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viernes, 25 de mayo de 2012

Las ventanas se abren desde dentro

Que es preciso renovar este aire tan viciado que nos rodea es una obviedad. No podemos quedarnos con tanta injusticia, con tanta desesperación, con tanta añoranza de tiempos pasados, con tanto miedo a lo que pueda venir....¡Aire fresco, por favor! ¡Una gran bocanada de aire fresco!
Sin embargo, aunque este sentimiento debe ser compartido por millones de personas en estos momentos, quizás no resulte tan compartida la forma en que dicho aire nos debe llegar. Y una conferencia de Emilio Carrillo que veíamos mi mujer y yo anoche, me resultó tremendamente ilustrativa al respecto. Sí, porque me da la sensación que todos esperamos con ansiedad la llegada de esa brisa refrescante y renovadora. Pero curiosamente casi todos esperamos que venga desde fuera. Bien sea de Rajoy, de Merkel, de Hollande, del FMI, o del Banco Central Europeo...Es decir, esperamos que desde fuera nos abran esa ventana que permita que el aire entre y nos apacigüe.
Pero las ventanas nunca se abren desde fuera. ¿Acaso os imagináis tener que trepar por las paredes de los edificios para poder abrir las ventanas de las casas? Las ventanas se abren desde dentro. Y aunque el símil resulte muy simple, creo que en momentos como los actuales, la sencillez de los conceptos debe llamar a nuestra puerta.
En el fondo, muchas personas quieren que la ventana se abra desde fuera, porque prefieren quedarse sentados en su sofá o en su butaca en lugar de tener que molestarse en levantarse, girar el pomo de la ventana y desplazar sus bisagras.  Prefieren que alguien les solucione la "papeleta" y les permita volver a su vida de antes. ¿Acaso no escucháis a diario millones de veces la frase: "A ver cómo nos sacan de ésta"? ¿O esa otra de: "Esperaremos a ver qué pasa"? ¿O la de "Ya veremos cuando vengan tiempos mejores"? ¿Y si no vinieran o no volviéramos al nivel de antes? ¿Y si nadie aparece volando por la ventana y nos la abre? ¿Seguiremos con la ventana cerrada con este aire tóxico e irrespirable?
Las ventanas, de toda la vida, se abren desde dentro. Y los tiempos que corren, nos obligan a actuar desde dentro, desde nuestro interior. Priorizando otras cuestiones en la vida. Colocando el consumismo, el dinero y la competitividad en lugares mucho más secundarios. Trabajando en equipo como sociedad o incluso, como planeta, en lugar de con la individualidad y egoísmo que han predominado estos años. Olvidándonos de ideologías, de izquierdas y derechas, y centrándonos en principios y en libertades. Asumiendo que quizás no podamos cambiar de coche, viajar en avión, irnos de "compritas" o comer fuera de casa cuando nos apetezca. Pero disfrutando de las cosas que verdaderamente valen la pena: la familia, los amigos, el presente, nosotros mismos...
No digo, con ello, que debamos ser conformistas. ¡Todo lo contrario! Es imprescindible renovar este aire viciado por culpa de la falta de escrúpulos de unos pocos. Y es fundamental ser exigentes y levantarnos colectivamente contra esas injusticias, diciendo NO con rotundidad a tanto desmadre. Pero incluso para eso, hace falta abrir la ventana desde el interior, en lugar de quedarnos en nuestro sofá. Es preciso dejar de ser conformistas, conservadores, cómodos o simplemente miedosos.
¿Y si probamos a levantarnos y abrir nuestra ventana?

lunes, 21 de mayo de 2012

Tenga un niño-anguila para aprender con la crisis

Mi segundo hijo, como los otros dos, es un ser especial. Pero éste tiene unas especiales dotes para iluminarnos en los momentos actuales de convulsión y crisis que nos azotan. No sé si será un niño índigo o qué. Pero es tremenda su capacidad de adaptación a las circunstancias, por muy crudas que sean para él.
Con sus 9 años, es travieso y despierto como el que más. Y eso le lleva a hacer travesuras y a tener los lógicos roces con sus hermanos en estas edades. Sabe que en esos casos, sus acciones tienen consecuencias, y debe responder por ellas. Pero a diferencia de sus hermanos, si a él le toca un castigo o una reprimenda, tiene el maravilloso don de adaptarse a la nueva circunstancia que ello supone. Y no por dejadez, o por evasión de la realidad, sino porque tiene la facultad de ver lo positivo y la oportunidad, en lo que los demás ven un castigo o una situación negativa. Si se le castiga con irse a pensar a su cuarto, está encantado porque eso le permite meterse de lleno en su rica imaginación. Si se le envía a llevar la basura por alguna fechoría, está encantado porque eso le permitirá ver a su amigo al pasar por la puerta. Si se le separa momentáneamente de los juegos de los demás, se alegra porque así puede tener un ratito para hablar con mamá o papá "para él solito" (como le gusta decir). Por muchos obstáculos y piedras que se pongan en su camino, como si de una anguila se tratase, él sabe esquivarlas, y encara el siguiente repecho del río con más fortaleza y decisión que antes. Para unos padres es frustrante en lo relativo a tratar de imponer consecuencias a sus actos desviados, porque a veces nos deja desarmados. Pero para él puede ser un seguro de vida en los tiempos que nos tocarán vivir.
¡Ojalá todo el mundo sepa ver una oportunidad en los duros momentos que nos aguardan! ¡Ojalá haya mucha gente que sepa ver la oportunidad en la crisis, la forma de rehacer nuestros principios y nuestros valores en base a los "palos" que la vida nos da! El futuro que nos aguarda no va a ser fácil, y sólo aquéllos que sean capaces de adaptarse con flexibilidad al cambio de situación, y al nuevo estilo de vida que nos aguarda, podrán sentir que la vida les sigue sonriendo. Como a mi hijo-anguila, después de su castigo.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Experiencias familiares en torno al 15M

