Mostrando entradas con la etiqueta Auténticos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Auténticos. Mostrar todas las entradas

domingo, 22 de julio de 2018

Al ritmo de la vida

Muchos nos habéis preguntado en las últimas semanas si hemos dejado de escribir, y si vamos a continuar publicando en nuestro blog. Ese interés es precioso. Todo un halago para nosotros. Porque implica que hay bastantes personas, más de las que podíamos imaginar, pendientes semanalmente de cuándo y qué publicamos. Y llevamos semanas faltando a esa cita.
Escribir es para nosotros una extensión de nuestras vidas. Es la conexión externa que genera complicidades a partir de nuestra vivencias cotidianas. Pero no es un objetivo en sí mismo. Y hemos corrido el riesgo de tropezar justo ahí. Porque cuando tienes decenas o centenares de personas pendientes de lo que vas a publicar, el ego no puede evitar engordar. Y te haces esclavo de esa escritura. La publicación semanal se convierte en prioritaria. Y te impones una exigencia más, una tarea más, una esclavitud más. Y entonces, el compartir nuestro SER a través de la escritura, se puede convertir en un HACER más. Y no son pocos los que ya tenemos. De hecho, en las últimas semanas han sido muchos los quehaceres que han copado nuestra existencia: que si los exámenes de final de curso de Mey; que si los tres partes por filtraciones en casa, y sus consiguientes polémicas con la compañía de seguros y con las empresas de reparaciones; que si la llegada y adaptación de Samuel tras su año en Estados Unidos; que si las matrículas de instituto y conservatorios; que si el papeleo de Pablo para su nueva vida en Italia; que si llevar a Eva al campamento de Cáceres; que si los dos desplazamientos de Pablo a Madrid; que si las dos operaciones de Pablo por las muelas del juicio; que si la convalidación de los estudios de Samuel y los ajustes de su nuevo tratamiento oftalmológico; que si todos los conciertos y audiciones del final de curso; que si cuestiones organizativas del AMPA y del autobús del conservatorio para el curso próximo....Hacer, hacer y hacer. Tareas y más tareas.
Hoy en Pirineos.
Por eso sentimos con fuerza que el escribir debía esperar. Y también nuestra actividad en las redes sociales. Cuando las palabras no pueden mejorar el silencio, éste debe imponerse. De lo contrario, ese compartir puede resultar forzado, viciado, y quizás extenuado. Por eso y porque con tanto hacer y hacer, el ser queda relegado a un segundo plano, y las musas vuelan lejos de tu inspiración.
Por ello este parón ha venido bien. También para los que nos leéis. Así evitamos saturaros y quizás aburriros. Y de paso huimos de expectativas y exigencias. Y ello aunque sabemos que muchos pensaréis que es una locura. Que es un pequeño filón el tener miles de seguidores en twitter, en facebook o en instagram. Y que es un auténtico lujo gozar de lectores que leen periódicamente lo que respiramos. Pero la esencia de nuestra escritura no va de números, de seguidores, de "likes" o "me gusta". Va de hacerse uno con los demás. De aceptar lo que nos toca vivir. Y de dejarse fluir con eso que nos trae el río de la vida. Ahí percibes que tu "yo" es minúsculo, y que forma parte de algo mucho mayor, que es la VIDA con mayúscula. Y ésta tiene sus planes, que van más allá de los nuestros. Y conviene aceptarlos. Como cuando te llega la presbicia, la barriguita y las canas a partir de los cuarenta. Lo contrario trae frustración, tensión innecesaria y decepción.
A pesar de este silencio de las últimas semanas en la escritura, se ha abierto una nueva y preciosa vía de compartir a través de las sesiones de mindfulness que un grupo de compañeros/as, ya amigos/as, hemos iniciado en dos de los principales edificios administrativos de Málaga, antes del inicio de la jornada laboral. Y precisamente la aceptación y el conocerse a uno  mismo/a eran los protagonistas de algunas de nuestras últimas sesiones, compartiendo vivencias laborales y muy personales . Eso te obliga también a ponerte las pilas en el compartir. Y ha supuesto una excusa más para construir complicidades en casa durante la preparación de las propias sesiones. La gratitud de los compañeros y compañeras, y los progresos que algunos nos confiesan, compensan con creces este nuevo enredo en el que nos metemos. Y lógicamente, como suele pasar con la vida, brotan nuevas sintonías y bellas connivencias. 
Aceptar ese ritmo vital, aunque resulte paradógico, nos libera. Y lejos de suponer resignación o sumisión, supone empoderarse y llenarse de señorío en esa conexión con la VIDA. Es todo lo contrario de la pasividad de la resignación o de la rendición. Es una auténtica prueba de conexión con la realidad. Tenemos personas muy queridas y cercanas que viven sus particulares procesos de aceptación frente a la enfermedad o la ausencia, y que se convierten en verdaderos maestros para nosotros: la tita Conchi, el tito Juan y la tita Reme, nuestro amigo Miguel Ángel, y hace un par de días, nuestro querido Luije. Éste último nos dejaba boquiabiertos cuando nos escribía: "...está siendo una vivencia extraordinaria...está siendo demasiado bonito...no me cabe el corazón en el pecho de tanto amor, tanta ternura y tanta bonita energía que recibo y que sólo me hacen tener ganas de dar el mejor ejemplo que pueda...". No parecen las palabras más habituales para alguien joven, que te escribe desde la UCI, y que en 48 horas, de forma totalmente inesperada, ha sufrido desmayos, hemorragias, y la extirpación del estómago provocada por un tumor. Quizás podría maldecir su suerte. O renegar de todo y todos. Pero ha aceptado lo que la vida le ha traído como una prueba y un regalo. Y nos está dando un testimonio que pone la piel de gallina, además de sacar con esa actitud lo mejor de médicos, cirujanos y enfermeras. Y de tanta gente que desde todos lados le está enviando todo su amor. Auténticos maestros de la aceptación y del fluir con la vida, sin duda.
No queda otra. Habrá que danzar al ritmo de la vida. A veces sin calendarios, sin expectativas, sin ataduras. Y a veces a pesar de nuestros planes.


