Mostrando entradas con la etiqueta Crisis. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Crisis. Mostrar todas las entradas

domingo, 19 de octubre de 2014

El miedo: lo mismo para un roto que para un descosido

No hace mucho leí una frase que desde entonces no para de rondarme en la cabeza: "El miedo es el gran enemigo de la libertad". Hasta entonces no se me había ocurrido ligar esos dos conceptos: Miedo y Libertad. Pero desde entonces cada vez me siento más identificado con esa afirmación. 
Es cierto que cada vez que se quiere manejar a la masa o condicionar comportamientos, el recurso al miedo resulta muy útil:
-Que quieres que tu niño coma: cuidado que viene el coco. 
-De joven, "miedo al qué dirán" según lo que lleves puesto o lo que hagas.
-De adulto, trabaja, a ver si no vas a poder pagar la hipoteca y te vas a quedar en la calle.
-Que temes perder unas elecciones: haz que cunda el miedo a las apocalípticas consecuencias de que ganase tu contrincante.
-Que tú, Gobierno, quieres distraer a la opinión pública por algunas "meteduras de pata": señala a un enemigo exterior al que temer.
-Que tú, religión de turno, quieres uniformar y controlar comportamientos: anuncia el fuego eterno y la ausencia de reencarnación.
-Que tú, multinacional farmacéutica, necesitas vender más. Magnifica algún brote de la enfermedad a tratar y que cunda el pánico. Funcionó con la Gripe A. Funcionará con el ébola. El miedo causa amnesia colectiva.
Casi se está volviendo en una obsesión en mí, ya que en muchas de las conversaciones que escucho en mi día a día percibo que la energía que subyace es de miedo: al "qué dirán", a "no llegar a fin de mes", al futuro para nuestros hijos, a perder el trabajo, a la próxima reforma del gobierno, a la prima de riesgo o al hundimiento de la banca, a una pandemia, al inmigrante que nos invade, a pederastas que amenazan a nuestros hijos, a lo que puede pasar si saco a mi hijo del sistema educativo o si no lo vacuno...
Por suerte, cada vez suena más fuerte en mi cabeza ese "niiiiiiinoooo, niiiiiiiinoooo". Esa alerta anti-miedo, que me avisa de una posible amenaza sobre mi libertad.
Cuidado. Sirve lo mismo para un roto, que para un descosido. El miedo funciona. Pero la libertad interna también, incluso si nos encierran en una mazmorra.

lunes, 6 de octubre de 2014

De la mansedumbre a la indiferencia

Estamos convencidos que es momento de compartir, compartir y compartir. Por eso queremos poner a disposición de nuestros amigos, nuestro principal altavoz en ese compartir, que es este blog. Aquí este primer gran post de nuestra amiga Marga, comentarista habitual de otros posts nuestros:

"Si algo bueno ha tenido esta crisis, es que ha venido acompañada de un replanteamiento del modelo de vida y de sociedad que tenemos. Y cuando digo "crisis" no me refiero solo a la crisis económica: es todo un modelo social y estructural el que, no solo está "obsoleto" como dicen muchos, sino "viciado" desde el mismo momento en que se ideó. Para afirmar esto que digo, he tenido que recorrer un largo camino, muy duro porque he tenido que enfrentarme a realidades inimaginables y muy dolorosas. En el camino, he conocido a gente con diferentes inquietudes, que me han ido abriendo los ojos sobre diferentes realidades, me han pasado lecturas y vídeos con los que he seguido aprendiendo. Al final, tras descubrir que no hay más verdad que TODO ES MENTIRA, y por una cuestión de salud mental y física, decidimos apartarnos en la medida de lo posible de este sistema y acercarnos a lo esencial: la tierra. Viviendo en el campo, al ritmo que marca el sol y las estaciones, uno descubre que forma parte de un todo, que la vida es mucho más sencilla de cómo nos la habían pintado y se empieza a valorar todo aquello que hasta ahora no se había apreciado: el rayo de sol que calienta, el agua que uno bebe, la brisa que refresca o el aroma del tomillo con el rocío de la mañana. Esta simbiosis con la naturaleza me ha llevado a ser una persona más pacífica y sosegada, más sana y , sobre todo: ¡más feliz!

