sábado, 30 de junio de 2012

Aprendo de MI tragedia


Hace unos días hemos vivido una pequeña gran tragedia en casa: murió Tintín, un precioso hamster, que nos acompañaba desde hace bastantes meses. Podría decir que, como en muchos aspectos de nuestra grave situación actual, era una muerte anunciada. Tras la ilusión inicial por la nueva mascota, nuestros niños empezaron a olvidarse de su mantenimiento periódico alimentándolo y limpiando su jaula, como se habían comprometido, ya que mi mujer y yo no podíamos asumirlo. De poco valieron nuestra insistenci, regañinas y algún que otro aviso que el noble animal ya les dio. No quisieron (o pudieron) verlo. Un día se lo olvidaron a pleno sol.
El llanto, la tristeza, la sensación de culpabilidad y la tragedia (en la dimensión de un niño de 10 años) les dejó una enseñanza que probablemente nunca olvidarán. ¡Qué pena tener que llegar a pagar un precio tan alto! Pero la experiencia nos ha enseñado que a muchos, lo que nos digan otros, o los avisos que las circunstancias o la vida nos dan, de poco valen hasta que sufrimos nosotros el hachazo de nuestra tragedia personal.
Es impresionante hasta qué límite la crisis, el desempleo, los parados, los desahucios e incluso la pobreza o la necesidad, han entrado a formar parte de nuestras conversaciones diarias de café. Pero lo curioso es que no lo fueran desde hace muchos años, en que millones de personas, como nosotros, han estado pasando calamidad. No nos pasaba a nosotros, a nuestra familia, a nuestros amigos, a nuestros vecinos...La tragedia no nos tocaba. No había nada que aprender. No era preciso despertar.
Sin embargo, cuando ese aprendizaje no se produce por las buenas, con sabiduría, y sabiendo leer lo que la vida nos pide, parece que el Universo se encargarse de enseñarnos la vía, por el único camino que muchos saben: por el de la tragedia de lo cercano.
A pesar de ello, aún me sorprende observar que, estando la cosa como está, algunas personas sigan rehuyendo su responsabilidad. Lo veo como en el caso de mis hijos: hicieron dejación de ella. Y cuando uno deja su responsabilidad de lado, aparece inexorablemente el victimismo: "es que el otro día le dí yo de comer ya..."; "es que aún la jaula no está muy sucia..."; "es que ahora estoy muy cansado/a..."; "es que no no dije nunca que me encargaría del hamster...".
EN nuestros días, y aunque seamos adultos, si no asumimos nuestra responsabilidad, aparece sin dudarlo el victimismo: "la culpa es de Merkel o de la prima de riesgo..."; "es que los especuladores financieros..."; "es que el anterior Gobierno..."; "es que mi empresa o mi jefe..."; "es que a mí nunca me dijeron o me enseñaron...".
¡Qué pena de nosotros! El Universo se ha confabulado en nuestra contra, y nadie nos lo resuelve...¿Cuándo dejaremos de culpar a otros, de sentirno "victimitas", y empezar a coger nuestro "toro por los cuernos"? ¿Que eso exoigirá esfuerzos? ¡Pues claro, como el que les suponía, para su edad, a mis hijos responsabilizarse de su mascota...Quizás suponga saber vivir con menos, cambiar de estilo de vida, de trabajo, de prioridades...Pero no hay NADA, absolutamente NADA, que no dependa de nosotros. Las circunstancias externas pueden ser las peores, la tragedia puede cebarse con nuestro entorno, pero si asumimos nuestro rol y nuestra reponsabilidad (incluyendo la de sentirnos UNO con los demás), no hay nada que temer. Y ojalá que no necesitemos muchas tragedias para despertar a esa realidad.

miércoles, 20 de junio de 2012

¿Subirnos a la mesa?

En casa estamos en etapa de pre-adolescencia con nuestros dos hijos mayores. Por ello, este fin de semana quisimos ver con ellos una película para reflexionar juntos aspectos como el "borreguismo", el cuestionamiento de lo establecido, la presión de los que nos rodean, la rebeldía... Ha conseguido su objetivo en casa. Y vista de nuevo tras tantos años, "El club de los poetas muertos" me ha hecho ver su plena actualidad en estos tiempos que corren.
En general me parece un alegato maravilloso hacia el libre-pensamiento, el ahondar en nuestro ser interior, y el huir de lo establecido, de lo políticamente correcto y de las normas que nos convierten en seres grises y alejados de una esencia divina que nos hace únicos.
Pero especialmente me parece apoteósica la escena final: en ella, el señor Keating, profesor de literatura acusado injustamente de haber incitado al suicidio a un alumno, recoge sus cosas tras ser expulsado del colegio, mientras se lee en voz alta cómo encasillar lo encasillable: la poesía. El director, tan sólo obsesionado con las normas, la tradición y la corrección oficial, usa la disciplina con los alumnos, tratando de reconducirlos a un redil puesto en entredicho por el expulsado. Algunos de los alumnos, ante la flagrante injusticia que ellos mismos, por acción u omisión, han cometido con Keating, quien había despertado en ellos su verdadera esencia, se suben a sus mesas. El gesto, bajo el famoso grito de "¡Oh, mi capitán, mi capitán!", es no sólo un reconocimiento a su ex-profesor, sino todo un símbolo de la necesidad de ver las cosas desde otra perspectiva.
No puedo de dejar de ver en ese perverso director a tantos y tantos que dicen que  alzar la voz contra las injusticias es de delincuentes y terroristas; a tantos que tratan de crearnos miedos con la excusa del euro, de la prima de riesgo o de Irán; a quienes nos imponen un modelo que prioriza los intereses de los bancos y las corporaciones sobre los de millones de personas en la pobreza o el desahucio; el de quienes creen que SU verdad nos salvará a todos....Y no puedo dejar de ver en Keating al símbolo de nuestro YO más auténtico: aquél en mayúsculas, que se olvida de esclavitudes por hipotecas,  propiedades o estatus; aquel que se arriesga por cambiar las cosas frente al "status quo"; aquel que nos anima a despertar de nuestro sueño de irrealidades, de dualidades ideológicas y de falsos enfrentamientos.
Las preguntas de mis hijos al acabar la película fueron antológicas, y las escribo aquí por si alguien se anima a responderselas en su caso:
-"Papá: si el profesor era bueno, ¿por qué le acaban echando del colegio y debe irse?"
."¿Por qué hay alumnos en esa clase que se quedan sentados y no se levantan?"-
-"¿No van a hacer una segunda parte de la película, para que TODA la historia acabe bien?"

Estoy convencido que está en nuestra mano hacer esa "segunda parte" de la historia. Con nuestras vidas.