Como mi familia y yo estamos indignados, este pasado fin de semana ejercimos de tales. #SoyFamilyFlauta y  pude llevar a mis niños a la manifestación y posteriores asambleas del 15M en Málaga. Creo que fue una magnífica oportunidad para que conocieran de cerca a miles de personas inconformistas que estaban dispuestas a movilizarse para que las cosas cambien. Les sirvió para darse cuenta que quedarse sentado/a en el sillón criticando al político de turno o al sistema, no es la mejor estrategia para que las cosas cambien. Y pudieron conocer lo heterogénea que es la realidad, con miles de personas, de todas las edades, sexo y condición, y con intervenciones de lo más variopintas o incluso contradictorias. Esa es la gran riqueza de la movilización social, y de un movimiento tan líquido como el 15M. Pero también el punto flaco que tratan de aprovechar sus detractores.
Mis niños no entendieron que se dijeran "palabrotas", que se ondearan ciertas banderas o se cantaran canciones en contra de ciertas ideologías o confesiones, como se proponía en los vídeos de la convocatoria. Y ahí debo darles la razón: el 15M debe aspirar a aunar esfuerzos, no a imponer ideologías, banderas, o lemas que pueden herir al que tenemos al lado (muchos de los allí presentes podían ser católicos, monárquicos o incluso de los 10 millones de votantes del PP). Creo, con rotundidad, que se debe huir de ideologías, y unirnos en torno a principios. Esos mismos que están siendo flagrantemente atacados en estos momentos. De lo contrario estaremos poniendo en bandeja a los poderosos su estrategia del "divide y vencerás".
En Málaga, la convocatoria del sábado coincidió con la Noche en Blanco, llena de eventos culturales por todos lados. Era un momento muy propicio para que las decenas de miles de personas que abarrotaban las calles, se hubieran volcado también con la manifestación. Y aunque ésta fue multitudinaria, creo que no resultó "apabullante", como hubiera sucedido de acudir a ella una mínima parte de los participantes en esta velada cultural. Me preguntaba por qué. Y también lo hice ayer al ver la capacidad de movilización que la última jornada de fútbol tuvo tanto en Málaga como en el resto de España, con miles de personas animando, sufriendo, llorando y movilizándose por algo tan banal como quedar el tercero o cambiar de categoría un año. ¿Por qué? ¡Menudo desperdicio de energía colectiva!
Desde hace meses, hablo con mucha gente sobre la situación actual, la crisis, y la necesidad de movilizarse y actuar. Ha sido uno de los grandes efectos de este blog. Y TODOS, absolutamente TODOS, me han manifestado su amargo descontento, su frustración, su indignación y su cabreo. Es decir, de una forma u otra, todos eran 15M. Sin embargo, a la hora de reconducir dichos sentimientos hacia algo que permita cambiar la situación, comparativamente son pocos de ellos los que aportan y menos aún los que se movilizan. Y al preguntarles la razón, me encuentro con varios tipos de respuestas:
  • Algunos consideran que en todas estas movilizaciones y exteriorizaciones de indignación colectiva, hay más violentos y gamberros, y o bien muestran su miedo, o bien no quieren ser señalados como tales. Es decir: son los que el Gobierno y sus medios afines han logrado meterse en el bosillo con sus argumentos de criminalización y de generalización de las excepciones. En estos casos será crucial el trabajo de comunicación y contra-propaganda del movimiento 15M.
  • En otros casos, se tiene la sensación de que ha habido pocas concreciones desde el año pasado, y que se avanza poco, con lo cual, prefieren no perder el tiempo si no se va a conseguir un resultado. Su respuesta suele ser: "¿Para qué, si al final no se consigue nada o todo sigue igual?" Este peligro de la sensación de inmovilismo aumenta por el carácter de "catarsis colectiva" que estas manifestaciones tienen: para muchos es la única forma de desfogar su rabia, de gritarle a las injusticias, y de insultar a quienes creen sus culpables. Ello puede ser necesario, pero en mi opinión claramente insuficiente. Opino que es crucial centrar la presión en un punto, que sea de clarísimo consenso en cuanto a su injusticia, y una vez conseguido éste, pasar al siguiente, recogiendo el entusiasmo colectivo por su consecución. Gene Sharp lo dice claro en su manual. Pero creo que con tantísimas comisiones y asambleas, la batalla de la gran opinión pública se puede estar perdiendo (aunque estemos de acuerdo en que si queremos estar verdaderamente informados, deberemos apagar la televisión)
  • En otras ocasiones, el inmovilismo se justifica en la necesidad de crear una estructura en forma de partido o asociación, que permita canalizar las propuestas que puedan surgir del movimiento 15M. Sin esa estructura jerarquizada y disciplinada, creen que todo son gritos y propuestas inconexas. Y simplifican el enorme trabajo avanzado por miles de comisiones durante todo este año. El debate surgido en el seno del 15M sobre la necesidad o no de dicha estructura parece estar siendo rentabilizado por sus adversarios. ¡Seria llamada de atención para no perder el Norte y las energías en aspectos secundarios! En mi opinión, no se trata de crear un organismo o un ente más, que entre en la dinámica viciada de los demás partidos, organismos o instituciones. Se trata de generar un verdadero contra-poder, que de forma simple y sencilla delimite las líneas rojas que la ciudadanía no está dispuesta a tolerar. Y esas líneas rojas NO son ideológicas. Son principios éticos y morales que no deberían haberse nunca traspasado, y que son comunes a cualquier ideología.
  • Finalmente otros, por su situación personal, familiar o laboral, no pueden participar en las concentraciones, o acampadas. Es cierto que éstas supusieron, por su visibilización el pasado año, un destacadísimo punto de inflexión. Pero el Gobierno y las fuerzas de seguridad, parecen haberlas neutralizado con la doble herramienta de los horarios limitados y los desalojos a horas intempestivas o de menor afluencia de personas. Creo que obsesionarse con las acampadas sería un error. Hay muchísimos mecanismos de protesta. Contra Milosevic, en el gélido invierno de los Balcanes, se veía desfallecer el movimiento presencial en las calles, y se optó por acallar los telediarios gubernamentales con monumentales caceroladas diarias de todo el país a la misma hora. Fórmulas hay de sobra. Lo que no debe dar la sensación es que el movimiento se diluye, que se centra en infinidad de comisiones o asambleas de utópicos sin concreción, y que trabaja a golpe de conmemoración. La presión debería ser, en mi opinión, continua y acorde a las posibilidades de mantener el pulso. 
Creo que en parte la batalla de la apatía colectiva y de la comunicación interesada de los poderosos podría ganarse con un poco de estrategia. Está bien (y es fundamental) que se vea la indignación, la diversidad y el alud de propuestas sobre la mesa. Pero todavía es más importante que se vean logros concretos, que permitan incrementar las expectativas de los apáticos, a la vez que el miedo en los que nos imponen las injusticias. Y en ello creo que estamos pecando de inconcretos y generalistas.
Nuestros objetivos deben cumplir la técnica S.M.A.R.T. Deben ser específicos (specific) siendo lo más detallados posible. Deben ser mensurables, es decir debe poder medirse su progreso y eficacia. Deben ser alcanzables: si bien es admirable ser agresivos con las metas, establecer su valor demasiado alto haciéndolas inalcanzables, puede ser contraproducente y desmotivador. Deben estar orientados hacia los resultados, enfocándose siempre en lo que se quiere, y no en lo que NO se quiere, y estableciendo metas de manera positiva. Y deben tener tiempo determinado (time-limited) o fecha de caducidad.
En mi opinión las 5 razones u objetivos que se habían propuesto para salir a las calles el 12M15M, en la forma en que estaban formuladas, no cumplían los requisitos anteriores.

