domingo, 22 de noviembre de 2020

Cruzando la línea

Algo debió pasarme en otra vida. Seguro. Porque a estas edades es normal haber visto injusticias de todo pelaje. Pero en ninguna el efecto es tan devastador dentro de mí. Y eso que lo presencié ocho días después, en un vídeo, y aislándome con unos cascos. Pero mi llanto es el de siempre. Mi desesperación, la habitual. Mi impotencia no cambia. Y Mey, que estaba corrigiendo redacciones, escuchó mi leve sollozo, y vino a abrazarme y a consolarme. Pero lo mío pasa. Lo otro no.

El pasado miércoles 11 de noviembre, el barco de rescate de Open Arms consiguió salvar en tres operativos a 265 personas que intentaban alcanzar Europa a través del Mediterráneo Central, cerca de Malta e Italia. Esta vez parece que no les han puesto trabas para las evacuaciones médicas y para un posible desembarco. La indecencia ya habría sido histórica. Eran demasiado recientes los gritos desgarradores de aquella madre, por la pérdida de su bebé Joseph, durante las operaciones de salvamento de esta ONG. El niño volvió a sus brazos. Pero la vida ya nunca volvería a su pequeño cuerpo. Cinco personas más siguieron su suerte. Tras muchas horas a la deriva, las 118 personas que iban en aquella frágil embarcación cayeron al agua al abrirse el suelo de la barca, justo cuando iban a ser rescatados. Dicen que pocas veces los socorristas han quedado tan consternados, aunque hubieran salvado tantas vidas aquel mismo día.

Por esas cosas del destino, otros miles de dramas nos interpelan a golpe de telediario, esta vez en el Océano Atlántico, en el pequeño puerto de Arguineguín, en Gran Canaria. Allí se está fraguando a fuego lento otro gran drama descomunal, habiendo crecido en más de un 1.000% el número de personas que han llegado respecto al pasado año, alcanzando casi las 17.000. Todos hacinados en aquel diminuto puerto, y poco a poco esparcidos en edificios y cuarteles abandonados por distintas localidades. Que la vergüenza no se vea mucho. Que las fotos no sean demasiado impactantes. Y ahora es cuando empiezan a pasarse la pelota unos a otros con frases grandilocuentes, en un bochornoso espectáculo de excusas. Que si hay que evitar los "efectos-llamada"... Que si tú cuando estabas en la oposición, o tú cuando estabas en el gobierno... Que si somos "la puerta de Europa"... Que si la lucha contra las mafias de la inmigración... Y como siempre, la palabrería, las ideologías, y los cálculos electorales sobre la mesa. Esperpéntico.

Cuando esa "jerga" burocrática e impersonal sobrevuela sobre dramas humanos de este calibre, a uno le entran ganas de borrarse de la especie humana. Y lo peor es que todo se enmascara de institucionalidad y legalidad. Todo muy civilizado. Todo muy europeísta. John Locke fue claro: "Las leyes se hicieron para los hombres, y no los hombres para las leyes". "Lex injusta non est lex", decía Santo Tomás de Aquino. Y Juan XXIII tampoco se quedó corto: "Las leyes contrarias a los derechos humanos, no son válidas". Pues aquí andamos. Maltratando por omisión o dejación a miles de seres humanos. Venerando fronteras ficticias. Líneas imaginarias que sólo están en las mentes de algunos. 