viernes, 15 de junio de 2012

La Libertad y sus hérores cotidianos

Esta semana he incorporado a mi lista de héroes a mi primo. En esta lista no aparecen Superman, Spiderman, Merkel, Rajoy o Benedicto XVI. Aparecen personas reales, de carne y hueso, y que han sido o son capaces de optar por la libertad a pesar de las expectativas de su entorno y de los condicionamientos de su trabajo, educación, ideología o religión. En su caso, ha trabajado como auditor para una gran multinacional, y actualmente era director financiero en una famosa empresa nacional de alimentación. Debieron quedarse "alucinados" en ella cuando dijo que se iba, sin ningún trabajo a la vista, simplemente para dar prioridad a las cosas importantes de la vida. Esas que su azarosa vida profesional estaba eclipsando. Ahora medita, absorbe como una esponja, vive el presente con intensidad y se va durante una temporada a un proyecto social en República Dominicana. Está en mi lista porque ha sabido salirse de su rueda de la rata, a pesar de muchos condicionamientos y obstáculos en contra. Y ha sabido enfrentarse a la coherencia, el gran reto de nuestro tiempo.
Hace unas semanas también incorporé a esa lista a una monja que apareció en un programa de televisión, y que quizás por su edad, o por su fe, tuvo la libertad de manifestarse en contra de su Iglesia en la toma de ciertas decisiones. El periodista se quedó boquiabierto con su actitud crítica, y ella, con una pasmosa serenidad contestó que no tenía jefes, y que era libre desde que nació (ver vídeo). Conozco a pocos que puedan decir lo mismo.
Dice Jorge Bucay que la libertad consiste en ser capaz de elegir entre lo que es posible para mí y hacerme responsable de mi elección. Ni la omnipotencia como punto de partida ("yo hago lo que me da la gana") ni la obediencia debida ("hago hasta donde puedo o me dejan hacer"). Ni es cierto que la libertad absoluta no existe, ni lo es tampoco que consista en hacer lo que se debe. Coincido con él en que sólo podremos dejar de ser imbéciles morales cuando recuperemos nuestra propia moral, cuando dejemos de creer que otros tienen que decidir o prohibir por nosotros. Y eso tiene mucho que ver con la parálisis actual, a pesar de tantas injusticias diarias a golpe de telediario y de boletín oficial del Estado.
Por eso mi lista de héroes es tan escasa. En ella no está un Presidente del Gobierno que sigue los dictámenes de Bruselas. Ni una oposición que dice una cosa y la contraria según el cargo o el momento. Ni muchas personas sindicalistas, de derechas o de izquierdas, que se ven obligados a defender propuestas bajo unas siglas aunque no vayan con sus principios. Ni tantos representantes políticos o del Estado que se escudan en lo legal para encubrir lo injusto.Ni muchos fieles que se pliegan a dogmas, incoherencias o incluso injusticias sin ninguna actitud crítica. Ni tantas y tantas personas condicionadas por una hipoteca, por un status social, por "el qué dirán", o por una inercia laboral que les hace presos en una cárcel de cristal. No están tampoco los que no han sabido trascender las ataduras de sus padres, ni los obsesionados con una reivindicación, por muy justa que sea. Tampoco los reos de la autocomplacencia o los necesitados de reconocimiento y estima social. Ni los adictos/as a relaciones de pareja esclavizantes, a los celos o a la revancha por la ofensa recibida. Tampoco los que se creen sus propias mentiras, ni los fundamentalistas de "su" verdad. Ni por supuesto los que están sólo pendientes de su número de seguidores en twitter o facebook, o de la última novedad para su smartphone. Ahora que lo pienso, es que hay muchas ataduras que nos esclavizan, y no nos damos cuenta de que es momento ahora de romperlas.
En esa lista de héroes, sí está el médico que antepone su labor humanitaria a los dictámenes políticos del recorte. También el parado que supera su frustración para descubrirse como escritor de éxito. Cómo no: tantos y tantos yayoflautas, que enfrentándose a su edad y al "qué dirán" alzan su voz contra tantas injusticias. El político que lucha contra la mediocridad política de su partido en plena mayoría absoluta. O la ciudadana que toma las riendas de su pueblo ante los excesos de los políticos "profesionales". Indudablemente también, los utópicos realistas que crean empresas sociales para integrar socio-laboralmente a los excluidos. Y están en mi lista de héroes, porque no hay nada más motivador que ver a alguien actuando con plena libertad a pesar de su entorno y de la corriente dominante.
Sé que es muy difícil entrar en mi lista. Ojalá mis niños estén en ella pronto. Y ojalá yo también algún día. Espero poder ayudarles a ello, quitándoles ataduras y dándoles herramientas para ser independientes, así como una actitud flexible y crítica para todo lo que se encontrarán en el camino.
¿Qué seríamos capaces de hacer si nos quitáramos este miedo de encima?

sábado, 9 de junio de 2012

¿Que no hay alternativa? ¡Hacer lo correcto, idiota!


[Clinton en su campaña electoral de 1992, defendiendo su modelo, no paró de repetir la frase "Es la Economía, idiota", que luego se convertiría en todo un icono.]


No comprendo nada. Esta es la sensación que tengo en muchas ocasiones.Últimamente, y mirando la situación, no paro de preguntarme si no estamos locos en este mundo en que vivimos. La verdad, no acierto a comprender  el modo de pensar de algunas personas y menos aún ciertas actitudes y comportamientos: banqueros que se van con indemnizaciones millonarias después de hundir su empresa, políticos que no son capaces de asumir sus propios errores o de cumplir sus promesas, responsables de altos poderes del Estado que no tienen ni el más mínimo reparo en justificar gastos privados a cargo del dinero público, miles de familias desahuciadas de su hogar mientras "los de siempre" "apañan" un rescate multibillonario para una banca culpable de la situación...
¿Cómo hemos podido llegar a esto? ¿Cómo podemos ahora aceptarlo sin mover un dedo por lo que es correcto? ¿Cómo no entendemos que es momento de dejar atrás los viejos patrones de aceptación borrreguil?
Lamentablemente, estamos tan metidos en nuestra visión reducida del mundo, la que me afecta a MÍ solamente, que perdemos la perspectiva. Por eso resulta tan fácil quedar atrapados en las dicotomías dialécticas de las ideologías, los métodos y las opiniones (de derechas o de izquierdas, de austeridad o crecimiento, católicos o laicos...). Siempre nos dan dos opciones para que elijamos: MI Mundo en blanco y negro (ME han bajado el sueldo, ME han subido la luz, ME he quedado en paro, ME hacen pagar los medicamentos, ME han aumentado las horas de trabajo, ME, ME, ME...)
Hemos de ser capaces de dar unos pasos hacia atrás y contemplar el paisaje en su conjunto. Entonces sí que NO podemos quedarnos de brazos cruzados. En ese momento, MI Mundo deja de ser en 2 colores, y adquiere miles de matices: la de la realidad de la Injusticia que se nos inflige como sociedad, como comunidad. No caben entonces engaños.

Hace unos días, escuchando una conferencia (los cascos inalámbricos son la mejor herramienta de la supermujer-maruja-trabajadora-familyflauta) me topé con la siguiente cita de Martin Luther King:

"La cobardía pregunta... ¿es seguro?
La conveniencia pregunta... ¿es políticamente aceptable?
La vanidad pregunta... ¿es popular?
Pero la conciencia pregunta... ¿es lo correcto?
Y llega una hora en la que la persona debe tomar una posición
 que ni es segura, ni es políticamente aceptable, ni es popular,
 pero debe ser adoptada porque
 ES LO CORRECTO."

Esto es lo que he estado buscando. No hay duda. Se puede decir más alto, pero no más claro.



domingo, 3 de junio de 2012

Despertar y fluir

Mi mujer y yo llevamos varios años de intenso cuestionamiento a muchos niveles (algunos dicen que "ser consciente" consiste en hacerse preguntas, y no tanto en encontrar respuestas). Y de esas preguntas surgen muy diversas alternativas. Son tiempos de intensos cambios. Cambios que, creemos, nos van a llevar a una nueva situación que estamos seguros que va a ser mucho mejor que la que hemos vivido hasta ahora. Pero para llegar a esa primavera, es preciso pasar por el invierno. Y probablemente el invierno más crudo aún no ha llegado, especialmente para ciertas personas que lo van a padecer con una enorme virulencia (desempleo, pobreza, enormes desigualdades, etc).
Algunos dicen (y nosotros lo creemos) que cada persona tiene una vibración, una forma de interactuar con su entorno, y de establecer prioridades. Y dependiendo de las propias elecciones en la vida, y del modo en que percibimos lo que nos rodea, creamos nuestra propia realidad. Y es ahí donde mi mujer y yo nos encontramos en la necesidad de combinar dos actitudes a priori contradictorias:

1.-Cuando iniciamos este blog, hace algo más de dos meses, nos dábamos cuenta que había muchas personas, en nuestro propio entorno, que no iban a entender los retos que estos acontecimientos nos iban a plantear: algunos viven bajo el miedo continuo (a perder el trabajo, a que nos tenga que rescatar Europa, a la prima de riesgo...); otros viven en la esperanza de que todo vuelva a ser como antes, y que recuperemos nuestro tren de vida, nuestra capacidad de consumo, etc; otros prefieren optar por el inmovilismo, ya que consideran que el destino está marcado desde arriba, y que por mucho que hagamos las cosas no pueden cambiar; los hay también que siguen creyéndose las mentiras de este sistema, o que entran de lleno en las dualidades que nos plantea para tenernos entretenidos (izquierda-derecha, 15M o no, católico o no, ...).
Ante esta situación, y la convicción de que con nuestro pensamiento y actitud somo capaces de CREAR realidades, mi mujer y yo decidimos iniciar la travesía de este blog, y hacer públicas las reflexiones que hacíamos y hacemos en casa. La intención no era (ni es) otra que la de hacernos cómplices de quienes buscan y se plantean interrogantes, y están dispuestos a DESPERTAR y ser realmente CONSCIENTES de una nueva realidad que se nos viene encima. De ahí que hayamos expuesto lo importante de salir de nuestra rueda de la rata, de darnos cuenta del poder de nuestro NO, de unirnos en torno a principios y no a ideologías, de poder diferenciar libertad y democracia, de convencernos del contra-poder que puede tener la indignación colectiva, o incluso la fuerza de la desobediencia civil, diferenciando lo legal y lo justo.

2.-Sin embargo, y en paralelo a lo anterior, desde un primer momento, mi mujer y yo hemos estado convencidos que el invierno había que pasarlo. Que muchas personas, incluidos nosotros, tendríamos quizás que pasar fatigas, dificultades y momentos difíciles, para entender ciertas realidades que de otra forma nos pasarían desapercibidas o no estaríamos dispuestos a asumir. Entendíamos (y entendemos), pues, que tan importante o más que DESPERTAR es el FLUIR y DEJARSE FLUIR (es decir, no luchar hasta agotarse contra  corriente). Y ello especialmente cuando las cosas se tuerzan, cuando empeoren, cuando no entendamos el sentido de muchas situaciones, y cuando ese invierno se recrudezca para muchos. En este ámbito hemos querido aportar la necesidad de abrir nuestras ventanas desde dentro, de convertirnos en niños-anguila, o de estar dispuestos a vivir con menos y compartir. 

