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jueves, 5 de marzo de 2020

Reportaje sobre nuestra acogida a 3 estudiantes tras el cierre de su colegio por coronavirus

Os compartimos a continuación un mini reportaje del Canal 101TV, de febrero de 2020, a raíz de nuestro último post (http://familiade3hijos.blogspot.com/2020/02/refugiados-del-coronavirus.html).

Éste es el resumen que hizo de la noticia el propio canal de televisión:
"Cuando Pablo llamó a sus padres para explicarles la situación, estos ofrecieron su casa sin dudarlo para acoger a algunos de sus compañeros
El coronavirus también nos deja ver la cara más solidaria de los malagueños. Una familia de Vélez-Málaga ha acogido a un grupo de alumnos del centro educativo italiano en el que estudia su hijo tras el cierre temporal del centro como medida preventiva ante el virus.
Aunque la zona de Trieste, en cuyo entorno se ubica el centro, se encuentra libre del coronavirus, el Colegio del Mundo Unido del Adriático optó por cerrar como medida preventiva y se vio ante la tesitura de tener que realojar a sus 180 alumnos.
Cuando Pablo llamó a sus padres para explicarles la situación, estos ofrecieron su casa sin dudarlo para acoger a algunos de sus compañeros.
Desde entonces, dos alumnos costarricenses y uno italiano comparten casa y vivencias con Pablo y su familia, lejos del pánico generado a causa del virus."
http://www.101tv.es/noticias/familia-velezmalaga-acoge-alumnos-colegio-cerrado-coronavirus.aspx



También os ofrecemos las entrevistas extendidas a Pablo, Mey y a nuestros tres invitados (Erick, Fabián y Jacopo) con vistas a dicho mini-reportaje:




miércoles, 26 de septiembre de 2018

Los colores del mundo

Dicen que la distancia es el olvido. Así lo dice el bolero. Pero yo tampoco concibo esa razón. Se dicen bastantes mentiras y muchísimas tonterías. Y ésta está entre las que se llevan la palma. La distancia no es el olvido. La falta de afinidad, de conexión de almas, de comunicación o de relación es el olvido. Y a veces son la cercanía o el roce los que evitan que se disuelva lo que quizás estaba predestinado a disolverse en cuanto se pusiera tierra de por medio. Algunas de las personas a las que más amamos se encuentran a cientos o miles de kilómetros, y sin embargo, cuando nos volvemos a encontrar al cabo de los meses e incluso años, no sólo no hay olvido, sino que parece que jamás hubo distancias, que el tiempo no pasó. 
Mey y yo lo experimentamos durante los largos años de noviazgo. Y nuestros hijos, ahora viajeros empedernidos, están también viviéndolo. Lejos del miedo que algunos conocidos nos expresan al dejar volar a los hijos desde tan jóvenes, no sólo no hay olvido, sino que a veces se genera una conexión alma con alma de una profundidad difícil en el contacto diario. La clave creemos que está en la voluntad de construir relación, más allá de los kilómetros y los meses que transcurran.
Ayer vivimos uno de esos momentos mágicos con nuestro hijo Pablo, a dos mil trescientos kilómetros de distancia. Estábamos en la playa, y de repente, sentí la inusual necesidad allí de coger el móvil. A los pocos segundos Pablo nos llamaba por primera vez desde Italia. Se encuentra exultante por todo lo que está viviendo en su nueva etapa. Anda emocionado con los dones y talentos de todos y cada uno de sus compañeros, que ciertamente, son gente muy especial. Alucina con sus profesores, con la forma de dar las clases, y con la experiencia que disfrutará en la orquesta europea en la que acaba de ser admitido. Y justo está viviendo la celebración del #PeaceOneDay (Paz Un Día), un evento que organiza su colegio junto con distintas organizaciones y administraciones de la zona de Trieste, en el que se desparraman por las calles color, alegría, diversidad, bailes, música, heterogeneidad... Decenas de jóvenes de multitud de razas y nacionalidades compartiendo una experiencia única, en una apuesta por un mundo unido. Multitud de colores de banderas, de piel y de circunstancias se daban cita por un mundo en paz, en un encuentro anual que no sólo es ya una tradición, sino el ritual que escenifica que la tarea no es baladí y que va a requerir el esfuerzo de todos.
Pero apostar por la Paz en mayúsculas no sólo requiere alegría, efusividad, abrazos y buenas intenciones. Requiere de memoria. Y por ello, junto a tanta fiesta, Pablo nos contó que les llevaron a un psiquiátrico para la inserción laboral de personas con problemas mentales y a "Risiera di San Sabba", considerado el único campo de concentración nazi ubicado en Italia. Es un conjunto de edificios industriales en el barrio de San Sabba, en Trieste, que fue equipado en 1944 con un horno crematorio,  y en el que se estima que fueron ejecutadas entre 3.000 y 5.000 personas. Allí las caras de los chavales eran de abatimiento, de espanto, de incredulidad.
Siempre tener contacto con el horror del pasado da escalofríos. Y cuando tienes dieciséis o diecisiete años, y estás dispuesto a cambiar el mundo, te da un chute de motivación para trabajar por evitar que esa barbarie pueda repetirse. Pero tocar el horror del presente aún puede ser más radical. Puede darle un giro a tu corazón, y hacer que te conviertas en un auténtico virus en una sociedad aletargada, "pasota", conformista e insensible al drama humano que tenemos a nuestro lado. Por eso en estas jornadas se propiciaron los testimonios de compañeros de este mismo curso de Pablo, para que contaran sus experiencias. Y la energía de los testimonios debió ser tan arrolladora, que cuando Pablo nos lo contaba por teléfono, el vello no podía evitar erizarse y la lágrima asomaba a las cuencas de los ojos. Tan sólo pudo asistir a dos de la treintena de testimonios que hubo. Pero no se le olvidarán en la vida. Testimonios como el de una chica austríaca que padeció las consecuencias de las torturas a sus padres por ser considerados opositores al régimen turco, y que intentó suicidarse en dos ocasiones. O testimonios como el de su amigo guineano, huérfano de padre desde muy pequeño, que sufrió maltrato y escasez en el desierto, cual perro abandonado, y que luego fue retenido y conducido por traficantes de todo.
Pablo se encontraba consternado. Decía sentir culpabilidad por haber disfrutado de una vida color de rosa, mientras compañeros y amigos suyos habían vivido una vida de luto y padecimiento continuo hasta alcanzar la oportunidad que todos comparten ahora. Pero en realidad ese sentimiento es la antesala del compromiso de por vida con el prójimo. Y evidencia que el ser humano tiene una capacidad infinita, por no decir divina, para superar los obstáculos más imposibles. Incluso el de cambiar este mundo. Que se lo digan si no a su amigo guineano, que de sufrir las peores vejaciones que puede sufrir un ser humano, se aferró al clavo ardiendo de salir del horror, aprendiendo italiano en tan sólo tres semanas para convencer al juez de turno de no ser deportado, y así posteriormente poder superar el proceso de selección que le ha abierto las puertas a donde está hoy.
Hace falta mucho color en este mundo. Hace falta mucha heterogeneidad, mucha diversidad y mucha pluralidad, puestos al servicio de lo que somos: UNO. Y hacen falta almas sensibles al padecimiento ajeno y con ganas de mitigarlo. Mentiríamos si dijéramos que no echamos de menos a Pablo. Mentiríamos si dijéramos que no estamos muy orgullosos de verlo tan feliz y comprometido con su nuevo rumbo, recién iniciado.

