Mostrando entradas con la etiqueta Emilio Carrillo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Emilio Carrillo. Mostrar todas las entradas

sábado, 15 de abril de 2023

El talismán

Creen que les traemos suerte. Dicen que desde que nos hicimos amigos, hace algo más de un año, les va mejor, y que las cosas les empiezan a fluir. Nos ven como una especie de talismán. Y nosotros reímos por dentro.

Benjamin Nelan - Pixabay
Y reímos, por un lado, porque es verdad que las cosas les van mejor a esta queridísima pareja de amigos. Y siempre agrada ver mejor a quien quieres. Pero también reímos porque normalmente casi todos somos ajenos al enorme poder que existe dentro de nosotros. Y cuando accedemos mínimamente a esa enorme y divina fuente de energía que todos atesoramos, por supuesto que las cosas cambian. Especialmente cuando dejamos de buscar fuera lo que siempre tuvimos dentro. Y cuando dejamos a un lado ese dichoso miedo que nos lastra. Si una amistad, unas conversaciones, o una "loca" forma de ver la vida ayudan a alguien a mirarse por dentro, y de eso florece vida e ilusión, no hay amuleto por ningún lado. Sólo está uno mismo sacando de sí mismo lo que siempre tuvo, pero quizás tenía algo olvidado o no se atrevía a sacar.

Dicen que son tiempos de cambios. De muchos cambios. ¿Y cuándo no fue así, acaso? La vida es puro cambio. Pura evolución. No se detiene. Y a veces va a un ritmo frenético. Fito lo dice claro: "La vida se nos va tan rápido, no hay tiempo de sentir el vértigo". Cambios y más cambios se amontonan en los telediarios. Y sin embargo, nos desesperamos esperando que cambien nuestras circunstancias, el gobierno, nuestro jefe, o aquel vecino insufrible...Todo parece cambiar ahí fuera, y sin embargo aquí dentro a veces nuestra vida parece detenida, a la espera de algo o de alguien. Quizás a la espera de un nuevo partido, de una nueva ideología o de una nueva creencia; anhelando una nueva técnica de mindfulness; aguardando un nuevo gurú o un nuevo gran líder carismático... Puede que quizás a la espera de una nueva pareja, de un nuevo libro o de un nuevo lugar que nos inspire más. Deseando que nos digan qué debemos hacer. Qué camino hemos de elegir. Que nos traigan la felicidad de una vez por todas. Que llegue el cambio, pero sin que yo tenga que moverme mucho, vamos. Quizás simplemente a la espera de ese talismán que nos saque de ésta, en definitiva.

Ewa kunicka Zumimak - Pixabay
En Peponi, nos pasamos horas contemplando las ovejas que pastan justo delante de casa. Cómo se arremolinan en un mismo palmo de terreno alrededor de una misma brizna de hierba; cómo se apelotonan unas con otras para ir y venir juntas a todos lados; cómo esperan a que nuestro vecino les eche las ramas cargadas de tiernas hojas. Es una vida aparentemente plácida, pero siempre esperando a lo que hagan los demás. Una vida con un destino cierto, y quizás trágico, también marcado por otros, como les ha pasado recientemente a los dos últimos corderillos que nacieron hace unas semanas y que reposan ya en la nevera del vecino. Por eso siempre nos hemos identificado más con el lobo que con la oveja. Pero no por la imagen depredadora o agresiva que se le atribuye al lobo, sino por su capacidad de buscarse la vida y el sustento. Y si se queda esperando a que le caiga del cielo, pues no le queda otra que aguantarse con las consecuencias. Por eso, en caso de elegir, lo tenemos claro: siempre optaremos por lo que nos permita trazar nuestro propio destino, más que esperar a que nos lo tracen otros.

A muchos también les puede suceder que se hayan cansado de esperar a que llegue ese cambio. Que estén hartos de delegar en otros ese giro del timón de sus vidas. Y puede que se hayan enrolado en la enésima revolución para cambiar el mundo, esperando a que sea la definitiva. Sin darse cuenta, quizás, de que se acaban enganchando a otra forma de talismán, y sin que el mundo cambie, como podemos observar tras todos estos siglos de Historia. Quizás porque, como dice Emilio Carrillo, el mundo es holográfico, y las revoluciones, hasta ahora, se mueven en lo exterior. Por eso el mundo no puede cambiarse desde fuera, debe cambiarse desde dentro, desde cada uno de nosotros, y no obsesionándonos ni en combatir el mundo antiguo ni en alcanzar un resultado u otro. 