Sabemos que algunas de las personas que leen este blog, nos tienen etiquetados como "familia cañera" que participa en el 15M y que con planteamientos, quizás para muchos, radicales, quieren cambiar el mundo. Y sabemos que otras personas creen que estamos en una onda espiritual y de dejarse fluir, teóricamente contraria a lo anterior. Y como bastantes de ellos nos han planteado esta cuestión últimamente, hemos querido clarificarla en este post: creemos que es bueno que despertemos a una nueva consciencia, y que ello nos va a permitir vivir mejor los cambios que se avecinan. Pero al mismo tiempo creemos que cuando estos cambios lleguen (y muchos ya están aquí) deberemos ser capaces de fluir, de dejar estar las cosas y de convivir con ellas. 

viernes, 25 de mayo de 2012

Las ventanas se abren desde dentro

Que es preciso renovar este aire tan viciado que nos rodea es una obviedad. No podemos quedarnos con tanta injusticia, con tanta desesperación, con tanta añoranza de tiempos pasados, con tanto miedo a lo que pueda venir....¡Aire fresco, por favor! ¡Una gran bocanada de aire fresco!
Sin embargo, aunque este sentimiento debe ser compartido por millones de personas en estos momentos, quizás no resulte tan compartida la forma en que dicho aire nos debe llegar. Y una conferencia de Emilio Carrillo que veíamos mi mujer y yo anoche, me resultó tremendamente ilustrativa al respecto. Sí, porque me da la sensación que todos esperamos con ansiedad la llegada de esa brisa refrescante y renovadora. Pero curiosamente casi todos esperamos que venga desde fuera. Bien sea de Rajoy, de Merkel, de Hollande, del FMI, o del Banco Central Europeo...Es decir, esperamos que desde fuera nos abran esa ventana que permita que el aire entre y nos apacigüe.
Pero las ventanas nunca se abren desde fuera. ¿Acaso os imagináis tener que trepar por las paredes de los edificios para poder abrir las ventanas de las casas? Las ventanas se abren desde dentro. Y aunque el símil resulte muy simple, creo que en momentos como los actuales, la sencillez de los conceptos debe llamar a nuestra puerta.
En el fondo, muchas personas quieren que la ventana se abra desde fuera, porque prefieren quedarse sentados en su sofá o en su butaca en lugar de tener que molestarse en levantarse, girar el pomo de la ventana y desplazar sus bisagras.  Prefieren que alguien les solucione la "papeleta" y les permita volver a su vida de antes. ¿Acaso no escucháis a diario millones de veces la frase: "A ver cómo nos sacan de ésta"? ¿O esa otra de: "Esperaremos a ver qué pasa"? ¿O la de "Ya veremos cuando vengan tiempos mejores"? ¿Y si no vinieran o no volviéramos al nivel de antes? ¿Y si nadie aparece volando por la ventana y nos la abre? ¿Seguiremos con la ventana cerrada con este aire tóxico e irrespirable?
Las ventanas, de toda la vida, se abren desde dentro. Y los tiempos que corren, nos obligan a actuar desde dentro, desde nuestro interior. Priorizando otras cuestiones en la vida. Colocando el consumismo, el dinero y la competitividad en lugares mucho más secundarios. Trabajando en equipo como sociedad o incluso, como planeta, en lugar de con la individualidad y egoísmo que han predominado estos años. Olvidándonos de ideologías, de izquierdas y derechas, y centrándonos en principios y en libertades. Asumiendo que quizás no podamos cambiar de coche, viajar en avión, irnos de "compritas" o comer fuera de casa cuando nos apetezca. Pero disfrutando de las cosas que verdaderamente valen la pena: la familia, los amigos, el presente, nosotros mismos...
No digo, con ello, que debamos ser conformistas. ¡Todo lo contrario! Es imprescindible renovar este aire viciado por culpa de la falta de escrúpulos de unos pocos. Y es fundamental ser exigentes y levantarnos colectivamente contra esas injusticias, diciendo NO con rotundidad a tanto desmadre. Pero incluso para eso, hace falta abrir la ventana desde el interior, en lugar de quedarnos en nuestro sofá. Es preciso dejar de ser conformistas, conservadores, cómodos o simplemente miedosos.
¿Y si probamos a levantarnos y abrir nuestra ventana?

lunes, 21 de mayo de 2012

Tenga un niño-anguila para aprender con la crisis

Mi segundo hijo, como los otros dos, es un ser especial. Pero éste tiene unas especiales dotes para iluminarnos en los momentos actuales de convulsión y crisis que nos azotan. No sé si será un niño índigo o qué. Pero es tremenda su capacidad de adaptación a las circunstancias, por muy crudas que sean para él.
Con sus 9 años, es travieso y despierto como el que más. Y eso le lleva a hacer travesuras y a tener los lógicos roces con sus hermanos en estas edades. Sabe que en esos casos, sus acciones tienen consecuencias, y debe responder por ellas. Pero a diferencia de sus hermanos, si a él le toca un castigo o una reprimenda, tiene el maravilloso don de adaptarse a la nueva circunstancia que ello supone. Y no por dejadez, o por evasión de la realidad, sino porque tiene la facultad de ver lo positivo y la oportunidad, en lo que los demás ven un castigo o una situación negativa. Si se le castiga con irse a pensar a su cuarto, está encantado porque eso le permite meterse de lleno en su rica imaginación. Si se le envía a llevar la basura por alguna fechoría, está encantado porque eso le permitirá ver a su amigo al pasar por la puerta. Si se le separa momentáneamente de los juegos de los demás, se alegra porque así puede tener un ratito para hablar con mamá o papá "para él solito" (como le gusta decir). Por muchos obstáculos y piedras que se pongan en su camino, como si de una anguila se tratase, él sabe esquivarlas, y encara el siguiente repecho del río con más fortaleza y decisión que antes. Para unos padres es frustrante en lo relativo a tratar de imponer consecuencias a sus actos desviados, porque a veces nos deja desarmados. Pero para él puede ser un seguro de vida en los tiempos que nos tocarán vivir.
¡Ojalá todo el mundo sepa ver una oportunidad en los duros momentos que nos aguardan! ¡Ojalá haya mucha gente que sepa ver la oportunidad en la crisis, la forma de rehacer nuestros principios y nuestros valores en base a los "palos" que la vida nos da! El futuro que nos aguarda no va a ser fácil, y sólo aquéllos que sean capaces de adaptarse con flexibilidad al cambio de situación, y al nuevo estilo de vida que nos aguarda, podrán sentir que la vida les sigue sonriendo. Como a mi hijo-anguila, después de su castigo.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Experiencias familiares en torno al 15M

