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viernes, 30 de abril de 2021

MeysTube (5): ¿Cómo enfocas tu vida?

 ¿No tenéis la sensación de que la gente está muy polarizada, muy crispada, muy irascible?

Hoy analizamos la cuestión de cómo enfocamos nuestra vida, con una analogía sobre el ajedrez y los viajes.

Y además, en relación a la pandemia, os compartimos otro documento que hemos elaborado con las conclusiones de la videoconferencia que mantuvimos esta semana con la Doctora Acevedo desde México, así como con 4 enlaces a vídeos muy pedagógicos o muy elocuentes (copiad los enlaces en un navegador, porque Youtube hace un redireccionamiento "raro"):

https://drive.google.com/file/d/1zPjwI7Oc6Ppssn7vdGJm1WyySzkKgim6/view?usp=sharing


(pulsar sobre la imagen para ver el vídeo)


-Blog: http://familiade3hijos.blogspot.com/

-Odysee (por si censuran en Youtube): https://odysee.com/@familiade3hijos:9

-Grupo Telegram: https://t.me/familia3hijos

-Youtube: https://www.youtube.com/channel/UCQOTr-K6C-3c3BtvDew_nYw

-Instagram: https://www.instagram.com/familide3hijos?r=nametag

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domingo, 7 de octubre de 2018

Quedarse en tierra (parte I)

Jueves, 20 de julio de 2006. Con el coche cargado hasta arriba de maletas, utensilios, sacos de dormir y la tienda de campaña, aguardamos con la máxima ilusión nuestro turno en la cola de vehículos. El largo viaje hasta Bilbao desde tierras jiennenses se ha hecho corto. Quizás pensando en lo que nos aguarda. Quizás porque el recorrido hasta ahora no ha podido ser más divertido para los niños: parque de atracciones en Madrid con Luis y María, y días de campo en la sierra de Ávila con Dolores y Miguel Ángel. Aún son pequeños para desplazamientos tan prolongados, y es bueno dosificar las etapas para minimizar las quejas. A pesar de ello, contamos con el desacuerdo de los abuelos, que no entienden un viaje de tantos kilómetros con una niña de ocho meses, y dos "enanos" de cuatro y cinco años. Pero nosotros sentimos que es bueno un cambio de tercio entre tanto pañal, tanto biberón y tanto pediatra. En el fondo lo vivimos como un viaje iniciático, una forma de celebrar que la familia está por fin completa. Y este viaje es la forma de celebrarlo, introduciéndoles de lleno en lo que constituirá probablemente una constante en sus vidas: viajar, conocer mundo, abrirse a nuevas gentes, y desenvolverse en lo desconocido.
A las puertas del Guggenheim de Bilbao
Poco nos imaginamos, mientras bromeamos en el coche antes de ser engullidos hasta la tripa de aquel inmenso ferry, que todos nuestros planes se van a ir por la borda. Nunca mejor dicho. Y todo por la burocracia. Resulta que ha habido un cambio legal, y aunque nos insistieron que con el libro de familia numerosa era suficiente para que nos dejaran entrar en Inglaterra, al llegar al puerto de Portsmouth, los numerosos incidentes con niños de parejas separadas, ha obligado a endurecer los requisitos, y ya no pueden dejar pasar a los niños sin su correspondiente pasaporte individual. El pulso se acelera. Pero no tanto como la preocupación. Todo el viaje está milimétricamente diseñado: Bilbao-Portsmouth; pasaríamos unos días con Pete y Nuria en Londres; luego cruzaríamos el Canal de la Mancha en el tren del Eurotúnel, y desde allí iríamos recorriendo Francia hacia la granja de la bisabuela en el sur, parando unos días en una casa alquilada no muy lejos del precioso Mont Sant Michel. Pero a veces no todo se puede planificar tanto. Y este guardia de fronteras está aquí para recordárnoslo. No nos puede dejar pasar. Y con ello vemos volar todo nuestro viaje de ensueño y todas las reservas ya pagadas.
La imagen del ferry saliendo del puerto de Bilbao con decenas de manos despidiéndose desde cubierta nunca se me olvidará. Tampoco la sensación de absurdo, de "metedura de pata" y de incertidumbre. "Papá, ¿no nos íbamos a subir a ese barco?" "¿Y por qué no podemos subir?" "¿Y cuando nos subimos?".
Mey y yo nos miramos, resoplamos y nos ponemos en marcha. El panorama no está como para derrotismos. La niña "berrea" cada dos por tres reclamando su pecho, y los otros dos juguetean y vociferan sin parar en los asientos traseros llenos de nervios y energía por descargar. Para colmo, Bilbao sufre una ola de calor como no se recuerda otra. Menos mal que vamos estrenando navegador y algo nos podrá guiar en este embrollo en el que nos hemos metido. Buscamos dónde está la comisaría más cercana.
El tráfico está horrible. Las calles me parecen un laberinto. Y el aparcamiento es un imposible. No sé cómo, pero una hora después logramos cruzar la puerta de la comisaría y nos aproximamos a la ventanilla de pasaportes. Allí les explicamos nuestra desesperada situación. La chica se apiada de nosotros, ante los insistentes lloros y diarrea de Eva, y el follón que están liando Pablo y Samuel enzarzados en sus juegos. Pero su jefa no parece estar por la labor, a juzgar por la rotundidad con la que desde la distancia, vemos moverse su dedo índice, indicando un "no" tajante. Tras unos minutos de negociación sale con la receta mágica. Si le traemos el libro de familia original, haciendo una excepción en cuanto a las citas previstas, nos podría expedir tres pasaportes provisionales con los que retomar el viaje. A simple vista sencillo. Pero el libro de familia está en un cajón perdido de nuestra casa en Linares, a 700 kilómetros. Llamamos a nuestra vecina Marga y le encargamos la misión con la llave de casa que siempre tiene. Tras no poco esfuerzo, lo encuentra y acordamos el envío por mensajería para la mañana siguiente. Como los lloros de Eva no cesan, decidimos llevarla a urgencias por miedo a que pueda deshidratarse con tanto calor. Afortunadamente no es nada grave. Luego toca buscar un sitio donde dormir. Un hotel barato en un polígono industrial perdido nos sirve. No estamos para grandes alardes ya.
Toca madrugar el viernes. Hay que ir a recoger el libro de familia a la central de la mensajería. No hay contratiempos y con el libro en la mano nos dirigimos de nuevo a la comisaría agarrados a la tabla de salvación de nuestro navegador. Lo prometido es deuda, y los pasaportes son expedidos sin dilación. Pero aún toca lo más difícil: conseguir un nuevo pasaje para los cinco y nuestro coche en el próximo ferry. Sólo zarpan dos barcos a la semana: los jueves y los domingos. De nuevo nuestra pantallita mágica nos guía hasta la central de la naviera. Allí nos dan un nuevo susto: si hemos perdido el ferry por un tema de pasaportes la culpa es nuestra. Si queremos embarcar el domingo toca comprar nuevos billetes. Esa opción nos resulta inviable. Nuestra economía no está para tanta juerga. Sin embargo, dejan un resquicio abierto. Por una cuestión de salud acreditada, se entiende justificada la pérdida del ferry, y cabría expedir nuevos pasajes sin coste. Toca de nuevo ir a urgencias a pedir un certificado de la atención a Eva del día anterior. No hay mal que por bien no venga. Aquellos lloros, aquellas diarreas, y aquella preocupación del día anterior por nuestro bebé, nos abren la puerta a un nuevo pasaje, que por fin tenemos en nuestras manos, cerca ya del mediodía, y tras infinitas idas y venidas con tres niños de la mano.
Respiramos aliviados. Aunque con tres días de retraso, nuestro viaje proseguirá el domingo. De repente recuerdo que mañana era mi examen de oposiciones. Y a Mey se le pasa por la cabeza una locura: ¿y si este retraso tan rocambolesco tiene algo que ver con aquellas oposiciones a las que estaba apuntado y a las que finalmente decidí no asistir cuando coincidió con el ferry a Portsmouth? ¿Y si resulta que todo este lío tiene sentido por eso? ¿Y si es que a lo mejor debo presentarme al examen, ahora que tenemos dos días por delante hasta que nuestro barco zarpe de nuevo? ¡Menuda locura! (CONTINUARÁ)

