martes, 1 de mayo de 2012

Trabajar menos y vivir con menos: ¿Te apuntas?

No soy una persona propensa a las crisis personales. Pero el 2001 lo pasé mal. Y todo por cambiar de domicilio. Me mudé y era incapaz de encontrar trabajo. Había llegado a tener 5 ofertas simultáneas en Madrid, y ahora en Jaén era incapaz de encontrar nada. Mi autoestima se resintió mucho, y creía que la situación ponía en cuestión mi capacidad. Habíamos tomado la decisión para tener niños y ganar calidad de vida. Mi mujer trabajaba. La situación no era holgada, pero tampoco asfixiante. Sin embargo aprendí dos cosas: 1.-La desesperación que deben sentir millones de personas que salen de sus casa todas las mañanas para encontrar un cartel en un escaparate pensado para ellas, y que  vuelven por las noches procurando no contagiar su desesperación en casa. 2.-La programación tan brutal que este sistema nos ha trasladado, que hace que un medio o una herramientas de vida, como es el trabajo, se haya convertido en un fin en sí mismo.

Como ya hemos expuesto en otros posts, salir del círculo vicioso de paro y déficit en el que estamos no depende de la varita mágica de un "salvador". Va a exigir medidas innovadoras. Seguir haciendo o valorando "lo de siempre" nos va a dar el resultado "de siempre". Y optar por ampliar la edad de jubilación, trabajar más horas, o eliminar derechos laborales entra dentro de ese esquema, en el que con menos recursos, queremos seguir manteniendo el mismo esquema de siempre. Quizás tengamos que hacer el esfuerzo de salir de la "rueda de la rata", romper con ficciones auto-impuestas como el dinero o el tiempo, pensar en esquemas de compartir con otros, plantearnos nuestro papel individual para cambiar el estado de las cosas, o poner en práctica el sano ejercicio de decir "NO".

Como afirma un reciente estudio de NEF (The New Economics Foundation), ante esta profunda crisis socio-económica y ecológica es necesario revisar nuestra forma de entender el trabajo y las actividades humanas: existen otros fines distintos del crecimiento, y el ser humano tiene otros medios de expresarse además de la producción o el consumo.En este camino es importante avanzar hacia una nueva redistribución del tiempo y apostar de forma decidida por la reducción de la jornada laboral.

A lo largo de varias décadas, modelos con un menor número de horas laborales han formado parte de la rutina de trabajo de muchas personas. No representan un alivio universal, pero las medidas que suponen un número de horas de trabajo menor, o más concentradas, resultan populares cuando se dan condiciones de estabilidad y las condiciones salariales son favorables. Podemos destacar experiencias como la «semana de tres días» en Reino unido en 1974, la «semana de 35 horas» de 2000 a 2008 en Francia, la «semana de cuatro días» de 2008 a 2009 en Utah (EE.UU.), y medidas de emergencia durante la recesión de 2009 en Reino Unido.
No se trata de reducir el número de días semanales de trabajo, sino de reducir el número de horas diarias de trabajo. De lo contrario se dejaría sin modificar la norma por la que la vida diaria se estructura en torno a las horas de trabajo remunerado, se adapta a sus demandas fundamentales, y se encuentra imbuida por valores asociados a esa estructura. Una semana laboral claramente inferior (como la de 21 horas), o su equivalente en horas distribuidas a lo largo de un mes o año, invalida ese escenario. Nos fuerza a considerar un conjunto diferente de relaciones entre tiempo, dinero y consumo, así como la forma en la que estas nuevas coordenadas podrían influir en la distribución de poder entre la gente y los grupos, en qué es lo que realmente importa para el bienestar de la humanidad, y en cómo podemos lograr un futuro sostenible.

Trabajar menos horas al día modificaría el tempo de nuestras vidas reformaría nuestros hábitos y costumbres y alteraría radicalmente la cultura dominante de las sociedades occidentales. Contribuiría a la promoción de una justicia social, bienestar y buen vivir sostenibles, a salvaguardar los recursos naturales del planeta y a construir una economía robusta y próspera.

Pero esto no debe hacerse de forma precipitada, como afirma el estudio, sino mediante un enfoque sistémico para hacer política basado en un entendimiento de la interacción entre economía, sociedad y medio ambiente. Un sistema de bienestar que sirva para el futuro no puede centrarse únicamente en la economía de mercado. Por el contrario, se debe valorar y nutrir otras dos economías que hasta el momento han sido pasadas por alto: la economía natural o los recursos del planeta , y los recursos humanos que componen y sostienen la vida social.