Como mi familia y yo estamos indignados, este pasado fin de semana ejercimos de tales. #SoyFamilyFlauta y  pude llevar a mis niños a la manifestación y posteriores asambleas del 15M en Málaga. Creo que fue una magnífica oportunidad para que conocieran de cerca a miles de personas inconformistas que estaban dispuestas a movilizarse para que las cosas cambien. Les sirvió para darse cuenta que quedarse sentado/a en el sillón criticando al político de turno o al sistema, no es la mejor estrategia para que las cosas cambien. Y pudieron conocer lo heterogénea que es la realidad, con miles de personas, de todas las edades, sexo y condición, y con intervenciones de lo más variopintas o incluso contradictorias. Esa es la gran riqueza de la movilización social, y de un movimiento tan líquido como el 15M. Pero también el punto flaco que tratan de aprovechar sus detractores.
Mis niños no entendieron que se dijeran "palabrotas", que se ondearan ciertas banderas o se cantaran canciones en contra de ciertas ideologías o confesiones, como se proponía en los vídeos de la convocatoria. Y ahí debo darles la razón: el 15M debe aspirar a aunar esfuerzos, no a imponer ideologías, banderas, o lemas que pueden herir al que tenemos al lado (muchos de los allí presentes podían ser católicos, monárquicos o incluso de los 10 millones de votantes del PP). Creo, con rotundidad, que se debe huir de ideologías, y unirnos en torno a principios. Esos mismos que están siendo flagrantemente atacados en estos momentos. De lo contrario estaremos poniendo en bandeja a los poderosos su estrategia del "divide y vencerás".
En Málaga, la convocatoria del sábado coincidió con la Noche en Blanco, llena de eventos culturales por todos lados. Era un momento muy propicio para que las decenas de miles de personas que abarrotaban las calles, se hubieran volcado también con la manifestación. Y aunque ésta fue multitudinaria, creo que no resultó "apabullante", como hubiera sucedido de acudir a ella una mínima parte de los participantes en esta velada cultural. Me preguntaba por qué. Y también lo hice ayer al ver la capacidad de movilización que la última jornada de fútbol tuvo tanto en Málaga como en el resto de España, con miles de personas animando, sufriendo, llorando y movilizándose por algo tan banal como quedar el tercero o cambiar de categoría un año. ¿Por qué? ¡Menudo desperdicio de energía colectiva!
Desde hace meses, hablo con mucha gente sobre la situación actual, la crisis, y la necesidad de movilizarse y actuar. Ha sido uno de los grandes efectos de este blog. Y TODOS, absolutamente TODOS, me han manifestado su amargo descontento, su frustración, su indignación y su cabreo. Es decir, de una forma u otra, todos eran 15M. Sin embargo, a la hora de reconducir dichos sentimientos hacia algo que permita cambiar la situación, comparativamente son pocos de ellos los que aportan y menos aún los que se movilizan. Y al preguntarles la razón, me encuentro con varios tipos de respuestas:
  • Algunos consideran que en todas estas movilizaciones y exteriorizaciones de indignación colectiva, hay más violentos y gamberros, y o bien muestran su miedo, o bien no quieren ser señalados como tales. Es decir: son los que el Gobierno y sus medios afines han logrado meterse en el bosillo con sus argumentos de criminalización y de generalización de las excepciones. En estos casos será crucial el trabajo de comunicación y contra-propaganda del movimiento 15M.
  • En otros casos, se tiene la sensación de que ha habido pocas concreciones desde el año pasado, y que se avanza poco, con lo cual, prefieren no perder el tiempo si no se va a conseguir un resultado. Su respuesta suele ser: "¿Para qué, si al final no se consigue nada o todo sigue igual?" Este peligro de la sensación de inmovilismo aumenta por el carácter de "catarsis colectiva" que estas manifestaciones tienen: para muchos es la única forma de desfogar su rabia, de gritarle a las injusticias, y de insultar a quienes creen sus culpables. Ello puede ser necesario, pero en mi opinión claramente insuficiente. Opino que es crucial centrar la presión en un punto, que sea de clarísimo consenso en cuanto a su injusticia, y una vez conseguido éste, pasar al siguiente, recogiendo el entusiasmo colectivo por su consecución. Gene Sharp lo dice claro en su manual. Pero creo que con tantísimas comisiones y asambleas, la batalla de la gran opinión pública se puede estar perdiendo (aunque estemos de acuerdo en que si queremos estar verdaderamente informados, deberemos apagar la televisión)
  • En otras ocasiones, el inmovilismo se justifica en la necesidad de crear una estructura en forma de partido o asociación, que permita canalizar las propuestas que puedan surgir del movimiento 15M. Sin esa estructura jerarquizada y disciplinada, creen que todo son gritos y propuestas inconexas. Y simplifican el enorme trabajo avanzado por miles de comisiones durante todo este año. El debate surgido en el seno del 15M sobre la necesidad o no de dicha estructura parece estar siendo rentabilizado por sus adversarios. ¡Seria llamada de atención para no perder el Norte y las energías en aspectos secundarios! En mi opinión, no se trata de crear un organismo o un ente más, que entre en la dinámica viciada de los demás partidos, organismos o instituciones. Se trata de generar un verdadero contra-poder, que de forma simple y sencilla delimite las líneas rojas que la ciudadanía no está dispuesta a tolerar. Y esas líneas rojas NO son ideológicas. Son principios éticos y morales que no deberían haberse nunca traspasado, y que son comunes a cualquier ideología.
  • Finalmente otros, por su situación personal, familiar o laboral, no pueden participar en las concentraciones, o acampadas. Es cierto que éstas supusieron, por su visibilización el pasado año, un destacadísimo punto de inflexión. Pero el Gobierno y las fuerzas de seguridad, parecen haberlas neutralizado con la doble herramienta de los horarios limitados y los desalojos a horas intempestivas o de menor afluencia de personas. Creo que obsesionarse con las acampadas sería un error. Hay muchísimos mecanismos de protesta. Contra Milosevic, en el gélido invierno de los Balcanes, se veía desfallecer el movimiento presencial en las calles, y se optó por acallar los telediarios gubernamentales con monumentales caceroladas diarias de todo el país a la misma hora. Fórmulas hay de sobra. Lo que no debe dar la sensación es que el movimiento se diluye, que se centra en infinidad de comisiones o asambleas de utópicos sin concreción, y que trabaja a golpe de conmemoración. La presión debería ser, en mi opinión, continua y acorde a las posibilidades de mantener el pulso. 
Creo que en parte la batalla de la apatía colectiva y de la comunicación interesada de los poderosos podría ganarse con un poco de estrategia. Está bien (y es fundamental) que se vea la indignación, la diversidad y el alud de propuestas sobre la mesa. Pero todavía es más importante que se vean logros concretos, que permitan incrementar las expectativas de los apáticos, a la vez que el miedo en los que nos imponen las injusticias. Y en ello creo que estamos pecando de inconcretos y generalistas.
Nuestros objetivos deben cumplir la técnica S.M.A.R.T. Deben ser específicos (specific) siendo lo más detallados posible. Deben ser mensurables, es decir debe poder medirse su progreso y eficacia. Deben ser alcanzables: si bien es admirable ser agresivos con las metas, establecer su valor demasiado alto haciéndolas inalcanzables, puede ser contraproducente y desmotivador. Deben estar orientados hacia los resultados, enfocándose siempre en lo que se quiere, y no en lo que NO se quiere, y estableciendo metas de manera positiva. Y deben tener tiempo determinado (time-limited) o fecha de caducidad.
En mi opinión las 5 razones u objetivos que se habían propuesto para salir a las calles el 12M15M, en la forma en que estaban formuladas, no cumplían los requisitos anteriores.

  1. Ni un euro más para rescatar a los bancos.
  2. Educación y Sanidad públicas y de calidad. 
  3. No a la precariedad laboral. No a la reforma.
  4. Por una vivienda digna garantizada.
  5. Renta básica universal.

Por supuesto que son más que justas y pertinentes, pero formuladas así, sin los criterios anteriores, no dejaban de ser un "desideratum". Un slogan para aunar esfuerzos en una convocatoria. Pero no una exigencia tajante, a modo de puñetazo sobre la mesa que dejase claro a quien corresponda lo siguiente: "Hasta no conseguir esto no vamos a parar. Y cuando consigamos esa, vamos a por la siguiente".

Como en otras cuestiones, quizás interese mirarse en el caso islandés, y cómo en la formulación y exigencia paulatina de las reivindicaciones no cabían "medias tintas". Era "O SÍ O SÍ". Y estaban formulados de forma específica, medible, eran claramente alcanzables (como su consecución ha demostrado), iban enfocados a un resultado positivo, y no se dejaba de ejercer presión hasta que ese objetivo se lograse:

  1. Dimisión del primer ministro, el conservador Geir  H. Haarden, y de todo su gobierno en bloque.
  2. Convocatoria de elecciones anticipadas.
  3. Someter a referéndum la devolución de la deuda a G.Bretaña y Holanda.
  4. Nombramiento de ciudadanos para crear una nueva constitución.
Estoy con Antoni Gutiérrez en que el #15M es pura poesía política cargada de inteligencia. Pero debe utilizarse esa poesía, esa inteligencia y su enorme caudal de energía creativa para deshacer una a una las grandes injusticias que nos están imponiendo "a los de abajo". Usemos para ello la astucia, la estrategia y la concreción paulatina y consensuada.

jueves, 10 de mayo de 2012

El síndrome de la estatua o la parálisis "acongojante"

Ya no estoy indignada. Sencillamente, estoy muy cabreada.

Hace unos días escuché en la televisión que, en Cataluña, como estaba la cosa tan mal con esto de la crisis, no había más remedio que cobrar 5 euros a cada enfermo de los hospitales en concepto de comida. Es  razonable, ya que el sistema no puede soportar la carga de elaborar esos  deliciosos y nutritivos manjares de la Nouvelle Cuisine hospitalaria a cargo del gasto social.

 La siguiente noticia me dejó aún más perpleja: el formidable despliegue de seguridad para la reunión del CBE en Barcelona (a precio razonable, claro ¿?), tan sólo igualable al que en su día se organizara en torno a los juegos olímpicos del '92. Para colmo, en las imágenes se podía ver a los dirigentes sentados en un lujoso hotel preparándose para tomar su almuerzo, que, digo yo, supongo que a estas alturas será una sopita de picadillo y un revueltito de patatas con judías de esos de toda la vida ¿no?, a la vista  de lo mal que anda el presupuesto... #nomelotrago

Y ahora me vienen con lo de Bankia... ¿Es que me ven cara de tonta? Pues me temo que sí, y seguramente estarán en lo cierto porque  nos hacen tragar con ruedas de molino, nos inundan de mentiras mientras nos roban... sí, no me he equivocado de palabra: NOS ROBAN, porque el dinero público es dinero de todos y que yo sepa no hemos dado nuestro consentimiento para que se use para salvar a la banca en vez de en Sanidad o Educación. Sí, sufrimos, como decía un amigo nuestro, el síndrome de la estatua. Yo, más gráfica, como siempre, le llamo el síndrome de la parálisis acojonante, pero al fin y al cabo es lo mismo: el miedo nos paraliza y nos atonta. El miedo nos hace mirar al otro con recelo, pero yo no me muevo, no me hago notar, miro para otro lado,  por si acaso ... mientras a mí no me toquen, que cada uno defienda lo suyo. Pues no vamos a tardar mucho, porque todos estamos en el punto de mira.