No obstante, si hoy estoy escribiendo estas líneas es porque no he podido cortar definitivamente con la sociedad, pues como lo habréis adivinado: ¡tengo internet! He reflexionado mucho acerca de cómo desconectar definitivamente de la sociedad o, como decía Quino en boca de Mafalda: "Paren el mundo, ¡qué me quiero bajar!", pero no he encontrado el modo. He pensado en las sociedades paralelas, como los Amish o en otros modelos a los que siempre se acaba denominando peyorativamente "sectas" y he llegado a la conclusión que si se les permite existir es porque la Sociedad con "s" mayúscula los tolera y si hay "tolerancia" es porque existe subordinación, pues no se puede hablar de "tolerancia" entre iguales. Es decir, que haga lo que haga, siempre estaré supeditada al Sistema. Luego, solo quedan dos opciones: o lo acepto o intento cambiarlo.

A lo largo del camino, he descubierto con alegría que la gran mayoría de las personas que conforman la sociedad no abriga maldad. En cambio y por desgracia, sí que vive con miedo, desinformada, programada para no pensar, de tal manera que vive aborregada. Entonces: ¿cómo intentar un cambio en estas condiciones? Creo que la única forma es abriendo los ojos, para volver a ser seres racionales y siguiendo un proceso similar al que narraba al inicio. Por ello, es nuestra obligación informar y hablar con nuestros semejantes sobre todo aquello que hoy ya sabemos, sea sobre alimentación, control mental, falacias sobre terrorismo, etc., pues de diez, quizás ocho pasen de largo al estar tan mermada su capacidad de pensar, pero tal vez en dos ciudadanos se despierte la curiosidad y, siguiendo ese proceso de investigación, acaben ellos también necesitando cambiar el paradigma.

Para alguien que vive en el campo, hablar de estos temas sería, a priori, tan absurdo como innecesario, pues reitero que soy mucho más feliz en mi mundo, sin tener que sufrir reviviendo las obscenidades del Sistema cada vez que las comento con un conciudadano. Leí anoche en un post titulado: "Bienaventurados los mansos", que cuando uno vive rodeado de naturaleza, resulta fácil dejarse hipnotizar por ésta, aunque corra el riesgo de volverse "manso" y deje por ello de luchar por doblegar las circunstancias. No puedo estar más de acuerdo: fácil, sí que es, pero: ¿debo permitir que esa mansedumbre me lleve a la indiferencia? Tal vez, el día que definitivamente me desconecte de la red, eso ocurra. Mientras tanto, tengo una responsabilidad con mis semejantes."

