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domingo, 15 de marzo de 2020

Un mundo diferente

No. No creemos que éste sea "El Fin del Mundo" que algunos auguran. Pero probablemente sea el fin del mundo tal y como lo entendíamos hasta ahora. Quizás el COVID-19 sea insignificante en tamaño, pero prenda la mecha de un gigantesco cambio que muchos imaginábamos que llegaría. Es como si el tiempo se acelerara, y como si los cambios revolucionarios a los que nos resistíamos y las situaciones más insospechadas se estuvieran agolpando todas de repente. Sin duda, trae consigo la fuerza de las paradojas e incoherencias sobre las que se sustenta nuestro mundo actual. Puede que, sin esperarlo, estemos a las puertas de ese "mundo diferente para vivir" al que aspirábamos cuando empezamos a escribir en este blog.
Pasado mañana, en casa, cumplimos tres semanas de medidas excepcionales. Y anoche se decretaba en España algo tan anómalo e histórico como el estado de alarma. Pero tras todos estos días, la familia ya está curtida en lo que significa tomar medidas extraordinarias en situaciones extraordinarias. Nuestro hogar se ha duplicado en el número de miembros y somos ocho desde entonces. Y hemos puesto en marcha una logística casi militar para compartir espacios, mantener la limpieza, y organizar las comidas y las lavadoras. Todo se ha multiplicado por más del doble de lo habitual. Y si no fuera por las dotes y la capacidad organizativa de Mey, todo se habría hecho muy cuesta arriba.
Hemos tratado de que, hasta que se subiera el nivel de emergencia, cada uno pudiera seguir desarrollando su vida razonablemente como hasta ahora. Los cuatro habituales de casa, con su vida habitual. Y nuestros cuatro huéspedes, incluidos Pablo, asistiendo a sus clases virtuales y estudiando y preparando simulacros de examen por las mañanas, y haciendo ejercicio para quemar energía en la terraza o con alguna salida en bicicleta por las tardes. A partir de hoy, esa agenda se tendrá que restringir.
Gimnasio en la terraza
La moral de la tropa sigue alta. No han faltado las bromas y el buen ambiente. Son unos chavales muy educados, colaboradores y con un gran espíritu comunitario, lo cual es normal, viniendo de donde vienen. Y tan sólo el viernes tuvimos que ponernos un poco serios para convencerles de cancelar la salida a una pizzería con la que querían despedir a Fabián por su regreso de ayer a Costa Rica. Su familia anda preocupada, y él aún está en primero de bachillerato y no tiene la cascada de exámenes finales o la incertidumbre de los otros tres respecto a la posible reapertura del colegio de Italia antes de mayo. Antes de ayer aún no se había impuesto el "toque de queda" del estado de alarma, pero las circunstancias aconsejaban ya quedarse mejor en casa. Aunque a ellos, siendo jóvenes, la sangre les hierve más, y se sienten invulnerables, o con una sensación de irrealidad ante todo esto, como si estuvieran viviendo momentáneamente dentro del episodio de alguna de sus series favoritas. Pero es tiempo de prudencia y de solidaridad, y de actuar como si fueras portador del virus, aunque no lo seas. Porque depende de cada uno de nosotros frenar la escalada de la enfermedad y evitar el colapso del sistema sanitario.