Por si no nos hemos dado cuenta, se apela a la necesidad de austeridad, mientras nuestros dirigentes se regalan en autobombo, comilonas y reuniones donde no hacen más que darse palmaditas en la espalda a cargo de la hacienda pública. Los directivos de bancos y grandes empresas no renuncian a indemnizaciones millonarias que pagaremos entre todos los ciudadanos. Por cierto, que yo sepa, a un trabajador raso no se le "indemniza" si dimite o renuncia a su puesto de trabajo. Se hacen recortes que nos afectarán a todos mientras se "rescata" a aquellos que con su codicia han desatado esta crisis. Y estoy de acuerdo en que esta situación la hemos creado entre todos, pero coincido plenamente con Francisco Álvarez, ex-vicepresidente de la Bolsa de París, en que no todos nos hemos responsabilizado por igual. La gente de a pie ha perdido sus casas, su trabajo y, ahora, sus derechos. Los empresarios pierden sus empresa y sus trabajadores. ¿Y los bancos? ¿Y los dirigentes que han permitido esta situación? A ellos se les ayuda o se van de rositas o a una de esas empresas que en su día protegieron y en la que ocuparán un alto cargo.



Nosotros mientras, con nuestro síndrome, sentados en el sofá viendo la tele tragando noticias absurdas o el fútbol.


A mí, el cabreo me ha despertado del letargo. Ya no me basta estar indignada, hay que levantarse y andar.





lunes, 7 de mayo de 2012

Endeudarse o no: esa parece ser la cuestión

Desde que estalló la crisis, ha habido muchos que no han parado de repetir un mantra sermoneador que pretenden universal: "Es que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades". Pues la verdad, depende de quién. Que se lo pregunten a los cientos de miles que ya iban a los comedores de Cáritas hace años, o a tantas y tantas familias en paro. Quizás más de uno de los que vivían por encima de sus posibilidades, ha sido causante de la situación en la que estamos, y encima lo han ascendido en su multinacional, banco o partido político. O al menos no está entre rejas, como debería.

Otro de los mantras que no paran de martillearnos mañana, tarde, noche y madrugada es el siguiente: "como en una familia, nadie puede gastar más de lo que ingresa". Como principio general, me parece bien. Pero admite tantas excepciones, que deja de ser un principio general. Yo añadiría: "depende de para qué". Si tu familia no ingresa lo suficiente, pero hay un gasto importante, como puede ser una operación en el extranjero, el arreglo del coche para ir a trabajar, o cambiar de frigorífico porque se ha estropeado el anterior, por supuesto que no sólo no es criticable, sino incluso necesario el endeudamiento. La clave, pues, es saber para qué nos endeudamos. Y precisamente ahí es donde se han cometido los excesos. Y muchos de ellos precisamente por parte de los que ahora nos piden que nos apretemos el cinturón y que nos olvidemos de endeudarnos.

Desde las familias y ciudadanos no hemos estado ajenos a este problema, y conozco a muchas personas que, "gracias" a su banco, se han embarcado en faraónicas casas o palacetes, en su segundo o tercer coche, en un yatecito....todo ello sin un respaldo real en sus ingresos. Ha sido el gran lema de estos años de boom: "Tenga un adosado, y sea la envidia de su cuñado". Su endeudamiento les hacía aparecer ante sus amigos y familiares como potentados, en un curioso delirio de grandeza colectivo. Los pocos que se han resistido a ser coherentes con su realidad, han sido los que ahora luchan por seguir a flote.

Creo que el "para qué" es la clave de todo. Trabajo actualmente como técnico asesor de emprendedores y empresarios. Y el 95% de las personas que nos consultan lo hacen para ver si tienen derecho a pedir una subvención. Yo ya he dejado de creer en ellas hace mucho tiempo. Precisamente porque la mayoría venía "por la pasta" simple y llanamente, sin un verdadero enfoque viable para sus potenciales negocios. Incluso me he encontrado con proyectos perfectamente viables, en el momento y lugar adecuados, que han modificado sus planes iniciales con tal de poder optar a los requisitos de la subvención de turno. Ésta llegaba tarde y mal, y a muchos de esos proyectos ya "se les había pasado el arroz"u otro había ocupado su cuota de mercado. No se tenía nada claro el "para qué"

Deuda o endeudarse, no tiene, pues, por qué ser malo o negativo, siempre que tenga un sentido común y un respaldo en nuestra realidad y economía. Endeudarse para irse de juerga todas las noches, o hacerlo sin ganar lo suficiente para devolver el préstamo sí lo es. El gran problema es que el mecanismo de endeudarse es precisamente el que sustenta el lucrativo mercado del dinero. Dinero es deuda. Según varias estimaciones, el volumen de dinero en circulación procedente de los Bancos Centrales es ridículo en relación al total en circulación. El resto es dinero creado por los bancos privados al pedirles nosotros un préstamo. Y lo hacen con una simple anotacion en cuenta. Lógicamente a enormes corporaciones les interesa que este mecanismo se perpetúe. De ahí que busquen todas las posibilidades de manipulación, para que piquemos en su anzuelo. Nuestros principios y nuestro sentido común son nuestra única defensa. Y muchas personas, en los últimos años no lo han puesto demasiado en práctica.

Quizás sea el momento de usar el sentido común ahora. Quizás sea el momento de apostar por economías más cercanas y locales. Quizás debamos darle al dinero su verdadero valor: NINGUNO, ya que es una simple convención. Quizás valga la pena que nos prestemos entre los vecinos en base a nuestra confianza. O incluso que hagamos nuestros "pinitos" con intercambios de prestaciones. El "yo por tí, y tú por mí" o el "yo te doy y tú me das". Este sistema se ha construido íntegramente sobre el principio de que cada uno, buscando su propio interés, generaría unos procesos de oferta y demanda, que acabarían equilibrándose automáticamente en beneficio de todos. Parece que el cuento no ha acabado con "y comieron perdices". Quizás haya que volver a contarlo.

viernes, 4 de mayo de 2012

Mucho macro, pero ¿y lo micro?

Desde que estalló la crisis, no he parado de oír infinidad de análisis económicos tratando de localizar el culpable de nuestros males, así como su solución. Estudié Económicas y Empresariales, pero creo que mis aportaciones aquí serían de poco valor respecto al debate público que existe: que si hay que centrarse en apretarse el cinturón a base de recortes en el gasto, o que si hay que dinamizar la economía con estímulos. Que si hay que seguir a Joseph Stiglitz y Paul Kraugman, o si por el contrario hay que apostar por Merkel o el Fondo Monetario Internacional. Y como siempre ahí nos tienen entretenidos los medios de comunicación de cada trinchera ideológica y partidaria, llenándonos la cabeza de SU maravillosa solución. Y cada uno tratando de poner el foco en quién fue el culpable y quién debería sacarnos de ésta: que si Zapatero, Rajoy, Merkel, el Banco Central Europeo, la Banca, el Fondo Monetario Internacional, las multinacionales...Indudablemente la lista sería enorme. Y en ella, sin duda, habría más de uno que debería estar ya en "chirona".
Sin embargo, creo que estos debates de lo "macro", a los ciudadanos de a pie, realmente nos aportan muy poco. Es más, creo que desvían totalmente la atención de nuestra posible aportación para salir de la situación. Nos mantienen entretenidos, como tras un partido de fútbol, discutiendo si fue o no penalty. Pero nos convierten en meros espectadores de un espectáculo muy poco edificante, en el que interesa que seamos pasivos. Así, se nos invita a que otros nos arreglen el panorama, y que nosotros, con nuestra dosis de recorte (sea a nivel de bolsillo o a nivel de la yugular), esperemos pacientemente a que esto vuelva a su cauce normal, bien en el 2012 o en el 2039. Y mientras tanto: fútbol, Fórmula-1, y mucho programa de "cotilleo" en la tele. ¡Que no falte el "pan y circo" del siglo XXI!

Creo, por el contrario, que si hemos llegado a donde estamos, es porque en un determinado momento "los de a pie" hemos empujado con nuestras acciones u omisiones a que otros nos lleven a esta situación. Y si seguimos actuando con los mismos esquemas millones y millones de personas, difícilmente se conseguirá otro resultado en nuestro futuro. Es curioso que ahora haya tantos indignados, y de forma tan global y simultánea en el Planeta. Pero lo cierto es que desde hace varias décadas más de 3.000 millones de personas vivían con menos de 2 dólares al día. Si no ha habido indignación antes era porque no nos tocaba a nosotros, que quizás teníamos más voz. Ahora sí nos empieza a tocar y nos quejamos por fin. Algo tendremos que recapacitar al respecto.