NOTA: Pablo ha decidido compartir en audios y vídeos algunas de sus vivencias en Italia en "Colegios del Mundo Unido", y con ello agradecer la generosidad de quienes queráis colaborar con nuestro Patreon Solidario (desde 1€/mes). Con lo que se recaude, más adelante, se financiará algún proyecto solidario que Pablo y sus compañeros decidan. Iremos subiendo algunos de sus testimonios y los que os vayáis sumando, podréis acceder a ellos con vuestra clave de Patreon. Aquí tenéis el primero de sus testimonios en un audio, contando la impactante historia de estos dos compañeros

domingo, 26 de agosto de 2018

Adriático

Llueve. El tono azul morado de las nubes no presagiaba ayer, paseando por Chioggia, un diluvio como el de esta madrugada. Pero mi fuerte nunca ha sido la meteorología. Ni los colores, la verdad. Siempre he sido un poco daltónico para ciertas cosas. Y sordo para otras muchas. Según Mey, el cielo se ha quebrado por los cuatro costados a eso de las cinco de la mañana. Y ni me lo podía imaginar ayer, ni me he enterado esta noche cuando ha caído "la mundial" mientras dormía.
El tiempo por aquí, en Italia, está como nuestro estado de ánimo. Brillante, caluroso y muy soleado durante las mañanas, y gris, húmedo e incluso tormentoso por las tardes y noches. Con truenos y relámpagos que te sobrecogen. Un poco como el corazón de una madre o un padre cuando debe dejar volar a su hijo. Pero ya se sabe que lo de los sentimientos siempre es más silencioso, más interno, aunque no menos intenso. Saber que un hijo empieza una nueva vida con ilusión, con nuevos horizontes y rodeado de gente tan especial, da sentido y luz a tantos años acompañándole. Pero ser conscientes de que quizás a partir de ahora ya sólo venga de visita o de vacaciones no deja de causarnos algo de pena. Por eso también llueve por dentro, mientras volvemos al apartamento, tras dejarle en su nuevo hogar.
Duino es un pueblo precioso a orillas del Adriático, y a escasos kilómetros de Eslovenia, y de Trieste, la capital. Es conocido por su bello castillo, por su coqueto puertecito de no más de veinte embarcaciones, y por los poemas existenciales que inspiraron aquí a Rilke. Pero sobre todo es famoso ahora porque sus apenas mil cuatrocientos habitantes se ven invadidos cada año por casi doscientos jóvenes de cien nacionalidades que inundan el pueblo de diversidad, color y heterogeneidad, y que conspiran por un mundo mejor, un mundo unido. Es como la ONU, pero en pequeñito. Son constantes los encuentros, las risas y los abrazos en cada rincón, y en multitud de idiomas, especialmente hoy, que era el día oficial de la llegada de los nuevos, como Pablo. No muchas familias tienen la suerte de ser testigos de ese momento. Se nos cruzó una oferta de vuelos y no pudimos resistirnos a acompañar al retoño "haciendo piña".







