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domingo, 18 de junio de 2017

Ñoño

Es lo que tiene la escritura en familia. Debe representar estados de ánimo, sentimientos, vivencias o experiencias compartidas de forma coral. Y normalmente suele fluir más o menos esa expresión al unísono de nosotros cinco. Sólo ha habido un par de ocasiones en que no hemos llegado a publicar lo escrito, y ha sido por cuestiones del dolor que aún guardaban esas vivencias expresadas en palabras. Mejor no revivirlo.
Esta semana hemos tenido otro ejemplo, pero de diferente naturaleza. Me sentía tan conmovido tras escuchar a mi segundo hijo en su concierto de final de curso, que me dejé llevar. Era la misma sensación tras la audición de flauta de la "peque", o tras los conciertos de violín del mayor. Y escribí, escribí y escribí expresando lo que me transmitió. Quizás fue la emoción del momento. Quizás el sentir que coronábamos la cumbre de muchos esfuerzos compartidos en familia. Quizás simplemente el orgullo ante la obra maestra de un hijo, aunque lo fuera sólo para un padre o una madre. Pero tras mostrar mi borrador al clan, el dictamen familiar fue inapelable: lo que había escrito era "ñoño". Ñoño de solemnidad. No era censura. Podía publicarlo. Pero el calificativo era unánime. Abrumado ante tal fervor familiar, releí lo escrito. La verdad es que llevaban razón: era "ñoño" hasta decir "basta". Así que mejor esta semana hagamos que las palabras callen. Que hable mejor la música...



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sábado, 26 de noviembre de 2016

Populistas y mediopensionistas

Desde que estamos en el "mundo de la farándula" a raíz de nuestro libro, nos llaman de vez en cuando para  comentar la actualidad como tertulianos. Si no hay agobios, lo hacemos con gusto y con un punto de diversión. Hace unos días tocaba hablar de la victoria de Trump en las elecciones de EEUU, y abordé un tema peliagudo: el populismo. Pero no creo que sea tan compleja la cuestión. Realmente creo que todo es mucho más sencillo de lo que se pretende: "etiqueta y vencerás". ¿Que resulta que Trump te da miedo y Podemos te da miedo? Ponle la misma etiqueta de "populismo", y así los metes en el mismo saco: asunto resuelto. Con cuernos y rabo. Da igual que se parezcan "como un huevo a una castaña". Lo importante es que son malos, malísimos, y que hay que evitarlos como sea.
A juzgar por los numerosos comentarios en las redes sociales, mi reflexión televisiva sorprendió a muchos. Simplemente hablé de lo obvio: que los populismos no constituyen un contenido programático o político concreto; que hay populismos de todo color y pelaje, unos más defendibles y otros menos desde la perspectiva de los derechos humanos; que el populismo supone sobre todo un momento de malestar, de desafección y de manifestación de descontento de grandes capas de la población frente al "status quo", frente al "stablishment" y frente a unas instituciones que se supone que están para velar por nuestras intereses, y que sin embargo nos dan la espalda. Es lo que ha sucedido en Reino Unido con el Brexit, en Colombia con el "No" a los Acuerdos de Paz, en EEUU con Trump, y en decenas de otros lugares. Hay un descontento generalizado. Y en aguas revueltas, puede suceder de todo. Y está sucediendo de todo. Y no todo bueno, sin duda. Porque parece que tenemos que estrellarnos estrepitosamente para empezar de cero con mejor pie. En cada sitio, ese descontento se tiñe de formas políticas o programáticas distintas: xenofobia, radicalismo, ruptura, igualitarismo,... Y es ahí donde la ciudadanía tiene mucho que decir para que vaya en una u otra dirección. Pero sin duda, esos movimientos, sean del tipo que sean, generan desconcierto en los gobiernos, en las instituciones, en las élites, en los medios de comunicación y en las corporaciones que los sustentan, que ven tambalearse sus poltronas. Y es entonces cuando se descalifica esos brotes de descontento, y se les mete a todos en el mismo saco con calificativos como "demagógicos", "totalitarios" y "excluyentes", como un gran amigo me los describía hace unos días. Y es ahí cuando parece que ya no resulta tan bueno votar y que decidan las mayorías. O es ahí cuando parece que los pueblos se han vuelto locos y no se les puede poner una papeleta en las manos. Cuando todo sería tan sencillo como analizar los motivos de fondo de ese descontento y canalizarlo hacia políticas más inclusivas. Pero eso no "mola" tanto a los de arriba.
En mi pequeñísima parcela, he vivido en los 3 últimos años mi pequeña experiencia populista. No creo que se pueda poner en el curriculum, pero he aprendido de ella mucho más que algunos cursos y asignaturas universitarias. Me tocó gestionar un momento de gran descontento en mi comarca ante el ninguneo institucional y político a unas demandas justas, necesarias y sin coste en materia educativa. Por supuesto, también me tildaron de demagogo, de absolutista y de excluyente. También de "sociata", "pepero", "comunista" y "podemita". Sí, todo a la vez. Bastaba con que unos u otros pensaran que mi mensaje iba contra sus siglas. Daba igual que nos guiaran nada más que principios y no ideologías, colores, siglas o logos. Hoy casi nos llaman "héroes" algunos que nos cerraron la puerta en las narices hace muy poco. "Etiqueta y vencerás". Pero en este caso, no vencieron ellos. Vencimos nosotros, aunque las máximas autoridades vinieron a colgarse la medalla de rigor, y tuvimos que ocultar nuestra vergüenza ajena. Y vencimos con pancartas, pero también con armas institucionales: una proposición no de ley que redactamos, y que fue aprobada por unanimidad por todos los partidos políticos en un debate inédito en el Parlamento. Mi amigo me dice que eso no es pupulista, sino "sociedad civil movilizada". Y que eso sí es bueno. Me da igual que a eso se le llame populista o mediopensionista. Era nuestro momento y lo aprovechamos. Y quizás a niveles más amplios pueda suceder algo parecido. Quien quiera perder el tiempo con etiquetas, que lo haga. Nosotros "a otra cosa, mariposa".