  1. Ni un euro más para rescatar a los bancos.
  2. Educación y Sanidad públicas y de calidad. 
  3. No a la precariedad laboral. No a la reforma.
  4. Por una vivienda digna garantizada.
  5. Renta básica universal.

Por supuesto que son más que justas y pertinentes, pero formuladas así, sin los criterios anteriores, no dejaban de ser un "desideratum". Un slogan para aunar esfuerzos en una convocatoria. Pero no una exigencia tajante, a modo de puñetazo sobre la mesa que dejase claro a quien corresponda lo siguiente: "Hasta no conseguir esto no vamos a parar. Y cuando consigamos esa, vamos a por la siguiente".

Como en otras cuestiones, quizás interese mirarse en el caso islandés, y cómo en la formulación y exigencia paulatina de las reivindicaciones no cabían "medias tintas". Era "O SÍ O SÍ". Y estaban formulados de forma específica, medible, eran claramente alcanzables (como su consecución ha demostrado), iban enfocados a un resultado positivo, y no se dejaba de ejercer presión hasta que ese objetivo se lograse:

  1. Dimisión del primer ministro, el conservador Geir  H. Haarden, y de todo su gobierno en bloque.
  2. Convocatoria de elecciones anticipadas.
  3. Someter a referéndum la devolución de la deuda a G.Bretaña y Holanda.
  4. Nombramiento de ciudadanos para crear una nueva constitución.
Estoy con Antoni Gutiérrez en que el #15M es pura poesía política cargada de inteligencia. Pero debe utilizarse esa poesía, esa inteligencia y su enorme caudal de energía creativa para deshacer una a una las grandes injusticias que nos están imponiendo "a los de abajo". Usemos para ello la astucia, la estrategia y la concreción paulatina y consensuada.

jueves, 10 de mayo de 2012

El síndrome de la estatua o la parálisis "acongojante"

Ya no estoy indignada. Sencillamente, estoy muy cabreada.