Hace unos años, cuando publicamos un libro con nuestras vivencias familiares, nos invitaron a Mey y a mi a un gran número de actos y presentaciones en asociaciones y centros educativos y culturales. Durante semanas estuvimos compartiendo experiencias con un montón de gente "bonita". Pero llegó un momento en que nos empezaron a saltar las alarmas. Por un lado, empezamos a notar que esas presentaciones cada vez nos dejaban menos tiempo para nosotros, y nos pareció incoherente que el compartir vivencias acabase impidiendo que siguiéramos teniendo esas vivencias. Pero aún nos removió más el observar cómo muchas personas acudían a las charlas buscando su talismán en forma de una receta, una solución o un experto que les solucionase su problema existencial, ya fuera en la educación de los hijos, en la conciliación familiar o en las relaciones de pareja. Y ahí decidimos dejarlo. Nuestro objetivo no era vender esos libros solidarios, ni convertirnos en "influencers" ni referentes de nada. Sólo era compartir. Y sin embargo eran muchas las personas que buscaban su talismán, más que indagar y replantearse desde dentro cuestiones importantes para su vida.

Es una evidencia que tendemos a buscar remedios rápidos que nos solucionen la "papeleta", sin profundizar en las causas de lo que nos pasa. Esa "pastillita" que nos quite el dolor de cabeza, en vez de preguntarnos por qué nos duele la cabeza. La propia pandemia y sus vacunas "milagrosas" lo han evidenciado. Pero esa tendencia al remedio milagroso se impone incluso en el marketing, donde ya se anuncian "a bombo y platillo" vacunas contra la soledad. Sí, como lo oyes. 

Ri Butov - Pixabay
El oráculo de Delfos, situado en un gran recinto sagrado consagrado al dios Apolo, fue uno de los principales oráculos de la Antigua Grecia. A él acudía gente de todos los rincones, ansiosa por encontrar respuestas, por conocer su futuro. Y se llevaban un "chasco". Porque en la entrada del Templo de Apolo en el Monte Parnaso, les recibía la inscripción "Nosce te ipsum" que rezaba así:

“Te advierto, quien quiera que fueres. Oh, tú que deseas sondear los arcanos de la naturaleza, que si no hallas dentro de ti mismo aquello que buscas, tampoco podrás hallarlo fuera. Si ignoras las excelencias de tu propia casa, ¿cómo pretendes encontrar otras excelencias? En ti se halla oculto el tesoro de los tesoros. ¡Conócete a ti mismo y conocerás al universo y a los dioses!”. Parece que el "Nosce te ipsum" se nos ha olvidado un poco. Porque aquí seguimos "dale que te pego", preguntando al oráculo de turno o buscando fuera de nosotros ese talismán que nos dé suerte, que nos evite el sufrimiento, que aleje el "mal fario"... 

¿Es malo tener un talismán o un amuleto? No, en principio no. Salvo que suceda una de estas dos cosas. Que el apego a tu talismán haga que se aprovechen de ti, quienes "comercian" con amuletos y talismanes, tengan éstos la forma de gurús, experiencias religiosas, libros, redes sociales, productos de todo tipo, recetas milagrosas, vacunas, remedios de todo pelaje, o incluso amigos o parejas. O que te enganches tanto a tu amuleto, que pierdas tu autonomía, tu libertad o tu capacidad para conectar con la esencia que hay dentro de ti y con las respuestas para tu vida. Entonces el talismán, mejor tirarlo a la basura. Pero por desgracia, hay millones de talismanes "pululando" por nuestra civilización. Y cada vez más. Indaguemos si nos hemos aferrado a alguno, por favor.

Decía G.Bernard Shaw que la vida no va de encontrarse a uno mismo, sino de crearse a uno mismo. A fin de cuentas, nuestra vida no es más que una escuela donde aprendemos a recordar lo que nuestra alma ya sabe. Por eso, habrá que hacerle caso a Marcel Proust, que decía que "el verdadero viaje de descubrimiento consiste no en ver nuevos paisajes sino en tener nuevos ojos". Pues con ellos, "conócete a ti mismo"


