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lunes, 28 de marzo de 2016

El desconocido

Hoy toca contra-programar. Sabemos que tras los atentados de Bruselas, en las portadas dominan palabras gruesas como "terror", "pánico", "psicosis" y "horror". Y puede que, desgraciadamente, muchas personas estén viviendo esa realidad. Pero para cambiarla es importante que vivamos otras realidades, y no la que nos marca el telediario. Por eso, hoy toca hablar de lo que nosotros hemos vivido.
Hace unas semanas recibimos una petición de una pareja húngara para ser acogida en casa durante la Semana Santa. Mentiría si dijera que al principio no nos dio un poco de pereza. A fin de cuentas, solemos estar muy desbordados, y esos días nos podían permitir desconectar y "recargar las pilas". Pero de inmediato pensamos que las vacaciones no sólo están para eso, sino también para salir de nuestro círculo de confort y para ofrecer a nuestros hijos un contacto con ese otro "mundo diferente para vivir". Así que aceptamos sin dilación. Y hemos acertado de lleno.
Sabemos que para muchos de los que nos leen, hospedar a un desconocido en casa, darle cama, comida, conversación y parte de la intimidad de tu hogar es algo osado y casi temerario, sobre todo si ves mucho las noticias. Por eso cada vez las vemos menos. Por eso, y porque nuestro contacto con el desconocido, hasta la fecha, resulta soberbio.
También sabemos que abrir las puertas de tu castillo simplemente en base a unas breves palabras por escrito y a una foto, para muchos sería imprudente. Pero también es cierto que poco a poco se va adquiriendo un sexto sentido para conectar con personas afines, que quizás como nosotros, buscan el encuentro, el intercambio, la fraternidad o la amistad, más allá de una estancia gratis.
Zsusi y Peter son nuevos en esto del couchsurfing, y se sorprendieron de nuestra disposición a hacer de guías para ellos. Les hemos mostrado sitios especiales para nosotros como la estupa budista de Karma Guen, el balcón de Europa de Nerja, la playa de Burriana, o  las procesiones de Vélez-Málaga. Pero sobre todo, les hemos abierto un poquito nuestros corazones, y como en todas las veces anteriores, la magia fluye, las horas pasan demasiado rápidas, y el inglés a veces es insuficiente para conectar las almas (¡para eso están las miradas y los abrazos!). Ya los consideramos nuestros amigos. Y ya contamos las horas para verles de nuevo. Aquí, en su país o donde toque. Ya no son desconocidos.

jueves, 29 de enero de 2015

Abrir la puerta es lo que tiene…

Ayer se presentó la realidad de improvisto en casa. Y me pilló así, sin peinar y con el chándal… Eso tiene la realidad: que suele llegar sin avisar.
Se presentó en forma de una muchacha que llamó a la puerta y me pidió que me acercase en voz muy baja. Yo casi no la oía, como suele pasar con la realidad cuando te das de bruces con ella. Me pidió ayuda: la habían desahuciado y no tenía nada. Decía tener un hijo pequeño y una pequeña habitación. Iba a los comedores sociales, pero algunas galletas, leche o chocolate que llevarle a su hijo serían bienvenidos.
La hice pasar al salón y pedí a mis hijos que la atendieran mientras buscaba lo que me había pedido. Cuando regresé, conversaba con ellos. La miré a los ojos. Parecía tener mi misma edad, aunque ya se sabe que la tristeza y la desesperanza te avejentan.
“Tus hijos son músicos… Yo estudié Historia y Geografía, y Solfeo tres años…”
Añadió con la voz rota.
“Gracias. No te molestaré más”.
Me llegó al corazón.
“No es molestia, ahora nos toca compartir”
Le di algo de dinero y me miró: “No sé si te lo podré devolver”.
Nos miramos ambas con los ojos humedecidos y nos abrazamos.
“No me abraces” me dijo con la voz entrecortada “...que estoy sucia.”
No puedo describir lo que sentí en ese instante. Sólo sé que la abracé más fuerte.
“No me importa.”
Ningún ser merece sentirse pequeño… o sucio… o pobre…
Nos despedimos con un “cuídate mucho” mutuo y con un instante de encuentro que nos ha unido para siempre. Porque ella no es un ser muy diferente a mí. En ella sentí con claridad que todos somos UNO. E
ella también me reconocí en lo que pude ser, en lo que podría ser y lo que soy.