Hace unos días escuché en la televisión que, en Cataluña, como estaba la cosa tan mal con esto de la crisis, no había más remedio que cobrar 5 euros a cada enfermo de los hospitales en concepto de comida. Es  razonable, ya que el sistema no puede soportar la carga de elaborar esos  deliciosos y nutritivos manjares de la Nouvelle Cuisine hospitalaria a cargo del gasto social.

 La siguiente noticia me dejó aún más perpleja: el formidable despliegue de seguridad para la reunión del CBE en Barcelona (a precio razonable, claro ¿?), tan sólo igualable al que en su día se organizara en torno a los juegos olímpicos del '92. Para colmo, en las imágenes se podía ver a los dirigentes sentados en un lujoso hotel preparándose para tomar su almuerzo, que, digo yo, supongo que a estas alturas será una sopita de picadillo y un revueltito de patatas con judías de esos de toda la vida ¿no?, a la vista  de lo mal que anda el presupuesto... #nomelotrago

Y ahora me vienen con lo de Bankia... ¿Es que me ven cara de tonta? Pues me temo que sí, y seguramente estarán en lo cierto porque  nos hacen tragar con ruedas de molino, nos inundan de mentiras mientras nos roban... sí, no me he equivocado de palabra: NOS ROBAN, porque el dinero público es dinero de todos y que yo sepa no hemos dado nuestro consentimiento para que se use para salvar a la banca en vez de en Sanidad o Educación. Sí, sufrimos, como decía un amigo nuestro, el síndrome de la estatua. Yo, más gráfica, como siempre, le llamo el síndrome de la parálisis acojonante, pero al fin y al cabo es lo mismo: el miedo nos paraliza y nos atonta. El miedo nos hace mirar al otro con recelo, pero yo no me muevo, no me hago notar, miro para otro lado,  por si acaso ... mientras a mí no me toquen, que cada uno defienda lo suyo. Pues no vamos a tardar mucho, porque todos estamos en el punto de mira.


Por si no nos hemos dado cuenta, se apela a la necesidad de austeridad, mientras nuestros dirigentes se regalan en autobombo, comilonas y reuniones donde no hacen más que darse palmaditas en la espalda a cargo de la hacienda pública. Los directivos de bancos y grandes empresas no renuncian a indemnizaciones millonarias que pagaremos entre todos los ciudadanos. Por cierto, que yo sepa, a un trabajador raso no se le "indemniza" si dimite o renuncia a su puesto de trabajo. Se hacen recortes que nos afectarán a todos mientras se "rescata" a aquellos que con su codicia han desatado esta crisis. Y estoy de acuerdo en que esta situación la hemos creado entre todos, pero coincido plenamente con Francisco Álvarez, ex-vicepresidente de la Bolsa de París, en que no todos nos hemos responsabilizado por igual. La gente de a pie ha perdido sus casas, su trabajo y, ahora, sus derechos. Los empresarios pierden sus empresa y sus trabajadores. ¿Y los bancos? ¿Y los dirigentes que han permitido esta situación? A ellos se les ayuda o se van de rositas o a una de esas empresas que en su día protegieron y en la que ocuparán un alto cargo.



Nosotros mientras, con nuestro síndrome, sentados en el sofá viendo la tele tragando noticias absurdas o el fútbol.


A mí, el cabreo me ha despertado del letargo. Ya no me basta estar indignada, hay que levantarse y andar.





lunes, 7 de mayo de 2012

Endeudarse o no: esa parece ser la cuestión

Desde que estalló la crisis, ha habido muchos que no han parado de repetir un mantra sermoneador que pretenden universal: "Es que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades". Pues la verdad, depende de quién. Que se lo pregunten a los cientos de miles que ya iban a los comedores de Cáritas hace años, o a tantas y tantas familias en paro. Quizás más de uno de los que vivían por encima de sus posibilidades, ha sido causante de la situación en la que estamos, y encima lo han ascendido en su multinacional, banco o partido político. O al menos no está entre rejas, como debería.

Otro de los mantras que no paran de martillearnos mañana, tarde, noche y madrugada es el siguiente: "como en una familia, nadie puede gastar más de lo que ingresa". Como principio general, me parece bien. Pero admite tantas excepciones, que deja de ser un principio general. Yo añadiría: "depende de para qué". Si tu familia no ingresa lo suficiente, pero hay un gasto importante, como puede ser una operación en el extranjero, el arreglo del coche para ir a trabajar, o cambiar de frigorífico porque se ha estropeado el anterior, por supuesto que no sólo no es criticable, sino incluso necesario el endeudamiento. La clave, pues, es saber para qué nos endeudamos. Y precisamente ahí es donde se han cometido los excesos. Y muchos de ellos precisamente por parte de los que ahora nos piden que nos apretemos el cinturón y que nos olvidemos de endeudarnos.