NOTA: Ya sabéis que este post se publica, como todo lo que escribimos, de forma gratuita y en abierto tanto en nuestro Blog como en nuestro Patreon. Pero a través de nuestra escritura estamos canalizando solidaridad hacia proyectos que lo necesitan, y queremos dar cuenta de ello:
Nos encanta la solidaridad. Pero también la transparencia. No se trata de dar con los ojos cerrados. Sino de dar bien, y a quien lo necesita. Por eso siempre lo hacemos con personas que están directamente involucradas en los proyectos. Como nuestro querido amigo Herminio y su proyecto personal en Camerún Yide Bikoue. Y por eso preferimos el "tú a tú", las pequeñas donaciones de cantidades insignificantes para nosotr@s, pero importantes cuando nos juntamos muchos. Aquí tenéis la historia del proyecto de Herminio: http://familiade3hijos.blogspot.com/2018/04/yide-bikoue.html
Con él hemos colaborado en los últimos meses con un total de 645 dólares, que van directamente y sin intermediarios a paliar las necesidades de los 28 niños que tienen acogidos en su casa. En concreto para material escolar. Aquí tenéis el detalle de las facturas con las que colaboramos con otras entidades:
https://drive.google.com/file/d/1gvtHyQZtccHnGYg9MiDuRu0VngQ0z7UW/view?usp=sharing

¿Cómo lo hacemos? Mediante dos vías fundamentales:
1.-A través del grupo de Teaming Ecosolidarios, en el que un grupor de personas aportamos simplemente 1€ al mes que va destinado íntegramente a las causas solidarias que escogemos, como ésta de Herminio. Por si queréis uniros:
https://www.teaming.net/ecosolidarios1-3