Inés, María y Laura nos recibían para servirnos de guías improvisadas, en una actitud de servicio marca de la casa, que se acentúa en los estudiantes de segundo año, dispuestos a darlo todo para integrar a los nuevos. Nos resultó gracioso que, siendo españolas, nos recibieran con un distante apretón de manos. Luego entendimos que hay muchas culturas y tradiciones aquí presentes para las que un abrazo o un beso inicial de saludo se vive como una pequeña invasión de la intimidad. Y como hoy tocaban docenas de saludos, mejor no equivocarse. Ya nos resarciríamos en la despedida.
Creo que éste es el único colegio en el que las siete residencias de estudiantes y los edificios de clases forman parte totalmente del pueblo, y no están aislados en un campus. Eso hace que la integración con la vida de la población sea constante, y que toque ponerse las pilas aprendiendo italiano, y quizás algo de esloveno.Pablo compartirá habitación con un japonés y un rumano, en una residencia de catorce personas en la que también vive otro Pablo de Málaga, en este caso profesor y coordinador de la residencia, con el que daba gusto hablar. Se nota que de eso va esta historia: de hablar, conversar, departir y charlar con el diferente. Le auguramos a nuestro hijo largas y fructíferas conversaciones en esa desordenada habitación con varios terturlianos asomados a la ventana desde la calle, igual que ha pasado hoy. "Haciendo comunidad", que fue una expresión que usaron varios veces, y que nos encantó.
Los dos meses y medio de disfrutar los cinco juntos han pasado volando. Y eso que los hemos exprimido al máximo. Pero sabíamos que este día llegaría, aunque hoy llueva. Por fuera y por dentro. Hay mucho y muy especial por delante para Pablo durante estos dos años. Y después también. Nos apasiona pensar lo que veremos y oiremos a través de sus ojos y oídos. Y aguardaremos sus whatsapps con ansia, asumiendo que cada vez serán menos frecuentes porque el día no da para tanto. Como aquí se dice, es imposible practicar las tres "S" a la vez en tan sólo veinticuatro horas (Sleeping, Studying, Socializing): dormir, estudiar, socializar.
Cuando Pablo tenía cuatro o cinco años le apasionaban las historietas sobre las obras literarias británicas que su madre le contaba, rememorando sus tiempos de literatura inglesa en la universidad. Un día, emocionado, le dijo a su profesora que él quería ser escritor, como Shakespeare. La profesora le dijo que eso era imposible. No recuerdo haber visto más enojada a Mey cuando el niño nos contó el episodio en casa. Desde entonces tenemos claro nuestro cometido como padres: hacer de nuestros hijos unos daltónicos y unos sordos activistas frente a las líneas rojas que se supone que separan los sueños de la realidad, lo factible de lo imposible.
Hoy Pablo forma parte de la veintena de estudiantes españoles que esparcidos por el mundo han sido seleccionados este año entre muchísimos para hacer comunidad por un mundo unido, en un anti-pasotismo activo. No existen las líneas rojas para los sueños o las utopías. Y si existen, es sólo en las mentes de unos pocos. Habrá que aprender a no distinguirlas y a no oir a quienes adviertan sobre ellas.

NOTA: Iniciamos hace unas semanas el apoyo solidario al proyecto de Yide Bikoue, de nuestros amigos Herminio y Deniz en Camerún. Ya sabéis que este post se publica, como todo lo que escribimos, de forma gratuita y en abierto tanto en nuestro Blog como en nuestro Patreon. Pero si te gusta lo que escribimos, te ayuda, te sientes en gratitud, y quieres también impulsar un mundo diferente para vivir con nosotros, puedes colaborar en nuestros proyectos solidarios colaborando con una cantidad simbólica (desde 1€/mes) en nuestro Patreon Solidario.