Si fuera algo aislado. Si todo eso fuera una excepción. Pero estas barbaridades se reproducen por todo el planeta. Basta con ver el espectáculo surrealista que, cada año (salvo cancelación arbitraria de la autoridad competente), se celebra gracias a la organización Alianza Fronteriza de los Derechos Humanos (BNHR) bajo la campaña #HugsNotWalls o #AbrazosNoMuros. En ella han "logrado" que se abra la frontera entre El Paso, Texas (EEUU) y Ciudad Juárez (México), para que familias separadas por esa frontera, puedan abrazarse ¡¡durante 3 minutos!!. Sí. No has leído mal. Los familiares en el lado mexicano van ataviados con camisetas blancas y los del lado estadounidense con camisetas azules, y bajo la atenta mirada de la policía y los organizadores de rojo, tienen 3 minutos para abrazar a familiares a los que en algunos casos no ven desde hace 25 años. Y puedes darte "con un canto en los dientes". Imagino que las gestiones de BNHR habrán sido titánicas para conseguirlo. Porque si no te gusta el plan, o te parece una barbaridad, ¡lentejas! O puedes hacer como aquel quinto del ejército: "¡Que se fastidie mi sargento!: ¡Que me quedo sin rancho!". ¿Vas a renunciar a ese abrazo con quienes más quieres, aunque sea así? ¿No vas a entrar por el aro? Más allá del sadismo de un encuentro tan efímero, es un gran símbolo de que las fronteras no existen y que por más que los gobiernos se esfuercen en crearlas, construirlas, fortalecerlas y reforzarlas materialmente, en el plano humano quedan desmoronadas. No existen "ellos" y "nosotros". Todos somos NOSOTROS. Que se lo pregunten a cualquiera de los familiares a los que les dejan abrazarse allí, sea cual sea su camiseta. Tan sólo les diferencia un papel con su nombre escrito en él. Un papel que alguien decidió que tuviera un valor absurdo.

Lo sentimos mucho, pero no podemos mirar para otro lado. No podemos escudarnos en que los políticos o los gobiernos son unos ineptos. No podemos buscar excusas de que "ellos" no hacen nada. Porque es un problema "nuestro". Tuyo y mío. Y esto no va a cambiar hasta que actuemos cada uno de nosotros. Por eso te rogamos que hagas algo YA:

-Mostremos la mayor de las indiferencias a quienes dan pábulo a bulos, chistes o teorías conspiranoicas contra estas personas. No hace falta enfrentarse a ellos. No nos contagiemos de esa energía, luchando contra ella. Construyamos alternativas por un mundo mejor, y presionemos por políticas migratorias basadas en los Derechos Humanos.

-Difundamos otra visión del mundo. En nuestras charlas de café. En nuestros mensajes de whatsapp. En nuestras redes sociales. En nuestros blogs. Una visión en la que todos somos "nosotros" y las fronteras sólo están en nuestra mente y pueden borrarse, si así lo decidimos.

-Construyamos coherencia con esa visión, en cada paso que demos de nuestro día a día, evitando miradas o actitudes de desconfianza o recelo, como las que vivimos con nuestro amigo Adama.

-Posicionándonos activamente para combatir injustas discriminaciones, como le sucedió a nuestra querida amiga polaca Gosia y a su pequeña Józia.

-Apostando y contratando con los de allí, igual que haríamos con los de aquí, como hemos hecho con Hernán.

-Apoyando siempre que podamos "locuras" como la de Josepe, que apuesten por un mundo más justo y sin fronteras.

-Tomando partido activo en campañas e iniciativas con personas normales, como tú y como yo, pero que, unidas, hacen hazañas extraordinarias. Hay mucho donde elegir.

-No mirando para otro lado en dramas en los que podamos participar e involucrarnos, como los que está gestionando nuestro querido Herminio en su orfanato de Camerún.

-Dando una oportunidad al desconocido para convertirse en conocidoacogiéndole y dejándose acoger por él o ella, como nos sucedió con Peter y Zsusi.

-Hospedando al viajero como nos gustaría que nos hospedaran a nosotros o a nuestros hijos, como hicimos con Erick, Jacopo y Fabián.

-Tendiendo puentes frente al desarraigo o el abandono, como intentamos con Alí.

-Transmitiendo esta realidad a nuestros hijos, para que vean en la diversidad, un "nosotros" enorme, rico y cargado de colores.

-Viviendo la heterogeneidad de este mundo maravilloso, en cada rinconcito de nuestro planeta, como experimentamos en Duino.

Mientras sigamos creyendo que las fronteras son algo real, seguirán existiendo. Mientras nos traguemos la narrativa del miedo, de que nos van a invadir, de que nos van a contagiar sus virus, de que nos van a quitar nuestros trabajos, o de que van a violar a nuestra hijas, toda esta barbaridad seguirá existiendo. "Ellos" no son ni más ni menos que "nosotros". Son "nosotros". Con sus virtudes y con sus defectos. Y como hemos hecho durante siglos, juntos hemos forjado nuestra identidad, siempre dinámica y multirracial. ¿Acaso conocéis a alguien que no tenga sangre árabe, judía, vikinga o de cualquier otra raza o cultura? Somos la mezcla de quienes nos precedieron. Y si hace falta poner sobre la mesa líneas rojas culturales que no se pueden traspasar hoy en día, pongámoslas sin complejos: ablación, burka, ghettos, etc. Pero, por favor, dejemos que esas cuestiones puntuales se conviertan en la absurda excusa para dividirnos en "ellos" y "nosotros". Porque esa línea de separación no existe.

