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martes, 5 de junio de 2018

Son sólo animales

Precioso ejemplar de tortuga marina en El Morche, el 27/5/18
Hubo algo ancestral en ese encuentro. Era como si, de repente, nos hubiéramos trasladado a un lugar mitológico. O quizás a una época prehistórica. Casi al origen del mundo. Como si, inesperadamente, te cruzaras con Neptuno, con su tridente y todo, en cualquiera de tus trayectos cotidianos. Aquello no pegaba, y sin embargo resultaba fastuoso. Aquella inmensa tortuga marina, mecida por las olas de la orilla, no encajaba en el entorno de nuestra playa habitual, con los domingueros, las sombrillas y los chiringuitos. Podía, sin duda, haber formado parte de la corte del dios del mar. Por eso, quizás, éramos los demás los que no encajábamos allí, ante aquel magnífico ser.
Nos invadieron unos sentimientos muy intensos cuando nos acercamos a ella. No nos atrevimos a tocarla. Las personas que poco a poco se fueron aproximando tampoco. Ni siquiera hubo la tentación de hacerse un "selfie" o de organizar un "posado" con aquella tortuga moribunda de fondo. Hubiera sido casi una violación de aquel momento mágico con las frivolidades humanas que nos mantienen distraídos a diario.
Pintada en un muro de Granada.
No soy experto en tortugas marinas. Ni siquiera me atrevería a hacer un pronóstico sobre su edad. Pero aquel precioso ejemplar estaba diciendo adiós a su vida, si no lo había hecho ya. Y nosotros eramos testigos accidentales. Por un momento se apoderó de nosotros un intenso sentimiento de respeto, próximo a la pena y a la culpa. Casi como si estuviéramos pisando una zona sagrada de alguna reserva india. Pero estábamos en nuestra playa de siempre. Y eso nos desarmó por completo. Porque a fin de cuentas hacemos "nuestro" algo que no lo es. Algo que quizás debería ser una reserva de decenas o centenares de especies que tienen el mismo o más derecho que nosotros a habitar esos espacios , y a las que acabamos usurpando todo su entorno.
Avisé de inmediato al Aula del Mar, y ellos hicieron lo propio con el Centro de Recuperación de Especies Amenazadas (CREAS). Mientras, la gente empezó a agolparse, y llegaron efectivos de Protección Civil. Decidimos no esperar a curiosear en la operación de rescate. De nuevo hubiera sido otra banalidad de seres humanos. Y sentimos el absurdo de comportamientos así ante la majestuosidad de aquel bello animal.
Llovía sobre mojado con aquel inesperado encuentro. Justo el día anterior habíamos presenciado una plaga de miles de ejemplares de medusas invadiendo otra de "nuestras" playas en Torre del Mar. Probablemente porque los seres humanos nos hemos dedicado meticulosamente a esquilmar a depredadores naturales como, quizás, esa tortuga, rompiendo por completo equilibrios ecológicos de décadas. O igual que nos sucedió en estas mismas playas hace unas semanas cuando miles de ejemplares de mariquitas se debatían entre la vida y la muerte en un aparente suicidio colectivo, similar al de tantos millones de abejas que mueren ante nuestros ojos impasibles.
Mariquitas rescatadas de
envenenamiento en el Morche
