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martes, 1 de mayo de 2018

Rimel por las mejillas

Siempre conmueve ver a alguien llorar. Y si es alguien cercano aún más. Los adultos no nos damos fácilmente esas licencias. Y menos aún en público. Por eso, ver a tanta buena gente cercana llorando a moco tendido, nos impresionó. Algo se debía estar removiendo en sus entrañas. 
Hay quien se pregunta qué tiene esta mujer para arrastrar a las masas. Le decíamos el otro día que su poesía y su voz remueven el alma de millones de personas, quizás porque nos tocan en aquello que todos tenemos y que todos ocultamos. A fin de cuentas vivimos en la época del "postureo", de la risa fácil, de los selfies y los falsos "me gusta", de instantes vacíos de cartón-piedra. Pero ella conecta con nuestra vulnerabilidad. Con aquel pecadillo que no hicimos y que debimos hacer. Con aquel niño o niña retraído o machacado a base de burlas. Con la ausencia de los seres queridos. Con la madre a la que tiranizamos a la vez que adorábamos. Con ese encuentro con uno mismo que siempre rehuímos o con el mundo que nos rodea y que dejamos a nuestros hijos. Con ese dolor anclado en los tuétanos del alma que nos empeñamos en maquillar, y que necesita ser sanado.
Recital del 30/4/18 en El Pimpi
de Málaga (foto Diario SUR)
Pero para eso están las lágrimas. Para limpiar. Para hacer consciente lo inconsciente. Para sorprender a quien las guarda bajo siete candados en el pecho. No hay terapia ni psicólogo que supere unas buenas lágrimas alumbradas por una voz y un poema mágico. Un buen par de ramblas, como dice ella, cayendo por las mejillas, por mucho rimel que dejen a su paso. 
Para eso están también las palabras auténticas. Un buen par de versos que te desmonten por dentro, y te pongan "patas arriba" el corazón. Para llenar de cordura este mundo loco de "manadas" enfermas, de dictadores perturbados, y de consumismo fácil. Nunca hemos creído en los portadores de palabras falsas, que dicen querer dialogar mientras apuñalan por detrás; que llenan de palabrería los rencores del pasado; o que usan el verbo para encubrir sus tropelías. Las palabras son pedazos de Dios, de Alá o del Universo, da igual como lo llamemos. Requieren su espacio y su tiempo. Requieren un ritual sagrado que les permita expandirse y hacerse uno con nosotros, hacerse carne con nosotros. Y Magdalena les da ese poder.
Nos daba apuro que, con zozobra, y con un pañuelo enjugando las lágrimas, tanta gente se nos acercara al final de sus recitales a darnos las gracias. ¡Darnos las gracias a nosotros! Si lo único que hacemos es compartir el enorme privilegio de tener amigos que impulsan un mundo mejor cada día. ¿Nos vamos a guardar un tesoro así? Los amigos no nos pertenecen. Tampoco las palabras. Ni siquiera los instantes mágicos.
Recital en el IES Juan
de la Cierva de Vélez-Málaga
Han sido días entrañables. Días de risas, de confidencias, de abrazos y de celebración. De poesía y de vellos de punta. De llegada de la primavera tras el oscuro invierno de la quimio y del quirófano. De celebración de la vida por encima de los miedos a la muerte. Del brotar de un pelo aún incipiente. Y de la ilusión por el aquí y ahora, por encima de hipotecas y de los vértigos de un futuro, quizás de renuncias y desapegos.
Anoche nos despedíamos cenando y trasnochando juntos en familia. Uno cena en familia con quien se siente hermano o hermana, aunque no tenga la misma sangre, y sus caminos se hayan cruzado antesdeayer. Son los privilegios de las palabras sagradas y de las lágrimas compartidas. Quién sabe si un día nos harán hermanos a todos los que habitemos ese mundo mejor que tanto anhelamos. 



NOTA: Iniciamos hace unas semanas el apoyo solidario al proyecto de Yide Bikoue, de nuestros amigos Herminio y Deniz en Camerún. Ya sabéis que este post se publica, como todo lo que escribimos, de forma gratuita y en abierto tanto en nuestro Blog como en nuestro Patreon. Pero si te gusta lo que escribimos, te ayuda, te sientes en gratitud, y quieres también impulsar un mundo diferente para vivir con nosotros, puedes colaborar en nuestros proyectos solidarios colaborando con una cantidad simbólica (desde 1€/mes) en nuestro Patreon Solidario.