NOTA: Este contenido, como todo lo que compartimos, no tiene ningún afán de lucro para nosotros, sus autores. ¡Bastante premio estamos teniendo con los aprendizajes y con las personas que estamos conociendo por el camino! Sin embargo nos encantaría que nuestras creaciones (escritos, vídeos, audios, recetas, remedios caseros, etc) acaben beneficiando ese "mundo mejor" a través de entidades solidarias que apuestan por él. Por eso, algunos de esos contenidos los subimos a nuestra página en Patreon (https://www.patreon.com/familiade3hijos) para disfrute de quienes estáis colaborando en esos proyectos solidarios, aunque sea con 1 simple euro al mes. Basta con pulsar en el botón rojo de "Become a patron". ¿Queréis ser nuestros cómplices, aunque sea con algo simbólico? ¡¡GRACIAS!!

domingo, 24 de julio de 2016

Gota a gota (Historia de una reivindicación - 3ª parte)

Nos suelen llamar utópicos. Y quizás lleven razón. Pero a veces es bueno desafiar a las utopías y hacerlas realidad. Gota a gota se traspasa el latón. Gota a gota surgen bellas estalactitas en las profundidades de cuevas milenarias. Y gota a gota se pueden hacer imposibles, quizás porque nunca creímos que lo fueran.
Nosotros teníamos claro que teníamos que llamar la atención del político y del burócrata para nuestra reivindicación. Sabíamos que con marchas musicales lúdico-festivas, no iba a ser suficiente. Con eso no íbamos a doblegar a un Leviatán del tamaño de la Junta de Andalucía, con una estructura descomunal. Había que ir mucho más allá. Pero ni en nuestra propias filas nos entendieron muy bien al principio. Así que empezamos a hacer camino al andar con un reto enorme: llamar la atención sobre nuestro pequeñísimo problema, con ciudadanos cada vez más desmovilizados y menos participativos, incluso para cualquier reunión informativa.
A algunos políticos lo que les preocupa es que su imagen y la de su partido no se vean menoscabadas. Así que como familia creamos una petición en internet en la plataforma Change para recabar firmas de todos los lugares del mundo sobre nuestra problemática con la educación musical. Y a muchos funcionarios, lo que les preocupa es que técnicamente la propuesta sea viable. Por ello hizo falta desmontar el argumento manido de "en tiempos de crisis no se puede hacer nada" y tuvimos que elaborar un extenso informe de viabilidad que corroboraba nuestra visión. No fue fácil, porque estamos convencidos de que, para que te den la razón, realmente debes tenerla. Y para tenerla, debes procurar no perjudicar a otros. Por eso nos rompimos la cabeza en buscar una solución sencilla, razonable, justa, sin coste, y que se pudiera implantar en otros lugares. Bueno, bonito y barato.
Pero ése no era más que el comienzo. Ahora tocaba poner en marcha todo el tinglado. En octubre de 2013 creamos un boletín informativo y la campaña en Change; en enero de 2014 iniciamos el acercamiento a otras asociaciones de la provincia con el mismo problema para unir fuerzas; en abril logramos la aprobación de la Asamblea del AMPA y del Consejo Escolar a nuestro informe de viabilidad; en mayo la Junta de Personal Docente, agrupando a todo el profesorado de la provincia, respaldó por unanimidad nuestra petición; en septiembre creamos 5 grupos whatsapp para coordinar a los familias; se sucedieron decenas de apariciones en prensa, radio y televisión; en noviembre nos incorporamos a la Presidencia del AMPA para impulsar