-Grupo Telegram: https://t.me/familia3hijos

-Blog: http://familiade3hijos.blogspot.com/


-Odysee (por si censuran en Youtube): https://odysee.com/@familiade3hijos:9

sábado, 4 de abril de 2020

De la necesidad, virtud

¡Y eso que decían que era imposible! ¿Cuántas de las soluciones a los problemas que se ciernen sobre nuestro planeta se decía que eran absolutamente inviables e inalcanzables? ¿Y cuántas de ellas se han convertido en realidad cotidiana en nuestras vidas y en los titulares de los medios de comunicación en apenas semanas? A lo mejor es que no era tan imposible confrontar esos obstáculos, y lo único que faltaba era una verdadera voluntad, contundente y unánime, que sólo ha llegado con el "corona" de marras.
Estación de Shangai (Reuters)
Parece muy lejano, pero hace apenas tres meses, con motivo del Coop25, parecía toda una utopía del ecologismo reducir los vuelos transcontinentales y la contaminación de nuestras ciudades. De repente las ciudades se quedan sin coches, los niveles de contaminación se reducen un 85% en algunas urbes, y muchos aeropuertos cierran sus puertas por primera vez en su historia.
En el ámbito laboral también se están produciendo momentos históricos en muchísimas entidades públicas y privadas, haciéndose cotidianas circunstancias impensables hace días. ¿Conectarme con mi ordenador de la oficina en casa y en pijama? ¿Coordinarme con compañeros de otros departamentos o incluso de otras provincias? ¿Tirar del carro aunque no seas jefe? ¿Construir desde abajo, aunque no haya directrices desde arriba? ¿Trabajar sin papel? ¿Que se difuminen los eternos "reinos de taifas"? Muchos de los hitos profesionales de estos días han venido para quedarse. Al menos ésa es nuestra esperanza, aunque sea para respaldar la conciliación familiar. Hasta en circunstancias traumáticas de ERTEs y desempleo, surgirá el inevitable debate sobre la alienación en el trabajo y la verdadera conexión con nuestros dones y talentos, ahora que tantos trabajos que se consideraban imprescindibles han tenido que parar. Incluso, los más férreos combatientes contra medidas como la Renta Básica Universal para luchar contra la pobreza, de repente, se dan cuenta de que no era tan impensable su aplicación, y que incluso podría ser la tabla de salvación de la situación actual en todo el mundo, o quizás una vía a explorar en el futuro como sociedad. 
Paseo de la Castellana (Madrid)
La gratitud escasea hoy día. Por eso jamás pensé que habría un movimiento de millones de personas mostrando gratitud en balcones y ventanas cada tarde a las ocho. Tampoco pensé nunca que habría tanta gente desplegando la empatía suficiente para quedarse en casa y evitar así que el sistema sanitario se colapsara o que las personas más vulnerables de nuestra sociedad se vieran infectadas. Ni tampoco imaginé la corriente de solidaridad que ha surgido por todos los rincones para fabricar mascarillas o respiradores, o los cientos o miles de movimientos vecinales que se movilizan a diario para ayudarse en lo cotidiano
Los imposibles de hace tres semanas son hoy parte de nuestra cotidianeidad. Y ese terremoto te pilla como te pilla. Si estás equilibrado, y con unos cimientos más o menos estables, este período te viene hasta bien, y lo vives como un paréntesis de desconexión, descanso y reforzamiento de los lazos familiares. Se te hará hasta corto. Pero si no, las inseguridades aflorarán cada día, a cada instante, haciéndote tambalear en tus desequilibrios previos. La ventaja, quizás, es que te lo notarás y tendrás tiempo, por fin, para empezar a trabajártelo...
La verdad es que me dan igual las teorías sobre lo que está pasando. Allá "cada loco con su tema". No sé si el virus surge de una mutación en un murciélago o un pangolín. Si es un virus de laboratorio o un ensayo de armas biológicas. Si es un experimento social de dominación o para limitar la población de nuestro planeta. Si se trata de una gripe común sobre la que se ha generado una psicosis interesada. Si es un plan urdido para vender mascarillas y vacunas, cuando se descubran. Si todo lo que está pasando es por culpa del Gobierno o por culpa de una oposición que no arrima el hombro en un momento así. O si el fin del mundo realmente es en el 2021, y por pura dislexia se dijo erróneamente que iba a ser en el 2012. Reconozco que me cansan las teorías conspirativas y de todo pelaje que estoy escuchando estas semanas. Y me cansan, porque a fin de cuentas, esta historia realmente no va de una epidemia por coronavirus, sino de una gigantesca pandemia por un virus aún peor: el MIEDO. Y ese miedo se contagia tanto en quienes el otro día me miraban con pavor en el supermercado por ser el único que no llevaba mascarilla, como en quienes se obsesionan en confabulaciones y acaban enviando por whatsapp bulos absurdos e infantiles que respaldarían sus teorías. No hay nada más contagioso que el miedo, sea a un virus, o sea a una mano oculta.
Habilitando IFEMA como hospital
Esta crisis nos ha dado la oportunidad de vivir situaciones que pensábamos imposibles, y que se han demostrado realizables. Sólo ha hecho falta una fuerte voluntad colectiva para poner en marcha medidas inimaginables, pero que se ha visto que no eran imposibles. Quizás porque se ha visualizado que había un enemigo exterior contra el que todos debíamos estar en guerra: el coronavirus. Pero en la mayoría de los grandes problemas de nuestro planeta, el enemigo habita dentro de cada uno de nosotros, en nuestro egoísmo y en nuestra separación los unos de los otros. Y puede que no sea tan fácil luchar contra un enemigo que somos nosotros mismos, cuando los problemas o su solución dependen de nuestra forma de afrontar la vida.
Según la FAO, cada año, 5 millones de niños mueren de hambre, 162 millones padecen retraso del crecimiento, 99 millones tienen falta de peso, y 51 millones sufren problemas por malnutrición aguda. Y ése es sólo uno de los muchos y acuciantes problemas que ya teníamos antes del Covid-19. ¿Es un problema lo suficientemente importante como para dedicarle los recursos y los esfuerzos que hemos visto que se pueden dedicar ante un virus incierto? ¿Es momento, quizás, de plantearse hasta dónde estamos dispuestos a llegar como individuos y como sociedad para resolver lo que siempre pensamos que era imposible de resolver? ¿Quiénes queremos ser durante esta crisis sanitaria? ¿Y después?
Como dijo hace unos días nuestro querido Emilio Carrillo en su primera aparición pública tras la crisis del coronavirus (VER), hablando de su manifiesto (VER) y de su visión de lo que está sucediendo en estas semanas, tras esta crisis no nos vale con tener una "esperanza" mediocre que nos permita volver a lo que éramos antes de esta pandemia. Apostamos por una ESPERANZA con mayúsculas, que nos permita salir reforzados de ésta como seres humanos dispuestos a decir adiós a la vieja humanidad egoísta, y decididos a formar parte activa de la nueva HUMANIDAD, de ese MUNDO DIFERENTE PARA VIVIR por el que llevamos más de ocho años escribiendo. No encontraremos una oportunidad mejor para confrontar nuestros miedos y nuestros desequilibrios. Lo tenemos "a huevo". Nos están obligando por decreto a quedarnos en casa y a hacer un "parón" de semanas o incluso meses. A recapacitar sobre lo que éramos y lo que queremos ser cuando salgamos de ésta. Que lo que el virus ha unido, no lo deshaga el hombre. ¿Vamos a dejar pasar esta oportunidad de hacer de la necesidad, virtud?