Cuando ayer por la mañana recorríamos el trayecto hasta el aeropuerto para llevar a Fabián, la ciudad y las carreteras parecían territorio fantasma. Los tres que se quedan quisieron honrar al que se va, y le acompañaron a pesar del "madrugón". Las pantallas de la DGT proyectaban mensajes apocalípticos animando a no viajar por el coronavirus. Los parques infantiles se encontraban ya todos precintados para evitar las concentraciones de familias entorno a ellos. Y tan sólo algún que otro corredor apuraba las últimas oportunidades de hacer ejercicio mañanero, antes de que las medidas de confinamiento se pusieran más drásticas. Aún estamos en los comienzos. Y esto, aunque fuera inimaginable hace unas semanas, aún no ha hecho más que empezar. Por aquí, Eva, Samuel y Mey tendrán clases on-line en las próximas semanas. Y en mi caso, parece que empezamos a organizarnos para poner en marcha una nueva forma de trabajar a distancia en la Administración.
Desde hace mucho, nuestro planeta pedía a gritos un respiro. Y ni las cifras de cambio climático, ni los desastres naturales, ni los crecientes movimientos ecologistas habían logrado reducir los niveles de contaminación, como lo está haciendo el aparente colapso económico que el coronavirus está produciendo en sólo unas pocas semanas. Como dice Francesca Morelli, nuestro indiscutible sistema productivo basado en el dogma de "crecer, crecer y crecer" se va a ver confrontado en sus propios cimientos. Años de trifulcas por banderas, siglas, colores y nacionalismos de distinta índole parecen difuminarse por momentos, y esas diferencias, por fin, desaparecen de los telediarios. Quienes hasta hace poco reforzaban fronteras y se sentían en la superioridad moral de excluir de sus tierras al "otro", sienten en sus carnes la exclusión, la sospecha y el rechazo por el miedo a que sean portadores del virus. Aquellos que hacen del enfrentamiento y de lo "mío" la base de sus vidas, se empiezan a dar cuenta de que sin el "nosotros" y sin la coordinación y el trabajo colaborativo, aunque sea a distancia, la cosa se pone cruda en los momentos más decisivos. Cuando pensábamos que la vida iba de "hacer, hacer y hacer", de repente todo se para y debemos redescubrir el sentido de la vida en el Ser, que quizás nos obligue a volver a nacer (no-hacer), y a basar nuestra felicidad no en el "bienestar" sino en el "bienser". De repente, nuestras sofisticadas vidas, deben volver a la simpleza del núcleo familiar, y replantearse frente a la mesa-camilla, a la tarde de sofá, o al juego de las "casitas". Y cuando dábamos la espalda a quienes nos rodean frente a la pantalla de un móvil, de repente empezamos a echar de menos el abrazo, el beso, y el contacto humano proscritos en estos días.
A muchas personas les asusta la incertidumbre, pisar terreno desconocido, y replantearse unas reglas del juego que pensaban inamovibles. Pero lo cierto es que se ha detenido todo, por decreto, y de un día para otro. ¡Por fin!, dirán algunos. Y en una situación tan impensable e inédita, no queda otra que reinventarse, centrarse en la parte positiva de todo esto, y sacudirse el miedo de encima. No hay otra opción. Bien sea saliendo al balcón a cantar, tocar tu instrumento o aplaudir, como muchos ya están haciendo. Bien sea meditando o bailando. O bien sea organizándonos en la distancia, ahora que no tenemos nada más importante que hacer. Es momento de sacar lo mejor de nosotros mismos. De practicar como nunca la solidaridad. De pensar en los demás y hacernos UNO con ellos. El mundo desde hoy ya no es el que era. Reinventémoslo como siempre quisimos.