NOTA: Iniciamos hace unas semanas el apoyo solidario al proyecto de Yide Bikoue, de nuestros amigos Herminio y Deniz en Camerún. Ya sabéis que este post se publica, como todo lo que escribimos, de forma gratuita y en abierto tanto en nuestro Blog como en nuestro Patreon. Pero si te gusta lo que escribimos, te ayuda, te sientes en gratitud, y quieres también impulsar un mundo diferente para vivir con nosotros, puedes colaborar en nuestros proyectos solidarios colaborando con una cantidad simbólica (desde 1€/mes) en nuestro Patreon Solidario.

viernes, 10 de abril de 2015

Vulnerables

A veces nuestro cuerpo nos da avisos. Es como si necesitara equilibrar físicamente los desequilibrios en los que incurrimos a otros niveles. Ya me pasó hace unos años con el milagroso proceso en mi ojo izquierdo que parecía decirme claramente: "niño: es hora de ver más allá de tus narices y de tu mundo". ¡Y vaya si lo he hecho! La biodescodificación habla mucho de esto: en qué medida nuestro cuerpo es el mejor consejero para que tomemos conciencia y/o equilibremos los posibles desequilibrios de nuestra vida. Con mi operación de oído de la semana pasada ha sucedido algo parecido: he tenido la sensación durante toda mi vida de escuchar y prestar demasiada atención a expectativas e informaciones que todos quizás escuchamos, pero a las que yo hacía demasiado caso. Me importaba mucho lo que se dijera de mí...
Buscaba el reconocimiento siendo un estudiante brillante, un trabajador modélico, una persona hiper-responsable...Pero a fin de cuentas, todos esos halagos que mis oídos buscaban, me hacían cada vez más esclavo de un rol que no me hacía para nada feliz. El cuerpo, tarde o temprano, manifiesta esos desequilibrios y ya es decisión nuestra hacerle o no caso, y decidir querer hacer milagros.
El confrontar las expectativas que sobre mí podrían tener quienes me rodean, sin duda, me dio libertad. Sin embargo, imagino que desconcertaría a quienes me conocían de mi etapa anterior. Hace un par de días, un precioso mensaje de mi amiga María, a quien por cierto no conozco en persona, pero a la que siento muy cercana, me ha ayudado a entender mi proceso. Decidí no tener vergüenza en mostrarme como soy, aunque se alejase del modelo que yo entendía que se esperaba de mí. Decidí tener el coraje de ser imperfecto, e incluso superar la vergüenza de contarlo abiertamente en este blog. Asumí que era momento de renunciar a quien pensaba que debía ser, y decidí ser lo que realmente era. En definitiva acepté por completo ser vulnerable, y para mi sorpresa, muchas personas empezaron a identificarse con mi vulnerabilidad. Y empezaron a conectar con mis lágrimas, con mis equivocaciones, con los momentos de tristeza o de enfermedad. ¡Menuda sorpresa! Yo lo hacía porque me hacía sentir bien escribirlo...Pero para otros, esa vulnerabilidad, esa ausencia de control y predicción, y ese saltar sin red, resultaba bonito, porque también lo sentían ellos.
¿Por qué aprendemos a ocultar nuestra vulnerabilidad, cuando probablemente no hay nada más humano que eso? ¡Qué pena que desde pequeños nos enseñen a insensibilizarla a base de consumo, de televisión, de pan y circo...! ¡Qué pena que ese proceso ahogue también lo más preciado y bueno que tenemos! ¡Qué pena que entremos en la esfera de las certezas, convirtiendo lo incierto en cierto, y nos adentremos en la culpa como forma de eliminar el dolor y la incomodidad! ¡Qué pena que en algún momento decidamos controlarlo todo, perfeccionarnos a nosotros mismos y sobre todo a nuestros hijos! ¡Con lo bueno que es asumir que nuestros hijos son imperfectos sabiendo que están hechos para afrontar lo que deba venir, plenamente merecedores de todo el amor del mundo! ¡Qué pena que nos traguemos eso de que lo pequeño que hacemos no tiene efecto en lo grande cuando somos realmente UNO!
Como dice el precioso vídeo que me envió mi amiga, dejemos que nos vean como somos, vulnerables o no. Nuestra vulnerabilidad es preciosa. Amemos con el corazón aunque no haya garantías. Practiquemos la gratitud y la dicha sabiendo que nuestra vulnerabilidad supone que estamos vivos. Valemos la pena. Y mucho.