la petición a nivel institucional y nos reunimos con el Jefe de Planificación Educativa de la Delegación; en enero de 2015 nuestra petición es tramitada a Sevilla, y en febrero nos informan del "no"; nos planteamos abandonar: unas veces se gana...y otras se aprende; quizás aún no lo habíamos aprendido todo y tocaba continuar: iniciamos contactos políticos, y creamos una difusión por whatsapp con los políticos municipales para que todos estén informados igualmente y en el mismo momento; se logran mociones urgentes en varios Ayuntamientos de la comarca; en marzo llegamos al máximo escalafón y nos reunimos con el Consejero de Educación esperándole a la entrada de un mitin. Era campaña electoral, y hasta entonces nadie se había querido "mojar", aunque nuestra petición había superado todos los filtros jurídicos y administrativos. Era momento de hacer el triple salto mortal, y conseguimos un intermediario ante la Junta. Con no poco esfuerzo abarrotamos el salón de actos del conservatorio, para evidenciar que detrás de todo esto había muchos votos en juego. Los resortes políticos se movieron, y en mayo la Delegada de Educación anunciaba públicamente una prueba piloto en nuestro centro. Muchos cantaron victoria. Nosotros no. Era un paso clave, porque se habían retratado ante prensa, radio y televisión, y si daban marcha atrás tras las elecciones habría material suficiente para reclamar el compromiso adquirido. Y hubo marcha atrás. De mayo a septiembre cambió el titular de la Consejería, y se hizo un silencio sepulcral en la Junta de Andalucía y en nuestros intermediarios políticos. La consigna parecía ser clara: a ver si se olvida esta cuestión por el paso del tiempo y por puro silencio. De nuevo fue un momento crítico, en el que el desánimo rondó nuestras cabezas. Pero optamos por hacer ruido con una huelga general, con constantes presencias en los medios de comunicación, con varios vídeos reivindicativos que se convirtieron en virales, y con decenas de miles de tuits en las distintas campañas electorales de ese año. En octubre los periodistas le sacaron el problema a la nueva Consejera en una visita a la comarca en la que no fuimos recibidos, y anunció su decisión de postergar las enseñanzas musicales a un segundo plano. Abrimos conversaciones con el Defensor del Pueblo, y con varios parlamentarios en abril de 2016. Creamos un grupo whatsapp con parlamentarios de educación de todos los grupos políticos y redactamos un borrador de Proposición No de Ley (PNL) , que finalmente se presentó en el Parlamento en junio de 2016. El 29 de junio en un debate inédito por su elegancia y unanimidad, se aprueba la PNL que insta a la Junta a mover ficha. Dos semanas después la Consejera y el Director General vienen a  nuestra comarca a reunirse con nosotros y anunciar la ejecución de lo que pedíamos.
Este resumidísimo itinerario estuvo jalonado de contratiempos y muy malos momentos. Y probablemente la clave para que finalmente hayamos vencido ha sido que no nos aferramos a un resultado ni a un plazo: fuimos aceptando y aprendiendo de cada paso y bofetada. E hicimos en cada momento lo que creíamos que tocaba, sin obsesionarnos con el resultado ni el paso siguiente.
Es importante que la causa sea justa. Es importante que beneficie al bien común. Y es importante hacerse sordo a los agoreros. Pero sobre todo es importante saber que los vencedores son soñadores que nunca nunca tiran la toalla. 

viernes, 15 de julio de 2016

Bien Común (Historia de una reivindicación - 2ª parte)

El pasado lunes fue un día muy esperado en casa. Tanto nuestro hijos como nosotros habremos soñado con este día decenas de veces en los últimos dos años. Muchos malos ratos, y muchas bofetadas por el camino nos hacían desear el fin de esta pequeña pesadilla. Por fin la Junta de Andalucía reconocía la pertinencia de nuestra reivindicación, y en rueda de prensa conjunta con la Consejera de Educación y el Director General de Planificación nos daban la razón y anunciaban que nuestra iniciativa se colocaba como referente y punta de lanza para otros centros de Andalucía ( http://ow.ly/EFrB302i4x7 ). Más adelante contaremos pormenores del camino recorrido para animar a otros inconformistas a hacer realidad sus utopías. Hoy no toca.
De joven leí una frase de Margaret Mead que se me quedó grabada a fuego: "Un pequeño grupo de ciudadanos pensantes y comprometidos pueden cambiar el mundo. De hecho, son los únicos que lo han logrado". Me pareció una frase de tal fuerza, que no se me iba de la cabeza, y desde entonces procuré embarcarme en todo tipo de "causas perdidas" en las que la justicia estuviera en entredicho: desde aquella famosa acampada en la Castellana de 1994 a favor del 0,7% por la pobreza, hasta una huelga de hambre en el Colegio Mayor por una injusticia penitenciaria, pasando por centenares de firmas en plataformas de internet como Change o Avaaz, y decenas de proyectos en distintas ONGs. Pero nunca tuve sensación de poder transformar la realidad colectiva como ciudadano. Hoy sí. Hemos saboreado esa esencia mágica y merece ser compartida, a ver si ese "pequeño grupo de ciudadanos" se convirtiera en una aplastante mayoría.
La pregunta del millón es: ¿por qué se trata de un pequeño grupo? ¿Acaso no deseamos todos un mundo mejor? Quizás eres de los que piensa que "esto no hay quien lo cambie", o que "todo el mundo va a su bola". Y ello te lleva a bajar los brazos. Pero a lo mejor se debe a que nos guía sólo "nuestra" verdad, y no el "bien común", que como le sucede a su primo, el "sentido común", es muy poco común.
¿Sabéis cuál ha sido el peor enemigo de estos largos meses de lucha reivindicativa? No han sido ni los políticos sordos ni el ninguneo administrativo. El peor enemigo ha sido el "fuego amigo"; el de aquellas personas cuyos intereses defendíamos, y que se revolvían porque desconfiaban, porque las cosas no llegaban al ritmo o en la forma que deseaban, y volcaban su frustración en nosotros. Pasó al principio con algunos profesores desconfiados; pasó durante la huelga de alumnos para visibilizar el incumplimiento; pasó cuando parecía que lo habíamos conseguido y hubo quien se quejó por no llegarle a tiempo a su hijo; e incluso pasa ahora cuando hay padres a los que les viene mejor otra cosa, aunque sea en perjuicio del resto. Todos estos ejemplos se asientan en el hecho de que lograr cambiar el mundo no va de imponer "mi" realidad, sino de guiarnos por el bien común, y por el beneficio de una mayoría. Y aquí ese "bien común" consiste en evitar que decenas de niños abandonen sus estudios por disfunciones administrativas. De hecho, los hijos de la mayoría de las personas que han trabajado por lo hoy conseguido durante tantos años, nunca pudieron beneficiarse del esfuerzo de sus padres por el bien de la mayoría. Valga hoy el reconocimiento a ese bellísimo esfuerzo que hicieron. Pocos están dispuestos a renunciar a algo suyo por los demás, como ellos lo hicieron.