NOTA: Os compartimos el balance económico de algunos de los proyectos solidarios que impulsamos gracias a los granitos de arena de muchos de vosotr@s, así como las distintas vías que empleamos para ello (por si algun@ se anima a unirse ;) )

sábado, 17 de octubre de 2015

Gestos por la utopía

Ayer, paseando por la calle, un chico joven, desde un segundo piso, vació una botella de un litro sobre la acera y luego tiró el envase a la calle desde unos 8 metros. Poco después tuve conocimiento de un movimiento a nivel mundial, que ha movilizado a miles de personas simultáneamente para, durante un minuto, mirar a los ojos a un desconocido, y experimentar la sensación de conexión y cercanía con cualquier ser humano (el "Eye Contact Movement"). Son gestos muy simples, pero que evidencian un alineamiento de quien interviene en ellos con una forma de relacionarse con los demás y con lo que nos rodea.
Ante el enorme drama de los refugiados también caben gestos. El Papa hizo uno, mostrando su consternación, y animando a todas las parroquias a acogerlos. El Arzobispo de Valencia, Cardenal Cañizares, tuvo también la ocasión de tener un gesto hacia ese drama. Representando a quien representa, podría haber tenido un gesto en conexión con las Bienaventuranzas de Jesús, o ese "fui forastero y me acogísteis". O podría haber recordado la famosa frase del "todo lo que hagáis a uno de mis pequeños, me lo hacéis a mí". Sin embargo escogió otro gesto en forma de preguntas en voz alta: "¿Esta invasión de refugiados y emigrantes es todo trigo limpio? ¿Dónde quedará Europa dentro de unos años? ¿Vienen simplemente porque son perseguidos?". La tormenta que ha desatado evidencia que el simple gesto que guardan tres simples preguntas en voz alta, implica una energía descomunal, y una alineación con una forma de vivir en este mundo. Sin pronunciarme sobre su Eminencia, lo que es indudable es que su gesto va más encaminado a crear duda, desazón, cizaña y resquemor, que a la acogida, al abrazo, al encuentro y a la solidaridad de tantos miles de personas que se han sentido UNO con esos refugiados. Su gesto implica fronteras; implica que unos tienen más derechos que otros; que unos invaden a otros; y que unos tienen más catadura moral que otros, y por lo tanto pueden permitirse juzgar a los demás como trigo limpio o trigo sucio. Sin duda ha sido un gesto feo y que descalifica a quien lo realiza, y a quien representa. Estoy seguro que, por convencimiento del error o forzado por la avalancha generada, pedirá disculpas e incluso se sentirá víctima de un linchamiento mediático. Pero de ahí la importancia de actuar con consciencia con nuestros gestos, porque tienen mucho más valor del que creemos. Estoy convencido que gestos así provocan gestos de rechazo en miles de personas para los que una Iglesia representada de esa forma deja de tener sentido. Miles o millones de personas cuyos gestos están en las antípodas, trabajando por los demás, por la bondad y el entendimiento, sin hacer preguntas, sin solidaridades condicionadas, sin grandes golpes en el pecho, sin boato vacío, y sin medias tintas. Gestos así son los que, hace ya tiempo, me hicieron ver el sinsentido de necesitar intermediarios (y menos de este calibre) para acercarme a Dios. Y en ese proceso me dí cuenta que sin intermediarios, Dios soy yo, y yo soy Dios. Y eso sucede cuando me hago UNO con el otro, y cuando me olvido de mi "yo", de mi "ego", de mis prejuicios, y de mi pensamientos y doctrinas totalizantes.
Ese simple gesto con sus tres simples preguntas en voz alta han creado energía y predisposición en una dirección u otra de millones de personas estos días. De ahí la importancia de nuestra encrucijada diaria y personal a través de nuestros gestos. ¿Nos acercan al otro o nos alejan de él? ¿Nos conectan con nuestro ser esencial o nos convierten en autómatas? ¿Nos llevan al desprendimiento, a la libertad y a la alegría, o nos abocan a la acumulación, a la esclavitud y a la tensión permanente?
El mundo se encuentra ante una encrucijada decisiva. Pero no tanto entre ricos y pobres, entre explotadores y explotados, o entre el Sur y el Norte (¡que también!). Sino probablemente ante el mayor de los cruces de caminos: aquél que enfrenta las dos caras de nuestra moneda como seres únicos e irrepetibles; esa que nos confronta con nosotros mismos. Y deberemos decidir si queremos optar por un mundo nuevo o por un mundo en decadencia; por el "yo" o por el "nosotros"; por el "ser" o por el "estar"; por la confrontación o por la aceptación inconformista; por el miedo o por la libertad... Y en ese cruce no valen etiquetas ni resultados. No valen ni notas ni medallas. Ni siquiera vale el "qué dirán" o "cuánto sacaremos de esto". Estamos solos ante nosotros mismos, ante nuestra propia conciencia. 
No se trata de grandes heroicidades, ni de lograr cambiar el mundo con giros radicales. Se trata sólo de conectarnos con la utopía de un mundo más fraterno y humano. Nuestros hijos se alimentan diariamente de esos gestos. Por eso es crucial alinear los gestos hacia la utopía, hacia un mundo mejor. De ahí que sea necesario poner toda la consciencia en nuestros gestos cotidianos: con pequeños soplos de ternura; posicionándonos contra pequeñas injusticias que perjudican la educación de nuestros hijos; priorizando otras cosas en el trabajo;  viviendo con menos sin ser menos; dando sin esperar nada a cambio; creando nuestra propia suerte; acogiendo al otro, al diferente....Nuestro día a día es un pozo sin fondo de gestos, que nos alinean con la utopía o con lo viejo. Y nuestros hijos están muy pendientes. 