Seguramente habrá quien piense que las tortugas deben morirse tarde o temprano. Igual que los depredadores de las medusas de las que luego nos quejamos. O igual que aquellas mariquitas en un aparente envenenamiento colectivo. Son, a fin de cuentas, bichos insignificantes, comparados con nuestras faraónicas urbanizaciones y campos de golf, con nuestros puertos deportivos, y con las cifras desorbitadas de turistas que ansiamos recibir. Son sólo animales. Pero aunque no nos consideramos unos ecologistas radicales, sí percibimos con fuerza que esto no se sostiene. Y menos a este ritmo. Nos faltan toneladas de consciencia sobre nuestro papel como humanos en este Planeta que habitamos. Y habrá que replantearse el rol que deberíamos jugar con el resto de especies e incluso con la propia Tierra que pisamos.
Helinah, llevando a "Mar" a la
Protectora de Animales de Málaga
Aquel encuentro en la playa nos hizo retroceder en el tiempo a hace justo un año. Por aquel entonces acabábamos de conocer a Ilse en su periplo de más de 1.000 kilómetros descalza, con su hija a cuestas, para concienciar sobre la infancia en África. Y justo cuando la íbamos a llevar a Málaga tras unos días en casa, nuestra amiga María José nos trajo a Mar, un precioso cachorro al que habían mutilado las orejas y abandonado cual despojo en la entrada de su casa. Nos movilizamos para encontrarle una familia que la adoptase, y tuvimos la ocasión de conocer a la Protectora de Animales de Málaga al  llevarla. Allí un ejército de voluntari@s se desviven por dar una oportunidad a tantos y tantos animales que sufren injustamente. Una suerte que haya gente tan comprometida. Una suerte para Mar que la adoptase una familia, en lugar de optar por la compra. Y una desgracia que aún sean insuficientes estos gestos para tanto mal que infligimos a tantas especies. Al menos los perros nos conmueven de vez en cuando.
"Tortu" en el patio de casa.
En casa nos encantan los animales. Pero decidimos hace tiempo que sólo tendríamos uno si somos capaces de darle la vida que se merece. Nada de dejarlo encerrado porque no podemos sacarlo a pasear. Nada de que se convierta en un capricho nuestro o en un objeto de consumo más. Nuestra vida ya es lo suficientemente "movidita" como para que tenga que sufrir un pobre animal por nuestra falta de tiempo. Por eso sólo convivimos con "Tortu", una tortuguita minúscula que le regalaron a los niños cuando Eva aún no había nacido y que "campa" a sus anchas por nuestro patio desde hace trece años.
Animales como nuestra "Tortu", la tortuga marina de la playa, aquellas medusas invasoras, las mariquitas, aquella perra de orejas mutiladas o quizás las vacas o los terneros de los filetes y la leche que nos zampamos a diario en un exceso inexplicable, quizás nos están pidiendo a gritos que dejemos de sentirnos el ombligo del Planeta. Y sobre todo, que dejemos de actuar como tales. Quizás nos piden que nos hagamos UNO con el resto de seres vivos. Aunque sólo sea porque quizás haya "algo" superior a nosotros, que pueda pensar: "sólo son humanos". Y a ver lo que hace luego con nosotros. Esperemos que sea más compasivo que nosotros con estos pobres animales.