domingo, 31 de diciembre de 2017

Palabras que curan

Miles de personas habrían querido estar allí. Quizás millones, a juzgar por el número de reproducciones, comentarios y "me gusta" en las redes sociales. Pero éramos nosotros los afortunados. Ya nos sentíamos unidos por muchas cosas desde hace semanas: ser familia de tres hijos; estar en búsqueda de un mundo mejor; crear complicidades a través de las palabras... Pero hasta hace tres días no había sido posible el ansiado abrazo ni el cruce de miradas. Esa maldita enfermedad y las sesiones de quimio habían retrasado el encuentro. Y en lugar de en nuestro terreno, ha tenido que ser en el suyo. Pero es lo de menos. No existe espacio ni tiempo en la conexión de almas. Y sólo hubo que aguardar un poco más.
Muchos nos preguntan cómo hacemos para rodearnos de tan buena gente. Simplemente nos dejamos llevar: por la intuición, por las circunstancias, por las causalidades... Constantemente estamos atentos a todo lo que nos pasa, y leyendo entre líneas las buenas y malas cosas que cada día depara. Y en cuanto se atisba un regalo, allá que vamos a por él. Cueste lo que cueste. La Vida nunca defrauda. Nos pasó con la gente de O Couso. Nos ha pasado con los Ángeles de la Noche. Y ahora con Magdalena Sánchez Blesa, la poetisa del momento, y su familia.
Desde que los niños eran pequeños hicimos un juramento: hacer una escapada en pareja al menos una vez al año. Por la salud de la pareja. Por superar las conversaciones en morse interrumpidas por cientos de aportaciones infantiles. Por compartir silencios, atardeceres, risas y alguna que otra cena romántica. Ahora era el momento. También de conocerla a ella. Así que nos fuimos a explorar tierras murcianas en nuestra escapada anual.
Desde que salimos en televisión y empezó nuestra venta del libro solidario, hay gente que nos considera "gente famosa", y se nos acerca con esa actitud reverencial, que tan poco nos gusta. Somos gente normal que comparte sus anhelos y vivencias. Y a Magdalena le pasa igual. Es poeta de aceras, de patios, de momentos y de mirar a los ojos. Sentimos el flechazo con ella desde que nos intercambiamos el whatsapp hace pocos meses. Y su cercanía y autenticidad nos enamoró. Pero nos tenía guardado un regalo inesperado: David, su marido, un "pedazo" de pan, como ella.
Las horas en aquella cafetería pasaron rápido. Había mucho que compartir, mientras sus pobres chavales nos esperaban pacientes. Mientras la escuchábamos y la mirábamos a los ojos, entendimos rápido por qué se estaba convirtiendo en un auténtico fenómeno de masas. La gente está cansada de "famosetes" de cartón piedra, de celebridades vacías, de personajillos que aprovechan su momento para ganar un puñado de euros, un ratico de fama, y un hueco en el Sálvame. La gente busca autenticidad. Busca la conexión con sus vidas sencillas. Hay grandes escritores que escriben para la mente. Otros usan buena literatura para desahogarse. E incluso los hay que tratan de saldar cuentas con sus palabras. Ella no es de esos. Magdalena habla directamente al corazón. Sabe muy bien la magia que las palabras atesoran. Sabe de su poder terapéutico. Y las usa para lo que mejor sabe: para curar el alma, para ahuyentar demonios y para construir un mundo mejor. No conocemos a nadie que pueda recitar como ella lo que ha escrito. Y si encima David hace de sus poemas una película de vida, ¿que más se puede pedir? Menuda llamada a la coherencia: que lo que hago, pienso, digo y siento estén en armonía.
Las horas de la cafetería nos supieron a poco. Insistieron en continuar la conversación ante una paella en su casa al día siguiente. Al principio nos resistimos para no cansarla. A veces el gesto torcido o la respiración entrecortada nos recordaban, como su pañuelo en la cabeza, los demonios que recorren sus venas. Pero accedimos ante su insistencia. Y sellamos nuestra unión eterna ante una paella deliciosa, en su famoso restaurante de Moriana donde tantas y tantas aventuras se han fraguado. También se unió otro nuevo amigo para nosotros: otro David, murciano afincado en Bogotá, que más tarde nos hizo de guía por las calles de la capital de la región.
Uno puede pensar que los famosos viven siempre en grandes mansiones, que conducen coches de lujo, que derrochan dinero, y que no tienen problema alguno. Magdalena y David hasta en eso son auténticos. Su coche está en el taller, viven austeramente en el campo, sufren con dureza las ausencias, hacen cuentas para llegar a final de mes y se encuentran en plena batalla contra el cáncer. Disfrutaron de lo lindo de la fruta que les llevamos, a juzgar por la foto que nos enviaron. Ahora tendrán nuevos compañeros de camino para compartir mochila cuando les haga falta. Su preciosa dedicatoria en su último libro nos lo recordará siempre.

NOTA: Este post se publica, como todo lo que escribimos, de forma gratuita y en abierto tanto en nuestro Blog como en nuestro Patreon. Pero si te gusta lo que escribimos, te ayuda, te sientes en gratitud, y quieres también impulsar un mundo diferente para vivir con nosotros, puedes colaborar en nuestros proyectos solidarios colaborando con una cantidad simbólica (desde 1€/mes) en nuestro Patreon Solidario. Actualmente estamos apoyando a los Ángeles Malagueños de la Noche, uno de los Comedores Sociales más importantes de España.