PD: Si hoy te apetece hacer un gesto, te proponemos uno: súmate al grupo teaming de Proyecto O Couso, todo un laboratorio de vida hacia la utopía, lleno de bellos gestos hacia el encuentro. Algunos nos dicen que qué se va a conseguir aportando sólo un  euro al mes (menos del precio de un café al mes). Pero lo importante no es el resultado: es el gesto. Y lo bello de los gestos es que haya muchos similares. Entonces los gestos se convierten en cascadas imparables que hacen que las utopías se conviertan en realidades.

martes, 4 de agosto de 2015

Papá bloguero, mamá bloguera

A todos nos gustan los halagos, pero no a cualquier precio. Hace varios meses a un conocido ranking de blogs le gustó el nuestro y nos ofreció incluirnos en su lista. No es el primero que lo hace, pero en este caso había una condición: debíamos confirmar que quien escribía los posts era un "papá" y no una "mamá". Nos sorprendió la petición, y la descartamos. Pero hace unos días volvieron a insistirnos, flexibilizando la petición: bastaría con etiquetar aquellos posts que escribiera "papá" y aquellos otros que escribiera "mamá". En twitter nos ha sucedido algo parecido: por el estilo, las cuestiones, o la forma en que escribimos, muchas "twitteras" nos guiñan e interactúan con nosotros como si fuéramos "mamás", y se ofenden cuando desmentimos ese extremo. La reacción en esos casos suele ser del tipo "No es de las nuestras".
Esto, que en principio podría ser una simple anécdota, en realidad esconde una realidad más amplia: como seres humanos mentales, nos encanta clasificarnos, etiquetarnos y ser parte de un grupo que nos dote de identidad. 
Tratamos de explicar la realidad colocando al otro y a nosotros mismos en "cajitas mentales": rojos y fachas, de izquierdas o derechas, pijos o macarras, trabajadores o parados, papás y mamás... Pero esas cajitas en la mayoría de las ocasiones se convierten en verdaderos calabozos de los que no nos permitimos movernos. Esas etiquetas pueden resultar útiles para localizar información o servicios de interés, pero cuando resultan excluyentes, saltan todas las alarmas.
No deja de ser una muestra más de la "Era de la Separación" en la que vivimos. ¿O es que acaso un "papá bloguero" no puede hablar del biberón o del cambio de pañales de sus hijos igual que una "mamá"? ¿Es que un hombre no puede hablar de sentimientos y abrir su corazón? Es más: ¿es que un hombre no tiene un lado femenino y una mujer un lado masculino? En casa, sin duda, quien mejor se lleva con el bricolaje, con la fontanería y con la electricidad es mi mujer. ¿Y eso me hace a mí un "afeminado" o a ella "varonil"? Manías clasificatorias y etiquetadoras de nuestra sociedad...
Pero yendo más allá: ¿de verdad necesitamos "ser de alguien"?¿Qué busca alguien en esos listados o rankings? Sin duda sentirse identificado con unos roles o con realidades similares a la propia. Pero cada vez creo que nuestra realidad es mucho más rica de lo que incluso nosotros mismos creemos. Y sólo si nos dejamos encarcelar en esas etiquetas o conceptos mentales, dejaremos de disfrutar de esa riqueza que atesoramos. Hay roles predominantes en nosotros, pero no dejemos que nos absorban. SOY más que un padre; SOY más que un funcionario, un parado o un emprendedor; SOY más que un voluntario de mi ONG o más que el tesorero de mi asociación; SOY  más que un español; SOY más que un votante de izquierdas, de derechas o de lo que sea... SOY más que la etiqueta que otros tratan de ponerme o incluso que la que yo mismo me pongo.
Estamos convencidos de que es momento del TODOS SOMOS UNO, de la "Era de la Unión". Este blog es nuestra apuesta en favor de ello. Aquí no hay nada "de papá" o nada "de mamá". Porque todo, absolutamente todo lo que compartimos, parte de nuestra experiencia común, y de nuestra vivencia familiar. Da igual quién lo transcriba en el teclado del ordenador. La inspiración, la idea y el alma siempre es compartida. Y así creemos que es también la realidad. "Lo mío" y "lo tuyo" se difuminan en favor de "lo nuestro". Y si el precio que debemos pagar por ello es que nos excluyan de esas listas, encantados de pagarlo por continuar siendo UNO con todos.