NOTA: Iniciamos hace unas semanas el apoyo solidario al proyecto de Yide Bikoue, de nuestros amigos Herminio y Deniz en Camerún. Ya sabéis que este post se publica, como todo lo que escribimos, de forma gratuita y en abierto tanto en nuestro Blog como en nuestro Patreon. Pero si te gusta lo que escribimos, te ayuda, te sientes en gratitud, y quieres también impulsar un mundo diferente para vivir con nosotros, puedes colaborar en nuestros proyectos solidarios colaborando con una cantidad simbólica (desde 1€/mes) en nuestro Patreon Solidario.

miércoles, 11 de marzo de 2015

Miel amarga

Hemos estado de viaje en familia. Eso siempre suele ser un gran aliciente para aprender alejados de nuestras zonas habituales de confort. Valencia y la Sierra de Segura han sido los destinos. En este último lugar pasamos un fin de semana junto a nuestros amigos Marga y Jose, ambos pletóricos viviendo en pleno campo, y ya superada la decisión que les llevó allí. Su actual contacto con la tierra, con las plantas y con los animales es para nosotros un chorro de aire fresco en el camino de ser más conscientes del planeta que habitamos.
Ser una pareja joven en un entorno paradisíaco, casi abandonado, hace que los ancianos del lugar se vuelquen en cederles sus huertas y sus conocimientos sobre la tierra y los recursos naturales de la zona. Pero ese contacto les hace ver hasta qué punto el ser humano se cree el "ombligo" del mundo y esquilma los recursos de su entorno. Jose nos narró sus primeras experiencias como apicultor "novato" y nos dejó "boquiabiertos". A pesar de lo mucho que hacen las abejas por el sostenimiento de nuestros ecosistemas, nos contaba cómo muchos apicultores vacían casi totalmente de miel y cera las colmenas para sacar unos pocos euros más, dejando a miles de abejas en total debilidad para superar el invierno, y despreocupándose por la continuidad de las abejas reinas y todo el enjambre que les sigue. Ya que nos proveen de miel y cera, polinizan nuestros campos, y son generadoras de vida con ello, ¿no se merecerían otro trato? El resultado: colmenas muy debilitadas y miles de abejas muertas.
Desgraciadamente no fue el único ejemplo de falta de sintonía entre ser humano y resto de seres: nos hablaron de cazadores que matan ciervos para exhibirlos en el bar del pueblo durante cinco minutos, y luego tiran sus restos en el monte, sin aprovechamiento ni siquiera de esa carne.
Estas y otras muchas posturas son las que nos hacen darnos cuenta de que nos alejamos a pasos agigantados del SOMOS UNO que rige en la Naturaleza. Si tratamos así a los animales con los que convivimos en la Tierra, ¿no estaremos abocados a que nos suceda lo mismo como especie? Ya sabemos que recibimos del Universo en función de lo que damos al Universo. ¿Y luego nos extraña que los gobiernos sometan a sus súbditos a desahucios, pobreza extrema y corrupción en nombre de la macroeconomía? Pero ¿no hacemos lo mismo con nuestros hermanos los animales?
Antes, cuando se convivía con las vacas, las gallinas y algún conejo, y nuestra alimentación dependía en parte de ello, se les cuidaba como parte de nuestra vida. Eran UNO con nosotros. Ahora todo se mercantiliza y se lleva al terreno monetario. Y "ojos que no ven...". Por eso cuesta tan poco"atiborrarse" de carne de otros seres vivos: no hemos convivido ni cuidado de ellos, no los hemos tenido que sacrificar. Tan sólo cogemos una bandeja del frigorífico del supermercado, de forma muy aséptica, sin pensar lo que implica ese acto. Y sin plantearnos que ni siquiera esa carne forma parte de una dieta sana para nuestro cuerpo. Lo hace todo el mundo, lo machaca la televisión... Cómodo y sin mayores complicaciones a nivel de consciencia.
No hace mucho me hice consciente de lo que implica abrir el frigorífico y tomar un vaso de leche. Para que eso sea posible de forma masiva y para millones de personas, son millones de vacas que son violadas sistemáticamente para que generen leche para unos terneros que les son arrebatados nada más nacer. Generan leche cuando hay embarazo, como le pasa a la mujer. Los gemidos de pena son sobrecogedores. Tanto como leer decenas de estudios que afirman el sinsentido de la leche de vaca para el ser humano.
Todo es cuestión de "consciencia", de hacerse presente en lo que hacemos y vivimos. Y por desgracia, para el ser humano parece que no se trata de una colmena con miles de abejas: se trata de X euros. No se trata de terneros apartados masivamente de sus madres: se trata de euros por litro de leche o por kilo de carne. No se trata de familias que se van a la calle, o de personas que mueren por falta de asistencia sanitaria: se trata de una reducción del gasto público.
No queda otra que aumentar nuestras dosis de consciencia en lo que hacemos, en lo que pensamos, y en cómo vivimos. Es la única forma de hacernos UNO con lo que nos rodea. Ser responsables y conscientes es la única forma de lograr ser libres. Es la única forma de conseguir que la miel sea dulce y no amarga.