecer una bobada.
Eva pintando un atardecer con su vitalidad
en Canillas del Aceituno. Noviembre de 2017
Llega un momento en que la magia parece una cursilería. Y cuando la adolescencia llama a la puerta toca hablar de las cosas "reales", y dejarse de ñoñerías. Hasta que te das cuenta con la edad que lo real es esa magia. Que son los ojos los que crean esos espectáculos. Y que la belleza habita en el corazón y no en lejanos paisajes, que sólo tocan a la puerta de nuestra sensibilidad para ser contemplados. 
¿Cuántos atardeceres únicos nos quedan por presenciar? ¿Cuántas lunas llenas reflejadas en el Mediterráneo? A veces vemos esas maravillas como algo cotidiano. Como algo que estuvo ayer y que estará mañana. Pero desde jóvenes, Mey y yo siempre que observamos una luna llena pensamos lo mismo: ¿Cuántas nos quedan por contemplar? Desde luego no cien mil. Desde luego no diez mil. Quizás con suerte quinientos o setecientos momentos únicos más como ese. Y siempre contemplar ese hechizo nos sitúa como nunca en el presente. Nos ayuda a darnos cuenta de que cada momento es único e irrepetible. Y que probablemente no se repita. Todo parece eterno... mientras dura. 
Esas palabras de Eva me dieron un vuelco al corazón. A veces el silencio es el mejor regalo para la belleza. Pero sus palabras iban a hacer más especial aún ese instante. No porque conectase con sus recuerdos de mis obras de arte vespertinas en tantos atardeceres de su infancia, sino porque conectaba con las razones profundas por las que yo le había repetido tantas veces esa pequeña tontería. "¿Te das cuenta, papá, que estamos aquí los tres alucinados contemplando esa preciosidad de atardecer, y que habrá un montón de coches de los que nos adelantan que ni se estén dando cuenta de esa "pasada"? ¿Cómo puede ser que no nos percatemos de algo tan bonito? ¿Cómo puede ser que vayamos siempre sin fijarnos en cosas que valen tanto la pena? Ahora entiendo por qué, de vez en cuando, te activas un gong aleatorio en el móvil, para caer en la cuenta de esto. El otro día lo pensé precisamente mientras hacía un dictado en clase. Escribía las palabras que nos decía la profesora sin ser consciente, casi como un robot. Y al cabo del rato me di cuenta que había casi acabado el dictado pensando en otras cosas, sin estar realmente allí, haciendo lo que estaba haciendo. Y nos pasa eso continuamente, papi. Vamos por la vida sin fijarnos en lo que vemos o hacemos..."
Menuda reflexión que acababa de hacernos la niña. Menudos doce añitos incipientes. Menuda sabiduría en un ser tan pequeñajo. Convertirnos en observadores de la vida. Vivir el presente y la eternidad en el ahora. Carpe diem. Seguiremos pintando atardeceres, vistos los resultados.

NOTA: Este post se publica, como todo lo que escribimos, de forma gratuita y en abierto tanto en nuestro Blog como en nuestro Patreon. Pero si te gusta lo que escribimos, te ayuda, te sientes en gratitud, y quieres también impulsar un mundo diferente para vivir con nosotros, puedes colaborar en nuestros proyectos solidarios colaborando con una cantidad simbólica (desde 1€/mes) en nuestro Patreon Solidario. Acabamos de iniciar una nueva etapa apoyando a los Ángeles Malagueños de la Noche, uno de los Comedores Sociales más importantes de España. Ya les hemos donado más de 250€ gracias a esta iniciativa con vosotros, nuestros queridos lectores.