2.-A través de nuestro Patreon Solidario familiar, en el que compartimos lo que escribimos en abierto, pero también cosas exclusivas y más íntimas (audios, vídeos, etc) en exclusiva para quienes colaboráis solidariamente en proyectos como éste:
https://www.patreon.com/familiade3hijos


En definitiva: GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS

jueves, 3 de marzo de 2016

Escandinavia

El afán por conocer mundo debería ser asignatura obligatoria en las escuelas. Y cultivar ese anhelo debería ser clave en el rol de padres, aunque con ello los retoños deseen volar antes de lo que nos gustaría. Pero no hay mejor antídoto contra la intolerancia ni mejor vitamina para la autonomía.
Nosotros, cada vez que podemos, lo ponemos en práctica. El precio ya no es excusa con plataformas como Airbnb, Skyscanner, Coachsurfing y otras muchas. Por eso hace unos días nos escapamos a Escandinavia.
Cuanto más distinto es el destino, más enriquecedor, y más interpela nuestra tendencia a pensar que sólo existe una realidad: la nuestra. Y desde luego Noruega es muy diferente. Y no sólo por los 11 grados bajo cero que sufrimos. Es el tercer país más rico del mundo por PIB per cápita, y el tercer exportador de petróleo después de Rusia y Arabia Saudí. Además,  está clasificado como el país con el más alto índice de desarrollo humano junto con Islandia (¡en los precios se nota! : por eso optamos por llevar los bocatas de casa cuando salíamos). Pero no siempre fue así. Pasó períodos muy duros de su historia bajo el yugo de Dinamarca y Suecia, y su población se vio mermada a la mitad por la peste. Pero lograron su independencia de forma pacífica y acordada. Quizás porque la "razonabilidad" forma parte del ADN del noruego. A veces hasta extremos que reta nuestra lógica latina: de sus ingentes ingresos por la venta del petróleo, sólo un 4% se dedican a gastos corrientes del país; el resto se guarda en una "hucha" que ya asciende a 900.000 millones de dólares y que garantiza su nivel de vida para varias generaciones futuras.
Su civismo y esa actitud razonable son los "culpables" de que no hagan falta puertas cerradas para usar el transporte público. A nadie se le ocurre "colarse". Sería una afrenta al bien común, tanto como fotocopiar un libro (a pesar de los altísimos precios de algunos, que rondan los 100€). Esa conciencia crea un sentimiento de igualdad y una educación democrática sorprendentes, aunque a veces el noruego se queje de que su país es el paraíso para los perezosos. Pero van muy por delante en el respeto a las minorías y en los derechos de la mujer.
Uno pensaría que con esas temperaturas extremas nadie saldría a la calle. Pero no: para ellos lo "razonable" es adaptar su vida a esas inclemencias. Y ahí veías a miles de personas skiando o disfrutando en trineo; a los niños más pequeños jugando en los columpios; o a los grupos de amigos de "cháchara" en una "terracita" bajo cero o disfrutando en masa de los campeonatos de snowboard. Para ellos no hay mal tiempo, sólo mala ropa. Aunque veíamos a muchos con unas camisetas o unas minifaldas que daban escalofríos ajenos.
Pensamos que la seguridad sería máxima tras los graves atentados de hace 4 años en los que un tal Breivik asesinó a 77 personas entre el coche bomba del centro de Oslo y el tiroteo en el islote de Utøya. Nos imaginábamos que habría quizás psicosis. Pero eso no es "razonable". Los noruegos no van a cercenar sus libertades por el miedo. Por eso no vimos ni un policía ni un soldado en todos los días que estuvimos. Y sin embargo la sensación de seguridad y paz era total. Quizás por ello es en el Ayuntamiento de Oslo donde se entrega anualmente el Premio Nóbel de la Paz.
Disfrutamos toda una tarde de una pista de trineos de más de 2 kilómetros, que recorrimos infinidad de veces ya que el metro nos llevaba una y otra vez a todo lo alto de la misma. Disfrutamos de "El Grito" de Much en su Galería Nacional, de los museos de costumbres y de barcos vikingos, y del impresionante museo Fram sobre la conquista del Ártico. Todos ellos unos museos pensados para tocar, sentir e interactuar...algo poco frecuente aquí. También disfrutamos de la fortaleza de Oslo y de las preciosas estatuas del parque Vigeland. Nos maravillamos de la vista del fiordo, en buena parte congelado, y con las gaviotas patinando sobre el agua. Pero un viaje así ya no tiene sentido para nosotros si junto lugares únicos, no conocemos la realidad de sus gentes. Y así, vía coachsurfing, disfrutamos de una gran tarde con Marcela y Jørgen, que no sólo nos mostraron la realidad del país, sino su bella historia de amor, superando fronteras y leyes de inmigración (ella es de origen chileno).
Cuando uno vuelve de un viaje así, desearía no parar de viajar. El mundo es una maravillosa aventura que vale muchísimo la pena. Quizás el próximo destino sea una visita a uno de los retoños alzando su vuelo.