NOTA: Os compartimos el balance económico de algunos de los proyectos solidarios que impulsamos gracias a los granitos de arena de muchos de vosotr@s, así como las distintas vías que empleamos para ello (por si algun@ se anima a unirse ;) )

domingo, 21 de octubre de 2018

Familia corriente explora territorios insólitos

"Nunca me imaginé encontraros aquí, con los hijos tan excepcionales que tenéis". Esa frase nos la decía ayer mismo una amiga con la que coincidíamos en un taller de adolescencia. Nos habíamos apuntado para profundizar en técnicas y actitudes para afrontar esta complicada etapa que vivimos con nuestros hijos. Y nos sorprendieron mucho esas palabras. Por un lado porque se vienen repitiendo muchos mensajes y encuentros de ese tipo, cargados de cariño y de alta estima hacia nosotros. Pero por otro, porque evidencian un error de base. Y no es que no consideremos a nuestros hijos excepcionales. ¡Qué padre o madre no los va a considerar así! Es que, por muy excepcionales que sean, pasan las vicisitudes, las dificultades y las zozobras por las que todos hemos pasado en esta etapa de la vida. Y cuantas más herramientas se tengan, mejor.
Andorra, verano 2018
También en las últimas semanas, se han repetido situaciones que no dejan de abrumarme. A raíz de mi participación en el impulso de sesiones de mindfulness para compañeros de trabajo en mi oficina y en otro edificio cercano, se me han acercado bastantes personas pidiendo consejo sobre situaciones muy personales que les afectan en su salud interior. Para mí resulta maravilloso que personas, a veces totalmente desconocidas, vengan a consultarme y compartir conmigo situaciones íntimas que les preocupan y atormentan. Enfermedades, trabajo, amistad, relaciones de pareja...Yo, como no puede ser de otra manera, abrazo esa confianza, y comparto mi humilde perspectiva. Pero siempre me cuido de procurar dejar muy claro, que ese encuentro y esa opinión se encuadran dentro de una relación de iguales, y nunca desde una perspectiva de maestría o de gurú. Es muy fácil que, cuando uno anda muy desesperado, y alguien te ayuda a remover y encontrar algo de sentido en todo lo que te atormenta, lo erijas en tu referente, o en una especie de ejemplo a seguir. Y eso siempre es peligroso. En primer término porque se generan dependencias, que es lo que precisamente tratamos de evitar en esas sesiones, liberándonos de ataduras y capas que se van acumulando dentro de nosotros durante años. Y en segundo lugar porque es profundamente erróneo. Si en algo creo que ayudo a mis compañeros/as es compartiendo mis dificultades, mis incoherencias, mis tropiezos y mis errores. De hecho, me asombra que una persona como yo, que dedico mucho menos tiempo del que me gustaría a la meditación, pueda estar ayudando a gente a iniciarse en dicho proceso, con tan buenos resultados en algunos casos. Y creo que la clave está precisamente en eso: en que desde la igualdad y la normalidad, nos ayudamos a adentrarnos en un camino fascinante de encuentro con uno mismo y de impulso de un mundo diferente para vivir, partiendo de nosotros mismos. Y de este modo, no es que seamos maestros, ejemplos o referentes de nada; es que desde nuestra absoluta normalidad, incoherencia y dificultad, estamos compartiendo un camino fascinante, que sin duda, es el que da sentido a la vida. Y la buena noticia es que no hay condiciones para ese camino. Sucede igual que en nuestro querido Camino de Santiago: es el compartir de millones de personas normales en su peregrinar durante siglos por las mismas rutas, con preocupaciones y luchas similares, lo que hace de ése un lugar mágico. Se puede ser de lo más corriente y dar pequeños pasos que nos vayan adentrando por insólitos territorios inexplorados: a veces en las dificultades de la vida, a veces ante la enfermedad o ante el amor, a veces en la educación de los hijos, a veces en la relación con los otros seres de este planeta, a veces en nuestra actitud con el dinero, o a veces en las cuestiones más mundanas...
Eso no significa que no haya seres extraordinarios que actúen de verdaderos faros en ese caminar. Hace unos meses almorzábamos con Emilio, uno de ellos. Él sin duda sí que es alguien muy especial. Sus vídeos de youtube son vistos por millones de personas en todo el mundo. Y está permitiendo la apertura consciencial de muchísimas personas en multitud de países. Es todo un regalo poder abrazarle y comer con él. Probablemente muchos, en una circunstancia tan privilegiada, le habrían preguntado sobre los grandes misterios espirituales, a los que su gran sabiduría, sin duda, habría dado respuesta. Pero yo decidí preguntarle por algo mucho más terrenal, quizás porque ése es uno de mis territorios por explorar: "¿Alguna vez te enfadas con tus hijos?". Su negativa me dejó entre anodadado y conmovido. Sin duda juega en otra división, quizás por su práctica espiritual durante años y su enorme capacidad de introspección. Pero yo aún me siento a años luz de estar tan equilibrado como para no verme arrastrado por el torrente de energía desbordada, hormonas, retos y caos que a veces tenemos en familia. 