Desde las familias y ciudadanos no hemos estado ajenos a este problema, y conozco a muchas personas que, "gracias" a su banco, se han embarcado en faraónicas casas o palacetes, en su segundo o tercer coche, en un yatecito....todo ello sin un respaldo real en sus ingresos. Ha sido el gran lema de estos años de boom: "Tenga un adosado, y sea la envidia de su cuñado". Su endeudamiento les hacía aparecer ante sus amigos y familiares como potentados, en un curioso delirio de grandeza colectivo. Los pocos que se han resistido a ser coherentes con su realidad, han sido los que ahora luchan por seguir a flote.

Creo que el "para qué" es la clave de todo. Trabajo actualmente como técnico asesor de emprendedores y empresarios. Y el 95% de las personas que nos consultan lo hacen para ver si tienen derecho a pedir una subvención. Yo ya he dejado de creer en ellas hace mucho tiempo. Precisamente porque la mayoría venía "por la pasta" simple y llanamente, sin un verdadero enfoque viable para sus potenciales negocios. Incluso me he encontrado con proyectos perfectamente viables, en el momento y lugar adecuados, que han modificado sus planes iniciales con tal de poder optar a los requisitos de la subvención de turno. Ésta llegaba tarde y mal, y a muchos de esos proyectos ya "se les había pasado el arroz"u otro había ocupado su cuota de mercado. No se tenía nada claro el "para qué"

Deuda o endeudarse, no tiene, pues, por qué ser malo o negativo, siempre que tenga un sentido común y un respaldo en nuestra realidad y economía. Endeudarse para irse de juerga todas las noches, o hacerlo sin ganar lo suficiente para devolver el préstamo sí lo es. El gran problema es que el mecanismo de endeudarse es precisamente el que sustenta el lucrativo mercado del dinero. Dinero es deuda. Según varias estimaciones, el volumen de dinero en circulación procedente de los Bancos Centrales es ridículo en relación al total en circulación. El resto es dinero creado por los bancos privados al pedirles nosotros un préstamo. Y lo hacen con una simple anotacion en cuenta. Lógicamente a enormes corporaciones les interesa que este mecanismo se perpetúe. De ahí que busquen todas las posibilidades de manipulación, para que piquemos en su anzuelo. Nuestros principios y nuestro sentido común son nuestra única defensa. Y muchas personas, en los últimos años no lo han puesto demasiado en práctica.

Quizás sea el momento de usar el sentido común ahora. Quizás sea el momento de apostar por economías más cercanas y locales. Quizás debamos darle al dinero su verdadero valor: NINGUNO, ya que es una simple convención. Quizás valga la pena que nos prestemos entre los vecinos en base a nuestra confianza. O incluso que hagamos nuestros "pinitos" con intercambios de prestaciones. El "yo por tí, y tú por mí" o el "yo te doy y tú me das". Este sistema se ha construido íntegramente sobre el principio de que cada uno, buscando su propio interés, generaría unos procesos de oferta y demanda, que acabarían equilibrándose automáticamente en beneficio de todos. Parece que el cuento no ha acabado con "y comieron perdices". Quizás haya que volver a contarlo.

viernes, 4 de mayo de 2012

Mucho macro, pero ¿y lo micro?

Desde que estalló la crisis, no he parado de oír infinidad de análisis económicos tratando de localizar el culpable de nuestros males, así como su solución. Estudié Económicas y Empresariales, pero creo que mis aportaciones aquí serían de poco valor respecto al debate público que existe: que si hay que centrarse en apretarse el cinturón a base de recortes en el gasto, o que si hay que dinamizar la economía con estímulos. Que si hay que seguir a Joseph Stiglitz y Paul Kraugman, o si por el contrario hay que apostar por Merkel o el Fondo Monetario Internacional. Y como siempre ahí nos tienen entretenidos los medios de comunicación de cada trinchera ideológica y partidaria, llenándonos la cabeza de SU maravillosa solución. Y cada uno tratando de poner el foco en quién fue el culpable y quién debería sacarnos de ésta: que si Zapatero, Rajoy, Merkel, el Banco Central Europeo, la Banca, el Fondo Monetario Internacional, las multinacionales...Indudablemente la lista sería enorme. Y en ella, sin duda, habría más de uno que debería estar ya en "chirona".
Sin embargo, creo que estos debates de lo "macro", a los ciudadanos de a pie, realmente nos aportan muy poco. Es más, creo que desvían totalmente la atención de nuestra posible aportación para salir de la situación. Nos mantienen entretenidos, como tras un partido de fútbol, discutiendo si fue o no penalty. Pero nos convierten en meros espectadores de un espectáculo muy poco edificante, en el que interesa que seamos pasivos. Así, se nos invita a que otros nos arreglen el panorama, y que nosotros, con nuestra dosis de recorte (sea a nivel de bolsillo o a nivel de la yugular), esperemos pacientemente a que esto vuelva a su cauce normal, bien en el 2012 o en el 2039. Y mientras tanto: fútbol, Fórmula-1, y mucho programa de "cotilleo" en la tele. ¡Que no falte el "pan y circo" del siglo XXI!