Quizás debamos darnos cuenta que debemos cambiar nuestros hábitos. Que el "capricho" de comprar fruta que no es de temporada o de nuestra región exige desplazar toneladas de fruta a miles de kilómetros consumiendo toneladas de energía y emitiendo ingentes cantidades de CO2. ¿No será mejor consumir productos locales de pequeños agricultores? Quizás debamos darnos cuenta que el dinero es una mera ficción que nos hemos creado para intercambiar bienes y servicios, y que exigir a nuestro banco intereses altísimos como hace unos años lleva a invertir en negocios muy lucrativos pero muy poco éticos (comercio de armas, transgénicos, tala de bosques, etc). ¿No deberíamos reflexionar sobre las consecuencias de nuestras inversiones y plantearnos dar microcréditos a nuestros vecinos, a los que conocemos, pero que no son apoyados por una banca sin escrúpulos? Quizas sea momento de darnos cuenta que la felicidad no la dan 3 coches, dos casas, o viajes transcontinentales, si nuestra economía no da para ello. ¿No sería bueno recapacitar sobre si hemos vivido por encima de nuestras posibilidades azuzados por comerciales de banca con pocos principios? O quizás deberíamos ser capaces de buscar otros medios de información o de entretenimiento, que realmente no favorezcan la manipulación en favor de los intereses de unos pocos, dueños de canales de televisión, periódicos y emisoras de radio. Quizás deberíamos reflexionar sobre nuestra actitud ante el miedo colectivo que tratan de inculcarnos para que actuemos en una dirección u otra (el ejemplo de la manipulación de la Gripe A del año pasado o de la caída del euro son clamorosos). Quizás debamos optar por buscar la raíz de nuestras dolencias y problemas de salud, en lugar de consumir medicamentos con unos intereses comerciales muy poco éticos. Quizás debamos involucrarnos más en la educación de nuestros hijos y controlar la información que reciben, en lugar de dejarlo "aparcados" en los colegios. Quizás debamos optar por comprar en nuestro barrio o ciudad para favorecer a nuestros vecinos, en lugar de comprar en multinacionales que oprimen al pequeño. Quizás debamos reflexionar que cuando pedimos precios baratos, puede que se esté esclavizando a alguien en algún rincón del planeta para que pueda venderse a ese precio. Ser sensibles a ello nos permitirá ser coherentes con nuestra queja cuando le ofrecen un sueldo de 400€ a nuestro hijo tras estudiar 2 carreras. Optar por economías e incluso monedas locales en nuestras decisiones "micro" puede abrir la puerta a un enfoque distinto de la realidad que vivimos. Si nos diéramos cuenta que nuestras opiniones en la calle, con la familia, en nuestro blog o correo electrónico son imprescindibles, y que depositar una papeleta en una urna cada 4 años es insuficiente y una coartada para quienes buscan cheques en blanco, probablemente algunos no se sentirían tan seguros en lo acertado de sus decisiones.

Nuestras pequeñas decisiones en lo "micro", unidas a las de millones de personas, son las que realmente pueden y deben cambiar la realidad. No deleguemos en otros el cambio de la situación, porque de lo contrario se asegurarán que el futuro será de ellos y no nuestro.

martes, 1 de mayo de 2012

Trabajar menos y vivir con menos: ¿Te apuntas?

No soy una persona propensa a las crisis personales. Pero el 2001 lo pasé mal. Y todo por cambiar de domicilio. Me mudé y era incapaz de encontrar trabajo. Había llegado a tener 5 ofertas simultáneas en Madrid, y ahora en Jaén era incapaz de encontrar nada. Mi autoestima se resintió mucho, y creía que la situación ponía en cuestión mi capacidad. Habíamos tomado la decisión para tener niños y ganar calidad de vida. Mi mujer trabajaba. La situación no era holgada, pero tampoco asfixiante. Sin embargo aprendí dos cosas: 1.-La desesperación que deben sentir millones de personas que salen de sus casa todas las mañanas para encontrar un cartel en un escaparate pensado para ellas, y que  vuelven por las noches procurando no contagiar su desesperación en casa. 2.-La programación tan brutal que este sistema nos ha trasladado, que hace que un medio o una herramientas de vida, como es el trabajo, se haya convertido en un fin en sí mismo.

Como ya hemos expuesto en otros posts, salir del círculo vicioso de paro y déficit en el que estamos no depende de la varita mágica de un "salvador". Va a exigir medidas innovadoras. Seguir haciendo o valorando "lo de siempre" nos va a dar el resultado "de siempre". Y optar por ampliar la edad de jubilación, trabajar más horas, o eliminar derechos laborales entra dentro de ese esquema, en el que con menos recursos, queremos seguir manteniendo el mismo esquema de siempre. Quizás tengamos que hacer el esfuerzo de salir de la "rueda de la rata", romper con ficciones auto-impuestas como el dinero o el tiempo, pensar en esquemas de compartir con otros, plantearnos nuestro papel individual para cambiar el estado de las cosas, o poner en práctica el sano ejercicio de decir "NO".

Como afirma un reciente estudio de NEF (The New Economics Foundation), ante esta profunda crisis socio-económica y ecológica es necesario revisar nuestra forma de entender el trabajo y las actividades humanas: existen otros fines distintos del crecimiento, y el ser humano tiene otros medios de expresarse además de la producción o el consumo.En este camino es importante avanzar hacia una nueva redistribución del tiempo y apostar de forma decidida por la reducción de la jornada laboral.

A lo largo de varias décadas, modelos con un menor número de horas laborales han formado parte de la rutina de trabajo de muchas personas. No representan un alivio universal, pero las medidas que suponen un número de horas de trabajo menor, o más concentradas, resultan populares cuando se dan condiciones de estabilidad y las condiciones salariales son favorables. Podemos destacar experiencias como la «semana de tres días» en Reino unido en 1974, la «semana de 35 horas» de 2000 a 2008 en Francia, la «semana de cuatro días» de 2008 a 2009 en Utah (EE.UU.), y medidas de emergencia durante la recesión de 2009 en Reino Unido.
No se trata de reducir el número de días semanales de trabajo, sino de reducir el número de horas diarias de trabajo. De lo contrario se dejaría sin modificar la norma por la que la vida diaria se estructura en torno a las horas de trabajo remunerado, se adapta a sus demandas fundamentales, y se encuentra imbuida por valores asociados a esa estructura. Una semana laboral claramente inferior (como la de 21 horas), o su equivalente en horas distribuidas a lo largo de un mes o año, invalida ese escenario. Nos fuerza a considerar un conjunto diferente de relaciones entre tiempo, dinero y consumo, así como la forma en la que estas nuevas coordenadas podrían influir en la distribución de poder entre la gente y los grupos, en qué es lo que realmente importa para el bienestar de la humanidad, y en cómo podemos lograr un futuro sostenible.

Trabajar menos horas al día modificaría el tempo de nuestras vidas reformaría nuestros hábitos y costumbres y alteraría radicalmente la cultura dominante de las sociedades occidentales. Contribuiría a la promoción de una justicia social, bienestar y buen vivir sostenibles, a salvaguardar los recursos naturales del planeta y a construir una economía robusta y próspera.

Pero esto no debe hacerse de forma precipitada, como afirma el estudio, sino mediante un enfoque sistémico para hacer política basado en un entendimiento de la interacción entre economía, sociedad y medio ambiente. Un sistema de bienestar que sirva para el futuro no puede centrarse únicamente en la economía de mercado. Por el contrario, se debe valorar y nutrir otras dos economías que hasta el momento han sido pasadas por alto: la economía natural o los recursos del planeta , y los recursos humanos que componen y sostienen la vida social.

Examinamos a continuación los potenciales beneficios de una semana laboral mucho más corta:

1.-Protección de los recursos naturales del planeta: la sostenibilidad medioambiental es primordial, por tres razones fundamentales:
a) Consumir menos y de forma diferente ayudaría a que la gente saliera de la rueda del consumo.
b) Tiempo para vivir de forma más sostenible: muchas de nuestras elecciones como consumidores son en nombre de la conveniencia. Compramos comida procesada, platos precocinados, verduras preparadas y empaquetadas, vehículos de motor, billetes de avión, y una serie de aparatos eléctricos porque en principio parece que nos ahorran tiempo, con un elevado gasto de energía, carbono, y materiales de desecho.
c) Una huella menor: Una reducción de las horas de empleo remunerado, un menor poder adquisitivo para quienes tienen los ingresos más altos, más tiempo para vivir de forma sostenible, y un cambio hacia valores no materialistas ayudará a reducir las emisiones de carbono y salvaguardar los recursos naturales.