Cuando decidimos embarcarnos en esta odisea como familia, lo primero que hice fue tratar de reunirme con otras dos asociaciones de la provincia con idéntica problemática a la nuestra, a pesar de algunas opiniones en nuestra propia asociación. Soy un convencido de que "la unión hace la fuerza". La relación con una de ellas fue de lealtad y transparencia, aunque se desligaron por problemas más prioritarios en su edificio. Pero la relación con la otra fue imposible. Tratábamos de conformar un frente común ante la todopoderosa Junta de Andalucía, en base a criterios de economía y eficacia que pudieran hacer torcer el brazo a la Administración. Pero no. Ellos tenían "su" verdad. Y ésta imponía la construcción de un nuevo centro desde cero. Tratamos de explicarles que la normativa actual y la Intervención de la Junta nunca autorizaría una medida así en el contexto actual, y que ello suponía dar solución a unos a costa de otros. Pero no hubo forma. Cuando uno se llena de "su" razón, sólo caben portazos y malas formas. Sentí un rechazo que tardó en cicatrizar meses. Es lo que pasa cuando vas con la mejor de las intenciones, y te dan una patada en el trasero. Pero el destino escribe recto con renglones torcidos. A ese centro, como era de esperar, le denegaron su estrategia hace más de un año de forma categórica, y a nosotros nos respaldaba el Parlamento hace justo dos semanas por unanimidad, y con un debate que vale la pena ver por lo inédito e infrecuente de haber conseguido tal clima de colaboración, compromiso y camaradería entre partidos de distinto color y siglas (http://youtu.be/hPaf3-oNbls). Quizás sean las cosas del bien común. El apoyo a nuestra reivindicación estaba garantizado desde el primer momento, no sólo porque no tenía coste, porque era aplicable en más sitios y porque habíamos superado todos los filtros jurídicos y administrativos, sino porque ya había un compromiso firme que se había incumplido desde hacía un año. Pero ¿qué pasaba con el resto de Andalucía? La Junta de Andalucía miró para otro lado: mejor no complicarse. Y ahí reconozco que tuve un enorme dilema moral: callar y conseguir un aplastante apoyo a nuestra reivindicación en solitario, o luchar por los otros centros andaluces. La patada en el trasero de unos meses antes pesaba mucho, pero los niños de otros centros no tienen culpa de las actitudes, de los egos, o de las negligencias de quienes les representan. Así que opté por lo segundo. Me costó lo suyo, porque para la Junta era abrir la puerta a muchos otros niños, y eso siempre les asusta. Pero si era justo, necesario y sin coste para nosotros, también lo debía ser para otros. Y aunque no era mi responsabilidad, sí formaba parte de ese "cambiar el mundo" del que hablaba Mead. Creo que mi actitud dejó tan descolocados a mis interlocutores parlamentarios, que tras horas al teléfono, conseguimos una resolución que abre la puerta a otros 4 centros y a centenares de niños en los próximos años, que se beneficiarán de lo mismo que hemos conseguido para Torre del Mar. No hemos recibido ningún mensaje de agradecimiento de esos centros. Ni los esperamos. Sólo hemos visto por la prensa que algunos siguen en la batalla del victimismo por no haber sido los primeros, aunque les hayamos abierto las puertas (http://ow.ly/OHAv302i5aF). Nosotros seguimos con la mano tendida a ayudarles y que consigan cuanto antes lo que nosotros ya hemos conseguido. La lucha por el bien común va de justicia y va de conexión con el UNO que todos somos, y no de localismos, de victimismos, de batallas de unos contra otros, o de agradecimientos que engordan el ego. Como bien decía Eduardo Galeano: "Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos". En esas estamos.
(CONTINUARÁ)

sábado, 2 de julio de 2016

Historia de una reivindicación (1ª parte): Oídos sordos

En septiembre quizás cantemos victoria. Aún no. Toca ser prudentes. La experiencia de incumplimientos anteriores obliga a ello. Pero sí es momento de empezar a hacer balance. Queremos compartir todo lo vivido en esta larga reivindicación, como forma de animar a muchos inconformistas que quieren impulsar un mundo diferente para vivir y no saben cómo. Vamos a compartir nuestras tácticas y estrategias, pero también nuestra soledad, nuestros momentos de abatimiento, y las satisfacciones del camino. Hemos llegado a reunirnos con un Consejero de Educación, y con un Director General. Hemos hablado ante decenas de medios de comunicación. Hemos iniciado gestiones con el Defensor del Pueblo. Hemos redactado una Proposición No de Ley para el Parlamento, y hemos organizado un grupo whatsapp con los parlamentarios de todos los grupos. Hemos logrado que el Parlamento Andaluz respalde nuestra petición de forma unánime, y hemos forzado que la medida sea también aplicable a otros centros andaluces. Hemos dedicado cientos de horas a una batalla que, quizás nuestros propios hijos no van a poder disfrutar. Y por el camino hemos recabado desprecio, censura, insultos e ingratitud, incluso de personas que se van a ver beneficiadas por nuestro esfuerzo. Pero esto lo hacíamos no por gratitud, sino por justicia. Y también por dar un ejemplo a nuestros hijos, que quizás no se les olvide nunca. Por eso esta historia merece ser contada, cantemos o no victoria en septiembre.
Si por cada frase de desánimo que hemos recibido como familia en estos casi tres años nos hubieran dado un céntimo, hoy seríamos millonarios. A veces nos hemos sentido como un saco de boxeo, al que todo el mundo lanzaba sus malos augurios, sus desesperanzas, y sus frustraciones. "Esto jamás se podrá conseguir". "Son muchos años de lucha, y nadie lo ha logrado". "Si no se ha conseguido, por algo será". "¿Para qué esforzarse, si no va a servir para nada?"
Hay quien nos ha preguntado por qué nos embarcamos en la reivindicación por conseguir ampliar los estudios musicales en la Axarquía dos años más, y con ello mitigar el enorme abandono de tantos y tantos chavales de sus estudios tras nada menos que seis años de esfuerzo a sus espaldas. No fue por afán de notoriedad. Tampoco por labrarnos una carrera política, aunque hayan llegado ofertas por el camino. Hubo quien incluso nos acusó de hacerlo por motivos meramente personales y por beneficiar a nuestros hijos con esa medida. El hijo mayor ya no lo podrá disfrutar, y los otros ya veremos. Pero realmente nunca nos embarcamos en esta odisea por interés personal o familiar.
La verdadera razón está en esta frase: "Haz lo que digo, pero no lo que hago". Es una frase que representa la educación que muchos padres dan a sus hijos: mejor insistir en el mensaje, porque con nuestros hechos poco ejemplo les vamos a dar. Pero realmente, ello supone tal desconexión entre lo que se piensa, se dice, se hace e incluso se siente, que así de desequilibrados estamos muchos adultos, y así se lo estamos trasladando a nuestros hijos. Creemos sinceramente que lo que más falta en el mundo actual es equilibrio entre esas áreas del pensar, decir, hacer y sentir. Si creemos que es importante transmitir a nuestros hijos que son capaces de conseguir TODO lo que se propongan, y que si lo pueden imaginar, son capaces de crearlo, no basta con decirlo: hay que hacerlo. Sobran los charlatanes. Sobran opinadores y tertulianos. Sobran entrenadores de fútbol sentados en su sillón. Y falta gente dispuesta a dar el paso de poner en marcha lo que dicen hasta las últimas consecuencias.
En estos tres años no ha habido nadie que haya opinado que no tuviéramos razón en nuestra reivindicación. Sin embargo, podemos contar con los dedos de una mano los que se han involucrado activamente en hacerlo realidad. Como decía Quino, nos gustan las personas que dicen lo que piensan; pero por encima de todo, nos gustan las personas que hacen lo que dicen. Entonces, ¿qué sucede? ¿Comodidad? Sin duda para la mayorías. ¿Miedo al fracaso? También. ¿Pánico a sentirse señalado por los poderosos? Puede ser. Pero sea por una razón u otra, con esa actitud, sólo trasladamos a nuestros hijos el mensaje de que las cosas no se pueden cambiar, por muy injustas que resulten. Les decimos que deben esforzarse, que son el futuro, y que de ellos depende cambiar las cosas, pero nuestra actitud es de bajar los brazos, y ellos lo perciben con claridad absoluta. 
Por eso nos embarcamos en esta utopía. Se trataba de no conformarse con una injusticia. Se trataba de alzar la voz. Y se trataba de imaginar una solución y hacerla realidad. Una que fuera justa, razonable, sin coste, y de la que se pudiera beneficiar todo el mundo, y no sólo "mi" círculo de amigos y vecinos. Sabíamos que iba a costar mucho. Nos quedamos cortos: ha costado muchísimo más. Pero tenemos mucha imaginación. Lo vimos claro en la mente. Y si lo imaginamos, es que se puede hacer. Lo más difícil fue hacerse sordo a los agoreros, a los pesimistas, a los derrotistas, y a los que sólo les interesaba su hijo, y no el bien de la mayoría. Pero uno se acostumbra a ponerse tapones y seguir trabajando por el mundo mejor que ve claro en su imaginación. Y éste se acaba haciendo realidad. Una realidad en la que todos los partidos se unen para darte la razón de forma unánime. Una realidad en la que te conviertes en redactor de una proposición de ley que acaba aprobando el Parlamento. Una realidad en la que un simple ciudadano de a pie, protagoniza un cambio importante para centenares de personas por pura convicción.
Hay mucho que contar de esta reivindicación. Hay muchos detalles que aportar para que otros muchos no bajen sus brazos ante las injusticias. Y hay mucho que hacer para que nuestros hijos sean seres equilibrados e impulsen un mundo nuevo. El mensaje de palabra y acción debe ser nítido: si hay que tirar la toalla, que sea en la playa. (CONTINUARÁ)