domingo, 22 de marzo de 2015

Aniversario

Una gran amiga de Madrid que nos conoció al poco de casarnos, pasó unos días con su marido en casa no hace mucho. El día de su regreso, hizo un comentario que difícilmente olvidaré: "La mayoría de la gente, cuando se hace mayor, se vuelve más conservadora. A vosotros, sin embargo, cada vez os veo más rebeldes e inmersos en nuevas aventuras y proyectos"
Hoy hacemos 18 años de casados. Unidos a los 9 de novios, es ya toda una vida. Una vida de aventuras y proyectos, que no cambiaría por nada. Llena de presente, de risas, de retos, de prisas...Llena de idas, venidas, de saltos y caídas. Una vida por la que hoy hemos dado gracias junto a nuestros hijos.
Esta mañana echábamos la mirada atrás, y recordábamos un 1997 con dos seres ilusionados, novatos y atrevidos, y deseosos de construir su "nidito". Pero jamás imaginé que, pasados estos años, sería tan diferente de aquel. He crecido tanto junto a mi compañera de viaje, que las alforjas sobran, los títulos académicos también, y casi hasta la cuenta corriente. Cuando alguien te ayuda a evolucionar así, una relación no es una cárcel, es el camino hacia ti mismo, hacia la verdadera libertad, y hacia el reencuentro con la esencia de la vida.
Hoy no me daba vergüenza reconocer en el desayuno ante nuestros hijos, que te quiero más que entonces. Porque es un amor aún más libre, más consciente, y menos condicionado por lo que nos rodea y por quienes nos rodean. Y entonces sólo cabe un enorme GRACIAS por este precioso regalo. Hoy, mucho más incluso que entonces, sé que "tú eres TÚ". Y con ello, siento que cada vez más, SOMOS UNO. Te quiero.