2.-Justicia social y bienestar para todos, y ello en base a las siguientes razones:
a) Bienestar mejorado para los desempleados y quienes tienen exceso de trabajo.
b) Cambiando las fuentes de control: una importante reducción de las horas de trabajo a todos los niveles establecería oportunidades para cambiar la forma en que la gente controla sus vidas.
c) Reparto más justo entre mujeres y hombres: una semana laboral mucho más corta podría ayudar a distribuir el trabajo no remunerado de forma más equitativa entre mujeres y hombres
d) Un mejor reparto para padres e hijos permitiría pasar mucho menos tiempo en el trabajo remunerado y dejar a los padres con mucho más tiempo para pasar con sus hijos.
e) Una mejor tercera edad: si todo el mundo pasase menos horas trabajando, la transición más adelante del «trabajo» a la «jubilación» sería muy diferente.
f) Más tiempo para los cuidados: una semana laboral mucho más corta dejaría más tiempo libre para cuidar de otras personas (familiares, amigos y vecinos). Se trata tanto de hacer la vida más fácil para aquellas personas que ya son cuidadoras, como de compartir más los cuidados.
g) Más tiempo para ser ciudadanos activos: ser un ciudadano activo lleva tiempo (unirse y participar en actividades locales y organizaciones, conocer a los vecinos, realizar tareas de voluntariado). La democracia lleva tiempo (aprender sobre cuestiones políticas, involucrarse en la toma de decisiones, unirse y apoyar a partidos políticos, hacer campañas y votar). Quizás esta sea una de las cuestiones que a "los de arriba" no les haga mucha "gracia", pero que es clave en la crisis actual de las democracias.
h) Haciendo crecer la «economía vital»: el Estado de Bienestar ha crecido de manera exponencial. Su crecimiento ha dependido siempre de un crecimiento económico continuo que, a través de los impuestos, produjese más beneficios para pagar mayor y mejores servicios públicos. Quizás debemos prepararnos para no crecer, con todo lo que ello implica para el Estado del Bienestar. En cualquier caso, el endeudamiento de los gobiernos en la crisis actual "parece" obligar a realizar recortes a lo largo y ancho de los servicios públicos. Si queremos seguir ofreciendo educación, salud y cuidados sociales, transporte público, guarderías, ayudas a la renta, pensiones y todo el resto de cosas ofrecidas por el Estado y de las que todo el mundo se puede beneficiar sin importar sus medios, entonces deberíamos explotar nuevos recursos. Hemos identificado tres economías que deben funcionar juntas para una justicia social sostenible. Hemos visto que no podemos hacer crecer la economía de mercado. Tampoco la economía natural, sino más bien esperar salvarla de un fracaso catastrófico. Podemos, sin embargo, hacer crecer la economía «vital», que está hecha de los abundantes e inestimables activos contenidos en la vida diaria de las personas (tiempo, energía, sabiduría, experiencia, conocimientos y habilidades) y en las relaciones entre ellos (amor, empatía, atención, cuidado, reciprocidad, enseñanza y aprendizaje). Si son ignorados, se debilitarán y reducirán.
i) Co-produciendo bienestar: la co-producción es un mecanismo clave para el crecimiento del núcleo central de la economía. El pasar mucho menos tiempo en el trabajo, nos permitiría emplearlo en coproducir bienestar para nosotros mismos y los que nos rodean
j) Más tiempo para el tiempo de ocio: todos necesitamos tiempo que emplear en actividades cotidianas, más allá del básico cuidado personal. Confiere textura, espacio e individualidad a la experiencia humana, y apuntala nuestro sentido de autonomía.

3.-Una economía robusta y próspera
El objetivo no es adaptar la sociedad las necesidades de la economía de mercado, lo cual ha sido la pauta hasta ahora; sino adaptar la economía a las necesidades de la sociedad y del medio ambiente. Ello supone los siguientes beneficios potenciales:
a) Beneficios para los negocios: redistribuir el tiempo pagado y el no pagado más equitativamente, especialmente entre hombres y mujeres, ofrece importantes ventajas para los negocios. La integración del empleo retribuido con los ritmos e intereses de la vida domestica, posibilitará así una gestión menos estresante de ambas esferas . Es sabido que la inteligencia emocional y vidas mejor equilibradas redundan en unos mejores resultados en el trabajo
b) Contribuyendo al fin del crecimiento alimentado del crédito. La crisis crediticia ha sido, en buena medida, consecuencia del aumento descontrolado de la deuda domestica. Lo que se necesita es una reforma en las prioridades de la gestión de la economía, que hasta ahora ha privilegiado abrumadoramente el crecimiento financiado. Puede ser razonable mantener la productividad laboral, al menos en los sectores clave de la importación y la exportación, pero en ese caso la única forma de mantener constante la producción
es rebajar el número total de horas trabajadas. Normalmente, esto significaría un aumento del desempleo. pero aquí surge otra posibilidad: reducir las horas de trabajo, una semana laboral más corta y un incremento del tiempo de ocio, compartiendo el trabajo disponible.
c) Una economía más flexible y adaptable: si a una mayor redistribución del tiempo de trabajo remunerado le acompañara una mejor retribución horaria para los peor pagados, esto contribuiría a la reducción de las
desigualdades sociales y económicas
d) Salvaguardando los recursos públicos: como apuntamos más arriba, liberar tiempo de trabajo para el crecimiento del núcleo central de la economía y posibilitar a la gente que sea copartícipe de su propio bienestar contribuirá a la transformación de los servicios públicos, previene el malestar y produce mejores resultados. Esto hará los servicios más eficientes en términos de coste y por lo mismo más flexibles en épocas en que los fondos públicos escasean.

Como dijo en 1971, Nicholas Georgescu-Roegen «El verdadero producto del proceso [económico] es un flujo inmaterial: el placer de la vida». Quizás otras cosas nos tienen distraídos de esa realidad y debamos darnos cuenta de ello.

viernes, 27 de abril de 2012

Oda a la Indignación

Este pasado fin de semana viví una experiencia personal que me ha hecho reflexionar sobre el fenómeno de la Indignación. Había quedado en el campo con unos familiares tras visitar en el hospital a un familiar. Iba con pocas ganas, cansado y algo afectado por la visita hospitalaria. No me enteré bien de las indicaciones. Llegué al pueblo en cuestión. No había nadie. Ninguno de los 5 teléfonos que marqué estaban operativos. Era muy tarde y el calor y hambre sofocantes. No entendía cómo nadie se preocupaba de mí, al menos para coger mis llamadas. Pasó media hora, y cuando por fin me llamaron, saqué toda mi indignación a relucir. Una buena amiga mía diría que como soy "Leo"...Estaba a 5 ó 10 minutos del punto de encuentro, pero  
me sentía muy indignado, y las pocas ganas de día campestre ya habían desaparecido por completo. Para sorpresa de todos, decidí volverme a casa, sin ni siquiera llegar al punto de encuentro.

Ya en casa, con menos hambre, menos calor y más sosiego, y tras pedir disculpas por mi inexplicable actitud, pude reflexionar sobre lo sucedido. Y no pude evitar pensar en las enormes oleadas de Indignación que recorren nuestro Planeta. Creo sinceramente que la Indignación no sólo es sana, sino que en el momento presente es muy necesaria. Pero a diferencia de lo que hice yo este fin de semana, es preciso encauzarla adecuadamente. De lo contrario el estallido social sólo logrará represión y justificación de medidas cohercitivas de los poderes públicos en contra de nuestras libertades civiles. Sin un encauzamiento adecuado, el vaso se desborda, y recibimos nuestra reprimenda o sanción. En mi caso, quienes me esperaban tenían toda la razón del mundo para sentir que había sido un maleducado, un exaltado o que me había pasado "7 pueblos".

Hay mucha Indignación flotando en el ambiente. Y la mayor parte de ella es más que justificada. Pero si no sabemos encauzarla, surgirán brotes aislados de violencia que justificarán medidas extraordinarias. Y a todos los indignados se nos meterá en el mismo saco: el de gamberros, violentos, "perroflautas" o incluso terroristas. Ello para mí no significa que la Indignación deba tomar la forma de un partido político, una asociación o una determinada forma jurídica. Creo que a veces, el adoptar tales formas convierte a la Indignación en maleable, manipulable, y fácilmente encauzable hacia los intereses del partido político de turno (basta con recordar ejemplos de asociaciones de jueces o incluso de víctimas del terrorismo, con aspiraciones legítimas, pero que rápidamente han sido tildadas de una u otra forma por su mayor o menor cercanía con ciertas siglas políticas).

Creo que la Indignación tiene mucho poder tal y como es: anárquica, encauzada y no-violenta. Se ha visto en todo el mundo que siendo así, suma adeptos incluso entre gobernantes y fuerzas del orden público. Sobre todo porque en los momentos actuales está más que justificada. Y porque con las democracias tan deficientes en las que vivimos, a veces se convierte casi en el único contra-poder y contrapeso de decisiones arbitrarias, injustas o totalmente insensibles con el drama de millones de personas. Sin Indignación colectiva siempre nos tratarán de vender la zanahoria de la visita a las urnas cada 4 años, y los cheques en blanco posteriores. ¿Estamos dispuestos a dejarnos encerrar en ese corral? ¿Se sienten legitimados por las urnas incluso para contradecir sus promesas? ¿Acaso nos imaginamos a un Rey pidiendo disculpas (poco sinceras y muy forzadas, la verdad) si no notase el resoplido de una multitud indignada en su "cogote" por su actitud? ¿Acaso sería posible de otra forma que los anti-disturbios no se hubieran movido contra la multitud de Sol cuando la Junta Electoral Central dictaminó que la concentración era ilegal hace un año? ¿Acaso nos imaginamos medidas como la dación en pago voluntaria (que aún debe aspirar a más) sin miles de personas reclamándola en la calle?  