Examinamos a continuación los potenciales beneficios de una semana laboral mucho más corta:

1.-Protección de los recursos naturales del planeta: la sostenibilidad medioambiental es primordial, por tres razones fundamentales:
a) Consumir menos y de forma diferente ayudaría a que la gente saliera de la rueda del consumo.
b) Tiempo para vivir de forma más sostenible: muchas de nuestras elecciones como consumidores son en nombre de la conveniencia. Compramos comida procesada, platos precocinados, verduras preparadas y empaquetadas, vehículos de motor, billetes de avión, y una serie de aparatos eléctricos porque en principio parece que nos ahorran tiempo, con un elevado gasto de energía, carbono, y materiales de desecho.
c) Una huella menor: Una reducción de las horas de empleo remunerado, un menor poder adquisitivo para quienes tienen los ingresos más altos, más tiempo para vivir de forma sostenible, y un cambio hacia valores no materialistas ayudará a reducir las emisiones de carbono y salvaguardar los recursos naturales.

2.-Justicia social y bienestar para todos, y ello en base a las siguientes razones:
a) Bienestar mejorado para los desempleados y quienes tienen exceso de trabajo.
b) Cambiando las fuentes de control: una importante reducción de las horas de trabajo a todos los niveles establecería oportunidades para cambiar la forma en que la gente controla sus vidas.
c) Reparto más justo entre mujeres y hombres: una semana laboral mucho más corta podría ayudar a distribuir el trabajo no remunerado de forma más equitativa entre mujeres y hombres
d) Un mejor reparto para padres e hijos permitiría pasar mucho menos tiempo en el trabajo remunerado y dejar a los padres con mucho más tiempo para pasar con sus hijos.
e) Una mejor tercera edad: si todo el mundo pasase menos horas trabajando, la transición más adelante del «trabajo» a la «jubilación» sería muy diferente.
f) Más tiempo para los cuidados: una semana laboral mucho más corta dejaría más tiempo libre para cuidar de otras personas (familiares, amigos y vecinos). Se trata tanto de hacer la vida más fácil para aquellas personas que ya son cuidadoras, como de compartir más los cuidados.
g) Más tiempo para ser ciudadanos activos: ser un ciudadano activo lleva tiempo (unirse y participar en actividades locales y organizaciones, conocer a los vecinos, realizar tareas de voluntariado). La democracia lleva tiempo (aprender sobre cuestiones políticas, involucrarse en la toma de decisiones, unirse y apoyar a partidos políticos, hacer campañas y votar). Quizás esta sea una de las cuestiones que a "los de arriba" no les haga mucha "gracia", pero que es clave en la crisis actual de las democracias.
h) Haciendo crecer la «economía vital»: el Estado de Bienestar ha crecido de manera exponencial. Su crecimiento ha dependido siempre de un crecimiento económico continuo que, a través de los impuestos, produjese más beneficios para pagar mayor y mejores servicios públicos. Quizás debemos prepararnos para no crecer, con todo lo que ello implica para el Estado del Bienestar. En cualquier caso, el endeudamiento de los gobiernos en la crisis actual "parece" obligar a realizar recortes a lo largo y ancho de los servicios públicos. Si queremos seguir ofreciendo educación, salud y cuidados sociales, transporte público, guarderías, ayudas a la renta, pensiones y todo el resto de cosas ofrecidas por el Estado y de las que todo el mundo se puede beneficiar sin importar sus medios, entonces deberíamos explotar nuevos recursos. Hemos identificado tres economías que deben funcionar juntas para una justicia social sostenible. Hemos visto que no podemos hacer crecer la economía de mercado. Tampoco la economía natural, sino más bien esperar salvarla de un fracaso catastrófico. Podemos, sin embargo, hacer crecer la economía «vital», que está hecha de los abundantes e inestimables activos contenidos en la vida diaria de las personas (tiempo, energía, sabiduría, experiencia, conocimientos y habilidades) y en las relaciones entre ellos (amor, empatía, atención, cuidado, reciprocidad, enseñanza y aprendizaje). Si son ignorados, se debilitarán y reducirán.
i) Co-produciendo bienestar: la co-producción es un mecanismo clave para el crecimiento del núcleo central de la economía. El pasar mucho menos tiempo en el trabajo, nos permitiría emplearlo en coproducir bienestar para nosotros mismos y los que nos rodean
j) Más tiempo para el tiempo de ocio: todos necesitamos tiempo que emplear en actividades cotidianas, más allá del básico cuidado personal. Confiere textura, espacio e individualidad a la experiencia humana, y apuntala nuestro sentido de autonomía.