Creo, por el contrario, que si hemos llegado a donde estamos, es porque en un determinado momento "los de a pie" hemos empujado con nuestras acciones u omisiones a que otros nos lleven a esta situación. Y si seguimos actuando con los mismos esquemas millones y millones de personas, difícilmente se conseguirá otro resultado en nuestro futuro. Es curioso que ahora haya tantos indignados, y de forma tan global y simultánea en el Planeta. Pero lo cierto es que desde hace varias décadas más de 3.000 millones de personas vivían con menos de 2 dólares al día. Si no ha habido indignación antes era porque no nos tocaba a nosotros, que quizás teníamos más voz. Ahora sí nos empieza a tocar y nos quejamos por fin. Algo tendremos que recapacitar al respecto.

Quizás debamos darnos cuenta que debemos cambiar nuestros hábitos. Que el "capricho" de comprar fruta que no es de temporada o de nuestra región exige desplazar toneladas de fruta a miles de kilómetros consumiendo toneladas de energía y emitiendo ingentes cantidades de CO2. ¿No será mejor consumir productos locales de pequeños agricultores? Quizás debamos darnos cuenta que el dinero es una mera ficción que nos hemos creado para intercambiar bienes y servicios, y que exigir a nuestro banco intereses altísimos como hace unos años lleva a invertir en negocios muy lucrativos pero muy poco éticos (comercio de armas, transgénicos, tala de bosques, etc). ¿No deberíamos reflexionar sobre las consecuencias de nuestras inversiones y plantearnos dar microcréditos a nuestros vecinos, a los que conocemos, pero que no son apoyados por una banca sin escrúpulos? Quizas sea momento de darnos cuenta que la felicidad no la dan 3 coches, dos casas, o viajes transcontinentales, si nuestra economía no da para ello. ¿No sería bueno recapacitar sobre si hemos vivido por encima de nuestras posibilidades azuzados por comerciales de banca con pocos principios? O quizás deberíamos ser capaces de buscar otros medios de información o de entretenimiento, que realmente no favorezcan la manipulación en favor de los intereses de unos pocos, dueños de canales de televisión, periódicos y emisoras de radio. Quizás deberíamos reflexionar sobre nuestra actitud ante el miedo colectivo que tratan de inculcarnos para que actuemos en una dirección u otra (el ejemplo de la manipulación de la Gripe A del año pasado o de la caída del euro son clamorosos). Quizás debamos optar por buscar la raíz de nuestras dolencias y problemas de salud, en lugar de consumir medicamentos con unos intereses comerciales muy poco éticos. Quizás debamos involucrarnos más en la educación de nuestros hijos y controlar la información que reciben, en lugar de dejarlo "aparcados" en los colegios. Quizás debamos optar por comprar en nuestro barrio o ciudad para favorecer a nuestros vecinos, en lugar de comprar en multinacionales que oprimen al pequeño. Quizás debamos reflexionar que cuando pedimos precios baratos, puede que se esté esclavizando a alguien en algún rincón del planeta para que pueda venderse a ese precio. Ser sensibles a ello nos permitirá ser coherentes con nuestra queja cuando le ofrecen un sueldo de 400€ a nuestro hijo tras estudiar 2 carreras. Optar por economías e incluso monedas locales en nuestras decisiones "micro" puede abrir la puerta a un enfoque distinto de la realidad que vivimos. Si nos diéramos cuenta que nuestras opiniones en la calle, con la familia, en nuestro blog o correo electrónico son imprescindibles, y que depositar una papeleta en una urna cada 4 años es insuficiente y una coartada para quienes buscan cheques en blanco, probablemente algunos no se sentirían tan seguros en lo acertado de sus decisiones.

Nuestras pequeñas decisiones en lo "micro", unidas a las de millones de personas, son las que realmente pueden y deben cambiar la realidad. No deleguemos en otros el cambio de la situación, porque de lo contrario se asegurarán que el futuro será de ellos y no nuestro.

martes, 1 de mayo de 2012

Trabajar menos y vivir con menos: ¿Te apuntas?

No soy una persona propensa a las crisis personales. Pero el 2001 lo pasé mal. Y todo por cambiar de domicilio. Me mudé y era incapaz de encontrar trabajo. Había llegado a tener 5 ofertas simultáneas en Madrid, y ahora en Jaén era incapaz de encontrar nada. Mi autoestima se resintió mucho, y creía que la situación ponía en cuestión mi capacidad. Habíamos tomado la decisión para tener niños y ganar calidad de vida. Mi mujer trabajaba. La situación no era holgada, pero tampoco asfixiante. Sin embargo aprendí dos cosas: 1.-La desesperación que deben sentir millones de personas que salen de sus casa todas las mañanas para encontrar un cartel en un escaparate pensado para ellas, y que  vuelven por las noches procurando no contagiar su desesperación en casa. 2.-La programación tan brutal que este sistema nos ha trasladado, que hace que un medio o una herramientas de vida, como es el trabajo, se haya convertido en un fin en sí mismo.