martes, 3 de mayo de 2016

Al unísono

La vida es una gran sinfonía. Pero para disfrutar de la música no hace falta estar ante el mejor violinista, o el mejor director de orquesta. A veces basta con un poco de afinación, una interpretación bien coordinada, y unos oídos sensibles para saber apreciar la belleza.
En las últimas semanas, nos hemos atrevido con nuestra pequeña sinfonía vital. Propusimos a la orquesta donde toca nuestro hijo mayor realizar un concierto benéfico a favor de la ONG ADAPA, y celebrarlo en nuestra comarca. No era un reto fácil, pero nos pusimos a la tarea. Coordinamos durante meses el momento más oportuno con los responsables de la JOPMA. Preparamos la petición formal a Diputación. Iniciamos conversaciones con el Ayuntamiento para poder disponer del Teatro del Carmen. Cuadramos fechas. Empezamos a trabajar todos en la logística: Diputación diseñando e imprimiendo carteles, programas y entradas; el Ayuntamiento organizando el recinto, el personal de apoyo y habilitando puntos de venta; la JOPMA ensayando y organizando el desplazamiento de las decenas de chavales de su orquesta; y nosotros gestionando las reservas, difundiendo en redes sociales y pegando carteles por toda la comarca. Todos afinando en lo poco o mucho que sabemos hacer. Todos en pro de un anhelo común. Nadie buscando lucirse más que el resto.
El sábado pasado se celebró el concierto. Era el bello colofón a unas semanas desenfrenadas llenas de pequeños detalles y de pequeños contratiempos de última hora. Había nervios y expectación. Me tocó compartir escenario para presentar el acto. Quise honrar el trabajo "codo con codo" y el esfuerzo y tenacidad de unos jóvenes que luchan contra viento y marea por su pasión, por sus dones y talentos. No era momento para reprochar incumplimientos institucionales con la educación musical. Era momento de brindar por la música y por las sinfonías de la vida.
El concierto fue magistral. El teatro estaba casi lleno. A la recaudación por las entradas se sumó lo que vendimos en un "puestecillo" de ADAPA en la puerta del teatro, incluidos un montón de ejemplares de nuestro libro, que firmamos gustosos. En total casi mil euros, que se van íntegros para paliar en lo que se pueda las secuelas del terremoto de Ecuador. La afinación de decenas de personas durante semanas, y el trabajo al unísono traía un bello regalo en forma de música y de solidaridad. El colofón, para nosotros, lo puso el señor que recogía las entradas en la puerta, cuando nos marchábamos, ya con el teatro vacío: "Deberíamos hacer más cosas así; quizás no todos los días, pero sí de continuo". Efectivamente. Sería bueno tocar más al unísono. Que así sea.