Esta semana, precisamente, hemos sentido una fortísima llamada hacia uno de esos caminos en los que adentrarse. Están siendo semanas complicadas de adolescencia en casa. Los desplantes, las palabras gruesas y las actitudes retadoras están a flor de piel en los niños. Evidentemente todos hemos pasado por ahí, aunque a veces se nos olvida. Y aunque uno se prepara para esos momentos, aún estoy alejado de conseguir un equilibrio como el de Pancho Ramos Stierle. La vida de este joven mexicano, afincado ahora en Oakland, se rige por un lema radical: "Si quieres ser revolucionario, sé amable". Y ese lema le ha llevado a situaciones tan chocantes como verse rodeado de antidisturbios en plena batalla campal y ser capaz de seguir en actitud meditativa, devolviendo una sonrisa o una palabra amable frente a las agresiones. Sin duda, Pancho también juega en otra división. Y sus palabras no han dejado de resonarnos esta semana, y por eso decidimos escribirlas en la pizarra de nuestro frigorífico, para que nos iluminasen. Y justo en esas andábamos, cuando a los pocos días llegó a nuestras manos el precioso vídeo #FromWomenToMen en el que un grupo de mujeres lanzaban un radical mensaje de reconciliación hacia los hombres. No pude dejar de pensar la de siglos que el género femenino lleva de sometimiento al género masculino, y cuán necesario resulta esa energía femenina en nuestro mundo de hoy. Pero me maravilló descubrir que la clave que planteaban está en la búsqueda del acercamiento, honrando y reconociendo los propios errores y al otro en su divinidad, y no en una eterna batalla basada en el rencor, en los agravios cometidos en el pasado, o en el tener o no razón. El territorio por explorar de esta semana quedaba tan nítido que no podía mirar para otro lado: la reconciliación.
Ayer, en el taller de adolescencia, los padres asistentes compartíamos vivencias comunes de nuestros hijos adolescentes: desplantes, malos modos, gritos, portazos, desaires... Y reconozco que sigo saltando de vez en cuando como un muelle ante esas situaciones,  aunque haya reducido últimamente la tensión y mis respuestas airadas  en tales situaciones. Muchos dirán que es preciso dar un golpe en la mesa de vez en cuando en el proceso de educar a los hijos cuando se cruzan ciertas líneas rojas. Pero a veces eso no hace más que añadir leña al fuego, y en esos momentos, la pérdida de control, lejos de calmar las situaciones, lo que hace es desencadenar tormentas peores. Y ya se entra en el juego del "y tú más", de la elevación de la voz, de las malas caras, de la baja vibración...Un ambiente poco propicio para el ejemplo, para el abrazo, para la apertura del corazón, y para crecer como personas. Suerte que tengo a Mey a mi lado, para tirarme de las orejas. Suerte que no puedo buscar excusas, exponiéndome en estas citas ante el teclado. Y suerte que la práctica meditativa ante mis compañeros de trabajo me obliga a no rendirme. Porque el camino es sólo uno, aunque a veces se tropiece en él.
Esta semana de nuevo sentí que tenía razones para enfadarme. Pero la vida no va de razones, sino de ser feliz. Y a veces las razones te llevan a un absurdo "ojo por ojo" que te acaba dejando ciego. Y sin darte cuentas piensas que siendo estricto, poniendo caras largas de desaprobación, y creando distancia, las actitudes desviadas se van a corregir. Y no. Las cosas no funcionan así. Por eso decidí pedir perdón a los niños. Y costó. ¡Claro que costó! Es más fácil escribir un post o un tuit, que comerte el orgullo y tus dichosas razones, y exponerte al reproche rebajándote ante el agravio de un hijo o una hija. Pero nunca es rebajarse. Nunca es un agravio. Nunca hay un reproche. Siempre la réplica es el abrazo y el beso. Siempre de inmediato también una disculpa como respuesta. Y siempre las aguas vuelven a la calma. Siempre.
La gente que nos lee y nos escucha nos eleva a los altares con demasiada frecuencia. Y es preciso ser honestos. Estamos a mucha distancia para ello. Pero lo que sí hacemos es caminar por territorios maravillosos, como el de la reconciliación de esta semana. Con la mejor de las intenciones. Aprendiendo día a día. "Metiendo la pata hasta el fondo". Y sirviendo de puente para mucha gente corriente, como nosotros, que también quiere sumarse a esos caminos insólitos e inefables que la vida nos pone por delante. Hace falta mucha reconciliación entre generaciones, entre padres e hijos, entre naciones, entre mujeres y hombres. Ése ha sido nuestro camino de esta semana, y uno de tantos que seguir recorriendo una y otra vez. De aquí al final de nuestros días.