Rozalén lo expresa en su canción "La línea" con dos preguntas que se te clavan en el alma:

"No solo mata el que asesina.

También arrebata la vida quien deja morir.

¿Quién dibujo esa línea

que separa a tu alma de la mía?

¿Quién decidió

darle solo a una valor?"

Arguineguín, esta semana
Vivimos en el absurdo de las fronteras mentales. Vivimos en la pura separación. Pensamos que debemos salvar el Planeta, sin darnos cuenta de que a quienes debemos salvar es a nosotros mismos, si no actuamos ya frente a la huella de CO2, la biodiversidad o el calentamiento global. La naturaleza seguirá su curso. Quién sabe si nosotros seguiremos como especie, o por el contrario, nos pasará como a los dinosaurios. Visitamos lugares paradisíacos con ese afán de consumo con el que acudimos a un centro comercial, sin darnos cuenta que somos parte intrínseca de esos lugares. Y pensamos que debemos luchar contra el problema de la inmigración, sin darnos cuenta que ese problema lo creamos nosotros con nuestra forma  de ver el mundo, y que no es un problema de los pobres "negritos", sino que es un problema que nos va a estallar en las manos. Que es NUESTRO problema. Separación, separación, separación.

Los que tenemos hijos, adquirimos un sexto sentido que nos conecta con ellos, estén donde estén. Sus alegrías son las nuestras. Sus tropiezos, los nuestros. Incluso sus silencios son elocuentes. Son parte de nosotros. No hay fronteras con ellos, estén donde estén. Pues tendremos que aprender a hacer lo mismo con estas personas. Tendremos que ponernos en su lugar. Tendremos que entenderles. Tendremos que sentir lo que ellos sienten. Esa desesperación que les hace saltar vallas, trepar muros, tirarse al mar. ¿Acaso no haríamos nosotros lo mismo en su lugar? Si azuzara el hambre. Si llegara la guerra. ¿Acaso no buscaríamos lo mejor para nuestros hijos, y removeríamos cielo y tierra para dárselo? ¿Qué pasa? ¿Que ellos no pueden buscar un futuro mejor para los suyos? ¡Ah, claro! Es que los nuestros han nacido 25 kilómetros más acá, y los suyos han nacido 25 kilómetros más allá. Gran diferencia para justificar lo injustificable. ¡Qué pronto se olvida cuando los que huían eran nuestros abuelos y bisabuelos! ¡Y qué vueltas da la vida! Hoy quizás indiferentes a tantos de esos dramas, y quién sabe mañana...

Da igual lo que nos pasara en otras vidas. Da igual que los dramas de hoy activen recuerdos dolorosos del ayer. Dan igual los errores del pasado. Lo peor sería la indiferencia. Mientras nos siga doliendo el otro, mientras su sufrimiento nos haga llorar, hay esperanza. Estamos a tiempo de corregirlo todo. De borrar líneas que nunca debieron existir. De hacernos UNO con "ellos". Y de que sólo exista el NOSOTROS. Se llame como se llame. Tenga el color de piel que tenga. Venga de donde venga. 

2 comentarios:

Unknown dijo...

Me ha conmovido. Mi pequeño aporte será abarcar el tema con mis alumnas de la forma más humana y sensible posible. Hablarles al alma no limitarme a solo dar el tema de la inmigración de Spanish A Level.

Familia de 3 hijos dijo...

Me has alegrado el día. Si tiene sentido lo que hacemos y lo que escribimos es precisamente esto que has compartido en dos líneas: conectar con otro ser humano, que vibra en la misma sintonía, y empatiza con el que sufre. Y que tu sensibilidad la puedas compartir con tus alumnas es un privilegio enorme, porque puedes crear un maravilloso efecto multiplicador.
GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS.