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domingo, 10 de septiembre de 2017

Inconformismo contagioso

Puede parecer poco premio. Y quizás lo sea para quien actúe pensando en qué va a obtener a cambio.Sin embargo a mí me ha sabido a gloria. Esos mensajes, esas lágrimas de emoción en los niños, ese entusiasmo desbordado en los padres... Debe ser maravilloso que, estando todo perdido, de nuevo se les abran a tus hijos las puertas para desarrollar sus sueños. Y esa manifestación de sentimientos rebosantes es el mejor de los obsequios para quienes hemos estado en esa lucha. Ni en el mejor de los casos pensamos que lo lograríamos para tantos: ciento sesenta o ciento setenta familias beneficiadas hasta ahora es una barbaridad en tan poco tiempo. Muchas de ellas ni sabrán que en la sorprendente llamada de esta semana desde el centro de estudios de su hijo o hija, teníamos mucho que ver nosotros. Ni siquiera sentirán gratitud por el esfuerzo que hemos realizado todos estos meses por ellos. No importa. No buscábamos gratitud. A veces se actúa simplemente porque sí, porque eso que hacemos nos alinea con lo que es correcto o justo, aunque no haya premios, recompensas o contraprestaciones.
Se suponía que yo ya había colgado las botas o los hábitos; que me había cortado la coleta. Los últimos años de batalla, muchas veces en total soledad, habían sido muy duros. Habíamos logrado doblegar a Goliat, pero el desgaste personal había sido grande. Y la finalización de mi etapa de Presidente del AMPA era la excusa perfecta para pasar página. Pero hay cosas de las que uno difícilmente se puede jubilar. Y sólo hace falta toparse con un utópico practicante, para que todos los planes se vayan al traste. Bastó un extraño mensaje allá por marzo de una desconocida en facebook, para activar lo que no había acabado de desactivarse. "Nos encantaría que trabajásemos en conjunto..." "estaríamos encantados si deciden acompañarnos...". Aquella llamada anónima a la unidad de esfuerzos y a hacerse UNO en un frente común ante una injusticia, me llamó tanto la atención como que me hablara de "usted", quizás por respeto a lo ya logrado con la Junta. Y esa convicción, casi infantil, de enfrentarse a los gigantescos molinos de viento, que yo había sentido tantas veces, y que me hubiera encantado compartir con otros, acabó de convencerme.
Fue así como Tere dejó de ser una desconocida, y aunque aún no nos hemos topado personalmente, ya es casi de la familia. La noté tan luchadora, tan inconformista y con una ambición tan sana y tan ausente de interés personal, que no pude evitar involucrarme. Mi experiencia en guerrilla administrativa les podría venir de perlas. Como dice Mey: "a mí me va la marcha". Y como los viejos rockeros nunca mueren, nos pusimos manos a la obra para conseguir que se cortara la sangría de niños que desde 2013 estaban abandonando la música en Andalucia tras cuatro años de estudios, y tras haber aprobado su examen de acceso a grado profesional, por una pésima e injusta decisión de la Junta de Andalucía, y por su falta de planificación. Y fue así como he conocido en la distancia de las redes sociales a gente maravillosa que están luchando por el prójimo hasta la extenuación: Soluna, Claudia, Francisco, Ángel, Jesús... Empezamos por involucrar a las AMPAs de la provincia de Málaga. Luego preparamos un modelo de recurso de alzada, un formulario para agrupar a los afectados, un correo de contacto para gestionarlo todo, e iniciamos propuestas técnicas con la Asociación de Directores de Conservatorios. Y así llegó el momento en que en junio la Administración volvía a dejar fuera a más de 330 niños tan sólo en este curso. Eso sumó a nuestras filas a centros de toda Andalucía. Organizamos por whatsapp, facebook y twitter tanto a las AMPAs como a los padres afectados. Nos preparamos a conciencia y nos reunimos con las Delegaciones de Educación, y pedimos reunirnos con la nueva Consejera. Pero nos ningunearon por activa, por pasiva y por perifrástica. Y tocó sacar la artillería pesada, si queríamos