NOTA: Ya sabéis que este post se publica, como todo lo que escribimos, de forma gratuita y en abierto tanto en nuestro Blog como en nuestro Patreon. Pero a través de nuestra escritura estamos canalizando solidaridad hacia proyectos que lo necesitan, y queremos dar cuenta de ello:
https://www.patreon.com/posts/damos-cuenta-de-21934667
Además, los beneficios de la nueva tanda de libros que nos ha llegado, irán íntegramente para material escolar de los 28 niños del orfanato de nuestro querido Herminio: https://bit.ly/2CbfnQM

lunes, 9 de mayo de 2016

La revolución de la tostada

(English version) (Version en Français)

No es noticia, pero hay millones de personas que buscan un mundo hermoso para vivir. También hay muchos que hacen de este mundo un lugar hermoso, y tampoco es noticia. Lo de este fin de semana ha sido de esto último, y debería ser portada en todos los periódicos y telediarios. No lo será. Pero es perfecto así.
Somos cada vez más los que pensamos que el dinero no puede ocupar el centro de la vida. Que no es verdad que la economía vaya de gestionar recursos escasos. Y que debemos colocar a las personas en el centro de la vida social, económica y política. Por eso este fin de semana, creemos que hemos dado un pequeño paso en la bella historia de la Economía del Don.
Hacer historia parece reservado a unos pocos. Desde luego no a las personas de a pie. Pero este fin de semana ha sido distinto. Sin duda estos tres días serán recordados para siempre por las más de 200 personas que convivimos en Alozaina. Pero probablemente sea el inicio de algo mucho más grande.
Era la tercera vez que Emilio Carrillo visitaba nuestra querida Casa de Acogida, y como las veces anteriores, decenas de personas venían a escucharle, buscando quizás un mundo diferente para vivir. Escucharle supone, sin duda, una llamada a una revolución interior, pero sin violencia, sin aspavientos, en silencio, y viviendo el presente sin huidas, y en pleno centro del huracán que nos toca vivir. Las centenares de miles de personas que siguen a Emilio por Youtube y en todas sus intervenciones son auténticos buscadores, que son conscientes de que en sus palabras hay un poso de Verdad, por encima de nuestras vidas de prisas, agobios, competitividad, deudas y obligaciones laborales. Y sin duda también hay un poso de Verdad en esta Casa de Acogida, donde se ofrecen segundas oportunidades, sin nada a cambio, a personas con enfermedades, adicciones o traumas que les llevan al borde mismo del abismo. Quizás ese contacto con el verdadero sentido de la Vida es lo que hace que Emilio haya hecho de Alozaina una excepción respecto a sus compromisos y salidas, y nos visite todos los meses de mayo. Unir la revolución interior de Emilio, con la revolución exterior de la Casa de Acogida Pepe Bravo es todo un privilegio. Por ello los momentos mágicos afloran. Pero este año se ha ido todavía más allá.
Hace justo un año, unos cuarenta voluntarios nos afanábamos en preparar comidas, limpiar mesas y suelos, y atender a los centenares de personas que acudían a escuchar a Emilio. Eso supone un enorme empujón para el sostenimiento de esta Casa de Acogida, sin apenas apoyos económicos de ningún tipo. Pero algo sucedió. Algo tan simple que normalmente habría pasado inadvertido, pero que se ha convertido en el germen de una pequeña revolución. Mi mujer y yo atendíamos las mesas de comida para los oyentes de Emilio Carrillo que acababan de escucharle. Salían extasiados y fortalecidos por su testimonio de verdad. Pero ante la lenta llegada de las tostadas desde cocina, afloraron los egos y el hambre, y se olvidó la fraternidad y el compartir que acababan de escuchar unos minutos antes. Mejor tostada en mano que ciento volando. Y si era un plato a rebosar, aunque los demás aún no hubieran probado nada, mejor que mejor. Daba igual que los demás no hubieran comido nada. El mensaje de apenas unos minutos quedaba aparcado. La escena nos impactó a mi mujer y a mí. Y se volvió a repetir con la salsa de las albóndigas, con una cama en una u otra habitación, o con la mesa más soleada del jardín. ¿Cómo podía ser eso? ¿Cómo podía ser que tan pronto se hubieran olvidado esos mensajes de fraternidad y de hacernos UNO?
El fin de semana había sido un éxito. Pero esa tostada se nos quedó clavada en la mente y en el corazón durante meses. Hasta que nos dimos cuenta que esa incoherencia entre la teoría y la práctica había sido en cierto modo por culpa nuestra. Con toda nuestra mejor intención habíamos dispuesto un fin de semana con comidas y alojamiento a un  módico precio. Y tratábamos de compaginar la revolución que Emilio nos proponía con los servicios de un hotel o un restaurante al uso, sin serlo realmente. Y al hacerlo, habíamos activado el "chip" mercantilista que todos llevamos dentro. Ése que al poner el dinero en el centro, hace que tratemos de maximizar nuestro beneficio. Nuestros huéspedes habían pagado el precio que les habíamos pedido, y como en cualquier otro establecimiento, se sentían legitimados a exigir y reclamar lo mejor por ese precio pagado. Habíamos activado esa parte de alienación que vivimos en nuestras frenéticas vidas habituales, y de la que tratamos de huir buscando referencias del verdadero sentido de esta vida. Algo había que hacer. ¿Pero qué?