miércoles, 11 de marzo de 2015

Miel amarga

Hemos estado de viaje en familia. Eso siempre suele ser un gran aliciente para aprender alejados de nuestras zonas habituales de confort. Valencia y la Sierra de Segura han sido los destinos. En este último lugar pasamos un fin de semana junto a nuestros amigos Marga y Jose, ambos pletóricos viviendo en pleno campo, y ya superada la decisión que les llevó allí. Su actual contacto con la tierra, con las plantas y con los animales es para nosotros un chorro de aire fresco en el camino de ser más conscientes del planeta que habitamos.
Ser una pareja joven en un entorno paradisíaco, casi abandonado, hace que los ancianos del lugar se vuelquen en cederles sus huertas y sus conocimientos sobre la tierra y los recursos naturales de la zona. Pero ese contacto les hace ver hasta qué punto el ser humano se cree el "ombligo" del mundo y esquilma los recursos de su entorno. Jose nos narró sus primeras experiencias como apicultor "novato" y nos dejó "boquiabiertos". A pesar de lo mucho que hacen las abejas por el sostenimiento de nuestros ecosistemas, nos contaba cómo muchos apicultores vacían casi totalmente de miel y cera las colmenas para sacar unos pocos euros más, dejando a miles de abejas en total debilidad para superar el invierno, y despreocupándose por la continuidad de las abejas reinas y todo el enjambre que les sigue. Ya que nos proveen de miel y cera, polinizan nuestros campos, y son generadoras de vida con ello, ¿no se merecerían otro trato? El resultado: colmenas muy debilitadas y miles de abejas muertas.
Desgraciadamente no fue el único ejemplo de falta de sintonía entre ser humano y resto de seres: nos hablaron de cazadores que matan ciervos para exhibirlos en el bar del pueblo durante cinco minutos, y luego tiran sus restos en el monte, sin aprovechamiento ni siquiera de esa carne.
Estas y otras muchas posturas son las que nos hacen darnos cuenta de que nos alejamos a pasos agigantados del SOMOS UNO que rige en la Naturaleza. Si tratamos así a los animales con los que convivimos en la Tierra, ¿no estaremos abocados a que nos suceda lo mismo como especie? Ya sabemos que recibimos del Universo en función de lo que damos al Universo. ¿Y luego nos extraña que los gobiernos sometan a sus súbditos a desahucios, pobreza extrema y corrupción en nombre de la macroeconomía? Pero ¿no hacemos lo mismo con nuestros hermanos los animales?
Antes, cuando se convivía con las vacas, las gallinas y algún conejo, y nuestra alimentación dependía en parte de ello, se les cuidaba como parte de nuestra vida. Eran UNO con nosotros. Ahora todo se mercantiliza y se lleva al terreno monetario. Y "ojos que no ven...". Por eso cuesta tan poco"atiborrarse" de carne de otros seres vivos: no hemos convivido ni cuidado de ellos, no los hemos tenido que sacrificar. Tan sólo cogemos una bandeja del frigorífico del supermercado, de forma muy aséptica, sin pensar lo que implica ese acto. Y sin plantearnos que ni siquiera esa carne forma parte de una dieta sana para nuestro cuerpo. Lo hace todo el mundo, lo machaca la televisión... Cómodo y sin mayores complicaciones a nivel de consciencia.
No hace mucho me hice consciente de lo que implica abrir el frigorífico y tomar un vaso de leche. Para que eso sea posible de forma masiva y para millones de personas, son millones de vacas que son violadas sistemáticamente para que generen leche para unos terneros que les son arrebatados nada más nacer. Generan leche cuando hay embarazo, como le pasa a la mujer. Los gemidos de pena son sobrecogedores. Tanto como leer decenas de estudios que afirman el sinsentido de la leche de vaca para el ser humano.
Todo es cuestión de "consciencia", de hacerse presente en lo que hacemos y vivimos. Y por desgracia, para el ser humano parece que no se trata de una colmena con miles de abejas: se trata de X euros. No se trata de terneros apartados masivamente de sus madres: se trata de euros por litro de leche o por kilo de carne. No se trata de familias que se van a la calle, o de personas que mueren por falta de asistencia sanitaria: se trata de una reducción del gasto público.
No queda otra que aumentar nuestras dosis de consciencia en lo que hacemos, en lo que pensamos, y en cómo vivimos. Es la única forma de hacernos UNO con lo que nos rodea. Ser responsables y conscientes es la única forma de lograr ser libres. Es la única forma de conseguir que la miel sea dulce y no amarga.