lunes, 1 de diciembre de 2014

Platos rotos

"¡Eso no se hace!"..."¡Eso no se dice!"...."¡Castigado al rincón!"....
Los que somos padres, quizás con demasiada frecuencia, nos identificamos tanto con nuestro papel de progenitores, que nos acabamos obsesionando con lo de "enseñarles a vivir". Y sin duda, nos perdemos con ello el gozo de ser compañeros de viaje de nuestros hijos.
Hace unos días andábamos recogiendo la cocina después de almorzar. Cada uno tiene su pequeña tarea, y a mi Pablo le tocaba organizar el lavavajillas. Con sus 13 años en pleno apogeo de hormonas, suele estar a mil cosas a la vez, y esa falta de concentración le juega malas pasadas. Ese día, en plena recogida de la mesa, de repente atronó la cocina. Fuimos toda la familia corriendo temiéndonos lo peor, y nos encontramos toda la vajilla desparramada por el suelo y un buen número de platos rotos. No había heridos, pero sí un pequeño desastre casero. Logré dominar mi enfado inicial. Pero cuando él se enfrascó en todo tipo de explicaciones surrealistas sobre la bandeja del lavavajillas andando sola a sus espaldas, no pude evitarlo e impuse mi papel de padre. ¡Debía ser responsable y centrarse en hacer bien sus tareas, en lugar de buscar excusas absurdas para justificarse! Me indigné mucho con él, no lo pude evitar.
Hace unos días mi mujer y yo recogíamos la cocina. Hablábamos tranquilamente y en un momento de la conversación me día la vuelta para dirigirme a ella. De nuevo la cocina atronó. No hubo platos damnificados, pero sí un nuevo desparrame de vajilla por el suelo. Lo que mi hijo me había dicho no había sido un argumento surrealista: ¡aquella dichosa bandeja se deslizaba sola, y estaba dispuesta a darme una buena lección!
Me sentí fatal. Él no estaba y ni se enteró del incidente, pero claramente no podía quedar ahí. Cuando volvió a casa después de hacer deporte, le pedí perdón por la injusticia que había cometido con él. Pedir perdón entre adultos es como desnudarse, y pareces quedarte a merced del ofendido. Sin embargo mi hijo es el ser más noble que conozco y con su corazón de oro ni titubeó. Entendió mi "metedura de pata" y me abrió su corazón sin reproches, aclaraciones, o frases del tipo "ya te lo dije". Un fuerte abrazo y un beso enorme arreglaron los platos rotos.
La vida, ¡qué sabia!, volvía a recordarnos nuestro papel de compañeros de viaje.
¡Qué curativo resulta un perdón sincero entre dos seres que se quieren!

7 comentarios:

  1. ¡Y yo escuchando campanas, cuando en realidad lo que sonaba era una cascada de porcelanas varias...!
    Muy buena lección: la que aprendiste, y la que te dio tu hijo Pablo.
    Tenemos que desnudarnos más a menudo.
    Un cordial saludo.

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  2. No merece la pena pasar un mal rato ni enfadarse con quienes queremos y menos por algo material y sustituible.
    Durante mi infancia y a menudo cuando he visitado a mis padres, mi padre siempre montaba en cólera por un plato roto. Ya de mayor, siempre le he recordado q alguien a quien le ponen y le quitan la mesa, difícilmente puede romper nada y q tenía q mostrarse agradecido con quien le ponía y le quitaba la mesa en lugar de comportarse como un ogro y hacernos pasar un mal rato por una tontería de vaso o plato.
    Pero como el universo nos pone a cada uno en nuestro sitio, hace unos meses sin saber ni cómo ni por qué, le estalló en las manos una fuente, sin q sufriera daños, eso sí, solo la levantó para pasarla...
    Increíblemente, se enfadó, no sé si por el susto o porque no tenía a quien echarle la culpa y entonces intentó justificar lo injustificable, porque no existía motivo aparente por el que reventó esa fuente.
    Lo bueno es q desde entonces, cada vez q se rompe algo, lo miro y veo q quiere saltar, pero calla.

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  3. Más a menudo deberíamos todos pasar por esta situación, para darnos cuenta de que un "lo siento" no hace mal a nadie, pues liberas tu conciencia y te acercas más a los demás... y especialmente cuando ocurre con un ser tan querido. Me ha gustado mucho la reflexión.

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  4. Preciosa entrada. Pedir perdón y decir "te quiero", esos son los detalles que hacen a una familia feliz, no me refiero a no tener problemas, sino a seres que se respetan y saben que estarán unidos el resto de sus vidas.

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  5. el otro dia se me cayó todo el acceto en el piso blanco... antes de ponerme a llorar le saque una foto con mi lg y se lo mostre a mi mamá, luego de eso, me puse a limpiar. quedo pegoteado el piso durante 2 semanas fácil

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  6. Mi admiración y respeto por esos padres que saben lo que realmente significa traer hijos a este mundo y que aceptan sus errores y no los niegan tengo 42 años soy soltero no tengo hijos regados ni nada de eso pero he aprendido que si se quiere traer hijos al mundo es porque uno los va a valorar y como dice ese padre que cuenta su historia va a caminar uno con ellos la falta de cariño hacia los hijos duele y mucho lo digo por experiencia y que te culpen insulten y no reconozcan sus errores tus padres te llena el alma de dolor rencor y odio a este mundo los padres quieren que se les respete y los hijos donde quedamos pienso que también valemos deseo lo mejor para las familias.

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