Un día, de repente, nos vino la iluminación. Si queríamos una revolución interior, desde la Casa debíamos apostar por una revolución en lo exterior. Y un fin de semana con buscadores de otro mundo mejor podía ser la mejor plataforma para ello. Si queremos sentirnos UNO con el otro, no hay mejor forma que acogerle como si acogiéramos a unos amigos en casa: abriendo nuestras puertas de par en par, y acogiendo al máximo número posible de ellos. Si hacía falta poner colchonetas en el suelo para que nadie se quedara fuera, así lo haríamos. ¿Y si suprimíamos los precios radicalmente? ¿Y si eliminábamos los tickets de cada comida? ¿Y si evitábamos los interminables procesos de reserva con centenares de llamadas para acomodar a todos nuestros huéspedes? ¿Y si simplemente apelábamos al lema "Deja lo que puedas, coge lo que necesitas"? Con un esquema así, poníamos a la persona en el centro de todo, y seríamos coherentes con lo que movió a Pepe Bravo a destinar su antigua fábrica textil a una Casa de Acogida, en lugar de "forrarse" como tantos empresarios. Seríamos coherentes con las motivaciones de gente como Mariló, Nacha u otros, que habían dejado sus vidas atrás, para dedicarlas a los más desfavorecidos.
Pero eso tenía un gran riesgo: nuestras calculadores mentales. ¿Y si la mayoría de nuestros visitantes decidía no aportar nada o muy poco? ¿Y si no llegábamos ni siquiera para comprar los ingredientes de las comidas? La cuenta de la Casa de Acogida está siempre "tiritando" y una situación así podría suponer el suicidio del proyecto. Las caras de mis compañeros eran un poema cuando lo propusimos. Sé que muchos creían que era un riesgo enorme, si no una auténtica locura. Pero se tiraron al vacío, y decidimos afrontar el reto de la coherencia.
Durante meses preparamos todos los detalles: una carta exponiendo el giro de 180º en la filosofía del encuentro, un formulario de inscripción que favoreciera la expresión de la conciencia de cada uno, el proceso de atención por e-mail, los mensajes durante el encuentro, las rutas para conocer la casa... Y el resultado no es que haya sido favorable. Ha sido mágico, descomunal, excepcional... Para aquellos a los que les obsesionan los números, económicamente la apelación a la conciencia ha supuesto más de el triple de los ingresos de años anteriores, cuando actuábamos bajo el prisma mercantilista. Con esos números, la Casa podrá subsistir durante meses, e incluso dar segundas oportunidades vitales a nuevos huéspedes. Las tres cuartas partes de las aportaciones se hicieron previas al fin de semana, evidenciándose una confianza ciega en lo que estábamos proponiendo, y la otra cuarta parte en cajas dispuestas en la Casa este fin de semana, que garantizaban el anonimato de los donantes. Además, por si fuera poco, se vendieron multitud de libros y artículos de artesanía, y se triplicaron también las afiliaciones como padrinos o socios de la Casa, gracias a nuestra querida Toñi.
Ni en el mejor de los escenarios nos habríamos imaginado unos resultados así, en un enfoque basado en la Economía del Don. Y es que el Don, tiene que ver con el Dar con mayúsculas, ese Dar que nos sale del corazón. Pero tiene que ver también con los Dones y Talentos que todos atesoramos. Y este fin de semana, el derroche de dones fue inmenso: Emilio con su sabiduría y su capacidad de comunicación; nuestro querido Carlos con su talento logístico y su bello detalle de las camisetas, los 55 voluntarios con su solidaridad y sus capacidades para atender al prójimo, para cocinar, para limpiar mesas, o para acoger al desconocido; y las doscientas personas que nos visitaron, para hacerse UNO con la Casa.
Muchos preguntaran: ¿pero nadie se escaqueó de pagar? ¿Nadie comió gratis? ¿Nadie se mostró exigente como en ciertos momentos de otros años? Realmente ni lo sabemos, ni nos importa. Sólo sabemos que hubo personas que han podido venir a pesar de estar en paro y que otros años no lo habían podido hacer. Que ha habido personas que "cogieron lo que necesitaron" (su posible aportación a la Casa) y la destinaron a su billete de ida y vuelta a la Casa. Que han venido amigos desde Nicaragua, Paris o Londres sólo para compartir este fin de semana con nosotros. Que ninguna de las personas que finalmente tuvieron que cancelar su reserva reclamaron los importes abonados, y que todas ellas decidieron destinarlo como donación a la Casa. En definitiva: hemos comprobado que el corazón y la conciencia son mucho más poderosos que el dinero, el interés y nuestras calculadoras mentales. Y lo único que podemos hacer es daros infinitas GRACIAS por haber podido vivir una experiencia, quizás histórica, y animar a otros muchos proyectos a que se dejen guiar también por la magia del DON.