Como ya hemos expuesto en otros posts, salir del círculo vicioso de paro y déficit en el que estamos no depende de la varita mágica de un "salvador". Va a exigir medidas innovadoras. Seguir haciendo o valorando "lo de siempre" nos va a dar el resultado "de siempre". Y optar por ampliar la edad de jubilación, trabajar más horas, o eliminar derechos laborales entra dentro de ese esquema, en el que con menos recursos, queremos seguir manteniendo el mismo esquema de siempre. Quizás tengamos que hacer el esfuerzo de salir de la "rueda de la rata", romper con ficciones auto-impuestas como el dinero o el tiempo, pensar en esquemas de compartir con otros, plantearnos nuestro papel individual para cambiar el estado de las cosas, o poner en práctica el sano ejercicio de decir "NO".

Como afirma un reciente estudio de NEF (The New Economics Foundation), ante esta profunda crisis socio-económica y ecológica es necesario revisar nuestra forma de entender el trabajo y las actividades humanas: existen otros fines distintos del crecimiento, y el ser humano tiene otros medios de expresarse además de la producción o el consumo.En este camino es importante avanzar hacia una nueva redistribución del tiempo y apostar de forma decidida por la reducción de la jornada laboral.

A lo largo de varias décadas, modelos con un menor número de horas laborales han formado parte de la rutina de trabajo de muchas personas. No representan un alivio universal, pero las medidas que suponen un número de horas de trabajo menor, o más concentradas, resultan populares cuando se dan condiciones de estabilidad y las condiciones salariales son favorables. Podemos destacar experiencias como la «semana de tres días» en Reino unido en 1974, la «semana de 35 horas» de 2000 a 2008 en Francia, la «semana de cuatro días» de 2008 a 2009 en Utah (EE.UU.), y medidas de emergencia durante la recesión de 2009 en Reino Unido.
No se trata de reducir el número de días semanales de trabajo, sino de reducir el número de horas diarias de trabajo. De lo contrario se dejaría sin modificar la norma por la que la vida diaria se estructura en torno a las horas de trabajo remunerado, se adapta a sus demandas fundamentales, y se encuentra imbuida por valores asociados a esa estructura. Una semana laboral claramente inferior (como la de 21 horas), o su equivalente en horas distribuidas a lo largo de un mes o año, invalida ese escenario. Nos fuerza a considerar un conjunto diferente de relaciones entre tiempo, dinero y consumo, así como la forma en la que estas nuevas coordenadas podrían influir en la distribución de poder entre la gente y los grupos, en qué es lo que realmente importa para el bienestar de la humanidad, y en cómo podemos lograr un futuro sostenible.

Trabajar menos horas al día modificaría el tempo de nuestras vidas reformaría nuestros hábitos y costumbres y alteraría radicalmente la cultura dominante de las sociedades occidentales. Contribuiría a la promoción de una justicia social, bienestar y buen vivir sostenibles, a salvaguardar los recursos naturales del planeta y a construir una economía robusta y próspera.

Pero esto no debe hacerse de forma precipitada, como afirma el estudio, sino mediante un enfoque sistémico para hacer política basado en un entendimiento de la interacción entre economía, sociedad y medio ambiente. Un sistema de bienestar que sirva para el futuro no puede centrarse únicamente en la economía de mercado. Por el contrario, se debe valorar y nutrir otras dos economías que hasta el momento han sido pasadas por alto: la economía natural o los recursos del planeta , y los recursos humanos que componen y sostienen la vida social.

Examinamos a continuación los potenciales beneficios de una semana laboral mucho más corta:

1.-Protección de los recursos naturales del planeta: la sostenibilidad medioambiental es primordial, por tres razones fundamentales:
a) Consumir menos y de forma diferente ayudaría a que la gente saliera de la rueda del consumo.
b) Tiempo para vivir de forma más sostenible: muchas de nuestras elecciones como consumidores son en nombre de la conveniencia. Compramos comida procesada, platos precocinados, verduras preparadas y empaquetadas, vehículos de motor, billetes de avión, y una serie de aparatos eléctricos porque en principio parece que nos ahorran tiempo, con un elevado gasto de energía, carbono, y materiales de desecho.
c) Una huella menor: Una reducción de las horas de empleo remunerado, un menor poder adquisitivo para quienes tienen los ingresos más altos, más tiempo para vivir de forma sostenible, y un cambio hacia valores no materialistas ayudará a reducir las emisiones de carbono y salvaguardar los recursos naturales.