3.-Una economía robusta y próspera
El objetivo no es adaptar la sociedad las necesidades de la economía de mercado, lo cual ha sido la pauta hasta ahora; sino adaptar la economía a las necesidades de la sociedad y del medio ambiente. Ello supone los siguientes beneficios potenciales:
a) Beneficios para los negocios: redistribuir el tiempo pagado y el no pagado más equitativamente, especialmente entre hombres y mujeres, ofrece importantes ventajas para los negocios. La integración del empleo retribuido con los ritmos e intereses de la vida domestica, posibilitará así una gestión menos estresante de ambas esferas . Es sabido que la inteligencia emocional y vidas mejor equilibradas redundan en unos mejores resultados en el trabajo
b) Contribuyendo al fin del crecimiento alimentado del crédito. La crisis crediticia ha sido, en buena medida, consecuencia del aumento descontrolado de la deuda domestica. Lo que se necesita es una reforma en las prioridades de la gestión de la economía, que hasta ahora ha privilegiado abrumadoramente el crecimiento financiado. Puede ser razonable mantener la productividad laboral, al menos en los sectores clave de la importación y la exportación, pero en ese caso la única forma de mantener constante la producción
es rebajar el número total de horas trabajadas. Normalmente, esto significaría un aumento del desempleo. pero aquí surge otra posibilidad: reducir las horas de trabajo, una semana laboral más corta y un incremento del tiempo de ocio, compartiendo el trabajo disponible.
c) Una economía más flexible y adaptable: si a una mayor redistribución del tiempo de trabajo remunerado le acompañara una mejor retribución horaria para los peor pagados, esto contribuiría a la reducción de las
desigualdades sociales y económicas
d) Salvaguardando los recursos públicos: como apuntamos más arriba, liberar tiempo de trabajo para el crecimiento del núcleo central de la economía y posibilitar a la gente que sea copartícipe de su propio bienestar contribuirá a la transformación de los servicios públicos, previene el malestar y produce mejores resultados. Esto hará los servicios más eficientes en términos de coste y por lo mismo más flexibles en épocas en que los fondos públicos escasean.

Como dijo en 1971, Nicholas Georgescu-Roegen «El verdadero producto del proceso [económico] es un flujo inmaterial: el placer de la vida». Quizás otras cosas nos tienen distraídos de esa realidad y debamos darnos cuenta de ello.

7 comentarios:

  1. Me parece una postura valiente y realista. Y sincera, porque, francamente, hasta ahora sólo he oído cosas similares que plantean trabajar menos cobrando lo mismo. Trabajemos menos para cobrar menos sin que eso nos repercuta, porque necesitamos menos cosas. Bajando a la economía más de andar por casa, lo más difícil sería convencer a la gente de que la vivienda, si no es en propiedad, no pasa nada. Es decir, en realidad, lo más difícil sería convencer a la gente joven, que es la que tiene el poder de cambiar con sus hábitos el futuro, que no necesita comprar un piso hipotecando (nunca mejor dicho) sus vidas, tener "un buen coche", ir de vacaciones al menos una vez al año, salir... Es que resulta raro decir esto y que no te tachen de anormal y aguafiestas.

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  2. Es difícil en esto momentos tener esperanza y creer en algo, y es precisamente ahora el momento perfecto para hacer cambios. Ahora mismo tengo un reto en la mente: la creación de una moneda local. La mejor manera de favorecer el intercambio de bienes y servicios entre vecinos, para evitar tirar (y reciclar) tantas cosas que sirven a costa de que otros trabajen por un cuenco de arroz. Ya os iré contando, pero todo lo que sigo del "movimiento de pueblos en transición" me parece alucinante y algo tan sencillo como eso, vivir mejor con menos.

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  3. Pues te animo encarecidamente a ello, Marian.¡Necesitamos nuevos modelos! Me han hablado muy bien de este libro:
    http://www.lietaer.com/writings/books/creating-wealth/

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  4. Bertrand Russell ya lo auguró en su ensayo "Elogio de la ociosidad" escrito en 1932. Todo un visionario, pero esta perspectiva está mucho más actualizada y la verdad es que los beneficios serían muchos, pero eso no les interesa a las esferas del poder.

    http://www.alcoberro.info/pdf/russell3.pdf

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  5. Más comentarios, bastantes de ellos muy interesantes en:
    http://iniciativadebate.org/2012/06/26/trabajar-menos-y-vivir-con-menos-te-apuntas/

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  6. Hola FAMILIA DE TRES HIJOS:somos una familia que vivimos en una finca de 6 hectáreas y buscamos familias que deseen vivir en armonía compartiendo este lugar y caminar juntos para crear y tener un mundo mejor, más ecológico,saludable y más harmonizado con nuestro Ser real.

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  7. Edén: tu comentario nos parece caído del cielo. Llevamos tiempo planteándonos dar un paso más, y la posibilidad que planteas suena maravillosa. ¿Dónde estáis? Si quieres lo hablamos por mail y tratamos de haceros una visita: familiade3hijos@gmail.com

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