lunes, 24 de junio de 2013

El flautista de INEM-lin

Desde hace unas semanas estoy trabajando en una oficina de (des)Empleo. Me siento como un corresponsal de guerra, testigo de un cuento "macabro" en el que desempleados y funcionarios danzamos hipnotizados al son de una música que nos han puesto, y tras la cual andamos, sin hacernos las preguntas clave para salir de esta hipnosis colectiva: "¿POR QUÉ?" y "¿PARA QUÉ?".
Hace tiempo que me hablaron del concepto de "Mente-Colmena". Al principio me pareció algo exagerado, pero mi experiencia actual me hace constatar que es una gran realidad, y desgraciadamente (si no lo evitamos) en franco crecimiento. Según ese concepto, las personas servimos en la medida que contribuimos al bien colectivo superior, como si de hormigas o abejas se tratara. No pasa nada si es necesario sacrificar por el camino a los individuos que sea preciso (con deshaucios, esquema esclavizantes de desempleo o recortes sociales). Todo sea en pro del todopoderoso y teórico "Bien Común". Lo peor de ese esquema es que perdemos nuestra individualidad, nuestra esencia más sagrada, ese "yo" que nos hace únicos. Y nos vemos sometidos a las directrices que nos marca nuestro "flautista" de turno, creyendo que siguiendo su música estamos salvados y disfrutaremos de salud, dinero y amor...Sin embargo, si no somos capaces de tener un mínimo de criterio, y de capacidad crítica; si no somos capaces de salirnos del redil y actuar como "ovejas negras"; si no actuamos en base a nuestra individualidad, estaremos sometidos a la tiranía de nuestra "Abeja Reina".
Efectivamente, el anterior párrafo podría sonar apocalíptico y exagerado. Pero sólo pretendo gritar en alto lo que veo en mi "día a día", por si a alguien le apetece despertar de esa hipnosis, y dejar de seguir la música del flautista, o salir huyendo de su colmena.
Cuando entré en el Servicio de Empleo de mi Comunidad Autónoma, y participé en las jornadas iniciales de formación, aspiraba a una formación más o menos completa dirigida a mitigar tanto dolor colectivo por el desempleo y los recortes. En los últimos meses se han despedido a más de 800 personas en Empleo, y aunque no cabe buen servicio en Empleo si no se crean oportunidades desde las empresas y el emprendimiento, qué menos que dar asesoramiento y orientación, un poco de empatía y asertividad...Mi gozo en un pozo...Los 4 días se dedicaron exclusivamente a profundizar en la herramienta informática que mantiene perfectamente clasificados a nuestros desempleados. Una herramienta a la que los técnicos de toda Andalucía dedican el 100% de su tiempo. De inmediato hice la pregunta de rigor: ¿Para qué sirve realmente eso? ¿Por qué nos hemos convertido en verdaderos expertos de la clasificación de ratones-desempleados? La música del flautista ya se había apoderado de mis compañeros...Vale más un sueldo seguro, que plantearse cosas trascendentes. En los mejores tiempos nuestro servicio intermedió en el 9-10% de los contratos de trabajo que se firmaban; ahora en el 2% de lo poquísimo que se firma. Estamos, pues, todo el día rellenando formularios de clasificación de nuestros desempleados para meros efectos estadísticos. Uffff....¿Y no valdría dedicar un poco menos tiempo a esa labor, y un poco más a la orientación, al reformzamiento de las capacidades para la empleabilidad, a la motivación hacia la búsqueda activa de empleo o el emprendimiento? Como mis preguntas no parecían ser escuchadas por la música del flautista, las puse por escrito junto a una batería de propuestas, esperando que mis jefes actuaran como tales y se dedicaran a administrar, que no es otra cosa que gestionar los recursos escasos que podamos tener. Nada más lejos de mis intenciones: ya están totalmente abducidos por la "musiquilla diabólica", y se conforman, como en servicios centrales, con maravillosas estadísticas de tiempos de espera y de atención a los usuarios. Eso es lo que tiene la "mente-colmena": que crea magníficos sistemas de auto-justificación y de apaciguamiento de nuestra mente. De intermediar, lo que se dice intermediar, poco. De "políticas activas de empleo" (que es a lo que paradógicamente nos dedicanos), menos aún. Ahora sí: ¡tenemos organizado un sistema de citas, que es la envidia de las "ratitas" del lugar!. Todas en fila india, organizadas en turnos de 15 minutos, para evitar aglomeraciones y sobre todo conatos de rebeldía ante la situación. Todo muy civilizado.
Una pena que, los que tenemos trabajo a este lado del escritorio, nos sintamos tan "a gustito" cobrando por mirar a la pared (que es realmente para lo que sirve nuestro trabajo actual).
Pero aún es más penosa la situación en la parte de los demandantes de empleo. Miles de personas a las que atiende mi oficina, con verdaderos dramas familiares, y que se encuentran poseídos por esa "maligna música flautera". Vienen a la oficina en un ritual programado, repetido hasta la saciedad desde hace años, a renovar su tarjeta de demanda para que no caduque, cada 3 meses. Por supuesto, ya lo pueden hacer por Internet, por el móvil, todo muy civilizado....Pero de nuevo: ¿para qué?. No se trata sólo de que no hay ofertas de trabajo, y que la "abeja reina" ahora mismo no tiene nada para darles de comer. No se trata sólo de que sería mejor que dedicaran sus esfuerzos a crear su propio trabajo, a plantearse emigrar, o a reenfocar sus vida. No. Se trata de que cuando reviso los perfiles informatizados de estas personas que vienen "religiosamente" a sellar, los tienen  vacíos completamente. Es decir, que vienen a sellar, teóricamente para mantener una antigüedad, y creyendo que el flautista o la "abeja reina" les "sacará de esta", pero sin ni siquiera saber que sus fichas, tan inmaculadas, jamás podrán llamar la atención de una oferta de trabajo....¿Para qué?....¿Por qué?...Elemental querido Watson...
Afortunadamente, aún quedan ovejas negras. Personas que se han puesto "tapones" en los oídos para no escuchar al flautista. Gente que, al doblar la esquina, se sale de la cola de la colmena, y decide emprender, buscar su propio camino, a veces incluso emigrar o cambiar de vida...Buscar en su interior la respuesta a la grave situación que vivimos, y no esperar a que los "flautistas de turno" se la resuelvan...Esa gente merece toda mi atención y esfuerzo. Ellos son el sentido de mi trabajo actual. Con ellos me vuelco en tiempo y esfuerzo, aunque ya me hayan dado algún toque de atención por salirme de los tiempos establecidos en las estadísticas...Pero yo siempre llevo mis tapones de repuesto en el bolsillo: esos que me permiten escuchar a mi conciencia, antes que a jefes, políticos o "musiquillas de pacotilla".