2.-Justicia social y bienestar para todos, y ello en base a las siguientes razones:
a) Bienestar mejorado para los desempleados y quienes tienen exceso de trabajo.
b) Cambiando las fuentes de control: una importante reducción de las horas de trabajo a todos los niveles establecería oportunidades para cambiar la forma en que la gente controla sus vidas.
c) Reparto más justo entre mujeres y hombres: una semana laboral mucho más corta podría ayudar a distribuir el trabajo no remunerado de forma más equitativa entre mujeres y hombres
d) Un mejor reparto para padres e hijos permitiría pasar mucho menos tiempo en el trabajo remunerado y dejar a los padres con mucho más tiempo para pasar con sus hijos.
e) Una mejor tercera edad: si todo el mundo pasase menos horas trabajando, la transición más adelante del «trabajo» a la «jubilación» sería muy diferente.
f) Más tiempo para los cuidados: una semana laboral mucho más corta dejaría más tiempo libre para cuidar de otras personas (familiares, amigos y vecinos). Se trata tanto de hacer la vida más fácil para aquellas personas que ya son cuidadoras, como de compartir más los cuidados.
g) Más tiempo para ser ciudadanos activos: ser un ciudadano activo lleva tiempo (unirse y participar en actividades locales y organizaciones, conocer a los vecinos, realizar tareas de voluntariado). La democracia lleva tiempo (aprender sobre cuestiones políticas, involucrarse en la toma de decisiones, unirse y apoyar a partidos políticos, hacer campañas y votar). Quizás esta sea una de las cuestiones que a "los de arriba" no les haga mucha "gracia", pero que es clave en la crisis actual de las democracias.
h) Haciendo crecer la «economía vital»: el Estado de Bienestar ha crecido de manera exponencial. Su crecimiento ha dependido siempre de un crecimiento económico continuo que, a través de los impuestos, produjese más beneficios para pagar mayor y mejores servicios públicos. Quizás debemos prepararnos para no crecer, con todo lo que ello implica para el Estado del Bienestar. En cualquier caso, el endeudamiento de los gobiernos en la crisis actual "parece" obligar a realizar recortes a lo largo y ancho de los servicios públicos. Si queremos seguir ofreciendo educación, salud y cuidados sociales, transporte público, guarderías, ayudas a la renta, pensiones y todo el resto de cosas ofrecidas por el Estado y de las que todo el mundo se puede beneficiar sin importar sus medios, entonces deberíamos explotar nuevos recursos. Hemos identificado tres economías que deben funcionar juntas para una justicia social sostenible. Hemos visto que no podemos hacer crecer la economía de mercado. Tampoco la economía natural, sino más bien esperar salvarla de un fracaso catastrófico. Podemos, sin embargo, hacer crecer la economía «vital», que está hecha de los abundantes e inestimables activos contenidos en la vida diaria de las personas (tiempo, energía, sabiduría, experiencia, conocimientos y habilidades) y en las relaciones entre ellos (amor, empatía, atención, cuidado, reciprocidad, enseñanza y aprendizaje). Si son ignorados, se debilitarán y reducirán.
i) Co-produciendo bienestar: la co-producción es un mecanismo clave para el crecimiento del núcleo central de la economía. El pasar mucho menos tiempo en el trabajo, nos permitiría emplearlo en coproducir bienestar para nosotros mismos y los que nos rodean
j) Más tiempo para el tiempo de ocio: todos necesitamos tiempo que emplear en actividades cotidianas, más allá del básico cuidado personal. Confiere textura, espacio e individualidad a la experiencia humana, y apuntala nuestro sentido de autonomía.

3.-Una economía robusta y próspera
El objetivo no es adaptar la sociedad las necesidades de la economía de mercado, lo cual ha sido la pauta hasta ahora; sino adaptar la economía a las necesidades de la sociedad y del medio ambiente. Ello supone los siguientes beneficios potenciales:
a) Beneficios para los negocios: redistribuir el tiempo pagado y el no pagado más equitativamente, especialmente entre hombres y mujeres, ofrece importantes ventajas para los negocios. La integración del empleo retribuido con los ritmos e intereses de la vida domestica, posibilitará así una gestión menos estresante de ambas esferas . Es sabido que la inteligencia emocional y vidas mejor equilibradas redundan en unos mejores resultados en el trabajo
b) Contribuyendo al fin del crecimiento alimentado del crédito. La crisis crediticia ha sido, en buena medida, consecuencia del aumento descontrolado de la deuda domestica. Lo que se necesita es una reforma en las prioridades de la gestión de la economía, que hasta ahora ha privilegiado abrumadoramente el crecimiento financiado. Puede ser razonable mantener la productividad laboral, al menos en los sectores clave de la importación y la exportación, pero en ese caso la única forma de mantener constante la producción
es rebajar el número total de horas trabajadas. Normalmente, esto significaría un aumento del desempleo. pero aquí surge otra posibilidad: reducir las horas de trabajo, una semana laboral más corta y un incremento del tiempo de ocio, compartiendo el trabajo disponible.
c) Una economía más flexible y adaptable: si a una mayor redistribución del tiempo de trabajo remunerado le acompañara una mejor retribución horaria para los peor pagados, esto contribuiría a la reducción de las
desigualdades sociales y económicas
d) Salvaguardando los recursos públicos: como apuntamos más arriba, liberar tiempo de trabajo para el crecimiento del núcleo central de la economía y posibilitar a la gente que sea copartícipe de su propio bienestar contribuirá a la transformación de los servicios públicos, previene el malestar y produce mejores resultados. Esto hará los servicios más eficientes en términos de coste y por lo mismo más flexibles en épocas en que los fondos públicos escasean.

Como dijo en 1971, Nicholas Georgescu-Roegen «El verdadero producto del proceso [económico] es un flujo inmaterial: el placer de la vida». Quizás otras cosas nos tienen distraídos de esa realidad y debamos darnos cuenta de ello.