lunes, 18 de mayo de 2015

Agujetas en el alma

Este lunes nos duele todo el cuerpo. Ha sido un fin de semana muy intenso en la Casa de Acogida Pepe Bravo de Alozaina. Allí hemos colaborado como voluntarios para atender a casi 150 personas que han asistido a unas jornadas que ha impartido Emilio Carrillo en la Casa. Dar alojamiento y comida en eventos así permite que un proyecto solidario tan bello pueda sostenerse en el tiempo y seguir acogiendo a los excluidos por la sociedad.
Pero a lo largo del fin de semana no he parado de hacerme esta pregunta: ¿POR QUÉ? ¿Qué hace que 150 personas vengan a la Sierra de las Nieves desde los más alejados confines (alguna incluso de México) para escuchar durante 3 días a Emilio? ¿Qué hace que casi 40 voluntarios dejen familias, responsabilidades y descanso durante un fin de semana, para lavar platos, servir mesas, fregar suelos o cortar lechuga, y dormir en colchones en el suelo? ¿Qué hace que el cocinero haya
estado preparando durante días comida vegana para tanta gente por puro gusto, o que el segundo cocinero estuviese a destajo a pesar de su enfermedad? ¿Qué mueve a unos voluntarios a estar pendientes del mail o del teléfono durante meses para dar la mejor respuesta a quienes nos iban a visitar, o ultimando la nueva web? ¿Qué hace que, incluso no conociéndola, todos nos sintiéramos UNO recordando a Ana, que voló muy alto esta semana? ¿POR QUÉ?
Hace poco escuché una bella ecuación a Swami Puroit que decía:
Dios = Hombre - Ego
Es decir, que si a los seres humanos les quitamos el ego se convierten en dioses. Pero no en dioses cada uno atrincherados en su reino de taifas, sino que nos
hacemos UNO con el verdadero sentido de la vida. Y probablemente esa sea la respuesta a todos los "por qués" de este fin de semana. Había algo sagrado, algo divino entre aquellas 4 paredes. Había muchísima gente tratando de zafarse de su ego. A veces éste se resistía cuando asomaba el hambre y las tostadas tardaban en llegar; o cuando intentábamos organizar las cosas a nuestro gusto. Pero sólo hacía falta dejarse fluir por la energía reinante, por el buen "rollo" del lugar y del momento, y el ego se disolvía como mantequilla en la sartén. Y sin ego somos DIOS y somos UNO. ¡Esa era la respuesta!

Todos buscamos un sentido a la vida. Acumular dinero y posesiones no lo da. El fútbol, la televisión, el trabajo, la hipoteca o el consumismo tampoco. Por eso las palabras de Emilio Carrillo resuenan en nuestro interior, como también el ejemplo de solidaridad de Pepe Bravo, de Mariló, de Nacha... Son destellos de autenticidad que nos marcan el camino a seguir. Un camino que busca al otro, para hacerlo "uno" con nosotros. Habrá que estar atentos a esos destellos. Y habrá que hacer más ejercicio para evitar las agujetas, tanto en el cuerpo como en el alma.

Más fotos del fin de semana: AQUÍ