Hay muchas razones para indignarse. Y ello supone un sano contrapeso en el equilibrio de poderes de nuestros sistema, claramente descompensado en la actualidad en favor de unos pocos. El éxito de la Indignación radicará en su capacidad para no dejarse manipular bajo ninguna fórmula, sigla o partido, su indeclinable carácter no-violento, y su capacidad de priorizar reclamaciones que aúnen a millones de personas por su claro sentido común y por su asentamiento en principios éticos y morales, no ideológicos.

martes, 24 de abril de 2012

Cuando el tamaño sí importa

En una etapa laboral anterior tuve la enorme suerte de trabajar como técnico coordinando las estrategias y políticas de los pequeños comerciantes de una ciudad de 70.000 habitantes. Fue un trabajo apasionante por la creatividad que había que desplegar para competir con las grandes superficies coordinando los esfuerzos de muchos. Se trataba de emplear las mismas armas que los grandes, pero desde los pequeños. Una especie de lucha de David contra Goliat, aunque fuera a nivel de marketing y de técnicas comerciales. Las enseñanzas fueron muchas, y creo que aplicables no sólo al comercio, sino a los ciudadanos de a pie y a nuestra actual situación:
Por un lado aprendí que los pequeños, a veces, andamos entretenidos y peleados entre nosotros (¡qué buenas estrategias se articulan desde arriba para dividirnos!). Ello nos impide poner el foco en la lucha contra el grande o manipulador. Me resultaba inconcebible que una zapatería creyera enemiga a la zapatería de enfrente y no quisiera compartir gastos, logotipos, o bolsas de compra para competir con El Corte Inglés. Mejor discutir con el de siempre. Resulta, pues, imprescindible despertar de nuestras inercias y divisiones, y darnos cuenta de la necesidad de poner el foco en nuestros verdaderos objetivos.

Por otro lado, me sorprendía también observar cómo los comercios seguían en sus batallas internas por ver quién podía mandar más en la asociación de comerciantes, cuando unidos se le estaba plantando cara a gigantes comerciales. En lugar de buscar la fortaleza de la unidad de los pequeños, se prefería tratar de medrar o ascender, para tratar de liderarlos a todos bajo un mando politizado e ideologizado, en lugar de regirse por principios de idoneidad comercial. Las luchas de poder de los pequeños...¿os suena?

Había muchos comercios que luchaban encarnecidamente por evitar que alguna gran superficie comercial se instalase en la ciudad, como forma de ahuyentar sus miedos. No se daban cuenta que la reducción paulatina de su clientela venía provocada por la huida masiva de clientes a otras grandes superficies en localidades cercanas, y que su oferta se había quedado obsoleta para lo que los clientes piden en la actualidad. Había, pues, que hacer autocrítica, ver si la oferta de cada tienda correspondía con lo que los clientes buscaban, y tratar de aprovechar los enormes flujos de visitas que una gran superficie genera en su entorno para captar clientela que, de otra forma no pasaría por nuestra puerta. La autocrítica y la astucia eran, pues, imprescindibles. Sin embargo, pocos comercios se planteaban que lo que les había permitido subsistir durante 50 años, quizás ya no atraía clientela. Era más fácil echar la culpa a otros. QUizás como en la crisis actual, en la que es más fácil culpar a los culpables (¡que los hay!) pero sin recapacitar en que deberemos cambiar muchos de nuestros hábitos anteriores.

Pero lo que quizás más me sorprendió fue darme cuenta del enorme poder que la agrupación y unidad de los pequeños tiene. Se convierte en un arma sorprendente que se usa muy poco, quizás porque los pequeños andamos demasiado enredados en divisiones absurdas. El agrupar a centenares de pequeños comercios bajo mi coordinación traía a mi despacho a decenas de grandes empresas dispuestas a negociar condiciones preferenciales. A fin de cuentas se podían dirigir de una sola vez a todos, y ello me permitía luchar por descuentos y condiciones preferenciales para todos. Pero eso no era todo. Si yo alzaba la voz contra el Ayuntamiento por alguna gestión desigual en favor del grande (p.ej. unas Navidades autorizaron banderolas de El Corte Inglés por toda la ciudad, usurpando el espacio de la iluminación del pequeño comercio), el miedo a que todos los pequeños se enfrentaran al Consistorio, le hacía retroceder de inmediato, quizás por el miedo a tantos votos, a tantas voces, o a tantos potenciales consumidores y sus familias. Incluso para mi sorpresa, Goliat me invitó a mí, David, a llegar a un acuerdo para de forma conjunta atraer a los miles de japoneses que anualmente visitaban una ciudada cercana, patrimonio de la Humanidad. Comercialmente eramos enemigos, pero a ambos nos interesaba conseguir el máximo de visitantes a nuestra ciudad. Y eso nos podía hacer aliados en ciertos momentos, en beneficio de todo el comercio de nuestra ciudad. Era la constatación de que el grande sin los pequeños, no es nada. Que los pequeños, usando algunas armas de los grandes podemos ser más eficaces. Y que los pequeños unidos consiguen mucho más. Que el pueblo unido, por muchos es temido. Una pena que no lo veamos, o no nos lo creamos.

viernes, 20 de abril de 2012

La realidad que nos hemos inventado

Vivimos una realidad ficticia. Parece una incongruencia, pero cada vez que me paro a cuestionar lo que me rodea, compruebo que muchas de las reglas o convenciones se basan en una decisión arbitraria que nos separa cada vez más del mundo natural o de la realidad tal cual es.
No sé  que tiene el ser humano que no es capaz de adaptarse y vivir con la pura  realidad a su alrededor.

Tomemos por ejemplo, algo tan simple como el tiempo. En nuestro afán de analizar y controlar cada aspecto de nuestras vidas, vivimos siempre pendientes del reloj. A tal hora me tengo que levantar, a esta otra llegar al trabajo y a las tantas he quedado con Fulanito... Sí, un reloj es algo muy práctico, porque a nadie le gusta que le hagan esperar en una cita, ni llegar tarde a la peli en el cine o perder un tren. Sin embargo, este pequeño objeto ha logrado separarnos del tiempo natural, de aquellos días en los que los seres humanos se levantaban con el salir del sol y se recluían con sus familias al anochecer. Nuestro ritmo, en nada se acompasa al del resto de la vida que nos rodea. Muestra clara de ello es el famoso cambio de hora que dos veces al año se nos impone: nosotros vamos a nuestra bola. Vamos, el tiempo se doblega a nuestro antojo.

Otro aspecto inquietante es el del dinero. No pongo en duda su utilidad material y social. Sin embargo, es una de las grandes mentiras sobre las que se sustentan nuestras vidas. En realidad, es un instrumento que permite separarte del verdadero valor de las cosas, del trabajo e incluso de las personas. Un trozo de papel o unas cuantas monedas de metal, que carecen de valor en sí mismos, son capaces de levantar países, hundir estados y corromper las almas. Y si nos paramos a pensar ¿quien les ha dado ese valor? En algún momento, simplemente, se decidió. En ese preciso instante, vendimos nuestra alma al diablo y pusimos precio a nuestras vidas. Porque ya fuimos capaces de ver, no el valor real de las cosas, sino el supuesto valor de las mismas conforme a otros factores que podían ser, o no, acordes con la realidad (sirva de ejemplo el boom inmobiliario) Todavía más en nuestros días, cuando ya muchos de nosotros ni siquiera usamos el papel moneda, sino que todo se reduce a meras anotaciones en cuenta. Esto mismo puede aplicarse a los números. No es lo mismo ver la cifra de parados, que las caras de los mismos.
Finalmente, a veces me sobrecoge el uso de algunas palabras, que pasan a describir una situación que en nada tiene que ver con la realidad. Una de ellas es "la liberación de la mujer", algo que, se supone, debo disfrutar. Soy una mujer trabajadora y madre de tres hijos. Soy mujer liberada y ama de casa. No sé si a muchas este panorama os resulta familiar, pero me paso el día organizando la logística de las comidas, las compras, los niños y el cole, la casa... una ama de casa y maruja ejemplar. Y luego, ¡al trabajo! (tengo turno de tarde), donde, además de estar "monísima de la muerte", debo estar a la última y mantenerme a la altura de las expectativas... Ni que decir tiene, que cuando llego a casa, no estoy para muchas bromas, porque caigo exhausta en el sofá... ¿A esto llaman liberación? Antes las mujeres eran esclavas del hogar, ahora lo somos del hogar, del trabajo y de esa imagen de superwoman que esta sociedad ha creado. ¡Vivan las FamilyFlautas!
Cada vez estoy más convencida. Hay que mirar el mundo con ojos nuevos. Hay que cuestionar lo establecido. Hay que ser capaz de ver más allá de lo que tenemos delante de nuestras narices y ver la realidad que hay detrás. Hay que ser consciente del verdadero valor y significado de nuestros actos y palabras. NO hay que tener miedo a buscar la realidad más allá de la que nos hemos inventado o nos han impuesto.