lunes, 8 de febrero de 2016

Cooperando en lo cotidiano

A veces la vida está llena de injusticias. Ante ellas podemos "cabrearnos", protestar, o bajar los brazos y rendirnos...Pero también podemos cooperar entre nosotros.
Hace unas semanas, una buena amiga de mi hijo, ante un cambio de trabajo de su padre y los consiguientes viajes que ello suponía, se veía abocada a abandonar la música. Nadie iba a poder llevarla a Málaga, tras el incumplimiento de la Junta de Andalucía (¿firmas, por favor?). No lo permitimos. Su horario coincide  en parte con el de mi hijo. Hay, pues, una plaza adjudicada para ella en nuestro coche. Sí o sí. No hay opción. Si las personas no nos ayudamos cuando la vida "achucha", ¿vamos a esperar a que un político nos resuelva la "papeleta"? ¿Cuántos niños deben abandonar sus sueños y renunciar a su talento porque para las instituciones no somos más que números, o mejor dicho, votos, en una campaña electoral?
Sin embargo no todos estamos preparados para cooperar y ayudarnos en lo cotidiano. Hace unos días, esperando a varios chavales para llevarlos a todos juntos a las clases de Málaga, observé en un coche aparcado a un par de estudiantes que debían hacer el mismo recorrido y a la misma hora, porque me sonaba su cara del conservatorio. Me acerqué para presentarme, ofrecer compartir desplazamientos e intercambiar teléfonos en caso de necesidad. Caras de rechazo y desconfianza. NO rotundo. Mejor seguir siendo unos completos desconocidos ¿Por qué ese miedo a ayudarnos? ¿Por qué nos cerramos al prójimo? ¿De verdad pensamos que sólo desde las Administraciones y desde los políticos se van a resolver nuestras dificultades?
Nuestros hijos estudian música en un pequeño conservatorio de nuestra comarca. Por una falta de eficacia al organizar el profesorado, sólo pueden hacerlo hasta los 14 años. Y con esa edad, se ven obligados a desplazarse 40 kilómetros de ida y otros 40 kilómetros de vuelta de 2 a 4 veces en semana. Muchas familias nos "cabreamos". Otras protestamos. Y gracias a ello, en mayo, logramos que la Junta de Andalucía nos hiciera caso y se extendieran en dos años los estudios musicales, para que ya con 16 años, los chavales pudieran compatibilizarlo con el bachillerato musical y desplazarse ya solos a Málaga con una edad más razonable. Pero ese compromiso lo hicieron en campaña electoral, y después no lo han cumplido. Todavía más cabreo, más protestas, y sobre todo muchas "bajadas de brazos". En concreto el 50% de los alumnos que se matricularon para seguir estudiando en la comarca este curso, tras la promesa de mayo de los políticos, se han visto obligados a abandonar sus estudios ante la imposibilidad de desplazarse a Málaga. Cristina, José Antonio, Ana, Isabel y un largo etcétera a lo largo de los años se han visto obligados a abandonar tras 6 años de estudios musicales, por la negligencia e inoperancia de nuestros políticos de la Junta de Andalucía. La razón puede ser económica para asumir esos desplazamientos. O puede ser de incompatibilidad con los horarios laborales de los padres. Pero sea cual sea la razón, sus talentos se convierten en sueños rotos. Y no podemos evitar pensar cuántos de ellos podrían haber seguido estudiando música, si las familias nos ayudáramos un poco más.
Por eso hemos pensado que es bueno seguir alzando la voz y exigiendo que se cumpla lo prometido. Y mucho más cuando es justo, necesario y sin coste. Pero en paralelo, es crucial que nos organicemos. Y por eso hemos creado un FORMULARIO para que, a quienes les coincidan días y horarios, puedan compartir desplazamientos, y nadie deba abandonar sus sueños por una pequeña falta de cooperación entre nosotros. ¿Te apetece cooperar en lo cotidiano? Ahorremos dinero, tiempo y conozcámosnos mejor. Dejemos de ser desconocidos.