domingo, 28 de abril de 2013

Sin palabras

Paseando por un pueblo granadino hace unos días, leímos esto en una farola. No se puede expresar mejor la desesperación de tantísimas familias, su búsqueda de una salida como sea, y el anhelo por un mundo mejor para los hijos...


sábado, 30 de junio de 2012

Aprendo de MI tragedia


Hace unos días hemos vivido una pequeña gran tragedia en casa: murió Tintín, un precioso hamster, que nos acompañaba desde hace bastantes meses. Podría decir que, como en muchos aspectos de nuestra grave situación actual, era una muerte anunciada. Tras la ilusión inicial por la nueva mascota, nuestros niños empezaron a olvidarse de su mantenimiento periódico alimentándolo y limpiando su jaula, como se habían comprometido, ya que mi mujer y yo no podíamos asumirlo. De poco valieron nuestra insistenci, regañinas y algún que otro aviso que el noble animal ya les dio. No quisieron (o pudieron) verlo. Un día se lo olvidaron a pleno sol.
El llanto, la tristeza, la sensación de culpabilidad y la tragedia (en la dimensión de un niño de 10 años) les dejó una enseñanza que probablemente nunca olvidarán. ¡Qué pena tener que llegar a pagar un precio tan alto! Pero la experiencia nos ha enseñado que a muchos, lo que nos digan otros, o los avisos que las circunstancias o la vida nos dan, de poco valen hasta que sufrimos nosotros el hachazo de nuestra tragedia personal.
Es impresionante hasta qué límite la crisis, el desempleo, los parados, los desahucios e incluso la pobreza o la necesidad, han entrado a formar parte de nuestras conversaciones diarias de café. Pero lo curioso es que no lo fueran desde hace muchos años, en que millones de personas, como nosotros, han estado pasando calamidad. No nos pasaba a nosotros, a nuestra familia, a nuestros amigos, a nuestros vecinos...La tragedia no nos tocaba. No había nada que aprender. No era preciso despertar.
Sin embargo, cuando ese aprendizaje no se produce por las buenas, con sabiduría, y sabiendo leer lo que la vida nos pide, parece que el Universo se encargarse de enseñarnos la vía, por el único camino que muchos saben: por el de la tragedia de lo cercano.
A pesar de ello, aún me sorprende observar que, estando la cosa como está, algunas personas sigan rehuyendo su responsabilidad. Lo veo como en el caso de mis hijos: hicieron dejación de ella. Y cuando uno deja su responsabilidad de lado, aparece inexorablemente el victimismo: "es que el otro día le dí yo de comer ya..."; "es que aún la jaula no está muy sucia..."; "es que ahora estoy muy cansado/a..."; "es que no no dije nunca que me encargaría del hamster...".
EN nuestros días, y aunque seamos adultos, si no asumimos nuestra responsabilidad, aparece sin dudarlo el victimismo: "la culpa es de Merkel o de la prima de riesgo..."; "es que los especuladores financieros..."; "es que el anterior Gobierno..."; "es que mi empresa o mi jefe..."; "es que a mí nunca me dijeron o me enseñaron...".
¡Qué pena de nosotros! El Universo se ha confabulado en nuestra contra, y nadie nos lo resuelve...¿Cuándo dejaremos de culpar a otros, de sentirno "victimitas", y empezar a coger nuestro "toro por los cuernos"? ¿Que eso exoigirá esfuerzos? ¡Pues claro, como el que les suponía, para su edad, a mis hijos responsabilizarse de su mascota...Quizás suponga saber vivir con menos, cambiar de estilo de vida, de trabajo, de prioridades...Pero no hay NADA, absolutamente NADA, que no dependa de nosotros. Las circunstancias externas pueden ser las peores, la tragedia puede cebarse con nuestro entorno, pero si asumimos nuestro rol y nuestra reponsabilidad (incluyendo la de sentirnos UNO con los demás), no hay nada que temer. Y ojalá que no necesitemos muchas tragedias para despertar a esa realidad.