lograr algo antes del inicio de las clases en septiembre. Movimos hilos con los parlamentarios en materia educativa de todos los grupos políticos. Eso "meneó" bastante la cosa. Pero el terremoto le llegó a la Junta cuando empezaron a lloverle noticias de prensa, radio y  televisión "no muy favorables" desde todos los flancos. No hay nada que duela más a un político que le toquen la imagen, y nosotros estábamos dándoles hasta en el carnet de identidad desde todas las provincias, tras una comparecencia parlamentaria bochornosa sobre nuestro asunto. Me vi en plenas vacaciones concediendo entrevistas por teléfono delante de vacas en plena montaña, y preparando posts y correos electrónicos desde el coche. Eso es lo bueno de estas batallas: que no necesitas siempre estar detrás de la pancarta. Y por fin nos concedieron audiencia en Sevilla en pleno mes de agosto. Planificamos a fondo esa reunión y milagrosamente nuestra convicción obró el milagro. Creímos que podría lograrse, y creamos esa realidad. La Junta de Andalucía se comprometía parcialmente para este año, y mostraba buena disposición a revisar el sistema para los cursos sucesivos. Y así es como esta semana, tras unos primeros días en vilo, los jefes provinciales de planificación llamaban uno a uno a los directores con vacantes en sus centros, y éstos han ido llamando a familias con niños aprobados sin plaza, que apenas se podían creer lo que ya daban por perdido.
Como uno lleva ya muchas cruzadas de este tipo a las espaldas, no puedo evitar observar con cierta mirada antropológica las reacciones de la gente en estas situaciones: la de los reticentes en un principio, que acaban volviéndose enfervorizados combatientes ante los primeros pasos; la de los pesimistas o incluso "pájaros de mal agüero", que acaban silenciándose con el avance favorable de las gestiones; la de quienes disfrutan con los logros ajenos, aunque aún no les haya llegado a los propios; y la de quienes cuestionan lo alcanzado por otros, porque aún no les ha llegado a los suyos. Éstos últimos son los que más me apenan. Sé bien que es condición humana. Sé bien que no todo el mundo está llamado a tener y a contagiar un inconformismo como el de Tere o el de Soluna. Sé bien que la solidaridad y el bien común son términos reservados para unos pocos privilegiados. Pero también he visto con mis propios ojos cómo grandes logros como el que acabamos de alcanzar se desmoronaban porque algunos de los posibles beneficiarios de los mismos, que curiosamente no habían hecho nada por lograrlos, se quejaban en perjuicio de los demás por impaciencia, envidia o recelo. Es habitual cuando una guerra de largo recorrido como ésta, consigue una victoria contundente demasiado pronto, y los que no se han beneficiado de ello, ponen sus intereses por encima de las victorias de sus compañeros de fatigas. Ojalá que éste no sea el caso. Hemos logrado muchísimo en muy poco tiempo, y con la legalidad en nuestra contra. Y tenemos a Goliat contra las cuerdas. Pero nuestra guerra es para lograr erradicar esta injusticia, y que en años sucesivos lo sucedido desde 2013 no vuelva a producirse. Y a ese tablero de ajedrez es al que toca pasar ahora, para lograr ganar la guerra que acabe con esta tropelía. Deseo con fuerza que el inconformismo, la solidaridad y el compromiso por el bien común que hemos saboreado las centenares de familias que estamos viviendo esta experiencia nos contagie hasta los tuétanos. Que así sea.

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3 comentarios:

María Angeles Ramón dijo...

Enhorabuena por lo conseguido
Gracias por seguir ahí
Si este año no nos toca, esperaremos al próximo 👍🏻

Lucas valera montilla dijo...

Gracias personas como vosotras y vosotros el mundo es un poquito mejor.

Maria Jose Ceballos Prieto dijo...

Mil veces gracias ,por contagiarnos de vuestro incorformismo y darnos esperanzas a todos nosotros y a nuestros niños para seguir en camino y luchar por algo muy justo , como es seguir formandose como musicos y sobre todo como personas.
Mil gracias.